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Biografía

Judith Kaufmann

Judith Kaufmann

Judith Kaufmann

Filmografía
La audición

2019 | Das Vorspiel

Pertenece The Audition a ese conjunto de películas que se ambientan en el mundo de la clásica, profesores y alumnos que trabajan duro para descollar, gestionando lo que parece talento. En este caso seguimos a Anna, exigente y perfeccionista profesora del conservatorio, casada con un lutier, y con un hijo adolescente, Jonás, que también estudia música. Anna acepta bajo su tutela a un nuevo alumno, Alexander, a quien debe preparar para la audición en que se decidirá si es o no aceptado para hacer la carrera musical. Ella le hace trabajar duro, de un modo un tanto desquiciado, que parece responder a sus propias frustraciones de no haber podido destacar más tocando el violín. La alemana Ina Weisse construye su película sobre el concepto de alguien que busca fuera de su propia casa lo que ya tiene ahí. En efecto, su hijo tiene talento, y su esposo la quiere, pero necesita sobresalir fuera, demostrarse algo, ya sea con un colega amante, ya sea con un alumno que piensa que podría dar más de sí. Las escenas de practicar y tocar están bien ejecutadas, la música funciona. Pero el personaje que tiene que interpretar Nina Hoss se antoja antipático y contradictorio, y es que quizá mérito de esta gran actriz que el resultado no se convierta en banal. Porque es verdad que algunos comportamientos de personajes, o su mera presencia –los padres de Anna–, resultan un tanto infantiles o no están suficientemente justificados.

6/10
Este niño necesita aire fresco

2018 | Der Junge muss an die frische Luft

Película basada en un libro autobiográfico escrito por el cómico alemán homosexual Hape Kerkeling (Recklinghausen, 1964) –conocido sobre todo en su país, aunque en España tiene publicado “Bueno, me largo”, libro sobre su experiencia al hacer el Camino de Santiago–, en el que rememora con tono amable su infancia, donde abundan los momentos entrañables, pero donde también asoma la tragedia. Lo adapta a la pantalla Caroline Link, ganadora del Oscar a la mejor película extranjera por En un lugar de África en 2001. Y siguiendo las pautas de la obra original, domina la mirada optimista y esperanzada, todo se tamiza por un sano sentido del humor, destacando la idea de que para alcanzar la felicidad la mejor receta es tratar de hacer felices a los demás. Algo que parece tener bien interiorizado Kerkeling, al fin y al cabo su dedicación profesional consiste en hacer reír a la gente. La narración transcurre durante la década de los 70, cuando Hape es un niño, y vive con sus padres y su hermano mayor. La familia acusa los viajes por trabajo del progenitor, y la madre, que trabaja en una tienda familiar, sufrirá una enfermedad a la que acompaña una depresión. Las circunstancias obligan a idas y venidas al campo y a la ciudad, donde conviven con los abuelos maternos y paternos. Hape, desde pequeño, demuestra ser un completo “ganso”. Gordito, tiene una capacidad increíble para hacer imitaciones, disfrazarse, gastar bromas y escenificar situaciones, lo que provoca las risas de su numerosa parentela, y también sorprende en el ambiente escolar y entre los otros chicos de su edad. La película contiene momentos muy emotivos. Conmueven los esfuerzos de Hape para divertir a su madre cuando la ve triste; y el modo en que ella resuelve una situación incómoda en una fiesta familiar, en que el chico se ha disfrazado de princesa. Link logra un ajustado equilibro entre los momentos divertidos, la repetición satírica de los comentarios de una señora cotilla o el chico con los abuelos atendiendo a la asistente social, con los trágicos, la noche en que la madre está muy enferma y sólo Hape está con él. Incluso un momento tan sencillo como la tía monja descubriendo su cabellera siempre oculta por la toca, resulta mágico. Hape Kerkeling, con sentido y sensibilidad, no ha concebido el film para apuntarse a la militancia gay. En algunos rasgos del pequeño se apunta una posible inclinación, pero si estuviéramos en una ficción no tendríamos modo de saber a ciencia cierta adónde va a evolucionar Hape. Porque la película de Link pone sobre todo el acento en las emociones, subrayando la idea de que los lazos familiares, la amistad, el amor y el ocuparse de la alegría de los demás, es lo que verdaderamente nos llena. Todo el reparto está magnífico, pero sobresale el niño debutante en las pantallas Julius Weckauf.

