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Biografía

David Harbour

David Harbour

45 años

David Harbour

Nació el 10 de Abril de 1975 en Nueva York, EE.UU.
Filmografía
Viuda Negra

2020 | Black Widow

Natasha Romanoff, alias Viuda Negra, se enfrenta a los capítulos más oscuros de su historia cuando surge una peligrosa conspiración relacionada con su pasado. Perseguida por una fuerza que no se detendrá ante nada para acabar con ella, Natasha debe lidiar con su historia como espía y con la estela de relaciones destruidas que dejó atrás mucho antes de convertirse en Vengadora.

Tyler Rake

2020 | Extraction

El mercenario Tyler Rake viaja a Bangladesh, para llevar a cabo un peligroso encargo, que consiste en rescatar a Ovi, el hijo quinceañero de un capo mafioso de La India, secuestrado por un poderoso y sádico rival de Daca. Contará con la ayuda de Nik Khan, con quien ha trabajado en el pasado, que domina los secretos de la ciudad, mientras que otro ex compañero al que salvó la vida Gaspar, pretende liquidar al chico porque necesita el dinero de la recompensa que dan por él. Tras dirigir el film que se ha convertido en el más taquillero de la historia, Vengadores: Endgame, que ha desbancado a Avatar, los hermanos Joe y Anthony Russo impulsan un thriller de acción protagonizado por uno de los actores de aquélla, Chris Hemsworth. Adapta la novela gráfica "Ciudad", escrita por Ande Parks, a partir de una historia concebida por él mismo junto a los Russo. Todo queda en casa, pues se ocupa de la realización el debutante en este ámbito Sam Hargrave, hasta ahora doble de acción de Chris Evans, Capitán América en el mencionado film superheroico. Ofrece brutales, pero vistosas secuencias de acción que recuerdan a las de John Wick, que también tenía al frente a un especialista de coreografías de combates, aunque con un tono más realista, que parece tener también en mente a la saga de Bourne. Los Russo quieren homenajear al cine de tiros y puñetazos con humanos más o menos normales que últimamente han dejado en segundo plano los superhéroes que ellos tan bien manejan. Sobresale una persecución rodada con el últimamente sobreutilizado recurso del plano secuencia. Gracias a que está bien descrita la relación del protagonista con el chico al que tiene que liberar, lo que trae a la cabeza la serie The Mandalorian, quedan un poco disimuladas las carencias del guión, un tanto predecible, y que muchas veces los puñetazos se alargan hasta lo indecible. Chris Hemsworth no realiza un gran esfuerzo, pero hace creíble un personaje arquetípico. Defiende mejor al suyo, con pocas apariciones, David Harbour, conocido por Stranger Things, como Gasper, una especie de némesis del protagonista. También se debe citar al joven Rudhraksh Jaiswal, de la industria de Bollywood, que está bien, como la práctica totalidad de los secundarios.

6/10
Stranger Things (3ª temporada)

2019 | Stranger Things | Serie TV

Verano de 1985. Los habitantes de Hawkins deambulan entre la piscina y el nuevo centro comercial, que ha perjudicado a numerosos establecimientos pequeños. Mike pasa el día muy arrimado a Once, para desesperación del padre adoptivo de la muchacha, el jefe de policía Hopper, que por otro lado ayudará a Joyce a investigar si está volviendo a pasar algo extraño en el laboratorio secreto gubernamental, que pueda explicar por qué han dejado de funcionar los imanes. No serán los únicos que tengan que desentrañar un misterio, pues la propia Once tratará de averiguar con su inseparable amiga Max qué ha ocurrido con el socorrista local, que se comporta de forma extraña. Mientras trata de hablar por radio con una ingeniosa antena con su nueva novia, Dustin intercepta una señal en ruso, que pretende traducir, primero con ayuda de Steve, que ahora trabaja en una heladería, pero Robin, la compañera de éste, será quien lo consiga. Pese a que sus compañeros masculinos del diario local se ríen de ella, Nancy, hermana de Mike, tratará de demostrar, con ayuda de Jonathan, su novio, su valía como reportera gracias al extraño caso de unas ratas que se alimentan de abono químico. Los hermanos mellizos Matt y Ross Duffer vuelven a recurrir en esta tercera temporada de Stranger Things a los mismos elementos que en las dos anteriores entregas, o sea misterios y terror, a medio camino entre Steven Spielberg y Stephen King, si bien esta vez han trazado una trama deudora de La invasión de los ladrones de cuerpos, de Don Siegel, y La cosa, el film de John Carpenter cuyo póster tiene en su habitación uno de los personajes. Teniendo comprobado que los homenajes a títulos de los ochenta son muy celebrados por sus seguidores, esta vez se han prodigado en imitar escenas de éxitos como El imperio contraataca, El resplandor, Terminator, o el paseo de la bañista de Aquel excitante curso, aunque aquí ha habido rotación de sexos, pues un socorrista se exhibe ante las miradas lujuriosas de varias mujeres talluditas. Por otro lado, los protagonistas acuden a ver El día de los muertos a una sala que también exhibe títulos como Regreso al futuro o Cocoon, y en un videoclub que irrumpe en la localidad se puede alquilar por ejemplo El club de los cinco. Los Duffer mantienen el interés a lo largo de los ocho capítulos, lo que no es poco, sin ninguno que sobre, como ocurría en la anterior temporada. Deslumbran los abundantes efectos visuales, sobre todo los que recrean a criaturas, y varios planos secuencia con muchos extras, en el complejo comercial en el que transcurre gran parte de la trama. Abunda la acción y todo se narra a un ritmo vertiginoso. Pero eso no impide que se dedique mucho tiempo al desarrollo de los personajes, centrándose sobre todo en la entrada en la edad adulta de los jóvenes, y las dificultades de esta etapa, y los retos de mantener el primer amor, y los lazos con los amigos de toda la vida. En el apartado actoral, Winona Ryder y David Harbour siguen ofreciendo aceptables trabajos, pese a que les roban el protagonismo los chavales, con Millie Bobby Brown demostrando que mejora si cabe con el paso del tiempo, y el desdentado Gaten Matarazzo (Dustin) aprovechando que le tocan los mejores golpes cómicos, esta vez apoyándose en un correcto Joe Keery (Steve). Entre los recién llegados llaman la atención la talentosa Maya Hawke, hija de Ethan Hawke y Uma Thurman, como la heladera Robin, y Cary Elwes, protagonista de La princesa prometida, como el cínico alcalde.

