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Biografía

Eric Roth

Eric Roth

75 años

Eric Roth

Nació el 22 de Marzo de 1945 en Nueva York, EE.UU.

Premios: 1 Oscar (más 1 nominaciones)

Oscar
2019

Nominado a 1 premio

Oscar
1995

Ganador de 1 premio

Filmografía
Dune

2020 | Dune

La historia de Paul Atreides, un joven brillante que ha nacido con un destino más grande que él mismo. En esta epopeya, deberá viajar al planeta más peligroso del universo para asegurar el futuro de su familia y de su gente. Mientras las fuerzas del mal se enfrentan para hacerse con uno de los recursos más excepcionales del planeta, que tiene el poder de desbloquear todo el potencial de la humanidad, solo los que logren dominar sus miedos podrán sobrevivir.

Ha nacido una estrella

2018 | A Star is Born

Cuarta versión de la historia que vio la luz por primera vez de la mano de William A. Wellman en 1937, protagonizada por Janet Gaynor y Fredric March. Siempre con idéntico título, las otras versiones han estado a la altura de calidad de la historia originalmente creada por Wellman y Robert Carson, si bien con ciertas variantes y puestas al día, tanto en la versión protagonizada por Judy Garland en 1954 como en la de Barbra Streisand en 1976. Ahora Ha nacido una estrella presenta el primer trabajo serio en el cine de una de las cantantes más sobresalientes de la música pop del siglo XXI, Lady Gaga. La estrella de rock Jackson Maine entra una noche en un bar de Drag Queens para tomar unas copas. Allí queda maravillado por la actuación de Ally, una chica de espléndida voz que interpreta “La vie en Rose” con un enorme desparpajo en la puesta en escena. La convencerá para conversar a la salida y congeniarán. Jackson se da cuenta del potencial de Ally como compositora y cantante y logrará que la acompañe en uno de sus conciertos, donde Ally tomará la alternativa. Con los días irán viéndose más y más y el enamoramiento será inevitable. Las luces y las sombras de la fama. Un tema conocido y mostrado innumerables veces en pantalla, pero no por eso menos real. Lo ejemplos desgraciadamente son continuos. El equilibrio es difícil, el auge es efímero, la caída revolotea continuamente, el peso del éxito aplasta como una condena, el relevo espera, y mantener la propia voz interior, sin venderse, no es fácil. Son temas que se tocan en Ha nacido una estrella, además, claro, de otros como el amor, el talento, el alcoholismo, las drogas, la industria musical o la desesperación. Además de actuar (asombrosa y potente es su voz en directo), Bradley Cooper cumple su sueño de convertirse en director y lo hace bastante bien. El proyecto lo fue rumiando mientras rodaba El francotirador –casualmente fue Clint Eastwood uno de los cineastas que Warner barajó para dirigirlo, el otro era Steven Spielberg– y él mismo se encargó de coescribir el guión, sumándole una especial carga trágica y emocional. Hay que decir que logra dar al conjunto un empaque poderoso, con escenas sobresalientes, como la primera actuación de Ally en el escenario, entre otras. En general el ritmo es adecuado, los saltos de tiempo y la evolución de los personajes convencen. Por otra parte transmite el film un fatalismo que va ‘in crescendo’ y que debido al largo metraje puede agotar un poco. Algo no funciona bien en la vida de Jackson Maine, una negrura se va cerniendo inexorablemente sobre él e impregna toda la historia. La referencia a una infancia perdida, sin madre y con un padre borracho, son continuas. Como en la canción “The Shallow”, su mundo se desmorona. Es realista y verosímil en pantalla cómo causa estragos a su alrededor –en Ally, en su hermano–, aunque quizá se fuerza demasiado la situación en la Gala de los Grammy. Pero, al fin y al cabo, de eso habla el film: mientras una estrella nace, otra declina. En una película tan eminentemente musical el reparto es absolutamente clave y quizá el mayor acierto está en la elección de Lady Gaga como Ally. La cantante norteamericana de origen italiano –Stefani Germanotta, se llama– es probablemente la artista pop más famosa del momento, un título que sin duda se ha ganado a pulso. Bradley Cooper luchó para que fuera ella la protagonista, por encima de otras apuestas del estudio, principalmente Beyoncé. Y no se equivocó. Hay mucha química entre ambos y Lady Gaga hace un trabajo apabullante, se luce con su desbordante chorro de voz, a la vez que sabe ser tierna y cercana en momentos cotidianos, como en esos en que se ríe de su peculiar perfil morfológico. Por consejo de Lady Gaga, tanto ella como Bradley Cooper interpretan sus canciones en vivo (el actor tuvo que ensayar con la guitarra durante un año) y el resultado en el escenario es formidable, especialmente en temas como el mencionado “The Shallow”, “Black Eyes”, “I Don't Know What Love Is” o el emotivo “I’ll Never Love Again”.

