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Biografía

Ricardo Darín

Ricardo Darín

63 años

Ricardo Darín

Nació el 16 de Enero de 1957 en Buenos Aires, Argentina

Premios: 1 Goya (más 2 premios y 1 nominaciones)

Embajador del cine argentino

17 Junio 2011

Ha ido ganando con los años, en capacidad interpretativa y en intensidad. Ricardo Darín es uno de esos pocos magos capaces de pasar del registro cómico al dramático sin aparente esfuerzo. En la actualidad es sin duda el rostro más representativo del cine argentino, pues ha protagonizado las películas más emblemáticas de su mejor etapa.

Nacido el 16 de enero de 1957, el bonaerense Ricardo Alberto Darín Rojana está muy unido desde siempre al mundo de la farándula, porque sus padres, Ricardo Darín padre y Renée Roxana, eran intérpretes teatrales. No tomó jamás clases de interpretación, ni falta que le hizo, pues a los 10 años ya estaba encaramado a un escenario junto a sus progenitores.

Desde los 16 años se convierte en habitual actor de programas de la televisión, y protagoniza telenovelas como El tema es el amor y Vos y yo, toda la vida, de Alberto Migré, uno de los creadores de mayor éxito de folletines televisivos argentinos.

En los 80 triunfa en el teatro como miembro del grupo "Los galancitos" que pasan éxitos televisivos a montajes teatrales. Triunfa posteriormente con montajes de obras como "Taxi" o "La canción de Buenos Aires", y en televisión vuelve a cosechar un gran éxito con Luis Brandoni en la serie Mi cuñado.

Recibió cierto reconocimiento de la crítica argentina tras protagonizar Perdido por perdido, primer largometraje de Alberto Lecchi. Sin embargo, a Darín el prestigio internacional no le llegaría hasta que pasó de los 40 años. Su carrera empezó a dar un giro cuando interpretó a un farero en El faro del sur, de Eduardo Mignogna. Poco después le ficha un compatriota que había rodado dos largos de ficción en inglés y episodios de serie, para su primer largo de ficción en español. Se trataba de Juan José Campanella, que le convirtió en protagonista de El mismo amor, la misma lluvia, donde realiza un trabajo deslumbrante, como Jorge, joven promesa de la literatura enamorado de una camarera soñadora, interpretada por otra grande del cine argentino, Soledad Villamil.

Pero el film más importante en la carrera de Darín, y posiblemente de todo el cine argentino reciente es Nueve reinas, de Fabián Bielinsky, donde Darín se supera a sí mismo como timador de poca monta, en el fondo entrañable, en una Argentina gravemente tocada por la crisis económica, que adoctrina a un joven aspirante a pillo. La cinta cierra la boca de los que denostaban en cierta forma a Darín por su etapa de las telenovelas, y le consagra en todo el mundo.

Además, el actor encadena el rodaje con el de El hijo de la novia, nuevamente a las órdenes de Campanella, donde interpreta a un personaje muy distinto, el agobiado dueño de un restaurante que intenta que su madre, que padece de alzheimer, vea cumplido antes de su muerte su sueño de casarse por la Iglesia. El film fue también un éxito y obtuvo una nominación al Oscar a la mejor película extranjera.

Desde entonces, Darín ejerce de rostro oficial del nuevo cine argentino. Bordó un pequeño papel en La fuga, de nuevo con Eduardo Mignogna, fue un taxidermista en apuros en El aura, fugitivo junto a su familia en tiempos de la dictadura argentina en Kamchatka, acomplejado padre de una hermafrodita en XXY, un abogado oportunista en Carancho, ferretero cascarrabias en Un cuento chino...

Además, tuvo tiempo de debutar como director con La señal, al hacerse cargo de un proyecto que dejó a medias al fallecer Mignogna. También le requiere algún director español, como Fernando Trueba, en El baile de la victoria y José Luis Cuerda, en La educación de las hadas.

Divorciado de la vedette y presentadora Susana Giménez, desde 1987 comparte su vida con Florencia Bas, con la que tiene un hijo y una hija. Tras un desagradable episodio, Darín demostró su gran humanidad. Cuatro jóvenes asaltaron su residencia, tomando como rehén a Florencia Bas y a su hija, hasta que lograron escaparse con una gran suma de dinero. Cuando compareció ante los periodistas, que esperaban que demostrara su indignación, Darín expresó que se sentía afortunado porque al menos no hubieran maltratado a sus seres más queridos, y pidió más oportunidades para jóvenes como los que le acababan de robar. "Nadie se ocupa de esa gente. Trato de ver más allá de mi pequeña vida y de ser coherente con lo que pienso", afirmó el actor.

En 2006 obtuvo la nacionalidad española por carta de naturaleza, una concesión excepcional para quienes acumulen méritos especiales, que también se le concedió a Juan José Campanella. Este director volvió a reclutarle, como un tipo que intenta que siga abierto el club social de sus padres, en Luna de Avellaneda, y sobre todo como el agente de la justicia federal Benjamín Esposito, que investiga un crimen, en la redonda El secreto de sus ojos. El film, que vuelve a reunir al actor con Soledad Villamil, obtuvo el Oscar a la mejor película extranjera.

Goya
2016

Ganador de 1 premio

Goya
2015

Nominado a 1 premio

Ganador de 1 premio

  • Premio Donostia

Ganador de 1 premio

  • Concha de Plata al mejor actor Truman
Filmografía
La odisea de los giles

2019 | La odisea de los giles

Una amable película que viene a decir que algunos ladrones sí son gente honrada. Adapta “La fábrica de la Usina”, una novela de Eduardo Sacheri que se hizo acreedora del Premio Alfaguara en 2016. Y en el seguimiento de un esquema de película de robos perpetrado por “no-profesionales”, sigue las pautas de filmes como Atraco a las tres y Granujas de medio pelo, y en su deuda a los clásicos cinematográficos del subgénero, se permite una justa cita a Cómo robar un millón y..., del gran William Wyler. En una población rural cercana a Buenos Aires, un grupo de giles –termino para designar a la buena gente, trabajadora, tal vez algo ingenua...–, liderado por Fermín Perlassi, vieja leyenda del fútbol local, suman fuerzas y dinero para formar una cooperativa agrícola aprovechando los silos e instalaciones de una explotación abandonada. Unos pocos dólares aquí y otros pocos allá devienen en cantidad suficientemente importante para ser depositada en la caja de seguridad de un banco. Cuando el director de la entidad aconseja a Perlassi ingresar el dinero en una cuenta para obtener el crédito que necesitan para realizar toda la inversión, se produce el corralito de 2001 que afectó a toda Argentina, y pierden todo lo que que tenían. No es la única desgracia que se produce, y el disgusto de todos es mayor cuando se enteran de que han sido estafados, el director del banco y uno de sus clientes más importantes, Fortunato Manzi, sabían lo que se avecinaba. Un año después, un cúmulo de circunstancias les lleva a un descubrimiento excepcional: Manzi ha excavado una cámara de seguridad en medio del campo, donde oculta todo el dinero robado. Trazarán entonces un plan para hacer justicia. Sebastián Borensztein, responsable de títulos de interés como Un cuento chino y Capitán Kóblic, dirige y coescribe el film con el autor de la novela, y volviendo a contar con Ricardo Darín como productor y en el capítulo interpretativo, aunque aquí integra un reparto bastante coral, es protagonista pero menos. La narración se hace amable de cabo a rabo gracias a la dignidad y decencia de los personajes, divertidos y con rasgos entrañables, desde los hermanos tan contentos con sus teléfonos móviles, al antiguo zapador del ejército, pasando por el hijo que necesita independizarse de la madre y volar por su cuenta, o el otro que deja sus estudios para ayudar en casa tras las crisis, o al anarquista de boquilla al que encarna Luis Brandoni. Y por otro lado, está bien trazada y explicada la peripecia de quienes, estudiando bien las cosas, roban a un ladrón y merecen lo mejor por ello.