6/10
Hellboy

2019 | Hellboy

Nueva adaptación de las andanzas del diabólico personaje de cómic de Dark Horse creado por Mike Mignola. Si ya la versión con dos películas de Guillermo del Toro resultaba algo cansina, la nueva revisitación a cargo del poco conocido Neil Marshall consigue ganarle en tono plomizo. En muchos momentos de visionado del film viene a la cabeza esa frase manida de "esto parece un tebeo", lo que alguien podría considerar virtud, pero que es expresión muy utilizada cuando una narración acumula situaciones sin ton ni son, muestra personajes que se mueven de un lado a otro como si existiera el tiempo cero, y abusa de frases humorísticas en situaciones dramáticas. Nos remontamos a los tiempos del rey Arturo, en que éste logró vencer a Nimué, la Reina de Sangre, y tras trocear su cuerpo, selló los pedazos en herméticos cofres. Luego, ya en la actualidad, Hellboy es una criatura infernal que aún ignora sus orígenes, está muy unido a su "papá" y trabaja para una agencia secreta del gobierno de actividades paranormales. El caso es que Nimué va a volver a la vida dispuesta a desatar el apocalipsis, y le gustaría que Hellboy fuera su aliado. Lo anterior es la descripción sencilla de la trama del film. Porque a lo largo del metraje hay espacio para la lucha libre a la mexicana, los nazis, los duendes ladrones de bebés, las hermandades secretas, las videntes, los transformistas y los frailes que han hecho voto de silencio. Nada que objetar a tal mezcolanza, si sirviera al propósito de dar consistencia a una historia sólida, capaz de emocionar en algún momento. Pero el guión de Andrew Cosby renuncia a crear verdaderos conflictos y emociones, y los personajes no parecen alterarse por nada, véase cuando a Hellboy le explican quién es su mamá. La idea de un demonio, Hellboy, que pasaría de ser ángel caído a ángel elevado, por así decir, investido de una "sagrada misión", ni siquiera se roza, y francamente, importa un bledo. Al no superconocido David Harbour le toca dar vida al musculoso personaje colorado de poderosa musculatura y recubierto de maquillaje, y en fin, se limita a estar, igual que el resto del reparto. Así que lo que queda es la acción y el enorme esfuerzo de producción, con borrachera de efectos visuales y diseño de criaturas que parecen recién salidas de Mordor, donde destaca la pelea con los gigantes. Al que le guste eso, tal vez disfrute del film.

4/10
Noche de venganza

2017 | Sleepless

Las Vegas. En un encontronazo con unos narcotraficantes el turbio teniente de policía Vincent Downs y su compañero Sean, obtienen un importante alijo de cocaína, pero se ven involucrados en una serie de muertes. El golpe afecta seriamente a la mafia, pues la coca era un envío de Rubino, jefe del casino Luxus, a Novak, sanguinario mafioso cuya familia controla todas la ciudad. Rubino se ve obligado entonces a secuestrar al hijo de Downs para recuperar la droga. Entretenido thriller policiaco servido por el poco conocido director Baran Bo Odar, hasta el momento conocido sobre todo por el drama criminal Silencio de hielo. Aquí se pone al servicio de un guión procedente de una película francesa del mismo nombre, dirigida por Frédéric Jardin, versionada en este caso por Andrea Berlioff (Blood Father), que presenta una trama bastante convencional y ligerita de polis y mafiosos que se persiguen y se enfrentan en un continuo juego del ratón y el gato, donde el queso es un suculento cargamento de cocaína. La acción, narrada prácticamente en tiempo real, tiene lugar a lo largo de unas pocas horas nocturnas, en su mayor parte entre las paredes festivas de un gran casino. Mafias, polis corruptos y rehenes se dan cita así en una historia que, gracias a su ritmo y a la simpleza del planteamiento, se sigue con interés y ofrece los mínimos giros requeridos, mientras asistimos a un festival de peleas, trompazos y muertes, aunque haya que perdonar algunas secuencias poco verosímiles, véase el clímax final en el aparcamiento o el accidente en el túnel. El director suizo ha sabido eso sí escoger un reparto perfectamente adecuado, con protagonismo para un Jamie Foxx (Collateral) que es capaz de bordar este tipo de papeles de hombre desesperado que ha de hacer el pino con las orejas para salir del laberinto en donde se ha metido. Correcta aunque más limitada se muestra Michelle Monaghan (La conspiración del pánico) en su rol de policía de asuntos internos más perdida que carracuca, mientras que Scoot McNairy (Argo) aporta el perfecto retrato del psicópata criminal que exige su personaje.

5/10
Stranger Things (2ª temporada)

