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Guerra de mentiras
6 /10 decine21

Guerra de mentiras

Curveball

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Sinopsis oficial

La grotesca (a veces incluso surrealista) historia de cómo se inició la guerra de Irak, donde Estados Unidos se basó en pruebas e inteligencia falsa por parte del gobierno y el servicio secreto alemán.

6 /10 decine21

Crítica

Engaños de destrucción masiva

Engaños de destrucción masiva

El Dr. Wolf es un alemán experto en armas químicas y en guerras bacteriológicas que ha estado varios años trabajando en Irak. De vuelta en Berlín, será requerido por el gobierno alemán para sonsacar información a un confidente iraquí que afirma haber trabajado en la fabricación de agentes químicos en su país. El Dr. Wolf descubrirá entonces que en Irak han estado investigando con Ántrax y así lo hace ver a sus superiores. Estamos en los años inmediatamente anteriores a los atentados del 11 de septiembre de 2001. Pero ¿y si la información descubierta por Wolf es falsa?

Otra película sobre los orígenes de la Guerra de Irak. Muchos años después de aquella crisis internacional ya nadie duda de la gran mentira política que rodeó esta guerra liderada por los Estados Unidos, empeñada en que el país de Oriente Medio presidido por el dictador Saddam Hussein escondía armas de destrucción masiva que ponían en peligro la estabilidad mundial. La búsqueda de esta justificación para iniciar el conflicto bélico es lo que se narra en Guerra de mentiras, una película alemana cuyo tono humorístico aporta una originalidad que, desde luego, debería sacar los colores de cualquier país decente, comenzando por la propia Alemania. Porque, según se dice aquí, estamos ante hechos rigurosamente reales.

Gran mérito para que la propuesta se sostenga (no hay que ser un lince para saber que estamos saturados ya de producciones sobre esta guerra) es el tono que emplea el director alemán Johannes Naber, coautor también del guión junto con Oliver Keidel. Está narrando sucesos de inmensa seriedad, pero pinta los servicios secretos –especialmente el BND germano– como si se tratara de una agencia de cuchufleta, con funcionarios infantiles que juegan a ser mayores. Los interrogatorios del confidente iraquí son de chiste y por momentos parece que estamos ante agentes al más puro estilo Anacleto, véase, por ejemplo, la huida de los agentes de la CIA en medio de la nieve. Aunque no se llega a la sátira completa al estilo La muerte de Stalin, el guión transmite bien esa idea de que el mundo está en manos de mastuerzos que únicamente velan por sus intereses. La verdad no importa lo más mínimo y la mentira se convierte así en el billete para comprar a la opinión pública. Mentiras que sean lo más simples posibles, porque la población a la que hay que convencer –viene a decirse en el film– es rematadamente tonta.

Guerra de mentiras resulta entretenida gracias a que nos identificamos con las peripecias del pavisoso protagonista, un tipo que se queda anonadado ante la situación surrealista que empieza a vivir en sus propias carnes. Hace un estupendo trabajo el veterano actor alemán Sebastian Blomberg (La condesa). Si hay que poner alguna pega al conjunto podría decirse que el tono fotográfico, a fuer de transmitir realismo berlinés, resulta demasiado forzado en sus tonos verdosos, apagados, un poquito cansinos. Tampoco la repetitiva banda sonora, obra del propio director, es agradable, aunque con su presencia se pretendan acentuar las situaciones más esperpénticas.

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