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The Crown (5ª temporada)
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The Crown (5ª temporada)

The Crown

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Sinopsis oficial

A medida que la reina Isabel II se acerca al 40º aniversario de su llegada al poder, reflexiona sobre un reinado que ha abarcado nueve primeros ministros, la llegada de la televisión de masas y el ocaso del Imperio Británico. Sin embargo, hay nuevos retos en el horizonte. El colapso de la Unión Soviética y el traspaso de la soberanía de Hong Kong señalan un cambio sísmico en el orden internacional que presenta tanto obstáculos como oportunidades. Mientras tanto, los problemas se están gestando más cerca de casa.

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Crítica The Crown (5ª temporada) (2022)

Explosión de los nuevos tiempos

Explosión de los nuevos tiempos

Quinta temporada de la serie de Netflix The Crown, iniciada en 2016, donde el personaje central es la reina Isabel II de Inglaterra; se estrena apenas pasados dos meses del fallecimiento de la longeva monarca. De nuevo está detrás como creador y guionista Peter Morgan, especialista en historias basadas en personajes reales, que sabe plasmar con gran sensibilidad y respeto, aun tomándose como es natural las inevitables licencias artísticas. En el caso que nos ocupa, y a medida que la narración se acerca a la actualidad, y toca abordar temas más sensibles, la tarea se vuelve más desafiante, pero cabe decir que Morgan se supera con respecto a la anterior temporada.

La trama se desarrolla en la década de los 90, y el núcleo duro lo constituye sin duda la crisis conyugal del príncipe Carlos y Diana, que se dibuja con bastantes matices, aunque pueda haber un capítulo para respirar, el dedicado a Rusia, los Romanov y Boris Yeltsin, que permite tomar aire por otra ventana. También vertebra la narración la frustración del príncipe de Gales –como tomando el relevo a Felipe de Edimburgo, ya resignado a su rol de consorte–, que ve que el reinado de su madre se alarga, anclado en la tradución, mientras él anhela poder tomar las riendas, incluso soñando con una hipotética abdicación.

Las diferencias de la pareja van a más, no se soportan, y él está cada vez más en contacto con su amante Camilla. Se pinta la soledad desoladora de Diana, que apenas tiene a quien confiarse, y que se vuelca en sus obras caritativas, y busca amor a quien pueda dárselo; los estallidos de Carlos y su consuelo con Camilla, incluida esa comprometedora grabación de una conversación íntima, que hará las delicias del amarillismo periodístico; los pinchazos telefónicos, el lanzamiento de un libro comprometedor y la entrevista televisiva que es como una bomba; el modo en que todo pesa en Guillermo, el niño que es el siguiente en la sucesión al trono; y como todo forma parte de “el sistema”, esa monarquía cuya fortaleza reside en gran parte en su estabilidad, pero que está siendo sacudida por todas partes, con las crisis de los distintos miembros de la familia y su particular sufrimiento. No se olvida el clasismo y aires de superioridad de los británicos, y más de las capas sociales altas, tema que forma parte del relato, y que se plasma en la distancia guardada al ascenso de la familia egipcia Al Fayed, con una subida en la escala social mirada con desdén –ni ganar un Oscar con Carros de fuego ni comprar los grandes almacenes Harrods parecen motivos suficientes para llegar a la reina–, que da pie a una maravillosa escena compartida por Diana y Mohammed Al Fayed, el padre de Dodi, un día en las carreras.

Morgan sabe hacer resonar los temas con gran inteligencia, puede haber subtexto en una BBC que necesita ponerse tanto al día como la corona, y ser el contraste entre esos valores sólidos y los nuevos canales basura que sirven las antenas parabólicas un buen símbolo del desvanecimiento de las seguridades, mientras los nuevos tiempos traen castillos de naipes que pueden caerse en cualquier momento, o un dudoso periodismo de investigación, donde cabe el engaño, el fin justifica los medios. Un incendio de Windsor, o el barco que necesita reparaciones, son imágenes bien elocuentes del estado de las cosas.

Hay abundantes reflexiones acerca de qué hace un matrimonio duradero, y señalando que un divorcio no deja de ser nunca un fracaso, se sugiere que con frecuencia las nuevas generaciones no están dispuestas a determinados sacrificios para continuar. Y pueden resonar matrimonios y relaciones fallidas en singular sinfonía, cada uno con sus peculiaridades, el duque de Windsor y Wallis Simpson, Margarita y el coronel Townsend, Isabel y Felipe, Carlos, Diana y Camilla, tres es multitud... E incluso introducir las vistas en un tribunal de divorcios con gente humilde, donde las cosas se han ido al traste por razones muy diversas.

Esta quinta temporada acomete el mismo riesgo que la tercera, a saber, cambio de actores para personajes ya conocidos, algunos además no británicos, y la verdad es que están soberbios sobre todo Imelda Staunton y Jonathan Pryce, Isabel y Felipe, Dominic West y Elizabeth Debicki, Carlos y Diana, Lesley Manville, Margarita, y Jonny Lee Miller, el primer ministro John Major compuesto con gran dignidad, y que nos hace olvidar el terrible error de casting de Gillian Anderson, de la anterior temporada para una ridícula Margaret Thatcher.

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