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Biografía

Yolande Moreau

Yolande Moreau

67 años

Yolande Moreau

Nació el 27 de Febrero de 1953 en Bruselas, Bélgica
Filmografía
Manual de la buena esposa

2020 | La bonne épouse

La casa de verano

2018 | Les estivants

Mientras busca financiación para rodar su siguiente película, sobre el fallecimiento de su propio hermano, la realizadora Anna recibe una devastadora noticia. Su marido, Luca, con el que tiene una hija en común, ha decidido abandonarla, porque se ha enamorado de una mujer más joven. Tratará de superar la separación durante las vacaciones, en la lujosa residencia veraniega de su familia. Se conoce más a Valeria Bruni Tedeschi como actriz de títulos como Locas de alegría, y a nivel popular como hermana de la archifamosa Carla Bruni, lo que la convierte en cuñada del ex presidente Nicolas Sarkozy. Pero tiene en su haber varios largometrajes como directora, de hecho éste hace el sexto. De nuevo vuelve a inspirarse en su propia vida, pues como en Es más fácil para un camello… y Un castillo en Italia parece interpretarse a sí misma, y aunque no se sabe dónde acaba la realidad y empieza la ficción, todo tiene visos de haber ocurrido de verdad. De nuevo retrata en clave de comedia dramática a su familia de clase alta, poniendo hincapié en la dificultad para aceptar el divorcio, todo indica que recogiendo elementos de su relación con Louis Garrel. Pero también habla con sorna de la frivolidad con la que algunos ricos tratan a sus empleados, la poca importancia que se le puede dar a asuntos tan serios como la infidelidad, y el hastío que produce una vida desocupada. También se trata la utilización del cine por parte de los creadores para exorcizar los demonios personales. A los personajes centrales se les critica con ironía pero sin hacer sangre, incluyéndose ella misma como una de las dianas contra las que arroja dardos. Llega a tomarse a broma su propio cine, con el impagable momento de la reunión con la comisión del CNC (Centre national du cinéma et de l'image animée), organismo que concede las subvenciones al Séptimo Arte en el país galo, que señalan sin piedad que no se sabe muy bien de qué trata el film que les ha presentado, y que no se diferencia mucho de sus filmes anteriores (como realmente ocurre). El metraje se excede demasiado, y algunas tramas resultan un tanto simplonas. Pero acierta con algunas secuencias que rebosan espontaneidad, como la canción que Bruni Tedeschi entona junto a su compatriota Valeria Golino. La cineasta cuenta con un reparto que mezcla actores gesticulantes italianos (Golino, Riccardo Scamarcio y ella misma), con ilustres representantes de la Comédie-Française (Noémie Lvovsky, Bruno Raffaelli, Pierre Arditi, Yolande Moreau), y su auténtica hija, la espontánea Oumy Bruni Garrel. La propia Bruni tiende a sobreactuar, de acuerdo con el tono algo disparatado de la cinta.

5/10
El jardín de Jeannette

2016 | Une vie

Adaptación de una novela de Guy de Maupassant, a cargo de un director valioso, Stéphane Brizé, responsable de títulos como La ley del mercado y Mademoiselle Chambon. Narra de un modo naturalista el discurrir de la vida en el siglo XIX en Normandía de una mujer, Jeanne Le Perthuis des Vauds, hija de un barón, desde que es una jovencita cuyos padres conciertan su matrimonio con el vizconde Julien de Lamare. Con toques impresionistas en el relato, breves flash-backs que evocan momentos de felicidad, somos testigos de las tribulaciones que le toca atravesar viviendo en su "château": un marido que la engaña, un consejero espiritual que no la entiende, secretos de familia que le rompen el corazón, las muertes de los seres queridos, la trayectora errática de un hijo... Película vigorosa y convincente, se arriesga en la utilización de un formato cinematográfico casi cuadrado, 4:3, con planos donde con frecuencia los rostros de los personajes llenan el cuadro, y uso del sonido muy inteligente, el viento y la lluvia, la música de piano en momentos sabiamente escogidos... Es fiel al espíritu del autor en que se basa, o sea, están presentes las ironías que con frecuencia tejen la existencia, y una visión algo desesperanzada del sufrimiento, aunque pueda asomar algún rayo capaz de iluminar la vida, esa persona que vuelve a ayudarte inesperadamente, o la visión de un recién nacido inocente. Todos los actores entregan interpretaciones muy medidas, con la contención que exige la opción del naturalismo, aunque destaca Judith Chemla como la protagonista.

