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Biografía

Carl Theodor Dreyer

Carl Theodor Dreyer

79 años ()

Carl Theodor Dreyer

Nació el 03 de Febrero de 1889 en Copenhague, Dinamarca
Falleció el 20 de Marzo de 1968 en Copenhague, Dinamarca

Premios: 1 Festival de Venecia

Milagro

28 Diciembre 2011

Aunque vivió hasta casi los 80 años, su filmografía apenas la componen 14 largometrajes más unos pocos cortos de tipo documental. Cine ascético y riguroso, pocos han logrado como Carl Theodor Dreyer expresar con tanta elocuencia lo inefable. Un milagro.

Podríamos no haber tenido el cine de Carl Theodor Dreyer, lo que desde luego habría sido una auténtica desgracia para la humanidad, que habría quedado privada de imperecederas obras de arte. Y es que el gran cineasta danés nació en Copenhague el 3 de febrero de 1889 fruto de la relación de Jens Christian Torp, un adinerado terrateniente sueco de Grantinge (Suecia), con su ama de llaves, Josephine Nilsson. El padre sólo quería evitar el escándalo, de modo que se desentendió de su vástago y mandó a la mujer a dar a luz lejos, en la capital de Dinamarca. Ella, sin recursos, dio en adopción al recién nacido y murió dos años después al intentar abortar. Estos hechos no los llegaría a conocer el futuro director de cine hasta cumplir los 17 años, en que viaja a Suecia para conocer toda la verdad de sus orígenes. ¿Pesaría este pasado en la concepción de las heroínas de sus películas, Juana de Arco, Inger, Gertrude y compañía? Sin duda que sí.

Entretanto le acoge primero una familia obrera, los Petersen, y finalmente los Dreyer, que le dan el nombre de Carl Theodor. No parece que el amor reinara en el hogar que preside un obrero tipógrafo de ideas socialistas e irreligioso. En esta desafección pesa una hija nacida fuera del matrimonio, y que el adoptado no es, a la postre, carne de su carne y sangre de su sangre.

En el completo estudio del cineasta escrito por José Andrés Dulce se mencionan tres probables influencias nacionales en Dreyer: el naturalista Georg Brandes, el filósofo Sören Kierkegaard y el escritor Hans Christian Andersen. De jovencito, trabaja de aprendiz en la compañía de gas y electricidad de Copenhague, y en la oficina de telégrafos. No parece que por ahí pretenda progresar, y en cambio sí le atrae escribir para la prensa, de modo que en el diario Berlingske Tidende firma artículos sobre temas tan asombrosos como la aeronáutica; y es que el mismo Dreyer se sacó la licencia de piloto. Curiosamente parece que por aquí le vino su primer contacto profesional con el cine, cuando critica en un artículo el coste de las escenas aéreas del film El triple salto mortal; a consecuencia de ello será contratado como asesor por el productor Kai van der Aa Kühle, arrancando su carrera de cineasta. En 1911, o sea, con 22 años, contrae matrimonio con Ebba Larsen, la hija de un comerciante, su esposa hasta la muerte, que le dio dos hijos.

En la productora Nordisk Film, además de consejero técnico y artístico de las películas, pasa a ser redactor de intertítulos, y se convierte en guionista. Es por supuesto la época del cine mudo, y durante más de seis años escribe múltiples guiones, cerca de cuarenta, inestimable escuela de aprendizaje para llegar a ponerse algún día detrás de la cámara. Tal día llega en 1919, año en que debuta en la dirección con Præsidenten, donde él mismo adapta una novela de Karl Emil Franzos sobre una mujer acusada de haber matado a su hijo recién nacido. Pocos sospechan cuando se estrena el film lo cerca que le toca esta trama a Dreyer. La idea del no-nacimiento reaparecerá años más tarde en Ordet (La palabra), por el parto malogrado de Inger.