2017 | Stranger Things | Serie TV

Después de que la primera temporada se convirtiera en un fenómeno inesperado, Netflix ha encargado a sus creadores, los hermanos Duffer, una segunda, que se desarrolla de nuevo en Hawkins, la misma pequeña ciudad de Indiana. Un año después de lo ya conocido, Joyce Byers ha iniciado una relación con el simplón pero buenazo Bob, antiguo compañero de instituto, con esperanzas de consolidar una familia estable para sus dos hijos, el adolescente Jonathan, y el recuperado Will, al que sobreprotege tras su traumática abducción. Pese a que éste tiene visiones del Otro Lado, que ignora si son reales, le dejará –bajo supuesta supervisión de su hermano– salir disfrazado a celebrar Halloween con sus amigos, Mike, Dustin y Lucas. Estos dos últimos andan revolucionados ante la llegada de Max, una chica que les hace ‘tilín’, capaz de darles sopa con onda en actividades supuestamente masculinas, pero hermana de Billy, un inadaptado abusón. La nueva ocupa en el grupo el puesto de Eleven –Once en la versión española–, la chica con poderes psíquicos, que no anda tan lejos como creen, pues ha sido recogida en secreto por Hopper, jefe de policía. Éste se dará cuenta de que algo va mal cuando investiga lo que les ha ocurrido a varios vecinos, que se acusan entre ellos de envenenar su cosecha de calabazas para la carismática festividad… Conscientes de que funcionó sobre todo el factor nostalgia, los autores explotan aún más el filón, hasta el punto de que han incorporado al reparto a Sean Astin, uno de Los Goonies, film ochentero que sirve de inspiración, pero abundan las referencias a otros muchos, desde Los cazafantasmas a Desmadre a la americana, se recuperan imágenes de los videojuegos de la época como “Dragon’s Lair”, y suenan muchos temas musicales representativos. También se explotan de nuevo los mismos temas, la amistad, o la desestructuración familiar, al que se añade el paso a la madurez. Parece que se ha ampliado el presupuesto, lo que se nota porque ha crecido el número de secuencias con efectos visuales, y porque la ambientación está más rematada. El ajustado reparto vuelve a cumplir, aunque sobre todo resulta un acierto que se haya ampliado el tiempo en pantalla de los pequeños Caleb McLaughlin y Gaten Matarazzo, los más aclamados por el público, que llevan el peso cómico de la serie. Todo esto disculpa que no despierte ni de lejos la misma intriga que la primera parte, y que haya perdido el efecto sorpresa. No todos los personajes recién llegados funcionan, se acierta más o menos con el ligue de la madre, con Murray un investigador de lo paranormal sospechoso de embaucador, y sobre todo con la pelirroja Max, pero su hermano, el agresivo Billy, “rebelde porque el mundo me ha hecho así”, resulta un poco tópico, al igual que el doctor Owens, enviado del Departamento de Energía que investiga a Will y Roman, líder de unos atracadores con capacidades sobrenaturales. Los flashbacks sobre el pasado de Once no acaban de funcionar, y tampoco se ha acertado aumentando el número de capítulos de 8 a 9, pues el séptimo ha sido muy criticado por los fans, que lo consideran de relleno.

6/10
Stranger Things

2016 | Stranger Things | Serie TV

Una serie intrigante de Netflix creada por los hermanos Matt y Ross Duffer (Wayward Pines), directores junto a Shawn Levy (Noche en el museo), con aires decididamente spielbergeanos. Ambientada en los 80, abundan los guiños y citas explícitas a la cultura pop de entonces, o sea Star Wars, El Señor de los Anillos, las novelas de Stephen King... La acción transcurre en Hawkings –sin duda un homenaje al astrofísico con ELA–, un pueblecito de Indiana. Cuatro amigos han pasado una noche estupenda de juego rolero, pero hay que volver a casa, y uno de ellos, Will, desaparece misteriosamente, para desesperación de su hermano mayor Jonathan y su madre, separada, Joyce. Al mismo tiempo, una extraña niña con el pelo rapado, Eleven, aparece en el horizonte y la esconden los chicos de la pandilla. Todo apunta a que forma parte de los experimentos que realizan en una zona restringida los responsables de un Departamento de Energía, para crear el arma perfecta para combatir a los soviéticos, son aún los años de la Guerra Fría. Aunque en el camino han abierto la puerta a un inframundo poblado de terroríficas criaturas. Se trata de un entretenimiento de primer orden, donde la influencia de Steven Spielberg se detecta a cada minuto, hay huellas entre otras de Encuentros en la tercera fase, Poltergeist, E.T., el extraterrestre, Los Goonies... Y se juega en la narración con chavales más jóvenes, otros de instituto con sus romances, familias desestructuradas, algunos padres que no se entera de qué va la fiesta, las promesas mas sagradas de tu vida, fríos agentes gubernamentales... Como hacía J.J. Abrams en El despertar de la fuerza, reinventando y volviendo a hacer de algún modo La guerra de las galaxias que ya estaba hecha, aquí tenemos un uso imaginativo y talentoso de elementos conocidos. El reparto cumple con los arquetipos de sus personajes, donde se concede a los jóvenes más personalidad y capacidad de actuar, entre los adultos los más relevantes son la madre de Will, Winona Ryder, el jefe de la policía local, David Harbour, y el villano científico Matthew Modine.

6/10
Escuadrón suicida

2016 | Suicide Squad

Amanda Waller, oficial de Inteligencia de Estados Unidos, logra que el gobierno le dé luz verde para formar un equipo a base de supervillanos encarcelados, que pueda hacer frente a terribles amenazas metahumanas, a cambio de una reducción de su condena. Reclutará al asesino a sueldo Deadshot, la psiquiatra enamorada de El Joker Harley Quinn, el monstruoso  reptiliano Killer Croc, el delincuente australiano Bumerang, la experta en artes marciales Katana, el maestro en el uso de cuerdas Slipknot, el pirokinético El Diablo, y la arqueóloga June Moone, que ha sido poseída por el espíritu de una hechicera. Todos estarán coordinados por el novio de esta última, el experto militar Rick Flag. A Moone le encargan enfrentarse a una horda de monstruos que aparecen en una estación de metro de Midway City, pero ésta aprovecha para convertirse en la jefa de todos, y traer de vuelta a la Tierra a Incubus, su malévolo hermano. Sus compañeros tendrán que hacerles frente. Robert Kaniger y Ross Andru crearon en 1959 el cómic en que se basa Escuadrón Suicida, que desde entonces ha sido reinventado una y otra vez por la editorial DC. Su concepto, cercano al de Doce del patíbulo, aporta frescura en pleno aluvión de caras producciones de superhéroes. Le toca llevar a estos personajes a la pantalla a David Ayer, guionista de Training Day, y director de títulos como Sin tregua, y Corazones de acero, que también se ha ocupado del libreto. Le va que ni pintado el proyecto, pues hasta ahora todos sus trabajos han ido en torno a la camaradería, y la línea difusa que separa el bien del mal. La trama enlaza con El hombre de acero y Batman v. Superman, el amanecer de la Justicia, con los que construye una red de films inspirada por las adaptaciones de personajes de Marvel. El proyecto ha sufrido numerosos problemas de producción, pues Ayer tuvo que empezar el rodaje con poco tiempo para pulir el guión, y puesto que los primeros test del film con espectadores dieron resultados negativos, se realizaron diversos remontajes. Así las cosas, no resulta extraño que Escuadrón Suicida tenga algunos defectos, sobre todo que sólo estén bien definidos dos de los personajes centrales, Deadshot y Harley Quinn, encarnados por los inspirados Will Smith y Margot Robbie. Pero otros se quedan a medio hacer, algunos, como Katana y Bumerang están totalmente desdibujados, explicados con un par de frases, y uno de ellos Slipknot, podría haberse eliminado sin que nadie le echara en falta. El argumento puede resultar algo confuso por la acumulación de giros (¿quién controla a la Hechicera y por que se escapa?), y se apuntan críticas a la labor encubierta de la CIA que no acaban de estar bien desarrolladas. Por otro lado, Jared Leto se lleva a su terreno al Joker, logrando que el espectador no se acuerde del magistral trabajo de Heath Ledger en la piel del personaje, pero sus apariciones secundarias amenazan con robar el film, al igual que la mínima presencia de Ben Affleck como Batman. A pesar de todo, queda un notable espectáculo que no aburre en ningún momento, pues los espectadores no podrán apartar la mirada. Sus reflexiones sobre la redención humanizan a unos personajes con los que a priori resulta difícil empatizar, por ejemplo en la escena en la que éstos discuten en un bar el camino que tomarán, que logra dramatismo. Además, aporta algunos golpes de humor que hasta ahora brillaban por su ausencia en las adaptaciones de comics de DC, tiene el ritmo adecuado, y una banda sonora a base de éxitos de rock (“House of the Rising Sun”, de The Animals, “Gangsta”, de Kehlani) que encaja muy bien con el tono oscuro del film. Conviene quedarse a ver los títulos de crédito, pues incluyen enseguida una secuencia con Ben Affleck y Viola Davis importante para la continuidad cinematográfica del universo DC.

