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Biografía

Liya Kebede

Liya Kebede

42 años

Liya Kebede

Nació el 01 de Marzo de 1978 en Addis Ababa, Etiopía
Filmografía
Samba

2014 | Samba

Samba es un inmigrante senegalés que lleva 10 años en Francia. Sin permiso de residencia ni de trabajo, malvive con ocupaciones ocasionales, a la espera de poder convertirse en jefe de cocina. Establecerá contacto con una novata trabajadora social, Alice, que se encuentra también en un momento complicado de su vida y está de baja por agotamiento en su trabajo de ejecutiva. Entre ambos se establecerá poco a poco algo parecido a la amistad o quizá algo más. Pero la vida de Samba es difícil, evitando siempre meterse en problemas para no ser expulsado del país, entre trabajos precarios, con un futuro incierto. Como es habitual en ellos, los directores galos Olivier Nakache y Eric Toledano vuelven a formar tándem en la escritura y dirección de Samba, tras la resaca que provocó el exitazo mundial de Intocable en 2011. Adaptan en este caso la novela de Delphine Coulin, sobre las vicisitudes de un inmigrante en Francia. El resultado es inferior a su anterior trabajo, pero tiene su interés por los conflictos humanos que plantea, cuestiones que no tienen siempre una solución fácil pero que la globalización pone continuamente sobre tapete y las noticias diarias se encargan de hacer resonar en la opinión pública. Nakache y Toledano arrancan con brío su película, con un larguísimo plano secuencia que presenta a su protagonista, Samba. Desde ese momento sus desventuras atrapan. El actor Omar Sy (en su ya cuarto largometraje con los directores) confirma su idilio con la cámara y su especial talento para mostrar naturalidad, véase la primera escena en que se entrevista con la trabajadora social, Alice (buen trabajo de Charlotte Gainsbourg). Poco a poco las relaciones entre los personajes se entretejen, funcionan (especialmente las que unen a Samba con su compañero de fatigas interpretado por Tahar Rahim). Sin embargo, la historia se estanca un poco en la última parte y acumula momentos demasiado cotidianos. Al final da la sensación de que se ha desechado algún material, pues se dejan cabos sueltos y el desenlace llega de repente de manera apresurada. De cualquier forma, aunque no acaba de resultar totalmente satisfactorio, el film es amable y realista a un tiempo, con un fondo optimista y con elevados momentos de humor en medio del drama que presenta. Además de denunciar los problemas de la inmigración en los países europeos, Samba aborda también otra cuestión peliaguda que inunda a los países ricos: el mundo laboral. De modo acertado, evitan caer los directores en tópicos reduccionistas del estilo “no hay trabajo ni solidaridad con los extranjeros” para mirarse también a sí mismos y hacer una sólida crítica social del sistema europeo, en donde el “dios” trabajo se convierten tantas veces en una fuente velada de esclavitud capaz de alienar al ser humano y provocar todo tipo de trastornos.

