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Biografía

Guillaume Gallienne

Guillaume Gallienne

48 años

Guillaume Gallienne

Nació el 08 de Febrero de 1972 en Neuilly-sur-Seine, Hauts-de-Seine, EE.UU.
Filmografía
Cézanne y yo

2016 | Cézanne et moi

La amistad entre Émile Zola y Paul Cézanne. Ambos se conocieron de niños, pues fueron compañeros de clase en Aix-en-Provence, y desde entonces fueron inseparables. Amigos desde la infancia y la juventud, sus anhelos artísticos les abrieron caminos diferentes: a Émile hacia la escritura y a Paul hacia la pintura. Ambos son hoy considerados dos de los más grandes artistas franceses del siglo XIX. La directora Danièle Thompson (La bûche, Patio de butacas) ofrece un film interesante, que gustará especialmente a amantes del arte y curiosos de la vida de los artistas. Que no se busquen en esta película grandes giros, momentos de tensión o una trama rocambolesca de intrigas. El cuidadoso guión de la propia directora traza algo así como una crónica de la amistad entre Zola y Cézanne a lo largo de sus largas vidas, con sus afinidades y distanciamientos, sus relaciones con otros artistas de la época parisina como Manet, Pisarro o Maupassant, los amores libertinos por las mujeres, a veces tormentosos, o sus modos de enfrentarse a la fama o a la falta de recursos. Se logra así un acercamiento bastante bien elaborado sobre las vidas de estos dos gigantes, pero sin que se caiga nunca en la hagiografía o el subjetivismo artificioso. Thompson establece el eje en torno al cual sitúa la trama en la visita que Cézanne y su mujer Hortense realizaron a Zola en 1888, en su casa de Medan. Allí los reproches del pintor al escritor por haberse valido de su vida para perfilar el personaje de Claude Lantier en su novela “La obra” sirve a Thompson para narrar el pasado de los amigos y el futuro que aún les quedaba por vivir. Además de la bella y adecuada banda sonora de Éric Neveux, destaca en Cézanne y yo el definido carácter de los protagonistas. Para ello se vale de unos estupendos actores: Guillaume Canet en el papel del Émile Zola, un escritor atormentado a su modo, pero más reservado y acomodaticio que su amigo pintor, y un sobresaliente Guillaume Gallienne en la piel de Cézanne, un ser éste de carácter volcánico, difícil de manejar, lo cual lo alejó de los grandes círculos artísticos y de sus seres queridos.

5/10
Yves Saint Laurent

2014 | Yves Saint Laurent

Se aguardaba con ciertas esperanzas el primero de los dos biopics rodados casi a la vez de Yves Saint Laurent, diseñador fallecido en 2008, que revolucionó el mundo de la moda. Sobre todo porque a pesar de su relevancia profesional, su discreción y timidez tuvo como consecuencia que su vida privada apareciera muy poco en los medios de comunicación. Aquí lleva al cine su periplo vital Jalil Lespert, conocido sobre todo como actor, aunque ya contaba en su filmografía con dos largometrajes como realizador. Aborda la figura de Yves Saint Laurent desde que comienza su carrera en Christian Dior, firma que acaba dirigiendo a nivel creativo, cuando muere el fundador. Llamado a filas tras el estallido de la Guerra de la Independencia de Argelia, sufre un ataque de estrés, por lo que le recluyen en un hospital militar. Tras este incidente, la casa Dior le rescinde el contrato, por lo que con el asesoramiento de su pareja, Pierre Bergé, funda su propia firma. Género especialmente difícil, escasean los biopics compactos, y magistrales, estilo El orgullo de los yankees, Escrito bajo el sol, Lawrence de Arabia, Truman Capote o La red social y abundan los que se componen de estampas mal articuladas de episodios de la vida del protagonista, como Jobs, La dama de hierro, El mayordomo, Amelia, J. Edgar, Diana, Grace de Mónaco o la indescriptible Sin límites, donde Robert Pattinson cometió la osadía de encarnar a Salvador Dalí. Yves Saint Laurent se acerca más al segundo grupo, en la línea de Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel, en torno a la otra gran figura de la moda francesa del siglo XX. El guión, que toma como referencia el libro de la periodista francesa especializada en alta costura Laurence Benaïm, no puede ser más pobre, centrándose sobre todo en su relación homosexual con el citado Bergé, y sus problemas con las drogas y el alcohol, quedando así su compañero como el gran salvador que supo llevarle por el camino recto. Se entiende que éste haya sido el único que ha alabado públicamente la cinta. Al menos, Bergé ha tenido la gentileza de ceder numerosos modelos de la colección del modisto, por lo que el film se detiene en varias ocasiones en los desfiles de moda, a los que se saca bastante partido visual. Otra nota positiva es la interpretación de Guillaume Gallienne, autor y protagonista de Guillaume y los chicos a la mesa, que interpreta con convicción al propio Bergé, por lo que sobresale llamativamente con respecto a su compañero de reparto, Pierre Niney, que parece haber sido fichado sobre todo por su enorme parecido físico con Saint Laurent. Tras esta cinta se ha rodado otra biografía sobre el mismo personaje, Saint Laurent, de Bertrand Bonello, denostada por los críticos a su paso por el Festival de Cannes.

