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Biografía

Gary Yershon

Gary Yershon

Gary Yershon

Premios: 0 Oscar (más 1 nominaciones)

Oscar
2015

Nominado a 1 premio

Filmografía
La tragedia de Peterloo

2018 | Peterloo

1819. Inglaterra sufre una gran carestía tras las Guerras contra Napoleón. Como siempre, es el pueblo llano quien más nota la falta de recursos, de alimentos, de empleo. El impuesto sobre el maíz, por ejemplo, hace que las familias carezcan de los alimentos más básicos. Y lo peor es que no pueden hacerse oír porque sus reclamaciones no tienen voz en el parlamento. Para alentar una reforma política los pueblos del norte, guiados por una serie de personas influyentes, decidieron organizar una multitudinaria manifestación en Manchester. El cineasta británico Mike Leigh debe principalmente su prestigio a películas como Secretos y mentiras, Todo o nada o Another Year. Director eminentemente social suele centrar el tiro en las clases desfavorecidas, gente humilde que lucha por salir adelante y que sufre dramas familiares, donde aletea casi siempre el amor recio, real, complicado a veces, entre padres, esposos, hermanos. Acomete ahora en La tragedia de Peterloo una historia de época, la segunda consecutiva después de Mr. Turner, algo poco habitual en él, y más cuando se inspira en los terribles hechos reales que tuvieron lugar en Manchester en 1819, cuando las tropas de la caballería inglesa masacraron a la población civil reunida pacíficamente en San Peter’s Field, en lo que pronto se conoció como Peterloo, o la masacre de Peterloo, en referencia a la última batalla de Napoleón. Desgraciadamente no estamos ante la mejor película de Mike Leigh. Aun con sus aciertos hay puntos importantes que acaban rebajando la propuesta. Funciona sin duda la explicación de que la monarquía británica usó los sucesos de Peterloo como explicación de su postura ante unas reivindicaciones populares que le recordaban peligrosamente a la Revolución Francesa, apenas ocurrida 30 años antes. No quería el príncipe regente Jorge (luego Jorge IV) acabar como Luis XVI. Pero la masacre que tuvo lugar fue algo desproporcionado desde todos los puntos de vista y supuso la creación del periódico The Guardian of Manchester (después The Guardian), tal fue el impacto popular que tuvo. Pero el modo en que Leigh elige contarlo llama mucho la atención por su maniqueísmo. El guión pinta a una aristocracia de lo más burdo en su esclavización social y moral del pueblo, no hay matices en los abusos, no hay discrepancias razonables, todo es demasiado simplista. Mientras el pueblo es mostrado como una víctima de la pobreza que clama por una justa representación parlamentaria, todos ellos trabajadores bondadosos, las autoridades, el ejército, los eclesiásticos y el rey son retratados por Leigh como simples negreros sin escrúpulos. A esa carencia de equilibrio se suma una forzada, digamos, modernización en los diálogos, la oratoria parece ser un talento natural generalizado entre los personajes y el conjunto se hace demasiado discursivo, lo que sumado al larguísimo metraje –más de dos horas y media– no le hace ningún favor a la película. Por otra parte, es elogiable el aspecto formal de La tragedia de Peterloo. Hay un potente trabajo de reconstrucción histórica en el vestuario y en la puesta en escena, tanto en interiores como en exteriores, aunque quizá sobresale el uso excepcional de la luz y de la planificación en los espacios cerrados, que retrotrae a lienzos pictóricos de la época. El reparto es muy coral, con pocas licencias al lucimiento de los actores, aunque quizá puede mencionarse especialmente el esfuerzo de Rory Kinnear (recordado por el impactante capítulo inicial de la serie Black Mirror) en su papel del histórico orador Henry Hunt.

5/10
Mr. Turner

2014 | Mr. Turner

El director británico Mike Leigh abandona las películas de temática social, género que le ha deparado sus mayores éxitos –Secretos y mentiras, Todo o nada, Un cuento sobre la felicidad, Another Year– para ofrecer el biopic de uno de los mayores artistas ingleses de todos los tiempos: el pintor J.M.W. Turner (1775-1835), célebre exponente del romanticismo, cuyas pinturas, especialmente sus paisajes marinos, son puerta de entrada al mundo del impresionismo. Leigh no hace una biografía al uso, sino que se centra en los últimos años del pintor, cuando éste se ha convertido en una autoridad en materia pictórica y goza de un prestigio extraordinario en la Royal Academy of Art de Londres. Turner fue un tipo peculiar, huraño –y así lo hace notar Leigh en su largo film–, una personalidad extravagante que apenas tenía amigos y que prácticamente sólo se relacionaba con su padre, quien le ayudó en la exposición de sus obras hasta su muerte, hecho que causó una profunda depresión en el pintor. El film incide especialmente en retratar esa faceta excéntrica y menos atractiva de su existencia, la de un hombre solitario, cuyas motivaciones –vitales, artísticas, emocionales– permanecían ignotas para el resto de los mortales. Tampoco la película ilumina esa opacidad, de modo que el guión de Leigh parece sobre todo un intento por desentrañar el sentido de la vida del pintor, pero sólo puede hacerlo a partir de una colección de episodios cuya datación en el tiempo no importa demasiado pues sólo pretenden ofrecer retazos cotidianos del artista, pistas para conocerlo: las leves relaciones con otros pintores, con su penosa sirvienta, con su padre, con una esposa y unas hijas abandonadas, con algunas visitas ilustres, etc., y todo ello en medio de sus idas y venidas en busca de paisajes naturales que inmortalizar en sus lienzos. Especial interés hay en las secuencias relacionadas con la Academia, lugar donde Turner exponía sus obras y en donde se encontraba con otros pintores. Muy relevante es la rivalidad con John Constable –el otro gran pintor inglés de la época–, que Leigh recoge en una sutil pero clarividente escena. También se emplea el director en humanizar en lo que puede al artista –aunque sea levemente–, mostrando su relación amorosa al final de su vida, dando fe de gestos generosos y llamativos altruismos artísticos, e incluso con el casi humorístico pasaje de la fotografía, tan elocuente y profético. Son momentos que se agradecen dentro de un conjunto anímico poco vibrante y para nada complaciente, alejado de tópicos, con un personaje de escaso atractivo externo. Visualmente Mr. Turner ofrece imágenes que están a la altura de la genialidad pictórica de su protagonista. Desde luego Leigh ha puesto aquí toda la carne en el asador y el trabajo de su habitual director de fotografía, Dick Pope, es sencillamente espectacular, un derrocha belleza en el tratamiento de la luz, sempiternamente presente, en contrastes y colores, a lo largo de todo film. Y, por supuesto, el resultado final del film también debe mucho a otra constante de las obras de Leigh, el actor Timothy Spall. Probablemente despacha el mejor trabajo de su carrera, mimetizándose absolutamente en un personaje único, anómalo, que él adopta maravillosamente con esos modales toscos, esa voz de ultratumba, esos gruñidos. 

