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Lista de cine

Las 100 mejores películas de juicios y abogados

Recogemos, con la venia, en esta lista, las mejores películas judiciales, o bien que estén protagonizadas por jueces o abogados. Para cualquier apelación, referente a películas que no estén en esta lista, escribir a decine21@decine21.com y nuestros magistrados juzgarán si procede que consten en acta. 

 

Las 100 mejores películas de juicios y abogados
(2019) | 136 min. | Biográfico | Drama Tráiler
Película basada en hechos reales, sigue al abogado activista de los derechos humanos Bryan Stevenson. Licenciado en Harvard y fundador de la Equal Justice Initiative, que buscaba dar asistencia legal a encarcelados sin recursos acusados de graves delitos, sobre todo afroamericanos como él, estableció su base de operaciones en Montgomery, ciudad del estado sureño de Alabama. El film coescrito y dirigido por Destin Cretton –un cineasta especialmente interesado por los temas de la integración social y la falta de oportunidades, tratados en las notables Las vidas de Grace y El castillo de cristal–, incide en los primeros pasos profesionales de Stevenson, cuando visita a varios presos que aguardan en el corredor de la muerte su ejecución. Llamará su atención de modo especial el caso de Walter McMillian, condenado a la pena capital en 1987 por el asesinato de una joven blanca: a pesar de las muchas pruebas que le situaban lejos del escenario del crimen, bastó para sentenciarle la dudosa declaración de un testigo con problemas con la justicia. Cretton maneja un sólido guion en el que ha participado su colaborador en El castillo de cristal Andrew Lanham, con quien también escribió el libreto de La cabaña. Destaca cómo se logra entregar una atinada descripción de la lucha sin cuartel por buscar justicia, aunque, como se recuerda en el vibrante alegato final, para lograrla hace falta también confiar en la misericordia y en contar con un poco de gracia. El fllm muestra cómo no faltan los obstáculos, sobre todo cuando dominan los prejuicios, también los raciales, y el afán de proteger la propia carrera por delante de cualquier otra consideración. Lo que genera falta de confianza en las víctimas –los inocentes erróneamente condenados, o culpables con serias taras mentales que no se han tenido en consideración–, que no creen que nadie quiera ayudarles. Estamos ante una narración de corte clásico, donde quizá se pueda criticar el recurso a situaciones muchas veces vistas en cine, como la clásica detención y registro abusivos por parte de la policía al conductor negro de un automóvil, o la cacerolada solidaria de los presos con el que está a punto de ser ejecutado. Pero Cretton sabe recrearlas con brillantez, y la narración se sigue con interés, al mismo tiempo que convence sin recursos facilones acerca del horror de matar a una persona, aunque sea aplicando la ley, o de lo fácilmente que se niega a alguien sin dinero una defensa digna de ese nombre. Los actores están muy bien, Michael B. Jordan da bien el tipo de "caballero sin espada" que se adentra en territorio hostil para ayudar a los demás, dándole bien la réplica Jamie Foxx como el condenado desconfiado que irá estableciendo una sólida relación con su abogado. Están muy bien seleccionados los secundarios. Merece aplauso Brie Larson por aceptar un papel poco lucido como abogada que colabora con Stevenson, y Tim Blake Nelson, evita caer en lo exagerado con su papel de preso con el rostro desfigurado.
6/10
(2019) | 126 min. | Histórico | Biográfico | Drama Tráiler
La historia real de la lucha durante casi veinte años de un abogado de Cincinnati (Ohio) contra el gigante de la industria química DuPont. Todo comienza en 1998, cuando Robert Bilott, recién nombrado socio del prestigioso bufete Taft, recibe la visita de un rudo granjero de West Virginia, que le dice que todas sus vacas se están muriendo. Bilott comienza a investigar el asunto y descubre alarmantes datos que hablan de un envenenamiento masivo de la población. Una de esas películas inspiradoras que invitan a luchar por la justicia, aunque la esperanza de éxito se presuma casi inexistente. Aguas oscuras se inspira en el artículo de Nathaniel Rich “El abogado que se convirtió en la peor pesadilla de DuPont”, publicado en New York Times Magazine en 2016. Con ese material, el guionista Matthew Michael Carnahan (Leones por corderos, Marea negra), en colaboración con Mario Correa, ha pergeñado una historia poderosa, sencilla en sus planteamientos pero que posee un gran poder de implicación en el espectador, que inevitablemente seguirá con interés las andanzas del abogado, hombre de familia cristiana, casado y con niños en camino. Se irán desplegando así sus investigaciones, sus hallazgos, sus estrategias, sus miedos, su horror, su frustración al comprobar el entramado de contaminación ecológica y toxicidad a la que los ciudadanos se ven expuestos y los obstáculos casi insalvables para evitarlo y lograr que la justicia se abra camino. El tema de fondo no es nuevo y hay películas de referencia, las más claras quizá Acción civil y Erin Brockovich, ambas espléndidas a la hora de mostrar la tozudez de los abogados contra empresas contaminantes. No les va a la zaga Aguas oscuras, cuyo resultado es similar, si no superior. Todd Haynes (Carol), un director que sabe crear atmósferas intensas como pocos, sea cual sea el tema del que habla, adopta aquí un tono dramático y aun siniestro para conseguir transmitir fidedignamente la heroica lucha de un simple hombre contra un imperio empresarial sin escrúpulos. Su camino es el habitual: del seguimiento de un simple caso rutinario hasta el más firme compromiso personal, un itinerario para el que el trabajo de Mark Ruffalo resulta formidable, especialmente impactante a la hora de transmitir su vulnerabilidad, incluso físicamente. Mientras que Anne Hathaway, en su papel de esposa abnegada y madre de familia, le secunda magníficamente con algunas de las escenas más conmovedoras de la película.