6/10
El orden divino

2017 | Die göttliche Ordnung

1971. Nora es una mujer casada y con dos hijos pequeños que vive en un pueblecito montañoso de Suiza. Sus días son tan rutinarios como los de las demás mujeres del pueblo: limpiar, cocinar y obedecer al marido. Pero a Nora le gustaría cambiar un poco su vida y le hace ilusión trabajar en una agencia de viajes. Cuando su marido se niega en rotundo se siente profundamente herida, lo cual acrecienta su sensibilidad hacia la incipiente revolución social que aboga por promover el sufragio femenino en Suiza. Y poco a poco irá ganándose para la causa a las mujeres de su pueblo. Hoy en día es extraño pensar que en algunos lugares de Suiza las mujeres no tuvieron derecho a votar hasta los años 90 del siglo XX. En la mismísima Europa, cuna de la civilización, este derecho les estaba negado y no fue sino a partir de 1971 cuando los helvéticos empezaron a levantar la mano a favor del sufragio femenino. Hasta entonces las mujeres vivían una vida bastante oprimida, anacrónica con respecto a las ideas que estaban cambiando por entonces Occidente: la liberación de la mujer, la igualdad entre los sexos, el aborto, el divorcio, etc. Más allá de valorar actitudes morales –El orden divino se centra en el sufragio, pero incluye también otras cuestiones familiares y sexuales más controvertidas–, la guionista y directora Petra Biondina Volpe imagina una historia de corte eminentemente social que ilustra magníficamente la injusta situación de las mujeres suizas en la década de los setenta. Lo llamativo hoy en día es que la cosa no se limitaba al ámbito público, sino que prácticamente no tenían voz ni es sus propias casas. El guión de Biodina Volpe es inteligente, cuidado en su veracidad, evita extremismos tópicos y elude con bastante soltura los eslóganes facilones. Para ello centra la historia en un grupo de personas y especialmente en la evolución de su protagonista, Nora, cuyo nombre evoca no por casualidad a la heroína de Henrik Ibsen. Cae bien desde que la vemos en pantalla viajar en bicicleta por los bellos paisajes montañosos bellamente fotografiados y es la clave de que la película funcione. Poquito a poco se nos muestran sus progresos, sus dificultades, sus dudas y el reconfortante acompañamiento de sus vecinas cuando decide ir a por todas en el asunto. La actriz alemana Marie Leuenberger hace en este arco de transformación un excelente trabajo. No se oculta por otra parte que el itinerario del cambio no es fácil, pero a la directora parece no interesarle llevar las cosas por el camino de la discordia y está lejos de ella estigmatizar ramplonamente al género masculino. Más bien deja claro que aquello era cosa de una época y esa mirada ponderada se ve también en el tratamiento que se hace del personaje del marido. Se agradece por tanto que se adopte en general un tono amable y positivo, aunque las situaciones que tuvieran de vivir esas pioneras no fueran precisamente agradables. La música de Annette Focks es estupenda.