7/10
El nuevo Nuevo Testamento

2015 | Le tout nouveau testament

El belga Jaco Van Dormael no ha seguido una carrera fílmica muy regular, sólo hay cuatro largometrajes en su carrera, entregados en 1991 –Totó, el héroe, Cámara de Oro en Cannes–, 1996 –El octavo día–, 2009 –Las vidas posibles de Mr. Nobody– y 2015 –el que nos ocupa, El nuevo Nuevo Testamento–. Todos tienen ciertos elementos comunes, un formato de fábula de gran fuerza visual en que se mira a la infancia, y cierto realismo mágico atravesado de lirismo. Su última creación presenta la novedad de abordar el tema de Dios. Pero que nadie espere un pequeño tratado teológico, o una reflexión mínimamente seria sobre el sentido de la vida, el amor, el sufrimiento, la muerte y el papel que el Ser Supremo juega en todo esto. Más o menos su film es, por así decir, una queja sobre el actual estado de las cosas, sea quien sea el responsable. Y para ello inventa un cuentecillo bastante tontorrón y reiterativo, un conjunto de ocurrencias en que viene a decir que si alguien hay detrás de todo esto, sólo podría ser una especie de sádico al que le encanta ver sufrir al ser humano. Van Dormael se declara no creyente, aunque educado en el catolicismo. Asegura no haber buscado ofender, aunque admite que tampoco ha buscado no ofender. Desde luego la visión que da de la religión es pobre, caricaturesca, simple excusa para sus gracietas. El film imagina a Dios como un tipo bastante tosco y odioso, en pijama y bata, encerrado en un cuartucho lleno de ficheros y con un ordenador donde idea lo que ocurre en el mundo, haciendo que los pobrecillos hombres y mujeres padezcan. Tiene una esposa algo lela, un hija llamada Ea que se rebela ante el modo de hacer de su padre, y un hijo, Jesús o JC, que hace tiempo que se fue de casa para escoger 12 apóstoles. Esto mismo va a hacer Ea, buscando 6 apóstoles adicionales, no sin antes montar un lío considerable al mandar por mensaje de texto a todos los habitantes del planeta un contador en que les comunica el tiempo de vida que les resta. La mezcla de tonos de otras ocasiones no le funciona a Van Dormael, seguramente por reinventar de modo provocador a Dios y al ser humano, junto al amor que debiera moverles; y al hacerlo, los vacía completamente de contenido, reduciéndolos a meros peleles. El amor desustanciado del cineasta es una atracción mágica y desconoce el sacrificio; no consiste en cuidar de tu esposa e hijo si ya no les quieres; en el trabajo cotidiano no puede haber amor, sino que hay que hacer viajes extraordinarios; que un niño se vista de niña y se enamore de Ea puede ser una idea estupenda, bienvenidos a una nueva fórmula de venta de la ideología de género; también puede ocurrir que un gorila sea mejor amante que un marido anodino; o que el sexo enfermizo permita el reencuentro con la mujer amada. Mientras que Dios no es Dios, o al menos no tiene ninguno de los atributos que los fieles de cualquier religión le dan; sin su ordenador, está perdido. Es curioso, porque la idea de que tenemos el tiempo contado, y cobrar conciencia de ello, podía haber dado juego, pero Van Dormael y su coguionista Thomas Gunzig no saben sacarle partido, se quedan en un ejercicio de estilo con supuestos ribetes poéticos que nunca despega, lastrado por sus propias limitaciones: un conocimiento epidérmico de la religión, y lo que es aún más grave, de la antropología más elemental. Sin duda, un retroceso con respecto a su anterior filmografía.

3/10
La infancia de un líder

2015 | The Childhood of a Leader

Europa 1919, una Guerra acaba y la otra empieza su gestación. Basada en un relato de Jean Paul Satre, cuenta la infancia de un futuro líder fascista, trasunto de Hitler, durante la I Guerra Mundial. Un film fascinante que rastrea las raíces de la crueldad a gran escala que azotó Europa durante el siglo XX.

