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Biografía

Eduardo Sacheri

Eduardo Sacheri

Eduardo Sacheri

Filmografía
La odisea de los giles

2019 | La odisea de los giles

Una amable película que viene a decir que algunos ladrones sí son gente honrada. Adapta “La fábrica de la Usina”, una novela de Eduardo Sacheri que se hizo acreedora del Premio Alfaguara en 2016. Y en el seguimiento de un esquema de película de robos perpetrado por “no-profesionales”, sigue las pautas de filmes como Atraco a las tres y Granujas de medio pelo, y en su deuda a los clásicos cinematográficos del subgénero, se permite una justa cita a Cómo robar un millón y..., del gran William Wyler. En una población rural cercana a Buenos Aires, un grupo de giles –termino para designar a la buena gente, trabajadora, tal vez algo ingenua...–, liderado por Fermín Perlassi, vieja leyenda del fútbol local, suman fuerzas y dinero para formar una cooperativa agrícola aprovechando los silos e instalaciones de una explotación abandonada. Unos pocos dólares aquí y otros pocos allá devienen en cantidad suficientemente importante para ser depositada en la caja de seguridad de un banco. Cuando el director de la entidad aconseja a Perlassi ingresar el dinero en una cuenta para obtener el crédito que necesitan para realizar toda la inversión, se produce el corralito de 2001 que afectó a toda Argentina, y pierden todo lo que que tenían. No es la única desgracia que se produce, y el disgusto de todos es mayor cuando se enteran de que han sido estafados, el director del banco y uno de sus clientes más importantes, Fortunato Manzi, sabían lo que se avecinaba. Un año después, un cúmulo de circunstancias les lleva a un descubrimiento excepcional: Manzi ha excavado una cámara de seguridad en medio del campo, donde oculta todo el dinero robado. Trazarán entonces un plan para hacer justicia. Sebastián Borensztein, responsable de títulos de interés como Un cuento chino y Capitán Kóblic, dirige y coescribe el film con el autor de la novela, y volviendo a contar con Ricardo Darín como productor y en el capítulo interpretativo, aunque aquí integra un reparto bastante coral, es protagonista pero menos. La narración se hace amable de cabo a rabo gracias a la dignidad y decencia de los personajes, divertidos y con rasgos entrañables, desde los hermanos tan contentos con sus teléfonos móviles, al antiguo zapador del ejército, pasando por el hijo que necesita independizarse de la madre y volar por su cuenta, o el otro que deja sus estudios para ayudar en casa tras las crisis, o al anarquista de boquilla al que encarna Luis Brandoni. Y por otro lado, está bien trazada y explicada la peripecia de quienes, estudiando bien las cosas, roban a un ladrón y merecen lo mejor por ello.

7/10
Todo por el juego

2018 | Todo por el juego | Serie TV

Mariano Hidalgo es un empresario que asume la presidencia del Club Deportivo Leonés, un equipo de segunda división abocado al descenso tras su enésima derrota consecutiva y la mala gestión en los despachos. Con el fútbol como telón de fondo, se desarrolla esta ficción de ocho capítulos que habla de luchas de poder, de ambición, de corrupción, de política y de los oscuros caminos que algunas personas escogen para alcanzar la cima.