Páginas del libro de Satán (1921), dividida en cuatro segmentos ambientados en la Palestina de la Pasión del Señor, la Sevilla de la Inquisición, el París de la Revolución Francesa, y el marco de la guerra civil finlandes, resulta innegable deudora de Intolerancia (1916) de David W. Griffith, no sólo por estructura, también por temática, una intolerancia que luego será fustigada en La pasión de Juana de Arco (1928), quizá la mejor película sobre la doncella de Orleáns, con unos soberbios y espirituales primeros planos de Maria Falconetti, y un enfoque de rigoroso ascetismo, que despoja a la narración de cualquier artificio. Siempre rodará en blanco y negro, del que dirá “se trabaja con luces y sombras, con líneas sobre líneas; y en color, con superficies sobre superficies, formas sobre formas y colores sobre colores”, de modo que él no llegará a explorar lo que denomina “constelaciones de color”, eso quedará para otros. Páginas también permite intuir una película que no llegó a ser, El juicio de Jesús, en cuyos preparativos aún seguía sumergido cuando le alcanzó la muerte en 1968.

Títulos como La viuda del pastor (1920) y El amo de la casa (1925) abordan historias domésticas, dramas familiares que indagan en las miserias que encierran determinados hogares; la segunda es verdaderamente brillante, una avanzada defensa de la mujer y el valor de las tareas domésticas frente a un machismo autoritario rampante, pero servida con fina ironía, y respetando a todos los personajes, una norma de conducta que seguirá en todas sus películas. Michael (1924) le lleva a Alemania, y maneja una historia ambientada en el mundillo artístico que cuenta con un guión de Thea von Harbou; quizá lo más sorprendente sea la ausencia de una impronta expresionista que la época y el lugar parecían exigir, además de una relación tipo padre-hijo con la cuestión de la ingratitud y la inconscencia juvenil de por medio. También en Alemania rodó la sorprendente La bruja vampiro, también conocida por su título original, Vampyr, cine fantástico y vampírico, pero claro, cine fantástico dreyeriano. Fue el primer film sonoro de Dreyer, y se saldó con un fracaso, a pesar de sus imágenes fascinantes, esas escenas de pesadilla del entierro del protagonista con planos subjetivos desde el interior del ataúd. Más de una década tuvo que transcurrir para que pudiera dirigir de nuevo. Como le ocurrió a otro cineasta ilustre, Orson Welles, Dreyer lo tendrá difícil para hacer las películas que desea. Por ejemplo rehusó rodar en 1934 una adaptación de “Pan”, la obra del Nobel Knut Hamsun, y es que la Alemania nazi no le ofrece un ambiente en que se sienta cómodo para trabajar.

Aunque, no hay bien que por mal no venga, esto nos permite descubrir su breve faceta de crítico de cine en los años 30, cuando escribe comentarios de películas en el Berlingske Tidend; es tan duro en sus juicios -de la Ana Karenina (1935) de Clarence Brown dirá tras alabar las cuestiones técnicas que “los personajes devienen clichés”-, que en tres meses le pedirán que abandone este cometido.

En 1943 entrega Dies irae, nuevo alegato contra la intolerancia, que entronca con La pasión de Juana de Arco, y que algunos consideran que influyó en El séptimo sello de Ingmar Bergman, aunque la visión religiosa del sueco sea bastante diferente de la de Dreyer, éste es creyente, el otro anda metido en una angustiosa búsqueda de Dios donde el luteranismo es mucho más sofocante. En cualquier caso brilla la historia de infidelidad con una fantástica Lisbeth Movin como la joven esposa de un pastor luterano, atraído por su hijastro, una acción diabólica en pos del amor quizá más prosaica que la brujería que ciertos inquisidores quieren ver, pero igualmente destructiva.

Dos personas llega dos años después, un encargo que hace suyo con su gran talento, y de nuevo, el silencio, sólo roto por dos obras maestras incontestables, la milagrosa Ordet (La palabra) (1955) -incluso a los incrédulos les resulta inevitable venerar este film sobre las relaciones de fe y ciencia, y el modo de enfocar la práctica religiosa- y una joya sobre lo que es el amor y sus vaivenes, Gertrud (1964), en que la opción de la soledad desprende una infinita tristeza. Lo que en otro podría resultar artificial -planos secuencia muy sostenidos, manejo del espacio escénico, frases cargadas de contenido, cierto hieratismo, el recurso a espejos, puertas, jaulas de pájaros y cirios...-, en Dreyer ayuda a crear historias audiovisuales inolvidables.