6/10
13 minutos para matar a Hitler

2015 | Elser: Er hätte die Welt verändert

Reconstrucción de la historia real de Georg Elser, carpintero de una pequeña localidad que el 8 de noviembre de 1939 colocó una bomba en una cervecería de Munich, donde tenía lugar un acto en el que participaba el mismísimo Adolf Hitler. El Führer abandonó de forma imprevista el lugar 13 minutos antes de que llegara a estallar el artefacto, causando en cambio la muerte de varios inocentes. Segundo acercamiento a la Alemania de la II Guerra Mundial (tiene previsto para el futuro un tercero), del realizador Oliver Hirschbiegel, tras la redonda El hundimiento. Puede desconcertar un poco a quien espere un film en la misma línea, pues aquí apenas aparece el líder del Tercer Reich, y también a quien conociendo las líneas del argumento pueda deducir que estamos ante un thriller centrado en el atentado, al estilo de Valkiria. Aquí el cineasta se va por otros derroteros, pues básicamente se centra en la relación entre carcelero y preso (lo que remite a su film anterior El experimento), y en el flashback que muestra las causas de la acción del protagonista, lo que da pie a mostrar el ascenso del nazismo, y sus efectos: el nacimiento de la represión y la violencia. Además de que le falta un poco de gancho, sorprende que 13 minutos para matar a Hitler caiga en los estereotipos (véanse los nazis que montan una trifulca en una taberna, que parecen malvados de opereta), cuando está dirigida precisamente por el tipo que incluso recibió críticas por haber mostrado a un Hitler demasiado humano. Pero cuenta con una cuidada recreación de la época, y un memorable trabajo de Christian Friedel, que encarna al protagonista, así como de Burghart Klaußner, el oficial nazi que le interroga.

6/10
Refugio

2015 | Freistatt

Hasta mediados de los setenta, permanecieron en activo en Alemania Occidental unos internados de educación cristiana en los que prevalecían la violencia y la represión como formas de aprendizaje. Eran verdaderos santuarios del terror, reformatorios para chicos difíciles, jóvenes airados nacidos en la posguerra. Esta película nos traslada a los escenarios reales de una de esas instituciones aún en pie, concebidas como campos de trabajo y centros penitenciarios de alta seguridad, aisladas en fangosos pantanos y extensiones de llanuras, para poner en escena el descenso a los infiernos al que se ve abocado Wolfgang (encarnado con energía y magnetismo por Louis Hofmann), uno de esos adolescentes “difíciles”, despierto, confiado, de naturaleza insurgente.

Entre mundos

2014 | Zwischen Welten

Vivir sin parar

2013 | Sein letztes Rennen

Paul Averhoff sobrelleva la tercera edad con dignidad, hasta un repentino desfallecimiento de Margot, su esposa. La hija azafata de ambos, Birgit, una joven egoísta y desnortada, decide enviarles a una deprimente residencia de ancianos dirigida con mano de hierro. Un día, Averhoff sorprende a sus compañeros declarando que aún tiene mucho por demostrar, así que planea nada menos que ganar la Maratón de Berlín. En principio le toman a chirigota hasta que recuerdan que fue un legendario campeón olímpico que ganó una medalla de oro en Melbourne. Vitalista comedia dramática alemana, que en la línea de salida parece tener todas las papeletas de convertirse en una de esas archimanidas películas sensibleras sobre ancianos que a veces aparecen en las carteleras, o en un telefilm de sobremesa. Pero según avanza, el espectador comparte el sufrimiento del protagonista en su peculiar carrera para demostrar que tras cumplir los setenta la peor opción sería sentarse simplemente a esperar la muerte. Vivir sin parar tiene mucho de crítica social hacia la escasa atención que se presta a los mayores, y se ceba especialmente contra una concepción de las residencias geriátricas como máquinas de hacer dinero, y meros morideros. No en vano, en una genial referencia cinéfila, el hogar para abuelos del film tiene al frente a dos mujeres que enseguida traen a la memoria a la legendaria enfermera Ratched (Louise Fletcher) de Alguien voló sobre el nido del cuco. El film acaba siendo una especie de fábula que recuerda también por momentos a Cadena perpetua y a Rocky. Se nota que el desconocido realizador alemán Killian Riedhof, de cuya obra sólo han trascendido fuera de su país algunos episodios de las series Un caso para dos y El lugar del crimen, ha preparado el proyecto, del que es coguionista, durante más de una década. Ni sobra ni falta nada, y tiene algunos hallazgos estupendos, como la comparación metafórica de la vida con una maratón, en el que se debe realizar un esfuerzo sobrehumano en el tramo final. También es todo un acierto reclutar como protagonista a Dieter Hallervorden, un mito de la comedia en Alemania, muy bien secundado.

