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Roadkill
6 /10 decine21
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Sinopsis oficial

Peter Laurence es un hombre hecho a sí mismo, energico y carismático, que ocupa un alto cargo en el gobierno conservador de Reino Unido. La vida de Peter –pública y privada– se está cayendo a pedazos o más bien, sus enemigos se la están arrancando a tiras. Cuando comienzan a aparecer historias comprometedoras, Peter, con una vergonzante falta de culpabilidad o de remordimiento, echa a caminar magistralmente por la cuerda floja que separa la ruina de la gloria.

6 /10 decine21

Crítica

Un ministro en la picota

Un ministro en la picota

Peter Laurence, ministro de transporte del gobierno conservador del Reino Unido, acaba de salir absuelto de un peliagudo juicio, acusado de corrupción. Eso no significa que todo le vaya viento en popa a Laurence; hay quien cree que la sentencia no es justa, puesto que las influencias de Laurence son grandes, y hasta sus abogados se plantean tirar de la manta. A esto se suma que las relaciones con la primera ministra Dawn Ellison son, como poco, tambaleantes, y que la vida familiar del ministro es un desastre: tiene una amante y además una joven delincuente encarcelada afirma ser su hija.

Entretenida serie británica sobre el mundo de la política o más bien sobre un carismático ministro que parece ser cualquier cosa menos juego limpio (por supuesto, no faltaba más, es conservador). Detrás del guión de Roadkill está el prestigioso David Hare (Las horas, El lector), quien se desenvuelve con soltura a la hora de crear ámbitos de atención en torno al ministro. Si el tema nuclear de la corrupción nunca alcanza el interés deseado, sí que el director Michael Keillor (curtido en series como Line of Duty o Chimerica) sabe atrapar con otros hilos narrativos de la vida de Laurence, como la relación con sus hijas, con su mujer y con su amante, en primer lugar. También tiene su mordiente la subtrama periodística de la búsqueda de la verdad, narrada ésta con un eficaz enfoque de thriller, o la tirante relacion con su jefa; por el contrario, no tan redondas resultan las conversaciones entre abogados o los sucesos carcelarios.

Roadkill viene subrayar un lugar común, pero que por ser algo conocido no deja de tener su importancia: la doble cara de los políticos y el verdadero interés de sus acciones. La mentira pura y dura puede estar detrás de los discursos buenistas diseñados para calmar a la población. La política maneja otras artimañas, se juega en otro tablero muy distinto al de la opinión pública. Incluso las reglas de juego pueden estar impuestas por agentes externos, empresas o corporaciones que quitan y ponen a su antojo. Y los pobres ciudadanos no nos enteramos de nada. Funciona de todos modos el tono de ambigüedad de ciertos hechos y también en lo que respecta al protagonista, alguien de quien aparentemente nunca se diría que es mala persona, al menos no más que otros aprovechados. Para encarnar a Laurence la opción es notable, puesto que Hugh Laurie mantiene su encanto y su carisma, aunque aquí su tono sarcástico es más comedido que en House, y entre el reparto de secundarios destaca el trabajo de Sidse Babett Knudsen (Borgen) como amante, así como el de Helen McCrory en la piel de la calculadora Primera Ministra. Y hay que elogiar la pegadiza y sutil melodía de Harry Escott.

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