4/10
Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!

2013 | Les garçons et Guillaume, à table!

Desde que recuerda, Guillaume nunca fue tratado como un hermano más entre su familia. Siempre fue especial, rarito. Guillaume idolatra a su madre y el mundo de los chicos y sus diversiones le resultan totalmente ajenas. En realidad, Guillaume siente que es una mujer en un cuerpo de hombre y así ha entendido su vida. Sin embargo, su orientación sexual le causa mil y un problemas... El galo Guillaume Gallienne dirige, escribe y protagoniza esta película con un marcado sello personal. Curtido en la denominada Comedie-Française, grupo teatral del que es miembro y accionista desde 1998, Gallienne traslada a la pantalla su propio éxito sobre las tablas y lo hace sin abandonar el tono teatrero. El resultado es una comedia de temática gay –directa, desvergonzada y ligera– cuyo objetivo es hacer reír con un único tema: la condición sexual de su protagonista. Lo que hace atípico al film es que los líos de identidad del protagonista son aparentemente provocados por el entorno, de modo que tendrá que embarcarse en una especie de investigación personal para saber realmente quién es. Heterosexual u homosexual, tanto monta, monta tanto. Porque hay que rebelarse, parece decir Gallianne, ante lo que los demás –la sociedad, la familia, la educación– quiere imponernos en materia sexual. La película se estructura como si fuera la escenificación gráfica de los capítulos de un monólogo biográfico que el propio Galliene interpreta en el escenario. Así da cuenta de un sinfín de situaciones, a menudo esperpénticas y siempre humorísticas, que ejemplifican el descomunal desconcierto vital del protagonista –él mismo–, sus dificultades para ser amado, sus dubitativos acercamientos sexuales, sus traumas edípicos y sus desventuras emotivas en diferentes lugares –un pueblo andaluz, un colegio religioso, un college de Oxford, unas vacaciones en Marruecos, una clínica–, en diversas épocas y con distintas personas, especialmente con su adorada madre. El material tiene mucho de 'sketch', donde prevalece el gesto corporal acompañado del diálogo cómico o la voz en off, sobre cualquier otro elemento externo. La libertad narrativa de Galliene se manifiesta en multitud de detalles, aunque destacan las proyecciones materno-mentales del protagonista y también las logradas transiciones que van del monólogo del escenario a su correspondiente recreación cinematográfica. En su conjunto, Los chicos y Guillaume, ¡a la mesa! es desde luego un producto original. Sin embargo, tampoco Gallienne ha podido sustraerse a la variada lista tópicos referidos al inagotable terreno homosexual, entre ellos el recurso al socorrido gabinete del psicoanalista o al de la represión religiosa. Tienen especial gracia las situaciones –tronchantes, la verdad– en donde el protagonista da muestras de su amor por la emperatriz Sissi, pero también es cierto que tanto chiste y amaneramiento puede llegar a ser muy agotador. Y en este sentido no hace ningún favor el narcisismo que desprende Gallienne, que no contento con ser el protagonista también interpreta el papel de su madre. Al menos se puede disfrutar del trabajo de una de las grandes actrices francesas, la veterana Françoise Fabian, así como de una leve aunque intensa aparición de Diane Kruger.