6/10
Tan fuerte, tan cerca

2011 | Extremely Loud and Incredibly Close

Thomas, Linda y su hijo Oskar forman una familia muy unida, que vive en Nueva York. Oskar adora a su padre, y la unión entre ambos es completamente idílica, se compenetran a la perfección. Thomas es joyero y Oskar es un chaval muy, muy despierto, avispado como un adulto, o más si cabe. Sin embargo, un día en la vida de Oskar se convertirá para siempre en "el peor día": el 11 de septiembre de 2001. Y es que su padre estaba en una de las torres gemelas. Después de la tragedia Oskar está descolocado, no encuentra consuelo en su madre, y tan sólo su abuela, que vive al otro lado de la calle, parece tener algo de conexión con él. Mientras, el hallazgo de una misteriosa llave en el cuarto de su padre puede darle al chaval algo en que ocupar su tiempo: encontrar la cerradura correspondiente. Cada día Oskar recorrerá Nueva York con ese objetivo. Tras su brillante debut con Billy Elliot (Quiero bailar) el director británico Stephen Daldry abandonó el mundo infantil para centrarse en la vida de los adultos, con dramones tremebundos como Las horas o The Reader (El lector). Con Tan fuerte, tan cerca regresa al difícil universo de la niñez, aunque no abandona el terreno más dramático, donde mejor se mueve, y para ello adapta una novela de Jonathan Safran Foer, autor que hizo posible esa extraña joya titulada Todo está iluminado. Con la tragedia del 11-S como pesada atmósfera que lo envuelve todo, Daldry centra su discurso en la paternidad con el personaje modélico interpretada por Tom Hanks, un padre absolutamente perfecto a ojos de su hijo (y del espectador). En realidad, Daldry "usa" ese personaje para imprimir optimismo acerca de la libertad humana, al margen de amargos y supuestos predeterminismos. Las personas somos capaces de dar mucho amor, dice el film, aunque quizá no lo hayamos recibido cuando más lo necesitábamos... Daldry cala hondo además al describir la imposibilidad de nuestra limitada inteligencia para explicar sucesos que escapan a cualquier razonamiento. La metáfora de la llave se manifiesta así como un gran Macguffin que sobrevuela sobre la desesperada búsqueda del sentido de la vida, escenificada en las andanzas del pequeño Oskar. Con razón puede achacársele a Daldry que quiera conmover demasiado, que se regodee en la pesadumbre. El tema lo exige, claro, pero este enfoque sentimental deliberado "canta" excesivamente en tres escenas concretas donde la congoja se anuda en la garganta del espectador. Quizá eran necesarias o quizá no... cada cual tendrá su opinión. Las interpretaciones son buenas, verosímiles al cien por cien. El chaval debutante Thomas Horn borda su desconcierto absoluto, con esos tics verborreicos y su tozuda e insoslayable búsqueda. Y como ya hizo en Crash y The Blind Side (Un sueño posible) Sandra Bullock vuelve a demostrar que es una actriz maravillosa en el género dramático y desde luego ofrece un colofón maternal para enmarcar (quizá lo mejor del film). Menos justificada parece la nominación al Oscar del veterano y magnífico Max Von Sydow, cuyo papel, aunque muy sentido, también resulta algo plano.

