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Biografía

Stephen Daldry

Stephen Daldry

60 años

Stephen Daldry

Nació el 02 de Mayo de 1960 en Dorset, Inglaterra, Reino Unido
Filmografía
The Crown (2ª temporada)

2017 | The Crown | Serie TV

Segunda entrega de la serie creada por Peter Morgan, que describe el reinado de Isabel II de Inglaterra, abarca el período histórico correspondiente a los dos primeros ministros que suceden a Winston Churchill, Anthony Eden y Harold Macmillan, o sea, el período entre 1955 y 1963. Lo que no impide la introducción de oportunos flash-backs que amplían el lienzo de esta inteligente mirada a la corona británica, en relación a un oscuro secreto del duque de Windsor en los años de la Segunda Guerra Mundial, y al período de formación en férrea disciplina en el internado escocés Gordonstoun de Felipe de Edimburgo. De nuevo Morgan demuestra ser un maestro en la creación de los diálogos de los personajes, llenos de contenido y emociones, y aprovecha bien las idas y venidas a las dependencias de la reina, las distintas audiencias. En los primeros episodios, da la impresión de que se quiere centrar la mirada en uno u otro personaje, y se echa en falta la fuerza arrolladora de algunos personajes de la primera temporada, en especial de Winston Churchill; además, hay que aceptar que Isabel II ha perdido la bisoñez a la hora de asumir tempranamente un reinado que no esperaba. Pero se van desarrollando temas de fondo de entidad, y la serie va creciendo paulatinamente hasta alcanzar verdadera estatura. Uno de esos temas, primordial, es el del matrimonio. En primer lugar el de Isabel y Felipe, donde el amor mutuo es indudable, pero las tiranteces y altibajos también asoman, por la sensación de escaso protagonismo de él, y el peso de su función real en ella, que obliga a veces mirar a otro lado, ejercer la diplomacia y sutiles formas de expresión para expresar lo que se lleva dentro. Gracias al magnífico trabajo de Claire Foy y Matt Smith, esto está muy bien planteado. Más problemática resulta la presentación de la vida sentimental de la princesa Margarita tras su traumática ruptura con Townsend, pues su nueva relación con el fotógrafo Tony Armstrong-Jones adolece de cierta languidez, y se presenta la vida bohemia y libertina de él con un erotismo de papel couché algo manido, muy de publicidad de perfume de lujo. Pero sirve para abordar distintas caras de la vida conyugal, en lo relativo a la mujer y al varón, lo que también incluye, con mayor brevedad, el divorcio de un íntimo amigo de Felipe, y la acidez que preside la relación de los Macmillan, Harold y Dorothy, o el matrimonio del presidente Kennedy. Otra cuestión importante es la necesidad que tiene la institución monárquica de adaptarse a los nuevos tiempos, que es tratada con fuerza usando un episodio auténtico en el capítulo "Marionettes", cuando el entonces barón Altrincham se atrevió a criticar abiertamente los discursos de Isabel II, poco pegados a la vida real de sus súbditos, y también al abordar el encuentro con John F. y Jackie Kennedy. Sobre los desafíos políticos, quizá se apuntan algunos problemas como la crisis del canal de Suez, o con las colonias de África afectadas por la guerra fría, pero quedan en un plano menor, quizá porque los primeros ministros en esta ocasión tienen menos fuerza dramática que un Churchill. Resultan especialmente valiosos los episodios dirigidos por Stephen Daldry, como el titulado “Paterfamilias”, en que traza un paralelismo entre la formación del príncipe Carlos y la que tuvo su padre Felipe, lo que sirve para tratar el tema de la educación, donde se hace necesario tratar de modo desigual a unos hijos que nunca son iguales. Se nota en el magnífico resultado que el director ha trabajado con buenos resultados antes con adolescentes, recuérdese que hablamos del director de Billy Elliot, Tan fuerte, tan cerca y Trash. Ladrones de esperanza.