6/10
Dos vidas

2012 | Zwei Leben

Ha caído el Muro de Berlín y las dos Alemanias se dirigen a la reunificación. Es un momento en que hay mucho interés por indagar en el pasado oscuro y reciente, y un abogado de derechos humanos quiere llevar a Estrasburgo el caso de los niños hijos de soldados alemanes y mujeres noruegas durante la Segunda Guerra Mundial, criados en orfanatos y arrancados de los brazos de sus madres con la connivencia de Noruega y Alemania. Fue el caso de Katrine, felizmente casada en Noruega, con una hija y una nieta, que logró reunirse con su madre. El abogado quiere que las dos mujeres testimonien en un juicio, pero Katrine se niega por misteriosas razones, tal vez no sea quien dice ser, y su presencia en Noruega esté motivada por razones que poco tienen que ver la familia. Apasionante y desgarrador drama, con su punto de intriga, sólo concebible en la Alemania sometida a las tiranías nazi y comunista, en el momento en que termina la Guerra Fría, con las esquizofrenias que propició en la RDA. El desconocido Georg Maas, director y coguionista, adapta con buen pulso y agradecible clasicismo una novela de Hannelore Hippe que demuestra que las vicisitudes históricas afectan a personas reales, con nombres y apellidos. El film pivota sobre el personaje de Katrine, muy bien interpretada por Juliane Köhler, que atrapa todos los dilemas y dudas de quien creía haber dejado atrás el pasado, y que está acostumbrada a interpretar un papel. Pero todos los lazos familiares están muy bien trazados –magníficas las escenas compartidas por Köhler y su madre en la ficción, Liv Ullmann–, puesto a poner algún pero quizá el marido tiene algunos accesos de violencia algo artificiales, y el abogado es un pelín insulso. Hay opciones estéticas inteligentes, como los flash-backs, ofrecidos con escenas con mucho grano y actores que enseguida se asocian a los personajes envejecidos del presente, y momentos tan bien resueltos como la angustiosa desaparición del bebé y el sobrio final.

7/10
El fin de una noche

2012 | Das Ende einer Nacht

Si no nosotros, ¿quién?

2011 | Wer wenn nicht wir

La historia real de Bernward Vesper y la madre de su hijo Gudrun Ensslin en Alemania, a lo largo de más de dos décadas, desde finales de los 40 a finales de los 60. Bernward es hijo de un poeta nazi al que pesa la herencia paterna. Algo parecido le ocurre a Gudrun, cuyo padre combatió en la guerra aunque no simpatizara con Hitler. Madurar como personas con un pasado que les abruma no resulta sencillo. Él cree que se comete con su padre una injusticia, una cosa son sus ideas y otra su obra literaria; por ello monta una editorial para reeditar su creación, algo en lo que le ayuda Gudrun. Con el paso del tiempo la mirada cambia, y ambos reaccionan apoyando los movimientos revolucionarios contra lo establecido, la idea es impedir que puedan ocurrir nuevos genocidios, ya sea en Vietnam o en el propio Estados Unidos. Incluso recurriendo a la violencia de la que es partidario Andreas Baader. Andres Veiel escribe y dirige este film desesperanzado, que incide en la influencia decisiva de una generación en los que les suceden, sobre todo cuando la primera ha fallado en cuestiones morales esenciales. Verdaderamente da qué pensar la pareja protagonista, jóvenes con ideales pero que vagan sin rumbo claro, convertidos en un manojo de contradicciones, hasta el punto de que metas bienintencionadas pero abstractas hacen olvidar a los seres más cercanos, a los que se descuida y se hace daño. El horror nazi da paso así a otro vacío existencial, donde las razones para seguir viviendo se desdibujan, a la injusticia y las faltas de amor se acaba respondiendo con una actuación autodestructiva. Falta equilibrio a la interesante propuesta de Veiel, algo larga y reiterativa, y demasiado explícita a la hora de recalcar los tumbos que dan los personajes en su búsqueda del amor libre. Los actores están bien, la interpretación de August Diehl, Lena Lauzemis y Alexander Fehling son creíbles en la fragilidad que intentan ocultar en su devenir diario.