6/10
El curioso caso de Benjamin Button

2008 | The Curious Case of Benjamin Button

Adaptación de un relato corto de Francis Scott Fitzgerald, es de esos casos en que la película está a la altura del original, si no lo supera ampliamente, aunque sólo sea por la ventaja de su mayor ambición artística, se aumenta el tamaño del lienzo donde se pinta la narración, por así decir. La historia central es la del Benjamin Button, un hombre que nace en la Luisiana cercana a los años de la Primera Guerra Mundial, con un aspecto que espanta a su padre hasta el punto de abandonarlo. En efecto, se diría que Benjamin ha nacido anciano. Y, justamente, es acogido en una residencia de ancianos. A medida que crece, criado por una mujer negra, sus graves enfermedades y los achaques propios de la vejez van desapareciendo. Pronto es evidente que el proceso de madurez de Benjamin corre en dirección contraria a la del resto de los mortales: con el paso de los años rejuvenece. Esta narración, inspirada en el original de Fitzgerald, la enmarcan los guionistas Eric Roth y Robin Swicord dentro de otra historia contemporánea, la de una anciana ingresada en un hospital, también de Luisiana, acompañada por su hija, en un momento en que se acerca el huracán Katrina. A instancias de su madre, la hija le lee unas memorias que recogen las andanzas de Benjamin Button, y a medida que transcurra el metraje sabremos de los lazos que unen a ambas historias. Obviamente, la trama es muy original, pero difícil de trasladar a la pantalla. Y lo increíble es que, tanto el guión de la película –donde los intereses de Roth parecen conectar con los de su libreto de Forrest Gump–, como la puesta en imágenes de David Fincher, logran el milagro de que aceptemos un planteamiento que exige suspender la incredulidad. Ayuda, claro está, el empaque de una producción de Frank Marshall y Kathleen Kennedy, que ya sorprendieron en 2007 apadrinando un título de la calidad de La escafandra y la mariposa. No sólo los efectos de maquillaje son soberbios, sino que el director a cargo del proyecto tiene una gran capacidad visual, da bien los saltos narrativos a los distintos escenarios, y hace un uso perfecto de ideas de guión como la del reloj que marcha hacia atrás, o la del tipo al que gusta contar las siete veces en que fue alcanzado por un rayo. La voz en off funciona y hay un completo acierto en el reparto, con un genial Brad Pitt bien respaldada por actrices como Cate Blanchett y Tilda Swinton. El discurrir de toda una vida se convierte en una maravillosa parábola sobre el sentido de la la existencia, una reflexión sobre el paso del tiempo y las cosas a las que merece la pena dedicarlo. Abundan las peripecias en la narración, se tiene la sensación de ser testigo de cómo se van conformando la experiencia de una vida plena, que necesariamente no es perfecta, pero que ha valido la pena. De algún modo Fincher alcanza la meta que no supo hollar Francis Ford Coppola en Jack y Juventud sin juventud, dos títulos que exploran estos mismos temas. De un modo singular lo logra en la historia romántica, primero con las experiencias iniciáticas que avergüenzan y sin futuro –la “primera vez” en un prostíbulo, el primer enamoramiento, de una mujer casada...–, para dar paso, sí, al encuentro con el amor verdadero, que si ya es complicado mantener en circunstancias normales, aquí resulta más frágil y elusivo, exige incluso una mayor responsabilidad. La idea de cambiar el paso ordinario en la evolución de una relación conyugal sirve para subrayar los pilares sobre los que se sustenta, ese amor que debe ser cultivado, esa prole que es un tesoro increíble, el espíritu de sacrificio, tantas pequeñas cosas que, si se descuidan, pueden conducir a equívocos y suspicacias. Una mirada más directa a la trascendencia habría redondeado una magnífica película, que en este terreno prefiere mantenerse en un segundo plano, aunque no se eluda el tema en la naturalidad con que los personajes rezan.