7/10
Todos lo saben

2018 | Todos lo saben

Con motivo de la boda de su hermana Ana, Laura regresa desde Argentina a su pueblo natal en una zona vinícola española, la acompañan sus dos hijos, el marido Alejandro se quedó allá por trabajo. Se produce el gozoso reencuentro con padres y hermanos, y con Paco, del que anduvo enamorada en su juventud, ahora casado con Bea. Y tras el enlace, al que asisten muchos invitados, sigue la animada fiesta. Pero de pronto... Desaparece Irene, la hija mayor de Laura. Mensajes en el móvil de Laura apuntan a un secuestro por dinero, con la amenaza de hacer daño a la adolescente si denuncian los hechos a la guardia civil. La vida con frecuencia nos somete a duras pruebas. La alegría pronto se troca en dolor y sufrimiento, y puede costar recuperar la confianza en las personas. El iraní Asghar Farhadi, director y guionista, demuestra su enorme talento para contar historias de alcance universal, no importa tanto que sitúe las historias en su país de origen (Nader y Simin, una separación, El viajante) o que estén “coloreadas” por el telón de fondo parcial o total de Occidente (El pasado y Francia, Todos lo saben y España y Argentina), lo decisivo es la hondura con que atrapa las interioridades del ser humano, lo mejor y lo peor: el amor, el sacrificio, los padecimientos, los rencores soterrados, la soberbia, la ambición, asoman en cada uno en mayor o menor medida, mientra se teje un elaborado cuadro de complejas relaciones, donde cuenta lo ocurrido y lo que se piensa que ha ocurrido, la suposición de intenciones en el otro, y los secretos del pasado que acaban saliendo a la luz. Cuenta con un magnífico reparto coral, donde ocupan lugar prominente Javier Bardem, Penélope Cruz y Ricardo Darín, convincentes al exhibir las fragilidades de sus personajes, pero donde también sobresalan Bárbara Lennie, Inma Cuesta, Elvira Mínguez, Eduard Fernández, Ramón Barea, por citar a unos pocos. Farhadi es un cineasta con mayúsculas. Sabe dar el salto mortal del costumbrismo festivo inicial, a la angustia de la tragedia y las dudas sobre qué ha ocurrido, y quién está detrás, un cambio de tono perfectamente ajustado. Y sí, hay un punto de intriga, pero puede permitirse el lujo de satisfacer la curiosidad sobre la identidad de los secuestradores sin jugar a sorprender, poniendo el acento en que lo importante, lo que le interesa, son las personas, sus heridas existenciales, las cicatrices indelebles. Da gusto ver una película donde no hay espacio para la frivolidad, en que se puede abordar temas como la familia, el aborto o la intervención de Dios en la vida de los hombres, sin caer en el cliché. Y en donde las imágenes pueden sustituir con éxito a las palabras, pero sin desdeñar el poder de éstas para expresar los sentimientos.

7/10
El amor menos pensado

2018 | El amor menos pensado

Marcos y Ana llevan casados más de dos décadas. Su único hijo, Luciano, se marcha a cursar estudios universitarios en España. Se quedan solos, y nada querrían evitar más ellos que el cliché del “síndrome del nido vacío”. La nueva situación les lleva a constatar que se tienen aprecio, se quieren, se gustan, pero… ya no existe la pasión y el enamoramiento de antaño. De un modo un tanto frío y racional, deciden separarse, así podrán emprender nuevas relaciones e introducir un poco de emoción en unas insulsas vidas donde parece que sólo se toleran, lo que desde luego, no les basta. Debut en la dirección del argentino Juan Vera, más conocido por su faceta de productor, está detrás de la mayoría de las películas de Pablo Trapero, como Leonera, Carancho o Elefante blanco. Coescrita con Daniel Cúparo, es una larga película, quizá demasiado pues pesan las reiteraciones con situaciones equivalentes e intercambiables, que entre risas y lágrimas quiere ser una agridulce reflexión acerca del amor y de las razones por las que dos personas unidas por el matrimonio puede continuar juntas con el transcurrir de los años. El problema es que al final se reduce a una constatación de hechos, cosas que pasan, y en cambio se encuentran ausentes ideas como la de tener un proyecto común para toda la vida, o la de los sacrificios que se está dispuesto a hacer para sostener dicho proyecto. El amor es lo que vertebra una relación, se viene a decir, pero no se sabe muy bien en qué consiste tal amor. La descripción de las decisiones, y de otras rupturas de familiares y amigos que ocurren alrededor de la pareja protagonista –dejar a la mujer por una jovencita que podría ser tu hija, o una infidelidad mantenida durante años y descubierta por obra y gracia de Instagram–, sirven para pintar un cuadro demoledor sobre la superficialidad dominante en algunos matrimonios. Pero cuesta si saber si hay crítica mordaz, si se quiere poner en solfa la inmadurez de quien se autodenomina adulto, o simplemente tenemos un dibujo de situaciones donde reímos por no llorar. Sea como fuere, la película se ve razonablemente bien, sobre todo gracias al gran trabajo interpretativo de Ricardo Darín y Mercedes Morán, dos grandísimos actores.

5/10
Nieve negra

2017 | Nieve negra

Oscura historia de familia, cuyo pasado revive tras la muerte del progenitor. Este deja unas tierras a sus hijos en la Patagonia, y Marcos trata de convencer al hosco Salvador, que vive ahí solo, para vender y renunciar a su cabaña, lo que supondría pingües beneficios para todos, incluida la necesaria atención médica de la hermana con problemas mentales. En un paraje solitario y con las nieves del invierno, al que Marcos ha acudido para enterrar las cenizas de un hermano muerto en accidente, y persuadir a Salvador de la venta, saltan los rencores propiciados por hechos dolorosos difíciles de olvidar. Una década ha tardado el cineasta argentino Martin Hodara en dirigir su segunda película, ahora en solitario tras firmar La señal con el actor Ricardo Darín. Antes había sido ayudante de dirección del prematuramente fallecido Fabián Bielinsky en Nueve reinas y El aura. Como en su debut, el resultado no pasa de discreto, a pesar del esfuerzo de producción en los bellos parajes patagónicos. La trama acumula elementos típicos de historias con familias desestructuradas: ausencia de la madre, no sabemos por qué, padre maltratador y abusivo, rencores fraternales. El tempo narrativo es de una lentitud exasperante, y las “sorpresas” que reservan los hechos ocurridos tiempos atrás se dirían trucos de prestidigitador de un mago tramposo, incluidas casualidades, accidentes, errores y pistas dejadas por ahí, que los personajes descubren porque así lo manda el guión. La estructura narrativa del guión de Hodara y Leonel D'Agostino juega continuamente con los flash-backs, en que se nos entregan retazos sueltos de la cacería en que los cuatro hermanos participan con su padre. El efecto de pasar del presente al pasado en el mismo plano tiene su encanto en ocasiones, aunque no es algo novedoso, lo hemos visto usado con más talento en títulos como la espléndida Lone Star. Las interpretaciones son correctas, dentro de lo que los actores pueden hacer. Quizá destaca Ricardo Darín como hermano hosco, un registro diferente a lo que nos tiene acostumbrados.

5/10
La cordillera

2017 | La cordillera

Poco después de ganar las elecciones, el nuevo presidente de Argentina, Hernán Blanco, está siendo bastante cuestionado, pues se le considera demasiado blando. Podría modificar esa imagen si sale airoso de su primer gran compromiso internacional, una importante cumbre latinoamericana para formar una alianza petrolífera de países, que transcurre en unas montañas nevadas. Pero justo antes del evento, se entera de que su ex yerno amenaza con desvelar asuntos de corrupción que le involucran. Preocupado por la estabilidad psicológica de Marina, su hija, Blanco pide que la traigan a su lado. Tercer largometraje del bonaerense Santiago Mitre, que tras El estudiante, Paulina y ahora este título mejora progresivamente, sobre todo a nivel técnico, y que aquí demuestra que sabe manejar un presupuesto mucho mayor que los anteriores, pues se trata de una importante coproducción entre Argentina, Francia y España. De factura impecable, aprovecha muy bien elementos como la música del español Alberto Iglesias, que intensifica los momentos más dramáticos, recordando en cierta forma al cine de Pedro Almodóvar. Tampoco se le da mal la dirección de actores, pues Ricardo Darín está al nivel acostumbrado; a su lado se luce Gerardo Romano, como su jefe de gabinete. La blanca cordillera que da título al film sirve como metáfora del aislamiento del poder, en un film que llega a la conclusión de que los políticos sin escrúpulos tampoco son demasiado fiables en su vida privada. Quizás desconciertan un poco sus cambios de tono, del dramón al thriller, y se excede en su recurso a la sugerencia, pues acaba prácticamente dejándolo todo a la imaginación del espectador. También se la puede acusar de que su mirada al ser humano, a la familia y al mundo de la política acaba siendo un tanto pesimista.