7/10
(2017) | 122 min. | Thriller | Drama Tráiler
Tras pasar casi toda la vida trabajando entre bambalinas, preparando informes en un bufete dedicado a los derechos civiles, el abogado Roman J. Israel, Esq. debe afrontar que el dueño del mismo, William Jackson, su mentor y cabeza visible en los tribunales, está en coma y al borde la muerte tras sufrir un ataque al corazón. Intenta sustituirle en el juzgado, con resultados nefastos. La sobrina de Jackson le informa de que la empresa está en quiebra, y que se está ocupando del papeleo para liquidar el negocio George Pierce. Éste, tiburón del derecho, le ofrecerá a Israel un contrato en su compañía, mucho más grande y distinta a la que él conoce. Tras rechazar en un primer momento la oferta, se dedica a buscar trabajo, conociendo a Maya, que pertenece a una red de activistas locales donde no pueden contratarle, pero donde vendría bien que diera una charla. Segundo trabajo como realizador del habitual guionista Dan Gilroy, que como su ópera prima, la memorable Nightcrawler, se apoya sobre todo en un guión muy trabajado, quizás no tan redondo, pero no exento de interés. Si aquélla presentaba a un personaje amoral, en un mundo sin reglas, aquí tiene como protagonista a un idealista, que parece un pez fuera del agua en tiempos en que la vida ofrece a diario la tentación de escoger el camino del dinero, para evitarse problemas, olvidándose de las propias convicciones. El personaje central está muy bien retratado sobre el papel; se le presenta como un tipo que conoce el sistema legal en teoría, pues se ha pasado demasiado tiempo en el despacho; ignora por ejemplo que en el mundo real, un juez podría tomar una decisión discutible, pero que no conviene enfrentarse a él, bajo riesgo de ser acusado de desacato. Lo eleva a otra dimensión, la interpretación del gran Denzel Washington, en uno de los mejores trabajos de su carrera, por lo que no sorprende su octava candidatura al Oscar. Caracterizado con gafas, audífono y ropa desfasada, el actor ha ganado además kilos para crear a una especie de autista con una peculiar visión del mundo, que a veces parece un bicho raro, pero otras resulta fascinante. Está muy bien secundado por Carmen Ejogo (Maya), pero sobre todo por un Colin Farrell, que no siempre está bien, pero que aquí borda al frío profesional que se ha vendido, pero que en el fondo envidia a Israel. Quizás choca la resolución de la cinta, un tanto apresurada y algo obvia, pero que no empaña sus indudables méritos.
7/10
(2014) | 141 min. | Drama
Hank Palmer es un abogado brillante de la gran ciudad. Experto en defender en los tribunales a poderosos corruptos, vende su talento a cambio de cuantiosos emolumentos. Para Hank lo legal es lo importante, la implicación emocional es absurda. Al borde del divorcio, parece que su única debilidad es el amor que siente por su pequeña hija. Cuando recibe la noticia de la muerte repentina de su madre, Hank viajará al pueblo de su infancia, en Indiana, y allí se reencontrará con una familia –padre y dos hermanos– a la que tiene olvidada. Aunque piensa estar allí sólo un par de días, tras el entierro se verá obligado a permanecer en el pueblo, pues su padre –prestigioso juez de la localidad por más de 40 años– ha resultado ser sospechoso de un asesinato. El director David Dobkin (El cambiazo) firma su mejor película, a años luz de las que había realizado hasta la fecha: un sólido drama acerca de la relaciones entre padres e hijos, los fantasmas del pasado y el sentido de la justicia. Seguramente tiene mucho que ver que esté detrás de la historia el guionista Nick Schenk, quien no había dado señales de vida desde su excelente libreto de Gran Torino. El juez presenta una galería de personajes excelentes, todos ellos muy elaborados y nada superficiales, aunque lógicamente se llevan la palma el abogado Hank Palmer y su padre Joseph, cuyas personalidades van adquiriendo cada vez más entidad conforme avanza la historia. Padre e hijo mantienen durante todo el film un intenso pulso, tanto en el modo de afrontar el caso en los tribunales, como sobre todo en lo que se refiere a su propia relación paterno-filial, emocionalmente afectada por años de distanciamiento y un pasado conflictivo que poco a poco se va revelando. Hay en el film temas de importancia, respecto a la educación de los hijos, el equilibrio entre exigencia y comprensión paterna (no siempre fácil) o la severidad a la hora de gestionar los traspiés, a veces serios, de jóvenes rebeldes y pendencieros. ¿Toda buena educación ha de perseguir el triunfo de los niños? ¿Todo en la vida es el éxito profesional? ¿A qué precio? En realidad, ¿qué es triunfar? El juez además ofrece una rica reflexión acerca de la diferencia entre justicia y legalidad. Porque la mera legalidad puede no tener nada que ver con la justicia, con el bien o el mal. En este sentido, Hank sería el positivista, pues para él las herramientas legales siempre son el camino. Para su padre, el juez Joseph Palmer, las cosas son distintas: emplear con eficacia las triquiñuelas jurídicas no equivale a impartir justicia. Los dos son brillantes, pero su visión del derecho es completamente opuesta. La película no sería la misma sin el reparto. A todas luces es formidable, con interpretaciones que alejan los clichés más ligeros. El actor Robert Downey Jr. completa uno de los mejores papeles de su carrera, un tipo con ese puntillo de sabelotodo que se le da tan bien, pero esta vez con mucha vulnerabilidad tras la pulcra fachada. Y el veterano Robert Duvall le da la réplica con una perfección tremenda (la escena del baño, aunque algo desagradable, es antológica). Ambos merecerían la nominación al Oscar. También están excelentes Vera Farmiga y Vincent D'Onofrio.
