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Biografía

Danny Cohen

Danny Cohen

Danny Cohen

Filmografía
Brexit

2019 | Brexit: The Uncivil War

Una de las mejores películas de los últimos años sobre el mundo de la política y el contexto actual facilitado por las nuevas tecnologías y el descontento social. Aborda un acontecimiento muy reciente y aún inconcluso,  la salida del Reino Unido de la Unión Europea, el célebre referéndum sobre el Brexit, siguiendo los pasos del que dirigió la campaña a favor, Dominic Cummings. Con el lema "Vote Leave" y consignas como la de recuperar el control, la supuesta cifra que le cuesta semanalmente al país estar en la Unión, y el miedo a la inmigración y a la incorporación de Turquía, y tomando el pulso a la realidad social con los big data para dirigir mensajes específicos a los indignados o marginados que no suelen participar en las elecciones, se nos cuenta cómo se dio la vuelta a lo que parecía una segura victoria del "I'm In", estamos dentro de Europa. El guión de James Graham facilita la comprensión de la lucha política, mostrando a los diversos actores de los dos bandos, populistas, conservadores y laboristas, establishment, gobierno, gurús, intelectuales, burócratas, gente de la calle y tecnólogos. La dirección de Toby Haynes, conocido por dirigir capítulos de series como Black Mirror y Sherlock, resulta tremendamente ágil, y se beneficia de la interpretación de Benedict Cumberbatch, que da el tipo perfecto de personaje encantado de dar la vuelta a la tortilla, de tener una clarividencia de la que los demás carecen, aunque a la postre su modo de proceder puede llevar a su país y al mundo entero... a ninguna parte. Curiosamente el actor durante la campaña se mostró partidario de la permanencia en la UE, lo que da idea de su amplitud de miras al interpretar a alguien que logró el resultado contrario al que él deseaba. Y es que una de las virtudes del film es no demonizar al protagonista, ni tampoco convertirlo en un héroe. Hay un esfuerzo de objetividad, e incluso ese encuentro de Cummings con el jefe de la la campaña a favor de seguir en la Unión, tras verse en el metro frente a frente, tiene su magia. La cinta logra despertar un miedo y respeto a las redes sociales y los big data, pues sabe comunicar el poder de manipulación de estos medios, al dibujar la trastienda desde la que se procura marcar tendencias, aprovechando gustos e inquietudes de los indecisos que no tienen una opinión marcada sobre algunos temas. Los pasajes de los grupos que sirven para marcar estrategias electorales ayudan a entender que incluso en democracia se puede jugar e invertir lo que piensa la gente, con enorme facilidad.

7/10
Festival de la Canción de Eurovisión: La historia de Fire Saga

2019 | Eurovision Song Contest: The Story of Fire Saga

Lars Erickssong vive en un pueblecito de Islandia, y quedó huérfano siendo niño en los 70. Triste, muy triste, le devolvió la alegría escuchar a ABBA cantar “Waterloo” en Eurovisión, y se prometió algún día competir en este popular concurso musical. Le acompaña desde la infancia en el sueño Sigrit Ericksdottir, y nunca ha tenido tiempo de confesarle su amor, pues cualquier relación romántica le distraería de la meta primordial, que el tándem Fire Saga llegue a la cima. Un cúmulo de casualidades conducirá a la pareja hasta Edimburgo representando a Islandia en Eurovisión. Ahí el representante de Rusia, Alexander Lemtov, podría acabar robando el corazón a Sigrit, y también la cantante griega Mita podría hacer lo propio con Lars. Comedia romántica con prometedor punto de partida, y que encantará a los fans de Eurovisión en su amable mirada paródica. Aunque podía haber sido mucho más divertida y redonda de lo que es. Will Ferrell, protagonista que coescribe el guion, probablemente es el gran artífice de sus muchas frases alusivas a los genitales, bastante cargantes. Algunas ideas, como la conclusión del “boat party” que posibilita que Fire Saga compita en Eurovisión obligan a suspender la incredulidad en exceso, para hacerse idea, hasta la posible existencia de los elfos, también planteada en el film, resulta más fácil de aceptar. De todos modos el film dirigido por David Dobkin (lejos ya de su esfuerzo dramático de El juez, y más cerca de títulos como El cambiazo o De boda en boda) resulta simpático, al pintar el ambiente rústico islandés, y la óptica de los dirigentes que buscan un ganador para su país, o el ambiente y coreografías típicos de Eurovisión, incluida una canción grupal, que posibilitan el cameo de muchos rostros que reconocerán los seguidores más frikis del evento musical. Hay momentos graciosos en las desastrosas actuaciones de Fire Saga, y Ferrell y Rachel McAdams resultan creíbles como peculiar pareja, al igual que el metrosexual cantante ruso interpretado por Dan Stevens. La presencia de Pierce Brosnan como huraño padre de Lars se diría un guiño a su presencia en la saga Mamma mia!, mientras que se incluyen algunos intérpretes islandeses y suecos como Jóhannes Haukur Jóhannesson, Mikael Persbrandt y Ólafur Darri Ólafsson, por aquello de que no se diga que...

5/10
Rey de ladrones

2018 | King of Thieves

Minuciosa reconstrucción de los pormenores de un auténtico robo, perpetrado en Londres durante la Semana Santa de 2015, el objetivo eran las cámaras acorazadas de Hatton Garden, que albergaban diamantes, joyas, dinero y otros objetos preciosos. La particularidad principal de los cinco componentes de la banda de ladrones era su edad, se trataba de ancianos, su edad se movía en una horquilla entre 60 y 77 años, de hecho uno de ellos se desplazó al lugar del crimen en autobús, utilizando su abono de jubilado. Sólo uno de los asaltantes era joven. La película dirigida por James Marsh decepciona un tanto, sobre si tenemos en cuenta que hablamos del responsable de La teoría del todo. Aquí, a pesar de que el subgénero de robos perfectos resulta agradecido, y de que cuenta con un reparto de actores veteranos que da gloria verlos –Michael Caine, Jim Broadbent, Ray Winstone, Tom Courtenay, Michael Gambon– más el contrapunto juvenil de Charlie Cox, domina un punto de sosería. Y eso que se intenta ahondar un poco en lo personal de alguno de ellos, partiendo de sus diferencias, la viudedad que hace echar de menos a la esposa muerta, el choque generacional, o una suerte de relación paternofilial. Son elementos que podían haber dado juego, pero que apenas dan para intercambios dialógicos en que los intérpretes se esfuerzan en dar lo mejor de sí. Está claro que la opción escogida es la de dar todo el protagonismo a los ladrones, por lo que las averiguaciones policiales se entregan de un modo minimalista y sin palabras, son las imágenes las que hablan acerca de cómo los pasos en falso del asalto son detectados. El modo de hacer esto es hábil, pero el precio que paga es la frialdad, que contribuye a la falta de emociones genuinas.