Cineasta irrepetible, nadie ha impregnado de espiritualidad y humanismo sus películas como él, sólo Lars von Trier, compatriota que filmó su guión de Medea (1988), ha osado hacer un cine tan arriesgado y fiel a su visión de las cosas, en tal sentido nunca vendió su alma dirigiendo lo que no quería. Antes prefería hacer cortos documentales, trabajos desarrollados entre 1946 y 1955, o supervisar la programación de la sala de cine que regentaba.

Ganador de 1 premio

Filmografía
Gertrud

1964 | Gertrud

Indiscutible obra maestra del danés Carl Theodor Dreyer, y el más célebre film del director con Ordet (La palabra) (1955), perfecto broche de oro a su modélica filmografía. Genios escandinavo del celuloide, junto a Victor Sjöström e Ingmar Bergman, Dreyer ofrece en Gertrud una hermosísima reflexión sobre el amor y el tiempo que se va. La protagonista del film es la mujer del título, Gertrud, que vive un matrimonio anodino con Gustav, un político, y que renunció a una posible carrera como cantante de ópera. Su aventura amorosa con Erland, un compositor, no parece llevar a ninguna parte, se reduce a una simple vía de escape hedonista; y el reencuentro con un poeta que siempre la amó, Gabriel, representa las oportunidades perdidas; las dos son otras posibles vías de acometer la necesidad, común a todo ser humano, de encauzar el amor. Aunque aún podría existir otra vía, con su parte de amargura, que se llama soledad. Como en otros filmes de Dreyer, predomina un estilo sobrio y un aire teatral, acentuado por el hieratismo de los personajes, cuyas opciones vitales se dirían cristalizadas, sin posibilidad de evolución. Por ello el cine de Dreyer no es fácil, no está hecho para mentes con encefalograma plano. Dreyer invita a la refleción, y para ello hace un uso magistral de la palabra y de los silencios, y también de las miradas, a veces a través de espejos, en otras ocasiones utilizando con maestría el fuera de campo. Su dominio de las coordenadas espaciotemporales en la narración fílmica se revela deslumbrante, y la fotografía en blanco y negro apuntala el ascetismo desnudo de la propuesta.

9/10
Ordet (La palabra)

1955 | Ordet

1930, en una comunidad de Jutlandia, Dinamarca. El anciano Morten Borgen, padre de 3 hijos, trata de sacar adelante su granja. Uno de sus vástagos, Ander, está enamorado de una muchacha de una familia rival. Otro, Mikkel, espera que su mujer, Inger, dé a luz su tercer hijo. El último, Johannes, es un estudiante de teología que de tanto estudiar e identificarse con la figura de Jesucristo es considerado un loco por sus vecinos. El parto de Inger se complica, y el doctor se muestra muy pesimista. La gran obra maestra del cine religioso de todos los tiempos, y el film más redondo del director danés Carl Theodor Dreyer, que obtuvo el León de Oro en Venecia. El cineasta adaptó una obra teatral de Kaj Munk, pastor protestante, sobre la relación entre ciencia y religión, y el poder de la oración.La cinta, rica en reflexiones antropológicas, es heredera directa de la preocupación por la fe del también danés Søren Kierkegaard, uno de los filósofos fundamentales del XIX. Sorprende cómo en apenas dos horas de metraje se pueden condensar de modo maravilloso y harto elocuente tantos aspectos relativos a la trascendencia y la religión: la incredulidad, la fe cansina que ya no cree en los milagros, la necesidad evangélica de hacerse como niños, la lucidez del que está abandonado en las manos de Dios, el poder de la oración, los representantes "oficiales" de la religión, las disputas humanas por el modo en que se enfoca la fe...