5/10
La mejor oferta

2013 | La migliore offerta

Virgil Oldman es todo un personaje en el mundo del arte. Está al cargo de una casa de subastas en Roma, y un vistazo a un cuadro le basta para saber si se encuentra ante una obra maestra o un trabajo del montón. Petulante y siempre exhibiendo aires de superioridad, ha reunido en complicidad con su amigo Billy, que puja en su nombre, una secreta colección de magistrales retratos femeninos, que guarda en una cámara privada, para su único y personal goce. La suya es una vida solitaria y egoísta, pero va a sufrir un vuelco cuando entra en su vida Claire, una misteriosa mujer que desea vender la colección de arte heredada de sus padres. Ella, encerrada en su villa romana, evita verle, pues padece agorofobia. Aunque irritado al principio, la fascinación de Virgil por su elusiva cliente puede más, al igual que el misterio de las piezas dispersas que va encontrando por toda la casa, partes de un valioso autómata del siglo XIX, y que entrega a otro amigo, Robert, para que lo arme. Cinta escrita y dirigida por Giuseppe Tornatore, con vocación internacional por la ambiciosa producción, el atractivo reparto -donde destaca sobre todo Geoffrey Rush-, y el hecho de que esté rodada en inglés. El cineasta italiano ganador del Oscar por Cinema Paradiso saca a pasear sus mejores señas de identidad, un romanticismo angustiado, el deseo a aprehender algo que se nos está escapando; y ello con un amplio lienzo, rico visualmente -piénsese también en La leyenda del pianista en el océano-, en el caso que nos ocupa acentuado por las obras de arte y el autómata, más la fusión sonora con la partitura de Ennio Morricone, su compositor habitual. Estamos, desde luego, ante una fábula, la del hombre que en su amor por el arte cree haber cumplido todas sus aspiraciones, incluida la que podría suponer el compartir la vida con una mujer, pues sus cuadros habrían satisfecho y sublimado esa necesidad. Pero incluso la torre de marfil del egoísta, atrincherado tras sus muros, tiene vías de acceso a realidades nunca experimentadas antes, como es el enamoramiento, la posibilidad de darse a otra y ser correspondido. Tornatore presenta la tensión entre esa dulzura, apenas gustada, y la comodidad de esa otra vida fabricada durante años, con la ventaja de que los cuadros no protestan, no se quejan. El director y guionista sabe intrigar con esa mujer cuyo aspecto se nos hurta, inteligentemente, durante casi todo el metraje. Mientras que vemos que lo único que humaniza a Virgil son sus relaciones humanas, la amistad, suscitada gracias a su trabajo, con Billy y Robert. Y utiliza con habilidad el marco donde transcurre su cuento, las escenas de la subasta, de la villa con sus antigüedades, del taller en que va cobrando forma el autómata, del “sancta sanctorum” que contiene los lienzos de las “novias” de Virgil.

7/10
El capital

2012 | Le capital

Un cineasta con las señas de identidad del griego afincado en Francia Costa-Gavras estaba obligado a tratar una crisis económica donde su país de origen ha dado tanto que hablar. Lo hace en El capital, con una historia escrita por él en colaboración con Jean-Claude Grumberg y Karim Boukercha, partiendo de la novela de Stéphane Osmont, y demuestra el dominio narrativo del veterano curtido ya en mil batallas cinematográficas, no en balde rueda el film a punto de cumplir los 80 años. Costa-Gavras asegura que “nos hemos convertido en rehenes de los mercados y de la coyuntura”. Y por ello sigue en El capital la trayectoria de Marc Tourneuil, un tipo al que precisamente las circunstancias -un cancer de próstata del presidente- le colocan en la cúspide del Banco Phenix. Aunque se supone que se encontrará en tal posición muy poco tiempo, el ambicioso Marc nadará entre tiburones -los miembros franceses del consejo de administración, los agresivos accionistas americanos de Miami...- para así agarrarse a su poltrona, y ello con el propósito de lograr lo único que parece valer la pena en este mundo: dinero, dinero, dinero. El sólido director logra atrapar con su mirada cínica el vértigo del poder, habla de juego sucio y puñaladas traperas. No falta en El capital algún personaje que denuncia tales excesos -el episódico personaje del tío de Marc-, o la ejecutiva experta en el mercado asiático que advierte de los peligros de cierta operación de adquisición de un banco en Japón; pero serían como “enanos” en medio de una dinámica imposible de alterar, porque en gran medida se han dejado fuera los referentes éticos o morales. El modo compulsivo en que el casado Marc se mueve, atraido por una despampanante top model, puede rozar lo grotesco, pero habla al fin de eso que llega a decir su personaje, “son como niños”; y él no quiere dejar de probar esa “golosina”; y ello aunque sepa que su esposa es mil veces más valiosa, pero al final es sólo una pieza de su partida de ajedrez, aunque se trate de la dama. Puede sorprender ver como protagonista en El capital a un actor cómico, Gad Elmaleh, conocido por títulos como El juego de los idiotas, pero resulta perfecto en el papel protagonista, y como él mismo recuerda, Costa-Gavras fue justo el que recurrió al comediante Jack Lemmon para una de sus mejores películas, la dramática denuncia política Desaparecido.

