IMG-LOGO

Biografía

Cédric Klapisch

Cédric Klapisch

Cédric Klapisch

Filmografía
Tan cerca, tan lejos

2019 | Deux moi

Rémy y Mélanie viven en casas contiguas de uno de los distritos de París, coinciden en el metro y compran en la misma tienda de ultramarinos del barrio. Pero no se conocen, cada uno lleva su propia y alienada vida. Rémy trabaja en una empresa de logística, y pese a la reducción de plantilla, acaba de ser promocionado. Pero es infeliz, padece insomnio, y no acaba de encontrar pareja, por lo que comienza a acudir a sesiones de psicoterapia. Mientras, Mélanie es una mujer insegura, investigadora en tratamientos contra el cáncer, que se duerme en todas partes, y que trata de encontrar pareja a través de Tinder, todo lo cual también le lleva a la consulta de una psiquiatra. Cédric Klapisch, con un guión coescrito con Santiago Amigorena –con él trabajó en su anterior film, Nuestra vida en la Borgoña–, reincide en la temática de jóvenes que no acaban de encontrar su asentamiento existencial. Aquí lo hace de un modo amable, incluso con algún apunte humorístico, mostrando la vida de dos personajes que, pese a ser buenos profesionales, y contar con familia o amigos, no son felices. Y la solución no parece residir en fijar los ojos en las pantallas de móviles, ordenadores y tabletas, buscando relaciones a partir de una foto y una geolocalización cercana. La cinta invita a afrontar las causas de la desdicha, y a no enterrar los problemas o hacer como si no existieran. Está bien que la ayuda de un psicólogo, psicoterapeuta o psiquiatra ayude a abrir los ojos y reunir el coraje para afrontar la vida, pero no deja de causar cierta pena observar la soledad y el individualismo que nos atenazan, aunque estemos rodeados de gente con los que se supone que tenemos confianza. El film se sigue con agrado, y con la incertidumbre de cómo y cuándo los protagonistas interactuarán de algún modo, extremo que se resuelve con sencillez y eficacia. François Civil y Ana Girardot dan bien el tipo de indolencia algo alelada de sus personajes, mientras que Camille Cottin y François Berléand encarnan de modo convincente a los psiquiatras.

6/10
Nuestra vida en la Borgoña

2017 | Ce qui nous lie

Con motivo de la enfermedad de su padre, Jean regresa a su casa de la infancia, en una pequeña localidad de la Borgoña francesa, tras pasar varios años ilocalizable. Su familia se dedica a cosechar la uva y elaborar vino, un trabajo que él y sus hermanos, Juliette y Jerémie, aprendieron desde muy pequeños de la mano de su padre. El reencuentro entre los hermanos marcará un periodo en que los tres tendrán que afrontar sus vidas de modo diferente. Estupenda y reconfortante película francesa, de esas que permiten comprender que las pequeñas y cotidianas historias son a veces las más hermosas. El director francés Cédric Klapisch, que goza de gran prestigio en su país gracias a comedias como Una casa de locos o Las muñecas rusas, no echa mano en esta ocasión de su actor fetiche Romain Duris (con quien ha rodado más de media docena de filmes) y cuenta por primera vez con Pio Marmaï (El primer día del resto de tu vida), un actor que es todo un prodigio de naturalidad. El guión –escrito por el propio Klapisch junto con uno de sus colaboradores habituales, Santiago Amigorena– despliega la historia con sutileza y los conflictos de cada personaje, sus miedos y sus retos, entran con primor en una trama sencilla, estructurada a lo largo de todo un año, según los trabajos estacionales que son necesarios emprender en la viña. Además el director demuestra tener una gran sensibilidad para hablar de la fraternidad.  Sin espectáculo, desprende Nuestra vida en la Borgoña una visión realista y positiva del amor, de la unión familiar, del encuentro reposado con la felicidad, ésta enmarcada en una visión auténtica de la vida, un modo de ser que el film sabe encarnar en los tres hermanos y en su modo de disfrutar del vino, en contraste con la visión utilitarista de sus vecinos viticultores. Todas las interpretaciones son espléndidas, con Marmaï a la cabeza, pero destacan también los trabajos de Ana Girardot y de la española María Valverde.