10/10
Dos personas

1947 | Två människor

Lundell y Sander son dos científicos que simultáneamente han desarrollado un fármaco para enfermos esquizofrénicos. Todo apunta a que uno ha plagiado a otro, y es sobre todo en Lundell en el que recaen las sospechas. En la persecución mediática de que es objeto cuenta con el apoyo de su amante esposa Marianne. La inesperada muerte de Sander de un disparo de pistola, justo la misma tarde en que Lundell había ido a visitarle para tratar de aclarar las cosas, acrecienta la angustia del matrimonio. Ambos temen que las sospechas del crimen recaigan sobre un Lundell que no atraviesa su mejor momento, y que incluso amenazó públicamente a Sander. Estamos, decididamente, ante un Dreyer menor. Pero hasta la más pequeña de las películas dirigida por Carl Theodor Dreyer tiene sus puntos de grandeza. El director danés rodó en Suecia esta adaptación de una obra de teatro de W.O. Somin que supo llevar a su terreno, el de la búsqueda del amor por encima de todo, con las inevitables consecuencias trágicas, a través de una relación triangular uno de cuyos vértices sólo aparece en forma de sombra. Dreyer demuestra su habilidad para el suspense -el modo en que introduce la historia gana por goleada a muchos directores que se creen expertos en el thriller y la narrativa fílmica- y para dar un par de giros sorpresivos a una trama que se desarrolla en su integridad dentro de cuatro paredes. De nuevo acude a sostenidos planos secuencia, pero a la vez juega con los cambios de plano, a veces conscientemente chirriantes, que anticipan lo poliédrico de la situación que el espectador está contemplando. Buen trabajo de los actores Georg Rydeberg y Wanda Rothgardt.

6/10
Dies Irae

1943 | Vredens dag

Dinamarca, siglo XVI. En una comunidad tradicional luterana, con una rígida moral, Anne, la joven esposa de Absalon, un pastor luterano de cierta edad, se siente atraído por Martin, hijo de Absalon de un matrimonio anterior. Ciertos sucesos llevarán a que Anne sea acusada de brujería. Oscuro y magistral film de Carl Theodor Dreyer (Gertrud) el cual dota a la actriz Lisbeth Movin de todo el peso de la historia -en algunos momentos su pasión parece querer saltar de la pantalla, qué expresividad-, pero sin descuidar al resto de los personajes, porque si en algo descolla el gran maestro danés es en su capacidad de dotar a todos de humanidad, aun a los que a priori podrían considerarse más antipáticos. Como en otros de sus filmes, Dreyer habla de la necesidad de amor de todo hombre, para cuya consecución a veces se puede faltar de modo claro a la justicia. Son las tentaciones del demonio, que emparentarían este título en cierto modo con Páginas del libro de Satán. De modo que sus obras no serían tanto las supuestos hechizos, como la infidelidad, el engaño y el odio.Lo que no quita para que se critique el recurso a los castigos inquisitorios y cierta moral hipócrita donde se mezcla el afán de justicia con los celos y la venganza. Resulta fascinante la atmósfera que Dreyer es capaz de crear, sobre todo en la noche de tormenta, y destacan los planos y la fotografía de Karl Andersson, con algunos elaborados planos secuencia.

8/10
La bruja vampiro

1932 | Vampyr - Der Traum des Allan Grey

Allan Grey, estudiante de ciencias ocultas, viaja a un extraño castillo. Allí, comienza a ver visiones extrañas y descubre a una mujer inconsciente que ha sido atacada por un vampiro. Adaptación de una obra del escritor fantástico Sheridan Le Fanu. Supuso la primera cinta sonora del maestro danés Carl Theodor Dreyer, que la rodó después de su obra maestra muda La pasión de Juana de Arco. Filmó sin sonido, y posteriormente hizo un doblaje de los actores. El director recibió la financiación del barón Nicolas de Gunzburg, que a cambio le pidió protagonizar la cinta (lo hizo bajo el pseudónimo de Julian West). Destaca la secuencia en la que el protagonista se ve a sí mismo encerrado en un ataúd. Como el film no tuvo demasiado éxito de público, Dreyer tardó unos once años en rodar Dies Irae, su siguiente largometraje.