4/10
Confession of a Child of the Century

2012 | Confession of a Child of the Century

París, 1830. Octave, traicionado por su amante, se hunde en la desesperación y el libertinaje: la "enfermedad del siglo". La muerte de su padre lo lleva al campo donde conoce a Brigitte, una joven viuda diez años mayor que él. Octave se enamora apasionadamente, una vez más. ¿Pero va a tener el coraje de creer en esto?

Astérix y Obélix al servicio de su Majestad

2012 | Astérix et Obélix: Au Service de Sa Majesté

Cuarta entrega en imagen real de las aventuras de los inmortales personajes creados por René Goscinny y Albert Uderzo, tras Astérix y Obélix contra César, Astérix y Obélix: Misión Cleopatra y Astérix en los Juegos Olímpicos. Se encarga de la realización Laurent Tirard, cuyo trabajo más destacado hasta la fecha ha sido El pequeño Nicolás, esforzada adaptación de otra obra de Goscinny, en aquel caso un libro infantil. La trama de Astérix y Obélix al servicio de su majestad mezcla dos de los mejores álbumes originales de los personajes, "Astérix en Bretaña" y "Astérix y los normandos". Ante la invasión romana, la reina Cordelia de los bretones envía a su leal Buentórax en busca de ayuda a la irreductible aldea gala. Allí, Astérix le presta ayuda a Obélix, que debe lidiar con Gudúrix, su moderno sobrino de Lutecia. Mientras, los normandos deciden emprender un viaje para conocer el miedo, pues han escuchado que da alas a quien lo siente. En la línea de sus predecesoras, Astérix y Obélix al servicio de su majestad ofrece razonable diversión, sobre todo para un público muy joven. Algunos gags tienen gracia, especialmente la conversación de Astérix con Julio César. Pero todo resulta excesivamente irreal y grotesco. A los apasionados del material original les dolerán los abundantes cambios a peor con respecto a los comics. El incombustible Gérard Depardieu repite una vez más como Obélix, mientras que Edouard Baer (Pollo con ciruelas) debuta como Astérix, al que interpreta con menos gracia que sus predecesores, Christian Clavier y Clovis Cornillac. Les arropan grandes del cine francés, en papeles casi siempre pequeños. Destacan Catherine Deneuve (la reina Cordelia) y Fabrice Luchini (Julio César), aunque por la pantalla también desfilan figuras como Dany Boon, Jean Rochefort, Gérard Jugnot y los españoles Tristán Ulloa y Javivi.

4/10
Quiero ser italiano

2010 | L'italien

Comedia al servicio de Kad Merad, conocido por títulos como Los chicos del coro, Bienvenidos al norte, El pequeño Nicolás, etc. El actor se ha puesto a las órdenes de Olivier Baroux, más prolífico como actor, aunque ha dirigido títulos como Safari, también con Merad y varios de los actores principales que recupera en este otro trabajo. Mourad Ben Saoud, inmigrante argelino instalado en Niza, se ha hecho pasar por italiano, inventándose la identidad de Dino Fabrizi. Está convencido de que con esta nacionalidad le va mucho mejor a la hora de alquilar un piso o conseguir trabajo que si confiesa su origen magebrí. Como Dino se ha convertido en exitoso vendedor de coches y tiene una novia con la que todo va viento en popa. Pero la vida se le complica cuando tiene que competir con un rival en el trabajo por un ascenso al mismo tiempo que su padre moribundo le pide que cumpla el Ramadán en su nombre porque su salud no se lo permite. Recuerda a otras muchas comedias sobre la impostura y las consecuencias de la mentira, por ejemplo la también francesa Salir del armario, la alemana Good Bye, Lenin! y otras. Pero el guión tiene su gracia al tiempo que reflexiona sobre el tema central y otros como el poder terapéutico de la religión, la familia, y el racismo. Merad vuelve a demostrar su capacidad para la comedia, pero también resulta eficaz en las secuencias más dramáticas. Además está respaldado por actores como Valérie Benguigui (La clase) o Philippe Lefebvre (El primer día del resto de tu vida).

