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Becoming Karl Lagerfeld
6 /10 decine21
Becoming Karl Lagerfeld

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Reparto

Sinopsis oficial

En 1972, Karl Lagerfeld (Daniel Brühl) tiene 38 años y aún no luce su icónico peinado. Es un diseñador de prêt-à-porter desconocido para el gran público. Mientras conoce y se enamora de Jacques de Bascher (Théodore Pellerin), un joven dandy ambicioso y atormentado, el más misterioso de los diseñadores de moda se atreve a enfrentarse a su amigo (y rival) Yves Saint Laurent (Arnaud Valois), un genio de la alta costura al que apoya el temible empresario Pierre Bergé (Alex Lutz).

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Crítica Becoming Karl Lagerfeld (2024)

Becoming Karl Lagerfeld foto crítica.

Así se hace un káiser de la moda

Miniserie que recoge la trayectoria en el mundo de la moda en París del alemán Karl Lagerfeld desde comienzos de la década 1970, en que conoce al atractivo joven Jacques de Bascher, gígolo bon vivant aspirante a escritor, hasta el momento en que recibe una oferta para ocuparse de la haute couture de Chanel. A partir del libro “Kaiser Karl” de Raphaëlle Bacqué, cocreadora de la serie, describe la compleja personalidad de Lagerfeld, con una habilidad indiscutible para el diseño, serio, circunspecto y astuto, también en el mundo de los negocios, muy unido a su madre Elisabeth; en el terreno profesional, se nos habla de su ruptura con Yves Saint-Laurent, su gran rival asociado al empresario Pierre Bergé, de su asociación en la casa Chloé con Gaby Aghion, de sus acuerdos con la casa italiana Fendi. Y en lo relativo a lo personal, el acento se pone en la relación tóxica con muchas caras con Jacques de Bascher. A éste se le muestra como alguien inmaduro, promiscuo, provocador y consumidor habitual de alcohol y drogas, que tiene un affair con quien menos querría Lagerfeld; y en la relación entre estos dos hombres a los que separa una diferencia de edad de casi 20 años, más allá de la atracción homosexual, hay algo en Lagerfeld también de figura paterna, que está cerca de cansarse de la inmadurez del otro, al que debe regañar todo el tiempo.

No son muy conocidas las creadoras de esta serie de seis episodios, ni Bacqué ni tampoco Isaure Pisani-Ferry o Jennifer Have, que siguen la estela seriada abierta por títulos del mismo corte y confección, Cristóbal Balenciaga, y New Look, sobre Christian Dior. Pero cuentan en la dirección de la mitad de los episodios con el muy competente Jérôme Salle, que sabe dar el buscado empaque. La idea, como puede imaginarse fácilmente tras la lectura de mi resumen argumental, es combinar la parte profesional con la personal, que en el fondo se encuentran “cosidas”, por así decir, pues en la luchas entre casas de moda y sus responsables se sugieren celos amorosos y pasiones fogosas, el vértigo de la atracción irresistible influye en las decisiones y puede dar al traste con el talento y la trayectoria de determinados personajes.

No soy un experto en el mundo de la moda y su historia, y no puede afirmar o desmentir lo que hay de cierto en lo que se cuenta en la serie, de relaciones y “puñaladas”, pero no deja de referirse la acusación que Bergé hizo a Lagerfeld de utilizar a Bascher como arma “amorosa” para desestabilizar al ya inestable Saint-Laurent. En cualquier caso, si algún año se criticaban las nominaciones a los Oscar con la etiqueta #sowhite, “tan blancos”, apuntando que los aspirantes a la estatuilla no mostraban diversidad racial, espero que se me permitea sugerir que la serie que nos ocupa podría ir acompañada del hashtag #sogay por la insistencia en la dirección artística de presentar ambientes homosexuales –incluso casi en la primera escena en una iglesia, la mirada perturbadora de Bascher a un cura que está dando el sermón–, ya sean fiestas o lugares sórdidos debajo de un puente donde se ejerce la prostitución, y por una sensualidad de papel couché.

Daniel Brühl ha realizado un gran esfuerzo interpretativo con su personaje, que tal vez no evoluciona en exceso en la contención a la hora de expresar sus sentimientos, aunque sí va cambiando su imagen externa, a medida que sus ambiciones en la moda desde el prêt-à-porter van en aumento. Théodore Pellerin tiene el punto depravado que se supone a su personaje, para quien cambiar parece poco menos que imposible, es su carácter, podríamos decir parafraseando al escorpión de la fábula que pica a la rana que le transporta. Tiene mérito Alex Lutz, porque le toca cargar con el personaje más antipático, Bergé, y lo hace sin despeinarse; y Arnaud Valois combina encanto y fragilidad en su Saint-Laurent.

Algo que ayuda, y mucho, a la serie, es la extraordinaria banda sonora de Sacha y Evgueni Galperine, que ayuda a elevar con sus notas sostenidas todas las escenas en que la escuchamos, aunque en ocasiones puedan parecernos poco creíbles o no muy emocionantes.

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