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Biografía

Jamie Parker

Jamie Parker

40 años

Jamie Parker

Nació el 14 de Agosto de 1979 en Middlesbrough, Reino Unido
Filmografía
1917

2019 | 1917

La Gran Guerra. En territorio francés, ocupado por los alemanes. El general británico Eninore encomienda a los soldados Schofield y Blake una importante misión. Deben atravesar el territorio enemigo, teóricamente despejado, para entregar a MacKenzie, comandante de otra división, una contraorden: la paralización del ataque que tenía previsto, pues en caso contrario, los mil seiscientos hombres que tiene a su cargo, incluido un hermano de Blake, caerán en una trampa y serán exterminados. En su octavo largometraje como realizador, Sam Mendes parece haber rodado la antítesis de su anterior incursión en la temática bélica. Si Jarhead, el infierno espera, de 2005, retrataba sobre todo a soldados descerebrados, que sólo pensaban en obscenidades y manifestaban poco apego a sus lazos familiares, aquí se recurre a dos protagonistas honrados, y afectuosos, que se convierten en auténticos héroes, pese a que hacer lo correcto a veces vaya en su contra. Como consecuencia, su mensaje en contra de las guerras resulta más sólido, unos jóvenes de buen corazón como sus personajes no merecen estar viviendo un auténtico infierno, pasando continuamente junto a cuerpos destrozados. Inspirado por el recuerdo de su abuelo, al que dedica el film, el propio Mendes ha escrito un guión sin fisuras junto a Krysty Wilson-Cairns –forjada en la serie Penny Dreadful, donde él ejercía como productor ejecutivo– que muestra que la Primera Guerra Mundial fue peor que la Segunda, mucho más recreada por el cine, porque aún se podían ver los ojos de los adversarios. Al estilo de La soga o Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia), el film está rodado en teoría en un único plano-secuencia. Todo indica que se ha hecho un poco de trampa, un par de momentos bien permiten haber cortado (sobre todo el desvanecimiento de uno de los soldados), pero el espectador tiene la sensación de que está viendo una cinta rodada del tirón. De hecho está acreditado como editor nada menos que Lee Smith, habitual asistente de Christopher Nolan en títulos como Dunkerque, otro de los más sobresalientes filmes del género de los últimos años, que esta vez se ha ganado a pulso el título de montador más sigiloso de la historia audiovisual. Habrá ayudado mucho a representar la función casi sin interrupciones la enorme experiencia teatral de Mendes, que triunfó como director de escena antes de pasar al cine con American Beauty, pero aún así impresiona mucho su cinta, porque no transcurre precisamente en un espacio limitado, sus personajes principales recorren toda la trinchera británica, para pasar después a campo abierto, a una aldea de la campiña, etc. Como resultado, el espectador no tiene la sensación de contemplar el relato desde fuera, sino de estar en medio de los acontecimientos, parece que los personajes pueden caminar hacia cualquier punto, y que se saldrán de un decorado, ni dejarán atrás a los extras. Resulta increíble la sincronización de intérpretes para estar siempre en el lugar justo, pero también la de aviones e incluso de ratas, y nada parece calculado, sino casual. También se supera a sí mismo otro ilustre técnico, Roger Deakins, director de fotografía habitual de los hermanos Coen, con el que casi siempre rueda también Mendes, que no sólo logra transmitir claustrofobia cuando la ocasión lo demanda, pues otras veces muestra escenas de masas, por ejemplo una carga de los soldados. En un momento de la historia del cine donde los efectos visuales por ordenador han avanzado tanto que pocas veces se consigue sorprender al espectador, Mendes deja boquiabierto a cualquiera, con más de un fragmento de pericia técnica asombrosa, como la del personaje enterrado entre rocas, el agua, el avión que se estrella, etc., donde no se adivina dónde acaban los gráficos, y empiezan a actuar actores de verdad. Otras veces uno se pregunta cómo habrá conseguido Deakins mover su cámara, para conseguir tomas inauditas. En esta coyuntura, lo tenían muy difícil los jóvenes relativamente desconocidos Dean-Charles Chapman (Juego de tronos) y George MacKay (hijo mayor de Viggo Mortensen en Captain Fantastic) para lograr empatía con sus personajes, apenas descritos, porque se pretende que sean representativos de cualquiera de los combatientes en el trágico conflicto. En caso de fracaso y que al espectador le importase poco lo que les ocurriera, todo el esfuerzo técnico no valdría para nada. Pero aprueban con nota, sobre todo MacKay, que sería un digno ganador del Oscar. Les apoyan actorazos que muestran su carisma, pero en apariciones bastante breves, que casi parecen cameos, como Colin Firth (Eninore), Benedict Cumberbatch (Mackenzie) o Mark Strong (un oficial que ofrece un importante consejo). Si Alfred Hitchcock admitió haber concebido Extraños en un tren a través de la imagen de los espectadores de un partido de tenis, mirando de izquierda a derecha la evolución de la pelota, mientras uno de ellos miraba fijamente a uno de los jugadores, 1917 tiene también un momento icónico. Un pelotón de soldados carga hacia el frente enemigo, al más puro estilo de Senderos de gloria, de Stanley Kubrick, mientras un hombre les atraviesa perpendicularmente, corriendo al otro flanco, necesitado de encontrar a quien les envía a la muerte.