6/10
María Antonieta

2006 | Marie Antoinette

Vuelve Sofia Coppola a indagar en el eterno femenino, algo que a todas luces se ha convertido en su especialidad. Pero si sus anteriores filmes -Las vírgenes suicidas, Lost in Translation- acontecían en la época actual, ahora da un salto hacia atrás en el tiempo y nos sumerge en la corte francesa del siglo XVIII, para ofrecernos su personal visión de una de las más famosas reinas de la historia: María Antonieta, casada a los 15 años con Luis XVI y reina de Francia durante 19 años. Para componer el film, la guionista y directora rechazó la famosa biografía escrita por Stefan Zweig, ya que consideró que trazaba a una María Antonieta demasiado responsable y juiciosa en su comportamiento. Coppola prefirió basarse en la versión ofrecida por Antonia Fraser, y narrar una historia acerca de una joven desenfadada, jovial, caprichosa y despilfarradora, con las despreocupaciones de la juventud muy agudizadas y con poca conexión con la realidad. En definitiva, una joven normal que sin ser consciente de su situación, se encontró desgraciadamente en el ojo del huracán de la convulsa revolución francesa. No cabe duda de que el film pone en la picota la decadencia de la monarquía francesa previa a la revolución. Toda la vida de la corte es frívola, tediosa, vacía hasta lo absurdo, llena de gente y costumbres ridículas ("esto es Versalles", explica irónicamente un personaje). Kirsten Dunst hace un trabajo realmente notable, pleno de naturalidad, y diríase que se ha convertido ya en la actriz fetiche de la directora, tras su estupendo y primerizo papel en Las vírgenes suicidas.

6/10
Patio de butacas

2006 | Fauteuils d'orchestre

Una de esas agradables película francesas de tipo coral, que combinan a la perfección drama y comedia, con las perfectas dosis de lágrimas y sonrisas. Al estilo de títulos como Para todos los gustos. Firman el guión Danièle Thompson y su hijo Christopher (éste, también, actor), y dirige la primera. El hilo conductor de las distintas historias que se despliegan alrededor del Teatro de la Comedia parisino es Jessica, una joven que, impulsada por su abuela, se lanza a superar un desengaño amoroso comenzando a trabajar en una cafetería cercana. Allí conocerá al virtuoso del piano Lefort, que piensa en abandonar su carrera en busca de un público menos sofisticado, pero tal vez más genuino y auténtico; a un tipo adinerado que va a subastar toda su colección de arte, para desolación de su hijo; y a una popular actriz de un culebrón televisivo, que también hace teatro y aspira a deslumbrar a un conocido cineasta para conseguir el papel de su vida, el de Simone de Beauvoir, en un biopic sobre su vida y relación con Jean-Paul Sartre. La directora logra el preciso tono encantador y ligero para que el espectador vea el film con un agradable cosquilleo. Juega para ello con la idea de la vida como espectáculo, llevado al extremo, en el clímax, de lo que se diría un circo de tres pistas, el concierto, la obra de teatro y la subasta. Se produce el deseado despliegue de buenos sentimientos y adecuadas vibraciones, apoyado en una muy adecuada partitura de Nicola Piovani, que encaja bien con las piezas de música clásica y de canciones populares francesas. También hay acierto en el reparto, con rostros e interpretaciones muy gratos, entre ellos de un inesperado, en un film francés, del director-actor Sydney Pollack.