7/10
(2005) | 119 min. | Thriller
Film basado libremente en el caso real de una joven católica endemoniada. Se articula alrededor del juicio contra el sacerdote que practicó su exorcismo, acusado de homicidio por negligencia. Ello permite ofrecer en retrospectiva la evolución del caso de Emily Rose: primeras manifestaciones de posesión, inquietud de los seres queridos, intervención del padre Moore… Lo que sirve para plantear interrogantes, a los que de intento no se da respuesta concluyente, sobre la existencia del diablo o por qué Dios permite el mal y nos somete a duras pruebas. Scott Derrickson y su coguionista Paul Harris Boardman plantean con inteligencia el clásico conflicto entre fe y razón, apuntando a su posible conciliación. Hombre de fe es el sacerdote, pero esto no le impide, al revés, ser prudente, solicitando el permiso del obispo para actuar, y escuchando a los médicos. En el campo racionalista hay dos posiciones diversas: la defensa –Erin, abogada agnóstica de mente abierta– y la acusación –Ethan, fiscal cristiano poco consecuente, cuyo único objetivo parece ser la condena del acusado–. En este ‘triángulo’ los personajes mejor perfilados son el padre Moore y Erin, estupendos Tom Wilkinson y Laura Linney. Aunque al subrayar la honradez de sus planteamientos se lleva el paralelismo, que son dos caras de la misma moneda, demasiado lejos, por ejemplo al mostrar su común soledad. Comprensible en la mujer que ha hecho de su carrera la razón de su vida, se entiende poco que al sacerdote no le apoyen su obispo o los fieles de su parroquia. Que el film trate temas de fondo con rigor (Derrickson se confiesa cristiano evangélico, y suyo es el argumento de Tierra de abundancia, de Wim Wenders) no está reñido con la comercialidad, como ocurría en El exorcista, de William Friedkin. Las secuencias de terror, con el diablo sugerido o manifiesto, están bien resueltas, y buscan el realismo, la credibilidad. A ello ayuda el trabajo de Jennifer Carpenter, convincente Emily Rose, que no requiere excesos de maquillaje y efectos especiales.
6/10
(2004) | 128 min. | Drama
Para poder casarse, el joven Bassanio necesita dinero. Lo consigue gracias a su amigo Antonio, que pide un préstamo al usurero judío Shylock. Como éste no le guarda mucha simpatía, accede a darle la cantidad solicitada, pero con la condición de que si se demora en el pago, deberá darle una libra de carne de su propio cuerpo, del lugar que él señale. A pesar de esta condición demencial y abusiva Antonio acepta, pues es sobradamente solvente. No cuenta con el naufragio de uno de sus barcos. Aunque existen muchas versiones televisivas de la inmortal obra de Shakespeare sobre la codicia, y en la escena ha sido requeterrepresentada, faltaba una película de altura basada en "El mercader de Venecia". Dados además los tiempos políticamente correctos que corren, filmar una historia cuyo villano protagonista es un judío sin corazón, supone el riesgo de dar pábulo a la acusación de antisemita. Pues bien, el británico Michael Radford –1984, El cartero (y Pablo Neruda)– viene a llenar con brillantez la mencionada laguna. Eso sí, se cura en salud suavizando la terquedad de Shilock a la hora de mostrar su rechazo a la boda de su única hija con un cristiano, o al insistir en cobrar los intereses de la singular deuda. Estas opciones funcionan bien, y a nuestro entender sobraba ese prólogo vergonzante que trata de explicar por qué el malo de la peli es judío, echando gran parte de la culpa a la Iglesia católica. Además del formidable esfuerzo por recrear la Venecia del siglo XVI, el film es lo que es gracias al magnífico texto del bardo inglés, a una dirección que no trata de llamar demasiado la atención, y al trabajo de un fantástico reparto, donde los rostros más populares corresponden a ‘los chicos’, o sea, Al Pacino, Jeremy Irons y Joseph Fiennes.
