IMG-LOGO

Biografía

Juan Cavestany

Juan Cavestany

Filmografía
Un efecto óptico

2020 | Un efecto óptico

Alfredo y Teresa son un matrimonio de Burgos que viaja a Nueva York con la intención de "desconectar" y hacer todos los planes que vienen en la guía. Pero nada más aterrizar empiezan a percibir señales, sutiles y no tanto, de que en realidad no están en la ciudad que les vendieron en la agencia. ¿Dónde están entonces?

Vota Juan

2019 | Vota Juan | Serie TV

Juan Carrasco, ministro de Cultura marginado por su propio gobierno, descubre que su guardaespaldas y chófer tiene información privilegiada: se ha enterado por sus compañeros que trabajan para el presidente del gobierno de que éste no se presentará a la reelección, por la enfermedad que sufre su esposa. Como el dato no ha salido a la luz pública, Carrasco pondrá en marcha un astuto plan, con ayuda de su jefa de gabinete, su jefa de prensa y su asesor personal, para ganar las primarias de su partido. Diego San José, que ha sabido quitarle hierro al independentismo y al terrorismo, como guionista de Ocho apellidos vascos y Fe de etarras, aborda en esta serie –que ha creado con Juan Cavestany, responsable de Dispongo de barcos– la cuestión política, tema bastante tabú hasta el momento para la ficción televisiva nacional, incluso para el cine, hasta la llegada de El reino, pues todo indica que los productores temían ofender a unos u otros. El producto resulta bastante meritorio, pues pone el dedo en la llaga de las miserias humanas, sin referencias que permitan asociar a los personajes a uno u otro partido; es más, se da a entender que para los individuos sin escrúpulos lo de menos es su filiación, ya que les trae al fresco cualquier ideología o deseo de ayudar mínimamente a los ciudadanos. Tiene un nivel muy superior al de las telecomedias nacionales, pues para empezar los capítulos duran media hora, no se eternizan obligando a meter subtramas totalmente innecesarias, como ocurría hasta ahora. No existe ningún miedo a entrar en terrenos dramáticos, y tiene una elegancia que retrotrae a las grandes producciones británicas, como Sí, señor ministro. Javier Cámara, de racha en la pequeña pantalla, pues encadena el rodaje de esta cinta con el de Narcos y The Young Pope, crea aquí un Juan Carrasco memorable, espejo de todo lo malo de los políticos, y está muy bien acompañado por María Pujalte, directora de comunicación y socia en la conspiración que a ratos parece una versión hispana de la Claire Underwood de House of Cards, o Joaquín Climent, el duro enlace del protagonista con La Moncloa, que da pie a las mejores escenas de la serie.

6/10
Vergüenza

2017 | Vergüenza | Serie TV

Las andanzas de un matrimonio de mediana edad, Jesús y Nuria, que se sumergen todo el tiempo en el más profundo de los ridículos, ante los que el espectador siente inevitablemente vergüenza ajena, al tiempo que tal vez se ve reflejado en algunos de sus modos de comportarse. Éste es el concepto que subyace en esta sitcom española creada por dos especialistas en comedia, Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero, que hasta la fecha no habían trabajado juntos. La suma de fuerzas funciona, bien respaldada por dos actores que saber dar el necesario patetismo a sus personajes de marido y mujer, Javier Gutiérrez y Malena Alterio. Jesús es fotógrafo de la BBC, o sea, Bodas, Bautizos y Comuniones, con ínfulas de ser un gran artistas cuyo talento se malgasta en sus tareas habituales; narcisista e insensible, no se conoce a sí mismo lo más mínimo, y tiene una habilidad especial para ofender a cualquiera que entra en su radio de acción. Mientras que Nuria trabaja como comercial en una empresa, desea tener un hijo por lo que mantiene a raya a su marido para esperar al momento adecuado, su jefe es insoportable, y típica buenazas ingenua suele decir lo que piensa, a veces metiendo la pata y con consecuencias en su contra. La serie sirve para entregar una especie de radiografía del españolito medio en su versión cutre, en clave de humor patético, con situaciones reconocibles, como la comida con los suegros y el empeño en tener siempre la razón y pretender querer quedar bien a cualquier precio. Por supuesto las generalizaciones a veces son injustas, y prevalece en ocasiones la grosería o una visión ramplona del ser humano, pero no viene mal aplicar una lente de aumento a ciertos defectos que con frecuencia se quieren ignorar y hasta considerar como normales.