6/10
Call my Agent / Dix pour cent

2015 | Dix pour cent | Serie TV

Nueva vida en Nueva York

2013 | Casse-tête chinois

Xavier es novelista de éxito, está a punto de cumplir los cuarenta años, tiene dos niños a quienes adora, pero su matrimonio con Wendy hace aguas y se van a divorciar. Cuando ella le dice que ha conocido a otro y que ha decidido abandonar París para irse a vivir a Nueva York con sus hijos, a Xavier se le cae el alma al suelo. Entonces decide también marchar allí él para estar con sus hijos. Le acogerá Isabelle, su amiga lesbiana, a la que él ha donado esperma para tener un hijo con su compañera Ju. Y mientras intenta dar forma a una novela sobre sus vivencias, Xavier se enfrentará a la odisea de conseguir trabajo siendo ilegal, recibirá la visita de su amiga Martine, visitará de vez en cuando a sus hijos, etc. etc. El director francés Cédric Klapisch regresa con la tercera parte de las andanzas de Xavier Rousseau, un tipo al que la vida, digamos, le sobrepasa. Si la primera parte (Una casa de locos) se localizaba en Barcelona y la segunda (Las muñecas rusas) en Rusia, ahora le toca el turno a Nueva York. El planteamiento viene a ser el mismo que el de las anteriores entregas, un panorama lleno de humor sobre las vicisitudes del protagonista, ahora al filo de los 40 años pero con las mismas inseguridades que cuando era un joven universitario. Y sin duda este estado de perpetua perplejidad ante la existencia, ante los sentimientos contradictorios, ante las dudas amorosas y el paso de los años, está muy logrado en el personaje bien interpretado una vez más por Romain Duris. El tipo es gris, pero cae bien, y Klapisch acierta a darle un toque tierno de patoso emocional. Sin embargo, se echa en falta mayor evolución en Nueva vida en Nueva York. Porque estamos ante un film que es más de lo mismo, que sigue explotando la única idea de dar tumbos por la vida sin orden ni concierto. Para paliar ese estupor, simplemente se van cambiando las parejas y los lugares. Entre medias mucho, mucho humor, con innumerables situaciones surrealistas –la paliza al taxista, la boda concertada, la entrevista con inmigración, etc.– que consiguen entretener y seguir la trama con cierto ritmo. Hay ideas conseguidas, como ésa de que después de los cuarenta la vida empieza a verse como un tapiz del revés, y a ese propósito tienen mucha gracia las apariciones de los filósofos –Schopenhauer, Hegel, etc.- que, “a falta de fe en Dios”, según palabras del protagonista, son los únicos que pueden arrojar algo de sentido –o sinsentido– a su existencia. El reparto, con rostros femeninos tan conocidos como los de Cécile de France, Audrey Tautou o Kelly Reilly, está correcto.

