Linda Hamilton
70 añosLa gran superviviente
Capaz de enfrentarse a un Terminator antes del desayuno, su salto desde una familia de clase media de Maryland hasta convertirse en uno de los grandes iconos femeninos del cine de acción parece escrito por un guionista de ciencia ficción, aunque a ella le tocó protagonizarlo sin efectos especiales. Linda Hamilton ha interpretado a abogadas, psicólogas, alcaldesas, militares y mujeres perseguidas por volcanes, asesinos o máquinas asesinas del futuro, pero su encasillamiento como Sarah Connor ha impedido que le dieran papeles variopintos.
Nacida el 26 de septiembre de 1956 en Salisbury, Maryland, Linda Carroll Hamilton tuvo una hermana gemela idéntica, Leslie, además de una hermana mayor, un hermano pequeño y un hermanastro. Creció en una familia acomodada de clase media y perdió a su padre, Carroll Stanford Hamilton, cuando tenía cinco años. Su madre, Barbara K. Hamilton, volvió a casarse con un jefe de policía. Ella misma ha contado que tuvo una infancia bastante convencional, en una familia que ella misma describió como muy aburrida y de clase media blanca anglosajona. Era, eso sí, una lectora voraz. La niña que devoraba libros acabaría convirtiéndose en una mujer que, años después, tendría que devorar entrenamientos militares para que nadie dudara de que podía sobrevivir al fin del mundo.
Estudió durante dos años en el Washington College de Maryland. Allí, uno de sus profesores llegó a decirle que no tenía posibilidades de ganarse la vida como actriz. Linda Hamilton decidió hacer caso omiso del pronóstico, se trasladó a Nueva York y estudió interpretación en el Lee Strasberg Theatre and Film Institute.
Comenzó a trabajar en televisión a finales de los años setenta y consiguió pequeños papeles antes de dar el salto al cine. Entre sus primeros trabajos estuvieron T.A.G.: El juego de la muerte y Los chicos del maíz. También apareció en varias producciones televisivas, entre ellas Secrets of Midland Heights y King’s Crossing.
Todo cambió en 1984 con Terminator. James Cameron la eligió para interpretar a Sarah Connor, camarera aparentemente corriente que descubre que un androide procedente del futuro quiere matarla porque su futuro hijo será el líder de la resistencia contra las máquinas. La propia Linda Hamilton ha contado que inicialmente veía la película como otra historia de persecuciones. Con el tiempo comprendió que detrás de aquella persecución había también una historia de amor y sacrificio. “El rodaje me exigió mucho esfuerzo físico. Me sorprendí a mí misma, porque resultó que tenía más fuerza que la que yo pensaba que tenía. Me vino bien que me la exigieran”, declaró después. El personaje acabaría convirtiéndose en uno de los iconos femeninos del cine de acción de los 80.
Entre 1987 y 1990 protagonizó la serie La bella y la bestia, donde interpretaba a Catherine Chandler, una abogada de Nueva York que mantenía una relación amorosa con Vincent, un hombre con rostro de bestia interpretado por Ron Perlman. La serie tuvo una notable repercusión y convirtió a Linda Hamilton en una estrella televisiva. Después llegaron películas como Luna negra y King Kong 2, además de diversos trabajos televisivos.
En 1991 regresó al personaje que había cambiado su carrera con Terminator 2: El juicio final. Para entonces Sarah Connor ya no era la chica que necesitaba ser salvada. Era ella quien parecía capaz de salvar al planeta entero antes del desayuno. En Terminator, Linda Hamilton interpretaba a una joven vulnerable que huye aterrorizada. En Terminator 2: El juicio final, Sarah aparece convertida en una máquina humana de supervivencia, musculada, endurecida y obsesionada con preparar a su hijo para la guerra contra las máquinas. Para conseguirlo, Linda Hamilton se sometió a un durísimo entrenamiento físico y con armas. “Odiaba a mi entrenador la mayor parte del tiempo”, recuerda. “Durante los ejercicios, me gritaba y me lanzaba pelotas de tenis mientras yo disparaba armas con los ojos vendados. En ocasiones, me marchaba al baño para llorar durante un minuto, pero me secaba las lágrimas y volvía a entrenar”.
La preparación dio resultado. Sarah Connor dejó de ser una simple víctima de una persecución para convertirse en una mujer capaz de enfrentarse a un ejército de máquinas. Durante el rodaje sufrió además daños auditivos en uno de sus oídos porque en una escena se disparó un arma de fuego sin llevar puestos los protectores auditivos. El apocalipsis robótico tenía, entre otros inconvenientes, bastante ruido. Linda Hamilton consiguió por su trabajo una nominación a los Globos de Oro. Como curiosidad, cabe comentar que su hermana, Leslie Hamilton Freas, participó en Terminator 2: El juicio final como doble de Linda Hamilton en algunas escenas en las que era necesario que aparecieran dos Sarah Connor al mismo tiempo. Gracias a la existencia de dos gemelas idénticas, James Cameron pudo conseguir determinados efectos sin recurrir a los efectos digitales que hoy serían mucho más sencillos. Leslie Hamilton Freas falleció en 2020.
