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Argentina, 1985
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Argentina, 1985
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Reparto

Sinopsis oficial

Argentina, 1985 está inspirada en la historia real de Julio Strassera, Luis Moreno Ocampo y su joven equipo jurídico que se atrevieron a acusar, contra viento y marea, a contrarreloj y bajo constante amenaza, a la más sangrienta dictadura militar argentina. Una batalla de David contra Goliat, con los héroes menos esperados.

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Crítica Argentina, 1985 (2022)

Cuestión de derechos humanos

Cuestión de derechos humanos

Recreación dramática del llamado en Argentina “Juicio a las Juntas”, por el que fueron acusados en 1985 tras un decreto presidencial de Raúl Alfonsín, ante un tribunal civil y por violación de los derechos humanos, nueve militares que formaron parte de distintas juntas que gobernaron el país tras el golpe de estado de 1976: Jorge Rafael Videla, Orlando Ramón Agosti, Emilio Eduardo Massera, Roberto Eduardo Viola, Omar Graffigna, Armando Lambruschini, Leopoldo Fortunato Galtieri, Basilio Lami Dozo y Jorge Anaya. Le toca llevar la acusación del caso a Julio Strassera, a quien asignan un joven fiscal adjunto con familia militar, Luis Moreno, con quien forma un equipo de jóvenes licenciados en derecho con ganas de trabajar en tiempo récord, para recabar testimonios y pruebas contra los encausados. No faltarán en ese período en que escuchan relatos estremecedores las presiones y las amenazas en el entorno familiar, que dificultan su difícil tarea en un momento delicado, en que no hace tanto que Argentina ha recuperado la normalidad democrática.

Impactante film de Santiago Mitre, habitual colaborador de Pablo Trapero, aunque con carrera propia, que examina la historia reciente de Argentina, respaldado en la producción por Amazon. Con hechuras bastante clásicas, el director y coguionista logra sortear algunos de los riesgos que presenta el material que tiene entre manos: sobre todo el revanchismo político demasiado obvio, que podría haber convertido la película en un panfleto, o el dejarse encorsetar por los estereotipos del drama judicial, que son muchos, es distinto manejar elementos reconocibles –rivalidad abogados-acusación, trabajo agotador, impacto en la familia, amenazas, etcétera–, que caer en los manoseados clichés. Y eso que el metraje es algo desmedido, cercano a las dos horas y media. Parte del éxito es subrayar que lo que se juzga es una flagrante violación de derechos humanos, más allá de la cuestión política, el recurso cobarde a la tortura y al asesinato desde el estado.

Mitre y su coguionista Mariano Llinás demuestran talento en la concepción de algunas escenas, sirvan de botón de muestra la charla que Julio Strassera mantiene con su esposa, en que suben y bajan el volumen de los altavoces en los que suena una pieza de música clásica, la selección de los componentes del equipo del fiscal, o el encontronazo de Strassera con Luis Moreno a propósito de la independencia judicial, en que éste sugiere que algunos –su propio superior– se habrían limitado a desempeñar su oficio de modo funcionarial durante la dictadura, cuando tocaba significarse. Incluso los momentos en que el dramatismo viene casi solo –el testimonio de la mujer embarazada secuestrada que da a luz en el coche patrulla, el alegato final de Strassera...– logran alejarse del convencionalismo.

Argentina, 1985 es de esas películas en que todo el reparto brilla al completo, y donde ha habido un esfuerzo para evitar que ningún personaje quedara reducido a una caricatura de sí mismo. Pero es de justicia destacar el sobresaliente trabajo de Ricardo Darín dando vida a Strassera, su composición resulta muy contenida y creíble, está llena de matices.

Últimos comentarios de los lectores

Fernando Romero Moreno - Hace 4 semanas

La película no menciona que se trató de una guerra irregular, técnicamente una guerra revolucionaria de organizaciones terroristas dirigidas desde Cuba contra la República Argentina. La guerra revolucionaria significa que el enemigo no usa uniforme, está mimetizado con la sociedad civil, no se sujeta a las leyes internacionales que regulan los conflictos armados, etc. Eso no justifica por supuesto el interrogatorio mediante tortura de personas inocentes o sospechosas, la violación de mujeres, la entrega de niños recién nacidos a personas ajenas a su familia, entre otros delitos. Pero la película parece negar que se trató de una guerra contra organizaciones que querían instaurar una dictadura comunista en mi país, que inicialmente el Estado Argentino juzgó a los terroristas de acuerdo a la ley (siendo amnistiados por el gobierno democrático de 1973, lo que supuso que volvieran a delinquir, amenazaran a los jueces que los habían condenado y asesinado a uno de ellos), que la represión ilegal la inició el gobierno peronista en 1974 (dos años antes del golpe de estado y dejando más de 900 desaparecidos), que el fiscal Strassera juró por los Estatutos del gobierno militar y rechazó todos los habeas corpus que se le presentaron entre 1976-1983 (a diferencia de jueces "de derecha" que sí los admitieron) y un largo etcétera. Los medios ilícitos utilizados para combatir la subversión marxista por parte del peronismo (entre 1974-1976) y por el gobierno militar (entre 1976-1983) son injustificables moralmente, pero los argentinos que tenemos memoria agradecemos que el terrorismo castro-comunista no haya triunfado militarmente. Y hubo militares que lo combatieron sin deshonrar el uniforme. Es de lamentar sí que la izquierda venga ganando la Revolución Cultural desarrollada desde 1983 hasta la fecha, con la complicidad de cierta derecha economicista y cobarde. Además, mientras se sigue juzgando contra todas las garantías constitucionales y procesales a militares y civiles involucrados en la represión anticomunista, los ex-terroristas ocupan cargos públicos, cátedras universitarias, medios de comunicación, etc. y muchos han sido indemnizados como "desaparecidos", cuando en realidad no lo estaban y nunca devolvieron ese dinero al Estado Argentino. Además las Víctimas del Terrorismo no han sido ni indemnizadas ni merecido la más mínima atención por parte de los gobiernos democráticos que se sucedieron en los últimos 40 años en la Argentina. Por último, la cifra real de desaparecidos no es de 30.000 sino de 6.348 personas. La cifra "icónica" fue inventada por el ex-terrorista Luis Labraña para que los organismos de DD.HH europeos los atendieran. Luis Labraña es uno de los pocos ex-terroristas que no han dudado en apostar por la Verdad y no por una "Memoria" vengativa y subversiva

Miguel Gil - Hace 2 meses

Potente drama judicial argentino (inspirado en hechos reales), muy bien escrito, dirigido e interpretado, sobretodo por Ricardo Darín y Peter Lanzani. Muy recomendable.

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