6/10
Fanfan la Tulipe

2003 | Fanfan la Tulipe

Reinado de Luis XV, en la Francia del siglo XVIII. El mujeriego Fanfan huye de un grupo de campesinos a los que no ha hecho mucha gracia pillarle con la hija de uno de ellos. Consigue librarse de la persecución gracias a que topa con los encargados de reclutar soldados: así, se alista ‘voluntariamente’ en el ejército. Mientras va con los otros reclutas a Aquitania, la bella hija del sargento lee el futuro a Fanfan, y le vaticina que se convertirá en oficial, y que terminará casándose con la hija del rey. Cuando Fanfan impide que una banda de forajidos asalte la carroza donde viaja la joven princesa, se convence de que la profecía puede ser cierta. El director francés Luc Besson (Juana de Arco) vuelve a ejercer como productor y guionista en una cinta dirigida por Gérard Krawczyk, con quien hizo lo propio en la saga de Taxi y Wasabi. En esta ocasión, el dúo versiona con holgado presupuesto una conocida novela de aventuras, escrita en el siglo XIX por Paul Meurice. Las abundantes secuencias de acción están enlazadas con un tono satírico-cómico, que parodia el cine clásico de aventuras.

5/10
El señor Ibrahim y las flores del Corán

2003 | Monsieur Ibrahim et les fleurs du Coran

Años 60. Una barriada obrera en París. El adolescente Momo, judío, vive con su padre, un fracasado. La madre les dejó. Con importantes carencias afectivas, encuentra en qué entretenerse frecuentando a las prostitutas del barrio. Aunque le ven como a un crío, logrará al final encamarse con ellas. Pronto comienza una relación especial entre Momo y el señor Ibrahim, el tendero de la esquina, un musulmán que deviene en sustituto de la figura paterna. Adaptación de la novela de Eric Emmanuel Schmitt, que a modo de cuento para adultos habla de la convivencia entre los pueblos y razas (en este caso un judío y un islámico). Lo que sin duda es un deseo muy loable. De todos modos François Dupeyron (quien se supone sigue fielmente el libro de Schmitt) tiene una clara dificultad: al insistir en las obsesiones sexuales de Momo, la satisfacción de sus instintos más elementales, quita humanidad al interesante vínculo entre Momo y el señor Ibrahim. Este último está encarnado por un maduro y convincente Omar Sharif, que logra insuflar apariencia de sabiduría a su personaje.

4/10
Sabrina (y sus amores)

1995 | Sabrina

Remake del clásico de Billy Wilder, a cargo del romántico Pollack, que alcanzó la cumbre con la fabulosa Memorias de África. Ahora son Harrison Ford y Greg Kinnear los hermanos que se disputan el corazón de la hija del chófer (Julia Ormond), patito convertido en hermoso cisne.

5/10
Maryline

2017 | Maryline

Maryline es una joven que aspira a ser actriz y con esa intención abandona su pequeño pueblo. Pero sus primeros intentos frente a las cámaras son un desastre y poco a poco la joven se irá decepcionando y la bebida será una tentación para olvidar las penas. El director y actor Guillaume Gallienne (Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!) firma su segunda película para la pantalla grande, que viene a ser un ajuste de cuentas con su profesión. Las desventuras de Maryline, una joven marcada ya desde que sus padres eligieran ese nombre, ejemplifican el difícil itinerario que espera a quien aspira a convertirse en intérprete. Gallienne escribe un personaje poco vivaz, melancólico e incluso con una fuerte tendencia al abatimiento, que se siente incapaz de superar sus dudas y miedos cuando ha de enfrentarse a un papel. Seguimos desde fuera sus intentos frustrados, su miedo escénico, su caída en el alcoholismo, algo que sólo podrá cambiar cuando perciba cariño, un interés real que haga florecer su autoestima. El desarrollo de la historia es lento, pesaroso, falto de vida también en la grisácea puesta en escena. Servida como una comedia agridulce, no consigue Gallienne imprimir la agilidad necesaria y pese a su triste situación las cuitas de Maryline tampoco conmueven demasiado, por lo que el desenlace carece de la emoción requerida. Y resultan baladís las relaciones que entabla la protagonista con sus colegas, personajes demasiado desdibujados, al igual que sus familiares. No se entiende además que se incluya un importante punto de giro, con la decisiva intervención del personaje de Vanessa Paradis, y acto seguido se abandone un camino que prometía algo novedoso. Hay, eso es cierto, un estupendo trabajo de la actriz Adeline D'Hermy, reclutada por Gallienne de la Comédie-Française, de donde él mismo proviene.