5/10
A Very English Scandal

2018 | A Very English Scandal | Serie TV

Miniserie de la BBC basada en el escándalo que rodeó al político, parlamentario británico y líder del partido liberal Jeremy Thorpe, que en 1979 fue sometido a juicio por su presunta intervención en una conspiración para asesinar a su antiguo amante Norman Lafitte -más tarde conocido como Norman Scott-, con el que había mantenido una relación homosexual prolongada desde 1961. Dirige Stephen Frears, con una trayectoria acreditada como responsable de historias fílmicas basadas en hechos reales, de diferentes tonos pero donde importan mucho los engaños y guardar las apariencias, como las narradas en La reina, Philomena, The Program, El gran combate de Muhammad Ali, La reina Victoria y Abdul y Florence Foster Jenkins. Acude a un actor de esta última, Hugh Grant, y cabe atribuirle la recuperación de un actor que andaba en horas bajas, y al que ha logrado insuflar nueva vida con roles alejados a los de comedia por los que era popularmente conocido, y que disminuyeron tras algún arreglo facial que le hizo perder claramente expresividad. De A Very English Scandal, que maneja un guión del televisivo Russell T. Davies, que parte del relato novelizado del caso de John Preston, cabe decir que adopta un tono tragicómico, donde algunas partes del relato se acercan al vodevil, sobre todo cuando se pone en marcha la conspiración para terminar con el problema Lafitte-Scott. En efecto, se describe el poder destructor de las mentiras y los disimulos, del no reconocimiento de que las acciones tienen consecuencias, que no se pueden simplemente tapar desde una superior posición social, o manejando los mecanismos del poder, que dictaminan lo que es moralmente admisible o puede llegar al conocimiento de la opinión pública. Pero los momentos grotescos rebajan la carga dramática, y quizá disminuye la carga de denuncia a los abusos del poder que configuran la narración. Ciertamente el relato del que el espectador es testigo resulta completamente deprimente, pues los personajes pueden clasificarse en malos, muy malos, malísimos y rematadamente malos. No existe, da la impresión, una posición correcta en la que situarse, pues sólo importa el propio interés. Por supuesto, se fustiga la criminalización de la sodomía en parte de la época en que transcurre el relato, e incluso la situación posterior, cuando las leyes se vuelven más indulgentes. Pero no se quiere convertir la película en un alegato LGBT, sino que más bien se pretende atacar la hipocresía y el cinismo imperantes, además de a un clasismo que hace que las capas bajas de la sociedad estén en la más absoluta indefensión. Seguramente era difícil incorporar los posibles logros políticos de Thorpe, con una dilatada carrera en el servicio público, apenas se atisba su vida de parlamentario y sus citas electorales, pero no se puede adivinar viendo la serie si su aportación ha sido destacable en este terreno, se impone mencionar su ambición de incorporarse al gobierno, y conceder casi todo el metraje a lo relativo a su vida privada con su escándalo, que es lo que motiva la serie. Frears sabe manejar el relato con su habitual buen pulso, aunque sin ahorrar los detalles escabrosos. Además de Grant, hacen un trabajo interpretativo muy bueno Ben Whishaw, el amante despechado, o Alex Jennings, como el supuesto amigo de Thorpe. Sin embargo, cuesta empatizar con ningún personaje, llama la atención la escasa hondura antropológica de los personajes, en los que cuesta mucho encontrar ningún atisbo de “amor”, cuando utilizan esta palabra, y aseveran que quieren a otras personas, suena a reduccionismo. Aunque en inglés no tenga el significado que en español damos a la palabra “Thorpe”, lo cierto es que a James Thorpe le va como anillo al dedo este apellido. También se descubre el valor muy relativo que se concede a la posible verdad de los hechos, y lo poco que importan a algunos conocerla, prefieren no conocer “los detalles”, por así decir, de la vida de los que tienen a su lado, domina en ellos el simple instinto de supervivencia, el mantenimiento del “statu quo”, aun al precio de ser arrastrados por el fango del morbo mediático.

6/10
El arte de la amistad (Final Portrait)

2017 | Final Portrait

Quinto trabajo como realizador del más conocido como prolífico intérprete Stanley Tucci, que llevaba una década sin retomar esta faceta, desde Blind Date, de 2007. También se ha ocupado del guión, basado en un libro del crítico de arte James Lord, donde éste contaba su experiencia en París en 1964, tras entrevistar al pintor y escultor suizo Alberto Giacometti. De forma inesperada, éste le pide que pose para un cuadro, labor que en teoría le va a llevar ‘unas pocas horas’. Sin embargo, el trabajo se alargará más de lo esperado. Al tiempo que se reconstruye la elaboración de uno de los retratos más famosos del autor, parece que se ha pretendido retratar a Giacometti, con unas pocas pinceladas, pero muy reveladoras de su carácter estrafalario y complejo. Se centra sobre todo en su relación cómplice con su hermano Diego, la poca consideración hacia su mujer, Annette, y su tórrido romance con Caroline, una prostituta mucho más joven. La fotografía de interiores de Danny Cohen (La habitación) recuerda a la pintura del homenajeado por sus tonos grises, y la planificación ayuda a que el film no resulte monótono, pese a que transcurre casi en su totalidad en el estudio del personaje. Quizás resulte demasiado fría, y se vuelve un tanto repetitiva por momentos. Podía haber profundizado más en los personajes. Pero su reflexión sobre la amistad, la decadencia, la excentricidad y la creación artística engancha, sobre todo por el buen trabajo de los actores. La función está al servicio de Geoffrey Rush, muy caracterizado, que compone una eficaz recreación de Giacometti, a ratos un tanto exagerado, pero sabiendo sacarle un lado humano pese a sus rarezas; y además demuestra su generosidad pues a su lado gana su principal compañero de reparto, el un tanto inexpresivo Armie Hammer. Ambos están arropados por buenos secundarios, Tony Shalhoub (Diego), Sylvie Testud (Annette), y Clémence Poésy (Caroline).

