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Pan de limón con semillas de amapola
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Pan de limón con semillas de amapola

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Reparto

Sinopsis oficial

En Valldemossa, un pequeño pueblo del interior de Mallorca, Anna y Marina, dos hermanas que fueron separadas en su adolescencia, se encuentran de nuevo para vender una panadería que han heredado de una misteriosa mujer a la que creen no conocer. Las hermanas son dos mujeres con vidas muy diferentes. Anna apenas ha salido de la isla y sigue casada con un hombre al que ya no ama. Marina viaja por el mundo trabajando como doctora para una ONG.

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Crítica Pan de limón con semillas de amapola (2021)

Historia de dos hermanas

Historia de dos hermanas

Tras asistir en el parto de una mujer etíope, en el que ésta muere, la ginecóloga que ejerce como cooperante Marina regresa a Valdemossa, su pueblo natal del interior de Mallorca, donde se reunirá con su hermana, Anna, una mujer con problemas económicos, a la que le gusta presumir de clase social alta, pero infeliz en su matrimonio, con una hija adolescente conflictiva. Marina y Anna han heredado por misteriosas razones un porcentaje de una panadería, cuya propietaria gustaba de preparar una vez al año un pan muy especial, con el que obsequiaba a sus clientes.

Benito Zambrano debutó a lo grande con Solas, y aunque después había mantenido un alto nivel de calidad nunca alcanzaba ni de lejos la misma altura. Casi lo consigue –lo que dice bastante– con esta adaptación de la novela gastronómica de Cristina Campos, donde se diría que el sevillano vuelve a torear en casa, pues recupera los temas que se notaban tan sentidos en su ópera prima, quizás lo mejor que ha dado el cine español en las últimas décadas: la maternidad y la masculinidad tóxica. Él mismo ha coescrito el guión con la autora del libro.

Se le puede reprochar en esta ocasión al cineasta que a veces está a punto de caer en la cursilería –esa necesidad de los personajes de decirse que se quieren cuando no hace falta, una difunta que pide que sus cenizas se esparzan sobre un campo de amapolas, etc.–, pero el realizador también hace gala en otros momentos de su enorme capacidad para conmover al respetable, con tres o cuatro escenas que ponen los pelos de punta. También que –al igual que en el material original– se apunta a demasiadas reivindicaciones, algunas loables, sobre todo la igualdad de la mujer, pero también la denuncia de la desigualdad en el Tercer Mundo, y otras más dudosas, como la marihuana y de forma bastante discutible –el gran ‘pero’ del film– la eutanasia. En cualquier caso, introduce todas estas demandas con una humanidad notable, y resulta elogioso que pese a declararse rotundamente de izquierdas, no tenga reparos a la hora de humanizar el orfanato en el que transcurre gran parte de la acción, recurriendo a que lo regentan unas monjas, cuando éstas no aparecían en el libro.

De nuevo Benito Zambrano apuesta por un reparto de rostros casi desconocidos, en lugar de decantarse por estrellas. Y por los resultados se merece un sobresaliente. Elia Galera (El Cid) sostiene a las mil maravillas el papel protagonista, Marina, pero no le va a la zaga ni mucho menos Eva Martín (Dolor y gloria), en la piel de Anna. Ambos personajes tienen un enorme arco de evolución. La guinda del pastel la ponen las secundarias, en especial Claudia Faci (hasta ahora en pequeños papeles, por ejemplo en Hospital Central), toda una revelación (y un descubrimiento sólo comparable al de María Galiana) como Catalina, la panadera gruñona de acento mallorquín obstinada en no desvelar el secreto que ocultaba su patrona y amiga, ahora fallecida. También tiene un papel destacado como vecina argentina la ilustre Marilú Marini, gran dama de la escena bonaerense, con una larga trayectoria a sus espaldas. Quizás no llegan a ese nivel, pero tienen su mérito, el debutante Tommy Schlesser, que otorga gran humanidad a Mathias –novio de Marina–, la joven Mariona Pagès (La vida sin Sara Amat) a quien le ha correspondido convertirse en Anita, hija de Anna, y hasta Pere Arquillué (En la ciudad) que sale airoso el papel más ingrato, un marido terrorífico que recuerda al padre y al novio camionero de Ana Fernández en Solas, aunque aquí se le ha dado un mínimo reducto de redención.

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