9/10
The Crown

2016 | The Crown | Serie TV

Una verdadera joya seriófila, manejada con mano firme por su creador, Peter Morgan, que se ha especializado en escribir guiones basados en personajes auténticos en títulos como El último rey de Escocia, Las hermanas Bolena, The Damned United, El desafío. Frost contra Nixon o Rush, aunque sin duda su libreto más conocido es el de La reina, por el que logró la nominación al Oscar. Y aquí justamente retoma al personaje protagonista de ese film, la reina Isabel II de Inglaterra, pero en su juventud, los primeros años de su reinado con las dificultades de adaptarse a su papel de monarca en un mundo cambiante y recién salido de la Segunda Guerra Mundial. En parte se inspira en su propia obra de teatro "The Audience", estructurada alrededor de las audiencias de la reina con sus diferentes primeros ministros. Llama la atención la solidez del entramado argumental, donde nada es simple o tópico, cada escena está escrita con mimo, las situaciones y los diálogos son de una inusitada brillantez, la introducción de algunos flash-backs con Isabel niña nunca son caprichosos. Y se recogen con rigor los hechos históricos, los últimos años del reinado de Jorge VI, con una enfermedad cuya gravedad oculta a los más allegados, el matrimonio por amor de Isabel con Felipe de Edimburgo, el acceso al trono de la inexperta Isabel, y cómo debe aprender sobre la marcha su papel, poner en práctica lo que conoce en teoría y más. Están recogias, por supuesto, las relaciones con el primer ministro Winston Churchill, casi octogenario, y que viene a despachar con ella semanalmente. A lo largo de diez capítulos, servidos por grandes directores, empezando por Stephen Daldry, se despliegan muchos temas de enorme calado. Por supuesto el significado de la Corona, y su capacidad aglutinadora de un pueblo y un imperio, junto a un encorsetamiento que puede ser frustrante y anulador de la propia personalidad. Se habla de sentido del deber y de sacrificio, de la capacidad para estar a la altura de un puesto de grandísima responsabilidad, pero en cuyo desempeño se puede infligir heridas a los seres más queridos, además de que toca lidiar con políticos que por la bisoñez y el hecho de ser mujer, la miran con condescendencia. Se juega al paralelismo de los dos hermanos –Jorge VI obligado a reinar ante la abdicación de su hermano Eduardo VIII, que prefiere seguir ser fiel a su amor plebeyo, Wallis Simpson– con las dos hermanas, hijas de Jorge, Bertie, con una princesa Margarita enamorada del antiguo caballerizo de su padre, el famoso capitán Townsend, un hombre divorciado. Y también hay espacio para los nuevos tiempos, hay moldes que resulta necesario romper, aunque las tradiciones sean importantes y puedan tener cientos de años de historia. Los ancianos decrépitos deben ceder el testigo a los jóvenes, aunque sea necesario reconocer en algunos casos, Churchill, su servicio extraordinario a la nación. El pueblo debería poder ver la coronación de su reina por televisión, aunque alguno piense que eso vulgariza una función sagrada. En fin, los temas están trenzados maravillosamente, labor de orfebrería de guión, con las vicisitudes de las personas, que son de carne y hueso, y cuyos problemas implican al espectador. Se puede sugerir que el colonialismo debe terminar, o que con la contaminación es un problema auténtico. Todo con un esfuerzo de producción formidable: reconstrucción de la época, dirección artística, vestuario, fotografía, maquillaje, una banda sonora soberbia de Hans Zimmer y Rupert Gregson-Williams... Los actores están muy bien escogidos, no hay personaje pequeño, ninguno es una caricatura, de todos puedes entender sus razones, desde un secretario de la reina a un ministro. Resulta obligado destacar las interpretaciones de John Lithgow, colosal Winston Churchill, increíble todo lo relativo a su retrato pictórico, y de Claire Foy, que sabe dar a su reina una sabia mezcla de fragilidad, sensatez, buena voluntad, carácter...