6/10
La reina Victoria y Abdul

2017 | Victoria and Abdul

1887. En Inglaterra se celebran las fiestas con motivo del cincuenta aniversario de la coronación de la reina de Victoria. Dos súbditos venidos de la India serán encargados de ofrecer un presente a la reina. A ésta le caerá en gracia uno de ellos, el joven y apuesto Abul Karim, un indio musulmán, optimista y bondadoso, que pronto se convertirá en su amigo y confidente, ante la desaprobación de la corte. Una historia sumamente adecuada para ser plasmada en pantalla por el británico Stephen Frears, debido al costumbrismo que desprende, y al respetuoso y a la vez realista y fresco retrato de la anquilosadas costumbres de la monarquía de Inglaterra, algo que ya ofreció con genialidad en La reina. Sabe mostrar así la aburrida y cuadriculada vida de una reina ya casi anciana, que ha de presidir todo tipo de eventos protocolarios con el espíritu de quien se siente sola, llevada de aquí a allá, esclavizada por su cargo y sus deberes, perdidos ya todos los alicientes políticos y sentimentales que podrían aliviar el tedio de sus obligaciones. Abdul será quien durante los últimos años de su vida le abra la puerta a la ilusión, a la naturalidad, quien ampliará su vista más allá de los ceremoniosos actos oficiales. Valiéndose del libro Shrabani Basu como material de apoyo, Frears logra una película emotiva y agradable, inspirada en hechos reales. El guión de Lee Hall (Billy Elliot) se muestra especialmente lúcido en algunos pasajes encaminados a perfilar los caracteres que ya quedarán definidos para el resto del film: la reina, Abdul, Mohammed, el secretario Sir Henry Ponsonby, etc. El inicio es modélico en este aspecto, además de incluir gags servidos por el director con sabio humor británico. Por el contrario, también se observa en el conjunto poca evolución argumental: una vez mostrada la unión especial entre la reina y Abdul (reducida a una especie de amor a primera vista, más que desarrollada en profundidad), y su no aprobación por los funcionarios de la corte (su hijo, su secretario y su médico, en primer lugar), la película se vuelve algo banal e insulsa, sin situaciones memorables. Correctamente rodada y ambientada, lo mejor de La reina Victoria y Abdul es sin lugar a dudas la composición de Judi Dench, que trabaja para Frears por cuarta vez en su carrera. No es la primera vez que se mete en el papel de la célebre monarca decimonónica, pues ya ofreció otra cautivadora interpretación de la reina en Su majestad Mrs. Brown, película de John Madden por la que fue nominada al Oscar. Aquí desde luego vuelve a ser dueña y señora del film, con escenas impresionantes –la confidencia de su soledad, la apología personal frente a sus tres estrechos colaboradores, sus palabras en el lecho de muerte– que confirman una vez más su talento y bien podrían ser merecedoras del Oscar.

6/10
Disobedience

2017 | Disobedience

Ronit Krushka, fotógrafa afincada en Nueva York, regresa a Londres al enterarse de la muerte de su padre, rabino de la estricta comunidad judía en donde Ronit creció. Ésta, poco menos que repudiada por su difunto padre, con quien no mantenía trato alguno, es recibida con estupor por la comunidad. Ella no ha venido a alterar las cosas, sólo quiere despedirle como hija y poner las cosas en orden. Pero la situación se revolucionará cuando reavive la antigua atracción que siente por su amiga Esti, ahora casada con otro amigo de la juventud, Dovid, discípulo de su padre y llamado a sustituirle como rabino. Tras Una mujer fantástica, ganadora del Oscar a la mejor película en lengua no inglesa, el director chileno Sebastián Lelio adapta una novela de Naomi Alderman para ahondar en terrenos similares en este drama sobre el lesbianismo en un ambiente cerrado que, se quiera o no, acaba derivando en opresivo debido a las dificultades –externas o internas– que tienen las protagonistas para dar rienda suelta a su tendencia sexual. Es fácil establecer paralelismos entre el judaísmo ortodoxo mostrado en este film y otras religiones que defienden absolutos morales y denuncian igualmente la ideología de género como un engaño moderno que pretende equiparar sentimiento y bien moral, subjetivismo y realidad, pero hay que conceder que Disobedience no es una película frívola y plantea una situación realista, que muy bien pudiera ser trasladada a otras circunstancias o épocas –véase Carol, donde el factor opresivo son las costumbres sociales– y que muestra a personajes convincentes que sufren hasta el tuétano por vivir en un ambiente incompatible con cierto modo de vida. Lelio ofrece un film denso, tristón en su argumento y en su puesta en escena sobria, lo cual se acentúa con el tono propio de la narración: los días que median entre la muerte de un padre y su funeral, con fases de dolor, de decepción, de reencuentro, de crisis, de desenfreno (incluida una larga y cruda secuencia sexual). Pero el cineasta no deja a los personajes solos en su angustia y aporta una salida verosímil, humana, a la penosa situación, al tiempo que aleja a sus creaciones tanto de rencores estériles como de soluciones facilonas. Saben interiorizar magníficamente sus sentimientos los tres actores principales, en especial una sufriente Rachel McAdams y un heroico, humilde, Alessandro Nivola en el papel de su marido. Por su parte, Rachel Weisz se encuentra como pez en el agua en este tipo de roles morbosos, fuera de lo establecido.

5/10
Florence Foster Jenkins

2016 | Florence Foster Jenkins

La historia de Florence Foster Jenkins, una neoyorquina heredera de una fortuna familiar, gran amante de la música, que tocaba el piano y organizaba veladas especiales en el Club Verdi con la ayuda de su marido, el actor St Clair Bayfield, y que se empeñó en cantar ópera, recibiendo las pertinentes clases, a pesar de que carecía de talento, no lograba dar bien las notas. El film describe cómo Bayfield trata de complacer en todo a su esposa, ocultando en la medida de la posible a la opinión pública su nula capacidad para la ópera, hasta que se presenta la prueba de fuego en 1944, en el Carnegie Hall de Nueva York, en una sesión donde ella invita a mil soldados, como forma de contribuir al esfuerzo de la Segunda Guerra Mundial. Stephen Frears lleva a la pantalla un guión del desconocido Nicholas Martin, que aborda un tema omnipresente en su filmografía, el de la impostura y el fingimiento en la vida social, piénsese en títulos como Las amistades peligrosas, Los timadores, Héroe por accidente o la muy reciente The Program. El film exige un cierto equilibrio entre el drama de quien cree que es buena en un terreno sin serlo, con un entorno de familia y amigos que le ayuda en su particular "pantomima" con buenas intenciones pero quizá equivocadamente, y la comedia ante una voz terrible que invita a risas y burlas. De modo que el clímax de Carnegie Hall, verdadero "tour de force" para el director y su equipo, funciona muy bien, conmueve. Frears logra en líneas generales moverse bien en el filo de la navaja, sobre todo gracias al extraordinario trabajo de Meryl Streep, que hace muy creíble a su personaje, y a un recuperado Hugh Grant, que compone bien al marido que cuida a su esposa –que padece sífilis transmitida por su primer marido desde tiempo atrás, lo que hace que su relación no sea física–. Menos convincente resulta el personaje de Cosmé McMoon, el pianista que trabajo con Florence, encarnado por Simon Helberg de un modo que saca de la película, como conteniendo la risa todo el tiempo ante la nulidad musical de su jefa.