6/10
(2004) | 98 min. | Drama
El inglés Mike Leigh es considerado uno de los directores más prestigiosos de Europa, sobre todo a raíz de Secretos y mentiras, film que obtuvo cinco nominaciones al Oscar y la Palma de Oro en Cannes en 1996. Leigh sabe hablar con hondura de la condición humana, de los conflictos individuales de las clases sociales bajas, de las miserias y esperanzas ocultas en los corazones. En este caso, cuenta una historia dura y seca, ambientada en el Londres de 1950 y ciertamente más oscura de lo que acostumbra, pues esta vez no hay luz al fondo del túnel. Vera Drake es una mujer madura, bondadosa, de clase obrera, esposa y madre ejemplar de dos hijos ya adultos. Trabaja de limpiadora en casas de ricos. Pero Vera también ayuda a abortar a jóvenes embarazadas. Es algo que nadie sabe, y ni siquiera ella parece enterarse del alcance moral de sus actos. Cuando la policía lo descubre, su mundo y el de su familia se derrumba. Imelda Staunton (nominada al Oscar) compone magistralmente a Vera, con una contención admirable e incluso agobiante. Cabe poner en entredicho la ambigüedad moral de la propuesta, ya que Leigh redime al personaje al convertirlo en víctima, y casi mártir, de una sociedad hipócrita. La película, densa, con una atmósfera algo deprimente, diálogos ricos y personajes definidos, está sabiamente narrada.
6/10
(2002) | 113 min. | Musical
Ambientada en los años de la Depresión, Chicago (2003) cuenta la estancia en prisión de Roxie Hart, una chica que desea triunfar en el mundo del cabaret y las candilejas. Un crimen pasional la ha conducido a compartir cárcel con otras mujeres asesinas; una de ellas es Velma Kelly, la estrella favorita de Roxie, su idolatrada modelo, a la que acude en busca de consejo. Pero su actitud de diva inaccesible –ni en lo musical ni en lo carcelario acepta ayudarla–, supone una decepción. Informada por Mamá Morton, guardián de la cárcel, de las rutinas del lugar, advierte que la única forma de salir bien librada es ganarse el favor de Billy Flynn, un astuto abogado que gusta del dinero y la fama. Bill Condon (Dioses y monstruos), autor del guión, parte de una buena idea para insertar en la trama los números musicales que jalonan el film: es Roxie, anhelosa de triunfar como cantante, quien imagina sus evoluciones como un espectáculo del que ella es protagonista absoluta; un poco al modo de Björk en Bailar en la oscuridad. De este modo, momentos como el interrogatorio de la policía, las explicaciones de las presas sobre los hechos que les llevaron a la cárcel, el manejo de la prensa o la actuación ante los tribunales, se convierten en escenas brillantísimas, donde las canciones no hacen sino apuntalar el buscado y muy conseguido tono de vodevil. A la hora de dirigir los números musicales, Rob Marshall ha optado por dar predominio a los fondos minimalistas absolutamente oscuros y los focos apenas recogen otra cosa que las figuras de las sensuales cantantes y bailarinas. Los actores principales, a excepción de Queen Latifah, apenas tenían experiencia musical: pero Renée Zellweger, Catherine Zeta-Jones (que se llevó el Oscar a la mejor actriz de reparto), Richard Gere, John C. Reilly y compañía han trabajado duro y superan con nota alta el envite de cantar y bailar.
8/10
(2004) | 127 min. | Histórico | Drama Tráiler
Muchas películas abordan la vida de Jesús de Nazaret, con más o menos fortuna. Todas se han enfrentado a diversos obstáculos, en cuanto a la posible acogida del público. Está el espectador cristiano, conocedor de los hechos históricos, que alimentan además su fe: público exigente, que no va a aceptar cualquier cosa a la hora de ver representado a su Señor. Luego existe un público amplio, más o menos creyente, que cree conocer el evangelio, aunque en el fondo sólo tiene una idea vaga del mismo, quizá por recuerdos de infancia. También hay que señalar al espectador agnóstico o ateo, con frecuencia reticente a un posible intento de ‘ser evangelizado’, y que no desea dedicar un minuto a algo que huela a religioso. A la dificultad de llegar a un público tan heterogéneo, se suma otra realidad: los evangelios incluyen multitud de relatos, parábolas, milagros, enseñanzas, invectivas, viajes..., en los que intervienen numerosos personajes. Dar unidad a todo, y presentarlo atractivo y creíble, no resulta sencillo. Y de pronto, llega Mel Gibson con una idea la mar de razonable, pero que nadie había acometido hasta ahora: hacer una película vibrante y minuciosa, nada relamida, que se centre en la Pasión. Pues, ¿no son a la postre los misterios pascuales los acontecimientos centrales del cristianismo? ¿Y no rememora anualmente la Iglesia en su liturgia, en una semana que llama ‘santa’, la pasión, muerte y resurrección de Jesús? Acierta Gibson al dar con el elemento aglutinador del film: Cristo ha venido al mundo movido por el amor, para redimirlo del pecado; y acepta para ello, voluntariamente, su pasión y muerte. Tiene una misión que cumplir, con un sentido; y esos sufrimientos terribles no son un fracaso: liberan, y llevan a la resurrección. A partir de ahí, puede centrarse en la narración de las últimas 12 horas de Jesús, desde que acude con sus discípulos al huerto de Getsemaní, hasta su muerte en la cruz. Una narración que se basa sobre todo en los evangelios, seguidos con fidelidad, aunque también toma elementos de revelaciones privadas a dos monjas: la beata alemana Anna Katharina Emmerich, y la venerable española María de Ágreda. El film resulta duro, muy duro. En ese sentido, la película discurre en la misma línea que otros títulos recientes, que tratan temas importantes, descritos sin falsos pudores, como Salvar al soldado Ryan (el horror de la guerra), La lista de Schindler (el holocausto), Te doy mis ojos (la violencia doméstica), Traffic (la drogadicción y el narcotráfico)… Desde que Jesús es prendido en el huerto de los olivos, es sometido a todo tipo de vejaciones. Y el guión de Gibson y Benedict Fitzgerald, no hurta los detalles que describe el evangelio: insultos, empujones, bofetadas, salivazos… Le obligan a colocarse vestiduras ridículas, le desnudan, le azotan salvajemente, le coronan de espinas... Una increíble sesión de tortura, mostrada con realismo, pero sin regodeo. “Pienso que nos hemos acostumbrado a ver preciosos crucifijos en las paredes, y hemos olvidado lo que pasó de verdad. Me refiero a que sabemos que Jesús fue azotado, que cargó con la cruz, que los clavos le traspasaron las manos y los pies, pero raramente pensamos en lo que eso significa”, comenta Gibson. Que la violencia no es recomendable para todos los públicos, es una idea que el director introduce en el film de modo ingenioso: cuando obligan a Simón el Cirineo a cargar con la cruz, pide a su hijo que vuelva a casa, que no contemple el triste espectáculo de los condenados a muerte. La película aporta desde el principio la información clave: que todo lo padece Cristo para librar al hombre del pecado. Singularmente cuando el diablo le tienta en el huerto, diciendo que no puede pretender cargar sobre sí el peso del pecado de todos los hombres. Por otro lado, a lo largo de esas horas de suplicio, se introducen con acierto flash-backs que, además de permitir respirar al espectador, ayudan a conocer el mensaje de Jesús y el sentido de su sufrimiento: vemos que es verdadero hombre, con sentido del humor, en las escenas con su madre; que acoge al pecador arrepentido, cuando se pretende lapidar a María Magdalena; que el amor se desborda en la última cena, anticipo del sacrificio de la cruz... Gran acierto de Gibson es ofrecer la mirada de la Virgen María, muy bien interpretada por Maia Morgenstern. El espectador sufre con ella los dolores del hijo. Y a la vez, participa de su serenidad, de modo que momentos como la caída con la cruz, que retrotrae al pasado, o cuando recoge con unos lienzos la sangre de la flagelación, conmueven. El director tiene una habilidad especial para humanizar su historia. Cuando Pedro niega a su maestro, la mirada que éste le dirige –maravilloso Jim Caviezel– es más expresiva que mil discursos: una mezcla de lástima y algo de socarronería, como si dijera ‘¿no te lo había dicho?’. La conversación con Pilatos, el procurador romano, no tiene desperdicio, y entiendes bien las dudas de este hombre cruel, acrecentadas por las conversaciones con su esposa. Si para un actor fue especialmente duro el rodaje, ese es Caviezel. El rodaje fue en invierno, y soportó las bajas temperaturas casi desnudo en las escenas de la cruz: “No podía aguantar más de 10 minutos, y aun así sufría muchas veces hipotermia. Los músculos te tiemblan de modo tan violento que te duele, pero no puedes pararlo”, comenta. Incluso en la flagelación, uno de los que hacía de soldado romano apuntó mal y le dio en la espalda. Explica Caviezel: “No pude ni gritar. No te sale el aire porque no puedes respirar”. La película se rodó en Italia, en el estudio 5 de Cinecittà, y en la ciudad de Mattera, el mismo lugar donde Pasolini hizo El evangelio según san Mateo. El trabajo de dirección artística y fotográfico es asombroso. Caleb Deschanel, director de fotografía, de acuerdo con Gibson, tomó como referencia pictórica la obra de Caravaggio “en lo que se refiere a los rostros que usaba en sus cuadros, a la iluminación y a la composición. (...) También me inspiré en Géricault, Rafael y otros artistas.” Atrevida resulta la escena de apertura en el huerto de los olivos, con luz azulada que imita la luna y con niebla: rodada en estudio, no se ve el fondo, y da al lugar una indefinible sensación de infinitud, como de otro mundo. Precioso resulta también el plano que sigue a la muerte de Jesús: un plano cenital del Gólgota como borroso, en que vemos caer una gota de agua, el comienzo de una lluvia, pero que cabe interpretarse como una ‘lágrima’ de Dios, que llora la muerte de su hijo. Pensaba Mel en un principio estrenar su film –rodado en las lenguas originales de la época–, sin subtítulos, confiando en la fuerza de las imágenes. Al final pesó la prudencia, y se pusieron los letreros justos. Su visionado en DVD proporciona ahora, a quien lo desee, la experiencia de ver el film desnudo, sin subtítulos, para así constatar que el impacto visual basta para seguir la historia.
9/10
(1928) | 98 min. | Drama | Histórico
Relato fiel del inicuo proceso que llevó a Juana de Arco a la hoguera. Obra maestra del cine mudo y de la historia del cine, el danés Carl Th. Dreyer atrapa el dramatismo del dilema de conciencia de la protagonista, que podría salvar la vida si se retractara de las apariciones que permitieron coronar al rey de Francia. Film muy espiritual, presenta un soberbio uso de los primeros planos, que apenas dejan ver el decorado. La Falconetti, que no volvió a hacer cine, está sobresaliente.