9/10
Lucky You

2007 | Lucky You

Curtis Hanson es de esos directores que no aparecen en las portadas de las revistas ni tienen la aureola de los grandes genios rondándole encima de la cabeza. Sin embargo, cuenta con un puñado de películas muy logradas, desde la cúspide de L.A. Confidential hasta las altas cotas alcanzadas con Jóvenes prodigiosos o En sus zapatos. Pero en este caso, el director de Nevada se desliza un poquito por la ladera para dirigir una comedia romántica algo convencional, ambientada en el mundo del juego en la ciudad de Las Vegas. Huck es un tipo que vive al día, pidiendo dinero prestado, haciendo apuestas de todo tipo y empeñando objetos propios o de los demás. La razón de ese desorden económico es que Huck se dedica profesionalmente a jugar al póquer. No lo hace nada mal; es más, es uno de los mejores jugadores del mundo, pero hasta el más experto pierde si juega sin ton ni son. Y si además te dejas llevar por impulsos y no por la razón, toda tu vida puede irse al garete. Eso es un poco lo que le pasa a Huck. Y entre los obstáculos que no es capaz de superar el más importante es la tensión que le genera su padre –dos veces campeón del mundo de póquer–, a quien Huck no perdona el distanciamiento de su madre hace años. Pero, en fin, todo puede cambiar, si aparece una chica con la carita traviesa de Drew Barrymore. El guión de Eric Roth tiene todo lo que se puede esperar del film –juego, amor, incomprensiones paternofiliales, suspense–, aunque quizá hubiera venido bien desarrollar algo más el conato de trama peligrosa con los prestamistas. El plato fuerte, al margen del predecible acaramelamiento de Huck con respecto a la dulce Billie, son los continuos “tête à tête” del protagonista con el veterano Robert Duvall, siempre en su sitio. Sin embargo, en general el film adolece de falta de tensión y ni siquiera las variadas secuencias de partidas de póquer generan la excitación requerida: es complicado cuando parece que a los propios jugadores les da igual perder diez dólares que cinco mil. Deben de ser gafes del oficio. Por lo demás, bueno, la película tiene su aquél por momentos y está elegantemente rodada.

