La chispa de la vida - Película - decine21
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La chispa de la vida
5 /10 decine21

La chispa de la vida

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5 /10 decine21

Crítica

Érase una vez el circo

Érase una vez el circo

Roberto es un publicista felizmente casado, con dos hijos, y el creativo que inventó el lema “La chispa de la vida” para Coca-Cola. Pero está en paro, y a pesar de su valía nadie se fija en él. Tiene la esperanza de que su antiguo jefe en la agencia que le dio su momento de gloria le acoja, pero nada. Desesperado, toma el coche medio zombie hasta Cartagena, y se cuela en el Teatro Romano donde antaño estuvo el hotel donde celebró su luna de miel. Terminará accidentado en una situación en que su vida pende de un hilo, y donde las televisiones de todo el mundo están pendientes de su suerte.

Álex de la Iglesia parece haberse inspirado en dos fuentes absolutamente reconocibles: El gran carnaval, grandísima película de Billy Wilder, y la aventura real de los mineros chilenos acontecida en 2010, seguida por personas de todo el mundo del planeta, y citada expresamente en el film. La actual situación de crisis económica, más el fichaje de un cómico con la gracia natural de José Mota y una actriz glamourosa como la mexicana Salma Hayek son otros sabrosos ingredientes para una película que prometía mucho más que lo que da. La sensación que transmite es la de un rodaje apresurado, con cierta escasez de medios, aunque justo es reconocer que el cineasta se esfuerza en sacar partido a los vistosos escenarios de las Torres de Madrid y el Teatro Romano.

Es obvio que el punto de partida de esta tragicomedia tiene gancho, aunque no sea original. Y que la crítica a la deshumanización de la empresa y los medios de comunicación es acertada y necesaria en los tiempos que corren. Además hay momentos con chispa, si se nos permite la expresión del título, que despiertan la sonrisa. Pero dicho esto no se puede dejar de señalar que la narración resulta algo tosca, todo es muy obvio y repetitivo. Ver por ejemplo a Fernando Tejero repetir al menos tres veces un gesto de OK como agente despiadado, o a Juan Luis Galiardo excusándose una y otra vez como alcalde tratando de salvar su trasero cansa. Y el prólogo hogareño de Mota y Hayek es larguísimo y ralentiza que entremos rápidamente en harina.

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