5/10
El fin es mi principio

2010 | Das Ende ist mein Anfang

Tiziano Terzani (1938-2004) es un anciano aquejado de un cáncer terminal, retirado con su esposa alemana Angela en una casa de Orsigna, en la Toscana italiana, lejos del mundanal ruido, un paraje de incomparable belleza. Como corresponsal de prensa en el sudeste asiático y padre de dos hijos, la experiencia de los años le ha regalado cierta sabiduría que le hace estar en paz consigo mismo y con el mundo. Ahora que la vida se va, llama junto a sí a su hijo Folco para escribir con su ayuda un libro de conversaciones, un legado para su familia, pero también para el mundo, desea transmitir lo que ha aprendido en su caminar terreno, del que acepta la proximidad del final. Jo Baier, con ayuda del propio hijo de Tiziano Terzani, Folco Terzani, y de Ulrich Limmer, también productor, acomete la difícil empresa de trasladar a la pantalla un libro de más de 400 páginas, larga conversación sobre lo divino y lo humano, donde se presentan ideas sobre el sentido de la vida –“la única revolución útil es la que tiene lugar dentro de ti, en tu interior”–, se mira de frente a su final –“la muerte es el miedo de perder todo lo que tienes”–, y se pone la lente de aumento en las cuestiones que verdaderamente importan. Por supuesto, existe una dificultad de condensación, y quizá en el film se pierde un poco la realidad de que Tiziano es un hombre pegado al terreno, su profesión periodística le ha conducido a conocer a muchas personas y tener mucha información, por decirlo mal y pronto, no es ‘un sabio en las nubes’. La trayectoria de Terzani padre es muy atractiva, porque es la de un hombre honrado, en busca de la verdad y el sentido de las cosas, con ideas propias. Está claro que su experiencia en India –la no-violencia de Gandhi– y China –el experimento social fracasado de Mao– le marcó enormemente, y gran parte de su pensamiento se enmarca en la espiritualidad oriental. Pero no, como dice en el libro, cayendo en “chorradas New Age”, sino con rigor, y la idea guía de “construir una vida en la que te reconozcas”. Quizá es su cosmovisión se echa en falta alguna alusión al cristianismo, al fin y al cabo su marco cultural original, apenas se menciona a la Madre Teresa de Calcuta como un referente; algo más dice en el libro, pero sabe a poco, no hay lugar a la consideración de un Dios personal amoroso. Mantener el interés en un film claramente discursivo, cuyo meollo son las consideraciones de un anciano, recabadas sobre todo por su hijo Folco, y con la intervención en un segundo plano de la esposa Angela y la hija Saskia, resulta harto difícil. La forma de lograrlo es, por supuesto, la grandísima interpretación que entrega del protagonista un irreconocible y gigante Bruno Ganz, que logra interesarnos con sus agudas observaciones. También ayuda el moverse con pequeñas excursiones, un paisaje de montañas hermosamente fotografiado.

7/10
La extraña (Die Fremde)