Papeles en el viento

2015 | Papeles en el viento

Fernando, Mauricio y El Ruso están desolados a causa de la muerte por un cáncer de El Mono, cuarto integrante de su grupo de amigos de toda la vida. Éste había perdido todo su dinero, lo que pone en peligro el futuro de su hija, una niña. Para conseguir el dinero que garantice que no le falte de nada, el trío trama un plan para vender a un jugador del Atlético Independiente de Avellaneda, equipo de fútbol al que han animado toda su vida. El bonaerense Juan Taratuto vuelve a contar con su actor fetiche, Diego Peretti, tras No sos vos, soy yo, ¿Quién dice que es fácil? y La reconstrucción. En Papeles en el viento adapta la novela homónima de Eduardo Sacheri, con el que él mismo ha escrito el guión adaptado. El arranque de esta comedia dramática promete, sobre todo por el buen hacer del mencionado actor, que junto a Pablo Echarri y Pablo Rago bordan a sus personajes, una idílica pandilla a la que cualquiera querría pertenecer. Tiene también a su favor su falta de pretensiones. La trama conectará especialmente con espectadores masculinos, aficionados al balompié de mediana edad, como los protagonistas, aunque sus reflexiones sobre la amistad son universales. Supone además el último trabajo para el cine, como ilustre secundario, de Daniel Rabinovich, recordado miembro de Les Luthiers, que falleció poco después de encarnar aquí a un periodista deportivo. Por desgracia, el film se desinfla conforme avanza el rodaje. No llega al nivel de otras películas de Taratuto, que sin llegar a la maestría de algún compatriota como Juan José Campanella, suele conseguir cierta corrección. Aquí le falla el libreto, que no acaba de resultar verosímil, sobre todo en lo que se refiere al desenlace.

5/10
Futbolín

2013 | Metegol

Amadeo es un joven bondadoso y tímido que trabaja en el bar de un pueblecito, y que impelido por la chica que le gusta, Laura, da una lección al presumido Grosso ganándole al futbolín. Pasan los años y Grosso vuelve al lugar de sus orígenes convertido en un astro del fútbol, al que le sale el dinero por las orejas, hasta el punto de que ha comprado el pueblo con intención de convertirlo, ayudado por su astuto manager, en una gran metrópoli, con un estadio, casinos, etc. Su deseo es tomarse la revancha de la única derrota que ha conocido en su vida, la del futbolín, echando abajo el bar y deshaciéndose del pasatiempo de antaño. Para sorpresa de Amadeo, los jugadores de madera del viejo futbolín cobran vida y se aprestan a ayudarle en la misión de salvar el pueblo de los especuladores recién llegados. El argentino Juan José Campanella sigue con Futbolín la estela de otros directores de imagen real que han hecho sus pinitos en el mundo de la animación, véanse a Gore Verbinski (Rango) y Wes Anderson (Fantástico Sr. Fox). Para ello toma un cuento de Roberto Fontanarrosa, “Memorias de un wing derecho”, donde se combina la nostalgia por los viejos futbolines -llamados “metegol” en Argentina- y la pasión por el deporte del esférico. Consciente seguramente de que las nuevas generaciones son “nativos digitales”, Campanella enmarca la historia en la tradición del cuento transmitido de padre a hijo, donde el hijo inicialmente demuestra poco interés, prefiere “jugar al fútbol” en una tableta con un videojuego. Se trata de una cinta familiar de agradable visionado, que saca partido al 3D en las escenas de la partida inicial de futbolín, y en el clímax en un estadio de fútbol (conviene recordar aquí que una escena esencial en El secreto de tus ojos acontecía en un estadio de fútbol). También hay en Futbolín divertidos pasajes humorísticos a cuento de los jugadores de madera que cobran vida, sobre todo uno filósofo que hace pensar en Jorge Valdano, o guiños cinéfilos, como el arranque a lo 2001, una odisea del espacio. Y simpáticas moralejas donde se viene a decir que con prepotencia y dinero no se logra todo, véase el desigual partido entre unos figuras y unos auténticos friquis. Sin embargo, admitámoslo, el guión es un poco caótico, con piezas no del todo bien ensambladas, como si de vez en cuando Campanella diera un patadón al balón peliculero y lo mandara fuera del campo. Falta una columna vertebral bien fundamentada -el retorno de Grosso y su compra del pueblo, o el modo en que cobran vida los jugadores de futbolín, resultan algo caprichosos- y pasajes como el del vertedero, el parque de atracciones o el paseo por la mansión de Grosso son episódicos, falta verdadera unidad, un buen entramado.

