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Biografía

Norah Jones

Norah Jones

41 años

Norah Jones

Nació el 30 de Marzo de 1979 en Nueva York, EE.UU.
Filmografía
Ted

2012 | Ted

John Bennett es un chaval sin amigos allá por los años 80, del que todos los chicos de su edad se burlan. Una Navidad recibe como regalo a Ted, un osito de peluche que para su sorpresa, cobra vida cuando pide ante una estrella fugaz el deseo de un amigo. Tras el lógico revuelo entre la opinión pública por tan extraordinario suceso, pasan los años y la gente se acostumbra. John y Ted siguen siendo grandes amigos, eternos adolescentes incapaces de madurar, verdaderos friquis con apegos tan sorprendentes como el de la película ochentera Flash Gordon. Y aunque John tiene novia, la encantadora Lori, no acaba de comprometerse, el ganduleo y la diversión junto a Ted le producen verdadera adicción. El creador de las series de televisión animadas e iconoclastas Padre de familia y Padre Made In USA Seth MacFarlane debuta en la dirección de un largo con actores de carne y hueso, Ted, donde él mismo pone voz al osito coprotagonista junto a Mark Wahlberg, Santi Millán en la versión española. También es coguionista junto a Alec Sulkin y Wellesley Wild, compañeros de fatigas en las gamberras series citadas. Ted tiene un arranque ciertamente original, que golpea estereotipos de cuentos navideños con un humor ácido y corrosivo, pero también con las gotas justas de emotividad para hacerlo entrañable. La idea de usar un osito encantador para darle la vuelta a su imagen no es del todo nueva –vienen a la cabeza el gamberro extraterrestre de Paul, la marioneta de Mel Gibson en El castor e incluso otro oso, el de Toy Story 3–, pero MacFarlane la usa con eficacia, manejando bien los cambios de tono. Y acumula gags divertidos, guiños para fans acérrimos de películas e iconos varios de la cultura pop. Pero agotan las cansinas bromas groseras y carentes de cualquier sentido crítico, que quieren “celebrar” la diversión sexual sin freno o el consumo de marihuana. Le pasa a esta película lo que a Algo pasa con Mary, título de los hermanos Farrelly del que se entiende su popularidad, aunque a una y otro les falla el autocontrol de las grandes comedias –muy medidas y sólo aparentemente sin control–, que podía hacerlos verdaderamente memorables.

5/10
My Blueberry Nights

2007 | My Blueberry Nights

Maravilloso film del director Wong Kar Wai, quien había puesto muy alto el listón tras sus anteriores trabajos, las películas que conforman su díptico Deseando amar (In the Mood for Love) y 2046. Tres años después de cerrar la historia de amor imposible entre el escritor Chow y la bella Su Li-Zhen, narrada con una sensibilidad poco común, el cineasta hongkonés entrega su primera producción norteamericana, en lo referente a las localizaciones de rodaje y al reparto artístico, que reúne a unos cuantos actores de renombre internacional. Pero si la cosa es novedosa en esos aspectos, en otros –en el principal– el trabajo de Kar Wai permanece inalterable, pues vuelve a hablarnos de amor: de su insaciable búsqueda por parte del ser humano, de las dificultades para retenerlo, del dolor de la pérdida, de su recuerdo... Romanticismo en estado puro. El guión narra tres historias que se articulan en torno a un personaje principal: Elizabeth. Ésta, una joven veinteañera, llega desolada un noche a una cafetería de Nueva York. Su novio la ha abandonado por otra mujer, y ella lleva consigo las llaves de un piso al que ya no está invitada... La chica regresará otras noches al local, y allí el dueño, Jeremy, le hará compañía y le contará que hay muchas otras llaves extraviadas allí, cada una con su pequeña historia de amor... Al fin, para salir de su tristeza, Elizabeth se lanza a un viaje en solitario por Estados Unidos, un itinerario sin destino fijo que acabará llevándola hasta Memphis (Tennessee) y Las Vegas (Nevada). Y en esos lugares conocerá a hombres y mujeres que sufren, ríen y viven sus propias historias de amor y buscan, como todos, la felicidad. Estamos ante una película extraordinaria. Sin paliativos. Es muy reconfortante que la mirada de Wong Kar Wai siga siendo la de un joven cuando habla del amor, la de un joven experimentado eso sí, nada pueril, pero también la de un hombre lleno de esperanza y sin pizca de cinismo, la de alguien que aún cree de verdad que el corazón de las personas está hecho para amar, para darse y para recibir amor, por muy mezquinos que sean los sentimientos que podamos albergar. Hay una ternura grandiosa cuando el cineasta habla de sus personajes, comprende sus anhelos y así los quiere, y después logra el milagro de que el espectador sienta exactamente lo mismo por ellos. Y esta vez, en la mirada de Kar Wai hay menos amargura que otras veces y sí un amplio panorama lleno de esperanza. Gran parte del mérito final de esta peculiar "road movie" está en el fantástico reparto. Sorprende increíblemente el debut de la cantante Norah Jones, que interpreta admirablemente a la bondadosa y tierna protagonista. Pero todos están perfectos, con atención especial para la pareja formada por David Strathairn y Rachel Weisz. Pero Kar Wai sigue fiel a su mirada y a esas constantes antes mencionadas: el recuerdo amoroso –“vine para recordar lo que sentí entonces”–, el paso del tiempo, externo e interno... Se permite incluso el capricho de introducir un par de veces los acordes de "Yumeji's Theme", la música compuesta por Shigeru Umebayashi e inmortalizada en Deseando amar… También demuestra el cineasta oriental, autor de todos sus guiones, que sigue siendo un consumado escritor… “Esto sabe verdaderamente horrible, ¿pero acaso la gente bebe por el sabor? Ponme otra”, dice un atormentado personaje tras tomar de un trago una copa de vodka. ¡Y cómo le gusta jugar a las palabras, a su significado oculto! Ya sólo el título es un buen ejemplo, entre otros muchos. Capítulo aparte merece la belleza estética de la película. Muy pocas veces se puede encontrar en una pantalla de cine una colección de imágenes tan expresivas, tan luminosas, tan perfectas. Wong Kar Wai hace magia con ellas y transforma los sentimientos en colores, con esos tonos rojos tan absorbentes, que convierten muchos de los encuadres en postales de un preciosismo fabuloso. Y, como siempre, la música –un elenco muy agradable de canciones– tiene vital importancia y la compenetración sonido-imagen es perfecta. Es posible que alguien pueda criticar este aspecto del film y también achacar a este tratamiento formal una importancia excesiva y artificial, o quizá como causa de cierta ralentización del ritmo narrativo. Podría ser, pero en todo caso sólo serían reproches mínimos en un conjunto absolutamente delicioso.

8/10

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