4/10
Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!

2013 | Les garçons et Guillaume, à table!

Desde que recuerda, Guillaume nunca fue tratado como un hermano más entre su familia. Siempre fue especial, rarito. Guillaume idolatra a su madre y el mundo de los chicos y sus diversiones le resultan totalmente ajenas. En realidad, Guillaume siente que es una mujer en un cuerpo de hombre y así ha entendido su vida. Sin embargo, su orientación sexual le causa mil y un problemas... El galo Guillaume Gallienne dirige, escribe y protagoniza esta película con un marcado sello personal. Curtido en la denominada Comedie-Française, grupo teatral del que es miembro y accionista desde 1998, Gallienne traslada a la pantalla su propio éxito sobre las tablas y lo hace sin abandonar el tono teatrero. El resultado es una comedia de temática gay –directa, desvergonzada y ligera– cuyo objetivo es hacer reír con un único tema: la condición sexual de su protagonista. Lo que hace atípico al film es que los líos de identidad del protagonista son aparentemente provocados por el entorno, de modo que tendrá que embarcarse en una especie de investigación personal para saber realmente quién es. Heterosexual u homosexual, tanto monta, monta tanto. Porque hay que rebelarse, parece decir Gallianne, ante lo que los demás –la sociedad, la familia, la educación– quiere imponernos en materia sexual. La película se estructura como si fuera la escenificación gráfica de los capítulos de un monólogo biográfico que el propio Galliene interpreta en el escenario. Así da cuenta de un sinfín de situaciones, a menudo esperpénticas y siempre humorísticas, que ejemplifican el descomunal desconcierto vital del protagonista –él mismo–, sus dificultades para ser amado, sus dubitativos acercamientos sexuales, sus traumas edípicos y sus desventuras emotivas en diferentes lugares –un pueblo andaluz, un colegio religioso, un college de Oxford, unas vacaciones en Marruecos, una clínica–, en diversas épocas y con distintas personas, especialmente con su adorada madre. El material tiene mucho de 'sketch', donde prevalece el gesto corporal acompañado del diálogo cómico o la voz en off, sobre cualquier otro elemento externo. La libertad narrativa de Galliene se manifiesta en multitud de detalles, aunque destacan las proyecciones materno-mentales del protagonista y también las logradas transiciones que van del monólogo del escenario a su correspondiente recreación cinematográfica. En su conjunto, Los chicos y Guillaume, ¡a la mesa! es desde luego un producto original. Sin embargo, tampoco Gallienne ha podido sustraerse a la variada lista tópicos referidos al inagotable terreno homosexual, entre ellos el recurso al socorrido gabinete del psicoanalista o al de la represión religiosa. Tienen especial gracia las situaciones –tronchantes, la verdad– en donde el protagonista da muestras de su amor por la emperatriz Sissi, pero también es cierto que tanto chiste y amaneramiento puede llegar a ser muy agotador. Y en este sentido no hace ningún favor el narcisismo que desprende Gallienne, que no contento con ser el protagonista también interpreta el papel de su madre. Al menos se puede disfrutar del trabajo de una de las grandes actrices francesas, la veterana Françoise Fabian, así como de una leve aunque intensa aparición de Diane Kruger.