9/10
Trash. Ladrones de esperanza

2014 | Trash

Un hombre que huye de la policía, arroja la cartera que buscaban al vacío, y va a parar a un camión de la basura, que la deposita en uno de los vertederos de Río de Janeiro, donde decenas de niños de las favelas se ganan la vida rebuscando entre los escombros. Acaba encontrándola el pequeño Rafael, que comparte el dinero que había en su interior con su amigo Gardo. Pronto el lugar se llena de agentes a la búsqueda de la cartera perdida, pero los chicos callan, preguntándose qué pueden tener de valioso unos papeles con números, unas fotos de un hombre con una niña, una tarjeta de lotería, una estampita de San Francisco de Asís y una llave. Con ayuda de Rato van a ir averiguándolo poco a poco, pero metiéndose en numerosos líos; por suerte les echan un cable el padre Julliard, el sacerdote que desde su pequeña iglesia hace una gran labor social, y la voluntaria Olivia. Adaptación de una novela de Andy Mulligan, convertida en guión por Richard Curtis –el cuentista de Love Actually–, y dirigida por Stephen Daldry, especialista en historias de jóvenes, piénsese en Billy Elliot y Tan fuerte, tan cerca. Muchos son los puntos de comparación que pueden establecerse para este cuento con tres chavales protagonistas que procuran hacer lo correcto, algo que han aprendido en la iglesia. Se podría hablar de un Slumdog Millionaire a la brasileña, si tomamos la referencia fílmica más reciente y obvia, o de aventuras entre Charles Dickens y Mark Twain, si nos ponemos más literarios y pensamos en pilletes de buen corazón en un contexto de pobreza y corrupción, donde se enfrentan a grandes villanos, pero cuenta también con la ayuda de personas de buen corazón. El arranque del film, es de una trepidación que deja sin aliento e intriga, está maravillosamente rodado y editado. Pero luego la narración se estanca un poco, porque las situaciones acaban siendo algo repetitivas. Los chicos se ven inmersos en una especie de juego de búsqueda del tesoro, en que deben descifrar el enigma de unos números y una llave, que conducen a otras pistas, y sufren a lo largo del metraje muchos momentos de persecución, servidos con ritmo desigual. En cualquier caso la historia atrapa por varios motivos. Los chavales, unos recien llegados –Rickson Tevez, Eduardo Luis, Gabriel Weinstein–, son muy naturales, y los secundarios angloparlantes –Martin Sheen, Rooney Mara– y brasileiros –Wagner Moura, Selton Mello– están muy bien escogidos. Además es excelente el diseño de producción, parece un sinsentido decirlo, pero con la cámara de Adriano Goldman, los vertederos resultan bellos. El recurso de los niños hablando a cámara acaba cobrando sentido, y se perdona cierta ingenuidad en los planteamientos por el carácter de fábula del film. El clímax en el cementerio responde a ese carácter de aventura contemporánea que se busca ofrecer.

6/10
Billy Elliot el musical Live

2014 | Billy Elliot the Musical Live

Representación del musical basado en la película Billy Elliot, con ocasión de su décimo aniversario. Fue filmado en vivo y retransmitido en cines de todo el mundo, convirtiéndose en un fenómeno, sobre todo en Reino Unido, donde fue número uno de taquilla ese fin de semana. Con música de Elton John y letras de Lee Hall –el autor del guión original–, se cuenta la odisea del chaval huérfano de madre, que va a clases de boxeo, pero descubre casualmente su talento para la danza, en el contexto social de las protestas de los mineros por el cierre de su lugar de trabajo, en los años en que gobernaba Margaret Tatcher. Su padre y su hermano no acaban de entenderle, pero acabarán viendo que al menos para él se abre la esperanza de un futuro prometedor El musical está dirigido por Stephen Daldry, responsable de la popular película, y se acentúa la crítica social, por ejemplo en el “villancico” navideño que asevera que ya queda un día menos para que muera Maggie Tatcher. Sin ser memorable, a pesar de que ha recibido bastantes premios –tiene bastante más fuerza la película–, hay algunos numerosos con coreografías vistosas, como “Solidarity”, que se basa en los movimientos de huelguistas y policías antidisturbio, y temas emotivos, como aquellos que implican a la madre de Billy, véanse las respuestas de ella y su hijo en “The Letter”. También se usa el clásico "El lago de los cisnes". A veces asoma un tono grosero, con la excusa del realismo, y las bromas a partir de los estereotipos que asocian danzarines masculinos y homosexualidad, sirven para emitir un suave mensaje por la tolerancia.