4/10
París

2008 | Paris

El director francés Cédric Klapisch encontró el éxito con el film Una casa de locos en 2002, y repitió buenas críticas con la segunda parte, Las muñecas rusas en 2005. Cuatro años después no ha podido emular la altura de esas obras con París, la película que nos ocupa. Por primera vez se aleja del aire tragicómico de sus otros guiones y entrega un drama coral, de resultado correcto pero falto de la emoción y la vitalidad de sus otros filmes. El planteamiento es atractivo: se trata de ofrecer una visión coral de las vidas de unas cuantas personas que confluyen en París. El nexo de unión es Pierre, un joven a quien han diagnosticado una grave enfermedad de corazón. Ante la perspectiva de la muerte comienza a ver con otros ojos a las personas que le rodean. Ese es el resorte que le sirve a Klapisch para introducirnos en las existencias de un grupo de personajes mínimamente conectados, que pasan su días normalmente, que trabajan, sufren, ríen y buscan el amor: la hermana de Pierre, trabajadora social; el vendedor de fruta y verdura; una guapa vecina que estudia en la universidad; el profesor de ésta, enamorado como un quinceañero; el hermano arquitecto; un emigrante africano; la dependienta de una panadería, etc. Quizá el mayor defecto de la película es haber querido abarcar demasiado. Hay dispersión en la historia y aunque los personajes resultan verosímiles, apenas avanzan e interesan poco. Es cierto que hay algunos momentos logrados, magníficamente ambientados con la escogida música (uno de los puntos fuertes del cine de Klapisch), pero al final sólo planea la idea algo manida de la dura realidad de la muerte, que tarde ayuda a darnos cuenta de la maravilla de estar vivo. Lo mejor son los actores, con especial mención al formidable y cómico Fabrice Luchini y a la sempiterna Juliette Binoche.

4/10
Las muñecas rusas

2005 | Les Poupées russes

Hace cinco años el francés Xavier coincidió en un piso de Barcelona con estudiantes de Erasmus de varios países. Ahora, con motivo de la boda de uno de ellos, va a volver a reunirse con ellos en Rusia. Pero no se piense que en este lustro, el desorientado y egoísta Xavier –buena gente pero un completo desastre en temas laborales y amorosos– ha avanzado algo en mejorar su carácter: sigue tan despistado como siempre. Entre las mujeres que pululan por su vida en este film están su ex novia, su amiga lesbiana, una dependienta de la que se encapricha, una modelo de postín, y Wendy, una antigua compañera del piso. Y Xavier va de una a otra como un amoral pato mareado (una búsqueda sincera del amor, se supone), al igual que intenta triunfar escribiendo guiones para un culebrón televisivo. Como se ve, el director Cédric Klapisch repite la fórmula frívola y entretenida de Una casa de locos (2002), aunque, la verdad, seguramente el resultado tenga más encanto debido a un guión más trabajado y maduro. La música acompaña y la veta cómica de varias escenas es bastante divertida.

5/10
Ni a favor ni en contra (sino todo lo contrario)

2002 | Ni pour, ni contre (bien au contraire)

casualmente, conoce a Jean, un atracador, en plena faena; y éste le propone filmar sus atracos. Se produce entonces una peculiar relación, por la cual Caty está cada vez más fascinada con lo que parece un modo fácil de hacer dinero rápido. Sin ningún reparo moral, se convertirá en cómplice, y será requerida para lo que debe ser ‘el último golpe’. Eso sí, los otros miembros de la banda de Jean no acaban de ver la cosa tan clara. Aunque el film tiene aire de thriller, no está tan lejos del anterior trabajo de Cédric Klapisch, Una casa de locos. En efecto, los robos son una hábil excusa para volver a pintar a un grupo de jóvenes cuyas vidas carecen de sentido, y que desean emociones fuertes, espíritu de grupo, y el dinero suficiente para poder costearse una vida cómoda y placentera, lejos del mundanal ruido… El director filma la escena del último robo con relativa emoción, y arranca una buena actuación a Marie Gillain.

4/10
Una casa de locos

2002 | L'auberge espagnol

Programa Erasmus, intercambios de estudiantes. Un grupo de jóvenes de diversos países de Europa comparten piso en Barcelona. Si la convivencia con personas a las que uno no conoce resulta siempre una incógnita, el hecho de provenir de naciones con idiomas diferentes, y tener que chapurrear español (cuando no catalán, pues las clases son en este idioma) es una dificultad añadida. A lo que hay que sumar que son jóvenes, lejos de sus hogares, con las perplejidades amorosas típicas de la edad. Es tal situación está Xavier, que deja en Francia a su novia Martine. En el aeropuerto conoce a un matrimonio compatriota con el que entabla relación, y que le acogen momentáneamente en su piso. Luego viene el “albergue español”, con el “europudding” de culturas y modos de ser de los compañeros de piso, y el amoldarse a Barcelona. El director Cédric Klapisch acude al formato digital para describir con frescura, no exenta de indulgencia, el comportamiento inmaduro de los personajes. Y maneja con habilidad los pasajes de enredo.

