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Biografía

Francesco Acquaroli

Francesco Acquaroli

Francesco Acquaroli

Filmografía
Welcome Home

2018 | Welcome Home

Casey le fue infiel a su marido, Brian, lo que ocasiona la inevitable crisis matrimonial. Para tratar de reconciliarse, ambos saldrán fuera de Estados Unidos unos días, en un viaje romántico, así que alquilan a través de internet un casoplón en la región vinícola de Umbría, en Italia. Una vez allí, conocen al elocuente y servicial Federico, su vecino, que tiene la virtud de aparecer siempre que le necesitan. Pero poco a poco se dan cuentan de que esconde perversas intenciones. Tras consagrarse como Jesse Pinkman, en Breaking Bad, Aaron Paul vuelve a mostrar su buen hacer, en esta ocasión como marido torturado, bien respaldado por un excelente Riccardo Scamarcio (La mejor juventud) como antagonista, y Emily Ratajkowski (Perdida), que cumple, pese a que su personaje podría haber estado mejor desarrollado. Por desgracia, estos actores están al servicio de un guión convencional del debutante David Levinson, que mezcla elementos de Perros de paja –su descripción del germen de la violencia y de la contraposición del mundo rural con los urbanitas recién llegados– con los tópicos de thrillers de personaje cercano que acaba resultando ser un psicópata, al estilo de la niñera de La mano que mece la cuna, o la compañera de piso de Mujer blanca soltera busca, pero con el vecino. Se le podía haber sacado más tajada al novedoso tema central, la moda de contratar un alojamiento mediante aplicaciones como Airbnb, y sus potenciales riesgos. No consigue remontar estas limitaciones el realizador con poca experiencia George Ratliff (El hijo del mal), que firma un producto que como mucho puede ser calificado como ameno. Resulta al menos llamativa su obsesión por mostrar a los protagonistas duchándose en numerosas ocasiones, venga a cuento o no.

5/10
Dogman

2018 | Dogman

El servicial pero un poco simple y debilucho Marcello regenta un pequeño negocio en el que cuida, peina y asea a canes, pero los ingresos no le llegan, así que trapichea con drogas a pequeña escala, sobre todo para darle algún capricho a su hija, a la que adora, tras haberse separado de la madre. Pero tiene como amigo al gigantón Simone, antiguo púgil, al que se le ha ido la mano con la cocaína, de modo que se ha descontrolado, causando destrozos en los negocios del lugar, o agrediendo a algún desgraciado, motivo por el que los lugareños han decidido liquidarle. Simone involucra a Marcello en pequeños robos, pero le meterá en un buen lío cuando le obliga a participar en un golpe al prestamista del local que está al lado de la tienda de animales, mediante un agujero en la pared… Tras el paréntesis en su filmografía que supuso El cuento de los cuentos, rodado en inglés, que adapta tres cuentos clásicos de Giambattista Basile, y antes de versionar “Pinocho”, de Carlo Collodi, Matteo Garrone regresa a la radiografía social de títulos como Reality, y el crudo retrato del mundo del hampa Gomorra, su trabajo más conocido. Pero sobre todo ha rodado un film muy cercano a El taxidermista, pues recrea de nuevo una historia real de la crónica negra, acontecida otra vez en los suburbios. Las imágenes, de enorme potencia, parecen un homenaje al neorrealismo italiano, mostrando escenarios como los locales de compra de oro, los de máquinas de apuestas, etc., y recordando que los desfavorecidos retratados en títulos como Ladrón de bicicletas, Arroz amargo o El limpiabotas no son cosas del pasado. Podemos encontrarlos aún, no tan alejados, en lugares como la desoladora barriada cercana a una gran ciudad indeterminada donde transcurre la acción (en realidad se ha filmado en Castel Volturno, un pueblo de Nápoles), donde todo parece sucio, incluido el establecimiento del protagonista, con perreras oxidadas, todo de aspecto paupérrimo. Extremadamente violenta (sobre todo en un momento concreto), quizás sobra algún tiempo muerto (la escena de la discoteca), pero aprovecha muy bien el paralelismo que establece entre los animales y las personas, pues todos seguimos teniendo aún mucho de bestias. Marcelo sería parecido a un perro faldero, mientras que Simone parece un bulldog con instintos asesinos. Abundan las secuencias memorables, como la del regreso al lugar donde han dado un golpe el protagonista, con un motivo loable, o la impagable aparición de la madre de Simone, la única persona que parece poder dominarle, pero aún así tiene dificultades para ello. Lo mejor de todo: un reparto sensacional. Los secundarios no parecen estar interpretando, sino mostrándose como son en la vida real. También en el caso del veterano Edoardo Pesce (Simone), imposible encontrar a alguien tan corpulento que ofrezca tanta veracidad. Pero el film no podría haber sido posible sin el muy particular Marcello Fonte, Marcello, con el físico más peculiar que ha dado el cine italiano, y de portentosa expresividad pese a su corta filmografía, que ganó con toda justicia el premio al mejor actor en el Festival de Cannes.

7/10
Suburra

2017 | Suburra | Serie TV

  Al igual que en el caso de Gomorra, una novela convertida en película sobre manejos mafiosos y corrupción se convierte en serie, en esta ocasión con el respaldo de la omnipresente Netflix. Situada en la ciudad de Roma, describe el increíble grado de degradación alcanzado, en un momento en que el alcalde acaba de dimitir, y en que unos terrenos junto a la playa, propiedad del Vaticano, son muy codiciados por distintos especuladores, entre ellos la mafia liderada por Samurai, una operación inmobiliaria para recalificarlos podría lucrar a muchos. Como ya ocurría en Suburra, la película, se pinta un cuadro de inmoralidad sin un resquicio para algo parecido a la honradez. Con sobreabundancia de violencia y erotismo, igual somos testigos del aplastamiento de un cráneo que de la participación de un cura en una orgía, y no faltan el chantaje, el tráfico de drogas y los “favores” políticos. No sólo falta un punto de vista moral, sino que la acumulación de escenas presuntamente escandalosas –llega un momento en que tanta obsesión por “epatar” resulta cansina– impiden la construcción de personajes con verdadero conflicto, más allá de la rabia ante lo que les contraría no hay nada. Vamos, que esto no es El padrino, ni mucho menos. Por mucho empaque visual que le ponga Michele Placido –responsable de las más sólida Romanzo criminale– y compañías.  

4/10

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