8/10
Van Gogh: Painted with Words

2010 | Van Gogh: Painted with Words

Valkiria

2008 | Valkyrie

África, 1943. El oficial alemán Claus von Stauffenberg es herido en acción de guerra, a resultas de lo cual pierde la mano derecha, varios dedos de la izquierda y un ojo. Ya antes de que ello ocurriera, discrepaba de los planes de Adolf Hitler, que han llevado a Alemania al desastre, además de haber propiciado crímenes abominables. Pero ahora, de vuelta en Berlín, se acentúa su convicción de que resulta preciso actuar, es su deber como soldado, patriota y católico no permanecer con los brazos cruzados. De modo que se aliará con un movimiento conspiratorio para asesinar al Führer, convocar a los reservistas, lanzar el boto de humo de un golpe de estado perpetrado por oficiales de la SS y tomar el control con el nombramiento de un gobierno provisional. Se trata de la Operación Valkiria, que deberá arrancar el 20 de julio de 1944 con un atentado en la Guarida del Lobo, en el cuartel de Ratensburg. Además del coronel von Stauffenberg, que diseña la estrategia de la operación, se encuentran conjurados en el complot el general Friedrich Olbricht, el coronel Albrecht Ritter Mertz von Quirnheim y el general Ludwig Beck, entre otros. Hasta de quince atentados llegó a ser objeto Adolf Hitler, y todos terminaron en fracaso. El cine ha abordado esta oposición interna al líder nacionalsocialista en películas tan apasionantes como Rommel, el zorro del desierto, o La noche de los generales. La incursión de Brian Singer, que ya abordó la temática nazi en Verano de corrupción, adaptación de una obra de Stephen King, resulta harto afortunada. Por un lado, el guión del debutante Nathan Alexander y Christopher McQuarrie -quien ya colaboró con Singer en Sospechosos habituales- es muy fiel a los hechos históricos, que sabe describir sin caer en el embarullo incomprensible, o en la ristra de nombres que ni el espectador más atento sería capaz de retener. La narración posee un dinamismo fantástico, no hay una sola caída de ritmo. Y el suspense acerca de cómo va a discurrir la operación golpista atrapa, ya sea en la preparación del explosivo y en las dudas de los implicados, o por la desinformación acerca del alcance del atentado. Al tiempo, los personajes están muy bien descritos, con rasgos que los humanizan. Tom Cruise compone a un von Stauffenberg resuelto, que sufre por los padecimientos de Alemania, actúa en conciencia y permanece muy unido a su numerosa familia; el actor sabe encarnar su grave determinación, lo que es meritorio en alguien que por sus rasgos tiende a mostrarse risueño. Y se entienden las dudas para entrar en acción de Olbricht o Beck, el pragmatismo cobarde del general Friedrich Fromm, la frustración del general Henning von Tresckow, la confusión del mayor Otto Ernst Remer, o las presiones a que se ve sometido el general Erich Fellgiebel. Si una película merece un premio al conjunto de su reparto es ésta, están perfectamente elegidos y responden Bill Nighy, Terence Stamp, Tom Wilkinson, Kenneth Branagh, Thomas Kretschmann y Eddie Izzard, e incluso los que tienen menor presencia, David Bamber componiendo a Hitler o Harvey Friedman a Goebbels. No sólo estamos ante cine histórico de primera, respaldado por una estupenda recreación de época y la ayuda que supone rodar en escenarios auténticos, como el edificio Blender, sino que Singer se muestra muy inspirado como cineasta. Es fantástica la idea de iniciar el film con von Stauffenberg escribiendo un diario en alemán, y el modo en que se produce la transición de ese idioma al inglés (o a la lengua en que el espectador escuche la cinta). Cinematográfico y sin palabras, muy visual, resulta ver al protagonista en su hogar, mirando a su esposa e hijos, no hace falta decir nada para saber que por ellos debe tomar importantes decisiones; también, casi a renglón seguido, es muy gráfico el momento del bombardeo mientras suena un disco con la música de Wagner, ese vinilo rayado que enlaca con la idea de la operación Valkiria; y las mutilaciones de von Stauffenberg son utilizadas lo justo, con ingenio, ese 'hail, Hitler', o la torpe manipulación de una cartera. Visto el brío vigoroso de Singer en este film no podemos sino hacer votos para que deje para otros los cuentos de superhéroes y él se dedique a contar historias más dramáticas y hondas, tiene talento de sobra para hacerlo.