6/10
Oro negro

2011 | Black Gold

Como es habitual, Jean-Jacques Annaud suele tomarse con tiempo sus proyectos. Cuatro años después de la fallida Su majestad Minor, el director francés vuelve a las pantallas con una adaptación de la novela "Arab", de Hans Ruesch. La acción transcurre a principios del siglo XX, en Arabia, donde Nesib, el emir de Hobeika, vence una guerra contra Amar, el sultán de Salmaah. Como garantía del acuerdo de paz, se crea una tierra de nadie, y los dos pequeños hijos de Amar pasan a ser rehenes de Nesib. Cuando unos texanos encuentran petróleo en la zona, estalla un nuevo conflicto entre ambos líderes, en el que tendrá un papel fundamental Auda, uno de los niños retenidos, ya crecido, y que se ha enamorado de la hija de su captor, que le corresponde. Aunque tiene detrás una historia de cierto interés, Annaud rueda con cierta desgana y apenas consigue dar brío a sus imágenes. A los momentos de mayor intensidad les falta fuerza, por lo que el espectador no se implica. Apenas le saca jugo a numerosos temas que aparecen de fondo, como la lealtad, la familia y la fe islámica. Además, el reparto es bastante desigual. Mark Strong y el joven Tahar Rahim, famoso por protagonizar Un profeta, vuelven a coincidir poco después de La legión del águila, donde sus personajes eran secundarios, y demuestran que son capaces de lidiar con cualquier toro. Pero Antonio Banderas parece haberse quedado en el registro de La máscara del Zorro, y El Gato con Botas, y le da igual que su personaje sea un emir, mientras que Freida Pinto tiene poca presencia.

5/10
Flor del desierto

2009 | Desert Flower

La poco conocida directora neoyorquina Sherry Horman denuncia el ritual de la ablación del clítoris, a través de un biopic de Waris Dirie, nacida en Somalia, top model de éxito que llegó a tener un pequeñísimo papel en Alta tensión. Dirie logró llamar la atención internacional sobre esta brutal práctica, tras confesar públicamente en una entrevista para NBC y la revista Marie Claire que ella misma la había sufrido durante su infancia. Kofi Anan la nombró embajadora de Naciones Unidas para concienciar a la opinión pública sobre este asunto. La directora –que se basa en un libro autobiográfico de la propia Waris Dirie– acierta al plantear el film como una actualización del cuento de “La Cenicienta”. Comienza cuando Waris es una inmigrante ilegal en Londres, a la que recoge Marilyn, dependienta de una tienda de ropa, aspirante a actriz, que la lleva a dormir a su humilde habitación de una residencia. Al día siguiente, Marilyn manda a su nueva amiga a la hamburguesería donde ella misma estuvo trabajando, pues sabe que le ofrecerán un contrato. Mientras limpia el local, un cliente le da su tarjeta porque se dedica a la fotografía y está interesado en hacerle unas instantáneas. Ignora Waris que se trata de Terry Donaldson, profesional de inmenso prestigio. La puesta en escena de Sherry Horman intenta recordar en su realismo social a Mike Leigh, sensación que se refuerza por la presencia de dos actores muy asociados al cine del británico, Sally Hawkins (brillante como Marilyn, la amiga de la protagonista) y el siempre excelente Timothy Spall (que insufla una enorme humanidad al fotógrafo que interpreta, aunque sale poco). Obviamente, no llega a la altura de Leigh, y a pesar de sus buenas intenciones, y de la importancia del tema central, acaba siendo demasiado reiterativa. Cuando ya ha transmitido el mensaje bastante bien, incluye una conferencia didáctica de la protagonista ante la ONU que sobra, y por si esto fuera poco, unos rótulos finales vuelven a repetirlo todo otra vez. A pesar de estos defectos se sigue con interés, porque aunque no oculta los problemas asociados al drama de la inmigración, subyace un tono positivo y esperanzador, y algunos pasajes de comedia aligeran otros momentos bastante duros. Además, la actriz y modelo Liya Kebede (El buen pastor) no desmerece frente a los ilustres secundarios.