Le grand soir

2012 | Le grand soir

En la casa

2012 | Dans la maison

El francés François Ozon tiene talento narrativo, y con En la casa logra captar la atención prácticamente desde la primera escena, el profesor de literatura Germain reincorporándose al instituto tras las vacaciones y mostrando desde su pedestal un indudable escepticismo ante la idea de implantar, como experiencia piloto, el uso del uniforme y el maridaje en las aulas de alumnos de distintas clases sociales. Todo el reparto es fantástico, pero Fabrice Luchini logra impregnar a su personaje de la amargura de quien se siente incomprendido, ese sentirse invisible a pesar de su clarividencia, y de tener pocas personas con las que poder establecer cierta complicidad. Entre una clase de estudiantes a los que Germain considera mediocres, despierta su atención Claude y su redacción sobre lo que ha hecho durante el fin de semana. Cuenta allí cómo él, de clase obrera, se ha fijado en Rapha, de mejor posición social, y se ha ofrecido a darle clases de matemáticas para poder introducirse en su casa. El final de su trabajo, “continuará”, y un talento incipiente para contar historias, le animan a pedir nuevas entregas sobre sus impresiones en casa de Rapha y con sus padres, Rapha y Esther; y compartirá los trabajos con Jeanne, su esposa, galerista de arte. Ese meterse en casa ajena mediante las palabras de Claude produce una interés creciente en Germain y Jeanne, pero la cosa puede ir demasiado lejos, tal ejercicio de voyeurismo se convierte en una espiral incontrolable donde las fronteras entre ficción y realidad empiezan a desdibujarse. Ozon adapta En la casa libremente “El chico de la última fila”, una obra de teatro del español Juan Mayorga, y sobre lo aparentemente banal construye una intriga fascinante donde evita algunos caminos trillados, ofreciendo a cambio ciertas sorpresas, ello en una atmósfera siempre atravesada por una mirada cínica. Atrapa la relación profesor-alumno, la crueldad del adolescente tras un aspecto angelical, y cierta imposibilidad por mantener el control de su curioso juego, los sentimientos cuentan, junto al exorcismo de cierta frustración de Germain, que puede opinar sobre lo que es bueno en la creación literaria, que ve cosas de él en el joven Claude, y cuyos aires de superioridad van a padecer el inevitable correctivo. Hay ciertos excesos en la narración de En la casa, pero siempre existe la coartada de que tales excesos serían no de Ozon, sino del precoz escritor Claude y su talento todavía no desarrollado, y que incluso podría ser puro espejismo, quedarse en otro Germain. Los momentos en que el lector irrumpe en lo que lee, en su representación cinematográfica, superan el peligro del puro artificio, son contados y usados con cierta inteligencia. El problema, si se quiere, es que todo en la película es puro juego, dos personajes complementarios, como se ve en la escena del banco, en que juegan a imaginar historias en las ventanas que tienen enfrente, asumiendo los papeles de dos mujeres que discuten, hablando uno y replicando el otro. Queda en cualquier caso la idea de que la literatura nos enseña a vernos tal y como somos.

7/10
Camille redouble

2012 | Camille redouble

Una mujer se reencuentra con el hombre con el que tuvo una hija siendo ambos adolescentes.

Gainsbourg (Vida de un héroe)

2010 | Gainsbourg (Vie héroïque)