5/10
Peut-être

1999 | Peut-être

Fábula futurista 'a la francesa', o lo que es lo mismo con cierto mensaje de por medio. Su director, Cédric Klapisch, había realizado anteriormente tres comedias de bastante éxito popular, por lo que se le ve un poco perdido ante este nuevo reto donde mezcla fantasía, aspectos dramáticos y una moraleja familiar compleja de asimilar. Debido a su alto coste en cuestión de decorados y efectos visuales para recrear el París del futuro, la película pasó por algunos problemas de producción, y sólo la intervención de la Warner pudo hacer que se completase. Todo comienza el día de fin de año de 1999, cuando un joven que se niega a tener un hijo con su novia viaja en el tiempo y se encuentra a sí mismo 70 años después. Una vez allí descubre que debe volver al pasado y tener el bebé si no quiere que todo el futuro se desmorone.

5/10
Como en las mejores familias

1996 | Un air de famille

Una familia de clase media tiene por costumbre cenar los viernes en el restaurante de uno de los hijos. Comedia negra con personajes muy humanos, del director de Una casa de locos.

6/10
Lumière y compañía

1995 | Lumière et compagnie

Un grupo muy numeroso de directores, entre los que destacan Theo Angelopoulos, Vicente Aranda, Spike Lee o Liv Ullmann, se reúnen para rodar una película cada uno, con una características muy definidas: utilizando cámaras de la época de los hermanos Lumiere, con una duración de 52 segundos como máximo, empleando la luz natural y sin usar más de tres tomas. Esta peculiar iniciativa se llevó a cabo en 1995, como homenaje a los 100 años que cumplía el cine. El resultado es un insólito y desigual experimento.

4/10
Tan cerca, tan lejos

2019 | Deux moi

Rémy y Mélanie viven en casas contiguas de uno de los distritos de París, coinciden en el metro y compran en la misma tienda de ultramarinos del barrio. Pero no se conocen, cada uno lleva su propia y alienada vida. Rémy trabaja en una empresa de logística, y pese a la reducción de plantilla, acaba de ser promocionado. Pero es infeliz, padece insomnio, y no acaba de encontrar pareja, por lo que comienza a acudir a sesiones de psicoterapia. Mientras, Mélanie es una mujer insegura, investigadora en tratamientos contra el cáncer, que se duerme en todas partes, y que trata de encontrar pareja a través de Tinder, todo lo cual también le lleva a la consulta de una psiquiatra. Cédric Klapisch, con un guión coescrito con Santiago Amigorena –con él trabajó en su anterior film, Nuestra vida en la Borgoña–, reincide en la temática de jóvenes que no acaban de encontrar su asentamiento existencial. Aquí lo hace de un modo amable, incluso con algún apunte humorístico, mostrando la vida de dos personajes que, pese a ser buenos profesionales, y contar con familia o amigos, no son felices. Y la solución no parece residir en fijar los ojos en las pantallas de móviles, ordenadores y tabletas, buscando relaciones a partir de una foto y una geolocalización cercana. La cinta invita a afrontar las causas de la desdicha, y a no enterrar los problemas o hacer como si no existieran. Está bien que la ayuda de un psicólogo, psicoterapeuta o psiquiatra ayude a abrir los ojos y reunir el coraje para afrontar la vida, pero no deja de causar cierta pena observar la soledad y el individualismo que nos atenazan, aunque estemos rodeados de gente con los que se supone que tenemos confianza. El film se sigue con agrado, y con la incertidumbre de cómo y cuándo los protagonistas interactuarán de algún modo, extremo que se resuelve con sencillez y eficacia. François Civil y Ana Girardot dan bien el tipo de indolencia algo alelada de sus personajes, mientras que Camille Cottin y François Berléand encarnan de modo convincente a los psiquiatras.