4/10
Maryline

2017 | Maryline

Maryline es una joven que aspira a ser actriz y con esa intención abandona su pequeño pueblo. Pero sus primeros intentos frente a las cámaras son un desastre y poco a poco la joven se irá decepcionando y la bebida será una tentación para olvidar las penas. El director y actor Guillaume Gallienne (Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!) firma su segunda película para la pantalla grande, que viene a ser un ajuste de cuentas con su profesión. Las desventuras de Maryline, una joven marcada ya desde que sus padres eligieran ese nombre, ejemplifican el difícil itinerario que espera a quien aspira a convertirse en intérprete. Gallienne escribe un personaje poco vivaz, melancólico e incluso con una fuerte tendencia al abatimiento, que se siente incapaz de superar sus dudas y miedos cuando ha de enfrentarse a un papel. Seguimos desde fuera sus intentos frustrados, su miedo escénico, su caída en el alcoholismo, algo que sólo podrá cambiar cuando perciba cariño, un interés real que haga florecer su autoestima. El desarrollo de la historia es lento, pesaroso, falto de vida también en la grisácea puesta en escena. Servida como una comedia agridulce, no consigue Gallienne imprimir la agilidad necesaria y pese a su triste situación las cuitas de Maryline tampoco conmueven demasiado, por lo que el desenlace carece de la emoción requerida. Y resultan baladís las relaciones que entabla la protagonista con sus colegas, personajes demasiado desdibujados, al igual que sus familiares. No se entiende además que se incluya un importante punto de giro, con la decisiva intervención del personaje de Vanessa Paradis, y acto seguido se abandone un camino que prometía algo novedoso. Hay, eso es cierto, un estupendo trabajo de la actriz Adeline D'Hermy, reclutada por Gallienne de la Comédie-Française, de donde él mismo proviene.

4/10
Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!

2013 | Les garçons et Guillaume, à table!

Desde que recuerda, Guillaume nunca fue tratado como un hermano más entre su familia. Siempre fue especial, rarito. Guillaume idolatra a su madre y el mundo de los chicos y sus diversiones le resultan totalmente ajenas. En realidad, Guillaume siente que es una mujer en un cuerpo de hombre y así ha entendido su vida. Sin embargo, su orientación sexual le causa mil y un problemas... El galo Guillaume Gallienne dirige, escribe y protagoniza esta película con un marcado sello personal. Curtido en la denominada Comedie-Française, grupo teatral del que es miembro y accionista desde 1998, Gallienne traslada a la pantalla su propio éxito sobre las tablas y lo hace sin abandonar el tono teatrero. El resultado es una comedia de temática gay –directa, desvergonzada y ligera– cuyo objetivo es hacer reír con un único tema: la condición sexual de su protagonista. Lo que hace atípico al film es que los líos de identidad del protagonista son aparentemente provocados por el entorno, de modo que tendrá que embarcarse en una especie de investigación personal para saber realmente quién es. Heterosexual u homosexual, tanto monta, monta tanto. Porque hay que rebelarse, parece decir Gallianne, ante lo que los demás –la sociedad, la familia, la educación– quiere imponernos en materia sexual. La película se estructura como si fuera la escenificación gráfica de los capítulos de un monólogo biográfico que el propio Galliene interpreta en el escenario. Así da cuenta de un sinfín de situaciones, a menudo esperpénticas y siempre humorísticas, que ejemplifican el descomunal desconcierto vital del protagonista –él mismo–, sus dificultades para ser amado, sus dubitativos acercamientos sexuales, sus traumas edípicos y sus desventuras emotivas en diferentes lugares –un pueblo andaluz, un colegio religioso, un college de Oxford, unas vacaciones en Marruecos, una clínica–, en diversas épocas y con distintas personas, especialmente con su adorada madre. El material tiene mucho de 'sketch', donde prevalece el gesto corporal acompañado del diálogo cómico o la voz en off, sobre cualquier otro elemento externo. La libertad narrativa de Galliene se manifiesta en multitud de detalles, aunque destacan las proyecciones materno-mentales del protagonista y también las logradas transiciones que van del monólogo del escenario a su correspondiente recreación cinematográfica. En su conjunto, Los chicos y Guillaume, ¡a la mesa! es desde luego un producto original. Sin embargo, tampoco Gallienne ha podido sustraerse a la variada lista tópicos referidos al inagotable terreno homosexual, entre ellos el recurso al socorrido gabinete del psicoanalista o al de la represión religiosa. Tienen especial gracia las situaciones –tronchantes, la verdad– en donde el protagonista da muestras de su amor por la emperatriz Sissi, pero también es cierto que tanto chiste y amaneramiento puede llegar a ser muy agotador. Y en este sentido no hace ningún favor el narcisismo que desprende Gallienne, que no contento con ser el protagonista también interpreta el papel de su madre. Al menos se puede disfrutar del trabajo de una de las grandes actrices francesas, la veterana Françoise Fabian, así como de una leve aunque intensa aparición de Diane Kruger.