2010 | Die Fremde

Umay ya no soporta más los malos tratos que le inflige su marido. De modo que abandona el hogar en Turquía con su hijito Cem, con la esperanza de que sus padres y hermanos, que viven en Alemania, sabrán acogerla con cariño y comprensión en este momento desgraciado. Pero el recibimiento es frío, se impone la dureza de corazón porque al fin y al cabo y más allá de sus razones Umay ha roto su compromiso matrimonial, y eso en la comunidad islámica supone una deshonra que pesa como una losa sobre toda la familia. Dura película escrita y dirigida por una mujer actriz debutante tras la cámara, Feo Aladag, que describe sin acritud pero evitando cualquier tentación de edulcoración, las penalidades de alguien que ha llegado al límite en una situación de violencia doméstica. Arrancar con Umay que acaba de abortar sin que su esposo supiera siquiera de su embarazo, da idea de ese punto de no-retorno, pues resulta evidente que acabar con el hijo que habitaba en sus entrañas es una decisión terrible. Pero quizá donde Aladag pone el acento, a modo de columna vertebral de la narración, es en la tensión desgarradora a la que está sometida Umay por el esfuerzo de iniciar una nueva vida, y los reproches y desaires de los de su sangre, con los que ella se ve incapaz de cortar. Porque lo cierto es que existe un afecto mutuo, pero pesan más las consideraciones sociales y de tradición, frente al amor que obliga a ocuparse de los demás, actúen o no acertadamente. Aunque domina un toque fatalista, la cineasta sabe apuntar a la idea del perdón amoroso como la única capaz de restañar heridas dolorosas. En La extraña (Die Fremde) -premio Lux en 2010- vemos personajes de carne y hueso, que sufren en su búsqueda de la felicidad, y que son prisioneros de sus contradicciones. Entre los actores destaca la protagonista, Sibel Kekilli, que conjuga en su rostro el miedo y el temor, con la convicción que desearía asentar de que todo va a salir bien, porque ella sólo busca ser feliz sin hacer daño a nadie.

6/10
Cuatro minutos

2006 | Vier Minuten

En los últimos tiempos el cine alemán se ha puesto serio. El hundimiento, Sophie Scholl: los últimos días o La vida de los otros son botones de muestra que han puesto el listón muy alto para los directores germanos, al tiempo que también les han ofrecido las claves reales del éxito. Y es que, al final, la calidad, la hondura y la coherencia de las historias siempre se llevan el gato al agua. Cuatro minutos también tiene un planteamiento atractivo y serio, de esos que promete calado profundo, aunque no llega al nivel de las películas antes mencionadas. La historia acontece en una cárcel de mujeres. Allí trabaja la veterana pianista Traude Krüger, que da clases de piano a las reclusas. El descubrimiento del extraordinario talento musical de una alumna será un revulsivo para su vida, y pese a las dificultades para hacer entrar en razón a la talentosa Jenny –una joven muy violenta, acusada de asesinato, y con una irascibilidad y rebeldía casi patológicas–, logrará poco a poco y a duras penas impartirle las clases deseadas. Traude está convencida de que Jenny puede ganar el premio de un importante certamen musical. Cuatro minutos es la segunda película de Chris Kraus (1963) como director y guionista. A la hora de explicar el punto de partida del film, Kraus dice: “Siempre he pensado que la motivación era únicamente un sinónimo de talento. Pero ¿y si hubiera alguna diferencia? ¿Y si alguien tuviera talento pero le faltara motivación?”. Pues bien, el director lleva esta idea por derroteros muy dramáticos y nada convencionales. En la relación que se establece entre profesora y alumna nada es normal, la tensión se masca continuamente y nunca desaparece a pesar de ciertos momentos de calma. Y así, poco a poco –por conversaciones o por medio de breves flash backs–, el espectador conoce el pasado de ambas mujeres, sus traumáticas vidas y sus secretos más íntimos. Sobre toda la historia pulula, lógicamente, la idea de la redención a través de la creatividad artística, en este caso por medio de la música. Sin embargo, este anhelo de belleza está sólo tenuemente esbozado, y el conjunto queda ensombrecido por una visión demasiado trágica de la existencia. En realidad parece faltar un sentido elevado a lo que vemos. Los personajes creados por Krauss transmiten una tremenda amargura, y la puesta en escena carcelaria es tan áspera y gris como ellos. La solidez de la película, multipremiada en Alemania, tiene mucho que ver con el reparto. Probablemente, lo mejor del film es el trabajo de la debutante Hannah Herzsprung, elegida entre más de 1.200 chicas. Herzsprung, que había actuado antes en varias series de televisión, realiza una portentosa mimetización en la conflictiva y atormentada Jenny, una interpretación que llega al culmen en la impresionante catarsis final.