6/10
Esa sensación

2016 | Esa sensación

Una mujer se relaciona apasionadamente con objetos de la ciudad y un hombre espía a su padre por las calles, mientras un virus lleva a la gente a decir y hacer cosas sin querer. Tres historias cruzadas sobre el amor, la fe y la voluntad.

Gente en sitios

2013 | Gente en sitios

Juan Cavestany, director de las comedias El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo y Gente de mala calidad, dio un giro surrealista a su carrera con Dispongo de barcos, de carácter experimental, y un tono críptico. El cineasta ha continuado en la misma línea en su trabajo posterior, El señor, concebida para su descarga en internet por un precio simbólico, y en Gente en sitios, que bien podría ser uno de los vértices de una peculiar trilogía. Gente en sitios parece desafiar lo que se entiende generalmente como pelicula. Encadena pequeños sketches, sin ningún nexo aparente de unión, con múltiples personajes. Una pareja acude a visitar un piso en venta, pero el empleado de la inmobiliaria les juega una mala pasada, un tipo le ha dicho a un desempleado que le ayudaría pero no sabe cómo, un marido que contempla aburrido la televisión recibe una reprimenda por parte de su esposa porque se le ha pasado por alto que ésta se ha cambiado de cara... En los diversos fragmentos de Gente en sitios predominan las risas, pero también hay espacio para el drama (una mujer se golpea brutalmente al caerse cuando intenta devolverle su bufanda a una desconocida) y el surrealismo más absoluto (un tipo enseña a caminar a un hombre parado en la calle). Algunos destilan cierta frescura, aunque otros resultan interminables a pesar de su brevedad, y ofrecen la sensación de que el director se ha limitado a encadenar material diverso, sin ningún sentido planificado de antemano. Aunque el espectador medio de las salas de cine que acuda a ver este film sin estructura aparente pensará con toda probabilidad que le han tomado el pelo, Gente en sitios no resulta del todo desdeñable, pues aunque sólo están esbozadas se pueden entresacar pequeñas reflexiones sobre la incomunicación ciudadana, y la falta de miras y el desconcierto del hombre actual. A Juan Cavestany se le debe reconocer una enorme valentía a la hora de arriesgarse, y su capacidad para sacar adelante Gente en sitios con un presupuesto nimio, y aún así haber podido convocar a destacados actores del cine español más interesados por el proyecto en sí que por cobrar sus cachés habituales. Muchos de ellos sostienen por sí mismos con talento momentos aislados del metraje, como Eduard Fernández (un excelente padre al que convencen para rodar un vídeo televisivo cuando acude a buscar a su hijo a su centro escolar). También cumplen Raúl Arévalo, Carlos Areces, Luis Bermejo, Antonio de la Torre, José Ángel Egido, Tristán Ulloa, Maribel Verdú, y hasta Ernesto Sevilla, Santiago Segura y Adriana Ugarte, que incluso saben a poco.

4/10
Dispongo de barcos

2011 | Dispongo de barcos

Tercer largometraje de Juan Cavestany, director de El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo y Gente de mala calidad. Esta nueva cinta no se parece en nada a las anteriores porque tiene un cariz más experimental. Ha sido rodada con una cámara doméstica, en días sueltos, a lo largo de más de un año. Parte de un argumento críptico. Sigue los pasos de cuatro estrafalarios individuos, que parecen conocerse. Uno de ellos pide que le cedan la catedral de la Almudena para apartar los bancos y organizar una fiesta para su hermano. Otro se dedica a poner un vaso en la pared de su apartamento para escuchar misteriosas conversaciones de los vecinos. El tercero trata de que le sellen algún papel, y el último mantiene relaciones sexuales con una muñeca hinchable. Ambos acaban reuniéndose para organizar una especie de golpe en una nave industrial. Se deduce en momentos aislados del metraje que el film quiere ofrecer algún tipo de mensaje sobre la situación de los parados, y de los marginados sociales, que pierden la noción de realidad. Pero se nota que Cavestany tiene en mente el cine de David Lynch –sus secuencias son surrealistas en la línea de las suyas, y a veces derivan en el humor o son inquietantes–, pero por desgracia carece del inmenso talento del realizador de Terciopelo azul. Si no cae en el ridículo es porque cuenta con buenos actores, como Antonio de la Torre y Roberto Álamo. Pero a pesar de algún hallazgo puntual y de que intriga ligeramente al principio, carece por completo de rumbo, y finalmente es decepcionante y reiterativa.