5/10
El secreto de sus ojos

2009 | El secreto de sus ojos

Benjamín Esposito se acaba de jubilar después de llevar toda la vida trabajando en el juzgado. Su nuevo estado le concede mucho tiempo libre por lo que decide escribir una novela. Enseguida tiene claro de qué irá su libro. Hace más de dos décadas trabajó en el caso del asesinato y violación de una joven, que se resolvió de una manera nada satisfactoria. La vuelta atrás de Esposito lo lleva a mirar de frente otra vez a los fantasmas del pasado que en el presente lo atormentan más de lo que le gustaría reconocer. No sólo se trata de volver para dar respuesta al caso, sino que Benjamín tiene también razones sentimentales. Resulta que lleva más de 20 años enamorado de la que fuera su jefa en el juzgado. La mirada atrás parece ser la puerta para cerrar en el presente las distintas historias que han marcado su vida. Juan José Campanella vuelve al cine después de Luna de Avellaneda (2004). En este intervalo ha hecho mucha televisión, donde ha dirigido capítulos de series como House y Rockefeller Plaza. Su vuelta a la gran pantalla nos ha traído al mejor Campanella. Se trata de una película muy suya y que a la vez poco tiene que ver con lo que había hecho hasta ahora. Es difícil de definir; en el calificativo de thriller no encaja, se aproxima más al cine negro. Pero también tiene mucho de drama, sin olvidar el importante componente romántico. La estética de la cinta está muy cuidada. Planos maravillosos en los que da gusto reposar la mirada. Algunos de estos planos tienen como protagonistas absolutos a los ojos, que para eso aparecen en el título de la película. Se nota un gran esfuerzo por parte de director y actores porque los ojos “hablen”, cosa que en numerosas ocasiones se consigue pese a la dificultad que supone. Y es que llegado este punto, toca hablar de los actores. Todos y cada uno de ellos están soberbios tanto a nivel individual como en sus interrelaciones. Benjamin y su amada de juventud Irene destilan química, confianza, cercanía, están muy bien Ricardo Darín y Soledad Villamil. El mismo Benjamin con su compañero de fatigas Sandoval -estupendo Guillermo Francella-, compone una genial pareja de “investigadores” que provoca numerosas situaciones cómicas. Y es que Campanella compagina a la perfección este sentido del humor omnipresente con el contenido tan dramático que tiene la película. Es difícil ver una cinta de este estilo tan cuidada tanto en contenido como en forma. Se atañe además a las “normas” actuales de dar una sorpresa final, que resulta adecuada y perfecta para el clima de suspense que puebla la película. Para que no todo sean flores, cabe decir que hay un momento en que la película pierde algo de fuelle. Sucede en la segunda parte, pero al final, vuelve a recuperar todo su esplendor.

7/10
La odisea de los giles

2019 | La odisea de los giles

Una amable película que viene a decir que algunos ladrones sí son gente honrada. Adapta “La fábrica de la Usina”, una novela de Eduardo Sacheri que se hizo acreedora del Premio Alfaguara en 2016. Y en el seguimiento de un esquema de película de robos perpetrado por “no-profesionales”, sigue las pautas de filmes como Atraco a las tres y Granujas de medio pelo, y en su deuda a los clásicos cinematográficos del subgénero, se permite una justa cita a Cómo robar un millón y..., del gran William Wyler. En una población rural cercana a Buenos Aires, un grupo de giles –termino para designar a la buena gente, trabajadora, tal vez algo ingenua...–, liderado por Fermín Perlassi, vieja leyenda del fútbol local, suman fuerzas y dinero para formar una cooperativa agrícola aprovechando los silos e instalaciones de una explotación abandonada. Unos pocos dólares aquí y otros pocos allá devienen en cantidad suficientemente importante para ser depositada en la caja de seguridad de un banco. Cuando el director de la entidad aconseja a Perlassi ingresar el dinero en una cuenta para obtener el crédito que necesitan para realizar toda la inversión, se produce el corralito de 2001 que afectó a toda Argentina, y pierden todo lo que que tenían. No es la única desgracia que se produce, y el disgusto de todos es mayor cuando se enteran de que han sido estafados, el director del banco y uno de sus clientes más importantes, Fortunato Manzi, sabían lo que se avecinaba. Un año después, un cúmulo de circunstancias les lleva a un descubrimiento excepcional: Manzi ha excavado una cámara de seguridad en medio del campo, donde oculta todo el dinero robado. Trazarán entonces un plan para hacer justicia. Sebastián Borensztein, responsable de títulos de interés como Un cuento chino y Capitán Kóblic, dirige y coescribe el film con el autor de la novela, y volviendo a contar con Ricardo Darín como productor y en el capítulo interpretativo, aunque aquí integra un reparto bastante coral, es protagonista pero menos. La narración se hace amable de cabo a rabo gracias a la dignidad y decencia de los personajes, divertidos y con rasgos entrañables, desde los hermanos tan contentos con sus teléfonos móviles, al antiguo zapador del ejército, pasando por el hijo que necesita independizarse de la madre y volar por su cuenta, o el otro que deja sus estudios para ayudar en casa tras las crisis, o al anarquista de boquilla al que encarna Luis Brandoni. Y por otro lado, está bien trazada y explicada la peripecia de quienes, estudiando bien las cosas, roban a un ladrón y merecen lo mejor por ello.

