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El Cid
5 /10 decine21
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Sinopsis oficial

La historia del hombre detrás de la leyenda. Nos sumergimos junto a “Ruy” en un épico viaje, de niño a héroe de guerra. Mientras intenta encontrar su lugar dentro de la compleja monarquía que intenta controlarlo. A lo largo de la serie, el espectador recorrerá una de las épocas más fascinantes de nuestra historia, explorando las diversas culturas que coexistieron en España, incluyendo cristianos, árabes y judíos; y descubrirá cómo Ruy pudo ganarse la admiración y el respeto de todos ellos.

5 /10 decine21

Crítica

El héroe legendario

El héroe legendario

Ambiciosa serie española sobre uno de los más célebres héroes de la historia de España, Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador (1048-1099). Producido por ZEBRA y distribuido por Amazon Prime Video, El Cid de una superproducción como pocas veces ha habido en España, a la altura de su protagonista, un personaje gigantesco cuyo carisma y liderazgo se hizo, por un lado, respetar por los árabes y, por otro, le supuso el enfrentamiento con reyes cristianos, hasta ser el punto de ser desterrado de su propia tierra. Su aura de leyenda se hace además poco accesible debido al velo que hay sobre sus hazañas y su época. Afrontar una serie de este tipo, tiene por tanto sus riesgos y aquí efectivamente ha habido sus luces y sus sombras.

La primera temporada, de todas formas, es sólo un primer acercamiento al personaje, puesto que trata de los años en que el joven Ruy entra como paje al servicio del infante Sancho, hijo del rey Fernando I, monarca de León y Castilla. Es la época en que los reinos de taifas han proliferado en la península ibérica tras la desmembración del Califato de Córdoba y los reinos cristianos se reparten en tres coronas independientes: León y Castilla, Navarra y Aragón. Es el siglo XI una época de guerras y enfrentamientos continuos, en donde las tres grandes religiones monoteístas conviven en inestable equilibrio. Ruy tendrá que ganarse el favor de Sancho, que pronto le nombrará escudero, y será testigo de una conspiración para matar al rey.

Creada por Luis Arranz y José Velasco, la serie narra hechos con visos de realidad, aunque se trata evidentemente de pura ficción. Ni siquiera el “Cantar de Mío Cid”, el texto más relevante sobre el protagonista, ha sido utilizado en esta temporada, ya que en dicho poema se cuentan sucesos muy posteriores. Y es en el guión precisamente donde la serie hace aguas. El problema es que en esa supuesta época de caballeros y honor apenas se nos muestra algún personaje ejemplar. Esa falta de equilibrio distancia la serie de otras similares, como, por ejemplo, Isabel o Carlos, rey emperador. Aquí no hay nadie virtuoso y se pinta la corte como el tópico hervidero de intrigas, un caldo de traiciones, mentiras, parricidios, envidias y odios. Hay hasta insinuaciones de atracción incestuosa entre príncipes. Estas cosas pudieron ser así, claro, hay habladurías y rumores sobre ello, pero es indudable que la aventura y la épica del conjunto se resienten. Nada que ver con El Cid de Charlton Heston.

Ni siquiera Ruy se salva de la quema. Su carácter vehemente y su porte bravucón no acaban de hacer justicia a la leyenda. Y aunque se agradecen las muestras de honor y valentía, a veces desdice su comportamiento, sobre todo en una larguísima escena de desfogue sexual. Es uno entre los muchos momentos de sensualidad que presenta la serie. En el guión hay además otros sesgos que se adhieren al trivial oscurantismo medieval. El obispo de León es pintado como un personaje odioso, traidor e inmoral, con una perpetua y soberbia expresión de insolencia que resulta repulsiva. Y en ese enfoque antirreligioso, tan al albur de la leyenda negra, sirve como muestra la escena de la penitencia del rey. Los hechos históricos se tuercen hasta convertirlos en algo sucio e indecoroso, al igual que su deseo de perdón chirría en su patetismo.

El Cid está rodada con bastante oficio, con pericia incluso, como se ve en la brillante secuencia de la justa, por ejemplo. El setenta por ciento de la filmación tuvo lugar en exteriores y aquí es donde se aprecia el poder de la producción, con numerosísimos figurantes. Impresionante resulta la Batalla de Graus, donde debido al realismo de algunos enfrentamientos los puntuales ramalazos de sangrienta violencia pueden resultar excesivos. También hay veracidad en la ambientación de castillos y estancias, aunque quizá el lenguaje sea en ocasiones demasiado anacrónico (un moderno “joder, joder” pronunciado por el protagonista no deja de resultar extraño).

En cuanto al reparto, el actor Jaime Lorente (La casa de papel) transmite una enorme intensidad y pone un empeño meritorio en encarnar al Cid, aunque fisonómicamente no parece el más apropiado por su estatura, también porque le falta presencia. Sobresalen sin duda las composiciones de la intrigante infanta Urraca, interpretada con magnetismo feminista por Alicia Sanz, y del siempre veraz José Luis García Pérez, aquí en la piel de Fernando I. Importantes secundarios como Elia Galera (la reina Sancha), Carlos Bardem (el conde Flaín), Lucía Guerrero (Jimena) o Francisco Ortiz (el infante Sancho) están muy correctos.

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