- Duración: 02h 00 min
- Género: Drama
- Público apropiado: Adultos
- Valoraciones: decine21 (5) | usuarios (5.3)
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- Título original: La luz
- Título alternativo: La luz (2026)
- Año: 2026
- Fecha de estreno en España en cines : 05-06-2026
- País: España
- Dirección: Fernando Franco
- Intérpretes: Alberto San Juan, Pedro Casablanc, Miguel Rellán, María Galiana, Luis Callejo, Ramón Barea, Itziar Aizpuru, Nacho Sánchez, Iñigo de la Iglesia, Pablo Gómez-Pando, Santiago Mayorga, Carolina Montoya, Antonio Zafra
- Guión: Fernando Franco
- Música: Maite Arroitajauregui
- Fotografía: Santiago Racaj
- Distribuye en cine: Buena Vista
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Reparto
Sinopsis oficial
Manuel, un sacerdote muy apreciado en su parroquia, está a punto de colgar los hábitos y empezar una nueva vida. Sin embargo, cuando su pasado amenaza con salir a la luz, se verá obligado a afrontar el peso de sus propias acciones. Comienza, así, un viaje sin retorno en el que desafiará abiertamente a la institución que lo protegió.
Crítica La luz (2026)
Escándalo en frío sobre fondo gris
El padre Manuel Monsalve es un sacerdote triste, o un triste sacerdote, que aquí viene a ser lo mismo. Aunque su trabajo en la parroquia es apreciado, ha pedido secularizarse porque desea iniciar una nueva vida. Siente una inclinación homosexual hacia un feligrés sudamericano, sentimiento que lleva discreta y castamente, no lo comparte con nadie. Sus superiores le han ido dando largas, e incluso están investigando su historial. Motivo por el que viaja a su pueblo natal en el sur, con la excusa de visitar a su anciana madre, pero en realidad para aclarar si andan preguntando por su etapa de profesor en un colegio. Y es que en efecto hay una denuncia contra él por abusos sexuales, que él no niega, tres niños habrían sido víctimas de su deseo sexual. Pero han transcurrido dos décadas, está arrepentido y cree haber dejado ese pasado atrás. Ahora trata de dar con el paradero de los chicos ya adultos, aunque la rectitud de intención, que sea para pedirles perdón, no está clara, quizá lo que desea es su silencio. Al tiempo se siente maltratado por su obispo, que no le concede enseguida la deseada salida.
Fernando Franco, conocido por un cine difícil y hermético con títulos como La herida y La consagración de la primavera, escribe y dirige esta película, más accesible, sobre el espinoso asunto de los abusos sexuales de sacerdotes. Lo hace con lentitud y frialdad exasperantes, aunque con un esfuerzo por evitar los simplismos, hay una buena construcción dramática, que hace pensar en títulos como El Club, Spotlight y Gracias a Dios, que exploran estos hechos execrables y lo que fue política eclesial bastante común de encubrir los hechos, trasladando de lugar a los depredadores, confiando con ingenuidad en que un cambio de aires y una terapia adecuada arreglarían las cosas, y desatendiendo a las víctimas. Llama la atención que incluso la actual “tolerancia cero” es fustigada como hipocresía para cubrir el expediente.
El principal problema de esta propuesta es la gélida mirada al cristianismo y a los sacerdotes, se nota que el cineasta que está detrás no tiene visión sobrenatural, pero es que tampoco se esfuerza demasiado en entender en qué consisten la oración, el trato con Jesús, la vida sacramental, la caridad, el perdón, la misericordia, la redención, la gracia. La vida sacerdotal es pura burocracia funcionarial, vida de despacho, y la jerarquía debe velar por el buen nombre de la Iglesia, o sea, de la institución. Esto no va realmente de amor, entrega, sacrificio, sino de adaptarse a los tiempos. En esta tesitura, la única posible catarsis para el protagonista proviene de ver las fatales consecuencias de sus malas acciones, que le hace encarnar literalmente aquello de “ay de aquel por quien viene el escándalo, más le valdría no haber nacido”. Lo que propicia para Alberto San Juan su escena más potente, en la iglesia, hablando a corazón abierto a sus feligreses. Que funciona a medias, pues articula un discurso donde junto al reconocimiento de su pecado, sí, pecado, presenta acusaciones y excusas, a modo de enumeración de las cosas que están mal en la Iglesia, incluido el celibato o el señalamiento de que los abusos ocurren también fuera del ámbito eclesial, como si la mera mención anulara su posible parte de razón. Se supone que la verdad libera, pero quizá lo que plantea el padre Monsalve su sólo "su" verdad.
No estamos ante un film agradable, lo atraviesa un profundo y desesperado pesimismo, puro nihilismo, el protagonista está solo y roto, quienes deberían ayudarle, sacerdotes u obispos –Pedro Casablanc, Miguel Rellán, Ramón Barea–, familia –María Galiana–, prensa –Luis Callejo–, un abogado, no lo hacen, o lo hacen de modo decididamente insuficiente. Y su modo de reparar, con sus propias fuerzas, y aunque sea atendiendo a lo que piensa que Dios le pide, no basta. Hay escándalo entre los parroquianos, insultos y violencia desde el anonimato, linchamiento en redes sociales o en los medios de comunicación. ¿Hay un periodismo ejercido con responsabilidad en todo esto? No lo parece, ya sea desde la supuesta objetividad glacial, o desde el amarillismo. Así se impone la desolación, culminado en el plano del nicho sin lápida y con flores marchitas.
Aunque la producción está cuidada, se echan en falta más recursos de figuración y amplio lienzo. Ya sea en la escena de la procesión, muy pobre, o cuando vemos a los fieles en la iglesia, no muchos, lo que casa poco con la idea que se quiere transmitir de que Monsalve es un sacerdote muy querido, algo que no cuela. Quizá dentro de la general falta de humanidad y empatía de los personajes –brilla por su ausencia la ternura femenina, y por cierto, qué seca es la madre– hay una excepción, la del sacristán sordo que habla con lengua de signos, alguien entrañable, que encarna el amor sencillo como ningún otro.
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Últimos comentarios de los lectores
Alfiler - Hace 2 semanas
Sin verla lo que más me duele, que está Canal Sur de por medio, y con dinero de mis impuestos. Después a los políticos se les llena la boca con pluralismo, y esto es lo que hacen los que gobiernan a supuesta derecha y a izquierda. Siempre contra la Iglesia, Dios, la trascendencia,...
Esta película a ¿quién le va a interesar? En europa por ejemplo... en EEUU... Esto solo lo ven sectarios y gentucilla que va de progre, cultureta y en el fondo son catetillos...
Mira que España tiene historia, mira que tiene escritores y literatos como pa tener guiones y pelis pa inundar Hollywood, nos empeñamos en estas porquerías pesimistas y nihilistas... como si fuera eso el reflejo de la sociedad española, y algo que hay que denunciar... viven en una realidad paralela.
Menos mal que hay excepciones de algunos directores, pero son las menos.
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