6/10
Capitán Kóblic

2016 | Kóblic

Durante la dictadura argentina, el capitán del ejército del aire Tomás Kóblic se convierte en desertor tras presenciar la ejecución de varios civiles, arrojados al mar desde el aparato que pilota. Se refugia en un pueblo de la Pampa, en casa de un amigo al que ayuda fumigando su campo con una avioneta.  Se sentirá atraído por Nancy una lugareña, tratada a patadas por su marido, al tiempo que Velarde, el comisario local, se obsesiona por descubrir qué hace un porteño por allí, preocupado porque puede poner en solfa su poder en la zona. Sebastian Borensztein reconstruyó las consecuencias de la Guerra de las Malvinas, en Un cuento chino. Ahora, recupera al mismo protagonista, Ricardo Darín, en un film sobre otro asunto de la historia reciente de Argentina, los temibles vuelos de la muerte del régimen militar. Aunque se trata de un thriller dramático, parte de una estructura clara de western, con un forastero que llega a un pueblo remoto, de pocos habitantes, donde manda el sheriff… Como cabe esperar, el protagonista de El hijo de la novia está a un buen nivel, en el rol de un hombre consumido por el arrepentimiento. Cuenta con el apoyo del veterano Óscar Martínez (Relatos salvajes), transformado porque lleva peluquín y hasta dientes postizos. Tampoco desentona la española Inma Cuesta.

6/10
Truman

2015 | Truman

Truman podría haberse titulado también Días contados, aunque ese título ya lo utilizó Imanol Uribe. Porque cuatro, ni uno más ni uno menos, son los días que va a pasar en Madrid Tomás, que aunque afincado en Canadá con su familia, emprende viaje para acompañar a su amigo Julián, actor argentino que padece un cáncer terminal. Separado y con un hijo universitario, Julián cuenta con la compañía de su fiel perro Truman, a quien piensa que hay que buscarle dueño para cuando él no esté, pues ya no le queda mucho tiempo. Cesc Gay dirige y coescribe con su guionista habitual, Tomàs Aragay, un drama muy humano sostenido por la columna vertebral de la amistad, el gran tema, y punteado de pasajes con humor que suavizan el duro e inevitable trance de la muerte. Así, gracias a la ayuda inestimable de dos grandísimos actores, Javier Cámara y Ricardo Darín, van asomando con agilidad los miedos, las despedidas, los preparativos, servidos en un ramillete de emotivas escenas muy trabajadas, alguna tan lograda como la del que se presume un incómodo encuentro con quien tendría motivos para insultar o al menos ignorar a Julián, y que toma en cambio otros derroteros. De modo que la cinta llega al corazón, tiene eso tan buscado por las películas que es "capacidad para conectar con el espectador". En una sociedad que ha perdido en gran medida el sentido de la trascendencia, puede no extrañar la falta de hondura en las consideraciones sobre la otra vida, sólo levemente apuntadas al hablar del deseo de reencontrarse con los seres queridos ya fallecidos. Al final lo que se aprecia sobre todo es el apoyo humano e inmediato de los amigos, un estar ahí amablemente y sin quejas, a veces con un silencio bien elocuente. Los personajes no son perfectos, sobrellevar esa muerte les cuesta, e incluso expresar la no-conformidad con alguna decisión, por una mezcla de miedo y respeto, a veces mal entendido, a la libertad del otro. Algo que se nota cuando se sugiere que podría aquella llegar a ser una situación insoportable, indigna de ser vivida, cuando la enfermedad incapacite para valerse por uno mismo. Se pone así en valor supremo el ejercicio de la libertad, sea cual sea su objeto, prestando menos atención al sentido del bien y del mal. El sufrimiento de los seres queridos es sugerido con la obra que Julián está representando en los escenarios, “Las amistades peligrosas”, subtexto nada inocente que recuerda que ser amigo de los amigos implica amar y sufrir.

6/10
Relatos salvajes

2014 | Relatos salvajes

El bonaerense Damián Szifron se consagra con Relatos salvajes, representante de su país en los Oscar de 2014, tras escribir y dirigir un par de notables series y otros tantos largos. Esta vez cuenta como productor con el español Pedro Almodóvar, que se distingue por su ojo para no perder dinero allí donde está involucrado. Conviene no dar demasiados detalles de los seis Relatos salvajes que componen la trama, todos ellos de planteamiento más o menos sorprendente, y llenos de giros. Una modelo que coge un avión inicia una conversación con otro pasajero en la que saldrá a la luz una inquietante conclusión. Una camarera reconoce a un cliente como parte de su pasado. Un tipo conduce por una carretera solitaria, cuando otro conductor le juega una mala pasada. Un ingeniero llega tarde al cumpleaños de su hija porque la grúa se le ha llevado el vehículo. Un irresponsable joven de familia adinerada atropella a dos personas. Una novia descubre durante el banquete de bodas que su marido le ha sido infiel. En tono sarcástico, lleno de cinismo y con numerosos toques de humor negro, Szifron lanza una mirada al lado más salvaje del ser humano. Viendo sus imágenes, aterroriza hasta dónde es capaz de llegar una persona cuando se siente cargada de razón. La clave de la intensidad de la cinta reside en que sus personajes logran que el espectador en cierta medida se sienta identificado con sus reconocibles frustraciones, al estilo de lo que ocurría con un enloquecido Michael Douglas en Un día de furia, con la que esta cinta –especialmente el capítulo de la grúa– tiene varios elementos en común. Merece un sobresaliente el conjunto del reparto, donde están grandes nombres del cine argentino, como Darío Grandinetti, Ricardo Darín, y Leonardo Sbaraglia, estos dos últimos memorables como ciudadanos corrientes desbordados en situaciones extremas. Tiene mérito que aunque Relatos salvajes se componga de capítulos totalmente independientes, logre una unidad de conjunto, pues no produce la sensación de que unos tramos no estén a la altura de otros, o de que sean historias aisladas. Como en todos sus trabajos, Szifron deja patente su pasión por los productos audiovisuales estadounidenses. Así, si en la excelente serie Los simuladores tomaba como referencia Misión imposible, y en el hilarante largo Tiempo de valientes se rastreaba la sombra de Arma letal, aquí ha tomado como modelo Pulp Fiction y en general el cine de Quentin Tarantino.

7/10
Tesis sobre un homicidio

2013 | Tesis sobre un homicidio

Roberto Bermúdez es un célebre criminalista, que en la actualidad de dedica a la enseñanza impartiendo un prestigioso seminario en la universidad sobre derecho penal. Se matriculará en sus clases Gonzalo, a quien no ve desde niño, un joven apuesto y brillante, que le desafía con sus particulares comentarios y teorías sobre la justicia. Cuando aparece el cadáver de una mujer violada y asesinada frente a la facultad, mientras Roberto imparte sus clases, el profesor se obsesiona con el caso, llegando al convencimiento de que Gonzalo es el psicópata criminal, que habría matado con la única meta de mantener con él un perverso juego. Entretenido thriller, coproducción de Argentina y España, Tesis sobre un homicidio se basa en la premiada novela homónima de Diego Paszkowski. Hernán Goldfrid acude a la carta de la ambigüedad para mostrar el choque de egos de profesor y discípulo, bien interpretados por Ricardo Darín y Alberto Amman, éste incorporando un esforzado acento argentino. La idea es criticar esa pose nietzscheana de creerse superhombres en posición preeminente por encima de los simples mortales, poseedores de determinadas claves para entender la ridícula existencia humana, que los demás ignoran. En tal sentido el film puede recordar a títulos como La soga de Alfred Hitchcock, salvando las distancias. Sabe Goldfrid mantener en Tesis sobre un homicidio cierta intriga en los detalles que podrían confirmar la culpabilidad de Gonzalo o ser meras coincidencias, piezas forzadas a encajar en el puzzle que maneja Roberto. Ello no impide cierta sensación de reiteramiento; además, algunas escenas no resultan demasiado convincentes, sobre todo las compartidas por Roberto y la hermana de la asesinada; y falta brillantez y fuerza en el desenlace.