6/10
Tan fuerte, tan cerca

2011 | Extremely Loud and Incredibly Close

Thomas, Linda y su hijo Oskar forman una familia muy unida, que vive en Nueva York. Oskar adora a su padre, y la unión entre ambos es completamente idílica, se compenetran a la perfección. Thomas es joyero y Oskar es un chaval muy, muy despierto, avispado como un adulto, o más si cabe. Sin embargo, un día en la vida de Oskar se convertirá para siempre en "el peor día": el 11 de septiembre de 2001. Y es que su padre estaba en una de las torres gemelas. Después de la tragedia Oskar está descolocado, no encuentra consuelo en su madre, y tan sólo su abuela, que vive al otro lado de la calle, parece tener algo de conexión con él. Mientras, el hallazgo de una misteriosa llave en el cuarto de su padre puede darle al chaval algo en que ocupar su tiempo: encontrar la cerradura correspondiente. Cada día Oskar recorrerá Nueva York con ese objetivo. Tras su brillante debut con Billy Elliot (Quiero bailar) el director británico Stephen Daldry abandonó el mundo infantil para centrarse en la vida de los adultos, con dramones tremebundos como Las horas o The Reader (El lector). Con Tan fuerte, tan cerca regresa al difícil universo de la niñez, aunque no abandona el terreno más dramático, donde mejor se mueve, y para ello adapta una novela de Jonathan Safran Foer, autor que hizo posible esa extraña joya titulada Todo está iluminado. Con la tragedia del 11-S como pesada atmósfera que lo envuelve todo, Daldry centra su discurso en la paternidad con el personaje modélico interpretada por Tom Hanks, un padre absolutamente perfecto a ojos de su hijo (y del espectador). En realidad, Daldry "usa" ese personaje para imprimir optimismo acerca de la libertad humana, al margen de amargos y supuestos predeterminismos. Las personas somos capaces de dar mucho amor, dice el film, aunque quizá no lo hayamos recibido cuando más lo necesitábamos... Daldry cala hondo además al describir la imposibilidad de nuestra limitada inteligencia para explicar sucesos que escapan a cualquier razonamiento. La metáfora de la llave se manifiesta así como un gran Macguffin que sobrevuela sobre la desesperada búsqueda del sentido de la vida, escenificada en las andanzas del pequeño Oskar. Con razón puede achacársele a Daldry que quiera conmover demasiado, que se regodee en la pesadumbre. El tema lo exige, claro, pero este enfoque sentimental deliberado "canta" excesivamente en tres escenas concretas donde la congoja se anuda en la garganta del espectador. Quizá eran necesarias o quizá no... cada cual tendrá su opinión. Las interpretaciones son buenas, verosímiles al cien por cien. El chaval debutante Thomas Horn borda su desconcierto absoluto, con esos tics verborreicos y su tozuda e insoslayable búsqueda. Y como ya hizo en Crash y The Blind Side (Un sueño posible) Sandra Bullock vuelve a demostrar que es una actriz maravillosa en el género dramático y desde luego ofrece un colofón maternal para enmarcar (quizá lo mejor del film). Menos justificada parece la nominación al Oscar del veterano y magnífico Max Von Sydow, cuyo papel, aunque muy sentido, también resulta algo plano.

6/10
The Reader (El lector)

2008 | The Reader

El peso de una relación inapropiada, aumentado por la dinámica de la Historia, a lo largo de toda una vida. En la Alemania de los años 50 Michael  Berg es un adolescente robusto y amante de la lectura, sensible y vitalista. Un día que se encuentra mal en la calle, le ayuda una mujer, Hanna Schmitz, revisora en un tranvía, atractiva, solitaria y enigmática. Cuando pasados unos días le lleva unas flores para agradecer su atención, comienza un juego de seducción por parte de ella. Atrapado en el recién descubierto vértigo del erotismo, comienza una larga relación clandestina, donde ninguno de los dos parece detenerse demasiado a considerar la diferencia de edad que media entre ambos -él tiene 15 años, ella 36-, los encuentros sexuales parecen convertirse en razón principalísima para levantarse cada mañana, aunque en ocasiones discutan, pues ella exhibe un extraño carácter con inesperados cambios de humor, y nunca habla mucho de sí misma. Como Hanna es analfabeta, uno de los aspectos más gozosos de la relación estriba en los momentos en que Michael le lee los libros que forman parte de sus tareas escolares. Un día, de repente, Hanna desaparece. Michael sigue con su vida, y estudia derecho en la universidad. El reencuentro con su antiguo amor se va a producir en circunstancias traumáticas, cuando Michael acude a un juicio contra antiguos criminales de guerra, que se celebra en Berlín.El director de Billy Elliot (Quiero bailar) continúa la línea de historias traumáticas y deprimentes marcada por su anterior film, Las horas. Stephen Daldry repite colaboración con el guionista David Hare a la hora de adaptar una novela del alemán Bernhard Schlink, que bucea en las heridas no cicatrizadas del traumático pasado nazi de su patria. Aunque Hare da algunas vueltas a la estructura narrativa, con saltos al pasado y al presente, la historia que se nos cuenta tiene tres etapas bien determinadas. Está esa apasionada relación entre un jovencito y una treintañera, narrada con consciente morosidad e innegable insistencia erótica, aunque se “revista” -es un decir, los actores aparecen desnudos en gran parte de estos pasajes- de preciosismo esteticista; un amor sin compromiso, corrupción de un menor inexperto, por tanto, poco amor, traspasado de gélida frialdad, porque no existe entrega mutua plena, Michael y Hanna son unos desconocidos el uno para el otro. Esto influye sobremanera en la segunda parte del film, alrededor del juicio, donde las sorpresas sobre la identidad de Hanna afectan aún más a un Michael que ya da la impresión de estar muy vacío en sus capacidades amatorias, véase la relación con sus padres y con una compañera de la universidad, su futura esposa. El tercer tramo de la historia es el que podría denominarse “carcelario”, donde la relación de los protagonistas continúa de una manera peculiar, los libros grabados en cassette; puede considerarse una idea bonita, al final lo que queda del “amor” es la búsqueda común en la superación del analfabetismo, más que una relación física, inevitablemente efímera.Deja este film -la última producción de los fallecidos en 2008 Anthony Minghella y Sydney Pollack- un regusto amargo, hay en él una especie de nihilismo fatalista que impregna cada fotograma. De algún modo se apunta a una culpa colectiva en el drama de la Alemania nazi, que no admite absolución, sólo queda pasar página, tratar de olvidar, meta imposible, y esperar que las nuevas generaciones, libres de dicha culpa, lo hagan mejor. Por lo visto sus artífices, por razones difíciles de entender, decidieron dejar fuera de la trama cualquier mención expresa a la redención o al perdón. Lo que no deja de ser paradójico, porque la escena final del encuentro de Michael con una víctima del holocausto está pidiendo a gritos ambas actitudes, y de hecho, tácitamente se hallan presentes. Queda pues una película bien narrada, con buenas interpretaciones, sobre todo de Kate Winslet, David Kross y Ralph Fiennes, pero que no conduce a ninguna parte.