6/10
London Road

2015 | London Road

Curioso musical antes llevado a la escena londinense, que parte de hechos reales, el asesinato de 5 prostitutas en una pequeña población de Suffolk en 2006, junto al modo en que alteró las tranquilas vidas de los vecinos de London Road, que vieron el barrio ocupado por la policía, con casas precintadas y profusión de periodistas y curiosos. Tiene la peculiaridad de que todas las frases, también las cantadas, forman parte de los testimonios que dieron los habitantes de London Road, o de los noticiarios. Y lejos de incidir en los aspectos morbosos de los crímenes –al estilo sanguinolento de Sweeney Todd, el diabólico barbero de la calle Fleet–, se ha optado por una mirada más o menos amable, acorde con cierto cine social, aunque no estemos hablando, por supuesto de un enfoque tipo Ken Loach, la comparación sería más bien con Full Monty. Aunque se sigue con facilidad, y el film de Rufus Norris cuenta con el reparto original de la obra en los teatros, las canciones con música de Adam Cork no resultan memorables, tampoco las coreografías. A veces se cae en un humor algo burdo, y la buscada emotividad de las prostitutas supervivientes, a modo de pájaros heridos, no logra tocar la fibra sensible. El rostro más conocido del film, el de Tom Hardy, apenas tiene relevancia por su rol de taxista.

5/10
La chica danesa

2015 | The Danish Girl

Einar Wegener es un pintor danés de gran prestigio, casado desde hace años con Gerda, también pintora, pero que no acaba de tener el reconocimiento que merece. Un día en que Gerda no puede disponer de su modelo, le pide a su marido que pose para ella poniéndose unas medias y sosteniendo un vestido de mujer sobre su cuerpo. Súbitamente Einar sufrirá entonces una especie shock de identidad y una poderosa personalidad femenina irrumpirá en su interior. Einar se transformará en Lili y el hombre que fue irá poco a poco desapareciendo. Tom Hooper es un director que arriesga. Tiene un descomunal talento para plasmar con perfección sus historias en la pantalla. Así lo ha demostrado una por una en todas sus películas, especialmente en las más complicadas, Los miserables y El discurso del rey. Aquí vuelve a sacar pecho y se atreve con un relato complicado, harto complicado: contar la historia real del primer hombre que decidió someterse a una operación quirúrgica para cambiar su sexo. Adapta para ello un libro de David Ebershoff. Sin embargo, pese al oficio de Hooper, la pieza esta vez se le atraganta y el resultado defrauda las expectativas. El motivo hay que buscarlo quizá en el guión de Lucinda Coxon, al que le falta mordiente y llega a aburrir. ¿Cómo es posible que eso suceda con tema tan delicado? Pues sencillamente porque el conflicto se plantea al inicio de la historia y resto del metraje no es más que un conjunto de situaciones en donde Einar se va feminizando aceleradamente, ante el estupor de su esposa. De modo que no hay más una retahíla de momentos retorcidamente sensuales, a veces de una cursilería espantosa, donde la situación deviene en irreal de tan exagerada, y que provocaría incluso vergüenza si no se acompañaran con los contrapuntos sufrientes, lacrimógenos que viven inevitablemente los dos cónyuges. La chica danesa se inscribe –no podía ser de otra manera– en la ideología de género. “Dios me hizo mujer y sólo tengo que curar la enfermedad de mi cuerpo de hombre”, se llega a decir, dándole la vuelta a la tortilla. Y el film se encarga de hacer ver que eso es realmente lo que es, una mujer. La cuestión es que entonces no es para nada creíble que Einar no sintiese a la Lili que lleva dentro hasta el día en que, por pura casualidad, sufre una verdadera conmoción cuando sus dedos rozan el tul de un vestido de bailarina sobre su cuerpo. Lo que viene después es verdaderamente desorbitado, y por mucho que se incida en el amor a “la persona” –Einar o Lili–, algo completamente admirable, no resultan verosímiles los jugueteos matrimoniales a los que se presta la adorada esposa, tan desconcertada lógicamente como su marido/a. La película gana enteros gracias a la exquisito diseño de producción, en donde Hooper demuestra ser un perfeccionista absoluto. El vestuario y la ambientación son modélicos, y la elegante planificación resalta la cuidadísima fotografía de Danny Cohen, que se esmera en el tratamiento de la luz, de los reflejos, de los interiores. Los actores están bien, pero Eddie Redmayne ya no asombra como en La teoría del todo, además de que sus continuos pucheritos acaban agotando y aportan a su personaje ademanes muy reiterativos. Mucho más sólida está Alicia Vikander (Ex Machina), que transmite mucho sentimiento con su delicado rostro sin resultar forzada.