5/10
Séptimo

2013 | Séptimo

Segunda cinta del español Patxi Amezcua, que pese a tratarse de una coproducción parece más argentina, pues se desarrolla en Buenos Aires, y otorga la mayor parte del protagonismo a Ricardo Darín. El realizador reincide en el cine de género, tras ofrecer buenas muestras de su talento en 25 kilates, su estimulante, aunque limitada, ópera prima. En Séptimo, el actor de El hijo de la novia interpreta a Sebastián, abogado hedonista, separado de Delia, que no le ha perdonado sus constantes mentiras. Cuando acude a recoger a sus hijos juega con ellos, como otros días, a organizar una pequeña carrera a ver si llegan antes al portal por la escalera, que él en el ascensor. Pero al llegar abajo resulta que han desaparecido sin dejar rastro. Séptimo parte de un arranque que impacta, por su descripción de la angustia ante la incertidumbre sobre el paradero de los seres queridos. Pero el guión del propio director con el apoyo de Alejo Flah (Taxi), pronto se desvía al peligroso terreno del 'whodunit', término usado por ejemplo por Alfred Hitchcock tal y como lo recogió François Truffaut en su libro de entrevistas. Como es sabido, se refería a los relatos centrados en la búsqueda del culpable, que tienen un grave riesgo, por la sensación de chasco del espectador en los casos en los que se adivine fácilmente quién es el malo. Por desgracia, en Séptimo, la primera tesis que asalta la mente del espectador acaba imponiéndose al final, y al ser la única que parece que no se plantean durante el metraje los personajes, cada vez va creciendo más el presentimiento de que se sabe cómo va a acabar. Además, aunque se hace gala de una enorme habilidad para plantear varias resoluciones posibles, apenas se saca tajada de ellas, pues la mayoría se resuelven de forma ‘facilona’. Esto se hace además abusando de dos recursos que se vuelven repetitivos: o Darín se cuela en la casa del sospechoso para comprobar que los niños no están ahí, o bien utiliza el clásico truco: “Está bien. Se acabó el juego. Sé que has sido tú. Habla”. A pesar de estos defectos, lo cierto es que Séptimo está rodada con solvencia y ritmo, y cuenta con excelentes interpretaciones, sobre todo de Darín (lo que al igual que el final del film, no sorprende demasiado) y Belén Rueda. Y si se disculpan los defectos de la trama policíaca, tiene gran interés por su descripción de personajes característicos de una sociedad sin valores, en la que encontrar a un funcionario que aparentemente sigue la ley, ofrece la sensación de que debe ser el único que lo hace. En este sentido, lo más inolvidable de este thriller dramático sería el terrible momento en el que un rival se mofa de la desgracia del protagonista porque le ha beneficiado profesionalmente.

5/10
Una pistola en cada mano

2012 | Una pistola en cada mano

El siempre interesante realizador barcelonés Cesc Gay (En la ciudad, Ficción) estructura su sexto film, Una pistola en cada mano, como una sucesión de encuentros de dos personajes distintos por escena, en diferentes localizaciones de su ciudad natal. De nuevo describe a urbanitas representativos de la España actual, con la diferencia de que éstos han ido madurando, como el propio realizador, y ahora andan en torno a la cuarentena. Una pistola en cada mano se compone de varios segmentos, que finalmente se unen. J., que no se siente feliz a pesar de tenerlo todo, se encuentra casualmente con E., que por problemas económicos se ha visto obligado a volver con sus padres. S. lleva a su hijo a casa de su ex mujer, a la que no ha olvidado un par de años después del divorcio. Mientras persigue a su esposa a la que supone infiel, G. se reencuentra con un conocido, L., que pasea a su perro. A pesar de que está casado, P. intenta llevarse a la cama a Mamen, una compañera de trabajo. Durante un breve trayecto en coche, María mantiene una conversación sin tapujos sobre sus intimidades matrimoniales con el marido de su mejor amiga, Sara, que a su vez les espera con el cónyuge de ella. Gay reflexiona sobre el dolor que causa la infidelidad, el desconcierto que provoca la ruptura familiar, la soledad, y otros temas que en mayor o menor medida han ido apareciendo en su cine, centrándose sobre todo en los personajes masculinos, aunque uno de los temas más recurridos sea la dificultad de éstos para comprenderlas a ellas. El título, Una pistola en cada mano, es una referencia simbólica a las dificultades del individuo para mantenerse fiel y 'atender a un único arma'. El lujoso reparto reúne casi por completo a los más destacados intérpretes de mediana edad del cine en español (con Javier Bardem, Sergi López y Carmelo Gómez estarían prácticamente todos). Aunque se nota la mano del realizador en la dirección de actores, su gran especialidad, no todos están a la misma altura, lo que provoca cierta descompensación en los diferentes tramos de los que consta Una pistola en cada mano. Una vez más, Cesc Gay se asegura de rodar con cámara, Javier Cámara, impresionante como ex marido desesperado en el que quizás sea el mejor tramo, junto a la menos conocida pero sorprendente Clara Segura (Los niños salvajes). El mano a mano entre Leonardo Sbaraglia y Eduard Fernández (otro actor recurrente de Cesc Gay), viene a ser sencillamente increíble, al igual que el duelo de titanes que se establece entre Luis Tosar y Ricardo Darín, sin duda dos pesos pesados. La conversación entre Eduardo Noriega y Candela Peña funciona, más por la labor de ella, aunque el santanderino está bastante correcto. El último episodio acaba siendo inferior, a pesar del inmenso talento de Leonor Watling, que se mide con un Alberto San Juan que da lo justo, y posteriormente con un contenido pero insulso Jordi Mollà y una Cayetana Guillén Cuervo decepcionante en su regreso a la pantalla de cine, tras ocho años centrada en la televisión.

6/10
Elefante blanco

2012 | Elefante blanco

“Elefante blanco” es el nombre con el que se conoce un gran hospital en Ciudad Oculta, una barriada deprimida de Buenos Aires, que nunca terminó de construirse pese a las promesas de varios gobiernos, y que sólo sirve para que recalen allí los sin techo y los drogadictos. Trabaja como párroco de la zona Julián, que cuida con caridad de sus fieles y realiza una importante labor de promoción junto a otros sacerdotes y la asistente social Luciana, impulsando la construcción de viviendas populares. Se sumará al grupo Nicolás, un sacerdote buen amigo de Julián, traumatizado por la matanza que se produjo en una aldea en la selva en la que ejercía su ministerio, como no pudo hacer nada arrastra cierto complejo de culpa. Julián piensa en Nicolás como su sustituto para un futuro quizá no tan lejano, pues se encuentra gravemente enfermo. Pero resulta imposible controlar y preverlo todo: la violencia del entorno, la falta de recursos que debería aportar el obispado, la debilidad de la carne, la necesidad de afecto que todos tenemos, el silencio de Dios y las paradojas de la existencia humana, nos llevan por caminos inesperados. Ambiciosa película de uno los cineastas argentinos de mayor prestigio, Pablo Trapero (El bonaerense, Leonera, Carancho), también coautor del guión. En la producción se encuentra Juan Gordon, que anduvo detrás de También la lluvia, lo que no parece casual, pues ambas películas plantean las dificultades para que cale el mensaje social de la Iglesia. Las andanzas de los curas protagonistas se inspiran en un sacerdote auténtico, Carlos Mugica, creador de la iglesia de Cristo Obrero, asesinado a tiros en 1974, y que rezaba la oración “Señor, quiero morir por ellos, ayúdame a vivir para ellos”, citada varias veces en el film. Se puede decir que Elefante blanco tiene puntos a su favor y en su contra. En el primer apartado destaca el formidable diseño de producción, se trata de una película de envergadura, con elegantes planos secuencia, y algunas escenas de acción muy dinámicas y bien coreografiadas. Trata además un tema serio, y lo hace de forma seria; resulta altamente llamativa la ausencia de de cualquier cosa parecida al maniqueísmo, en la narración vemos seres humanos creíbles con virtudes y defectos, sean los sacerdotes “a pie de obra”, la asistente social, el obispo, los obreros, los drogatas, la policía, los mafiosos... Ninguno es una caricatura de sí mismo, lo que resulta muy de agradecer. Por supuesto en Elefante blanco se centra el tiro en unos personajes, tres: Julián (Ricardo Darín, en su buena línea habitual), el sacerdote enfermo, piadoso y preocupado por todos, unido a su obispo pero impaciente, cuya fragilidad se hace patente al escuchar una curación milagrosa atribuida al padre Mugica, pues para él su tumor progresa; Nicolás (Jérémie Renier, creíble en su evolución, aunque ésta sea medianamente previsible), el sacerdote recién llegado de la selva, que ha sufrido una verdadera crisis que le hace ansiar la acción y un afecto humano palpable, que se pueda tocar; y Luciana (Martina Gusman, la que más díficil lo tiene, los rasgos de su personajes son más simples, aparte de que le toca ser mirada como la esposa de Pablo Trapero), que parece moverse sólo por noble motivos humanos, a la que intriga qué puede llevar a dos hombres como Julián y Nicolás a renunciar a una vida más cómodo, y que vivirá una aventura amorosa de porvenir dudoso. Y sin embargo... Hay algo cansino en la narración de Elefante blanco, que parece avanzar con el paso pesado típico de este animal. De modo que se trasluce una sensación de reiteración, de dar vueltas a lo mismo, tal vez con la intención de crear la deseada atmósfera opresiva, fatalista, de lo difícil, casi imposible, que resulta cambiar las cosas, aunque no falten las buenas intenciones. También existen algunas soluciones de guión algo elementales, como el modo de precipitar las cosas hacia un final algo forzado, aunque, es justo reconocerlo, existe un esfuerzo real por evitar el tópico.