7/10
La pasión de Juana de Arco

1928 | La passion de Jeanne d'Arc

Relato fiel del inicuo proceso que llevó a Juana de Arco a la hoguera. Obra maestra del cine mudo y de la historia del cine, el danés Carl Th. Dreyer atrapa el dramatismo del dilema de conciencia de la protagonista, que podría salvar la vida si se retractara de las apariciones que permitieron coronar al rey de Francia. Film muy espiritual, presenta un soberbio uso de los primeros planos, que apenas dejan ver el decorado. La Falconetti, que no volvió a hacer cine, está sobresaliente.

10/10
El amo de la casa

1925 | Du skal ære din hustru

Viktor Frandsend es un tipo egoísta y brutal, padre de dos hijos, que humilla a su dulce y amante esposa, Ida, de salud delicada, y de la que no reconoce su impresionante trabajo como ama de casa. Cuando ella sufre un colapso e impelida por su madre y su nana le deja para recuperarse en el campo, Viktor empezará a sentirse culpable y desgraciado. Al tiempo, se ve obligado a recurrir a los servicios de la nana, una mujer mayor y severa, que impartirá una importante lección al tiránico amo de la casa. Gran film de la etapa muda de Dreyer, sólo superado por La pasión de Juana de Arco. El cineasta está influido por su compatriota Victor Sjöström, pero introduce las constantes de su filmografía: familia, amor, sacrificio. También demuestra que es único a la hora de describir complejos personajes femeninos. Lo hace con una expresividad única, y un fino sentido de la ironía. Resulta sorprendente cómo conviven en esta película la alabanza al trabajo de la mujer en el hogar y la defensa a ultraza de lo femenino, la crueldad y la ternura, lo indignante y un humor suave. El reparto es magnífico, y Johannes Meyer como el odioso esposo sabe dar matices a su personaje. El desenlace es antológico, de emociones puras.

8/10
Michael (1924)

1924 | Michael

Durante años el célebre pintor Claude Zoret ha acogido a Michael en su casa con sentimientos paternales y como modelo casi único para sus cuadros. Michael no sabe reconocer plenamente la generosidad de su benefactor, viviendo alegremente y gastando lo que no tiene. Además, la aparición de una princesa rusa, que desea que Zoret la retrate, empuja a Michael a iniciar un amorío con ella, descuidando todavía más a su maestro.Emotivo y romántico film sobre el amor y la ingratitud, con el magnífico telón de fondo de la creación artística a través de la pintura. Carl Theodor Dreyer rodó en Alemania, adaptando una novela de Herman Bang, con producción de Erich Pommer y la colaboración en el guión de Thea von Harbou. Domina la idea de que es necesario saber ver para pintar, algo que Zoret sabe hacer, pero no Michael, excepto en el caso de los expresivos ojos de la princesa; en cambio ese cuadro de Julio César y Bruto sí sería la intuición genial del artista, asumida, de lo que es su relación con Michael.Aunque rodado en Alemania, y con el director de fotografía Karl Freund, el film, de una gran belleza pictórica, no puede encuadrarse en el expresionismo de la época, Dreyer tiene un estilo propio, donde conviven planos generales de interiores y preciosos primeros planos que juegan al claroscuro, rostros blanquísimos rodeados de negrura.

7/10
Páginas del libro de Satán

1921 | Blade af Satans bog

Adaptación de una novela de Maria Corelli, con el nexo común de Satán, ángel caído que tienta a los hombres, al que Dios alargará o recortará su condena mil años según sigan o resistan los hombres sus asechanzas. El film consta de cuatro segmentos en distintos períodos históricos en que el demonio, bajo la apariencia de cuatro personajes, se aplica a su tarea. Primero como un fariseo, tienta a Judas para que entregue a Jesús a su Pasión en la antigua Palestina; luego, en la Sevilla del siglo XVI, es un inquisidor que se aprovecha de de la debilidad de la carne de un fraile para sus propósitos; en la Francia revolucionaria tiene el aspecto de un antiguo empleado de dos mujeres nobles, al que otro servidor ha salvado hasta la fecha de la guillotina, mientras la propia reina María Antonieta aguarda su ejecución; finalmente, en el siglo XX, dos años antes de la producción de la película, en el contexto de la lucha de Finlandia contra los rusos comunistas, Satán tiene el aspecto de un monje al estilo Rasputín, que tienta a un matrimonio a la traición de los principios más sagrados para salvar al otro cónyuge. En este temprano film como director, que parece tener un claro referente en Intolerancia de David W. Griffith, el danés Carl Theodor Dreyer da muestras sobradas de su fuerza narrativa y de que hay unos temas concretos que le interesa tratar en su cine. La trascendencia, el poder de la oración, el sacrificio, la debilidad humana, la intolerancia, están por ello bien presentes. Helge Nisssen compone un demonio inquietante, y destacan los personajes femeninos, su fuerza y heroísmo, por ejemplo en el porte majestuoso de María Antonieta, secundario en el conjunto, pero cuyos planos presentan a alguien de enorme dignidad.