5/10
El buen pastor

2006 | The Good Shepherd

Acercamiento a cómo nacieron y se consolidaron los servicios secretos estadounidenses, primero durante la Segunda Guerra Mundial, en forma de la OSS, y finalmente bajo el apelativo popular de “la Agencia”, o sea, la CIA. La narración pivota sobre Edward Wilson, un agente de aspecto gris y taciturno, pero muy bueno en su trabajo; y transcurre básicamente en dos tiempos: años 60, con la fracasada invasión de Cuba en Bahía de Cochinos; y prolegómenos de la guerra, cuando Wilson, miembro de una fraternidad y universitario idealista, recibe la propuesta de sumarse al incipiente servicio de inteligencia. Con una estructura de idas y venidas temporales compleja pero bien trabada, que se diría inspirada en El padrino II –¿habrá dado ideas el productor ejecutivo Francis Ford Coppola al guionista Eric Roth, y al director Robert De Niro, que intervino precisamente en ese film?–, se consigue transmitir una idea bastante cabal de las duplicidades que marcan la vida de los espías, cuyas consecuencias pagan, a un precio demasiado alto, sus familias, y por supuesto, ellos mismos. Gran parte del mérito de Roth y De Niro es que, a través de las andanzas de su protagonista, consiguen dar una visión del conjunto: en este caso se puede decir que las ramas no sólo no impiden ver el bosque, sino que ayudan a ello. Hay resonancias de gran tragedia en el destino fatal que aguarda a Wilson, con una vida marcada por el suicidio paterno, y cuyos sentimientos, siempre guardados para sí mismo, le han conducido a sacrificar lo que le dictaba el amor, y a hacer daño a sus seres queridos. En ese sentido el modelo ‘padrinesco’ de soledad en la inmoralidad ha sido perfectamente asimilado –Matt Damon parece tomar como referencia de su difícil y frío personaje al Michael Corleone de Al Pacino–, pero sin caer en mimetismos evidentes que le hagan perder fuelle. Incluso la escena de montaje paralelo en que la identidad de un ‘topo’ es puesta al descubierto, homenaje evidente a la saga de Coppola, está tratada con originalidad, pues se trata de planos, no sólo separados espacialmente, sino también temporalmente. Se nota que De Niro es actor, y además un gran actor. Curiosamente, muestra una virtud que bien podría haberse aplicado a sí mismo en los filmes de su última etapa actoral: controla a sus intérpretes para que entreguen unas actuaciones muy contenidas y realistas, sin lugar para el histrionismo. Y así, a un reparto maravilloso, perfectamente escogido, donde conviven los actores conocidos (Damon, Angelina Jolie, Alec Baldwin, el propio De Niro…) con los repescados (Joe Pesci, Timothy Hutton, William Hurt, Keir Dullea, John Turturro…), los que prometen y uno nunca acaba de saber cómo se llaman (Billy Crudup, Martina Gedeck...) y los ‘descubrimientos’ (Oleg Stefan, John Sessions...).

8/10
Munich

2005 | Munich

Quizá la película más arriesgada de Steven Spielberg, superior en audacia a La lista de Schindler. El cineasta utiliza como telón de fondo, fragmentado a lo largo de todo el metraje, los trágicos sucesos de las Olimpiadas de Munich de 1972, cuando un grupo terrorista palestino, Septiembre Negro, secuestró y asesinó a 11 atletas israelíes. Y coloca en primer término la respuesta de un grupo de cinco agentes, encargados por el estado de Israel de eliminar, extraoficialmente, a los autores intelectuales del atentado. Con tales elementos tenemos una película vibrante, de cámara nerviosa y estudiada frialdad, que no deja momentos de respiro. El espectador comparte el desasosiego de los personajes, su tensión es la nuestra. Y la violencia, terrible –nunca habíamos visto tanta brutalidad en un film de Spielberg–, recuerda que quitar la vida a un semejante pasa inmediata factura a ambas partes. Al arrancar el film, se nos advierte su ‘inspiración’ en los sucesos de 1972. La realidad compleja, y más si no acontece a la luz del día, es difícil de aprehender. Se queja George Jonas, autor del libro del que arranca el guión de Tony Kushner y Eric Roth, de distorsiones, como los remordimientos de Avner, líder del comando, que aplica a su modo la ley del talión. Resulta difícil juzgar sobre la precisión en hechos tan oscuros, pero Spielberg sale airoso de su meta principal: hablar de la repercusión mediática instantánea del terrorismo actual; y mostrar que la venganza justiciera, fría y fuera de la legalidad, no logra sus objetivos (la violencia no mengua, aumenta) y provoca un vacío interior en sus ejecutores que nada, tampoco la vida familiar, puede llenar. Se ha acusado injustamente al director de equiparar Septiembre Negro y Mossad: en realidad Spielberg no cuestiona el patriotismo y la sinceridad con que los protagonistas sirven a su país; ni la condición de respuesta de sus acciones: sacan el ojo y el diente al que antes hizo lo mismo. Aunque, siguiendo las citas bíblicas, sí señala que “quien a hierro mata, a hierro muere”. Hay sinceridad en el cineasta e ideas para el debate. La violencia deshumaniza, y en la discutida escena en que los agentes israelíes comparten apartamento con terroristas palestinos, plantea el riesgo de que la línea que los separa se desdibuje. Lo vemos en las discusiones del grupo israelí, estupendo reparto, o cuando un agente rechaza el detalle pudoroso de cubrir el cadáver desnudo de una asesina, algo que luego cargará su conciencia. Spielberg ha hecho una película poderosa, su dominio cinematográfico es innegable. Que su trabajo sea el definitivo sobre el terrorismo es otro cantar. No lo es, ni seguramente el director pretende tal cosa.