8/10
History Boys

2006 | The History Boys

Nicholas Hytner obtuvo un enorme prestigio cuando en 1994 adaptó a la gran pantalla la obra teatral La locura del rey Jorge, de Alan Bennett. En 2004, Hytner estrenaba en el Teatro Nacional del Londres History Boys, un nuevo texto de Bennett, basado en sus experiencias estudiantiles, que tuvo un gran éxito. Tras una gira por diversas ciudades de todo el mundo, el montaje recaló en Broadway, donde fue un auténtico bombazo, y ganó seis premios Tony. El propio Hytner decidió rodar la adaptación cinematográfica, con guión de Bennett, utilizando los mismos actores de los escenarios, aprovechando un descanso en las representaciones. La trama se sitúa en los 80, y sigue los pasos de un grupo de alumnos de la misma clase, que están a punto de acabar el curso, en un colegio británico, y se preparan para conseguir una plaza en Oxford o Cambridge, las dos universidades británicas más prestigiosas. Tan elitistas instituciones no sólo seleccionan a los alumnos por sus méritos académicos, sino que también tienen muy en cuenta que dispongan de un cierto ‘saber estar’ que les haga merecedores de ser escogidos. Les ayudan en tan ardua tarea Mrs. Lintott, una profesora muy tradicional, y Hector, un profesor de literatura completamente opuesto por su carácter subversivo. También desempeña la labor docente Irwin, un recién llegado que idolatra la universidad de Oxford, porque él mismo estudió allí, y que también pretende motivar a sus alumnos, señalando con estudiada pose cínica que la mentira es un buen método para abrirse camino en la vida. El film cuenta con brillantes interpretaciones de los jóvenes protagonistas, casi todos con muchas tablas en los escenarios, pero debutantes en el cine. Hytner critica el elitismo de las universidades y colegios británicos y los efectos de la selección universitaria excluyente. Asímismo, es de elogiar en estos tiempos que corren su reivindicación del valor de la lectura, con una escena muy lograda de intercambio entre profesor y alumno, donde sobresalen los trabajos de Richard Griffiths y Samuel Barnett. No obstante, se nota en exceso el origen teatral del film, con escenas que no fluyen con naturalidad, sino que están concebidas para el lucimiento actoral. La homosexualidad de fondo que recorre a tres generaciones -un alumno que dice tener esa inclinación, más otro provocador que está dispuesto a "jugar", junto a un profesor mayor que toquetea a los chicos, y el recién llegado, que intenta disimular-, se diría que tiene una presencia dominante poco creíble por excesiva, hasta el punto de que otros leves apuntes heterosexuales parecen introducidos en un vano intento de lograr cierto equilibrio en la exposición. Pero llama más la atención aún la ausencia de amor en los personajes -sólo el empeño educativo de Hector parece desinteresado, con matices-, casi siempre movidos sólo por el deseo de satisfacer sus egoístas inclinaciones.

5/10

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