Ronald Colman
67 años ()Premios: Oscar (1 premio y 3 nominaciones) Ver más
Y la voz habló
Desde luego Ronald Colman fue un actor total. Teatro, cine mudo, cine sonoro, radio y televisión. Tuvo un Oscar en su estantería, inauguró el Paseo de la Fama con su estrella y su voz radió el Desembarco de Normandía el famoso día D. Más que “horizontes perdidos”, los suyos fueron “horizontes encontrados”.
Ronald Charles Colman nació en el seno de una familia numerosa inglesa en Richmond, en 1891. Ya en el internado donde estudió descubrió que pese a su timidez, le encantaba actuar en los escenarios, en las obras de teatro que allí representaban. Como tenía buena cabeza, se planteó formarse como ingeniero, pero la repentina muerte de su padre truncó los planes, no podía costearse los estudios. En cambio continuó con su afición actoral, integrándose en la West Middlesex Dramatic Society siendo todavía un adolescente. Hizo al parecer su primera actuación profesional en 1914, pero ese mismo año estallaba la Primera Guerra Mundial y fue movilizado. Y es que ya en 1909 se había alistado en el Regimiento Escocés de Londres y formaba parte de la Fuerza Territorial. Enviado a Francia en septiembre del mismo 1914, participó en la batalla de Messines, donde fue herido en el tobillo por culpa de la metralla, lo que le dejaría para siempre una ligera cojera, aunque también le valió una condecoración, y quedar descartado para seguir en el servicio activo. En cambio pudo seguir dedicándose el teatro durante la guerra, y pasearse por los escenarios londinenses del Coliseum y el Playhouse, y en 1918 hacer una gira por todo Reino Unido. Luego tocaba cruzar el charco y hacer teatro en Estados Unidos, en Nueva York, lo que pudo hacer a partir de 1920, con obras de Robert Warwick y Fay Bainter.
Resulta importante subrayar la carrera de Colman en el teatro, pues allí ya destacaba su buena voz. De modo que aunque hizo filmes mudos, primero en Reino Unido y luego en Estados Unidos, lo suyo no sólo era simple buena presencia, o dar en pantalla, el actor “hablaba”, y además su timbre, como pudo comprobarse cuando llegó el sonoro, era poderoso y único, de modo que no se produciría el trauma de otros de sus colegas fílmicos, que no sobrevivieron a los avances tecnológicos.
La primera película importante de Colman fue La hermana blanca (1923), con dirección de Henry King y pareja femenina superestelar, nada menos que Lillian Gish. Entre sus filmes mudos se pueden citar El abanico de Lady Windermere (1925), según la obra de Oscar Wilde, o la cinta de aventuras Beau Geste (1926). Y se convertiría en pareja fílmica de moda con la húngara Vilma Bánky en títulos como La llama mágica y Venganza gitana, de 1927. Destacaba su pelo moreno, el bigotillo delgado característico, que incluso pasó al habla popular como un “ronnie”, y su porte atlético.
El productor Samuel Goldwyn estuvo detrás de El capitán Drummond (1929) –primera nominación al Oscar del actor, conjunta con su film Condenado–, Raffles (1930) y El doctor Arrowsmith (1931), esta última dirigida por John Ford. Aunque el actor no se llevó bien con Ford en el rodaje, Sinclair Lewis, el autor adaptado, escribió a Colman para agradecerle su trabajo, asegurando que “cristalizó cuanto traté de introducir en la novela”. La década de 1930 le dio muchas alegrías, convirtiéndose en rostro habitual del cine de aventuras y adaptaciones literarias del género, pudiéndosele ver y oír en la dickensiana Historia de dos ciudades y El conquistador de la India en 1935, en el doble papel protagonista de El prisionero de Zenda, y en Horizontes perdidos, de 1937, que partía de la novela de James Hilton. Frank Capra aseguraba a propósito de este film que “si el Gran Lama hubiera sido capaz de recorrer el mundo entero en busca de un hombre que transmitiera su visión de Shangri-La, hubiera seleccionado a Ronald Colman”. Y añadía: “Agraciado de rostro y alma, sensible a lo frágil y a lo gentil, receptivo tanto a las visiones poéticas como el duro intelecto, el culto actor Ronald Colman había nacido para interpretar al secuestrado secretario de asuntos exteriores que 'comprendía' su secuestro.”
En la década de los 40 sus interpretaciones son aún más maduras si cabe. En 1942 entrega Niebla en el pasado, donde nos convence de su amnesia, y también a las órdenes de George Stevens protagoniza una comedia deliciosa, El asunto del día. Su conocimiento del mundo del teatro pudo aprovecharlo en Doble vida, que le dio el Oscar, su rol de actor obsesionado con el Otelo shakespeareano a las órdenes de George Cukor era oro puro; también brilló ese mismo año 1947 volviendo a la comedia con El mundo de George Apley, un estupendo film dirigido por Joseph L. Mankiewicz.
Cuando alguien triunfa en cine, es habitual que ahí quiera quedarse. Pero Colman destacó en la radio y dedicó a este medio enormes esfuerzos. La cosa arrancó durante la Segunda Guerra Mundial, era su contribución a la causa participar en programas de la CBS que ayudaban a la diplomacia cultural de la época y al entretenimiento. De modo que retransmitió el desembarco de los aliados en Normandía el 6 de junio de 1944. Su voz alabada en la Enciclopedia Británica no dejaría de escucharse a través de las ondas. Tras apariciones como invitado en “The Jack Benny Program” con su segunda mujer, la actriz Benita Hume –según Capra “la pareja más apuesta de Hollywood”, hasta 1934 Colman había estado casado con Thelma Raye–, aquello desembocó en su propio show radiofónico, “The Halls of Ivy”, emitido en NBC radio entre 1950 y 1952; en él, en tono de comedia, interpretaban a un matrimonio formado por el presidente de un college estadounidense y una antigua actriz. El programa pasaría luego a ser televisivo en la CBS, los años 1954 y 1955.
Quizá por ser algo retraído, al actor nunca le agradó la fama. Decía de ella que “me ha robado la libertad encerrándome en la cárcel, y el hecho de que los muros de la prisión sean dorados y la llave que me encierra sea de oro no lo hace más tolerable”. Ronald Colman murió bastante joven, con 67 años. En 1957 le habían operado por una infección en el pulmón, dolencia que desembocó en 1958 en un enfisema que le provocó la muerte. Con Benita Hume tuvo una única hija, Juliet, que escribiría en 1975 una biografía de su padre, “Ronald Colman: A Very Private Person”. Tras el fallecimiento del actor, Benita se casó con otro actor, George Sanders, quien curiosamente sustituyó al desaparecido Colman en El pueblo de los malditos (1960).
Premios
1 premio
- Actor principal Doble vida
1 nominación
- Actor principal Niebla en el pasado
2 nominaciones
- Actor principal Condenado (1929)
- Actor principal El capitán Drummond