6/10
Medea (1988)

1988 | Medea

Apasionante adaptación de la obra clásica de Eurípides, a cargo del "enfant terrible" del cine danés, Lars von Trier, tomando pie de un guión del maestro Carl Theodor Dreyer. Sigue a Medea y Jasón en su viaje a Corinto, donde el rey Creonte ofrece la mano de su hija Glauca a Jasón, lo que supone postergar a la madre y a sus dos retoños.Destaca en el film no sólo la fuerza del tema de la venganza, que lleva a pasar por encima de los sentimientos de amor a los hijos, sino las imágenes, el modo visual de contar esta tragedia. El tono es lacónico y sobrio, de riguroso ascetismo si se quiere, pero de gran fuerza; y aunque Von Trier asegura que no ha pretendido imitar a Dreyer, sino seguir su propio camino, seguro que el gran maestro habría quedado satisfecho del resultado alcanzado.

7/10
Gertrud

1964 | Gertrud

Indiscutible obra maestra del danés Carl Theodor Dreyer, y el más célebre film del director con Ordet (La palabra) (1955), perfecto broche de oro a su modélica filmografía. Genios escandinavo del celuloide, junto a Victor Sjöström e Ingmar Bergman, Dreyer ofrece en Gertrud una hermosísima reflexión sobre el amor y el tiempo que se va. La protagonista del film es la mujer del título, Gertrud, que vive un matrimonio anodino con Gustav, un político, y que renunció a una posible carrera como cantante de ópera. Su aventura amorosa con Erland, un compositor, no parece llevar a ninguna parte, se reduce a una simple vía de escape hedonista; y el reencuentro con un poeta que siempre la amó, Gabriel, representa las oportunidades perdidas; las dos son otras posibles vías de acometer la necesidad, común a todo ser humano, de encauzar el amor. Aunque aún podría existir otra vía, con su parte de amargura, que se llama soledad. Como en otros filmes de Dreyer, predomina un estilo sobrio y un aire teatral, acentuado por el hieratismo de los personajes, cuyas opciones vitales se dirían cristalizadas, sin posibilidad de evolución. Por ello el cine de Dreyer no es fácil, no está hecho para mentes con encefalograma plano. Dreyer invita a la refleción, y para ello hace un uso magistral de la palabra y de los silencios, y también de las miradas, a veces a través de espejos, en otras ocasiones utilizando con maestría el fuera de campo. Su dominio de las coordenadas espaciotemporales en la narración fílmica se revela deslumbrante, y la fotografía en blanco y negro apuntala el ascetismo desnudo de la propuesta.

9/10
Ordet (La palabra)