6/10
Black Mass. Estrictamente criminal

2015 | Black Mass

Si hubiera que mencionar un género fílmico genuinamente americano, y el western estuviera descartado, probablemente el cine gangsteril nos vendría inmediatamente a la cabeza. Quizá ante Black Mass. Estrictamente criminal uno puede pensar que ya poco queda que aportar a dicho género, con las aportaciones inolvidables de Coppola y Scorsese. Pero lo cierto es que la realidad siempre logra sorprender. Y al estar basado el film en hechos auténticos bien documentados en el libro de los periodistas del Boston Globe, ganadores del Pulitzter, Dick Lehr y Gerard O'Neill, ser sólido el guión de Mark Mallouk y Jez Butterworth, y cuidada la puesta en escena de Scott Cooper con el respaldo de un gran estudio de Hollywood, el visionado resulta muy grato, si es que se puede usar tal expresión ante una trama criminal y violenta, con chanchullos en el lado de los criminales, pero también en el FBI. Básicamente se nos cuenta la alianza, amistades peligrosas, entre un gángster del sur de Boston, James 'Whitey' Bulger, y un agente del FBI también del barrio y conocido de la infancia, John Connolly. Es la década de 1970, y Connolly propone a Bulger que le pase información que permita desactivar a la mafia italiana, lo que en la práctica le convierte en confidente, aunque tiene la indudable ventaja de despejarle el campo para sus personales actividade criminales. Bulger acepta el trato, e irá copando poder delictivo a medida que transcurre el tiempo, pues los federales no actúan contra él por considerarlo un importante activo. Sin embargo, algunas desgracias familiares le convierte en un hombre básicamente solo, que actúa con pasmosa frialdad a la hora de ordenar asesinatos o cometerlos con sus propias manos. Se nota que la historia sobre el gangsterismo irlandés en Boston daba para más metraje, y que ha habido que meter tijera, por lo que se resiente la humanidad de Bulger, pese al notable esfuerzo interpretativo de Johnny Depp, que vuelve a transformarse físicamente para componer a su personaje; otros elementos que podían haber tenido más peso, la familia o el background católico, quedan diluidos. Y algunas cuestiones como el apoyo de Bulger al IRA, o las relaciones con su hermano senador, apenas quedan apuntadas. De modo que el espectador se queda con ganas de más. Quizá mejor perfilada está "la otra cara de la moneda", Connolly, interpretado por Joel Edgerton, arribista del FBI con la connivencia tácita de los jefes, que empieza a perder los papeles cuando llega un nuevo fiscal. En cualquier caso se incide bien en esa doble moral hipócrita de ciertos personajes narcisistas, que sólo buscan su propio beneficio, aunque se envuelvan de curiosos códigos de honor o del éxito de algunoas operaciones policiales para justificar sus deleznables acciones.

7/10
Rake

2014 | Rake | Serie TV

  Keegan Deane es un heterodoxo abogado, muy hábil en sacar adelante los casos a favor de sus clientes, pero un desastre en su vida personal. De lengua afiladísima, y con un don especial para conocer la naturaleza humana, está divorciado, tiene deudas de juego, recurre de modo habitual a los servicios de una prostituta, y parece incapaz de mantener relaciones duraderas. Se diría que añora una vida normal, formar una familia, pero que es tal desastre que semejante paisaje no parece compatible con su personalidad. Peter Duncan adapta la serie homónima con la que triunfó en Australia al entorno estadounidense de Los Ángeles. Greg Kinnear se revela como la elección perfecta para encarnar al protagonista, una especie de versión picapleitos del cínico médico con corazón de oro, o casi, de House. Alrededor se mueven varios personajes interesantes, como la ex mujer de Keegan, su secretaria, un matrimonio amigo donde la esposa es ayudante del fiscal del distrito y ocasional rival en los tribunales, etc. En cada episodio Keegan asume un caso, al tiempo que vamos conociendo un poco mejor su vida privada. Tras los episodios hay directores de prestigio como Sam Raimi, y dentro de cierto tono irónico, con bromas de doble sentido y piruetas para no dar nunca la impresión de que se está vendiendo moralina, se sirve una serie inteligente y bastante divertida.  

6/10
The Newsroom (3ª temporada)

2014 | The Newsroom | Serie TV

Will McAvoy y MacKenzie McHale andan de preparativos para su boda, pero la actualidad informativa manda, y durante varios días apenas dormirán por la necesidad de cubrir informativamente el atentado en la maratón de Boston del 15 de abril de 2013, siendo muy cuidadosos en lo que emiten, tras el escándalo Genova, donde metieron la pata hasta el fondo. La ACN sigue con problemas de audiencia, y una empresa podría pensar en comprar la cadena. Quizá aumente el número de espectadores la filtración de un montón de dossieres secretos del gobierno, que llegan a manos de Neal Sampat, pero ante la posibilidad de un delito de espionaje, el FBI irrumpirá en las oficinas del canal televisivo. Tercera y última temporada de The Newsroom, donde se nota de nuevo la buena mano de Aaron Sorkin, que construye historias sólidas sobre el mundo de la información televisiva, cruzando la realidad noticiable reciente con la ficción de la cadena y los que trabajan en ella. Buenos diálogos, a los que corresponden buenas interpretaciones, más interesantes dilemas éticos y elementos como la pujante fuerza de las redes sociales, las nuevas tecnologías, y una trama inspirada en Snowden, configuran una serie sólida, que se ve con gusto.