7/10
Papeles en el viento

2015 | Papeles en el viento

Fernando, Mauricio y El Ruso están desolados a causa de la muerte por un cáncer de El Mono, cuarto integrante de su grupo de amigos de toda la vida. Éste había perdido todo su dinero, lo que pone en peligro el futuro de su hija, una niña. Para conseguir el dinero que garantice que no le falte de nada, el trío trama un plan para vender a un jugador del Atlético Independiente de Avellaneda, equipo de fútbol al que han animado toda su vida. El bonaerense Juan Taratuto vuelve a contar con su actor fetiche, Diego Peretti, tras No sos vos, soy yo, ¿Quién dice que es fácil? y La reconstrucción. En Papeles en el viento adapta la novela homónima de Eduardo Sacheri, con el que él mismo ha escrito el guión adaptado. El arranque de esta comedia dramática promete, sobre todo por el buen hacer del mencionado actor, que junto a Pablo Echarri y Pablo Rago bordan a sus personajes, una idílica pandilla a la que cualquiera querría pertenecer. Tiene también a su favor su falta de pretensiones. La trama conectará especialmente con espectadores masculinos, aficionados al balompié de mediana edad, como los protagonistas, aunque sus reflexiones sobre la amistad son universales. Supone además el último trabajo para el cine, como ilustre secundario, de Daniel Rabinovich, recordado miembro de Les Luthiers, que falleció poco después de encarnar aquí a un periodista deportivo. Por desgracia, el film se desinfla conforme avanza el rodaje. No llega al nivel de otras películas de Taratuto, que sin llegar a la maestría de algún compatriota como Juan José Campanella, suele conseguir cierta corrección. Aquí le falla el libreto, que no acaba de resultar verosímil, sobre todo en lo que se refiere al desenlace.

