Decine21
El verano que vivimos
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El verano que vivimos

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Goya
2021
Nominada a 2 premios

Sinopsis oficial

Año 1998. Isabel, estudiante de periodismo, se ve obligada a realizar sus prácticas en el diario de un pequeño pueblo costero gallego para terminar la carrera. Al llegar, quiere empezar cuanto antes a investigar, a demostrar todo lo que ha aprendido para convertirse en una auténtica periodista. Pero el puesto que la asignan es el último que ella esperaba: la escritura y gestión de las esquelas que llegan a la redacción. Pero esto, que podría parecer en principio algo aburrido, se convierte en la puerta a una investigación que la llevará por diferentes puntos de la geografía española en busca de una historia de amor imposible.

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Crítica

Romance en las bodegas

Romance en las bodegas

Mediados de los 90. A Isabel, estudiante de prácticas en un periódico de Cantabria, le asignan ocuparse de la sección de esquelas. Ahí se publican los misteriosos textos que cada año envía un individuo anónimo, donde manifiesta el intenso amor que sentía hacia su esposa. Al investigar esta historia, la becaria descubre el drama de Gonzalo, joven arquitecto que durante el verano de 1958 viajó a Jerez de la Frontera para construir la nueva bodega de su mejor amigo, Hernán Ibáñez. Una vez allí, éste le indica que está a punto de casarse con la joven Lucía Vega, pero Gonzalo no puede evitar sentirse atraído por ella.

Carlos Sedes tiene en su haber numerosísimos episodios de series de Bambú, como Gran Reserva y Gran Hotel. Ahora, la productora le ha puesto al frente de un largometraje con muchos elementos en común con aquéllas, por ejemplo las bodegas de la primera, o que arranca en Cantaloa, el pueblo ficticio donde transcurría la segunda. También comparte su cuidada ambientación histórica, al servicio de una trama propia de un culebrón. No se entiende que hayan sido necesarios hasta seis guionistas, entre ellos Ramón Campos y Gema R. Neira, pesos pesados de la empresa, para construir un guión bastante convencional, inspirado muy libremente en un hecho real: las curiosas esquelas donde cada año un individuo recordaba a su mujer fallecida. También parece que planea la estela de la epistolar Querido John y otras adaptaciones de novelas melosas de Nicholas Sparks.

Tiene cierta fuerza su homenaje a los viticultores jerezanos que se abrieron camino en el mercado internacional. De factura impecable, destaca una fotografía cálida de Jacobo Martínez (Fariña), y las interpretaciones del trío protagonista, con Blanca Suárez y Javier Rey a su nivel habitual, y un trabajo especialmente memorable del menos conocido Pablo Molinero (La peste), que se distingue por una enorme naturalidad.

Por el contrario, se abusa de los elementos folclóricos, en el film se estimula el tópico de que los habitantes del sur improvisan bailes de sevillanas en cualquier sitio, y canta “La Traviata” que una conocida bodega ha pagado por el emplazamiento de sus productos en el film. No todos los giros funcionan y la historia avanza con mucha lentitud hasta llegar a un final poco creíble. Por otro lado la subtrama moderna apenas tiene fuerza, y sus protagonistas, Guiomar Puerta y Carlos Cuevas, carecen de química.

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