3/10
Gente de mala calidad

2008 | Gente de mala calidad

Manuel (Alberto San Juan), un tipo que abandonó su pasado y se dedicó a trabajar de gigoló, decide volver a contactar con sus amigos. Entre ellos se encuentran Fernando (Javier Gutiérrez), un ser patético que no tiene un duro y se hace pasar por militar, la inestable ex novia Osiris (Maribel Verdú), que está liada con José Luis (Francesc Garrido), que ha perdido todo su dinero en una inversión, el peluquero deprimido Andrés (Fernando Tejero) y su esposa Mónica Carmen Ruiz), Lola (Pilar Castro) y su esposo adúltero David Antonio Molero), que van a adoptar a un niño africano, etc. El film es un retrato coral y zafio de la relación –llamarla amistad sería sencillamente absurdo– entre este grupo de patéticos personajes, a cual más penoso y deplorable. Cada uno de ellos es un compendio de los peores vicios y facetas que puede tener un ser humano con respecto a os demás: egoísmo, falsedad, hipocresía, adulterio, etc. Todos ellos se mueven solamente por los más puros y básicos (o bajos) sentimientos y en ningún momento hay el más mínimo afecto sincero por el otro. Juan Cavestany (El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo) entrega por tanto una película necesariamente deprimente y también muy monótona y aburrida (la comedia es casi inexistente), a la que además parece faltarle una intención clara, como no sea la simpleza de mostrar un grupo de vidas sin sentido. Así las cosas, no hay mucha originalidad en el conjunto, y es una pena que se desaproveche un grupo de espléndidos actores. El chiste es demasiado fácil, pero también irresistible: la película tiene la misma calidad que la gente del título.

2/10
Salir pitando

2007 | Salir pitando

El cineasta Álvaro Fernández Armero lleva años especializado en el terreno de la comedia, con títulos como Todo es mentira, Brujas y Nada en la nevera. Ocasionalmente, ha dirigido un documental (Ángel Nieto: 12+1) y una cinta de terror (El arte de morir). Ahora, vuelve a su género habitual en este título, que pone de manifiesto que su cine ha ido ganando en calidad e incluso poco a poco se vuelve menos maniqueo. El guión, coescrito por el propio Fernández Armero y por Juan Cavestany (El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo), parte de un divertido punto de partida. Luis Ratón Pérez, que por razones obvias suele omitir su primer apellido, es un árbitro de primera división que cometió un error de apreciación importante en un partido decisivo, por lo que la prensa le odia a muerte, y la gente que le reconoce por la calle suele insultarle. El acontecimiento coincidió con el desmembramiento de su matrimonio, lo que derivó en que su mujer se separara, y acabara en brazos de otro hombre, que no es otro que Rafa, el mejor amigo de Luis y su habitual juez de línea. Aunque lleva un tiempo alejado de los terrenos de juego, Luis es designado juez de un partido que decidirá el título de liga, por lo que debe viajar a Huelva, acompañado de Luis, que decide aprovechar la ocasión para confesarle algo que éste no se espera ni por asomo: que mantiene un idilio con su ex. A pesar de su asumida ligereza, Fernández Armero ha filmado su mejor película, que se sigue hasta el final con una sonrisa, y tiene momentos divertidos, por lo que al menos al espectador no le entran ganas, como en otras producciones españolas, de ‘salir pitando’. Retrato costumbrista de la sociedad española, apasionada por el fútbol hasta el extremo, Fernández Armero acierta al centrarse en los desencuentros entre los dos protagonistas, amiguetes de toda la vida. Aunque otro director le habría sacado más jugo, de las peripecias de los protagonistas se desprende una metáfora sobre la firmeza necesaria para tomar decisiones importantes, y afrontar las consecuencias, tanto en el terreno de juego, como en la vida. Su principal defecto es que a Guillermo Toledo, en ocasiones eficaz secundario, le viene grande interpretar un papel protagonista. Con un actor más dotado para la comedia, los resultados habrían sido más redondos. Por otro lado, cabe destacar la pequeña pero divertida intervención del comentarista deportivo Manolo Lama, interpretándose a sí mismo.