6/10
Asuntos de estado

2014 | State of Affairs | Serie TV

Katherine Heigl regresa a la pequeña pantalla que le dio la gloria gracias a Anatomía de Grey reinventándose en su carrera de actriz –sus papeles en comedias románticas para el cine eran cada vez más cansinos– como agente de la CIA que prepara todos los días a la presidenta de los Estados Unidos un informe con los temas más candentes. Ambas mujeres comparten un trauma común, pues el novio de Charlie –que así se llama nuestra agente– era hijo de la presidenta entregado a obras caritativas, y fue víctima de un atentado terrorista perpetrado en Afganistán por un extremista islámico. Charlie estaba allí y arrastra lagunas en su memoria junto a la conciencia de saber que el terrorista era teóricamente un agente encubierto que trabajaba para la CIA, información que se reserva, pero que alguien anónimamente podría estar pensando en utilizar en su contra. A pesar de que un cineasta tan solvente como Joe Carnahan está detrás de los primeros episodios, y que las tramas están recorridas por cierta mirada cínica –se trata al fin y al cabo de hacer borrón y cuenta nueva con la imagen algo blandurria que se ha ido labrando Heigl–, la cosa no acaba de funcionar, para entendernos ni la actriz es Claire Danes ni esto es Homeland. El resultado es bastante más rutinario, e imaginar una inquilina negra en la Casa Blanca no es precisamente el colmo de la originalidad, y Alfre Woodard tampoco es que se luzca especialmente. Tramas episódicas como la crisis del submarino ruso tampoco inventan precisamente la pólvora. Vistos dos episodios, cabe decir que la serie es entretenida, pero poco más.

5/10
Caminando entre las tumbas

2014 | A Walk Among the Tombstones

Scott Frank, reputado guionista de títulos como Minority Report y La intérprete, vuelve a sentarse en la silla del director siete años después de la irregular The Lookout, su ópera prima. En esta ocasión adapta una de las entregas –en concreto la decimoprimera– de la saga del ex detective alcohólico Matthew Scudder, uno de los personajes más reconocidos, junto al elegante ladrón Bernie Rhodenbarr, del escritor Lawrence Block. En Caminando entre las tumbas, Scudder se pone al servicio de un adinerado individuo, que desea encontrar a los tipos que secuestraron a su mujer, y acabaron con su vida violentamente a pesar de que pagó el rescate. En su búsqueda, el investigador contará con la ayuda de dos 'frikis' informáticos, una prostituta y un niño callejero. Liam Neeson hereda al personaje central, ya encarnado con convicción en la pantalla por Jeff Bridges, en 8 millones de maneras de morir, un film sin embargo un tanto decepcionante, dirigido en 1986 por Hal Ashby, que versionaba otra de las novelas. En cualquier caso, Neeson se trabaja bien su personaje, sobresaliendo en un reparto que sin desentonar tampoco resulta especialmente memorable. Estamos ante un film bien ejecutado en el que se agradece la opción del realizador de renunciar al ritmo excesivamente rápido que se impone en el cine actual, y a los intentos de ofrecer durante todo el metraje planos impactantes. Frank, también autor de la adaptación, acierta al seguir la línea de la novela de no acumular giros efectistas que acaben por desinteresar al espectador. Finalmente, Caminando entre las tumbas acaba siendo un producto sincero y eficaz, al que en todo caso se le pueden criticar su falta de pretensiones, pese a que tiene cierto fondo, en torno a la corrupción, y la maldad del ser humano, temas muy propios del cine negro más clásico. También sus situaciones y personajes resultan excesivamente tópicos y mil veces vistos en este género, pero en cualquier caso el espectador se mantiene interesado.

5/10
Manhattan

2014 | Manhattan | Serie TV

The Newsroom (2ª temporada)

2013 | The Newsroom | Serie TV

Después de haber ofendido al Tea Party y a los republicanos -aunque él mismo se declara de ese partido- Will McAvoy y su televisión, la ACN, sufren un boicot, lo que se nota especialmente a la hora de acceder a información en la campaña para designar al candidato presidencial. Una dudosa operación militar con armas químicas, conocida en clave como Génova, obliga a los miembros del equipo de noticias a conseguir fuentes que la confirmen. La moralidad y legalidad de los drones, o el movimiento "ocupa Wall Street" ocupan la actualidad informativa. Y mientras cada uno sigue con sus problemas sentimentales, Will y Mackenzie con la especialista en chismorreos Nina de por medio, Maggie traumatizada por su estancia en África, y su ruptura con Jim, a la que se suma un vídeo viral en YouTube, etc, etc. Aaron Sorkin sigue demostrando una gran habilidad para la escritura de guiones basados en la actualidad, como demostrara en El ala oeste de la Casa Blanca, con diálogos bien perfilados. Aunque quizá en esta segunda temporada de The Newsroom introduce demasiados elementos próximos al culebrón, y carga las tintas contra todo aquello que huela a conservador, con menos sutileza que en otras ocasiones. En cualquier caso engancha, y saca el máximo partido al inspirado reparto, donde sobresalen Jeff Daniels y el veterano Sam Waterston.

