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Biografía

Maximilian Brückner

Maximilian Brückner

Maximilian Brückner

Filmografía
La nueva vida de Ina

2015 | Inas Neues Leben

Ina se ve obligada a reinventarse cuando ha de acudir a las oficinas del paro, por culpa de la quiebra de la empresa donde trabajaba de secretaria. En su nueva situación conocerá a una joven embarazada a la que han echado de su casa y a la que, tras algunas dudas, acabará ayudando. Sentido drama televisivo de producción alemana y puesta en escena sencilla, aunque poco original. De fondo amable, sirve al menos para pasar el rato, aunque sin grande expectativas.

4/10
Cerezos en flor

2008 | Kirschblüten - Hanami

La alemana Doris Dörrie (1955) pasa por ser una de las más reputadas directoras de su país. Ha dirigido más de una veintena de filmes, con estimable éxito, de entre los cuales destacan Hombres, hombres... y la más reciente Sabiduría garantizada. En general su estilo visual es moderno, realista, pero también decididamente reflexivo. Aunque suele elegir comedias de tono más o menos desenfadado, Cerezos en flor rompe con esa trayectoria y se inscribe en el drama, puro y duro, sobre la pérdida de un ser querido. Alemania. Rudi Angermeier y su mujer Trudi son un matrimonio mayor que vive en un pueblo de la montaña. Cuando Trudi se entera de que su marido tiene una enfermedad mortal, decide no decírselo a él y aprovecha para proponerle hacer un viaje. La idea es visitar a sus tres hijos, dos de los cuales viven en Berlín, y otro en Tokio. En la capital alemana pronto son conscientes de que la unión con su hijo Klaus (casado y con dos hijos) y con su hija Karolin (lesbiana que vive con su compañera) es prácticamente inexistente. Deciden proseguir su viaje hasta el Báltico, y allí, durante la noche e inesperadamente, muere Trudi. El pobre Rudi queda destrozado, perdido; y a los pocos días se da cuenta de que apenas conocía a su esposa, una mujer que sacrificó toda su vida por él y sus hijos. Entonces, de ahí en adelante él dedicará cada momento a recuperar para sí a su amor desaparecido. Film sólido, que va ganando enteros conforme avanza el metraje, aunque nunca emociona demasiado y quizá titubea excesivamente en los primeros compases. Pero una vez que la trama encuentra el sendero adecuado, es fácil que el espectador comprenda el desconcierto del protagonista y pueda meterse en su piel, y es igualmente sencillo disculpar sus excentricidades, esa desesperada búsqueda del ser desaparecido, que él siente tan vivo en su interior (¡qué tierno y patético resulta verle vestido con la ropa de su mujer!). Hay sin embargo, un hondo sentimiento de soledad y desamparo propio de un mundo sin Dios, o al menos sin la creencia en una felicidad más allá de esta tierra, y es que, a la postre, el film es en realidad una historia más sobre la eterna búsqueda de sentido y el enigma de la muerte. Pero cuando lo corpóreo manda, la esperanza deja de tener pleno significado. Con una mirada a menudo llena de poesía, con abundantes tomas de elementos naturales, sin personajes, Dörrie abunda sobre idea de la fugacidad de la vida –tan efímera como los cerezos en flor–, y en la incapacidad humana de retener el momento. Hay instantes muy contemplativos, en donde se hace notar la fotografía y la música del compositor Claus Bantzer, cuyas notas de piano recuerdan el hermoso minimalismo de Michael Nyman. También ilustra Dörrie, de manera muy bella y plástica, la idea de que la muerte nos acompaña siempre (como nuestra sombra), al conceder mucho protagonismo al Butoh, una danza japonesa muy moderna y expresionista (entendida en su concepción más propia: como manifestación del estado del alma). La directora menciona explícitamente la influencia del director japonés Yasujiro Ozu en su cine. Y es cierto que también se trata de una película sobre la familia. Solo que la familia que pinta Dörrie es una calamidad, cuyos miembros han descuidado tanto los lazos entre sí que se han convertido en extraños. No hay duda de que aletea en Rudi un amor inmenso, y en este aspecto todo el film es un gran elogio al amor y a la comunión conyugal, pero ese amor solo sale a la superficie cuando falta el ser amado. Y es que los humanos, viene a decir la película, somos en general muy egoístas y limitados. Y tarde nos damos cuenta. Los trabajos interpretativos son óptimos, en especial el del protagonista Elmar Wepper y el de la debutante Aya Irizuki.

6/10
Sophie Scholl: los últimos días

2005 | Sophie Scholl: Die letzten Tage

Apasionante película, basada en hechos reales. Describe los seis últimos días de vida de Sophie Scholl, detenida en Munich el 18 de febrero de 1943 junto a su hermano Hans y un amigo común, Christoph Probst. Su delito, haber repartido por la universidad un montón de cuartillas denunciando los abusos del nazismo. Los tres pertenecían a una organización de resistencia pasiva contra el régimen denominada ‘La Rosa Blanca’. Esta historia había sido llevada antes al cine dos veces en 1982, por Michael Verhoeven y Percy Adlon. Aquí, a partir de las transcripciones auténticas de los interrogatorios a que fueron sometidos los jóvenes, que vieron la luz en Alemania del Este tras caer el muro, se recrea con pericia consumada los ideales y la fortaleza de espíritu de Sophie Scholl. La joven, inicialmente, niega cualquier relación con los panfletos de la discordia. Y su aplomo es tal que casi convence a su interrogador, el implacable Robert Mohr, de su inocencia. Cuando las evidencias en su contra se acumulen, lejos de venirse abajo, Sophie defenderá con convicción sus ideales, que le obligan en conciencia a oponerse a una ideología, la nazi, indigna del ser humano. El guión de Fred Breinersdorfer y la dirección de Marc Rothemund se ponen al servicio de una historia de enorme fuerza. Aunque la mayor parte de la trama transcurre en interiores, ambos consiguen imprimir ritmo y emoción a las secuencias de los interrogatorios, de increíble ‘violencia psicológica’, en la que la tranquilidad de estar en la verdad proporciona a Sophie energías inesperadas. Todo gira alrededor de ella (estupenda la composición de Julia Jentsch), pero esto no impide retratar con sutileza al interrogador que se queda sin razones que justifiquen su modo de proceder (sobrio Gerald Alexander Held), a los otros dos detenidos, a la compañera de celda y al juez inicuo. Escenas como la de la visita de los padres o el último pitillo apenas necesitan de palabras para conmover.

8/10

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