4/10
El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo

2004 | El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo

En los 80, Pocholo y Borjamari son los reyezuelos de la discoteca Aguacates, donde bromean con las chicas, y hacen el gamberro con su primo Pelayo. Veinte años después, siguen yendo al mismo local, aún no han terminado sus estudios de derecho, y todavía viven en casa de sus padres. Para vengarse de ellos, Pelayo les convence de que va a tener lugar un concierto de Mecano, su grupo favorito, en un lugar apartado. Santiago Segura produce y protagoniza esta comedia cortada a su medida, en la que parodia a los niños pijos más exagerados, tras haber hecho lo propio con los “heavis” más macarras, en Isi & Disi. Supone el debut como directores del productor Enrique López Lavigne y el guionista Juan Cavestany, quienes a pesar del tono alocado, los personajes estereotipados y el exceso de risas facilonas, aprovechan para criticar el síndrome de Peter Pan que afecta a tantos jóvenes actuales, reacios a madurar.

2/10
Guerreros

2002 | Guerreros

Daniel Calparsoro cambia los tercios a que nos tiene acostumbrados (Salto al vacío, Asfalto) y nos introduce en las vicisitudes de un grupo de soldados españoles, que hacen no se sabe bien qué en Bosnia. Con ayuda del periodista Juan Cavestany en el guión, Calparsoro se centra en los omnipresentes agobios de los protagonistas, sin ofrecer un solo momento de relajo para humanizarlos.

4/10
Los lobos de Washington

1999 | Los lobos de Washington

Un viejo garaje. Unos pobres diablos malviven con un bareto de medio pelo y con un negocio de furgonetas de mundazas. Juntos planean el robo de un dinero de un viejo conocido, que se ha enriquecido de forma harto dudosa. El caso es que algo sale mal. El dinero se pierde, y empieza a no estar nada claro quién lo tiene en su poder. En los alrededores se encuentra el Circo de Los Lobos de Washington, a modo de metáfora de las ilusiones y desengaños que la vida conlleva. Mariano Barroso, que firmó ese estupendo film llamado Éxtasis, dirige este thriller de tintes dramáticos y final inesperado. Cuenta con un reparto mayoritariamente masculino, en el que destacan dos presencias casi imprescindibles ya en el cine español: Javier Bardem y Ernesto Alterio.

4/10
Un efecto óptico

2020 | Un efecto óptico

Alfredo y Teresa son un matrimonio de Burgos que viaja a Nueva York con la intención de "desconectar" y hacer todos los planes que vienen en la guía. Pero nada más aterrizar empiezan a percibir señales, sutiles y no tanto, de que en realidad no están en la ciudad que les vendieron en la agencia. ¿Dónde están entonces?

