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Biografía

Stéphane Brizé

Stéphane Brizé

Stéphane Brizé

Filmografía
En guerra

2018 | En guerre

El jardín de Jeannette

2016 | Une vie

Adaptación de una novela de Guy de Maupassant, a cargo de un director valioso, Stéphane Brizé, responsable de títulos como La ley del mercado y Mademoiselle Chambon. Narra de un modo naturalista el discurrir de la vida en el siglo XIX en Normandía de una mujer, Jeanne Le Perthuis des Vauds, hija de un barón, desde que es una jovencita cuyos padres conciertan su matrimonio con el vizconde Julien de Lamare. Con toques impresionistas en el relato, breves flash-backs que evocan momentos de felicidad, somos testigos de las tribulaciones que le toca atravesar viviendo en su "château": un marido que la engaña, un consejero espiritual que no la entiende, secretos de familia que le rompen el corazón, las muertes de los seres queridos, la trayectora errática de un hijo... Película vigorosa y convincente, se arriesga en la utilización de un formato cinematográfico casi cuadrado, 4:3, con planos donde con frecuencia los rostros de los personajes llenan el cuadro, y uso del sonido muy inteligente, el viento y la lluvia, la música de piano en momentos sabiamente escogidos... Es fiel al espíritu del autor en que se basa, o sea, están presentes las ironías que con frecuencia tejen la existencia, y una visión algo desesperanzada del sufrimiento, aunque pueda asomar algún rayo capaz de iluminar la vida, esa persona que vuelve a ayudarte inesperadamente, o la visión de un recién nacido inocente. Todos los actores entregan interpretaciones muy medidas, con la contención que exige la opción del naturalismo, aunque destaca Judith Chemla como la protagonista.

7/10
La ley del mercado

2015 | La loi du marché

Thierry Taugourdeau, hombre casado y padre de un hijo con parálisis cerebral, se ha quedado recientemente sin empleo. Le cuesta por eso conseguir un crédito bancario. Acabará trabajando de vigilante en un supermercado, ocupación que no es lo que se dice muy reconfortante. Una de esas películas europeas que hace un retrato serio de la situación en que vivimos en la sociedad del siglo XXI. El dinero, el mercado, rige y regula, querámoslo o no, todas las actividades humanas. No se puede huir si se quiere vivir en una ciudad, si se desea tener una casa, casarse, ser padre, optar a un puesto laboral. El ciudadano –el hombre y la mujer europeos– son víctimas obligadas de un sistema que impone sus reglas. Stéphane Brizé (Mademoiselle Chambon) cuenta esto con una inaudita austeridad, al estilo desnudo de los hermanos Dardenne y sus Dos días, una noche. Por eso La ley del mercado no es lo que se dice una película atractiva; su carencia de cualquier aditamento puede dejar perplejo al espectador, pues el resultado es casi como si una cámara oculta tomara retazos de la vida de Thierry: su visita al banco, su reunión con ex compañeros, sus clases de baile, su estancia en el hogar, en el trabajo... No parece haber de por medio un guión de ficción, tal es el verismo inapelable de este retrato de un hombre de clase media, ciudadano como tantos otros. La fuerza de la película es que no parece acontecer nada relevante. Pero no se escapa que esa sobriedad narrativa está sumamente cuidada. Brizé siempre coloca la cámara de modo que no sea protagonista, y los encuadres están claramente diseñados para dar una impresión casual, alejada de la más leve artificiosidad. Por otra parte, el rostro enjuto y la mirada siempre triste de Vincent Lindon (Welcome) son sumamente adecuadas para transmitir sensación de impotencia ante unos elementos externos que su personaje no puede controlar. Ese testigo mudo le valió el premio al mejor actor en el Festival de Cannes.

