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Biografía

Jocelyn Pook

Jocelyn Pook

Jocelyn Pook

Filmografía
La buena esposa

2017 | The Wife

Última década del siglo XX. El escritor estadounidense Joe Castleman aguarda esperanzado, en compañía de su esposa Joan, la comunicación de que le han concedido el Premio Nobel de Literatura. Cuando llega la noticia, el alborozo de ambos es grande, también en el caso de los dos hijos, ya maduros. Pero cuando preparan su marcha a Estocolmo para recibir el galardón, los resentimientos larvados durante largo tiempo se desatan. El director sueco Björn Runge traslada a la pantalla una novela de Meg Wolitzer que se la ve venir de lejos, con su denuncia a la infravaloración de la mujer y la falta de oportunidades para triunfar en un mundo dominado por hombres. No desvelaré, por supuesto, la gran "sorpresa", pero la trama es bastante tradicional, salpicada de flash-backs sobre el modo en que conocieron los esposos, cuando él era un profesor universitario, casado y padre de familia, que sedujo a su aventajada estudiante, que escribía relatos que prometían. Para alimentar la narración, conocemos a un Joe egocéntrico, que sigue siendo un mujeriego, aunque ama de veras a su mujer, y que tiene un hijo aspirante a escritor que se ve eclipsado por su sombra poderosa. Por otro lado, un periodista desea escribir una biografía sobre el autor premiado, lo que supone husmear en los puntos poco claros de la familia Castleman. Película fácil de ver, por su aire clásico, destacan los escenarios auténticos donde suelen tener lugar los actos principales de los Nobel. Los actores están bien, aunque en algún momento se antojen algo impostados, Jonathan Pryce principalmente. Invita a pensar en la famosa frase de que "detrás de todo gran hombre, hay una gran mujer", que en el caso de Joan, muy bien interpretada por Glenn Close, puede ser una afirmación de más calado que el uso tópico que se le suele dar.

5/10
Augustine

2012 | Augustine

Los invisibles

2012 | Les invisibles

Habitación en Roma

2009 | Habitación en Roma

Octavo largometraje del donostiarra Julio Medem, que vuelve a recurrir a Elena Anaya, a la que coloca como protagonista, tras su papel secundario en Lucía y el sexo. La española Alba, de paso por Roma, ha salido a tomar una copa. En un local, se ha sentido atraída por Natasha, una rusa en principio reticente a mantener una relación lésbica, ya que nunca la ha tenido. Finalmente, Alba se lleva a Natasha a la habitación de su hotel, donde comparten lecho hasta el amanecer. Ambas mujeres se van revelando poco a poco detalles de su vida, aunque algunas de las historias que se cuentan son falsas o verdades a medias. Cada una de ellas tiene detrás un trágico suceso que les ha cambiado la vida. En principio, intentan apurar el tiempo que les queda juntas, porque al día siguiente cada una volará a su país, y no volverán a verse. Medem demuestra como es habitual su habilidad para la puesta en escena, pues aunque el film transcurre íntegramente en una habitación, sus imágenes nunca parecen estáticas. También es justo reconocer que es buen director de actores, pues consigue que la película la sostengan en solitario la citada Anaya, y la poco conocida Natasha Yarovenko, una ucraniana muy espontánea. Sólo aparecen otros actores fugazmente, por ejemplo, en un vídeo que muestra a Najwa Nimri con dos niños. También las visita un par de veces un camarero, interpretado por Enrico Lo Verso. En este último caso es un desperdicio contratar al protagonista de Lamerica para un papel que roza el ridículo, pues su presencia se limita a que le piden un consolador por teléfono y les ofrece fruta, y luego intenta aprovechar la situación para acoplarse a la sesión de sexo. A pesar de su talento, y de que rodó la prometedora Vacas, con el paso de los años, Medem no consigue encontrar qué contar. Sus protagonistas resultan artificiosas, sobre todo porque los detalles que cuentan sobre ellas son surrealistas, y sus conflictos carecen de interés. No evolucionan, y aunque se toman el encuentro sexual como si fuera lo más importante que les ha ocurrido en sus vacuas vidas, lo cierto es que desde fuera todo se antoja como un anecdótico arrebato de lujuria.