Vergüenza

2017 | Vergüenza | Serie TV

Las andanzas de un matrimonio de mediana edad, Jesús y Nuria, que se sumergen todo el tiempo en el más profundo de los ridículos, ante los que el espectador siente inevitablemente vergüenza ajena, al tiempo que tal vez se ve reflejado en algunos de sus modos de comportarse. Éste es el concepto que subyace en esta sitcom española creada por dos especialistas en comedia, Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero, que hasta la fecha no habían trabajado juntos. La suma de fuerzas funciona, bien respaldada por dos actores que saber dar el necesario patetismo a sus personajes de marido y mujer, Javier Gutiérrez y Malena Alterio. Jesús es fotógrafo de la BBC, o sea, Bodas, Bautizos y Comuniones, con ínfulas de ser un gran artistas cuyo talento se malgasta en sus tareas habituales; narcisista e insensible, no se conoce a sí mismo lo más mínimo, y tiene una habilidad especial para ofender a cualquiera que entra en su radio de acción. Mientras que Nuria trabaja como comercial en una empresa, desea tener un hijo por lo que mantiene a raya a su marido para esperar al momento adecuado, su jefe es insoportable, y típica buenazas ingenua suele decir lo que piensa, a veces metiendo la pata y con consecuencias en su contra. La serie sirve para entregar una especie de radiografía del españolito medio en su versión cutre, en clave de humor patético, con situaciones reconocibles, como la comida con los suegros y el empeño en tener siempre la razón y pretender querer quedar bien a cualquier precio. Por supuesto las generalizaciones a veces son injustas, y prevalece en ocasiones la grosería o una visión ramplona del ser humano, pero no viene mal aplicar una lente de aumento a ciertos defectos que con frecuencia se quieren ignorar y hasta considerar como normales.

6/10
Esa sensación

2016 | Esa sensación

Una mujer se relaciona apasionadamente con objetos de la ciudad y un hombre espía a su padre por las calles, mientras un virus lleva a la gente a decir y hacer cosas sin querer. Tres historias cruzadas sobre el amor, la fe y la voluntad.

Gente en sitios

2013 | Gente en sitios

Juan Cavestany, director de las comedias El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo y Gente de mala calidad, dio un giro surrealista a su carrera con Dispongo de barcos, de carácter experimental, y un tono críptico. El cineasta ha continuado en la misma línea en su trabajo posterior, El señor, concebida para su descarga en internet por un precio simbólico, y en Gente en sitios, que bien podría ser uno de los vértices de una peculiar trilogía. Gente en sitios parece desafiar lo que se entiende generalmente como pelicula. Encadena pequeños sketches, sin ningún nexo aparente de unión, con múltiples personajes. Una pareja acude a visitar un piso en venta, pero el empleado de la inmobiliaria les juega una mala pasada, un tipo le ha dicho a un desempleado que le ayudaría pero no sabe cómo, un marido que contempla aburrido la televisión recibe una reprimenda por parte de su esposa porque se le ha pasado por alto que ésta se ha cambiado de cara... En los diversos fragmentos de Gente en sitios predominan las risas, pero también hay espacio para el drama (una mujer se golpea brutalmente al caerse cuando intenta devolverle su bufanda a una desconocida) y el surrealismo más absoluto (un tipo enseña a caminar a un hombre parado en la calle). Algunos destilan cierta frescura, aunque otros resultan interminables a pesar de su brevedad, y ofrecen la sensación de que el director se ha limitado a encadenar material diverso, sin ningún sentido planificado de antemano. Aunque el espectador medio de las salas de cine que acuda a ver este film sin estructura aparente pensará con toda probabilidad que le han tomado el pelo, Gente en sitios no resulta del todo desdeñable, pues aunque sólo están esbozadas se pueden entresacar pequeñas reflexiones sobre la incomunicación ciudadana, y la falta de miras y el desconcierto del hombre actual. A Juan Cavestany se le debe reconocer una enorme valentía a la hora de arriesgarse, y su capacidad para sacar adelante Gente en sitios con un presupuesto nimio, y aún así haber podido convocar a destacados actores del cine español más interesados por el proyecto en sí que por cobrar sus cachés habituales. Muchos de ellos sostienen por sí mismos con talento momentos aislados del metraje, como Eduard Fernández (un excelente padre al que convencen para rodar un vídeo televisivo cuando acude a buscar a su hijo a su centro escolar). También cumplen Raúl Arévalo, Carlos Areces, Luis Bermejo, Antonio de la Torre, José Ángel Egido, Tristán Ulloa, Maribel Verdú, y hasta Ernesto Sevilla, Santiago Segura y Adriana Ugarte, que incluso saben a poco.