6/10
Algunas horas de primavera

2012 | Quelques heures de printemps

Mademoiselle Chambon

2009 | Mademoiselle Chambon

Jean es un humilde albañil. Casado y con un niño, se preocupa de su padre anciano. Parco en palabras, lleva una vida medianamente feliz. Un día conoce en la escuela a la profesora de su hijo, la señorita Véronique Chambon, una mujer elegante, de mayor cultura, nada engolada. Ella le pide ayuda, que acuda a clase a explicar ante los alumnos su trabajo. De aquí surge el encargo de una chapucilla en casa, y la atracción mutua se va encendiendo... Delicada película de Stéphane Brizé, que adapta con ayuda de Florence Vignon una novela de Eric Holder. El film ganó el César al mejor guión adaptado. Con sorprendente sutileza se describe una vida llena de cosas pequeñas que resultan agradables, pero que pueden no colmar lo suficiente, cuando surge tumultuosa la pasión del enamoramiento, la alternativa de otra posible vida que atrae poderosamente. No hay trucos baratos en esta película, rebosante de humanidad, quizá algo triste, pero definitivamente honesta. Funciona muy bien la escena en que Jean explica a los chicos su profesión, pues les habla de que una casa debe construirse sobre fundamento sólido y durar toda la vida. Tal disertación sirve de perfecto subtexto a lo que cuenta le película, el dilema que afrontan Jean y Véronique. El primero tiene unos compromisos, una familia bien asentada: ¿tiene sentido buscar otra “casa”? es la pregunta que se le plantea. Mientras que ella está sola, y también debe considerar si el edificio de su vida en común puede levantarse con los cimientos de Jean. Brizé evita la verborrea inútil, sostiene bien las escenas con silencios, miradas, música, cambios de plano, que lo dicen todo sin necesidad de palabras. Los actores están perfectos, los rostros de Vincent Lindon y Sandrine Kiberlain son de una elocuencia suprema.

7/10
No estoy hecho para ser amado

2005 | Je ne suis pas là pour être aimé

Jean-Claude, cincuentón y divorciado, se dedica a ejecutar impagados y ordenar embargos, una profesión que le ha vuelto insensible. Le ha preparado en parte la relación con su padre, que vive en una residencia de ancianos: el hombre nunca tiene una palabra amable para él, y no le comunica lo que bulle en su interior. Tal herencia familiar podría transmitirla Jean-Claude a su hijo, que acaba de empezar a trabajar con él. Las cosas cambian cuando Jean-Claude se apunta a clases de tango; la excusa se la da su médico, que le ha recomendado hacer ejercicio. Allí conoce a Françoise, joven prometida que desea poder bailar el día de su boda con su novio. Éste es un tipo mediocre y egoísta, centrado en la novela que está escribiendo, y que podría dejar escapar a su presunto amor. Porque va a surgir un afecto profundo entre la joven y Jean-Claude. Film bien estructurado por Stéphane Brizé, que define con trazos firmes a los dos protagonistas (buen trabajo de Patrick Chesnais y Anne Consigny), y los sostiene bien con los personajes secundarios. Se trata de una historia amable –los romances en torno al baile de salón están inspirando muchos títulos como ¿Bailamos? o Déjate llevar–, en la línea de Para todos los gustos, de personajes desorientados que tal vez logren centrarse. Las dosis de sentimentalismo están medidas, y se evita un apoyo excesivo en el tango.

6/10
En guerra

2018 | En guerre

El jardín de Jeannette

2016 | Une vie

Adaptación de una novela de Guy de Maupassant, a cargo de un director valioso, Stéphane Brizé, responsable de títulos como La ley del mercado y Mademoiselle Chambon. Narra de un modo naturalista el discurrir de la vida en el siglo XIX en Normandía de una mujer, Jeanne Le Perthuis des Vauds, hija de un barón, desde que es una jovencita cuyos padres conciertan su matrimonio con el vizconde Julien de Lamare. Con toques impresionistas en el relato, breves flash-backs que evocan momentos de felicidad, somos testigos de las tribulaciones que le toca atravesar viviendo en su "château": un marido que la engaña, un consejero espiritual que no la entiende, secretos de familia que le rompen el corazón, las muertes de los seres queridos, la trayectora errática de un hijo... Película vigorosa y convincente, se arriesga en la utilización de un formato cinematográfico casi cuadrado, 4:3, con planos donde con frecuencia los rostros de los personajes llenan el cuadro, y uso del sonido muy inteligente, el viento y la lluvia, la música de piano en momentos sabiamente escogidos... Es fiel al espíritu del autor en que se basa, o sea, están presentes las ironías que con frecuencia tejen la existencia, y una visión algo desesperanzada del sufrimiento, aunque pueda asomar algún rayo capaz de iluminar la vida, esa persona que vuelve a ayudarte inesperadamente, o la visión de un recién nacido inocente. Todos los actores entregan interpretaciones muy medidas, con la contención que exige la opción del naturalismo, aunque destaca Judith Chemla como la protagonista.