8/10
Alí

2001 | Ali

Nueva exploración del mito viviente de Mohammed Ali, antes conocido como Cassius Clay. Michael Mann (El último mohicano, Heat, El dilema) ofrece un retrato impresionista del boxeador, en el que quizá se echan en falta sus repliegues internos. El director prefiere usar trazos suaves en su cuadro del boxeador, que al final dejan una imagen que evita la pura hagiografía, al señalar también el difícil carácter del protagonista. La idea era que la película acompañara al protagonista en la búsqueda de su propia identidad. El film se inicia en el momento en que Ali alcanza el campeonato mundial de los pesos pesados, y llega hasta el inolvidable combate que le enfrentó con George Foreman en Zaire en 1974. En el apasionante recorrido que entrega Mann, no faltan sus relaciones amorosas, que nunca acababan de cuajar, y su compromiso ideológico y religioso, incluida su asociación con Los Panteras Negras y Malcolm X. El actor Mario Van Peebles, que da vida a este personaje, compara a Ali con Gary Cooper nada menos: “No quería ser político necesariamente, pero se encontró ahí fuera, de pie, diciendo, ‘Eh, tíos, dejad de pisotearme’.” Los pasos de Ali son servidos con música e imágenes de enorme fuerza. A veces se suscitan muchos ‘por qué’ que no reciben respuesta, y que invitan a profundizar por libre en la vida del boxeador. Mann considera que Ali personificó conceptos tan importantes como el orgullo racial, el conocimiento propio, el sacrificio y la capacidad de desafiar al mundo entero. Pero como ya hiciera en El dilema, prefiere mostrar los hechos externos sin juzgarlos ni buscar motivaciones. Decisiones como hacerse musulmán o negarse a luchar en Vietnam, o los diversos fracasos sentimentales, están ahí, y son prueba de la fuerza (o debilidad) de su voluntad; pero nos faltan elementos para comprender. Eso sí, los combates están muy bien rodados (un paso adelante en el subgénero del cine de boxeo), y Will Smith compone un fantástico Ali. Resulta muy justa su nominación al Oscar; la que recibió Jon Voight por su personaje del periodista deportivo Howard Cossell quizá corresponde más al apartado de maquillaje, pues se logra un sorprendente parecido físico con el personaje real.

6/10
El dilema

1999 | The Insider

Jeffrey Wigand es jefe del departamento de investigación y desarrollo de Brown & Williamson, una importante empresa tabaquera. Como resultado de sus estudios entrega un informe que demuestra que la nicotina produce adicción. A partir de ese momento el informe desaparece de la empresa, y cuando Jeffrey revela su contenido a Lowell Bergman, célebre periodista del programa televisivo 60 minutes, su vida se convierte en un infierno, donde no faltan las amenazas. El caso acaba enfrentando al estado de Mississippi con Brown & Williamson. Esta película lleva a la pantalla hechos reales que aparecieron narrados con talento en un apasionante artículo de Marie Brenner en Vanity Fair bajo el título 'El hombre que sabía demasiado'. El film muestra unos villanos distintos a aquéllos a que nos tiene acostumbrados el cine: las grandes multinacionales, que tienen detras a personajes poco conocidos por el gran público, pero que acumulan toneladas de poder, ejercido a veces de un modo, ¿cómo diríamos?... poco ortodoxo. Se ha procurado ser muy fiel a los hechos auténticos. El Fiscal del Estado de Mississippi Michael Moore  , que llevó el caso, creyó revivir los acontecimientos al ver el detalle con que se habían reproducido los escenarios. El propio Fiscal se permitió un cameo en el film, interpretándose a sí mismo. De todos modos se advierte que el personaje de la esposa de Jeffrey es algo esquemático, con lo que sus problemas familiares pierden peso dramático. No es la primera vez que Al Pacino trabaja con el meticuloso director Michael Mann. Ambos coincidieron en el emocionante thriller Heat, donde había un duelo interpretativo de primera magnitud entre Pacino (el policía) y Robert De Niro (el ladrón). Pacino comenta que Mann es de esos “directores en los que adivinas su trabajo antes de verlo, porque sabes que están haciendo, de verdad, una película.”