4/10
Dispongo de barcos

2011 | Dispongo de barcos

Tercer largometraje de Juan Cavestany, director de El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo y Gente de mala calidad. Esta nueva cinta no se parece en nada a las anteriores porque tiene un cariz más experimental. Ha sido rodada con una cámara doméstica, en días sueltos, a lo largo de más de un año. Parte de un argumento críptico. Sigue los pasos de cuatro estrafalarios individuos, que parecen conocerse. Uno de ellos pide que le cedan la catedral de la Almudena para apartar los bancos y organizar una fiesta para su hermano. Otro se dedica a poner un vaso en la pared de su apartamento para escuchar misteriosas conversaciones de los vecinos. El tercero trata de que le sellen algún papel, y el último mantiene relaciones sexuales con una muñeca hinchable. Ambos acaban reuniéndose para organizar una especie de golpe en una nave industrial. Se deduce en momentos aislados del metraje que el film quiere ofrecer algún tipo de mensaje sobre la situación de los parados, y de los marginados sociales, que pierden la noción de realidad. Pero se nota que Cavestany tiene en mente el cine de David Lynch –sus secuencias son surrealistas en la línea de las suyas, y a veces derivan en el humor o son inquietantes–, pero por desgracia carece del inmenso talento del realizador de Terciopelo azul. Si no cae en el ridículo es porque cuenta con buenos actores, como Antonio de la Torre y Roberto Álamo. Pero a pesar de algún hallazgo puntual y de que intriga ligeramente al principio, carece por completo de rumbo, y finalmente es decepcionante y reiterativa.

3/10
Gente de mala calidad

2008 | Gente de mala calidad

Manuel (Alberto San Juan), un tipo que abandonó su pasado y se dedicó a trabajar de gigoló, decide volver a contactar con sus amigos. Entre ellos se encuentran Fernando (Javier Gutiérrez), un ser patético que no tiene un duro y se hace pasar por militar, la inestable ex novia Osiris (Maribel Verdú), que está liada con José Luis (Francesc Garrido), que ha perdido todo su dinero en una inversión, el peluquero deprimido Andrés (Fernando Tejero) y su esposa Mónica Carmen Ruiz), Lola (Pilar Castro) y su esposo adúltero David Antonio Molero), que van a adoptar a un niño africano, etc. El film es un retrato coral y zafio de la relación –llamarla amistad sería sencillamente absurdo– entre este grupo de patéticos personajes, a cual más penoso y deplorable. Cada uno de ellos es un compendio de los peores vicios y facetas que puede tener un ser humano con respecto a os demás: egoísmo, falsedad, hipocresía, adulterio, etc. Todos ellos se mueven solamente por los más puros y básicos (o bajos) sentimientos y en ningún momento hay el más mínimo afecto sincero por el otro. Juan Cavestany (El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo) entrega por tanto una película necesariamente deprimente y también muy monótona y aburrida (la comedia es casi inexistente), a la que además parece faltarle una intención clara, como no sea la simpleza de mostrar un grupo de vidas sin sentido. Así las cosas, no hay mucha originalidad en el conjunto, y es una pena que se desaproveche un grupo de espléndidos actores. El chiste es demasiado fácil, pero también irresistible: la película tiene la misma calidad que la gente del título.

2/10
El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo

2004 | El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo

En los 80, Pocholo y Borjamari son los reyezuelos de la discoteca Aguacates, donde bromean con las chicas, y hacen el gamberro con su primo Pelayo. Veinte años después, siguen yendo al mismo local, aún no han terminado sus estudios de derecho, y todavía viven en casa de sus padres. Para vengarse de ellos, Pelayo les convence de que va a tener lugar un concierto de Mecano, su grupo favorito, en un lugar apartado. Santiago Segura produce y protagoniza esta comedia cortada a su medida, en la que parodia a los niños pijos más exagerados, tras haber hecho lo propio con los “heavis” más macarras, en Isi & Disi. Supone el debut como directores del productor Enrique López Lavigne y el guionista Juan Cavestany, quienes a pesar del tono alocado, los personajes estereotipados y el exceso de risas facilonas, aprovechan para criticar el síndrome de Peter Pan que afecta a tantos jóvenes actuales, reacios a madurar.