6/10
Un cuento chino

2011 | Un cuento chino

Roberto De Cesare, un ferretero solitario, veterano argentino de la Guerra de las Malvinas, colecciona recortes de noticias insólitas, como el caso de una vaca que cayó de un avión de transporte en China, lo que ocasiona la muerte de una mujer, dejando desconsolado a su prometido. Roberto mantiene un idilio con una vecina del lugar que le adora, pero no se atreve a comprometerse, prefiere seguir viviendo solo, sin tener que renunciar a sus manías personales. Su vida dará un giro por completo cuando un día decide acoger temporalmente a Jun, un chino que anda perdido, en busca de su tío, y que no habla ni una palabra de español. Comedia dramática del poco conocido realizador argentino Sebastián Borensztein (Sin memoria), que también se ha ocupado del guión de esta coproducción entre su país y España. Como era de esperar, Ricardo Darín se convierte en el rey absoluto de la función, al componer un personaje cascarrabias, poco comunicativo, obsesivo y apático, pero de buen corazón y en el fondo entrañable. Sobre el papel se trata de un tipo que podría resultar desagradable, pero el inolvidable protagonista de El hijo de la novia demuestra una vez más que insufla humanidad a cualquier tipo humano. Darín se luce especialmente en los momentos más surrealistas y divertidos, como su relación con un cliente que le hace la vida imposible, y su enfado en la embajada china. Muriel Santa Ana –la novia– y Ignacio Huang –Jun– le dan correctamente la réplica. Premeditadamente sencillo, el film es totalmente predecible y cuenta con una puesta en escena muy simple. Pero mantiene la elegancia, su visionado resulta ameno, tiene momentos divertidos, y da que pensar en cierta medida sobre la necesidad de la comunicación, y de compartir la vida cotidiana.

5/10
En fuera de juego

2011 | En fuera de juego

Diego es médico en Argentina y no quiere saber nada de fútbol desde que fue considerado un inútil para este deporte siendo un niño. Pero su tío enfermo, representante de jugadores, que ha sufrido un infarto, le pide que le sustituya en el cuidado del joven promesa menor de edad Gustavo César, tras cuyo fichaje anda nada menos que el Real Madrid. Pues un representante español de medio pelo, Javi, dice también tener un documento que le faculta para negociar en nombre del chico. Diego viaja a España y llega a un acuerdo con Javi para manejar la ficha del chico, pero un tercer representante muy, muy importante, quiere imponer su ley y hacerse con el prometedor Gustavo César. En fuera de juego es una amable pero fallida comedia de David Marqués Montes, que de partida tenía varios elementos a su favor como son dos grandes cómicos, el español Fernando Tejero, y el argentino Diego Peretti, y una trama articulada alrededor de un tema de tirón popular, el fútbol y el mundo de los fichajes. Con la mentada pareja se puede imaginar que hay algunas pasajes muy divertidos; y se agradece cierto buen gusto poco frecuente en la comedia hispana. Pero falla el pobre guión de Rafael Calatayud Cano y Kiko Martínez, demasiado lineal y previsible, sin sentido del ritmo, y con personajes secundarios demasiado planos: la joven promesa, la chica que le gusta, la esposa de Javi, la hermana de Javi, el tiburón y su ayudante, la secretaria de Javi... Incluso los que funcionan, como el don Julio de José Sancho, lo deben a que recuerdan a otro personaje encarnado en la pantalla, en este caso el don Pablo de Cuéntame cómo pasó. Y los cameos de famosetes del fútbol y programa deportivos no dejan de ser un divertimento menor.

4/10
Carancho

2010 | Carancho

Sosa es lo que se conoce como un “carancho”, un “buitre” abogado especializado en accidentes de tráfico, siempre al acecho de una “presa”, o sea una víctima necesitada de asesoramiento legal para cobrar la pertinente indemnización. Hasta la fecha no ha tenido demasiados escrúpulos. Y no se conforma con los accidentes que lo son, sino que a veces también escenifica otros con pobres diablos que se prestan a sufrir la lesión de turno, tan desesperados están por la falta de dinero. El encuentro con la joven doctora Luján que trabaja en urgencias con una ambulancia, es un poderoso estímulo para tratar de cambiar de vida. Pero las cosas no son tan sencillas. El film del argentino Pablo Trapero se inscribe en la tradición de delincuentes que han tocado fondo, y que cuando quieren imprimir un nuevo rumbo a sus vidas se encuentran con las inevitables dificultades. A ello se suma una especie de complicidad en el protagonismo de Ricardo Darín, estafador consumado en Nueve reinas, y que aquí también maneja el “timo del accidente”, un tema cuando menos original. Dicho esto, hay que señalar que estamos ante una película fallida, no funciona ni como fábula, ni como denuncia, tampoco como divertimento. Una vez planteada la trama, entramos en un romance de escaso interés, en que las perpetuas complicaciones van acompañadas de un “perdona, perdona, perdona” de Sosa a Luján que cansa. Falta además una mirada más humana al padecimiento de las víctimas, el aprovechamiento de su desgracia. La cosa se enreda de tal modo, que Trapero pierde un poco los papeles, introduce elementos que no vienen demasiado a cuento –la adicción a un estimulante de la doctora para aguantar las guardias–, y se pierde con la violencia de algunos elementos mafiosos, y del propio Sosa, en una escena brutal, involuntariamente risible. El irónico final, que se ve venir, también roza el ridículo.

4/10
El baile de la victoria

2009 | El baile de la victoria

El baile de la victoria, de Fernando Trueba, ha sido considerada por algunos demasiado comercial e incluso cursi. Sea como fuere el film de Trueba debería servir de modelo de producción hispana de calidad, pensada para agradar a un público amplio. Quien se pregunta por qué la gente huye del cine español, debe contemplar este 'antiejemplo', que la Academia, con buen sentido, ha elegido como representante de España en la carrera al Oscar a la mejor película extranjera. Adaptación de una novela de Antonio Skármeta (de quien también se llevó al cine, con gran aceptación, El cartero (y Pablo Neruda)), la historia se sitúa en el recién estrenado Chile democrático post Pinochet. En tal ocasión se ha decretado una amnistía que afecta a presos sin delitos de sangre. Entre los beneficiados se encuentra Nicolás Vergara Rey, un ladrón de guante blanco, que nada anhela más que emprender una vida honrada, en compañía de su mujer y su hijo, aunque se encuentra la desagradable de que están con otro hombre, ella ha buscado seguridad, se ha cansado de esperar. También ha salido a la calle Ángel Santiago, un joven con mucha labia, que busca a Vergara para proponerle un golpe que no puede salir mal; y conocerá a una joven y talentosa danzarina, Victoria, que no articula palabra desde que sus padres se convirtieran en víctimas violentas de la dictadura. Entre los esfuerzos de Ángel por persuadir a Vergara, la sombra acechante de un criminal que planea la muerte del joven a instancias del alcaide de la prisión, y los intentos por lanzar la carrera artística de Victoria, discurre la trama. No es una película perfecta, el director da algunas puntadas sin hilo, por ejemplo en la forzada prueba como bailarina de Victoria, un poco de sainete. Pero hay un esfuerzo de control y contención de las emociones, bien llevadas; incluso hay una relativa elegancia en los pasajes más escabrosos, y las críticas a Pinochet y compañía se realizan con inteligencia. Desde luego Trueba ha salido más airoso que con la fallida El embrujo de Shanghai, que en ese caso adaptaba a Juan Marsé. Ricardo Darín está perfecto como el hombre cansado y derrotado, que ve cómo se hacen añicos sus sueños, pero que puede recobrar la ilusión como mentor del enamorado Ángel. Y son un auténtico descubrimiento los jóvenes Miranda Bodenhöfer, y sobre todo, Abel Ayala, un prodigio de gracia y salero.

