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Biografía

Bennett Miller

Bennett Miller

53 años

Bennett Miller

Nació el 30 de Diciembre de 1966 en Nueva York, EE.UU.

Premios: 0 Oscar (más 1 premios y 1 nominaciones)

Oscar
2015

Nominado a 1 premio

Ganador de 1 premio

Filmografía
Foxcatcher

2014 | Foxcatcher

Desgarradora película basada en hechos reales, algo a lo que es muy aficionado su director, Bennett Miller, premiado en Cannes, como prueban sus anteriores trabajos Truman Capote y Moneyball. Curiosamente con esos títulos comparte la crónica de un suceso terrible como el que Capote contó en "A sangre fría", y el elemento deportivo. Se centra en el medallista de lucha libre Mark Schultz, hombre sencillo y apocado, huérfano desde los dos años, que ha vivido a la sombra de su hermano David, también luchador, y entrenador de esta disciplina, que ha sido como un padre para él. Un día Mark recibe una inesperada llamada de uno de los hombres más ricos de Estados Unidos: John du Pont, heredero de una fortuna y magnate de la industria química. Le invita a visitarle en su espectacular finca en Delaware, Pensilvania, y allí le propone actuar a modo de mecenas –nominalmente como entrenador– para que Estados Unidos triunfe en el mundial y en los juegos olímpicos en la lucha libre. La idea es que su hermano David también se sume, y reúnan a otros luchadores, pero el hermano, que tiene esposa y dos hijos, rehúsa. En su nuevo entorno Mark descubre en John du Pont una suerte de figura paterna, aunque no deja de detectar numerosas rarezas en el carácter de su patrón, además de extrañas normas en lo que se refiere al trato con la anciana madre de John. Miller maneja con inteligente sobriedad un guión de hierro armado por Dan Futterman y E. Max Frye, lo que se advierte por ejemplo en la atmósfera de tenso silencio de muchas de las escenas, que crean una sensación de creciente incomodidad en el espectador. La película puede verse a dos niveles, los dos interesantísimos. Están en primer lugar los dramas personales, perfectamente trazados, y que permiten un formidable trabajo de todos los actores, por supuesto los tres principales –Channing Tatum, Steve Carell, Mark Ruffalo–, pero también los secundarios, como Vanessa Redgrave y Sienna Miller. Tenemos a dos seres humanos vapuleados por la vida: Mark Schultz, que ha crecido envuelto en inseguridades que le hacen frágil, algo que sabe su más equilibrado hermano David, que quiere ayudarle y se empeña de veras, aunque sabe que tiene una prioridad, la familia que ha formado; y el imprevisible John du Pont, al que anula la presencia de una madre castradora que sólo tiene reproches para él, que ha desarrollado mil aficiones que le gustan pero no le llenan (los pájaros, la lucha libre, las armas, la vida social), y que acude a las drogas para mantener cierto tono vital; ambos podrían complementarse, pero la relación es decididamente ambigua y, se puede adivinar, con poco recorrido. Por otro lado, el film es de esos que invitan a descubrir la metáfora de América, el film transcurre en los años de Reagan, y Du Pont se diría un Charles Foster Kane de la época, pero que ni siquiera tiene un trineo infantil, Rosebud, que añorar, como ocurría en Ciudadano Kane. Mientras que lo que acontece a los hermanos Schultz invita a pensar que el sueño americano puede devenir fácilmente en pesadilla, que no es oro todo lo que reluce.