6/10
Nuestra vida en la Borgoña

2017 | Ce qui nous lie

Con motivo de la enfermedad de su padre, Jean regresa a su casa de la infancia, en una pequeña localidad de la Borgoña francesa, tras pasar varios años ilocalizable. Su familia se dedica a cosechar la uva y elaborar vino, un trabajo que él y sus hermanos, Juliette y Jerémie, aprendieron desde muy pequeños de la mano de su padre. El reencuentro entre los hermanos marcará un periodo en que los tres tendrán que afrontar sus vidas de modo diferente. Estupenda y reconfortante película francesa, de esas que permiten comprender que las pequeñas y cotidianas historias son a veces las más hermosas. El director francés Cédric Klapisch, que goza de gran prestigio en su país gracias a comedias como Una casa de locos o Las muñecas rusas, no echa mano en esta ocasión de su actor fetiche Romain Duris (con quien ha rodado más de media docena de filmes) y cuenta por primera vez con Pio Marmaï (El primer día del resto de tu vida), un actor que es todo un prodigio de naturalidad. El guión –escrito por el propio Klapisch junto con uno de sus colaboradores habituales, Santiago Amigorena– despliega la historia con sutileza y los conflictos de cada personaje, sus miedos y sus retos, entran con primor en una trama sencilla, estructurada a lo largo de todo un año, según los trabajos estacionales que son necesarios emprender en la viña. Además el director demuestra tener una gran sensibilidad para hablar de la fraternidad.  Sin espectáculo, desprende Nuestra vida en la Borgoña una visión realista y positiva del amor, de la unión familiar, del encuentro reposado con la felicidad, ésta enmarcada en una visión auténtica de la vida, un modo de ser que el film sabe encarnar en los tres hermanos y en su modo de disfrutar del vino, en contraste con la visión utilitarista de sus vecinos viticultores. Todas las interpretaciones son espléndidas, con Marmaï a la cabeza, pero destacan también los trabajos de Ana Girardot y de la española María Valverde.

6/10
Nueva vida en Nueva York

2013 | Casse-tête chinois

Xavier es novelista de éxito, está a punto de cumplir los cuarenta años, tiene dos niños a quienes adora, pero su matrimonio con Wendy hace aguas y se van a divorciar. Cuando ella le dice que ha conocido a otro y que ha decidido abandonar París para irse a vivir a Nueva York con sus hijos, a Xavier se le cae el alma al suelo. Entonces decide también marchar allí él para estar con sus hijos. Le acogerá Isabelle, su amiga lesbiana, a la que él ha donado esperma para tener un hijo con su compañera Ju. Y mientras intenta dar forma a una novela sobre sus vivencias, Xavier se enfrentará a la odisea de conseguir trabajo siendo ilegal, recibirá la visita de su amiga Martine, visitará de vez en cuando a sus hijos, etc. etc. El director francés Cédric Klapisch regresa con la tercera parte de las andanzas de Xavier Rousseau, un tipo al que la vida, digamos, le sobrepasa. Si la primera parte (Una casa de locos) se localizaba en Barcelona y la segunda (Las muñecas rusas) en Rusia, ahora le toca el turno a Nueva York. El planteamiento viene a ser el mismo que el de las anteriores entregas, un panorama lleno de humor sobre las vicisitudes del protagonista, ahora al filo de los 40 años pero con las mismas inseguridades que cuando era un joven universitario. Y sin duda este estado de perpetua perplejidad ante la existencia, ante los sentimientos contradictorios, ante las dudas amorosas y el paso de los años, está muy logrado en el personaje bien interpretado una vez más por Romain Duris. El tipo es gris, pero cae bien, y Klapisch acierta a darle un toque tierno de patoso emocional. Sin embargo, se echa en falta mayor evolución en Nueva vida en Nueva York. Porque estamos ante un film que es más de lo mismo, que sigue explotando la única idea de dar tumbos por la vida sin orden ni concierto. Para paliar ese estupor, simplemente se van cambiando las parejas y los lugares. Entre medias mucho, mucho humor, con innumerables situaciones surrealistas –la paliza al taxista, la boda concertada, la entrevista con inmigración, etc.– que consiguen entretener y seguir la trama con cierto ritmo. Hay ideas conseguidas, como ésa de que después de los cuarenta la vida empieza a verse como un tapiz del revés, y a ese propósito tienen mucha gracia las apariciones de los filósofos –Schopenhauer, Hegel, etc.- que, “a falta de fe en Dios”, según palabras del protagonista, son los únicos que pueden arrojar algo de sentido –o sinsentido– a su existencia. El reparto, con rostros femeninos tan conocidos como los de Cécile de France, Audrey Tautou o Kelly Reilly, está correcto.