5/10
La habitación

2015 | Room

Parte del desafío de una película que arranca con una situación desconcertante, que no se acaba de entender, consiste en que el director logre entregar los elementos suficientes para que el espectador comprenda en un tiempo razonable qué es lo que está viendo. El irlandés Lenny Abrahamson, que adapta una novela de Emma Donoghue convertida en guión por ella misma, tiene el mérito de afrontarlo con éxito. En efecto, seguimos a una madre y a su hijo Jack, que da la impresión de que hacen toda su vida dentro de una habitación, que no tiene más luz natural que la que entra por una claraboya. Allí comen, hacen ejercicio, juegan, ven la tele... No sabemos cómo han llegado hasta ahí, podríamos pensar que están en un refugio nuclear o algo así. Pero descubrimos que de vez en cuando les visita un tipo, el viejo Nick, que les provee de alimentos y algunos enseres. También notamos que Jack desconoce cómo es el mundo real, o la sustancia que esconden las imágenes de la pequeña pantalla, en lo que parece una variación del mito de la caverna de Platón: pues podemos llegar a creer, como en el viejo relato, que las sombras constituyen la auténtica realidad. Finalmente tenemos la convicción de que están encerrados contra su voluntad, que llevan así años, y que la madre ha trazado un plan que les permita la huida. Si algo define esta historia, que se diría libremente inspirada en el cautiverio y liberación de la austríaca Natascha Kampusch, es la sutileza, los sobreentendidos, el logro de evitar subrayados innecesarios, la elegancia ante lo que podía ser sórdido y truculento hasta el extremo. Se abordan muchas cuestiones en muy poco tiempo, y nunca dan la sensación de estar metidas con calzador. Además Abrahamson logra plasmar en imágenes de modo maravilloso el formidable contraste entre el espacio claustrofóbico de la habitación, y el mundo exterior que se diría nos vuelve la atmósfera respirable, en un momento mágico. Y apunta las dificultades de una educación en circunstancias traumáticas, se diría que el mundo avanza de modo distinto dentro y fuera de la habitación, y que pasar al otro lado lleva consigo el pago de un precio, tanto para los cautivos como para los familiares que han vivido demasiado tiempo la angustia de una inexplicable separación. También la idea de que un hijo tenido en circunstancias nada idóneas pueda darte la vida y la esperanza resulta tremendamente sugerente. El punto de vista que se nos ofrece es el de Jack, su voz en off puntúa en unos cuantos momentos el relato. El niño actor que lo interpreta, Jacob Tremblay, resulta completamente natural, qué gran trabajo, mientras que Brie Larson, que encarna a su madre, está tan estupenda como en Las vidas de Grace, donde también trataba con chavales. El resto de personajes son claramente secundarios, pero los actores que los interpretan los bordan, ya sean los más conocidos Joan Allen y William H. Macy, los abuelos del niño, u otros como Tom McCamus, el nuevo compañero de la abuela.

8/10
The Program

2015 | The Program

El ciclista norteamericano Lance Armstrong pasa por haber protagonizado el mayor fraude deportivo de la historia. Durante años se sometió a un meticuloso programa de dopaje que le alzó a la más alta cumbre del ciclismo, deporte en donde llegó a ganar siete Tour de Francia entre los años 1999-2005. Pero en 2012, tras muchos meses de investigaciones, le fueron retirados todos sus títulos ganados a partir de 1998 y fue suspendido de por vida por dopaje sistemático. Fue la caída de un icono deportivo de la que el mundo del ciclismo internacional –profesionales, aficionados y opinión pública– aún está intentando reponerse. Ésta es la historia que cuenta con mucha soltura The Program (título que hace referencia a la planificación de dopaje que seguía el corredor), donde el veterano Stephen Frears sabe evitar soflamas latosas e innecesarias sobre sustancias, porcentajes, análisis farmacológicos, etc., aunque algo de esto hay, gracias a un guión accesible a todo tipo de público, de modo que las evidencias de las trampas llevadas a cabo por Armstrong son claras como la luz del día, mostradas en pantalla con implacable contundencia. En este sentido, el director inglés no se anda con chiquitas y desnuda la personalidad de Armstrong como la de un tramposo sin moral, cuya ambición por ganar llegó a rozar lo enfermizo y que le llevó a una espiral de mentiras que arrastró al abismo a muchas otras personas. The Program está basado especialmente en el libro que escribieron en 2004 –por tanto ocho años antes de que sancionaran al corredor– los periodistas del The Sunday Times David Walsh y Pierre Ballester, que contenía algunas entrevistas con conocidos de Armstrong que arrojaban sospechas sobre sus costumbres antideportivas. Y también se han usado los informes de la investigación llevada a cabo por diferentes organismos oficiales, como la USADA (Agencia Antidopaje de Estado Unidos) o la UCI (Unión Ciclista Internacional). Pero el guión de John Hodge (Trainspotting) es inteligente al enfrentarse a tan ingente material, pues elude terrenos pantanosos y escoge lo justo, para centrarse casi exclusivamente en la vida cotidiana del ciclista en época de competición, en sus métodos de dopaje y en sus interacciones con un reducido grupo de allegados (el médico Michele Ferrari, su director de equipo Johan Bruyneel, su compañero Floyd Landis, su abogado Bill Stapleton). De este modo se deja de lado casi totalmente cualquier faceta de Armstrong que haga referencia a su vida privada, y sólo se recrean algunos momentos que dedica a Livestrong, su fundación contra el cáncer, terreno en donde el deportista muestra su lado más humano y solidario. Acierta Frears al adoptar la historia con un estilo que tiene mucho de reportaje deportivo, hay ritmo, imágenes de carreras con look televisivo, ruedas de prensa, etc., pero también, aunque en segundo plano, supone otro homenaje más al periodismo de investigación (como Todos los hombres del presidente o Spotlight), donde se presenta al personaje de Walsh como un adalid de la verdad que se juega su carrera al oponerse a las mentiras de Armstrong. Pese a tratar hechos más o menos conocidos, este enfoque dinámico aporta agilidad a la historia, que se sigue siempre con interés, incluso con un punto de intriga. El reparto que maneja Frears está muy equilibrado, aunque brillan especialmente un estupendo Ben Foster (El único superviviente) en el papel protagonista y Chris O'Dowd (Calvary) en el del periodista David Walsh.