6/10
Boxing

2002 | Elefantenherz

Marko Stemper, un muchacho alemán, vive en un suburbio con su hermana, su madre y un padre que les da continuos disgustos por su alcoholismo. El chico acude a entrenarse como boxeador en el gimnasio local, donde le descubre un promotor, que le vaticina una prometedora carrera y le ofrece un sustancioso contrato. Decidido a abrirse camino como púgil profesional, para garantizar que los suyos salgan adelante, Marko se entrenará de forma compulsiva. Daniel Brühl rodó esta película justo antes de convertirse en el actor joven más célebre del cine alemán gracias a Good Bye, Lenin!. Rodada con imaginativos movimientos de cámara, describe las condiciones de vida de los obreros industriales más desfavorecidos, e incide en temas del cine pugilístico y deportivo, como la superación personal.

4/10
Nico Icon

1995 | Nico Icon

Christa Päffgen, conocida por el nombre artístico de Nico, fue una modelo, actriz y cantante alemana, cuya peculiar pensamiento y modo de vida retrata este documental. El resultado no es demasiado memorable, también porque Nico (1938-1988) fue una mujer demasiado excéntrica, muy rara incluso parar sus familiares, colegas y amigos más allegados. Nico fue una chica de hermosura extraordinaria, que obsesionada con la muerte, fue presa de su propia belleza, de la que acabó renegando. La película habla de cómo comenzó su carrera, de sus relaciones con The Factory y con Andy Warhol, y de su salto al mundo de la canción y el cine, en donde compartió experiencias con gente célebre, como Lou Reed, Jim Morrison, Jackson Browne o Paul Morrissey. El film ofrece también actuaciones de Nico, fotografías de su época de juventud y esplendor, así como entrevistas con ella y con mucha de la gente que conoció.

5/10
Dos vidas

2012 | Zwei Leben

Ha caído el Muro de Berlín y las dos Alemanias se dirigen a la reunificación. Es un momento en que hay mucho interés por indagar en el pasado oscuro y reciente, y un abogado de derechos humanos quiere llevar a Estrasburgo el caso de los niños hijos de soldados alemanes y mujeres noruegas durante la Segunda Guerra Mundial, criados en orfanatos y arrancados de los brazos de sus madres con la connivencia de Noruega y Alemania. Fue el caso de Katrine, felizmente casada en Noruega, con una hija y una nieta, que logró reunirse con su madre. El abogado quiere que las dos mujeres testimonien en un juicio, pero Katrine se niega por misteriosas razones, tal vez no sea quien dice ser, y su presencia en Noruega esté motivada por razones que poco tienen que ver la familia. Apasionante y desgarrador drama, con su punto de intriga, sólo concebible en la Alemania sometida a las tiranías nazi y comunista, en el momento en que termina la Guerra Fría, con las esquizofrenias que propició en la RDA. El desconocido Georg Maas, director y coguionista, adapta con buen pulso y agradecible clasicismo una novela de Hannelore Hippe que demuestra que las vicisitudes históricas afectan a personas reales, con nombres y apellidos. El film pivota sobre el personaje de Katrine, muy bien interpretada por Juliane Köhler, que atrapa todos los dilemas y dudas de quien creía haber dejado atrás el pasado, y que está acostumbrada a interpretar un papel. Pero todos los lazos familiares están muy bien trazados –magníficas las escenas compartidas por Köhler y su madre en la ficción, Liv Ullmann–, puesto a poner algún pero quizá el marido tiene algunos accesos de violencia algo artificiales, y el abogado es un pelín insulso. Hay opciones estéticas inteligentes, como los flash-backs, ofrecidos con escenas con mucho grano y actores que enseguida se asocian a los personajes envejecidos del presente, y momentos tan bien resueltos como la angustiosa desaparición del bebé y el sobrio final.

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