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Biografía

Abel Lanzac

Abel Lanzac

Abel Lanzac

Premios: 1 Festival de San Sebastián

Ganador de 1 premio

Filmografía
El canto del lobo

2019 | Le chant du loup

Un mundo en tensión, con puntos calientes objeto de confrontación entre grandes naciones. Un submarino nuclear francés, “El Formidable”, navega frente a la costa siria, creyendo detectar un submarino ruso, o tal vez iraní; “Calcetines”, un hombre de oído excepcional, es clave para reconocer la procedencia de los sonidos que se captan en el fondo del mar. Mientras, al norte, en Finlandia, los rusos juegan a la provocación. En este escenario, se produce un error que puede ser sólo el prólogo de una guerra nuclear. Ambiciosa superproducción francesa, El canto del lobo se encuadra en el popular subgénero de películas de submarinos, en que se encuentran presentes elementos como los espacios cerrados y la claustrofobia, los momentos de alto nerviosismo, los gritos, las órdenes y los protocolos que no pueden ser cuestionados en una situación de crisis. En tal sentido, la gran novedad es que hablamos de submarinos franceses, el citado “El Formidable” y “Titan”. Más cuestión del hombre de oído fino, algo, nunca oído hasta la fecha, si se me permite la broma. Escribe y dirige el film un inesperado Abel Lanzac, conocido sobre todo por su cómic “Quai d'Orsay”, llevado al cine por Bertrand Tavernier en Crónicas diplomáticas. Quizá algo largo, y con momentos de bajada de ritmo –el tiempo que “Calcetines” recala en Tierra y se queda “coladito” por la chica que le atiende en una librería–, logra en cualquier caso mantener la atención, sobre todo en el último tramo, la crisis nuclear, y al principio, cuando un submarino sufre un ataque desde el aire. Hay un plantel de buenos actores, a los que toca dar matices a las dudas y reacciones sobre el modo de actuar bajo presión.

6/10
Crónicas diplomáticas. Quai d'Orsay

2013 | Quai d'Orsay

El joven Arthur Vlaminck acaba de ser fichado por el flamante y carismático ministro de asuntos exteriores francés Alexandre Taillard de Vorms, para prestar su ayuda en el lenguaje de sus discursos. Allí va a descubrir cómo son las bambalinas del poder: el modo en que trabaja el equipo del ministro con su infatigable jefe de gabinete Claude Maupas al frente, la paciencia de las secretarias, y los diversos egos entre los que descolla el de su máximo jefe, de arrolladora personalidad pero difícil de complacer, porque nadie sabe lo que quiere ni él mismo. Bertrand Tavernier estructura su film con lo que parecen viñetas de la diplomacia francesa, cada una encabezada con una frase de Herodoto alusiva a los temas tratados. Enfoque adecuado si se tiene en cuenta que Quai d'Orsay adapta el cómic homónimo de Christophe Blain y Abel Lanzac, premiado en Angoulême en 2012, autores que se inspiran para su protagonista en Dominique de Villepin, de modo especial en su discurso ante la ONU sobre la no-intervención en Irak. Al estilo de El ala oeste de la Casa Blanca, versión francesa, y con bastante sentido irónico del humor, Tavernier juega un curioso juego, pues por un lado se diría que quiere restar trascendencia al modo en que se toman las decisiones políticas, subrayando el papel que juegan la vanidad y la teatralidad, pero por otro no dejan de ser cuestiones de máxima importancia, que requieren en ocasiones bastante coraje, véase el viaje a África. En tal sentido hace pensar en algunas novelas ligeras de Evelyn Waugh, como “Merienda de negros”. El resultado es entretenido, pero resulta difícil que pueda ser considerado como un agudo análisis político. El ministro encarnado por Tierry Lhermitte resulta caricaturesco en extremo, aunque hay que reconocer que el contrapunto del jefe de gabinete Niels Arestrup sirve de equilibrio para que la mirada de Raphaël Personnaz, el recién llegado, que coincide con la del espectador, sea de un estupor aceptable. El guión fue premiado en el Festival de San Sebastián.

