Sweet and Lowdown
- Duración: 01h 38 min
- Género: Comedia
- Público apropiado: Jóvenes-adultos
- Valoraciones: decine21 (7) | usuarios (7.9)
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- Título original: Sweet and Lowdown
- Año: 1999
- País: EE.UU.
- Dirección: Woody Allen
- Intérpretes: Sean Penn, Samantha Morton, Uma Thurman, Anthony LaPaglia, Gretchen Mol, John Waters, Dan Moran, Woody Allen, Daniel Okrent, Chris Bauer, Tony Darrow, Denis O'Hare
- Guión: Woody Allen
- Fotografía: Fei Zhao
- Distribuye en formato doméstico: Lauren
Premios
Oscar
2000
Nominada a 2 premios
- Actor principal Sean Penn
- Actriz de reparto Samantha Morton
Temas relacionados:
Reparto
Crítica Acordes y desacuerdos (1999)
Amor a ritmo de jazz
Con Acordes y desacuerdos Allen rinde un homenaje explícito a su muy amado jazz. La banda sonora de sus películas siempre la ha presidido esta música, pero aquí inventa a Emmet Ray, un guitarrista de jazz de los años 30 supuestamente legendario, del que diversos personajes auténticos, incluido el propio Allen, cantan su talento. Con un esquema narrativo que recuerda a Toma el dinero y corre y Zelig, el director salpica el relato de declaraciones de personas que evocan la figura de Ray, su egocéntrica personalidad y su personal aportación al jazz. Entre medias, se desliza la historia del guitarrista, sobre todo en su vertiente amorosa. Y es aquí, sobre todo, donde Allen acierta de pleno. Pocas veces se ha visto contada de modo más sentido una historia de amor.
Allen demuestra una prodigiosa sensibilidad. Para empezar, define a sus personajes a las mil maravillas. Ray es un egocéntrico. Con talento, va a lo suyo. A su bola. Sean Penn le presta cuerpo y alma, y consigue el milagro de que amemos a este personaje. Somos incapaces de guardarle rencor, aunque se lo gane a pulso. El amor pasa a su lado en forma de Hattie, una chica muda. Ella no es demasiado inteligente. Bonita, ingenua, luminosa, dulce, sensible... Una joya, a pesar de que no pueda hablar. El director nos presenta a otras mujeres importantes en la vida de Ray, como la Blanche de Uma Thurman, pero el corazón de esta película es la historia de amor con Hattie que tiene un antes y un después.
El reencuentro con Hattie es causa de dos de las mejores secuencias que ha dado nunca la cámara de Allen, verdadera poesía con mayúsculas. El director coge de improviso el corazón del espectador y lo estruja sin misericordia. De pocas maneras se puede expresar mejor el gran error de Ray. Con su otro amor, la guitarra entre sus manos, Allen nos habla también de lo que puede ser una disyuntiva en la vida del artista. Si uno se viera forzado a elegir, ¿qué debería ir antes, el amor o el arte?
La sorpresa de Samantha
Samantha Morton compone un personaje entrañable, que a veces recuerda a la Giulietta Masina de los films de Federico Fellini, y otras parece un trasunto femenino de Harpo Marx o Charles Chaplin. La desconocida actriz consiguió una justa nominación al Oscar por su papel.
Últimos comentarios de los lectores
RMNO5 - Hace 4 años
"Acordes y desacuerdos", es obviamente el título español, no "acuerdos y desacuerdos". Me ha traicionado el subconsciente con el juego de palabras que quiseron hacer los traductores.
Saludos cordiales y cuidaos mucho.
RMNO5 - Hace 4 años
"Somos incapaces de guardarle rencor, aunque se lo gane a pulso". En efecto. Eso es lo que anuncia el título original, traducido pésimamente por "Acuerdos y descuerdos"-
Emmet Ray admite la calificación cabal de "Sweet and lowdown", o sea, "dulce (encantador o incluso melodioso) y rastrero, despreciable. Sean Penn compone un retrato perfecto de un guitarrista ficticio o sintético, legendario, origen de anécdotas increíbles o apócrifas que cada uno cuenta a su manera. Un buscavidas con enorme talento, que desaparece en la cima de su arte sin dejar rastro. ¿Imposible? Arthur Rimbaud escribió poemas deslumbrantes durante unos años y luego se dedicó al comercio de armas, entre otras cosas poco artísticas. Yo me imagino a Ray de mercenario en alguna jungla.
Emmet Ray tiene su corazoncito, al que ata muy corto, pero que se escabulle al interpretar su música. La escena en la que toca por primera vez en presencia de Hattie es paradigmática. Emmet le dice que se marche y, mientras ella se viste, él improvisa sin darle importancia. La cara de la estupenda Samantha Morton se ilumina como si jamás hubiese oído una melodía hermosa.
En ese sentido, debe mencionarse la obsesión de Emmet con el gran Django Reinhardt, prácticamente creador del "jazz gitano", que tocaba de oído y perdió el uso de dos dedos de la mano izquierda, pero desarrolló un método propio de digitación y un estilo brillantísimo. Emmet siempre se considera el mejor guitarrista del mundo... después de Django y lo aprecia tanto que se desvanece cuando lo ve. El mismo canalla que actúa de proxeneta, no acude a las actuaciones y abandona a las mujeres que lo adoran dejándoles 500 dólares sobre la cama. "Sweet and lowdown", indeed.
Fascinante y divertida tragicomedia, con excelente banda sonora. Coincido con Decine21: 7 de nota, recomendar.
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