6/10
Los miserables, el musical

2012 | Les misérables

Año 1815. Jean Valjean cumple condena de trabajos forzados por robar una hogaza de pan, bajo los vigilantes ojos del estricto inspector de policía Javert. Obtenida la libertad condicional, desespera porque nadie le da trabajo cuando se conoce que es un ex convicto. Pero su vida da un vuelco cuando redescubre el amor y la compasión gracias al obispo que le acogió en su casa, a quien robó su cubertería, y que descarta denunciarle asegurando que el botín fue un regalo. Valjean iniciará una nueva existencia bajo otra identidad, pero a lo largo de los años Javert se cruzará en varias ocasiones decisivas de su vida, poniendo en peligro todo lo logrado. Pese a todo siempre optará por intentar hacer lo correcto, lo que supone entre otras cosas ayudar a su ex empleada Fantine, obligada a prostituirse, y que tiene una hijita, Cosette. Mientras, en las calles de París, entre los miserables, cada vez se extiende más el anhelo de la libertad frente a la tiranía y la injusticia social. “Los miserables” de Victor Hugo ha sido repetidamente adaptada al cine, además de convertirse en maravilloso musical de Alain Boublil, Claude-Michel Schönberg y Herbert Kretzmer, el más representado hasta la fecha en los escenarios. Tom Hooper (ganador del Oscar por El discurso del rey) acomete el desafío de versionar para el cine musical, con un guión donde a los autores originales se suma William Nicholson, que dio muestra de sensibilidad con historias tan humanas como la de Tierras de penumbra. Él y Hooper consiguen dar a la película aliento cinematográfico, no tiene el espectador la sensación de que las canciones se encadenen abruptamente saltando de un escenario o año a otros, y los diálogos no cantados se han reducido para este fin al mínimo. Los temas de Los miserables, el musical, son, por supuesto, los bien conocidos para todo aquel familiarizado con la obra de Hugo. Es decir, la confianza en Dios en situaciones extremas, el mantenimiento de la esperanza y la necesidad de dar gratis el amor a los demás. También el realismo de no negar la existencia de la miseria y de aprovechados que sacan partido exprimiendo a los más débiles o simplemente a los incautos, la disposición a dar la vida por ideales que merecen la pena, la lucha por la libertad. O la importancia de tener corazón frente a la tentación de atarse a frías normas y reglamentaciones. El mérito del musical, en los escenarios y en el cine, es no volver simplón este amplio y rico abanico de cuestiones. En la película Los miserables, el musical, Hooper añade un arriesgado tono épico, apostando por un marco abrumador en el que se desarrolla la acción, como subrayando más la universalidad y grandeza de lo narrado, eso no es simplemente una pequeña historia en el devenir de la humanidad. Y deslumbra con escenarios como el lugar de los trabajos forzados de Valjean, un muelle sacudido por la tormenta, el paisaje por el que vaga ya en libertad, o los marcos de la capilla donde hace su plegaria, del París sediento de libertad, o el que marca el destino de Javert. También es muy hábil el montaje, sobre todo en el momento climático que une diversos temas musicales y a casi todos los personajes. Pero por supuesto, lo importante es el drama humano de los personajes, expresado en desgarradoras canciones. El director pone el acento sobre todo en los aspectos trágicos, lo que hace que los personajes cómicos de los mesoneros Thénadier (Helena Bonham Carter y Sacha Baron Cohen), presentados con zafiedad, queden algo desdibujados, no producen gracia sino repulsa, y hasta se acercan a lo grotesco con su aparición en la boda. A cambio, Valjean crece, ayudado por la increíble interpretación de Hugh Jackman, verdaderamente notable en sus solos como “What Have I Done?”, al igual que Anne Hathaway como Fantine -increíble con “I Dreamed a Dream” y, sorpresa, la desconocida Samantha Barks como Éponine que deslumbra con “On My Own”. Es meritorio el trabajo del resto de actores, niños y mayores, con Russell Crowe interpretando a su racionalista Javert de modo contenido, evitando cualquier asomo de histrionismo, una arriesgada opción que acaba dando sus frutos.

8/10
Johnny English Returns

2011 | Johnny English Reborn

El británico Rowan Atkinson retoma a uno de sus personajes, que sin ser tan popular como su inolvidable Mr. Bean, también tuvo éxito. Se trata de Johnny English, agente del servicio secreto británico que se distingue por ser bastante patoso. Esta secuela del film de Atkinson de 2003 tiene al frente a un director de prestigio, Oliver Parker, autor de adaptaciones de Oscar Wilde como Un marido ideal. No deja resultar extraño que se titule en España Johnny English Returns cuando se llama originalmente Johnny English Reborns. Después de una operación en Mozambique, que fue un auténtico desastre, Johnny English ha dejado de pertenecer al MI7. Se ha retirado a un monasterio budista, en una remota región de Asia, donde aprende a controlar el cuerpo y la mente. Pero cuando se sospecha que alguien puede estar planeando un atentado contra el primer ministro chino, que se dispone a visitar Londres, vuelven a llamar a English, pues le consideran uno de sus antiguos hombres más valiosos. Cuando inicia sus pesquisas, English descubre que detrás de todo se encuentra Vortex, una siniestra organización compuesta por tres hombres. Cada uno de ellos guarda una de las tres piezas que forman una misteriosa llave. Predecible y ligero, lo cierto es que al film no se le puede reprochar que no cumpla su principal aspiración: hacer reír al espectador. Muchos son los momentos que tienen su gracia, el de una silla que se alza y se baja involuntariamente en plena reunión con el primer ministro británico, o las apariciones de una asesina asiática anciana a la que Atkinson confunde con otras personas. Como es habitual, Atkinson se luce más cuando el gag no se basa en los diálogos, sino en sus gestos y movimientos. El film homenajea constantemente a las películas de James Bond que le sirven de modelo, más aún que la primera parte. El guión se parece bastante a la típica aventura de 007, así como sus secuencias de acción, y algunos personajes. Por ejemplo, Gillian Anderson –pelirroja que en esta ocasión luce curiosamente una melena castaña–, encarna a una jefa dispuesta a acabar con el tradicional machismo asociado con el cuerpo en el pasado, al igual que el personaje de Judi Dench en la saga de Bond. Y por supuesto, tienen una gran importancia los inventos del personaje que emula al célebre Q.