6/10
Another Year

2010 | Another Year

Primavera, verano, otoño, invierno. Un año más, un año menos. Al ritmo estacional seguimos en las cercanías de Londres al feliz matrimonio que componen Tom, ingeniero geólogo, y Gerri, terapista ocupacional, y sus alrededores: el hijo que no acaba de encontrar novia, la inestable compañera de trabajo de Gerri, el amigo maduro y algo tosco, el hermano que acaba de enviudar. Historias corrientes sobre la familia y la amistad que tienen la virtud de cobrar un valor extraordinario. Con su parte tierna, su regusto de amargura, e inconfundibles señas de autenticidad. El británico Mike Leigh es un auténtico poeta de lo cotidiano, sabe pintar a la gente de la calle, y mostrar sin estridencias sus cualidades y defectos. Aquí tenemos a un reparto maravilloso, que sabe componer bien a un matrimonio bondadoso, aunque a veces se les empuje hasta el límite de su paciencia, estupendos Jim Broadbent y Ruth Sheen. Formidable se muestra también Lesley Manville, su Mary se prestaba al histrionismo, y ella la dota de un equilibrio maravilloso en su desequilibrio. Podríamos jugar a repasar uno a uno cada personaje y de todos extraeríamos valiosas lecciones humanas y de interpretación; bastan unos instantes en pantalla a Karina Fernandez para que la veamos como la nuera ideal, o a Imelda Staunton para saber que la vida acarrea muchas veces toneladas de sufrimiento que nos empeñamos en deglutir en soledad. Hay también acierto en la dirección artística, la paleta de colores que corresponde a cada época del año, y en especial los grises desoladores del invierno que corresponden a la historia luctuosa, donde se atan bien los cabos para indicarnos que, pasado un año, la vida continúa, prometedora e incierta.

8/10
Happy. Un cuento sobre la felicidad

2008 | Happy-Go-Lucky

El encuentro entre dos personajes antitéticos. Poppy es una joven maestra, vitalista y rebosante de optimismo, que exhibe siempre una sonrisa en su rostro. No se trata de que cierre los ojos a las cosas feas de la vida, pero es de las que piensa que el encargado de una librería debería ser atento con los que entran en su establecimiento, y ser capaz de bromear, o al menos de conversar, cualquier rasgo que demuestre que es un ser humano. El robo de su bicicleta, toda una contrariedad, no va a quitarle el buen humor, es la ocasión que aprovecha para apuntarse a una autoescuela, con vistas a obtener el carnet de conducir. Su profesor va a ser Scott, un tipo que sabe hacer su trabajo, pero perpetuamente hosco, y al que irrita sobremanera el modo en que mira la vida su alumna. ¿O no? Mike Leigh escribe y dirige una película muy agradable, enormemente divertida, con personajes muy bien construidos, de modo especial los principales, la formidable Sally Hawkins -premiada como mejor actriz en el Festival de Berlín-, y Eddie Marsan, que debe vérselas con un carácter a priori antipático. Como apunta el título en español, se trata de un “cuento sobre la felicidad”, pues a la postre alcanzar la dicha es el deseo, oculto o manifiesto, de todos los personajes. Acierta el cineasta británico al mostrar que Poppy no es un personaje frívolo, lo que se subraya en su trabajo como maestra, en que presta especial atención a un alumno problemático, y en los momentos en que detecta, en la conducta su profesor de autoescuela, lo que puede haber detrás. La rigidez de Scott puede ser hilarante, pero también patética, y la trama sabe salvar al personaje, no hacerlo antipático gracias a que llegamos a comprenderlo. Al corazón de la historia sabe rodearlo Leigh de buenos personajes secundarios, que sirven para que se exprese mejor la personalidad de Poppy, singularmente su compañera de piso, y el inspector de escuela que la atrae. A destacar las clases de flamenco a que se apunta la protagonista, tronchantes, y una buena manera de subrayar la necesidad de poder contar a alguien los sentimientos más profundos que nos reconcomen por dentro.

7/10

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