1955 | Ordet

1930, en una comunidad de Jutlandia, Dinamarca. El anciano Morten Borgen, padre de 3 hijos, trata de sacar adelante su granja. Uno de sus vástagos, Ander, está enamorado de una muchacha de una familia rival. Otro, Mikkel, espera que su mujer, Inger, dé a luz su tercer hijo. El último, Johannes, es un estudiante de teología que de tanto estudiar e identificarse con la figura de Jesucristo es considerado un loco por sus vecinos. El parto de Inger se complica, y el doctor se muestra muy pesimista. La gran obra maestra del cine religioso de todos los tiempos, y el film más redondo del director danés Carl Theodor Dreyer, que obtuvo el León de Oro en Venecia. El cineasta adaptó una obra teatral de Kaj Munk, pastor protestante, sobre la relación entre ciencia y religión, y el poder de la oración.La cinta, rica en reflexiones antropológicas, es heredera directa de la preocupación por la fe del también danés Søren Kierkegaard, uno de los filósofos fundamentales del XIX. Sorprende cómo en apenas dos horas de metraje se pueden condensar de modo maravilloso y harto elocuente tantos aspectos relativos a la trascendencia y la religión: la incredulidad, la fe cansina que ya no cree en los milagros, la necesidad evangélica de hacerse como niños, la lucidez del que está abandonado en las manos de Dios, el poder de la oración, los representantes "oficiales" de la religión, las disputas humanas por el modo en que se enfoca la fe...

10/10
Dos personas

1947 | Två människor

Lundell y Sander son dos científicos que simultáneamente han desarrollado un fármaco para enfermos esquizofrénicos. Todo apunta a que uno ha plagiado a otro, y es sobre todo en Lundell en el que recaen las sospechas. En la persecución mediática de que es objeto cuenta con el apoyo de su amante esposa Marianne. La inesperada muerte de Sander de un disparo de pistola, justo la misma tarde en que Lundell había ido a visitarle para tratar de aclarar las cosas, acrecienta la angustia del matrimonio. Ambos temen que las sospechas del crimen recaigan sobre un Lundell que no atraviesa su mejor momento, y que incluso amenazó públicamente a Sander. Estamos, decididamente, ante un Dreyer menor. Pero hasta la más pequeña de las películas dirigida por Carl Theodor Dreyer tiene sus puntos de grandeza. El director danés rodó en Suecia esta adaptación de una obra de teatro de W.O. Somin que supo llevar a su terreno, el de la búsqueda del amor por encima de todo, con las inevitables consecuencias trágicas, a través de una relación triangular uno de cuyos vértices sólo aparece en forma de sombra. Dreyer demuestra su habilidad para el suspense -el modo en que introduce la historia gana por goleada a muchos directores que se creen expertos en el thriller y la narrativa fílmica- y para dar un par de giros sorpresivos a una trama que se desarrolla en su integridad dentro de cuatro paredes. De nuevo acude a sostenidos planos secuencia, pero a la vez juega con los cambios de plano, a veces conscientemente chirriantes, que anticipan lo poliédrico de la situación que el espectador está contemplando. Buen trabajo de los actores Georg Rydeberg y Wanda Rothgardt.

6/10
Dies Irae

1943 | Vredens dag

Dinamarca, siglo XVI. En una comunidad tradicional luterana, con una rígida moral, Anne, la joven esposa de Absalon, un pastor luterano de cierta edad, se siente atraído por Martin, hijo de Absalon de un matrimonio anterior. Ciertos sucesos llevarán a que Anne sea acusada de brujería. Oscuro y magistral film de Carl Theodor Dreyer (Gertrud) el cual dota a la actriz Lisbeth Movin de todo el peso de la historia -en algunos momentos su pasión parece querer saltar de la pantalla, qué expresividad-, pero sin descuidar al resto de los personajes, porque si en algo descolla el gran maestro danés es en su capacidad de dotar a todos de humanidad, aun a los que a priori podrían considerarse más antipáticos. Como en otros de sus filmes, Dreyer habla de la necesidad de amor de todo hombre, para cuya consecución a veces se puede faltar de modo claro a la justicia. Son las tentaciones del demonio, que emparentarían este título en cierto modo con Páginas del libro de Satán. De modo que sus obras no serían tanto las supuestos hechizos, como la infidelidad, el engaño y el odio.Lo que no quita para que se critique el recurso a los castigos inquisitorios y cierta moral hipócrita donde se mezcla el afán de justicia con los celos y la venganza. Resulta fascinante la atmósfera que Dreyer es capaz de crear, sobre todo en la noche de tormenta, y destacan los planos y la fotografía de Karl Andersson, con algunos elaborados planos secuencia.