2/10
Vota Juan

2019 | Vota Juan | Serie TV

Juan Carrasco, ministro de Cultura marginado por su propio gobierno, descubre que su guardaespaldas y chófer tiene información privilegiada: se ha enterado por sus compañeros que trabajan para el presidente del gobierno de que éste no se presentará a la reelección, por la enfermedad que sufre su esposa. Como el dato no ha salido a la luz pública, Carrasco pondrá en marcha un astuto plan, con ayuda de su jefa de gabinete, su jefa de prensa y su asesor personal, para ganar las primarias de su partido. Diego San José, que ha sabido quitarle hierro al independentismo y al terrorismo, como guionista de Ocho apellidos vascos y Fe de etarras, aborda en esta serie –que ha creado con Juan Cavestany, responsable de Dispongo de barcos– la cuestión política, tema bastante tabú hasta el momento para la ficción televisiva nacional, incluso para el cine, hasta la llegada de El reino, pues todo indica que los productores temían ofender a unos u otros. El producto resulta bastante meritorio, pues pone el dedo en la llaga de las miserias humanas, sin referencias que permitan asociar a los personajes a uno u otro partido; es más, se da a entender que para los individuos sin escrúpulos lo de menos es su filiación, ya que les trae al fresco cualquier ideología o deseo de ayudar mínimamente a los ciudadanos. Tiene un nivel muy superior al de las telecomedias nacionales, pues para empezar los capítulos duran media hora, no se eternizan obligando a meter subtramas totalmente innecesarias, como ocurría hasta ahora. No existe ningún miedo a entrar en terrenos dramáticos, y tiene una elegancia que retrotrae a las grandes producciones británicas, como Sí, señor ministro. Javier Cámara, de racha en la pequeña pantalla, pues encadena el rodaje de esta cinta con el de Narcos y The Young Pope, crea aquí un Juan Carrasco memorable, espejo de todo lo malo de los políticos, y está muy bien acompañado por María Pujalte, directora de comunicación y socia en la conspiración que a ratos parece una versión hispana de la Claire Underwood de House of Cards, o Joaquín Climent, el duro enlace del protagonista con La Moncloa, que da pie a las mejores escenas de la serie.

6/10
Vergüenza

2017 | Vergüenza | Serie TV

Las andanzas de un matrimonio de mediana edad, Jesús y Nuria, que se sumergen todo el tiempo en el más profundo de los ridículos, ante los que el espectador siente inevitablemente vergüenza ajena, al tiempo que tal vez se ve reflejado en algunos de sus modos de comportarse. Éste es el concepto que subyace en esta sitcom española creada por dos especialistas en comedia, Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero, que hasta la fecha no habían trabajado juntos. La suma de fuerzas funciona, bien respaldada por dos actores que saber dar el necesario patetismo a sus personajes de marido y mujer, Javier Gutiérrez y Malena Alterio. Jesús es fotógrafo de la BBC, o sea, Bodas, Bautizos y Comuniones, con ínfulas de ser un gran artistas cuyo talento se malgasta en sus tareas habituales; narcisista e insensible, no se conoce a sí mismo lo más mínimo, y tiene una habilidad especial para ofender a cualquiera que entra en su radio de acción. Mientras que Nuria trabaja como comercial en una empresa, desea tener un hijo por lo que mantiene a raya a su marido para esperar al momento adecuado, su jefe es insoportable, y típica buenazas ingenua suele decir lo que piensa, a veces metiendo la pata y con consecuencias en su contra. La serie sirve para entregar una especie de radiografía del españolito medio en su versión cutre, en clave de humor patético, con situaciones reconocibles, como la comida con los suegros y el empeño en tener siempre la razón y pretender querer quedar bien a cualquier precio. Por supuesto las generalizaciones a veces son injustas, y prevalece en ocasiones la grosería o una visión ramplona del ser humano, pero no viene mal aplicar una lente de aumento a ciertos defectos que con frecuencia se quieren ignorar y hasta considerar como normales.