3/10
Brick Lane

2007 | Brick Lane

La historia de Nazneen, una joven de Bangladesh, cuyo matrimonio es concertado con un paisano que vive en Londres tras la muerte de su madre, lo que le obliga a separarse de su hermana. El marido “adjudicado” parece ingenuo y simplón, no es lo que una sensibilidad romántica anhelaría, pero Nazneen tiene con él dos hijas, mientras que la correspondencia fraterna le empuja a desear algo mejor; y ese algo mejor podría tener la forma del joven que le trae prendas para coser. A partir de aquí, uno podría pensar que la cosa deriva simplemente hacia un vulgar adulterio, pero la directora Sarah Gavron, que adopta una novela de Monica Ali, sabe dar algunos quiebros de interés, las cosas no son exactamente lo que parecen. Con cámara firme y fotografía preciosista, una referencia de la película es Breve encuentro de David Lean, cuyas imágenes aparecen en cierto momento en un televisor. Pero también hacen presencia el feminismo, el islamismo radical y el peligro de la intolerancia, elementos trabados con bastante inteligencia. Hay que aplaudir el equilibro entre los elementos dramáticos y los humorísticos, y el apunte de cómo ante los lances amorosos y las pasiones recién descubiertas, hay a veces valores más importantes que resulta necesario salvaguardar.

7/10
Caótica Ana

2007 | Caótica Ana

Ana vive con su padre en una cueva en Ibiza. La joven es pintora, y ambos viven con un estilo algo hippy. Justine, una extranjera, advierte el talento de Ana, y le ofrece trasladarse a Madrid, donde apadrina una especie de comuna donde se forman jóvenes artistas. Aunque le cuesta separarse de su progenitor va para allá. Allí conoce a Said, un sarahui muy especial, que estudia cinco carreras nada menos... Y comienza a tener unas extrañas experiencias, que gracias a unas sesiones de hipnosis, se revelan como sucesos vividos en existencias pasadas. El guión se estructura como una cuenta atrás, semejante a la usada en las sesiones de hipnotismo, y la entera narración adopta un tono de que se está abordando algo muy, pero que muy importante. Y la pregunta que surge es: ¿Hay que tomarse en serio la película de Julio Medem? Él parece ponerse muy circunspecto a la hora de hablar de vida y biología, de moléculas y genes que portan la historia de nuestros antepasados, de pueblos que sufren (el sarahui y los nativoamericanos), de guerra y paz... Pero todo ese componente seudomístico, mitológico, esotérico o como se le quiera llamar, traspasa en demasiadas ocasiones la frontera de lo ridículo. Ya decía Chesterton que cuando se deja de creer en Dios, se acaba creyendo en cualquier cosa... Se nos quiere pintar a Ana –que toma el nombre y algunos rasgos de la hermana del director, fallecida en accidente de tráfico– como un espíritu libre, una "diosa" representante de no sé qué eterno femenino. Hay muchos brochazos que al formar parte del espíritu creativo de la comuna, no sabe uno si tomarlos como declaraciones de Medem, o patochadas (con perdón) de los aspirantes a artistas. El film da bandazos (esa definición de la amiga de Ana, de gran 'sutileza' antropológica, de que "los hombres son todos unos violadores, y las mujeres unas putas"), su grandilocuencia pedante resulta excesiva incluso para el espectador más indulgente. La visión del amor es pobre, y la insistencia en el erotismo sigue la estela de Lucía y el sexo. Luego está "la gran cagada" (dicho con ánimo puramente descriptivo, no peyorativo) en la risible puya contra la guerra, de la que, ya se sabe, tienen la culpa los yanquis, faltaría más. De este modo Medem ejecuta una nueva incursión en el terreno político, como hiciera en La pelota vasca, aunque esta vez en el terreno de la ficción. ¿Qué queda al final? Poco más que el envoltorio. Hay un inteligente uso de las cámaras de vídeo de alta definición, utilizada en distintas partes del globo. Medem usa una Sony HD 950 que da una buena calidad de imagen, y que sin duda habrá abaratado el rodaje. Y destaca la desconocida Manuela Vellés, que con su aire risueño e ingenuo ayuda a que la "caótica" Ana sea un poco menos caótica.

4/10
Heidi (2005)

2005 | Heidi

Adaptación de la novela de Johanna Spyri, en que la niña Heidi se traslada a vivir a las montañas con su huraño abuelo. Allí hará migas con el pastor de su edad Pedro, y la niña paralítica Clara, aunque le produce temor reverencia la señorita Rottenmeier. Desde luego en esta adaptación destacan dos pesos pesados de la interpretación, Max von Sydow, el abuelo, y Geraldine Chaplin, la señorita Rottenmeier.