6/10
El canto del lobo

2019 | Le chant du loup

Un mundo en tensión, con puntos calientes objeto de confrontación entre grandes naciones. Un submarino nuclear francés, “El Formidable”, navega frente a la costa siria, creyendo detectar un submarino ruso, o tal vez iraní; “Calcetines”, un hombre de oído excepcional, es clave para reconocer la procedencia de los sonidos que se captan en el fondo del mar. Mientras, al norte, en Finlandia, los rusos juegan a la provocación. En este escenario, se produce un error que puede ser sólo el prólogo de una guerra nuclear. Ambiciosa superproducción francesa, El canto del lobo se encuadra en el popular subgénero de películas de submarinos, en que se encuentran presentes elementos como los espacios cerrados y la claustrofobia, los momentos de alto nerviosismo, los gritos, las órdenes y los protocolos que no pueden ser cuestionados en una situación de crisis. En tal sentido, la gran novedad es que hablamos de submarinos franceses, el citado “El Formidable” y “Titan”. Más cuestión del hombre de oído fino, algo, nunca oído hasta la fecha, si se me permite la broma. Escribe y dirige el film un inesperado Abel Lanzac, conocido sobre todo por su cómic “Quai d'Orsay”, llevado al cine por Bertrand Tavernier en Crónicas diplomáticas. Quizá algo largo, y con momentos de bajada de ritmo –el tiempo que “Calcetines” recala en Tierra y se queda “coladito” por la chica que le atiende en una librería–, logra en cualquier caso mantener la atención, sobre todo en el último tramo, la crisis nuclear, y al principio, cuando un submarino sufre un ataque desde el aire. Hay un plantel de buenos actores, a los que toca dar matices a las dudas y reacciones sobre el modo de actuar bajo presión.

6/10
Crónicas diplomáticas. Quai d'Orsay

2013 | Quai d'Orsay

El joven Arthur Vlaminck acaba de ser fichado por el flamante y carismático ministro de asuntos exteriores francés Alexandre Taillard de Vorms, para prestar su ayuda en el lenguaje de sus discursos. Allí va a descubrir cómo son las bambalinas del poder: el modo en que trabaja el equipo del ministro con su infatigable jefe de gabinete Claude Maupas al frente, la paciencia de las secretarias, y los diversos egos entre los que descolla el de su máximo jefe, de arrolladora personalidad pero difícil de complacer, porque nadie sabe lo que quiere ni él mismo. Bertrand Tavernier estructura su film con lo que parecen viñetas de la diplomacia francesa, cada una encabezada con una frase de Herodoto alusiva a los temas tratados. Enfoque adecuado si se tiene en cuenta que Quai d'Orsay adapta el cómic homónimo de Christophe Blain y Abel Lanzac, premiado en Angoulême en 2012, autores que se inspiran para su protagonista en Dominique de Villepin, de modo especial en su discurso ante la ONU sobre la no-intervención en Irak. Al estilo de El ala oeste de la Casa Blanca, versión francesa, y con bastante sentido irónico del humor, Tavernier juega un curioso juego, pues por un lado se diría que quiere restar trascendencia al modo en que se toman las decisiones políticas, subrayando el papel que juegan la vanidad y la teatralidad, pero por otro no dejan de ser cuestiones de máxima importancia, que requieren en ocasiones bastante coraje, véase el viaje a África. En tal sentido hace pensar en algunas novelas ligeras de Evelyn Waugh, como “Merienda de negros”. El resultado es entretenido, pero resulta difícil que pueda ser considerado como un agudo análisis político. El ministro encarnado por Tierry Lhermitte resulta caricaturesco en extremo, aunque hay que reconocer que el contrapunto del jefe de gabinete Niels Arestrup sirve de equilibrio para que la mirada de Raphaël Personnaz, el recién llegado, que coincide con la del espectador, sea de un estupor aceptable. El guión fue premiado en el Festival de San Sebastián.

6/10

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