6/10
Gente en sitios

2013 | Gente en sitios

Juan Cavestany, director de las comedias El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo y Gente de mala calidad, dio un giro surrealista a su carrera con Dispongo de barcos, de carácter experimental, y un tono críptico. El cineasta ha continuado en la misma línea en su trabajo posterior, El señor, concebida para su descarga en internet por un precio simbólico, y en Gente en sitios, que bien podría ser uno de los vértices de una peculiar trilogía. Gente en sitios parece desafiar lo que se entiende generalmente como pelicula. Encadena pequeños sketches, sin ningún nexo aparente de unión, con múltiples personajes. Una pareja acude a visitar un piso en venta, pero el empleado de la inmobiliaria les juega una mala pasada, un tipo le ha dicho a un desempleado que le ayudaría pero no sabe cómo, un marido que contempla aburrido la televisión recibe una reprimenda por parte de su esposa porque se le ha pasado por alto que ésta se ha cambiado de cara... En los diversos fragmentos de Gente en sitios predominan las risas, pero también hay espacio para el drama (una mujer se golpea brutalmente al caerse cuando intenta devolverle su bufanda a una desconocida) y el surrealismo más absoluto (un tipo enseña a caminar a un hombre parado en la calle). Algunos destilan cierta frescura, aunque otros resultan interminables a pesar de su brevedad, y ofrecen la sensación de que el director se ha limitado a encadenar material diverso, sin ningún sentido planificado de antemano. Aunque el espectador medio de las salas de cine que acuda a ver este film sin estructura aparente pensará con toda probabilidad que le han tomado el pelo, Gente en sitios no resulta del todo desdeñable, pues aunque sólo están esbozadas se pueden entresacar pequeñas reflexiones sobre la incomunicación ciudadana, y la falta de miras y el desconcierto del hombre actual. A Juan Cavestany se le debe reconocer una enorme valentía a la hora de arriesgarse, y su capacidad para sacar adelante Gente en sitios con un presupuesto nimio, y aún así haber podido convocar a destacados actores del cine español más interesados por el proyecto en sí que por cobrar sus cachés habituales. Muchos de ellos sostienen por sí mismos con talento momentos aislados del metraje, como Eduard Fernández (un excelente padre al que convencen para rodar un vídeo televisivo cuando acude a buscar a su hijo a su centro escolar). También cumplen Raúl Arévalo, Carlos Areces, Luis Bermejo, Antonio de la Torre, José Ángel Egido, Tristán Ulloa, Maribel Verdú, y hasta Ernesto Sevilla, Santiago Segura y Adriana Ugarte, que incluso saben a poco.

4/10
Dispongo de barcos

2011 | Dispongo de barcos

Tercer largometraje de Juan Cavestany, director de El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo y Gente de mala calidad. Esta nueva cinta no se parece en nada a las anteriores porque tiene un cariz más experimental. Ha sido rodada con una cámara doméstica, en días sueltos, a lo largo de más de un año. Parte de un argumento críptico. Sigue los pasos de cuatro estrafalarios individuos, que parecen conocerse. Uno de ellos pide que le cedan la catedral de la Almudena para apartar los bancos y organizar una fiesta para su hermano. Otro se dedica a poner un vaso en la pared de su apartamento para escuchar misteriosas conversaciones de los vecinos. El tercero trata de que le sellen algún papel, y el último mantiene relaciones sexuales con una muñeca hinchable. Ambos acaban reuniéndose para organizar una especie de golpe en una nave industrial. Se deduce en momentos aislados del metraje que el film quiere ofrecer algún tipo de mensaje sobre la situación de los parados, y de los marginados sociales, que pierden la noción de realidad. Pero se nota que Cavestany tiene en mente el cine de David Lynch –sus secuencias son surrealistas en la línea de las suyas, y a veces derivan en el humor o son inquietantes–, pero por desgracia carece del inmenso talento del realizador de Terciopelo azul. Si no cae en el ridículo es porque cuenta con buenos actores, como Antonio de la Torre y Roberto Álamo. Pero a pesar de algún hallazgo puntual y de que intriga ligeramente al principio, carece por completo de rumbo, y finalmente es decepcionante y reiterativa.

3/10

Últimos tráilers y vídeos