André De Toth
89 años ()Premios: Oscar (1 nominación) Ver más
Ojo de lince
Talento europeo que acaba recalando en Hollywood. Con un solo ojo hizo una película en 3D. André De Toth es uno de esos cineastas todoterreno, con un magnífico sentido de lo visual, que supo brillar en el western y el cine negro trasladando a la pantalla historias muy poderosas.
No resulta fácil decir cuál es el nombre original de este gran director, en el imperio austrohúngaro en el que nació, en 1913, en vísperas de la Primera Guerra Mundial, pero una de las formas más aceptadas de mostrarlo es la de Tóth Endre Antal Mihály. Y como es natural buscaría una denominación más artística cuando empezó a dedicarse al cine, quedando la cosa en André De Toth.
De familia acomodada, De Toth estudió derecho en la Universidad Eötvös Loránd de Budapest. A pesar de esta formación, pronto se inclinó por el arte y el cine, comenzando su carrera como guionista y asistente de dirección en la industria cinematográfica húngara. A mediados de los años 30, trabajó en el cine europeo como asistente de dirección y luego como director en varios países, incluyendo su Hungría natal –allí hizo en 1939 Toprini nász, una comedia musical ligera, y Két lány az utcán, drama que reflejaba la creciente tensión política en Europa, se adivinaba una nueva guerra mundial– y el Reino Unido. En este último país su compatriota Alexander Korda sería uno de su valedores.
En 1942 parte a Hollywood con un contrato oral con Columbia que le traerá quebraderos de cabeza y litigios, a partir de ese momento preferirá trabajar como independiente. Colaboró con directores de la categoría de John Huston y David Lean, antes de labrarse un nombre propio. Y formaría parte del DGA, el Sindicato de Directores desde 1941, allí Jeremy Kagan le haría una apasionante entrevista sobre toda su carrera, maravilloso legado, pues el director moriría en 2002 debido a un aneurisma, con 89 años.
Admiraba a John Ford, de quien decía “sabía lo que quería y lo hacía, yo respeto a alguien que actúe así, incluso si lo que hiciera fuera una mierda”, lo que aquí claro está, no era el caso. También le gustaba su compatriota Michael Curtiz, a pesar de su difícil carácter. Ford fue quien le hizo descubrir el western, género que le dio alegrías y varios títulos notables, entre otros La mujer de fuego (1947) –con elementos de cine negro y Veronica Lake, por entonces su esposa, tuvo 7, que le dieron 4 hijos–, El pistolero (era guionista y logró su única nominación al Oscar), Lucha a muerte (1951), El honor del capitán Lex y Carson City (1952), La última patrulla (1953), El cazador de recompensas (1954) y Pacto de honor (1955), con un extraordinario Kirk Douglas.
De un guión De Toth aseguraba que valoraba “la complejidad de las personas en su interior. Eso era básicamente el valor. No fabriques el personaje. No lo crees. Está vivo, preséntalo. Preséntalo tal como es, de manera conveniente y cómoda para las personas que lo van a hacer.” Sería el caso de Kirk Douglas, de quien decía “voy a la tienda y veo qué traje le quedaría bien a Kirk Douglas. Después de eso, voy y busco las diferentes otras partes, las cuales juntan todo y ese personaje es quien está haciendo la película. Ese personaje es quien dicta. No hay guion. No hay dirección. Solo se está poniendo en la pantalla un pedazo de vida.”
En el terreno del cine negro, también entregó títulos que no han alcanzado la vitola de obra maestras, pero que resultan bastante memorables, ahí están para probarlo Aguas turbias (1944), La senda tentadora (1947) –donde Lizabeth Scott ejerce de mujer fatal– y Ola de crímenes (1953), que mostraba lo fina que podía ser la frontera entre el bien y el mal; mientras que son intensos los dramas de El otro amor (1947) y Furia del trópico (1949) –su segunda película con Lake–; y fue un notable esfuerzo para introducir novedades tecnológicas en el cine Los crímenes del museo de cera (1953), donde las consabidas gafas permitían al espectador experimentar la ilusión de un efecto tridimensional en los personajes que desfilaban por la pantalla. No dejaba ser paradójico que De Toh experimentara con lo visual de este modo, teniendo él desde niño sólo visión en un ojo, y usaba un parche para tapar el otro. Curiosamente esta imagen dio lugar a un desagradable incidente en Egipto en torno a 1973, en que unos tipos le confundieron con Moyshe Dayan y le secuestraron, aunque por fortuna pudo convencer a sus captores de ser la persona equivocada.
Esporádicamente contribuyó a series televisivas como Zane Grey y Maverick dirigiendo algún episodio. En 1960 dirigió un thriller con el telón de fondo de la guerra fría, Pendiente de un hilo. Fue en esa década cuando se trasladó a Europa rodando filmes menores como los peplum Los mongoles (1961) y Oro para el César (1963). Su último título notable es el cínico Mercenarios sin gloria (1969), que protagonizó Michael Caine. A partir de aquí prácticamente puede decirse que se retiró, aunque seguía siendo un consultor al que sus colegas acudían pidiendo consejo.