5/10
El discurso del rey

2010 | The King's Speech

Década de los 30 del pasado siglo. Reina en Inglaterra Jorge V, y soplan aires de guerra. Su segundo hijo, Albert, padece una pronunciada tartamudez desde que era niño. Los muchos expertos que han tratado de ayudarle con su problema han fracasado. Lo que no tendría demasiada importancia, de no ser por la muerte de su padre y lo poco adecuado que es David, el heredero, para asumir la función de monarca. Los avatares del destino le obligan a llevar la corona... y sus súbditos, en tiempos difíciles, necesitan oír la voz del rey. Un heterodoxo logopeda, el australiano Lionel Logue, podría ser la solución a tan reales dificultades. Formidable película dirigida por el británico Tom Hooper, que tiene a sus espaldas un magnífico currículum de películas y series televisivas basadas en personajes auténticos, ya sean regios (Elizabeth I), presidenciales (John Adams) o futboleros (The Damned United). Tiene a su disposición un guión de lujo firmado por un sorprendente David Seidler, quien hasta ahora sólo había descollado, y eso muy relativamente, con libretos de películas animadas (El rey y yo, La espada mágica. En busca de Camelot), y con uno escrito para Francis Ford Coppola, el de Tucker, un hombre y su sueño. Los hermanos Weinstein, productores, vuelven por la puerta grande a la lucha por los Oscar, y desde luego el conjunto del reparto de este film es de los mejores que se han visto en los últimos tiempos. Los personajes son magníficos y los actores que los representan les sacan todo su jugo, está increíble, sensacional, Colin Firth, pero también Geoffrey Rush, Helena Bonham Carter, Guy Pearce, Timothy Spall, Derek Jacobi, Michael Gambon, Jennifer Ehle, Anthony Andrews... Una trama basada en la relación profesor-alumno, por así decir, es algo muy visto. Caer en el tópico es muy, pero que muy fácil. Porque hay elementos que inevitablemente se repiten, ya sea el choque de caracteres, la no comprensión de lo que el profesor pretende, el no-respeto por las capacidades del alumno, etcétera. Pero Seidler y Hooper se las arreglan para sortear una y otra vez estas dificultades ascendiendo a cotas de brillantez excepcionales. Un elemento de originalidad lo introduce, obviamente, el hecho de que uno pertenezca a la realeza y el otro sea un plebeyo, y que éste, para aplicar con éxito su método, exija una relación de igualdad, e incluso de amistad. Pero la razón de que esta película sea casi un milagro no estriba sólo en eso, pues hay mil y un detalles, perfectamente cuidados, que contribuyen a reforzar lo que se cuenta. Así, podemos entender de dónde viene la inseguridad de Albert y la confianza de Lionel, aprendemos a conocer y contrastar los respectivos entornos familiares y sus distintas responsabilidades. Y hay escenas redondísimas, que producen emociones genuinas: no quisiéramos hacer el listado de las mismas, pero vale la pena destacar la de la primera consulta de Albert, la que tiene lugar en Westminster cuando ensayan la coronación y, por supuesto, la del climático discurso tras la declaración de guerra. Es muy inteligente la partitura musical, tanto los temas originales de Alexandre Desplat, como el uso de música clásica, Beethoven y su séptima sinfonía en un momento clave. Y la fotografía, con lentes cortas, y el recurso a picados y contrapicados, resulta muy apropiada para resaltar la soledad de la función real, aunque, paradójicamente, uno se encuentre en buena compañía.

10/10
Radio encubierta

2009 | The Boat That Rocked

El director Richard Curtis (1956) es un enamorado de la música, como pudimos comprobar en su primera película detrás de las cámaras, la hiperromántica Love Actually. En esta segunda película, el director neozelandés afincado en Inglaterra, se deja llevar por esa pasión –y, la verdad, durante demasiado tiempo– para pergeñar una historia que gira completamente en torno a la música de su juventud. Lo que se cuenta es lo de menos, una mera excusa bastante peregrina; aquí lo que importa es simplemente recordar e idealizar nostálgicamente los felices años sesenta, las canciones que sonaban entonces y los sueños despreocupados de la juventud. 1966. Los adolescentes y jóvenes del Reino Unido viven entusiasmados con el 'rock and roll' y con la nueva música que escuchan en las emisoras de radio. Pero se trata de emisoras piratas, que eluden las licencias del gobierno. Y es que la nueva música es una manifestación más de la relajación de las costumbres y de la máxima juvenil imperante de vivir sin reglas ni censuras. Y el gobierno, claro, no aprueba esa actitud, por lo que decide cerrarlas. La emisora más famosa, pesadilla del ministro Dormandy (Kenneth Branagh), es Radio Rock, que emite desde un barco que flota en el Mar del Norte y cuya programación ininterrumpida es seguida por millones de personas. Hasta allí llega el joven Carl (Tom Sturridge), que ha sido expulsado del colegio. Su madre le envía a pasar una temporada con su padrino Quentin (Bill Nighy), que resulta ser el dueño de la emisora. Carl conocerá en el barco a todos los hombres que trabajan en Radio Rock, tipos de todo pelaje con una única cosa en común: su fanatismo rockero y pasión por las nuevas bandas que hacen furor en el público. Entre ellos destacan el grueso Dave (Nick Frost), inteligente y con un cruel sentido del humor; el buenazo de Simon (Chris O'Dowd), que busca un amor de verdad; y los norteamericanos Gavin (Rhys Ifans) y el Conde (Philip Seymour Hoffman), que compiten por ser las estrellas de la emisora. La película es indudablemente divertida. Es fácil imaginarse qué tipo de situaciones pueden darse entre un grupo de hombres encerrados en un barco, y Curtis sabe sacar partido con frecuencia a chistes fáciles de temática sexual, alardeados con el lenguaje procaz tan propio de su estilo (y algunas imágenes más explícitas cuando suben las mujeres al barco). Sin embargo, toda esa picante diversión, aderezada con la mejor música, cae a menudo en la patochada y corre el riesgo de resultar muy reiterativa, ya que Curtis prácticamente abandona lo que mejor sabe hacer: el romanticismo de sus otros guiones, como los de Notting Hill o El diario de Bridget Jones. Y es una pena, porque al quedarse sólo con el ambiente coral del barco, descuida demasiado a cada personaje, se centra en lo anecdótico y olvida más que otras veces los detalles importantes (no hay ni una sola escena memorable, ni tronchante ni emotiva). Y así resulta demasiado fácil caer en los lugares comunes de una época idealizada hasta la saciedad, con topicazos que agotan porque uno se los sabe de memoria. Capítulo aparte merece la música, a todas luces extraordinaria. Curtis se emplea a fondo y procura que esté muy presente en casi todas las escenas. El espectador podrá disfrutar de una amplia representación de los mejores músicos de los sesenta, desde The Rolling Stones, los Beatles y The Who, hasta Jimi Hendrix, Leonard Cohen, The Supremes o The Kinks, por nombrar sólo a unos pocos. En cuanto a los actores, destaca sin lugar a dudas el poderoso talento de Philip Seymour Hoffman.