5/10
El mercader de Venecia

2004 | The Merchant of Venice

Para poder casarse, el joven Bassanio necesita dinero. Lo consigue gracias a su amigo Antonio, que pide un préstamo al usurero judío Shylock. Como éste no le guarda mucha simpatía, accede a darle la cantidad solicitada, pero con la condición de que si se demora en el pago, deberá darle una libra de carne de su propio cuerpo, del lugar que él señale. A pesar de esta condición demencial y abusiva Antonio acepta, pues es sobradamente solvente. No cuenta con el naufragio de uno de sus barcos. Aunque existen muchas versiones televisivas de la inmortal obra de Shakespeare sobre la codicia, y en la escena ha sido requeterrepresentada, faltaba una película de altura basada en "El mercader de Venecia". Dados además los tiempos políticamente correctos que corren, filmar una historia cuyo villano protagonista es un judío sin corazón, supone el riesgo de dar pábulo a la acusación de antisemita. Pues bien, el británico Michael Radford –1984, El cartero (y Pablo Neruda)– viene a llenar con brillantez la mencionada laguna. Eso sí, se cura en salud suavizando la terquedad de Shilock a la hora de mostrar su rechazo a la boda de su única hija con un cristiano, o al insistir en cobrar los intereses de la singular deuda. Estas opciones funcionan bien, y a nuestro entender sobraba ese prólogo vergonzante que trata de explicar por qué el malo de la peli es judío, echando gran parte de la culpa a la Iglesia católica. Además del formidable esfuerzo por recrear la Venecia del siglo XVI, el film es lo que es gracias al magnífico texto del bardo inglés, a una dirección que no trata de llamar demasiado la atención, y al trabajo de un fantástico reparto, donde los rostros más populares corresponden a ‘los chicos’, o sea, Al Pacino, Jeremy Irons y Joseph Fiennes.

6/10
La resurrección de los muertos

2004 | Les revenants

Un buen día (o malo, según se mire) los muertos más recientes vuelven a la vida. Así que abandonan sus nichos en los cementerios y marchan a los lugares donde se desarrolló su vida. Ocurre en todo el mundo y ni científicos ni teólogos saben explicar el fenómenos. Como es natural, los seres queridos de los resucitados se ven embargados de sentimientos contradictorios pues en algún caso ya se habían hecho a la pérdida, y existe además el miedo a una segunda muerte. El inquietante film es la ‘opera prima’ del francés Robin Campillo.

4/10
El empleo del tiempo

2001 | L' Emploi du temps

Vincent es un hombre de mediana edad que tiene una familia y que trabaja como asesor, por lo que contínuamente tiene reuniones de trabajo y debe ir y venir. Pero Vincent, en realidad, lleva años engañando a los suyos porque le despidieron hace mucho tiempo de su empleo y no ha sido capaz de contarlo. Mediante trapicheos va saliendo adelante pero el engaño y la mentira le conducirá a una espiral de la que no sabe salir. La historia se basa en los hechos reales que rodearon la vida de un tal Jean-Claude Romand en 1993. Laurent Cantet dirige un drama oscuro y angustioso de un hombre que construye una realidad fingida de cara a los demás y el miedo a ser descubierto le atormenta cada día más. Los protagonistas son solventes y Cantet recibió un galardón en el Festival de Venecia de 2001. En 2002, José Coronado protagonizó con éxito la versión española en La vida de nadie.

6/10
The Sight

2000 | The Sight

Michael Lewis, joven arquitecto estadounidense que restaura un viejo hotel en Londres, sufre estremecedoras visiones y pesadillas terroríficas. Un día atropella accidentalmente a una anciana, que antes de morir pronuncia su nombre. A partir de ese momento, el espectro de la mujer se le aparecerá para pedirle ayuda en una curiosa tarea. Se trata de atrapar a un asesino en serie, para que las almas de sus víctimas puedan descansar. Paul W.S. Anderson, director de Resident Evil, rodó para la pequeña pantalla esta mezcla entre thriller y cine fantástico, de sorprendente desarrollo.

3/10
Eyes Wide Shut

1999 | Eyes Wide Shut

William y Alice. Dr. Harford y señora. Lo tienen todo (belleza, riquezas, trabajo, posición, una hija encantadora…) y no tienen nada (la rutina preside sus vidas, no hay confianza mutua…). En un momento de “lucidez” (propiciada por un porro), Alice confiesa a su esposo una fantasía erótica con otro hombre, que le dominó meses atrás. Esa inesperada revelación provoca en William una mezcla de celos, despecho y sentimientos reprimidos, que le empuja a una espiral de juegos eróticos cada vez más peligrosos. Stanley Kubrick realizador resulta siempre deslumbrante. Su detallismo, rayano en lo obsesivo, da sus frutos en la perfecta puesta en escena. La elección del reparto es acertada: además de un esforzado Tom Cruise, están bien Nicole Kidman y un estupendo Sydney Pollack, el personaje más detestable de la historia. En cuanto a estructura, quizá el perfeccionista director habría pulido más su film si la muerte no le hubiera sorprendido. Sea como fuere el film arranca con lentitud, y no acaba de encontrar del todo su senda hasta que se adentra en el terreno del thriller. Ahí seguimos a Cruise en su fascinación por una orgía muy exclusiva, a la que acuden enmascarados personajes poderosos. Kidman ha asegurado que “no necesité leer el guión. No me importaba en qué consistía la historia. Lo que deseaba era trabajar con Kubrick.” Mientras que su esposo, Cruise, dice que “Stanley no era lo que nadie se esperaba. Era una persona muy abierta.”

6/10

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