6/10
El protector (The Equalizer)

2013 | The Equalizer

Los tiempos cambian, nos igualan, nos “equalizan”. En 1985 el antiguo espía reconvertido en justiciero detective privado Robert McCall era blanco y británico, y le ponía cara y alma en una serie televisiva Edward Woodward. Casi 30 años después sus andanzas dan el salto a la gran pantalla en El protector (The Equalizer), una película que es puro Hollywood, producción adrenalítica y muy violenta de Sony, con el afroamericano Denzel Washington asumiendo el rol principal. Su McCall es un tipo sin pasado, que trabaja en Boston en una gran superficie del bricolage. Para sus compañeros en un buen colega, que les ayuda desinteresadamente, pero que también guarda las distancias, nadie sabe nada de él. Por las noches acude invariablemente a cenar un restaurante de esos que están abiertos las 24 horas del día, los 7 días se la semana, con un libro, el saber no ocupa lugar, maneja una lista de 100 títulos, y ya va por el 91. Siempre coincide en el lugar con Teri, una joven prostituta, que sueña con grabar un disco, pero que está atrapada en las redes de la mafia rusa. Y se produce la conexión humana, Robert conversa con ella, no la juzga ni la desprecia, tampoco le vende moralina, aunque sí le transmite la idea de que uno puede cambiar si se lo propone. Una paliza descomunal que la envía a la Unidad de Cuidados Intensivos –Teri no se dejó maltratar por uno de sus clientes, y sus jefes quieren con ese escarmiento enviar un mensaje a sus compañeras de oficio–, saca McCall de su rutina habitual. Vuelven a la primera línea sus habilidades de inteligente hombre de acción del pasado, lo que supone un choque brutal con los gángsteres rusos. La primera escabechina sólo será la punta del iceberg de la guerra que está en marcha. Viendo el film de Antoine Fuqua, no puedo uno por menos de pensar en que el director ha vuelto a tomar como objetivo la Casa Blanca. Después de convertir en malos a los norcoreanos en Objetivo: La Casa Blanca, toca el turno a los mafiosos rusos en lo que se diría una reedición de la Guerra Fría en los tiempos que corren. Al fin y al cabo Obama está librando (o no librando, pues no sabe muy bien qué hacer) una nueva Guerra Fría con la crisis de Ucrania y la Rusia de Putin, así que ahí está la metáfora, Denzel Washington es el nuevo Barack Obama que pone orden dentro del caos. El personaje protagonista tiene algo de 007, también por la oscuridad de su pasado, aunque el guión de Richard Wenck busca hacerle más humano, que se pueda empatizar con él, algo a lo que el actor ayuda, y mucho. Y sin embargo, también hay una frialdad en su precisión a la hora de ejecutar sus planes, parece en el fondo un superhéroe sin debilidades, parte del suspense se esfuma porque en sus acciones parece casi sobrehumano, tenemos la certeza de que va a poder con todos los terribles villanos, donde el que se lleva la palma es Teddy, encarnado bien por Marton Csokas. La función actoral es para Washington, pero hay papelitos bien servidos para secundarios de lujo, Chloë Grace Moretz, Bill Pullman y Melissa Leo. E incluso para algún desconocido como Johnny Skourtis, en un personaje al estilo Hugo de Perdidos. La película es entretenida y desengrasante, pero previsible en su desarrollo y mil veces vista. Carga además la gráfica violencia, Fuqua parece que se da cuenta en algún momento, y en el previsible asesinato de una mujer, en que nos preparamos para las escenas desagradables de rigor, el hombre pisa el freno y parece estar diciendo “Tranquilos, que por esta vez os las perdono”.

6/10
Sin tregua

2012 | End of Watch

Los jóvenes Brian Taylor y Mike Zavala. Una pareja de la policía de Los Ángeles que patrulla las calles y combate el crimen a diario, sin tener la sensación de hacer algo extraordinario. No sólo son compañeros de trabajo, muy buenos profesionales ya curtidos, sino que comparten una auténtica amistad, se consideran verdaderos hermanos. Mike es de origen hispano, muy enamorado de Gabby, su mujer embarazada de su primer hijo, a la que siempre ha sido fiel. Brian se comporta más como un “bala perdida”, aunque envidia la estabilidad sentimental y familiar del otro frente a su saltar de cama en cama; tal vez la dulce Janet sea la mujer que necesita para encauzar su vida. David Ayer se ha convertido en un auténtico especialista en cine policíaco de tintes realistas, ya sea como guionista -Training Day (Día de entrenamiento)- o sumando a esta faceta la de director -Harsh Times, Dueños de la calle-, lo que también hace en el título que nos ocupa, Sin tregua. Aquí logra imprimir grandes dosis de verismo a la trayectoria cotidiana de los protagonistas, enfrentados a muy variadas situaciones, y donde su empeño en hacer bien las cosas les lleva a toparse con crímenes de envergadura, los cárteles de la droga y el tráfico con seres humanos, que corresponden a los federales pero a cuyo combate aportan su muy apreciable granito de arena, arrostrando innegables riesgos. El principal logro de Ayer en Sin tregua consiste en pintar héroes ordinarios, guiados por una recta concepción del bien y del mal, cuya principal cualidad es que no se lo creen, simplemente hacen lo que tienen que hacer, ni siquiera los reconocimientos en forma de condecoraciones afectan exageradamente a su ego. Además, a diferencia de otras cintas, incluidas las anteriores del propio director, no se pone el acento en la posible corrupción del estamento policial, sino que se toma el riesgo de centrar la mirada en los agentes honrados, esa mayoría silenciosa que no llama la atención, menos atractiva a priori argumentalmente. Lo hace con una buena historia, que progresa adecuadamente, con las justas dosis de dramatismo y acción trepidante en ambientes degradados. A la credibilidad de lo narrado ayuda la decisión del director de ofrecer el punto de vista de innumerables cámaras que se supone recogen la actividad de la pareja policial o de los delincuentes, empezando con la que porta consigo el propio Brian, que medio en broma, medio en serio, mantiene una especie de diario videográfico, un intento personal de documentar su tarea cotidiana. Las cámaras que tienen los vehículos policiales, u otras cámaras de seguridad, que recogerían la actividad de los personajes, evitando apabullar con los distintos formatos, dan esa sensación al espectador de estar siendo testigos de la realidad. También ayuda el buen trabajo actoral, los estupendos Jake Gyllenhaal y Michael Peña, muy entrañables en su relación de camaradería -donde está claro que ambos están dispuestos a dar incluso la vida por el otro- y en su vida social -tienen el encanto del auténtico las escenas de la fiesta de la quinceañera o la de la de la boda, relacionándose las familias de los Brian y Mike-.