8/10
La bruja vampiro

1932 | Vampyr - Der Traum des Allan Grey

Allan Grey, estudiante de ciencias ocultas, viaja a un extraño castillo. Allí, comienza a ver visiones extrañas y descubre a una mujer inconsciente que ha sido atacada por un vampiro. Adaptación de una obra del escritor fantástico Sheridan Le Fanu. Supuso la primera cinta sonora del maestro danés Carl Theodor Dreyer, que la rodó después de su obra maestra muda La pasión de Juana de Arco. Filmó sin sonido, y posteriormente hizo un doblaje de los actores. El director recibió la financiación del barón Nicolas de Gunzburg, que a cambio le pidió protagonizar la cinta (lo hizo bajo el pseudónimo de Julian West). Destaca la secuencia en la que el protagonista se ve a sí mismo encerrado en un ataúd. Como el film no tuvo demasiado éxito de público, Dreyer tardó unos once años en rodar Dies Irae, su siguiente largometraje.

7/10
La pasión de Juana de Arco

1928 | La passion de Jeanne d'Arc

Relato fiel del inicuo proceso que llevó a Juana de Arco a la hoguera. Obra maestra del cine mudo y de la historia del cine, el danés Carl Th. Dreyer atrapa el dramatismo del dilema de conciencia de la protagonista, que podría salvar la vida si se retractara de las apariciones que permitieron coronar al rey de Francia. Film muy espiritual, presenta un soberbio uso de los primeros planos, que apenas dejan ver el decorado. La Falconetti, que no volvió a hacer cine, está sobresaliente.

10/10
El amo de la casa

1925 | Du skal ære din hustru

Viktor Frandsend es un tipo egoísta y brutal, padre de dos hijos, que humilla a su dulce y amante esposa, Ida, de salud delicada, y de la que no reconoce su impresionante trabajo como ama de casa. Cuando ella sufre un colapso e impelida por su madre y su nana le deja para recuperarse en el campo, Viktor empezará a sentirse culpable y desgraciado. Al tiempo, se ve obligado a recurrir a los servicios de la nana, una mujer mayor y severa, que impartirá una importante lección al tiránico amo de la casa. Gran film de la etapa muda de Dreyer, sólo superado por La pasión de Juana de Arco. El cineasta está influido por su compatriota Victor Sjöström, pero introduce las constantes de su filmografía: familia, amor, sacrificio. También demuestra que es único a la hora de describir complejos personajes femeninos. Lo hace con una expresividad única, y un fino sentido de la ironía. Resulta sorprendente cómo conviven en esta película la alabanza al trabajo de la mujer en el hogar y la defensa a ultraza de lo femenino, la crueldad y la ternura, lo indignante y un humor suave. El reparto es magnífico, y Johannes Meyer como el odioso esposo sabe dar matices a su personaje. El desenlace es antológico, de emociones puras.

8/10
Michael (1924)

1924 | Michael

Durante años el célebre pintor Claude Zoret ha acogido a Michael en su casa con sentimientos paternales y como modelo casi único para sus cuadros. Michael no sabe reconocer plenamente la generosidad de su benefactor, viviendo alegremente y gastando lo que no tiene. Además, la aparición de una princesa rusa, que desea que Zoret la retrate, empuja a Michael a iniciar un amorío con ella, descuidando todavía más a su maestro.Emotivo y romántico film sobre el amor y la ingratitud, con el magnífico telón de fondo de la creación artística a través de la pintura. Carl Theodor Dreyer rodó en Alemania, adaptando una novela de Herman Bang, con producción de Erich Pommer y la colaboración en el guión de Thea von Harbou. Domina la idea de que es necesario saber ver para pintar, algo que Zoret sabe hacer, pero no Michael, excepto en el caso de los expresivos ojos de la princesa; en cambio ese cuadro de Julio César y Bruto sí sería la intuición genial del artista, asumida, de lo que es su relación con Michael.Aunque rodado en Alemania, y con el director de fotografía Karl Freund, el film, de una gran belleza pictórica, no puede encuadrarse en el expresionismo de la época, Dreyer tiene un estilo propio, donde conviven planos generales de interiores y preciosos primeros planos que juegan al claroscuro, rostros blanquísimos rodeados de negrura.

7/10

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