6/10
Las horas

2002 | The Hours

La filosofía vital de Virginia Woolf en tres tiempos y a lo largo de unas horas, a través del devenir de tres mujeres. Una de ellas es la propia escritora, retirada en su casa a las afueras de Londres en 1929, mientras escribe 'La señora Dalloway', una de sus obras emblemáticas: apática y deprimida, temerosa de la servidumbre, cuyo rostro se ilumina con la visita de su hermana y sus sobrinos. Las horas de las otras dos, a quienes influye de modo decisivo la lectura de la novela de Woolf, transcurren en 1949 y 2001: Laura Brown es una mujer casada y con un hijo, ama de casa aburrida a punto de estallar, pese a su fachada de “feliz mujer americana”; la otra, Clarissa Vaughan, tocaya de la heroína imaginaria de Woolf, vive con una mujer: se separó de su marido, prestigioso poeta enfermo de SIDA, también bisexual, y su vida se encuentra plegada a numerosos convencionalismos. El guión de David Hare adapta con fidelidad la novela de Michael Cunningham, ganadora del Premio Pulitzer. Y su puesta en escena por Stephen Daldry (Billy Elliot (Quiero bailar)) hace que la narración fílmica de tres historias paralelas, donde los ecos de una resuenan en la otra, parezca sencilla. Ello es gracias en parte a unas transiciones muy meditadas, que hacen buen uso de temas e imágenes comunes; y al trabajo interpretativo en su conjunto (todos los personajes tienen más o menos peso específico), en especial de ese trío de féminas encarnadas con poderío por Nicole Kidman, Julianne Moore y Meryl Streep. A nadie puede extrañar que la película, de factura impecable, haya acaparado nueve candidaturas a los Oscar, y que al fin Kidman se haya hecho con la preciada estatuilla a la mejor actriz.

8/10
Billy Elliot (Quiero bailar)

2000 | Billy Elliot

El título lo dice todo. Billy Elliot quiere bailar. Tiene once años, y de familia obrera. Su destino en los años 80 sería ir a parar a la mina, como su padre viudo; a no ser que Margaret Tatcher cierre antes las explotaciones mineras del Norte de Inglaterra. Pero a Billy no le atrae ni el carbón ni el boxeo. Lo que le encanta es la danza. Stephen Daldry se basa en un guión de Lee Hall, que parte de sus recuerdos de infancia. Y logra una perfecta simbiosis entre drama personal (Billy hará lo imposible para ver cumplido su sueño) y social (un modo de ganarse la vida a punto de desaparecer). Así, el padre de Billy quizá sacrifique la lucha en una batalla perdida de antemano, por la posible salida del pozo de su hijo pequeño. Una interesante reflexión aportada por el film se refiere al acceso de la clase obrera a la cultura. Tras la incomprensión inicial, las imágenes del padre de Billy extasiado ante el talento de su hijo, o de su visión de la capital, Londres (un mundo que desconocía), son muy ilustrativas. Junto a la trama, dura y sensible, hay un imaginativo uso de música y danza. Vivimos con Billy su aprendizaje, la cerrazón de padre y hermano, o la relación con la profesora. Billy Elliot es una pequeña gran película. Su aparente falta de pretensiones la engrandece. Y unos grandes actores, poco conocidos a excepción de Julie Walters (nominada al Oscar por Educando a Rita), la llenan de una agradecible humanidad.

7/10

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