8/10
The Green Hornet

2011 | The Green Hornet

Adaptación al cine de las aventuras de “El avispón verde”, personaje creado en 1930 para un serial radiofónico por George W. Trendle y Fran Striker. Uno de los grandes impulsores del proyecto es el actor Seth Rogen –protagonista, guionista y productor ejecutivo–, que se declara seguidor del personaje, popular sobre todo en los 60, cuando dio lugar a una serie televisiva con Van Williams y Bruce Lee en su primer papel estadounidense, y cuyas peripecias en algún episodio se entrecruzaron con la serie de Batman de aquel momento. De hecho, el personaje tiene bastantes similitudes con el Hombre Murciélago. Britt Reid es un rico heredero cuyo padre posee un imperio de la comunicación. A la muerte de éste, intima con Kato, empleado de su padre dotado de una asombrosa habilidad para desarrollar aparatos tecnológicos y para el combate cuerpo a cuerpo. Gracias a un vehículo sofisticado dotado de asombrosos adelantos, creado por Kato, y con éste como ayudante, Britt Reid adoptará la identidad del enmascarado Avispón Verde, y tratará de pararle los pies a Benjamin Chudnofsky, el cabecilla del hampa local. Sorprende que se haya encargado de esta cinta el iconoclasta Michel Gondry, autor de la película de culto Olvídate de mí, que se ha olvidado en cierta medida de su estilo surrealista habitual, para filmar una producción de superhéroes que salvo por su lenguaje malsonante va dirigida al público familiar, y de hecho gustará sobre todo a los más jóvenes.   Gondry hace gala de su solvente imaginación visual en las secuencias de acción, en una cinta repleta de golpes de humor en la que se agradecen algunas transgresiones de las reglas del género superheroico, tan recurrido últimamente: en esta ocasión, el sidekick o compañero del héroe es realmente el que sabe hacer las cosas, y el protagonista se presenta como villano, para librarse de las conjuras de los otros delincuentes contra él. Divertirá a los que entren predispuestos a pasarlo bien, y sepan pasar por alto que todo les sonará de otras películas, y que el reparto es desigual. Si bien Christoph Waltz se luce de nuevo en el registro de villano paródico que tanta gloria le dio en Malditos bastardos, y algunos secundarios son excelentes, como Tom Wilkinson o Edward James Olmos, Cameron Diaz se queda en mera comparsa femenina, y el protagonista, Seth Rogen, no queda tan bien aquí como en comedietas ligeras estilo Lío embarazoso.

5/10
Timo bajo cero

2011 | The Convincer

Mickey es un agente de seguros en el frío Wisconsin, con muy pocos escrúpulos a la hora de vender sus pólizas. Cuando trata de convencer a un anciano algo chocho, potencial cliente, para que le contrate un seguro, descubre que tiene entre sus pertenencias un violín cuyo enorme valor ignora. Tratará de engañar al viejo para hacerse con el instrumento, pero sus planes se complican con un cadáver de por medio. Jill Sprecher es una directora que tiene en su haber dos películas muy interesantes, Esperando la hora y Vidas contadas, pero que llevaba diez años sin entregar un nuevo film. Ahora, de nuevo con su hermana Karen como coguionista, entrega una comedia negra de timos con moraleja, que recuerda lejanamente a Fargo por su paisaje invernal nevado, y por su protagonista, un perdedor nato, al que si algo le puede salir mal, le saldrá peor, y que tiene la mala pata de aliarse con un asesino psicópata de comportamiento impredecible. Greg Kinnear encarna bien al vendedor de seguros, y está rodeado de un magnífico plantel de secundarios, donde brilla Alan Arkin como el viejo excéntrico y cuya cabeza ya no funciona como antaño. Quizá el giro final resulta algo precipitado, con un montón de detalles para atar cabos que resulta difícil seguir, pero la película se ve con agrado, y tiene buen ritmo.

5/10
La sombra del poder

2009 | State of Play

A la redacción del Washington Globe llegan para ser cubiertas dos historias en apariencia inconexas, ocurridas en la ciudad capitolina. Por un lado, la muerte de un ladrón de poca monta y las heridas casi mortales de un repartidor de pizzas, a manos de un tirador profesional. Por otro, la muerte de Sonia Baker, investigadora para el congresista Stephen Collins, arrollada en el metro. Este último suceso tiene diversas connotaciones: Stephen tenía una relación extramarital con la difunta, quien estaba reuniendo pruebas en su investigación de la principal empresa privada contratista del Ministerio de Defensa; y el periodista del Globe Cal McAffrey es el mejor amigo de Stephen y de su esposa Anne. McAffrey se ocupa del primer caso, pero echará una mano a la novata Della Frye, que se ocupa del escándalo político. Adaptación de la miniserie de la BBC creada en 2003 por Paul Abbott, ha contado con un curtido equipo de guionistas, especialistas en intrigas con visos de gran conspiración: Matthew Michael Carnahan (La sombra del reino), Tony Gilroy (Michael Clayton) y Billy Ray (El espía); a lo que se suma un director al que le gustan las tramas políticas, Kevin Macdonald (El último rey de Escocia). El resultado es un entretenimiento de gran calidad, con una madeja argumental lo suficientemente enrevesada para captar la atención, y lo suficientemente inteligible para que el espectador no se pierda. El film se esfuerza en rendir un sincero homenaje a lo mejor de la profesión periodística, que trata de desvelar la verdad por muy escandalosa que resulte, lo que la emparenta con títulos como Todos los hombres del presidente, un referente claro. Así, Cal es un reportero de la vieja escuela, que busca los hechos, contrasta la información, maneja bien las fuentes; su fobia a las nuevas tecnologías –tiene un ordenador antediluviano– es una pose frente a las facilidades blogueras, capaces de decir inmediatamente cualquier cosa de modo irresponsable, sin la preocupación de la verdad que contengan o el daño que puedan hacer, y la presión aumentada por la primicia. Funciona bien el contraste con la novata –que potencialmente representa el peligro de decadencia de la profesión–, el equipo de apoyo de Cal, y la figura de la editora, donde se diría que la composición de Helen Mirren homenajea a Katharine Graham, mítica figura del Washington Post. Hay inteligencia en el modo en que se imbrica la intriga política y la investigación periodística, con lo estrictamente personal, que afecta a Stephen y Cal, una amistad puesta a prueba por dos complicados triángulos amorosos, y por el telón de fondo de un grupo paramilitar de aviesas intenciones, y por los tejemanejes de los politicastros, que en vez de servir al público, sirven a su propio interés. E incluso hay espacio para la sorpresa. Aunque puede haber pasajes discutibles –el interrogatorio en el motel, por ejemplo–, en general se dota a la narración de una densidad adecuada, con tiempo para que los personajes se nos aparezcan como de carne y hueso, principalmente los compuestos por Russell Crowe (extraordinario, como siempre), Ben Affleck (correcto) y Robin Wright Penn (estupenda en su breve pero intenso papel). Hay además buenos pasajes de acción e intriga, donde se logra sorprender, algo no tan sencillo cuando un espectador hastiado de efectos especiales, cree haberlo visto ya todo: sin parafernalia digital, funcionan bien por su suspense la escena del hospital y la del garaje subterráneo.