4/10
París

2008 | Paris

El director francés Cédric Klapisch encontró el éxito con el film Una casa de locos en 2002, y repitió buenas críticas con la segunda parte, Las muñecas rusas en 2005. Cuatro años después no ha podido emular la altura de esas obras con París, la película que nos ocupa. Por primera vez se aleja del aire tragicómico de sus otros guiones y entrega un drama coral, de resultado correcto pero falto de la emoción y la vitalidad de sus otros filmes. El planteamiento es atractivo: se trata de ofrecer una visión coral de las vidas de unas cuantas personas que confluyen en París. El nexo de unión es Pierre, un joven a quien han diagnosticado una grave enfermedad de corazón. Ante la perspectiva de la muerte comienza a ver con otros ojos a las personas que le rodean. Ese es el resorte que le sirve a Klapisch para introducirnos en las existencias de un grupo de personajes mínimamente conectados, que pasan su días normalmente, que trabajan, sufren, ríen y buscan el amor: la hermana de Pierre, trabajadora social; el vendedor de fruta y verdura; una guapa vecina que estudia en la universidad; el profesor de ésta, enamorado como un quinceañero; el hermano arquitecto; un emigrante africano; la dependienta de una panadería, etc. Quizá el mayor defecto de la película es haber querido abarcar demasiado. Hay dispersión en la historia y aunque los personajes resultan verosímiles, apenas avanzan e interesan poco. Es cierto que hay algunos momentos logrados, magníficamente ambientados con la escogida música (uno de los puntos fuertes del cine de Klapisch), pero al final sólo planea la idea algo manida de la dura realidad de la muerte, que tarde ayuda a darnos cuenta de la maravilla de estar vivo. Lo mejor son los actores, con especial mención al formidable y cómico Fabrice Luchini y a la sempiterna Juliette Binoche.

4/10
Las muñecas rusas

2005 | Les Poupées russes

Hace cinco años el francés Xavier coincidió en un piso de Barcelona con estudiantes de Erasmus de varios países. Ahora, con motivo de la boda de uno de ellos, va a volver a reunirse con ellos en Rusia. Pero no se piense que en este lustro, el desorientado y egoísta Xavier –buena gente pero un completo desastre en temas laborales y amorosos– ha avanzado algo en mejorar su carácter: sigue tan despistado como siempre. Entre las mujeres que pululan por su vida en este film están su ex novia, su amiga lesbiana, una dependienta de la que se encapricha, una modelo de postín, y Wendy, una antigua compañera del piso. Y Xavier va de una a otra como un amoral pato mareado (una búsqueda sincera del amor, se supone), al igual que intenta triunfar escribiendo guiones para un culebrón televisivo. Como se ve, el director Cédric Klapisch repite la fórmula frívola y entretenida de Una casa de locos (2002), aunque, la verdad, seguramente el resultado tenga más encanto debido a un guión más trabajado y maduro. La música acompaña y la veta cómica de varias escenas es bastante divertida.