5/10
El secreto de una obsesión

2015 | Secret in Their Eyes

2002. Ray Kasten y su compañera Jess Cooper, agentes de la policía de Los Ángeles, reciben una llamada anónima que les alerta de que una joven ha sido violada y asesinada. Resulta ser la hija de la segunda, y aunque el dúo se deja la piel por encontrar al culpable, no resulta posible. Trece años después, Kasten acude a la Oficina del Fiscal de Distrito, ahora dirigida por su antigua amiga Claire Sloan. Le quiere pedir que reabra un caso ocurrido tres años atrás, cuando fue encontrada asesinada la hija de Jessica Cobb, compañera del cuerpo. Ha descubierto nuevas pistas que pueden inculpar a un sospechoso. Remake en inglés de El secreto de sus ojos, adaptación de una novela de Eduardo Sacheri con la que Juan José Campanella obtuvo un justo Oscar al mejor film de habla no inglesa, en 2009. Sigue el mismo esquema, aunque se han realizado sustanciales cambios respecto al original, por ejemplo de raza, sexo y ocupación de los personajes centrales, pues el protagonista, ahora negro, no es agente retirado judicial, sino del FBI, mientras que el padre viudo de la víctima, que fuese Pablo Rago, aquí es una mujer, también policía. La acción se ha trasladado a Estados Unidos, por lo que el trasfondo anterior –la dictadura argentina– se ha sustituido por la conmoción posterior a los atentados del 11-S. El desenlace también se ha cambiado. Supone el tercer trabajo como realizador de Billy Ray, tras las interesantes El precio de la verdad y El espía, aunque en los últimos años ha adquirido un enorme prestigio sobre todo como guionista de títulos ajenos, como Los juegos del hambre y Capitán Phillips. Consigue imprimir al relato la necesaria tensión, con una puesta en escena que funciona y poco más, pues le falta nervio, basta como ejemplo decir que el famoso plano secuencia del argentino, ahora en el estadio de béisbol de los Dodgers (no del Atlético Huracán, de fútbol), ya no está filmado del tirón. Por lo demás, cuenta con trabajos honestos de los componentes del reparto, pues Chiwetel Ejiofor demuestra su solvencia, y que no se ha echado a dormir tras la repercusión de su trabajo en 12 años de esclavitud. Aunque roba la película la veterana Julia Roberts, que compone una madre destrozada muy humana, a pesar de que pasa poco tiempo en pantalla, luciéndose en secuencias como cuando encuentran el cadáver o aquélla en la que coincide en el ascensor con el asesino.

5/10
El secreto de sus ojos

2009 | El secreto de sus ojos

Benjamín Esposito se acaba de jubilar después de llevar toda la vida trabajando en el juzgado. Su nuevo estado le concede mucho tiempo libre por lo que decide escribir una novela. Enseguida tiene claro de qué irá su libro. Hace más de dos décadas trabajó en el caso del asesinato y violación de una joven, que se resolvió de una manera nada satisfactoria. La vuelta atrás de Esposito lo lleva a mirar de frente otra vez a los fantasmas del pasado que en el presente lo atormentan más de lo que le gustaría reconocer. No sólo se trata de volver para dar respuesta al caso, sino que Benjamín tiene también razones sentimentales. Resulta que lleva más de 20 años enamorado de la que fuera su jefa en el juzgado. La mirada atrás parece ser la puerta para cerrar en el presente las distintas historias que han marcado su vida. Juan José Campanella vuelve al cine después de Luna de Avellaneda (2004). En este intervalo ha hecho mucha televisión, donde ha dirigido capítulos de series como House y Rockefeller Plaza. Su vuelta a la gran pantalla nos ha traído al mejor Campanella. Se trata de una película muy suya y que a la vez poco tiene que ver con lo que había hecho hasta ahora. Es difícil de definir; en el calificativo de thriller no encaja, se aproxima más al cine negro. Pero también tiene mucho de drama, sin olvidar el importante componente romántico. La estética de la cinta está muy cuidada. Planos maravillosos en los que da gusto reposar la mirada. Algunos de estos planos tienen como protagonistas absolutos a los ojos, que para eso aparecen en el título de la película. Se nota un gran esfuerzo por parte de director y actores porque los ojos “hablen”, cosa que en numerosas ocasiones se consigue pese a la dificultad que supone. Y es que llegado este punto, toca hablar de los actores. Todos y cada uno de ellos están soberbios tanto a nivel individual como en sus interrelaciones. Benjamin y su amada de juventud Irene destilan química, confianza, cercanía, están muy bien Ricardo Darín y Soledad Villamil. El mismo Benjamin con su compañero de fatigas Sandoval -estupendo Guillermo Francella-, compone una genial pareja de “investigadores” que provoca numerosas situaciones cómicas. Y es que Campanella compagina a la perfección este sentido del humor omnipresente con el contenido tan dramático que tiene la película. Es difícil ver una cinta de este estilo tan cuidada tanto en contenido como en forma. Se atañe además a las “normas” actuales de dar una sorpresa final, que resulta adecuada y perfecta para el clima de suspense que puebla la película. Para que no todo sean flores, cabe decir que hay un momento en que la película pierde algo de fuelle. Sucede en la segunda parte, pero al final, vuelve a recuperar todo su esplendor.

7/10

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