5/10
El secreto de sus ojos

2009 | El secreto de sus ojos

Benjamín Esposito se acaba de jubilar después de llevar toda la vida trabajando en el juzgado. Su nuevo estado le concede mucho tiempo libre por lo que decide escribir una novela. Enseguida tiene claro de qué irá su libro. Hace más de dos décadas trabajó en el caso del asesinato y violación de una joven, que se resolvió de una manera nada satisfactoria. La vuelta atrás de Esposito lo lleva a mirar de frente otra vez a los fantasmas del pasado que en el presente lo atormentan más de lo que le gustaría reconocer. No sólo se trata de volver para dar respuesta al caso, sino que Benjamín tiene también razones sentimentales. Resulta que lleva más de 20 años enamorado de la que fuera su jefa en el juzgado. La mirada atrás parece ser la puerta para cerrar en el presente las distintas historias que han marcado su vida. Juan José Campanella vuelve al cine después de Luna de Avellaneda (2004). En este intervalo ha hecho mucha televisión, donde ha dirigido capítulos de series como House y Rockefeller Plaza. Su vuelta a la gran pantalla nos ha traído al mejor Campanella. Se trata de una película muy suya y que a la vez poco tiene que ver con lo que había hecho hasta ahora. Es difícil de definir; en el calificativo de thriller no encaja, se aproxima más al cine negro. Pero también tiene mucho de drama, sin olvidar el importante componente romántico. La estética de la cinta está muy cuidada. Planos maravillosos en los que da gusto reposar la mirada. Algunos de estos planos tienen como protagonistas absolutos a los ojos, que para eso aparecen en el título de la película. Se nota un gran esfuerzo por parte de director y actores porque los ojos “hablen”, cosa que en numerosas ocasiones se consigue pese a la dificultad que supone. Y es que llegado este punto, toca hablar de los actores. Todos y cada uno de ellos están soberbios tanto a nivel individual como en sus interrelaciones. Benjamin y su amada de juventud Irene destilan química, confianza, cercanía, están muy bien Ricardo Darín y Soledad Villamil. El mismo Benjamin con su compañero de fatigas Sandoval -estupendo Guillermo Francella-, compone una genial pareja de “investigadores” que provoca numerosas situaciones cómicas. Y es que Campanella compagina a la perfección este sentido del humor omnipresente con el contenido tan dramático que tiene la película. Es difícil ver una cinta de este estilo tan cuidada tanto en contenido como en forma. Se atañe además a las “normas” actuales de dar una sorpresa final, que resulta adecuada y perfecta para el clima de suspense que puebla la película. Para que no todo sean flores, cabe decir que hay un momento en que la película pierde algo de fuelle. Sucede en la segunda parte, pero al final, vuelve a recuperar todo su esplendor.

7/10
Abrígate

2008 | Abrígate

Debut como director cinematográfico del pontevedrés Ramón Costafreda, hasta ahora autor de una producción televisiva, que ha coescrito el film con Fernando Castets, guionista de El hijo de la novia, y con Inés París (Miguel y William). Se trata de una coproducción hispanoargentina, con actores de ambos lados del charco, que ha contado con el apoyo de la Xunta de Galicia, por lo que incorpora muchos diálogos en gallego. A veces, se nota demasiado que todo está encajado de cara a lograr la financiación de la película, sobre todo por la cantidad de veces que se hace referencia a Galicia en los diálogos,  venga a cuento o no.  Valeria, una emigrante argentina que trabaja en una peluquería gallega, se enamora de un hombre maduro que muere repentinamente. Tras el funeral, se siente atraída por Marcelo, el hijo del fallecido, con el que surge el idilio. Pero éste piensa que ella tiene todavía más en mente a su padre que a él, y se apresura a cortar la relación. Acusa demasiado su condición de ópera prima, pues acumula secuencias que no aportan nada. Ramón Costafreda imita descaradamente el cine de Pedro Almodóvar, no sólo a nivel estético sino también en su gusto por los personajes extremos, en su mezcla de comedia y drama, y hasta en unos títulos de crédito calcados a los de cualquier película del manchego. Se podría pasar por alto esta falta de originalidad si no fuera porque tras el arranque la acción se estanca por completo, y no se sabe muy bien a dónde quiere ir el director. Al menos, es un director prometedor, que dirige bien a los actores –sobre todo a los veteranos, como María Bouzas– y que compone alguna secuencia resultona.

4/10
La señal

2007 | La señal

Antes de morir, el director Eduardo Mignogna tenía el proyecto de rodar esta película, y la iba a protagonizar su amigo Ricardo Darín. Tras la inesperada muerte de Mignogna, Darín toma también la dirección y dedica el film a su amigo. Se trata de un homenaje al cine negro del Hollywood de los años 40, pero ambientado en Buenos Aires, con dos detectives, la mujer fatal, los mafiosos, los engaños, etc. Buenos Aires, 1952. Darín interpreta a Corvalán, socio junto a su amigo Santana (Diego Peretti) de la agencia de detectives Santana & Corvalán. El recuerdo de la oficina Spade & Archer de El halcón Maltés surge inmediatamente, y más cuando leemos el slógan de la puerta, donde dice: "Métodos norteamericanos - Discreción garantizada". Corvalán es un tipo solitario, con una vida tristona, que va de hombre duro y sin escrúpulos, aunque en el fondo es un perdedor y no sabe dominar el terreno que pisa. Así, es capaz de meterse en la boca del lobo cuando Gloria, una atractiva mujer, se presenta en su casa y le pide que haga un trabajito de seguimiento a un hombre. Desigual debut tras las cámaras de Ricardo Darín, quien derrocha mucho esfuerzo en la ambientación de la película, claramente su punto fuerte, pero falla en otros aspectos esenciales. La fotografía imita tanto la atmósfera de las grandes urbes americanas de los 40 y 50 –gabardinas largas, sombreros Stetson, coches negros estilo Packard, ajustes de cuentas al más puro método Scarface, etc.–, que todo remite al cine clásico en blanco y negro. Este hecho es agradable en principio, sin embargo, con los minutos las imágenes acaban por resultar demasiado impostadas, copiadas, y el previsible y simple guión llega a aburrir de arquetípico que es. El ritmo es lento, algo tedioso, y también los personajes están pobremente caracterizados –Darín está más soso que nunca–, y es únicamente Diego Peretti quien logra una composición más meritoria y equilibrada. Sus apariciones son lo mejor de la película. 

4/10
XXY

2007 | XXY

Una película complicada. La trama, desde luego, lo es. Y el modo de plantearla, como entre nebulosas y medias palabras, usando calculadas ambigüedades, también. La cosa arranca en una zona costera remota de Uruguay. Kraken y Suli tienen una hija, Alex, en plena adolescencia. Un matrimonio amigo, Ramiro y Erika, vienen a visitarles desde Buenos Aires, con su hijo Álvaro, también adolescente. Sabemos que algo raro le ocurre a Alex. Su comportamiento es rarito, rarito, por ejemplo en su primer encuentro con Álvaro le saca los colores adivinando que acaba de masturbarse, y casi de seguido le hace proposiciones para acostarse juntos, aunque la cosa no va más allá... de momento. Finalmente, y el extraño título del film alude a ello, nos enteramos de que Alex es hermafrodita, nació con órganos sexuales masculinos y femeninos. Y aunque toma corticoides, para que sea su lado de mujer el que "gane", está confusa, tiene una profunda crisis de identidad. La venida de los amigos está ligada a la profesión de cirujano plástico de él... Como bien puede verse, se nos propone una situación trágica, con elementos escabrosos, de difícil manejo. Lucía Puenzo (La puta y la ballena) adapta un relato corto de Sergio Bizzio, y más que disipar dudas acerca de cuál sería el mejor modo de afrontar una situación como la descrita, lo que hace es alimentar una auténtica ceremonia de la confusión. Muestra a unos padres de Alex que sin duda quieren a su retoño, pero que están perplejos y como paralizados; no saben que hacer, sus movimientos son torpes, y resulta chocante el viaje de Kraken para conocer a un tipo que se operó, que no conduce a nada, y más aún el descontrol de la sexualidad de Alex, que conduce a una escena tan disparatada como la del padre siendo testigo de las relaciones sexuales entre la hija y Álvaro, donde, ¡salto con tirabuzón!, se han invertido los roles, ella es él, él es ella. Porque si hay confusión física para Alex, Puenzo riza el rizo con Álvaro, que resulta tener inclinaciones homosexuales sin que, por supuesto, sus padres, se enteren de nada. Al final todo parece construido para señalar que la identidad sexual es algo que cada uno debe construirse, hay que elegir según uno vea, lo que sigue de modo preocupante la llamada ideología de género, en plena expansión en la sociedad actual. Entendido todo lo anterior, que estamos ante una película de tesis, hay que subrayar una puesta en escena funcional, bastante tediosa, y desagradable en los pasajes escabrosos. Algunos trucos, como la presencia de Álvaro para rematar las ideas de la película, son demasiado evidentes. La capacidad de impactar del film tiene que ver más con el insólito material que se maneje que con las supuestas habilidades de Puenzo, o de su reparto, que simplemente cumple.

