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Quatretondeta
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Sinopsis oficial

Quatretondeta

La mujer del viejo Tomás (José Sacristán) ha muerto pero a su difunto no le dejan enterrar el cadáver ya que la familia de la difunta reclama repatriar el cuerpo a París. Así que Tomás decide robar el cuerpo para poder enterrarlo en Quatretondeta, un pequeño pueblo del interior alicantino, tal y como le había prometido a su mujer. Pero Tomás tiene un problema: no recuerda el camino para llegar a Quatretondeta... y se pierde. Entonces cuando aparece Dora (Laia Marull), la hija de la difunta que vive en París, una mujer fría, calculadora y distante, que viene decidida a recoger las pertenencias de la difunta y repatriar el cuerpo lo antes posible. Pero Dora, claro está, no encuentra el cadáver. Así que se tendrá que quedar un tiempo más del previsto en una tierra a la que, aunque ella no quiera, le unen muchas cosas.

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Crítica

El ladrón de cadáveres

El ladrón de cadáveres

Ópera prima como realizador y coguionista de Pol Rodríguez, hasta el presente ayudante de dirección en numerosos títulos, algunos relevantes, como Pan negro.

Tomás, un anciano, desea enterrar a su esposa en Quatretondeta, una pequeña localidad, cumpliendo el deseo de la fallecida. Pero en la funeraria no se lo permiten, pues ha reclamado el cadáver una supuesta hija de la mujer, cuya existencia desconoce el propio viudo, así que éste opta por robar el coche fúnebre con el cadáver en su interior…

El cineasta, de origen alicantino, toma como modelos los filmes más esperpénticos del valenciano más relevante del cine, Luis García Berlanga. Pero si en las obras del maestro los personajes, por muy exagerados que se presentaran, resultaban fácilmente reconocibles, aquí muchos de ellos (el ayudante del enterrador que se niega a hablar, etc.) parecen “marcianos”, y el humor de tintes negros que aquél explotó en obras maestras como El verdugo, aquí no tiene la más mínima gracia.

El film acaba resultando aburrido, sobre todo en un punto en el que se empeña en realizar la promoción turística de las fiestas de Moros y Cristianos, en secuencias que no aportan nada al conjunto. Se desaprovecha así un esquema –el encuentro entre el anciano romántico y la joven desarraigada– que podría haber dado juego. No logran remontar el film los esforzados actores, por mucho que el veterano José Sacristán imponga ternura a su personaje, que Laia Marull también rebose humanidad, y que Julián Villagrán, el funerario, tenga cierta gracia. Sobresale en todo caso un inmenso Sergi López, como el brutote criador de pollos Genovés, el mejor hallazgo de la cinta.

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