4/10
Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!

2013 | Les garçons et Guillaume, à table!

Desde que recuerda, Guillaume nunca fue tratado como un hermano más entre su familia. Siempre fue especial, rarito. Guillaume idolatra a su madre y el mundo de los chicos y sus diversiones le resultan totalmente ajenas. En realidad, Guillaume siente que es una mujer en un cuerpo de hombre y así ha entendido su vida. Sin embargo, su orientación sexual le causa mil y un problemas... El galo Guillaume Gallienne dirige, escribe y protagoniza esta película con un marcado sello personal. Curtido en la denominada Comedie-Française, grupo teatral del que es miembro y accionista desde 1998, Gallienne traslada a la pantalla su propio éxito sobre las tablas y lo hace sin abandonar el tono teatrero. El resultado es una comedia de temática gay –directa, desvergonzada y ligera– cuyo objetivo es hacer reír con un único tema: la condición sexual de su protagonista. Lo que hace atípico al film es que los líos de identidad del protagonista son aparentemente provocados por el entorno, de modo que tendrá que embarcarse en una especie de investigación personal para saber realmente quién es. Heterosexual u homosexual, tanto monta, monta tanto. Porque hay que rebelarse, parece decir Gallianne, ante lo que los demás –la sociedad, la familia, la educación– quiere imponernos en materia sexual. La película se estructura como si fuera la escenificación gráfica de los capítulos de un monólogo biográfico que el propio Galliene interpreta en el escenario. Así da cuenta de un sinfín de situaciones, a menudo esperpénticas y siempre humorísticas, que ejemplifican el descomunal desconcierto vital del protagonista –él mismo–, sus dificultades para ser amado, sus dubitativos acercamientos sexuales, sus traumas edípicos y sus desventuras emotivas en diferentes lugares –un pueblo andaluz, un colegio religioso, un college de Oxford, unas vacaciones en Marruecos, una clínica–, en diversas épocas y con distintas personas, especialmente con su adorada madre. El material tiene mucho de 'sketch', donde prevalece el gesto corporal acompañado del diálogo cómico o la voz en off, sobre cualquier otro elemento externo. La libertad narrativa de Galliene se manifiesta en multitud de detalles, aunque destacan las proyecciones materno-mentales del protagonista y también las logradas transiciones que van del monólogo del escenario a su correspondiente recreación cinematográfica. En su conjunto, Los chicos y Guillaume, ¡a la mesa! es desde luego un producto original. Sin embargo, tampoco Gallienne ha podido sustraerse a la variada lista tópicos referidos al inagotable terreno homosexual, entre ellos el recurso al socorrido gabinete del psicoanalista o al de la represión religiosa. Tienen especial gracia las situaciones –tronchantes, la verdad– en donde el protagonista da muestras de su amor por la emperatriz Sissi, pero también es cierto que tanto chiste y amaneramiento puede llegar a ser muy agotador. Y en este sentido no hace ningún favor el narcisismo que desprende Gallienne, que no contento con ser el protagonista también interpreta el papel de su madre. Al menos se puede disfrutar del trabajo de una de las grandes actrices francesas, la veterana Françoise Fabian, así como de una leve aunque intensa aparición de Diane Kruger.

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