El problema de interpretar un personaje tan icónico fue que Sarah Connor terminó convirtiéndose en una especie de tatuaje profesional. Linda Hamilton lo resumió con bastante claridad. “Sarah Connor se ha quedado grabada en mi personalidad y nunca se irá”, ha lamentado. “Durante mucho tiempo me ofrecían prácticamente los mismos papeles: policías, militares y lesbianas. Era una manera bastante poco sutil de decirme que Hollywood había decidido que mi rostro venía con uniforme incorporado”.
En Un testigo en silencio interpretó a una psicóloga que intenta comunicarse con un niño autista que ha presenciado un asesinato. También participó en Vidas separadas y en otras producciones televisivas. En 1997 protagonizó junto a Pierce Brosnan Un pueblo llamado Dante’s Peak, una película de catástrofes en la que un volcán amenaza con convertir una localidad entera en una barbacoa geológica. Linda Hamilton interpretaba a Rachel Wando, alcaldesa del pueblo. El papel supuso para ella una oportunidad de interpretar a una mujer aparentemente normal, lejos de las armas, los viajes temporales y los futuros dominados por máquinas. “Antes del rodaje, estuve hablando con el director, Roger Donaldson, y cuando me dijo que nunca había interpretado a un personaje como aquél, le pregunté qué quería decir. La respuesta fue que se trataba de una mujer normal”.
Durante los años siguientes alternó cine, televisión y teatro. Participó en películas como La noche de la iguana y en numerosas producciones televisivas. También prestó su voz a personajes de animación y participó en series como Chuck, Weeds, Defiance y Lost Girl. También se ha prodigado en el teatro interpretando a personajes muy diferentes de Sarah Connor, demostrando una amplitud interpretativa que durante años había quedado parcialmente oculta detrás de los músculos, las armas y los viajes temporales.
Su carrera también estuvo marcada por algunos problemas personales. Linda Hamilton ha hablado públicamente de sus problemas con la depresión, el trastorno bipolar y los atracones de comida, así como de sus dificultades con el alcohol y las drogas. Con el tiempo recurrió a tratamiento y medicación y ha explicado que necesitó años para comprender determinados aspectos de su propia vida.
Linda Hamilton estuvo casada con Bruce Abbott entre 1982 y 1989. La pareja tuvo un hijo, Dalton. Posteriormente mantuvo una relación con James Cameron, con quien tuvo una hija en 1993. La pareja se casó en 1997, pero el matrimonio duró menos que algunas de las películas del director. Como no podía ser de otra manera tratándose de James Cameron, la relación acabó chocando contra un iceberg. El director había iniciado una relación con la actriz Suzy Amis, a quien conoció durante el rodaje de Titanic. Linda Hamilton resumiría años después el asunto con una frase de una precisión quirúrgica y bastante mala leche: “Titanic fue la amante por la que me dejó”.
Tuve ocasión de hablar con Linda Hamilton en Madrid precisamente durante la promoción de Titanic. En aquella rueda de prensa me la encontré al fondo del todo, pues había viajado acompañando a su entonces marido durante su visita a España. Me acerqué, charlamos brevemente, y aproveché para preguntarle cómo había conseguido el papel de Sarah Connor. La historia tenía bastante menos glamour del que uno podría imaginar. Había hecho una audición para Terminator sin sospechar que estaba a punto de convertirse en la madre del futuro salvador de la humanidad. “James Cameron me vio y me dijo que había encontrado en mí algo que buscaba para Sarah: una mujer aparentemente corriente, vulnerable incluso, que pudiera transformarse de la chica que espera que otros la salven en alguien perfectamente capaz de salvarse a sí misma”.
El divorcio, por cierto, terminó en 1999 acompañado de un acuerdo económico multimillonario. Al menos después de semejante naufragio, Linda Hamilton no tuvo que salir a flote agarrada a una tabla.
En 2019 volvió a interpretar a Sarah Connor en Terminator: Destino oscuro. El regreso no fue automático. Linda Hamilton había construido una vida alejada de Hollywood y dudaba de si quería volver a convertirse otra vez en Sarah Connor. “Disfrutaba mucho de mi vida privada y de estar sola. No quería perder esa vida auténtica que había construido. También me preocupaba que sus vecinos empezaran a tratarla de otra manera al volver a convertirse en una figura pública”. Finalmente aceptó.
En 2021 se incorporó a Resident Alien, donde interpretó a la General Eleanor Wright, una militar de alto rango que aparece en las últimas temporadas de la serie. Está involucrada en una operación secreta del Gobierno estadounidense destinada a localizar y estudiar a los extraterrestres que han llegado a la Tierra. Posteriormente, dio vida a un personaje similar en la quinta y última temporada de Stranger Things, donde interpreta a la doctora Kay, investigadora vinculada al ámbito militar que participa en las operaciones destinadas a comprender y controlar los fenómenos sobrenaturales que afectan a Hawkins y, en particular, todo lo relacionado con el Mundo del Revés. Sin embargo, el papel no terminaba de aprovechar todas las posibilidades de una actriz con semejante historial en la ciencia ficción, pues funcionaba fundamentalmente como antagonista de los protagonistas y como pieza de la trama, pero apenas dispone de espacio para desarrollar una personalidad más compleja o explorar sus motivaciones.