6/10
El buen pastor

2006 | The Good Shepherd

Acercamiento a cómo nacieron y se consolidaron los servicios secretos estadounidenses, primero durante la Segunda Guerra Mundial, en forma de la OSS, y finalmente bajo el apelativo popular de “la Agencia”, o sea, la CIA. La narración pivota sobre Edward Wilson, un agente de aspecto gris y taciturno, pero muy bueno en su trabajo; y transcurre básicamente en dos tiempos: años 60, con la fracasada invasión de Cuba en Bahía de Cochinos; y prolegómenos de la guerra, cuando Wilson, miembro de una fraternidad y universitario idealista, recibe la propuesta de sumarse al incipiente servicio de inteligencia. Con una estructura de idas y venidas temporales compleja pero bien trabada, que se diría inspirada en El padrino II –¿habrá dado ideas el productor ejecutivo Francis Ford Coppola al guionista Eric Roth, y al director Robert De Niro, que intervino precisamente en ese film?–, se consigue transmitir una idea bastante cabal de las duplicidades que marcan la vida de los espías, cuyas consecuencias pagan, a un precio demasiado alto, sus familias, y por supuesto, ellos mismos. Gran parte del mérito de Roth y De Niro es que, a través de las andanzas de su protagonista, consiguen dar una visión del conjunto: en este caso se puede decir que las ramas no sólo no impiden ver el bosque, sino que ayudan a ello. Hay resonancias de gran tragedia en el destino fatal que aguarda a Wilson, con una vida marcada por el suicidio paterno, y cuyos sentimientos, siempre guardados para sí mismo, le han conducido a sacrificar lo que le dictaba el amor, y a hacer daño a sus seres queridos. En ese sentido el modelo ‘padrinesco’ de soledad en la inmoralidad ha sido perfectamente asimilado –Matt Damon parece tomar como referencia de su difícil y frío personaje al Michael Corleone de Al Pacino–, pero sin caer en mimetismos evidentes que le hagan perder fuelle. Incluso la escena de montaje paralelo en que la identidad de un ‘topo’ es puesta al descubierto, homenaje evidente a la saga de Coppola, está tratada con originalidad, pues se trata de planos, no sólo separados espacialmente, sino también temporalmente. Se nota que De Niro es actor, y además un gran actor. Curiosamente, muestra una virtud que bien podría haberse aplicado a sí mismo en los filmes de su última etapa actoral: controla a sus intérpretes para que entreguen unas actuaciones muy contenidas y realistas, sin lugar para el histrionismo. Y así, a un reparto maravilloso, perfectamente escogido, donde conviven los actores conocidos (Damon, Angelina Jolie, Alec Baldwin, el propio De Niro…) con los repescados (Joe Pesci, Timothy Hutton, William Hurt, Keir Dullea, John Turturro…), los que prometen y uno nunca acaba de saber cómo se llaman (Billy Crudup, Martina Gedeck...) y los ‘descubrimientos’ (Oleg Stefan, John Sessions...).

8/10
El señor de la guerra

2005 | Lord of War

Andrew Niccol es un cineasta con guiones interesantes y tramas de entidad. Él dio los argumentos de El show de Truman a Peter Weir (la invasión televisiva de la intimidad), y de La terminal a Steven Spielberg (un hombre sin patria internado en un aeropuerto). Como director abordó la manipulación genética y la fecundación artificial (Gattaca) y la creación de una actriz digital de cine (S1m0ne). En El señor de la guerra el tema es muy serio, y lamentablemente a Niccol le va un poco grande. El film sigue la pista a Yuri Orlov, un traficante de armas de origen ucraniano, al que no le importa el uso que los demás hagan del material que maneja. Él sólo quiere enriquecerse, conseguir a la mujer que desea, y disfrutar del lujo como pueda. A la vez tiene un estilo de vida aventurero, todo un subidón de adrenalina. E intenta conciliar todo con una vida familiar imposible, pues se basa en la mentira y la falta de confianza. Varias cosas pesan en la película. La omnipresente voz en off de Nicolas Cage es una de ellas. Tampoco ayuda el personaje de Ethan Hawke, un agente del FBI monolítico, o la esposa, Bridget Moynahan, cuya actitud de ‘ojos cerrados’ resulta poco creíble. De todos modos una idea atractiva, de rabiosa actualidad, un ritmo trepidante y un buen acabado visual, ayudan a hacer llevadero el visionado de la cinta. Domina en el planteamiento un modo cínico y al tiempo simple de ver las cosas, pero no se esquivan ciertas consideraciones morales. Las cosas son como son, pero ‘vender el alma’ pasa factura, viene a decir Niccol.

6/10

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