IMG-LOGO

Biografía

Hanno Lentz

Hanno Lentz

Hanno Lentz

Filmografía
Recuerdos desde Fukushima

2016 | Grüße aus Fukushima

La alemana Doris Dörrie vuelve de nuevo a Japón tras la celebrada Cerezos en flor. Rodada en exquisito blanco y negro, la película se centra en dos mujeres que deben aprender a que sus heridas existenciales cicatricen. La radioactividad como telón de fondo adquiere así un significado simbólico para esas almas heridas. Marie, alemana, se iba a casar, pero algo ocurrió que malogró el enlace. De modo que su vida hecha añicos se ha liado la manta a la cabeza y se ha ido nada menos que a Fukushima, en Japón, el lugar donde el terremoto provocó una catástrofe nuclear de la que la zona todavía está recuperándose. Su idea es ejercer de mimo con otros voluntarios, y alegrar un poco la vida de los afectados, pero ella está hecha un lío, no parece que puede levantar el ánimo de los destinatarios de su ayuda. Pero le va a cambiar la vida la japonesa viuda, madre de familia y antigua geisha Satomi, empeñada en regresar a su casa familiar en una zona de alta radioactividad. Tal idea parece un disparate, y Marie se dispone a dejarla sola, pero algo le impulsa a volver y a acompañarla. Ambas se influirán positivamente, la convivencia inesperada les va a hacer mucho bien. Afirma Dörrie que “mi objetivo al hacer películas es abrir puertas a la esperanza”, y desde luego lo logra con Recuerdos desde Fukushima, una cinta que discurre como un largo río tranquilo, sin prisas, parsimoniosamente, quizá demasiado. La idea de acudir a los fantasmas que evocan las desgracias pasadas funciona, la directora logra que la aceptemos en un contexto narrativo en la tierra desolada permite creer en que espíritus que no descansan tranquilos pueden estar vagando por ahí. Además se beneficia de una grandísima interpretación de las dos protagonistas, Rosalie Thomass y Kaori Momoi; están muy bien elegidas, y existe química entre ellas.

6/10
Ha vuelto

2015 | Er ist wieder da

Película que adapta la novela, que imagina cómo sería el comportamiento de Adolf Hitler si volviera a la vida en 2014 y se encontrara la Alemania actual. Se trata, cómo se ve, de una idea semejante a la que imaginó Fernando Vizcaíno Casas, también llevada al cine, con Franco, Y al tercer, año resucitó. Aunque hay algún momento gracioso –la gente haciéndose selfies con Adolf, por ejemplo–, transmite una sensación de ajuste de cuentas no demasiado sutil, con un protagonista ridículo y grotesco, por ejemplo cuando lleva su uniforme a la lavandería y se queda "en pelota picada". Y sí, las comparaciones son odiosas, pero está claro que a la hora de parodiar al Führer, nadie lo ha hecho mejor que Charles Chaplin en El gran dictador, con el mérito añadido de que entonces el personaje era una amenaza real.

5/10
Cerezos en flor

2008 | Kirschblüten - Hanami

La alemana Doris Dörrie (1955) pasa por ser una de las más reputadas directoras de su país. Ha dirigido más de una veintena de filmes, con estimable éxito, de entre los cuales destacan Hombres, hombres... y la más reciente Sabiduría garantizada. En general su estilo visual es moderno, realista, pero también decididamente reflexivo. Aunque suele elegir comedias de tono más o menos desenfadado, Cerezos en flor rompe con esa trayectoria y se inscribe en el drama, puro y duro, sobre la pérdida de un ser querido. Alemania. Rudi Angermeier y su mujer Trudi son un matrimonio mayor que vive en un pueblo de la montaña. Cuando Trudi se entera de que su marido tiene una enfermedad mortal, decide no decírselo a él y aprovecha para proponerle hacer un viaje. La idea es visitar a sus tres hijos, dos de los cuales viven en Berlín, y otro en Tokio. En la capital alemana pronto son conscientes de que la unión con su hijo Klaus (casado y con dos hijos) y con su hija Karolin (lesbiana que vive con su compañera) es prácticamente inexistente. Deciden proseguir su viaje hasta el Báltico, y allí, durante la noche e inesperadamente, muere Trudi. El pobre Rudi queda destrozado, perdido; y a los pocos días se da cuenta de que apenas conocía a su esposa, una mujer que sacrificó toda su vida por él y sus hijos. Entonces, de ahí en adelante él dedicará cada momento a recuperar para sí a su amor desaparecido. Film sólido, que va ganando enteros conforme avanza el metraje, aunque nunca emociona demasiado y quizá titubea excesivamente en los primeros compases. Pero una vez que la trama encuentra el sendero adecuado, es fácil que el espectador comprenda el desconcierto del protagonista y pueda meterse en su piel, y es igualmente sencillo disculpar sus excentricidades, esa desesperada búsqueda del ser desaparecido, que él siente tan vivo en su interior (¡qué tierno y patético resulta verle vestido con la ropa de su mujer!). Hay sin embargo, un hondo sentimiento de soledad y desamparo propio de un mundo sin Dios, o al menos sin la creencia en una felicidad más allá de esta tierra, y es que, a la postre, el film es en realidad una historia más sobre la eterna búsqueda de sentido y el enigma de la muerte. Pero cuando lo corpóreo manda, la esperanza deja de tener pleno significado. Con una mirada a menudo llena de poesía, con abundantes tomas de elementos naturales, sin personajes, Dörrie abunda sobre idea de la fugacidad de la vida –tan efímera como los cerezos en flor–, y en la incapacidad humana de retener el momento. Hay instantes muy contemplativos, en donde se hace notar la fotografía y la música del compositor Claus Bantzer, cuyas notas de piano recuerdan el hermoso minimalismo de Michael Nyman. También ilustra Dörrie, de manera muy bella y plástica, la idea de que la muerte nos acompaña siempre (como nuestra sombra), al conceder mucho protagonismo al Butoh, una danza japonesa muy moderna y expresionista (entendida en su concepción más propia: como manifestación del estado del alma). La directora menciona explícitamente la influencia del director japonés Yasujiro Ozu en su cine. Y es cierto que también se trata de una película sobre la familia. Solo que la familia que pinta Dörrie es una calamidad, cuyos miembros han descuidado tanto los lazos entre sí que se han convertido en extraños. No hay duda de que aletea en Rudi un amor inmenso, y en este aspecto todo el film es un gran elogio al amor y a la comunión conyugal, pero ese amor solo sale a la superficie cuando falta el ser amado. Y es que los humanos, viene a decir la película, somos en general muy egoístas y limitados. Y tarde nos damos cuenta. Los trabajos interpretativos son óptimos, en especial el del protagonista Elmar Wepper y el de la debutante Aya Irizuki.

6/10
Contra toda evidencia

2002 | Meine Tochter ist keine Mörderin

Una madre es arrestada por el asesinato de una de sus hijas. El problema es que ella dice haber bebido más de la cuenta y no recordar nada de lo sucedido la noche anterior; sin embargo, las pruebas la señalan como la presunta homicida. Ahora, la abuela de la pequeña intentará demostrar que su hija es inocente. La directora alemana Sherry Hormann ofrece este drama televisivo rodeado de misterio y amor filial, coproducido por Estados Unidos y Alemania. El reparto, poco conocido, hace un trabajo muy sólido.

5/10

Últimos tráilers y vídeos