6/10
Revolutionary Road

2008 | Revolutionary Road

Frank y April se conocen al poco de terminar la Segunda Guerra Mundial. Aquello es un flechazo, amor a primera vista. Guapos, jóvenes y con talento, se diría que componen el matrimonio perfecto. Pero diez años después, y a pesar de que tienen dos hijos preciosos, su relación se ha anquilosado. Ella ha conocido el fracaso de su carrera como actriz, él tiene un trabajo gris de oficinista, con pocos alicientes. La felicidad perfecta que debía embargarles, el sueño americano hecho realidad, no existen. Discuten con frecuencia, no hablan, no escuchan, se gritan... Aquello está a punto de irse al garete. Hasta que April tiene la “gran idea”: ¿por qué no hacer la maletas, e irse a otra parte, a Europa, a París, oh, la France, e iniciar una nueva vida? April podría trabajar como secretaria, y Frank podría desarrollar sus aptitudes, leer, tal vez escribir algún libro. Aquello les devuelve la ilusión, les hace rejuvenecer. Hasta el punto de que sus amigos y conocidos, que les miraban inicialmente estupefactos, empiezan a alimentar algo parecido a la envidia.Adaptación de la novela homónima de Richard Yates, profesor universitario y guionista en Hollywood en los 60, cuando firmó el libreto del film bélico El puente de Remagen. Se trata de una crónica del desamor, una mirada tremendamente pesimista a los Estados Unidos de los años 50, donde tras una fachada de una vida ideal se ocultan la frustración y la parálisis a la hora de actuar. Temática que conecta con el film con que debutó Sam Mendes como director, American Beauty. La idea es bucear en las contradicciones de unos personajes egoístas, siempre lamentándose por su insatisfacción personal, anhelantes de fantasías quiméricas, que no saben reconocer los gozos de una vida corriente –"jugar a las casitas", llama despectivamente un personaje a esta distorsionada posibilidad– que podría ser plena... si quisieran. Resultan patéticas las infidelidades de la pareja, una especie de grito silencioso que ni da consuelo, ni despierta los remordimientos; o el modo estremecedor con que encaran la noticia de que podrían tener un tercer hijo. Para subrayar una situación cercana al colapso, el guionista Justin Haythe (La sombra de un secuestro, que también dibujaba un matrimonio en crisis) acentúa los momentos desgarrados de venenosos reproches, un poco a lo Tennessee Williams, sobre todo los que protagonizan marido y mujer, y aquellos en que interviene un desequilibrado que, sorprendentemente, muestra algo cercano a la lucidez al detectar lo que no va en la pareja.Aunque el film se centra en Frank y April -Leonardo DiCaprio y Kate Winslet que, diez años después de Titanic, protagonizan otro tipo de naufragio, existencial, y cuentan con intentos papeles para lucirse-, alrededor se mueven varios personajes, reflejo como ellos de una sociedad acomodaticia: un matrimonio amigo, los compañeros de oficina, y los arrendatarios de su casa, irónicamente situada en la zona residencial de Revolutionary Road, nombre al que no honran, para nada, sus habitantes. Historia deprimente, en que unos personajes instalados en su mediocridad no saben amar ni evolucionar hacia ninguna parte, Mendes parece haberla diseñado con escuadra y cartabón, sin dejar espacio a la catarsis. El cineasta se diría una especie de cerebral ingeniero de los sentimientos autocomplacientes, que sabe manejar bien, al estilo de otras películas sobre una sociedad occidental enferma, como Juegos secretos, también protagonizada por su esposa Kate Winslet; y denuncia todo eso, pero sin aportar soluciones. Mendes se apoya bien en los actores, y en unos técnicos excelentes, sobre todo en los apartados musical -magnífica partitura de Thomas Newman, que combina muy bien con un inteligente uso del sonido- y de fotografía -Roger Deakins, que juega a la perfección con la distancia focal para mantener nítido o desdibujado, según convenga, el rostro de uno u otro personaje-.

6/10
Brokeback Mountain

2005 | Brokeback Mountain

Signal, Wyoming. Dos jóvenes, Ennis del Mar y Jack Twist, consiguen trabajo en un rancho: cuidar hacia el final del verano un rebaño de ovejas, acampando en la ladera de Brokeback Mountain. Es un trabajo duro y poco agradecido, que hacen con profesionalidad. Ennis es un tipo parco en palabras, prometido con Alma, su novia de toda la vida, con la que espera casarse. Jack, más dicharachero, está soltero y sin compromiso, y el caso es que Ennis le gusta, y no sólo como amigo. De modo que una noche irrumpe en su tienda, y sin cortarse un pelo se arroja en sus brazos. Ennis querría pensar que aquello ha sido la locura de un momento, pero la pasión crece, y también el afecto. Terminada la temporada, sus vidas se separan. Ennis se casa con Alma, y Jack hace lo propio con Lureen, hija de un potentado. Ambos formas sus respectivas familias. Podría ser el punto y final. Pero no lo es. Pues incapaces de olvidar aquel verano en Brokeback Mountain, reanudan el contacto. De modo que ante una esposa que no quiere ver y otra que no se entera, echan una canita al aire anualmente. Será su secreto, pues no se atreven a ir más allá. Aunque aquello parece no bastar, sobre todo a Jack. Ang Lee (que ya abordó la temática gay en El banquete de boda, en tono de comedia) adapta un relato de Annie Proulx, convertido en guión por Larry McMurtry y Diana Ossana. Probablemente su peor defecto es que se nota la intención de vender una idea, la de la normalidad de las relaciones homosexuales. Pero Lee es un cineasta hábil, y sabe entre medias mostrar los desgarrones interiores de los protagonistas, incapaces de decir adiós a su relación, aunque sólo fuera porque ya se decantaron por otra opción (crear un hogar, cada uno con una mujer). Hay un buen trabajo de Jake Gyllenhaal y Heath Ledger, a costa de los personajes femeninos, muy esquemáticos y con comportamientos poco razonables.

6/10

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