Kay Francis
63 años ()Actriz de altura
Con 1,75 metros de altura, algo que heredó de su padre que alcanzó 1,90, Kay Francis destacaba entre sus colegas femeninas de la pantalla, sólo Ingrid Bergman la igualaba en este aspecto. Pero también probó ser una buena actriz, aunque se distrajo con muchos filmes que no estaban... a su altura interpretativa.
Kay Francis nació con el nombre Katherine Edwina Gibbs en 1905 en Oklahoma City, y destacó como actriz de cine y teatro en las décadas de 1920 y 1930, llegando a ser una de las estrellas femeninas más importantes de Hollywood. Alta y morena, desprendía elegancia y sofisticación, Francis dejó una huella imborrable en la época dorada del cine, lo que no impidió que su vida personal estuviera marcada por matrimonios fallidos, problemas de salud y una prematura muerte por cáncer.
Kay creció en un entorno familiar complicado pues su padre, Joseph, abandonó a la familia cuando ella era una niña, por lo que fue criada principalmente por su madre, Katharine Clinton, quien también trabajaba como actriz de teatro. Aunque provenía de una familia católica, y se educó en escuelas confesionales, no mantuvo una relación cercana con su fe a lo largo de su vida adulta.
Francis no siempre quiso ser actriz. De hecho empezó su desempeño profesional como secretaria, pero influida por la carrera teatral de su madre, decidió probar suerte. Debutó en Broadway en 1925 en una versión de Hamlet, con un rol menor, y poco a poco fue labrándose una reputación en la escena neoyorquina. Su gran oportunidad en el cine llegó gracias al actor Walter Huston, con quien coincidió en el escenario y le aconsejó que probara suerte en Hollywood. En 1929, hizo su debut cinematográfico en la película Gentlemen of the Press.
Kay Francis firmó un contrato con Paramount Pictures, donde asumió papeles de mujeres sofisticadas y glamorosas, con una dicción inconfundible y un aire aristocrático. Esto la llevó a compartir pantalla con grandes estrellas de la época, y por su estatus se le ofrecieron roles importantes como en Un ladrón en la alcoba (1932), de Ernst Lubitsch, junto a Miriam Hopkins y Herbert Marshall, tal vez su mejor film. Precisamente 1932, Francis cambió de estudio y firmó un lucrativo contrato con Warner Bros., convirtiéndose en la actriz mejor pagada de la compañía durante un tiempo. En esta etapa, protagonizó éxitos como Mandalay (1934) y Su vida privada (1935), aunque algunos pensaban que estaba sacrificando la calidad de los guiones por “el amor y lujo” de las producciones. A finales de los 30, empezó a declinar su estrella y también sus relaciones con Warner se deterioraron, el estudio percibía que sus películas no eran bastante rentables. Y partir de 1939, comenzó a ser relegada a papeles de menor relevancia, lo que provocó tensiones con el estudio. Tuvo la suerte de que una amiga, Carole Lombard, la recomendara para que estuviera con ella y Cary Grant en Dos mujeres y un amor.
Cuando Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial, Kay Francis hizo una pausa en su carrera cinematográfica y se volcó completamente al esfuerzo bélico. Se convirtió en una figura clave del United Service Organizations (USO), viajando por el Pacífico y visitando hospitales militares, llevando entretenimiento y consuelo a los soldados heridos, lo que quedó consignado en en el libro “Four Jills in a Jeep”, atribuido a su compañera en el voluntariado Carole Landis.
Acabada la guerra, el esplendor de su carrera cinematográfica en Hollywood se había apagado. Así que en la década de 1940, volvió al teatro, aunque sin la repercusión de antaño. Apareció en algunas películas de bajo presupuesto antes de retirarse definitivamente en 1946, tras el estreno de Allotment Wives, una película que también produjo.
Kay Francis se casó en cinco ocasiones, aunque ninguna de sus relaciones fue duradera con James Dwight Francis (1922–1925), William Gaston (1925–1927), Kenneth MacKenna (1931–1934), actor y director, John Meehan (1937–1941)y Ernest William Hankey (1941–1942). Nunca encontró una relación verdaderamente estable y no tuvo hijos. En sus diarios, descubiertos tras su muerte, revelaba su frustración con la vida amorosa y el deseo de equilibrio personal.
Sufrió un accidente de automóvil en 1942 y su salud comenzó a deteriorarse a medida que envejecía, lo que eventualmente condujo a su retirada por completo del cine y el teatro. Además le tocó luchar contra la depresión y el aislamiento, y en 1966 le fue diagnosticado cáncer de mama, una enfermedad que le arrebataría la vida poco tiempo después. Falleció en 1968 a los 63 años en Nueva York.