10/10
(2003) | 107 min. | Documental
Duro documental de tema morboso, que reconstruye el desmoronamiento de los Friedman, una familia judía de Nueva York, a raíz de la detención del padre y el hijo mayor, acusados de pederastia. Andrew Jarecki intenta ser lo más objetivo posible, a diferencia del estilo Michael Moore, que da “el punto de vista del director”, según sus propias palabras. Para ello, mezcla imágenes de vídeo grabadas por los Friedman, con entrevistas a dos de los tres hermanos, a la madre, que no cree en la inocencia de sus familiares, y a las víctimas de los abusos sexuales y sus padres. Arnold Friedman, el cabeza de familia, murió de un infarto hace unos años.
6/10
(2003) | 127 min. | Thriller Tráiler
Un tipo felizmente casado, en cuya memoria todavía perduran los recuerdos del cumpleaños de su hijito, es abatido a tiros junto a varios compañeros de trabajo cuando un chiflado irrumpe en su oficina. Un tiempo después se ve el juicio promovido por su viuda contra la todopoderosa industria armamentística, como presunta responsable subsidiaria de la matanza. Tanto la acusación como la defensa se esfuerzan por seleccionar a los ’12 hombres justos’ que puedan fallar un veredicto a su favor. Lo que no saben es que uno de ellos (John Cusack) es un embaucador, que se las ha arreglado para formar parte del jurado. Sus dotes de persuasión son tales que podría inclinar la balanza del veredicto hacia un lado o hacia otro. Y tanto le da quién gane, porque él sencillamente va a poner precio al fallo, y se lo ofrece a las dos partes litigantes. Vibrante adaptación de la novela del especialista en thrillers judiciales John Grisham, donde se ha cambiado a la industria tabaquera del original (quizá por el éxito del film El dilema y porque las tabacaleras ya han sufrido algunos varapalos en los tribunales de EE.UU.) por los fabricantes de armas. Gary Fleder, que ya tiene experiencia en filmes del género (Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto, Ni una palabra, El coleccionista de amantes), dosifica la intriga y sirve con eficacia las sorpresas del tramo final. Es modélica la secuencia de apertura, desasosegadora aunque no se ve un solo tiro; y sabe apuntar muy eficazmente las dotes de observación del personaje de Gene Hackman, que cala al taxista que le conduce en cuestión de segundos. Hay además un completo acierto en el reparto, tanto en las estrellas (Cusack, Weisz, Hackman, Hoffman) como en los personajes secundarios que integran el jurado.
6/10
(2003) | 100 min. | Comedia
Miles Massey (George Clooney) es un abogado especializado en divorcios, inventor de una cláusula matrimonial infalible, pensada para solteros de oro que no desean ser esquilmados por potenciales pretendientes depredadores. A él acude un marido pillado "in fraganti" con otra mujer, cuya esposa, Marilyn Rexroth (Catherine Zeta-Jones), solicita el divorcio. El descubrimiento de que Marilyn se casó por dinero, facilita a Massey la defensa de su cliente; pero con lo que no podía contar es con enamorarse de esa increíble mujer, que volverá a cruzarse en su vida. Con la excusa de una comedia más o menos alocada, con pareja de intensidad y química sorprendentes (magníficos George Clooney, al que cada vez le viene menos grande la comparación con Cary Grant, y Catherine Zeta-Jones, bellísima y muy contenida), los hermanos Joel y Ethan Coen sirven una aguda crítica a una sociedad en que los divorcios están a la orden del día, y donde los repartos de bienes enriquecen a picapleitos y cónyuges ambiciosos. Los acuerdos que tienen en cuenta el “por si acaso”, o los pactos por los que “no me enfadaré si sales con otro”, hablan a las claras, con un divertido toque cínico, de matrimonios donde hay de todo menos amor. Los Coen apuestan en esta ocasión por una narración muy clásica, donde la cámara apenas se hace notar. Siguen presentes los detalles surrealistas que les han hecho célebres (las apariciones con fondo negro de un abogado mentor enchufado a un gotero, el genial asesino asmático, el marido maltratado haciéndose una foto Polaroid de sus lesiones…), pero más integrados en la historia. Al fondo de una línea asumidamente disparatada, donde la exageración es norma, late sin moralinas el anhelo de un amor verdadero y para siempre, como lo único capaz de satisfacer a las personas. A Massey le sale el dinero por las orejas, y Marilyn tiene una fortuna al alcance de su mano: pero no les basta, lo saben y están insatisfechos. De un modo quizá menos brillante que en otras ocasiones pero eficaz, los Coen entregan un film entretenido, en el que funciona el juego del ratón y el gato. Desentonan un par de detalles zafios, aunque se incluyan con la intención de subrayar las patéticas infidelidades conyugales de algunos personajes.