8/10
El hombre que susurraba a los caballos

1998 | The Horse Whisperer

Dos adolescentes sufren un accidente mientras montan a caballo. Una muere. Grace, la otra, pierde una pierna y queda muy traumatizada. Sus padres, que no se llevan muy bien, no saben qué hacer para que la chica recupere la alegría. Hasta que Annie, la madre, toma una drástica decisión: deja temporalmente su trabajo en una revista, y se lleva a su hija y al caballo (éste se encuentra en estado semisalvaje desde el accidente) a Montana. Allí vive Tom Booker, un célebre cuidador de caballos. Estupendo film, inspirado en la novela de Nicholas Evans (hay cambios importantes, sobre todo en el final), tiene algunos puntos en común con Los puentes de Madison. Robert Redford escoge un tema perfecto para subrayar los contrastes entre la paz de la naturaleza y el ajetreo de la gran ciudad. El personaje de Tom, que Robert Redford se reserva (es la primera vez que Redford dirige y actúa en un film), es un verdadero bombón, y le va como anillo al dedo. Film contemplativo, con una fotografía de los paisajes de Montana alucinante, y que gustará un montón a los amantes de los caballos, ofrece además una historia sólida. El film refleja las tensiones en una familia (como el amor entre marido y mujer ha perdido fuelle, las dudas entre un nuevo romance o la fidelidad, el acercamiento a una hija que está lejos, muy lejos) con intensidad; y atrapa de lleno al espectador.

6/10
Mensajero del futuro

1997 | The Postman

Tras una guerra nuclear, los Estados Unidos han desaparecido. Perviven pequeñas poblaciones que rinden pleitesía a un tiránico grupo paramilitar. La esperanza renace con 'El Cartero', un embaucador que quita uniforme y saca al cadáver de quien ejercía ese oficio. Las noticias de parientes y amigos, y la patraña de unos Reconstituidos Estados Unidos, une a la gente y despierta ilusiones perdidas. Así, 'El Cartero' se convierte en inesperado mesías. El film es coherente con otros interpretados por Kevin Costner (Robin Hood, príncipe de los ladrones, Rapa Nui, Waterworld), donde se dibujaban dos grupos (los dominadores, violentos sin escrúpulos, y el pueblo, gente sencilla de sentimientos puros) y sus conflictos; pero resulta irregular. Lejos de Bailando con lobos, equilibrada descripción de la trayectoria vital del teniente Dunbar, desde su desesperanza hasta el descubrimiento del ser humano, el segundo film como director de Costner se empantana en un metraje innecesariamente largo. Las dudas del personaje (huir o representar su papel) no tienen reflejo adecuado en la pantalla, y el romance interesa poco. Las hermosas imágenes en un marco que recuerda a El planeta de los simios y una bella partitura no levantan el film, que falla en su decepcionante desenlace. El tono épico es a veces artificioso, y apela en exceso a la fibra sensible del público. Sólo en contadas ocasiones hay sabia medida dramática.