5/10
Una casa de locos

2002 | L'auberge espagnol

Programa Erasmus, intercambios de estudiantes. Un grupo de jóvenes de diversos países de Europa comparten piso en Barcelona. Si la convivencia con personas a las que uno no conoce resulta siempre una incógnita, el hecho de provenir de naciones con idiomas diferentes, y tener que chapurrear español (cuando no catalán, pues las clases son en este idioma) es una dificultad añadida. A lo que hay que sumar que son jóvenes, lejos de sus hogares, con las perplejidades amorosas típicas de la edad. Es tal situación está Xavier, que deja en Francia a su novia Martine. En el aeropuerto conoce a un matrimonio compatriota con el que entabla relación, y que le acogen momentáneamente en su piso. Luego viene el “albergue español”, con el “europudding” de culturas y modos de ser de los compañeros de piso, y el amoldarse a Barcelona. El director Cédric Klapisch acude al formato digital para describir con frescura, no exenta de indulgencia, el comportamiento inmaduro de los personajes. Y maneja con habilidad los pasajes de enredo.

5/10
Ni a favor ni en contra (sino todo lo contrario)

2002 | Ni pour, ni contre (bien au contraire)

casualmente, conoce a Jean, un atracador, en plena faena; y éste le propone filmar sus atracos. Se produce entonces una peculiar relación, por la cual Caty está cada vez más fascinada con lo que parece un modo fácil de hacer dinero rápido. Sin ningún reparo moral, se convertirá en cómplice, y será requerida para lo que debe ser ‘el último golpe’. Eso sí, los otros miembros de la banda de Jean no acaban de ver la cosa tan clara. Aunque el film tiene aire de thriller, no está tan lejos del anterior trabajo de Cédric Klapisch, Una casa de locos. En efecto, los robos son una hábil excusa para volver a pintar a un grupo de jóvenes cuyas vidas carecen de sentido, y que desean emociones fuertes, espíritu de grupo, y el dinero suficiente para poder costearse una vida cómoda y placentera, lejos del mundanal ruido… El director filma la escena del último robo con relativa emoción, y arranca una buena actuación a Marie Gillain.

4/10
Peut-être

1999 | Peut-être

Fábula futurista 'a la francesa', o lo que es lo mismo con cierto mensaje de por medio. Su director, Cédric Klapisch, había realizado anteriormente tres comedias de bastante éxito popular, por lo que se le ve un poco perdido ante este nuevo reto donde mezcla fantasía, aspectos dramáticos y una moraleja familiar compleja de asimilar. Debido a su alto coste en cuestión de decorados y efectos visuales para recrear el París del futuro, la película pasó por algunos problemas de producción, y sólo la intervención de la Warner pudo hacer que se completase. Todo comienza el día de fin de año de 1999, cuando un joven que se niega a tener un hijo con su novia viaja en el tiempo y se encuentra a sí mismo 70 años después. Una vez allí descubre que debe volver al pasado y tener el bebé si no quiere que todo el futuro se desmorone.

5/10
Como en las mejores familias

1996 | Un air de famille

Una familia de clase media tiene por costumbre cenar los viernes en el restaurante de uno de los hijos. Comedia negra con personajes muy humanos, del director de Una casa de locos.

6/10
Como en las mejores familias

1996 | Un air de famille

Una familia de clase media tiene por costumbre cenar los viernes en el restaurante de uno de los hijos. Comedia negra con personajes muy humanos, del director de Una casa de locos.

6/10

Últimos tráilers y vídeos