8/10
Moneyball

2011 | Moneyball

"Resulta difícil no enamorarse del béisbol", dice el personaje de Brad Pitt hacia el final del metraje de este film. Los que no estén de acuerdo con esta afirmación, que abundan más fuera de los Estados Unidos, convendrán en que Hollywood ha sido capaz a lo largo de los años de producir buenas películas sobre esta disciplina deportiva, capaces de convencer a los no apasionados de los bates que ni siquiera entienden las reglas, desde la legendaria El orgullo de los yankees hasta títulos como El mejor o Campo de sueños. Moneyball se centra en la hazaña real de Billy Beane, manager de los Athletics de Oakland, equipo condenado al fracaso porque su presupuesto está a años luz de los grandes clubes, en un sistema injusto donde el poder económico lo marca todo. Con ayuda de Peter Brand, un joven licenciado en Economía por Yale, pone en marcha un sistema innovador para fichar a jugadores infravalorados por su comportamiento, su estética, o prejuicios variopintos, pero que anotan muchas más carreras que otros que cobran un dinero exorbitante. Gracias a eso el equipo va a sorprender bastante a los aficionados y periodistas... Estamos ante un film más difícil de lo que parece a simple vista. Por un lado, se basa en un libro de Michael Lewis, "Moneyball: The Art of Winning an Unfair Game", que no es una novela, y que si bien documenta al milímetro la gesta de Beane, es más un estudio con muchos datos sobre el mercado del béisbol. Además, la historia real no se presta a priori a rodar un título convencional sobre este deporte, pues no va sobre un jugador o un entrenador, que es lo típico, sino básicamente sobre la persona que realiza los fichajes. Así las cosas, era todo un reto para dos de los pesos pesados de los guiones de la actualidad, Steven Zaillian y Aaron Sorkin –de nuevo emparejados tras Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres–, que junto con el debutante Stan Chervin, han logrado una justa nominación al Oscar al guión adaptado. Su trabajo es modélico, sobre todo porque se centran en explicar bastante bien para el público de toda condición en qué consistían básicamente las maniobras del manager de los Athletics, y además logran dar emoción a las negociaciones. No muestran ningún partido de continuo hasta que llega el momento decisivo, ya que el personaje real tenía la norma de no ver jugar a su equipo. En esencia, se ciñen al esquema del cine deportivo sobre superación personal (equipo en crisis remonta a base de trabajo), al tiempo que le dan un aire de bastante frescura. Bennett Miller, director que llevaba seis años de inactividad desde que dio la campanada con Truman Capote, aprovecha un buen guión en torno a la importancia del elemento humano, frente a la frialdad de los métodos científicos, y hace gala de una puesta en escena clásica que funciona a la perfección. El film, técnicamente impecable, ha logrado otras cinco candidaturas indiscutibles en las categorías de película, edición, mezcla de sonido, actor (Brad Pitt) y secundario (Jonah Hill). En su línea, Pitt resulta bastante creíble como el personaje central, un tipo con gran capacidad de riesgo que consagra su vida a su trabajo excepto por los ratos que pasa con su pequeña hija. Sorprende más, por ser su primer papel realmente serio, Jonah Hill, ideal para encarnar a un friqui prodigio de los números. Quizás están un tanto desaprovechados Philip Seymour Hoffman y Robin Wright, por su reducida presencia.

7/10
Truman Capote

2005 | Capote

¿Qué comparten Truman Capote y Brokeback Mountain? Ambos filmes incluyen homosexuales. ¿En qué se diferencian? Truman Capote no enarbola la `bandera rosa´. Hay un serio esfuerzo por ahondar en la figura de un gran escritor, a partir de la decisiva influencia en su vida del brutal asesinato de la familia Clutter, en la América rural de finales de los 50. Lo que nació reportaje periodístico, creció hasta convertirse no sólo en A sangre fría, la mejor obra de Capote, paradigma de la novela de no ficción, sino en confrontación consigo mismo. El director casi debutante Bennett Miller, y su guionista Dan Futterman, miran a Capote sobriamente, sin complacencias. Las entrevistas para documentar su libro, permiten el despliegue de elementos biográficos: infancia desgraciada, éxito social, prejuicios por su amaneramiento, devaneos con Hollywood… Y perfilan su marcado narcisismo: el asesino Perry Smith le interesa por el reconocimiento de un pasado común, que le hace preguntarse por qué sus vidas son tan distintas. Ese enamoramiento de sí –el amor más importante del escritor, más que el de sus amantes, o la amistad con Harper Lee– dicta sus acciones, le lleva a aprovechar casi automáticamente su sensibilidad e ingenio, una personalidad manipuladora que cautiva y detecta enseguida los puntos débiles del otro; por ello, al enfrentarse al final del libro, la ejecución de los asesinos, debe hacer un esfuerzo supremo, salir del caparazón. Philip Seymour Hoffman hace una soberbia interpretación; evita los excesos a que se presta el personaje, lo dota de mil y un matices. El resto del reparto sabe que la película es suya, pero tanto los rostros familiares como los desconocidos (los dos asesinos, elección que sigue las pautas de Richard Brooks en su versión fílmica de A sangre fría) ayudan, y mucho, a la función.

8/10

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