4/10
Forrest Gump

1994 | Forrest Gump

Forrest Gump (Tom Hanks) es una persona con un coeficiente intelectual bajo. Es sincero, honesto y muy infantil. Vive bajo la excesiva protección de su madre, que fue abandonada por su padre. Ella quiere que Forrest sea normal, como el resto de los niños. Pero Forrest es especial. Debido a una desviación en su columna, tuvieron que ponerle un armazón. El tremendo esfuerzo con que le costaba andar, le fortaleció las piernas, y así se convierte en un corredor rapidísimo e infatigable. A su paso por el instituto, se convierte en la estrella del equipo de rugby. Luego irá a la guerra de Vietnam, hará grandes amigos y se convertirá en un héroe sin saberlo. Gracias a ello, volverá a ver al amor de su vida, una dulce y algo atolondrada chica que él conoció en su infancia, interpretada por Robin Wright Penn, y que ahora se ha convertido en una pacifista radical. Sin duda, la película más exitosa de 1994, ganadora de 6 Oscar. Una emotiva y originalísima visión de la historia de Estados Unidos desde mediados de siglo. Su acierto es ofrecer el punto de vista de un personaje tan ingenuo y bondadoso que es imposible no cogerle cariño. Un guión muy inteligente, que se combina con escenas espectaculares, siempre bajo el humor infantil de Forrest. Tom Hanks ganó con merecimiento el Oscar al mejor actor. También obtuvo el de mejor película y el de mejor director. Conmovedora y muy entretenida.

7/10
Mr. Jones

1993 | Mr. Jones

Mr. Jones (Richard Gere) es un maníaco depresivo que sufre un desorden bipolar afectivo. Su enfermedad hace que pase con facilidad de momentos de euforia –en los que se siente capaz de conquistar a todas las chicas guapas de la ciudad, o de dirigir la novena sinfonía de Beethoven– a otros de profundo abatimiento. Comenzará a tratarle la doctora Bowen: ambos acabarán enamorándose. Pese a sus altibajos y a una estructura endeble, Mr. Jones es un film que se deja ver. Tiene unos cuantos momentos vibrantes –bien fotografíados por el español Ruiz Enchía, y acompañados de un buen subrayado musical–, y retrata unos personajes atractivos. Mr. Jones necesita cuidado médico, pero también el cariño de los que le rodean; en el fondo es como un niño, algo que se subraya con uno de sus grandes anhelos, que suele vincularse al mundo infantil: el deseo de volar. El cariño humano lo logra en un ocasional compañero de la construcción –un obrero negro, padre de familia numerosa– y, a medida, que trancurre la narración, en la doctora. También se plantea el dilema ético de una relación médico‑paciente que empieza a ir más lejos de lo estrictamente profesional.

4/10
Sospechoso

1987 | Suspect

Un juez se suicida, su secretaria es asesinada. Un vagabundo sordomudo es sospechoso del crimen. Cher da vida a su abogada, que trata de descubrir la verdad en un círculo de corrupción y mentiras.

5/10
Aeropuerto 79: Concorde

1979 | The Concorde: Airport '79

Los guionistas de la saga Aeropuerto tuvieron que devanarse los sesos para darle una nueva vuelta de tuerca. Hasta que a uno se le ocurrió que la trama bien podía desarrollarse en el mítico (y ahora retirado) avión supersónico Concorde. Entre las ideas para amenizar la función figuran la amenaza de misiles nucleares, y el peligro de partirse en dos al sobrepasar los Alpes. Para el film estuvo disponible el séptimo aparato Concorde construido hasta entonces. Y se dio la circunstancia de que en algunos países como España, al estrenarse con un año de retraso, se tituló el film como Aeropuerto 80.

4/10
El hombre clave

1974 | The Nickel Ride

Cooper tiene una tienda de motocicletas pero también es un gángster que tiene atemorizado a su barrio. Robert Mulligan (Matar a un ruiseñor) se adentra en el turbio mundo de las mafias con esta densa historia protgonizada por actores prácticamente desconocidos.

5/10

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