3/10
La educación de las hadas

2006 | La educación de las hadas

Adaptación de una novela del francés Didier van Cauwelaert, en la que el veterano José Luis Cuerda no acaba de dar con el necesario equilibrio entre el drama por un desengaño amoroso, y el aire de cuento de hadas. Narra el flechazo instantáneo que experimenta Nicolás, fabricante de juguetes y cuentacuentos, al coincidir en un vuelo con Ingrid, viuda de un capitán del ejército italiano que murió en Irak, y su hijo de diez años Raúl. Y en efecto, formarán una familia aparentemente feliz. Hasta que, sin motivo aparente, Ingrid quiere dar la relación por terminada. Lo que provoca la desesperación de Nicolás, que está dispuesto a cualquier sacrificio para seguir con ella. Aunque puede que un ‘hada’, en forma de cajera de supermercado argelina, arregle las cosas con su ‘magia’. Tal vez Cuerda quiere decirnos que el mundo actual es un ‘mix’ de nacionalidades, pues aunque la trama transcurre en España, los personajes compatriotas brillan por su ausencia: el protagonista (Ricardo Darín) es argentino, su amada (Irène Jacob), francesa y viuda de un italiano, el hijo, pues eso, medio francés, medio italiano, y la cajera, magrebí. Pero tal afirmación nada tiene que ver con la historia. Y en cuanto las dudas de Nicolás por el amor de Ingrid, son las mismas del espectador, y la respuesta al enigma, más vieja que el mundo (o casi). El toque mágico no lo parece, el entero film sabe a decepción. Lástima.

4/10
El aura

2005 | El aura

Esteban vive en un estado de parálisis emocional, que poco debe envidiar al de los animales que diseca por su profesión de taxidermista. Como ellos aparenta vida, aunque en realidad es un cadáver ambulante. Una ocupación rutinaria, un matrimonio roto, algunos apuros económicos y mucha inacción, ofrecen un pobre balance existencial. A Esteban le gusta fantasear con robos perfectos, que de ejecutarlos podrían marcarle un nuevo rumbo. Pero nunca actúa. Hasta que se va de cacería un fin de semana. Un cúmulo de circunstancias le sirve en bandeja la oportunidad de apoderarse de la recaudación de un casino. Para ello deberá simular ser quien no es y pensar deprisa. El argentino Fabián Beliensky sorprendió con Nueve reinas, y aquí insiste en el cine de género, con un thriller de alto contenido dramático. Sobresale la asunción de riesgos como el metraje del film, largo para la trama manejada, pero necesario para crear el ‘tempo’ que plasma el estado anímico del protagonista; o el de sostener la historia con un omnipresente Ricardo Darín, casi siempre solo, que expresa sin palabras, con sólo el gesto, su desasosiego interno. El director resuelve bien escenas como la de Esteban disparando accidentalmente, donde crea una perfecta atmósfera de tensión jugando con el sonido y la planificación, a la manera de M. Night Shyamalan en El bosque. Y si bien al film se le nota alguna costura (el amigo que desaparece, mera excusa para explicar a un personaje hundido en la soledad), funciona no sólo como thriller sorprendente, sino como puesta al desnudo de un alma cercana a la desesperación.

7/10
Luna de Avellaneda

2004 | Luna de Avellaneda

Durante los Carnavales de 1959, gran parte de los habitantes de un barrio argentino se reúnen en Luna de Avellaneda, un club social y deportivo que está de moda. En plena celebración, una mujer embarazada da a luz a un niño. Cuatro décadas después, el que fuera un entrañable lugar de reunión ya no es ni la sombra del pasado. Las instalaciones tienen un aspecto destartalado, el gimnasio está lleno de goteras y los socios cada vez son menos. Román Maldonado es un cuarentón, que lleva toda su vida siendo socio del club, y que como miembro de la comisión directiva intenta aportar ideas para hacer frente a la deuda que acumulan con el ayuntamiento. Un antiguo socio propone que le vendan el club para instalar un casino. El bonaerense Juan José Campanella vuelve a contar con Ricardo Darín y Eduardo Blanco, protagonistas de sus mayores éxitos, El mismo amor, la misma lluvia y El hijo de la novia, en una nueva comedia dramática que el cineasta ha coescrito con su colaborador habitual Fernando Castets. Sensible como en los títulos citados a la actualidad de su país, Campanella analiza la reciente crisis económica y los cambios sufridos en los últimos años en Argentina. Y lo hace a través de la fórmula que tan buenos resultados le ha dado: diálogos chispeantes, un tono amable, toques románticos y un fondo dramático. Destaca la presencia del veterano José Luis López Vázquez, como español fundador del club.

4/10
Un tipo corriente

2002 | Samy y yo

Samuel Goldstein está en crisis. Ronda los cuarenta años, su actividad profesional como escritor de guiones televisivos no acaba de despegar y no digamos su patética situación sentimental, prácticamente en bancarrota. Samy quiere hacer algo grande con su vida, escribir un libro de verdad…, pero su autoestima está por los suelos. Y, sin embargo, del modo más inesperado, una luz se encenderá en el túnel cuando conozca a la despampanante Mary, una tía-torbellino que le va a cantar las cuarenta. El argentino Ricardo Darín se mete en la piel de un personaje al que no nos tiene acostumbrados, el de un pobre tipo con menos gancho que Stallone en una película de David Lynch, y con un aire a lo Woody Allen. Y… lo vuelve a bordar. Hay situaciones muy cómicas, como las de la madre en el plató, y Angie Cepeda es una constante bomba a punto de estallar. Una comedia agradable, correctamente rodada y mejor interpretada.

5/10
Kamchatka

2002 | Kamchatka

Kamchatka o la capacidad de resistir, encastillado en los propios ideales. El país de un juego de mesa, que soporta contra viento y marea el asedio de los ejércitos del contrario, se convierte en símbolo de la necesidad de luchar, aunque el mundo se venga encima. Porque esto o casi sucede a una familia compuesta por el matrimonio y dos hijos pequeños. Son los años de la dictadura militar argentina, y tener ideas resulta peligroso. De modo que los cuatro se van una temporada al campo. Harry, el niño mayor, está en esa edad en que empieza a hacerse preguntas. Mientras que El Enano es un chavalín inocente, que apenas se entera de lo que ocurre alrededor. El argentino Marcelo Piñeyro (Caballos salvajes, Cenizas del paraíso) no ofrece un discurso didáctico y obvio, o aun peor –cuánto deben aprender los cineastas españoles, a vueltas siempre con la guerra civil–, revanchista. Sus maneras suaves y entrañables se revelan así más efectivas, a la hora de hablar de libertad y persecución. Acierta al pintar una familia normal, donde el contrapunto a la defensa de sus ideas lo ponen los abuelos, que querrían que los padres pensaran más en el futuro de sus hijos. Las actividades políticas, el riesgo de acoger a un joven perseguido, la ayuda que presta el colegio de frailes de los niños (aceptan nombres falsos sin hacer preguntas) son elementos que enriquecen la historia, y que conforman una perfecta unidad.

6/10
La fuga

2001 | La fuga

El argentino Eduardo Mignogna nos narra la fuga de siete presos de una prisión bonaerense en el año 1928 y, sobre todo, cómo se desenvuelven una vez alcanzada la libertad. Una referencia básica la proporciona esa película mítica llamada La gran evasión. Siete presos (estupendo el reparto coral), siete historias (el siete parece remitirnos a otro clásico de John Sturges, Los siete magníficos), de las que el director (que adapta su propia novela) nos ofrece como pinceladas, breves trazos impresionistas, suficientes para completar un cuadro que presenta el inconfundible sabor de la aventura. Mignogna, que ganó el Goya a la mejor película iberoamericana con su film, sabe impregnar la historia del mismo clasicismo que bañaba su maravilloso romance Sol de otoño, pero con otro género, el de fugas carcelarias.