4/10
John Adams

2008 | John Adams | Serie TV

Valiosa serie histórica de HBO basada en la obra sobre John Adams de David McCullough, que mereció el Premio Pulitzer. Entre sus productores se encuentra Tom Hanks, actor que ha respaldado muchos proyectos sobre la historia de los Estados Unidos, como Hermanos de sangre y The Pacific. Recibió numerosos galardones, sobre todo en los Emmy y en los Globos de Oro. Sigue los primeros 50 años de los Estados Unidos a través de uno de sus protagonistas menos conocidos, John Adams, uno de los firmantes de la Declaración de Independencia, considerado con toda justicia padre fundador, y segundo presidente después del doble mandato de George Washington. La serie dirigida por Tom Hooper y escrita por Kirk Ellis presenta muchas virtudes, pero quizá la principal es su perfecto entrelazamiento entre los acontecimientos históricos y la peripecia personal de John Adams, lo que incluye la historia de amor, más de 50 años, con su esposa Abigail, y las satisfacciones, decepciones y sufrimientos deparados por sus cuatro hijos. Todo presentado con ajustado realismo y un formidable diseño de producción. Ha tenido la suerte Hooper de contar con un generoso presupuesto y con más de nueve horas para contar los hechos, pero eso no quita su mérito para pintar a un personaje con el que, evidentemente, simpatiza, pero del que también muestra sus limitaciones. Así, es muy interesante conocer su trayectoria inicial como abogado, en que asumió la impopular tarea de defender a los soldados británicos que dispararon a una muchedumbre soliviantada en la llamada matanza de Boston. La serie pinta a Adams como un verdadero patriota, una mente clara, y un hombre religioso y amante de su familia. Pero también aparece su falta de diplomacia para alcanzar los resultados deseados, cierta terquedad, y la dificultad de perdonar acciones que considera imperdonables. Si el trabajo de Paul Giamatti como Adams es formidable, no lo es menos de Laura Linney como mujer fuerte, que ha de soportar la separación de su esposo por largos períodos, y acometer difíciles decisiones para asegurar el bienestar de su prole. Sería prolijo mencionar al resto de un grandísimo reparto, pero quizá merece la pena destacar a David Morse como un George Washington como investido de aureola de héroe imprescindible de la revolución; a Stephen Dillane como un Thomas Jefferson decisivo en la redacción de la Declaración de Independencia, pero cuya adhesión a la causa de la Revolución francesa marca las distancias con Adams; y a Thomas Wilkinson como Benjamin Franklin, incomensurable como el político experimentado que ve con horror la falta de tacto de Adams en París. El trabajo de ambientación es increíble, con un hábil recurso de los efectos digitales, y el cuidado de los detalles más nimios en vestuario y decoración. También destaca la audacia de los numerosos encuadres inclinados, una forma muy visual de señalar los años convulsos en que se forja una nación recién nacida; y la épica partitura, que acompaña muy bien a las imágenes.

7/10
This is England

2006 | This is England

El desconocido director y guionista británico Shane Meadows (Somers Town) ha obtenido un éxito sin precedentes en su país, con este estremecedor retrato del racismo y las bandas de skin-heads (cabezas rapadas). Meadows se centra en la influencia que un entorno violento puede tener sobre un adolescente de buen corazón, pero desnortado. La acción se desarrolla en 1983, cuando la opinión pública británica está conmocionada por la Guerra de las Malvinas, conflicto en el que Shaun, un niño de doce años, ha perdido a su padre. El chico es adoptado por una pandilla de marginales, mayores que él, que a pesar de sus apariencias, su afición desmedida por el alcohol y su comportamiento violento, al menos no la toman por emprenderla a golpes con otras personas. Incluso llegan a ganarse en cierta medida la confianza de la madre de Shaun, a pesar de que a su niño le rapan el pelo y le visten como a uno de ellos. Los problemas comienzan con la salida de la cárcel de Combo, un skin neonazi, extremadamente racista y brutal, por el que Shaun siente una gran fascinación. Destaca el trabajo del niño protagonista, el debutante Thomas Turgoose, que es bastante expresivo, y de Stephen Graham (Combo), uno de los protagonistas de Snatch. Cerdos y diamantes. El film trata fundamentalmente asuntos sórdidos como el racismo y la violencia juvenil, pero se muestra esperanzado a la hora de mostrar que existen salidas, y que no todos los jóvenes se dejan influir por sus conocidos radicales. Meadows se ha basado en recuerdos personales y lanza una mirada nostálgica a una época, los 80, en la que él mismo era muy joven. Describe minuciosamente detalles como la ropa de los chicos (las famosas botas Dr. Martin), y la música de la época, marcada por cantantes como Morrissey. Por eso, tiene todas las papeletas para convertirse en un film de culto, como en los años 70 lo fue Quadrophenia, también sobre la rebeldía juvenil y su choque frontal con la realidad.

6/10
Longford

2006 | Longford

Pierrepoint, el verdugo

2005 | The Last Hangman

Película biográfica sobre el verdugo británico más prolífico de la sociedad morderna, Alber Pierrepoint. Gran actuación de Timothy Spall dando vida a Albert Pierrepoin. Se centra en las aristas más complejas de este hombre que heredó su curioso trabajo de su padre y que, si bien lo desempeñó con mucha profesionalidad se permitio dudar del efecto de la pena de muerte.

7/10
Creep

2004 | Creep

Londres. Kate es una joven ambiciosa que seduce a los hombres que se le ponen a tiro para conseguir lo que quiere. Una noche sale de su casa para asistir a una fiesta, con el objetivo de conocer y embaucar al mismísimo George Clooney. No encuentra ningún taxi libre, por lo que entra en el metro, pero mientras espera en el andén se queda dormida. Cuando despierta, las instalaciones están cerradas, y un monstruoso individuo hace su aparición. Junto con un empleado de la limpieza, Kate consigue refugiarse en una habitación. Desde que el éxito de Corre, Lola, corre y La princesa y el guerrero le despejó el camino para trabajar en Hollywood, en títulos como El caso Bourne, la alemana Franka Potente ha ido perdiendo velocidad. Ahora, repite su papel de atlética corredora en una versión en clave de cine de terror de Jo, ¡qué noche!, la comedia de Scorsese. A pesar de lo que dice el director y guionista Christopher Smith (“Quería inyectar sabia nueva en el cine de terror”) lo cierto es que se trata de la enésima repetición de la típica historia con monstruo sediento de sangre. Aunque se excede en violencia gore, aprovecha el claustrofóbico escenario que proporcionan los túneles del metro, y contiene alguna secuencia escalofriante, como la del quirófano, o cuando las ratas acorralan a la protagonista.

4/10
Seres queridos

2004 | Seres queridos

Leni, una joven judía, se enamora de Rafi, un joven palestino. Presentárselo a su familia no saldrá tan bien como esperaba. Film que desarrolla de forma amable el conflicto de Oriente Medio. De todas maneras, a pesar de sus buenas intenciones y de sus esforzadas interpretaciones, apenas mantiene el interés.

4/10

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