7/10
(2002) | 99 min. | Thriller
Viernes Santo en Nueva York. Gavin, abogado en un bufete de postín, tiene un importante caso ante los tribunales: muchos dólares están en juego. Doyle, perdedor nato, ex alcohólico: separado de su familia, aspira a a reunirse con ellos algún día; todo depende de una cita con el juez. Los destinos de los dos hombres, nunca mejor dicho, chocan: sus automóviles colisionan, por lo cual el primero pierde unos importantes documentos, y el otro llega tarde a su decisiva reunión. Comienzan 24 horas de auténtico calvario: los papeles extraviados obran en poder de Doyle, que culpabiliza a Gavin de su mala suerte y los retiene. La pregunta que se plantea es: ¿llegará tras la pasión y muerte, la resurrección? Cambio de tercio del director de Persuasión y Notting Hill. Roger Michell ofrece una historia urbana, que al abordar el creciente estrés de los protagonistas recuerda a Un día de furia: las desgracias se acumulan una tras otra conformando una enorme bola de nieve que aplasta y conduce a decisiones terribles. Un aspecto interesante abordado en el film es la necesidad de orientación que todo ser humano tiene a la hora de tomar decisiones: casi todos los personajes que giran alrededor de Gavin y Doyle otorgan su consejo, ejercen de guías, para bien o para mal: las esposas de ambos, la ex amante y compañera de despacho, los socios del bufete, el sacerdote confesor, el asesor del banco, el gurú de alcohólicos anónimos…
6/10
(2005) | 117 min. | Histórico | Drama Tráiler
Apasionante película, basada en hechos reales. Describe los seis últimos días de vida de Sophie Scholl, detenida en Munich el 18 de febrero de 1943 junto a su hermano Hans y un amigo común, Christoph Probst. Su delito, haber repartido por la universidad un montón de cuartillas denunciando los abusos del nazismo. Los tres pertenecían a una organización de resistencia pasiva contra el régimen denominada ‘La Rosa Blanca’. Esta historia había sido llevada antes al cine dos veces en 1982, por Michael Verhoeven y Percy Adlon. Aquí, a partir de las transcripciones auténticas de los interrogatorios a que fueron sometidos los jóvenes, que vieron la luz en Alemania del Este tras caer el muro, se recrea con pericia consumada los ideales y la fortaleza de espíritu de Sophie Scholl. La joven, inicialmente, niega cualquier relación con los panfletos de la discordia. Y su aplomo es tal que casi convence a su interrogador, el implacable Robert Mohr, de su inocencia. Cuando las evidencias en su contra se acumulen, lejos de venirse abajo, Sophie defenderá con convicción sus ideales, que le obligan en conciencia a oponerse a una ideología, la nazi, indigna del ser humano. El guión de Fred Breinersdorfer y la dirección de Marc Rothemund se ponen al servicio de una historia de enorme fuerza. Aunque la mayor parte de la trama transcurre en interiores, ambos consiguen imprimir ritmo y emoción a las secuencias de los interrogatorios, de increíble ‘violencia psicológica’, en la que la tranquilidad de estar en la verdad proporciona a Sophie energías inesperadas. Todo gira alrededor de ella (estupenda la composición de Julia Jentsch), pero esto no impide retratar con sutileza al interrogador que se queda sin razones que justifiquen su modo de proceder (sobrio Gerald Alexander Held), a los otros dos detenidos, a la compañera de celda y al juez inicuo. Escenas como la de la visita de los padres o el último pitillo apenas necesitan de palabras para conmover.
8/10
(2001) | 133 min. | Drama Tráiler
Sam, deficiente mental, es padre soltero de Lucy, una niña de siete años inteligentísima. Tanto, que el Estado piensa que quizá no está capacitado para educar a su hija. De hecho, Lucy empieza a ser consciente de que, pese a lo mucho que le quiere su padre, éste es distinto a los otros papás: así, algunas de las cosas que le enseñan en el cole, Sam no las pilla a la primera exactamente. Cuando una asistente social empieza a tramitar la acogida de la niña en una nueva familia, Sam encuentra el apoyo incondicional de sus amigos retrasados; y el no tan incondicional (al menos al principio) de una competente abogada, cuya vida familiar es un pequeño desastre. La directora Jessie Nelson, muy interesada en los temas familiares –lo demuestran sus filmes Corina, Corina (film que escribió y dirigió, donde una niña quedaba sin habla tras quedarse huérfana) e Historia de lo nuestro (película sobre el divorcio, protagonizada por Bruce Willis y Michelle Pfeiffer, de la que escribió el guión)–, sabe conjugar el melodrama y las situaciones tiernecitas con el humor que propicia la sencillez e ingenuidad de Sam. Así compone una sensible película, donde Sean Penn compone uno de esos papeles de discapacitados, tan amados en Hollywood, sobre todo cara a los Oscar (de hecho, Penn fue nominado por su Sam); el actor estaba muy interesado en su personaje, pues tiene un familiar con síndrome de Down. Gran mérito tiene el papel de Michelle Pfeiffer, la abogada, ingrato a primera vista. La actriz explica que “me atraen y me afectan las historias acerca de la familia, y lo que define a un padre o una madre”.
6/10
(2001) | 89 min. | Comedia
Jojo y Lulu. Marido y mujer. Se llevan a matar. En la granja donde viven, “El paraíso”, se hacen todo tipo de perrerías, al estilo de las que acontecen en La guerra de los Rose. Pero es ella la más cruel y mezquina, pues él, en el fondo, es un pobre hombre, que se casó con la persona equivocada. Un día, viendo en la tele a un famoso abogado criminalista, a Jojo se le ocurre una idea: acudir al despacho del picapleitos, y sonsacarle cuáles serían las circunstancias atenuantes que lograrían su absolución en el hipotético caso de que asesinara a su esposa. ¿Será capaz Jojo de acometer tal empresa? Después de La cena de los idiotas, el divertido Jacques Villeret y el director Jean Becker vuelven a trabajar juntos en una animada comedia, repleta de humor negro y un poquito de ternura. A partir del clásico francés de Sacha Guitry La poison, Becker y su guionista, Sébastien Japrisot, actualizan la trama y le insuflan mucha, mucha frescura. Merece ser resaltada la escena en que Jojo se entrevista con el abogado (el divertido André Dussollier, que también aparecía en La cena), un prodigio de diálogos y dobles sentidos que provoca en el espectador la deseada carcajada.
