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Biografía

John Moore

John Moore

John Moore

Filmografía
Amenazados en la red

2016 | I.T.

Un empresario multimillonario se ve envuelto en un problema mayúsculo cuando decide despedir a su consultor de tecnología y éste decide vengarse acechándolo a él y a su familia. Pierce Brosnan desempeña el papel de Mike Regan, el propietario y gerente de la multinacional que entra en el macabro juego de uno de sus ex empleados que hace uso de la tecnología para invadir la privacidad de él y su familia. El resultado es un thriller criminal, con dosis dramáticas, que ofrece alguna reflexión interesante pero que acaba resultando más convencional de lo esperado.

4/10
La jungla: Un buen día para morir

2013 | A Good Day to Die Hard

John McClane (Bruce Willis) recibe la noticia de que su hijo Jack (Jai Courtney) se encuentra detenido en una cárcel rusa. La cosa pinta mal y como mínimo podría caerle la perpetua. Allá irá entonces papá McClane dispuesto a sacar a su hijo de apuros. Pero el poli de Nueva York no sabe muy bien a qué se dedica su retoño y su sorpresa será mayúscula cuando compruebe que es agente de la CIA y que se encuentra en una misión para salvar de la muerte a un tal Komarov (Sebastian Koch), un millonario ruso cuya vida está en peligro porque posee información clave que podría acabar con el futuro de un importante y peligroso jerarca llamado Chagarin. Cine de palomitas. John McClane no envejece, o al menos eso da a entender esta quinta entrega de la que ya es una de las sagas más exitosas de Hollywood. Conforme han ido pasado los años (desde la lejana Jungla de cristal de 1988), el protagonista tan sólo ha perdido pelo. Mantiene su inconfundible sorna, su tozudez frente a la adversidad y su resistencia física, hasta el punto de que su cuerpo ha adquirido la característica de ser indestructible. Es inimaginable la cantidad de golpes que sufre en La Jungla: Un buen día para morir, y más inimaginable aún lo ileso que sale de cada uno de sus accidentes, explosiones, disparos, caídas al vacío, etc. El espectador ha de rendir el juicio desde la primera, hiperdestructiva y larguísima secuencia del rescate en el juzgado y la posterior huida por la autopista, si no quiere sentir un cortocircuito cerebral. Más que en ningún otro film de la saga el guión se consolida aquí como una enorme excusa para ofrecer un alocado circo de fuegos artificiales y actuaciones más propias de superhéroes que de personas de carne y hueso. Algún giro hay, y los guionistas se descuelgan con un par de diálogos de más de dos líneas con la pretensión de dar algo de juego a la tirante relación entre padre e hijo. Pero no dejan de ser simples transiciones entre el silbar de las balas y el fuego de las granadas. Porque en este fin no hay otra cosa que acción desenfrenada y hueca, y desde luego la mesura no es un concepto que maneje el director John Moore, responsable de títulos desiguales como Tras la línea enemiga o Max Payne. Ciertamente, en La Jungla: Un buen día para morir lo único que se puede decir de Moore es que rueda bien las escenas de acción. En cuanto a los personajes, hay poco que decir. La película apunta a que estamos ante un relevo generacional, cosa que ya se entrevió con su hija Lucy en La Jungla 4.0. Aquí el personaje de Mary Elizabeth Winstead tiene escasa presencia, mientras que el fornido hermano se reparte el protagonismo con su padre Bruce Willis. Lástima que el estólido Jai Courtney no parezca la mejor elección para encarnar a MacClane Jr. Su escaso sentido del humor e inexpresividad no son precisamente una prueba del buen funcionamiento de la genética. De cualquier forma es un detalle que tampoco tiene demasiada importancia y sea como fuere el último plano familiar deja abiertas las puertas para la continuidad.

4/10
Max Payne

2008 | Max Payne

Hollywood ha encontrado un filón en la adaptación de videojuegos a la gran pantalla. Ahí están los casos más llamativos de Tomb Raider, Resident Evil, Silent Hill o Hitman, entre otros muchos. Como se ve, la calidad cinematográfica del resultado no es que sea excesiva, por decirlo discretamente, pero el éxito de taquilla ha acompañado ordinariamente a estos productos nacidos para jugarse en la videoconsola. La película que nos ocupa, Max Payne, proviene igualmente de un videojuego, un producto de rotundo éxito que empezó a comercializarse en 2001 y que ha llegado a alcanzar la categoría de clásico en el ranking consolero. Nueva York. Max Payne es un detective de la policía, serio, con malas pulgas y traumatizado por un terrible suceso del pasado: su familia –esposa y bebé– fueron asesinados en su propia casa. Años después, el caso sigue abierto, pues el cuerpo policial no ha sido capaz de dar con los culpables. Desde aquel terrible día Max Payne vive su existencia con un único objetivo: descubrir a los asesinos. Su obsesión no repara en los "detalles" que obstaculizan su misión, cosas como el miedo, la oposición policial, el peligro o la muerte. La aparición de algunos cadáveres relacionados con una sofisticada droga química y con la aparición de extraños seres alados, dará algunas pistas al detective. Lo más destacado de la película es su ambientación tenebrosa y oscura. Los días se suceden perpetuamente nublados, desagradables, repletos de lluvia, viento, nieve, y parece que el cielo está rebosante de ceniza, como si una negrura maligna se cerniese sobre la tierra. Pero sinceramente hay poco más que llame la atención aparte de esta atmósfera que hace del mundo un lugar inhóspito e insano para vivir, un poco al estilo Constantine. Porque la trama es simple, muy simple, y los personajes son más planos que un platelminto (una clara vuelta atrás en la filmografía de Mark Wahlberg, que aquí está tan rígido como un ladrillo). Y aunque hay un intento por aportar elementos misteriosos y atractivos –alucinaciones proféticas, terroríficos seres alados, referencias a ángeles demoniacos– a la postre sólo son caprichos del guionista y no hacen otra cosa que añadir metraje y confusión a la trama. Así las cosas el resultado es bastante desastroso. Por lo demás, estamos ante un producto comercial de pura evasión, con secuencias de acción y gran carga de violencia. El director John Moore (Tras la línea enemiga) carga la mano además en efectismos técnicos provenientes directamente de la consola, como el uso de la imagen congelada y superralentizada en ciertos momentos álgidos de la acción. Pero ni eso resulta original.