7/10
La ley del mercado

2015 | La loi du marché

Thierry Taugourdeau, hombre casado y padre de un hijo con parálisis cerebral, se ha quedado recientemente sin empleo. Le cuesta por eso conseguir un crédito bancario. Acabará trabajando de vigilante en un supermercado, ocupación que no es lo que se dice muy reconfortante. Una de esas películas europeas que hace un retrato serio de la situación en que vivimos en la sociedad del siglo XXI. El dinero, el mercado, rige y regula, querámoslo o no, todas las actividades humanas. No se puede huir si se quiere vivir en una ciudad, si se desea tener una casa, casarse, ser padre, optar a un puesto laboral. El ciudadano –el hombre y la mujer europeos– son víctimas obligadas de un sistema que impone sus reglas. Stéphane Brizé (Mademoiselle Chambon) cuenta esto con una inaudita austeridad, al estilo desnudo de los hermanos Dardenne y sus Dos días, una noche. Por eso La ley del mercado no es lo que se dice una película atractiva; su carencia de cualquier aditamento puede dejar perplejo al espectador, pues el resultado es casi como si una cámara oculta tomara retazos de la vida de Thierry: su visita al banco, su reunión con ex compañeros, sus clases de baile, su estancia en el hogar, en el trabajo... No parece haber de por medio un guión de ficción, tal es el verismo inapelable de este retrato de un hombre de clase media, ciudadano como tantos otros. La fuerza de la película es que no parece acontecer nada relevante. Pero no se escapa que esa sobriedad narrativa está sumamente cuidada. Brizé siempre coloca la cámara de modo que no sea protagonista, y los encuadres están claramente diseñados para dar una impresión casual, alejada de la más leve artificiosidad. Por otra parte, el rostro enjuto y la mirada siempre triste de Vincent Lindon (Welcome) son sumamente adecuadas para transmitir sensación de impotencia ante unos elementos externos que su personaje no puede controlar. Ese testigo mudo le valió el premio al mejor actor en el Festival de Cannes.

6/10
Algunas horas de primavera

2012 | Quelques heures de printemps

Mademoiselle Chambon

2009 | Mademoiselle Chambon

Jean es un humilde albañil. Casado y con un niño, se preocupa de su padre anciano. Parco en palabras, lleva una vida medianamente feliz. Un día conoce en la escuela a la profesora de su hijo, la señorita Véronique Chambon, una mujer elegante, de mayor cultura, nada engolada. Ella le pide ayuda, que acuda a clase a explicar ante los alumnos su trabajo. De aquí surge el encargo de una chapucilla en casa, y la atracción mutua se va encendiendo... Delicada película de Stéphane Brizé, que adapta con ayuda de Florence Vignon una novela de Eric Holder. El film ganó el César al mejor guión adaptado. Con sorprendente sutileza se describe una vida llena de cosas pequeñas que resultan agradables, pero que pueden no colmar lo suficiente, cuando surge tumultuosa la pasión del enamoramiento, la alternativa de otra posible vida que atrae poderosamente. No hay trucos baratos en esta película, rebosante de humanidad, quizá algo triste, pero definitivamente honesta. Funciona muy bien la escena en que Jean explica a los chicos su profesión, pues les habla de que una casa debe construirse sobre fundamento sólido y durar toda la vida. Tal disertación sirve de perfecto subtexto a lo que cuenta le película, el dilema que afrontan Jean y Véronique. El primero tiene unos compromisos, una familia bien asentada: ¿tiene sentido buscar otra “casa”? es la pregunta que se le plantea. Mientras que ella está sola, y también debe considerar si el edificio de su vida en común puede levantarse con los cimientos de Jean. Brizé evita la verborrea inútil, sostiene bien las escenas con silencios, miradas, música, cambios de plano, que lo dicen todo sin necesidad de palabras. Los actores están perfectos, los rostros de Vincent Lindon y Sandrine Kiberlain son de una elocuencia suprema.

7/10
No estoy hecho para ser amado

2005 | Je ne suis pas là pour être aimé

Jean-Claude, cincuentón y divorciado, se dedica a ejecutar impagados y ordenar embargos, una profesión que le ha vuelto insensible. Le ha preparado en parte la relación con su padre, que vive en una residencia de ancianos: el hombre nunca tiene una palabra amable para él, y no le comunica lo que bulle en su interior. Tal herencia familiar podría transmitirla Jean-Claude a su hijo, que acaba de empezar a trabajar con él. Las cosas cambian cuando Jean-Claude se apunta a clases de tango; la excusa se la da su médico, que le ha recomendado hacer ejercicio. Allí conoce a Françoise, joven prometida que desea poder bailar el día de su boda con su novio. Éste es un tipo mediocre y egoísta, centrado en la novela que está escribiendo, y que podría dejar escapar a su presunto amor. Porque va a surgir un afecto profundo entre la joven y Jean-Claude. Film bien estructurado por Stéphane Brizé, que define con trazos firmes a los dos protagonistas (buen trabajo de Patrick Chesnais y Anne Consigny), y los sostiene bien con los personajes secundarios. Se trata de una historia amable –los romances en torno al baile de salón están inspirando muchos títulos como ¿Bailamos? o Déjate llevar–, en la línea de Para todos los gustos, de personajes desorientados que tal vez logren centrarse. Las dosis de sentimentalismo están medidas, y se evita un apoyo excesivo en el tango.

6/10

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