5/10
(2001) | 92 min. | Comedia Tráiler
Elle Woods es en verdad una jovencita “chachi piruli”. Es la chica más popular de la hermandad, asociación estudiantil que preside; tiene las notas más altas en moda y confección; ha salido en un vídeo de Ricky Martin; y le encanta el color rosa. Es guapa, e inteligente, ¿qué más se puede pedir? Pues Warner, su novio, considera que esta chica rubia es demasiado insustancial y frívola para él, que pertenece a una familia de rancio abolengo, donde su padre, y el padre de su padre, han sido senadores nada menos; ella no cuadra con la imagen seria que quiere cultivar ahora que va a ir a estudiar derecho a la Universidad de Harvard. Y da calabazas a Elle, cuando la chica, pobre incauta, pensaba que le iba a proponer matrimonio. Pero Elle no se arredra, y dispuesta a seguir su corazón, se matricula en la prestigiosa facultad con idea de recuperar a su amado. Al principio su horterismo redomado choca en el ambiente universitario, pero poco a poco se descubre que en Elle hay auténtica madera de picapleitos. Divertida comedia para adolescentes, bastante por encima de la media de este tipo de películas. Basada en un libro de Amanda Brown, una auténtica rubia abogada, el film contiene situaciones la mar de hilarantes, hilvanadas por el tándem de guionistas Karen McCullah Lutz y Kirsten Smith, que ya se enfrentaron a un film de cierto parecido: 10 razones para odiarte, adaptación bastante libre de "La fierecilla domada" de Shakespeare. Otra referencia clara es Fuera de onda, que traspasaba al mundo adolescente actual el encanto de las novelas de Jane Austen, sobre todo de Emma. En el reparto juvenil destacan, además de Witherspoon, Luke Wilson, que junto a su hermano Owen se está haciendo un hueco en las pantallas; y Selma Blair, a quien se pudo ver en Crueles intenciones, donde coincidió con Witherspoon.
6/10
(2000) | 147 min. | Thriller
Proponerse “atrapar la realidad” de algo tan sinuoso y resbaladizo como el mundo de las drogas no es moco de pavo. Traffic lo consigue desde una visión global del problema, concentrándose hasta en el más mínimo detalle de un pequeño aspecto de todo el cuadro. Pero ahí no queda toda la gracia. Además logra una película entretenida y dinámica en la que el espectador tiene la última palabra, ya que éste recibe una narración desprovista de valoraciones: sólo hay hechos y consecuencias. Esa es su mayor virtud, la confianza en una estructura argumental sólida, sin resquicios, sustentada en tres historias diferentes unidas por un "leitmotiv" común: la droga y su infiltración en los ámbitos de la vida cotidiana.  Por un lado tenemos al zar antidrogas (Michael Douglas) que descubre en casa el devastador efecto del mal contra el que lucha: su hija está “enganchada” a la heroína. Por otro, dos agentes de la DEA vigilan los pasos de Helena Ayala (Catherine Zeta-Jones), inquieta por sacar a su marido de la cárcel y decidida a hacerse cargo de su criminal negocio de drogas. Por último, está la historia de Javier Rodríguez (Benicio del Toro, Oscar por este papel), un policía mexicano de la frontera que se mueve según su propio código de conducta, entre la corrupción y el mantenimiento de la ley. El conjunto fluye paralelo hasta ir coincidiendo puntos y desenmarañando los nudos de una red lanzada sabiamente para atrapar desde el primer minuto la atención. Para que no haya ningún cabo suelto al azar, la fotografía juega un papel fundamental para ubicar en todo momento a personajes y lugares, gracias a combinaciones de color y contrastes. En definitiva un puzzle excitante y desapasionado, un thriller dramático que retrata las complejas situaciones a las que conduce el letal “polvo blanco”.
7/10
(2000) | 128 min. | Thriller
Embajada de Estados Unidos en Yemen. Una multitud enardecida se manifiesta ante la sede diplomática. El ambiente se caldea progresivamente, hasta el punto de que un equipo de marines procede a evacuar al embajador y a su familia. En un momento de máxima tensión el coronel Childers toma una dura decisión: ordena abrir fuego sobre los manifestantes, lo que provoca decenas de muertos. Como consecuencia, se convoca un consejo de guerra para juzgar si Childers violó las reglas de compromiso al disparar a civiles desarmados. Un viejo amigo le defiende, y ambos se topan con una tupida red de intereses políticos, poco interesados en descubrir la verdad. William Friedkin, que ganó el Oscar con French Connection (Contra el imperio de la droga) y asustó a medio mundo con El exorcista, dirige este film con firme pulso. El veterano director comenta que habla de "amistad y leatad, y sobre el papel que le toca jugar al militar moderno". Las escenas de acción son impecables, y el pulso interpretativo que mantienen Tommy Lee Jones y Samuel L. Jackson merece ser visto.
5/10