3/10
La profecía (2006)

2006 | The Omen

Antaño había en Hollywood directores que eran maestros. También estaban los artesanos, que aportaban su indudable profesionalidad, para filmar cualquier historia. Se diría que John Moore ha inaugurado una nueva categoría: los clonadores. Tras revisitar en El vuelo del Fénix el clásico de Robert Aldrich, sin aportar apenas nada nuevo, vuelve a la carga con La profecía, de Richard Donner. No es exageración decir que el film es un calco del original, del que nadie debería hacer lecturas teológicas demasiado serias. Con el mismo guionista, David Seltzer, la idea es ofrecer sin rubor lo mismo, sólo que con mejores efectos especiales, y un sonido más inquietante, cara a las nuevas generaciones. Añadir copos de nieve a la escena del cementerio, o lluvia al encuentro en el puente, no parece el colmo de la originalidad. Por no hablar del prólogo y epílogo ‘vaticanos’, un cardenal explicando al Papa el cumplimiento de no se sabe qué profecía, y la agonía del Pontífice, algo grotescos. Sigue funcionando, claro está, la idea del Anticristo en forma de niño encantador, al que sus padres empiezan a temer. Y algunas escenas son ciertamente terroríficas, con un toque gore. Y el reparto funciona medianamente, aunque Liev Schreiber no es Gregory Peck, Mia Farrow parece tomarse su papel de niñera un poco en broma, y Pete Postlethwaite no cuadra como sacerdote iluminado.

5/10
El vuelo del Fénix (2004)

2004 | Flight of the Phoenix

Prosigue en Hollywood la falta de ideas y el recurso a filmar nuevas versiones de las películas de antaño. Le toca el turno ahora a El vuelo del Fénix (1965), un título de aventuras dirigido con oficio por Robert Aldrich en 1966. Los cinéfilos recordarán la historia de un avión accidentado en un punto ignoto del desierto, y el esfuerzo común de los supervivientes por construir un nuevo aeroplano, que les saque del apuro. Algunas de las modificaciones del film de John Moore resultan previsibles: un grupo multirracial, que incluye una mujer; mejores efectos especiales, sobre todo en la secuencia en que el aparato se estrella; más protagonismo de los nómadas, que aciertan a pasar por ahí cerca; presencia de utensilios modernos, como el teléfono móvil o una agenda electrónica. Pero curiosamente, y dentro de un film que se mueve con total fidelidad a los parámetros del modelo original, incluida la ‘sorpresa’ argumental, la gran novedad con respecto a la película de Aldrich reside en un elemento que se diría pasado de moda, nada habitual en el cine contemporáneo. Acostumbrados, sí, a filmes sembrados de insultos, maldiciones y palabras malsonantes, con tramas de venganza donde el protagonista patea el culo de sus enemigos con saña, si es que no ha descargado antes sobre ellos la munición de su arma automática, sorprende una historia donde los personajes dan las gracias por las buenas acciones acometidas por otros, se humillan y piden perdón por sus errores, y anhelan que su ayuda sea no sólo valorada sino también solicitada con un sencillo ‘por favor’. No es una mera cuestión de urbanidad o buenos modales. Se trata de humanidad, algo que se ha perdido, por desgracia, en gran parte del cine actual. Y reconforta verlo recuperado, aunque sea fugazmente y en una trama reciclada.

5/10
Tras la línea enemiga

2001 | Behind Enemy Lines

Los americanos en Los Balcanes. A punto de irse a casa. El piloto de caza Burnett está harto. Harto de no hacer nada. Y ha decidido presentar su renuncia. Pero en una misión de rutina es derribado y cae “tras la línea enemiga”. Y descubrirá, por supuesto, el orgullo de ser americano. Podría hablarse de todo un subgénero, dentro del cine bélico, de relatos de tipos perdidos en territorio hostil, como el clásico Objetivo: Birmania. Aquí John Moore sirve un film simplemente entretenido, de exaltado patriotismo estadounidense, donde los aliados europeos de la OTAN no dan una. El siempre eficaz Gene Hackman cambia el papel que hizo en Bat 21. Si allí era un coronel caído en territorio vietnamita, ahora le toca organizar el rescate de su chico, el rubito Owen Wilson. Quizá la mejor escena es aquella en que Burnett está a punto de ser descubierto por el enemigo; y, desde el alto mando, los jefes siguen la cosa gracias a las imágenes que ofrece un satélite espía. Aunque, como el espectador descubrirá, a la tecnología todavía le queda un trecho largo que recorrer.

5/10

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