6/10
El hijo de la novia

2001 | El hijo de la novia

Rafael Belvedere regenta un restaurante, el heredado negocio familiar. Divorciado, hace lo que puede para sacar el trabajo adelante, y dedicar tiempo a su hijo. Su padre jubilado, Nino, visita cada día a su esposa, internada en una residencia, aquejada del mal de Alzheimer. Conmovido por el estado en que se encuentra, decide acceder a un deseo expresado por ella hace más de cuarenta años, y que nunca atendió: casarse por la Iglesia. Pero la cosa no es tan sencilla. Comedia de enredo, deliciosa, de "timing"perfecto, con el sabor clásico de la era dorada del género en Hollywood. Con el telón de fondo de la crisis económica argentina, asistimos a los esfuerzos de unos y otros por encontrar cierto equilibro interior, que a veces se pone muy cuesta arriba. Hay lugar para los buenos sentimientos (deseo de agradar a una enferma, los esfuerzos que conlleva atender a la familia, el tesoro de la amistad, la necesidad de poner coto a la actividad profesional...), pero servidos suavemente, sin estridencias, recubiertos de un magnífico sentido del humor. Las pegas que un sacerdote pone a la proyectada boda (la enferma no está en condiciones de prestar su consentimiento) se presentan con ponderación; a la vez se presenta la solución más adecuada en el caso que se está estudiando (la sanación de un matrimonio que ya existe) junto a un desenlace eficazmente heterodoxo, muy propio de comedia, aunque se ve venir.

7/10
Nueve reinas

2000 | Nueve reinas

Marcos y Juan. Dos timadores que se han conocido casualmente en un supermercado. A punto de ser descubierto Juan en plena “faena”, Marcos le echa un cable. ¿Gracias y hasta luego, fin de la película? ¡No! Deciden una asociación temporal, 24 horas de timos. Comienzan con pequeñas cosas hasta que, como llovido del cielo, les surge el “trabajo” de sus vidas: la colocación de unos sellos falsos, por la que podrían ganar una fortuna. El argentino Fabián Bielinsky escribe y dirige ésta su opera prima. Lo hace con talento e ingenio desbordantes. La trama se despliega con prodigiosa naturalidad, los sucesos se encadenan con armonía, vamos conociendo poco a poco a los dos protagonistas. Su relación es la clásica de discípulo y maestro, tipo bisoño y perro viejo. Ambos tienen problemas familiares, aunque ninguno se abre al otro. Las motivaciones dinerarias pueden ocultar otras razones. El juego de la mentira, la natural desconfianza entre Marcos y Juan y un refrescante sentido del humor son los resortes que Bielinsky utiliza para servir una película que sorprende en todo momento. El director demuestra poderío visual y sabe sacar todo el partido a los dos actores que dominan la mayoría de los planos, estupendos Ricardo Darín y Gastón Pauls.

7/10
El mismo amor, la misma lluvia

1999 | El mismo amor, la misma lluvia

El éxito de El hijo de la novia permite a Juan José Campanella estrenar en España su anterior trabajo. Con guión coescrito junto a Fernando Castets, el film cuenta una historia más compleja, los avatares amorosos de Jorge y Laura a lo largo de dos décadas, con el telón al fondo de la historia reciente de Argentina y sus avatares políticos. Y se confirma su dominio del melodrama, del cambio de humores, de eso tan difícil llamado matiz: puede verse con toda claridad en el dibujo de los baches de una relación cuyos protagonistas, al buscar satisfacer anhelos que llevan muy dentro –él la escritura, ella la pintura–, dejan en el camino elementos –el sacrificio por el otro, el compromiso decidido, los hijos– indispensables para que funcione; o en el de los males de la vacía postmodernidad, escasa de ideales. Campanella logra un tono agridulce al capturar momentos felices y oportunidades perdidas, bañadas de emotiva nostalgia. El reparto funciona a la perfección. A los ya vistos en El hijo de la novia Ricardo Darín y Eduardo Blanco, se suman los estupendos trabajos de Soledad Villamil y Ulises Dumont. El resultado es una muestra más de la lluvia fresca aportada por el reciente cine argentino. Lluvia que en este film se convierte en marco y metáfora que sirve para iniciar y cerrar la historia.

6/10
El faro del sur

1998 | El faro del sur

Después de la trágica muerte de sus padres en accidente de coche, una joven que se ha quedado coja ha de hacerse cargo de su pequeña hermana. Juntas intentan buscarse la vida y, a pesar de sus dificultades de convivencia, se tienen un gran amor y respeto mutuo. A lo largo de los años, la salud de la hermana mayor va empeorando. Magnífica co-producción hispano-argentina con una inmensa Ingrid Rubio, premiada en la categoría de Mejor actriz en el Festival de Montreal. Se trata de un sólido melodrama que describe de forma emotiva una extraordinaria historia de amor filial.

7/10
Perdido por perdido

1993 | Perdido por perdido

Ernesto es un hombre casado que trabaja en una fábrica de vidrio. Tiene problemas económicos y puede perder su piso si no paga el último plazo. Para salir adelante, Ernesto urde un plan en torno a los negocios inmobiliarios, pero las relaciones con gente que no son de fiar hará que peligre su futuro. Alberto Lecchi debutó como director en este thriller, que recuerda al cine negro de los años 40. Ricardo Darín es el protagonista de este drama antes de ser más conocido en títulos como Nueve reinas o El hijo de la novia.

5/10
Expreso a la emboscada

1986 | Les longs manteaux

Un escritor argentino ha estado encerrado en una cárcel boliviana por sus ideas políticas. Puesto en libertad, su vida corre peligro por culpa de una siniestra organización de tintes fascistas, pero por suerte su hija y un geólogo van a ocuparse de su protección. Pese al telón de fondo político, se trata de una intriga de las de toda la vida, servida sin demasiada imaginación.

4/10
Te amo

1986 | Te amo

Una joven soltera queda embarazada y, ante la incomprensión de sus padres, va a vivir con su tío, un mediocre animador en un cabaret de mala muerte.

La Rosales

1984 | La Rosales

Cinta histórica basada en hechos reales acontecidos a finales del siglo XIX, el hundimiento de la cazatorpedera "Los Rosales" de la Armada argentina frente a las costas de Uruguay. La circunstancias en que algunos salvaron la vida, mientras otros no corrieron esa suerte, dieron pie a una investigación que sacó a la luz hechos vergonzantes. El film dirigido por David Lipszyc se sigue con interés, y cuenta con un reparto de auténtico lujo: Héctor Alterio, Ricardo Darín, Oscar Martínez, Ulises Dumont...

6/10
La playa del amor

1980 | La playa del amor

Para que olvide a su novia un joven es llevado a una playa por su hermano y un amigo.

La discoteca del amor

1980 | La discoteca del amor

Aventura policial sobre piratería de temas musicales donde intervienen un detective y su ayudante contra una banda de delincuentes.

La señal

2007 | La señal

Antes de morir, el director Eduardo Mignogna tenía el proyecto de rodar esta película, y la iba a protagonizar su amigo Ricardo Darín. Tras la inesperada muerte de Mignogna, Darín toma también la dirección y dedica el film a su amigo. Se trata de un homenaje al cine negro del Hollywood de los años 40, pero ambientado en Buenos Aires, con dos detectives, la mujer fatal, los mafiosos, los engaños, etc. Buenos Aires, 1952. Darín interpreta a Corvalán, socio junto a su amigo Santana (Diego Peretti) de la agencia de detectives Santana & Corvalán. El recuerdo de la oficina Spade & Archer de El halcón Maltés surge inmediatamente, y más cuando leemos el slógan de la puerta, donde dice: "Métodos norteamericanos - Discreción garantizada". Corvalán es un tipo solitario, con una vida tristona, que va de hombre duro y sin escrúpulos, aunque en el fondo es un perdedor y no sabe dominar el terreno que pisa. Así, es capaz de meterse en la boca del lobo cuando Gloria, una atractiva mujer, se presenta en su casa y le pide que haga un trabajito de seguimiento a un hombre. Desigual debut tras las cámaras de Ricardo Darín, quien derrocha mucho esfuerzo en la ambientación de la película, claramente su punto fuerte, pero falla en otros aspectos esenciales. La fotografía imita tanto la atmósfera de las grandes urbes americanas de los 40 y 50 –gabardinas largas, sombreros Stetson, coches negros estilo Packard, ajustes de cuentas al más puro método Scarface, etc.–, que todo remite al cine clásico en blanco y negro. Este hecho es agradable en principio, sin embargo, con los minutos las imágenes acaban por resultar demasiado impostadas, copiadas, y el previsible y simple guión llega a aburrir de arquetípico que es. El ritmo es lento, algo tedioso, y también los personajes están pobremente caracterizados –Darín está más soso que nunca–, y es únicamente Diego Peretti quien logra una composición más meritoria y equilibrada. Sus apariciones son lo mejor de la película. 

4/10

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