Biopic inclasificable del célebre cantante francés Serge Gainsbourg. Joann Sfar dirige su propio guión, basado en su novela gráfica, de extraños tintes surrealistas que tal vez hagan las delicias de los admiradores entregados de antemano, pero que para un público corriente resulta sencillamente cargante. No ayuda además el metraje excesivo, que supera ampliamente las dos horas. El film sigue a Lucien Ginsburg –el auténtico nombre del artista– desde su niñez, en los años de la Francia ocupada por los nazis, a su éxito como cantautor, mostrando entre medias su intentona fallida de ser pintor, sus múltiples relaciones sentimentales, la estrecha relación con su familia judía... Así dicho, suena a drama biográfico convencional, pero la aportación de Sfarr es mostrar casi todo el tiempo al protagonista acompañado por su otro yo, “la gueule” o “la jeta”, que vendría a ser su subconsciente, que le invita a la desinhibición y el desenfreno. Este otro yo es una especie de monstruo repulsivo, que parece recién sacado de El laberinto del fauno, y que la verdad, aparte de dar pie a extrañas escenas oníricas, poco aporta argumentalmente, o como simple subtexto. Hay que reconocer a Sfarr el mérito de abarcar gran parte de la trayectoria de Gainsbourg, sin que haya una irritante sensación de detallismo y acumulación de datos. Y el actor que lo encarna de adulto, Eric Elmosnino, aguanta el tipo. Pero el precio es un ritmo premioso, una mirada superficial a las aventuras amorosas –imposible saber si en Gainsbourg, Brigitte Bardot, Juliette Gréco y Jane Birkin, hay amor, o puro entretenimiento, y poca hondura vemos en el tratamiento de la paternidad del protagonista...–, la cosa sabe a poco. Hay poco espacio para la emoción genuina, aunque la trama esté salpicada con inteligencia por los temas musicales del artista.

4/10
Mammuth

2010 | Mammuth

Serge acaba de retirarse, pero cuando va a arreglar los trámites administrativos relativos a su pensión, descubre que en la mayoría de sus empleos su vida laboral no consta en el registro. Para conseguir recibir el dinero que le corresponde, Serge es animado por su mujer para emprender un viaje hacia los lugares donde tuvo sus primeros trabajos. A bordo de su vieja motocicleta "Mammoth" (que le valió el apodo de "Mamut") retomará el contacto con ex compañeros de trabajo y familiares a los que hacía mucho que no veía... Desigual tragicomedia francesa, que se diría que no acaba de encontrar el tono y que desconcierta con respecto al destino de la historia, a cuyo guión le falta aplomo... una idea clara y más segura que transmitir. La pareja formada por Benoît Delépine y Gustave de Kervern (Louise-Michel) rueda con imagen de grano duro y con profusión de primeros planos y cámara en movimiento. Con ese realismo narrativo ofrece una curiosísima 'road-movie' anclada a un pintoresco personaje que va encontrando frikis en cada etapa de su camino, y que inevitablemente se irá encontrando más y más a sí mismo y a su pasado. Sin embargo, al cabo de los minutos sus aventuras se estancan totalmente y acaban por transmitir muy poco al espectador. Casi todo resulta monótono, triste y vacío. Esto no es óbice para que haya humor negro y bastantes momentos de risa, pero reina ante todo la perplejidad, e incluso los momentos algo surrealistas, como las relaciones con la sobrina majara. De cualquier forma, aunque en ese cúmulo de escenas algunas son vergonzantes –como la que tiene lugar en casa del primo–, en general domina un cierto aire tierno –ese pasado trágico que acompaña a Mamut– y también patéticamente divertido –como el encuentro de los cuatro hombres en el restaurante–, aspectos que derivan absolutamente del sólido personaje principal, un perdedor como pocos. Gran contrapunto es la presencia de su mujer (grande Yolande Moreau, que impactó con Séraphine), que ofrece algunos de los momentos tragicómicos más logrados. De cualquier forma lo mejor del film es la labor taciturna de un inmenso Gérard Depardieu, a quien lo de “mamut” desde luego le viene al pelo, y también la soberbia partitura musical de Gaëtan Roussel.

4/10
Micmacs

2009 | Micmacs à tire-larigot

Bazil es un tipo que ha tenido muy malas experiencias con las armas. Su padre era militar y murió al pisar una mina antipersona cuando Bazil era todavía un niño. Y por si eso fuera poco, ya de adulto, Bazil recibe una bala perdida mientras está trabajando en su videoclub. Los cirujanos deciden dejar la bala alojada en su cerebro porque temen que el paciente muera al extraerla. Con su trabajo perdido, sin casa y sin familia, Bazil se convertirá en vagabundo y conocerá a unos curiosos personajes que se alojan en una especie de caverna subterránea, elaborada a base de desperdicios. Entre todos forman una gran familia y Bazil les pedirá ayuda para sabotear a las dos principales empresas de fabricación de armas. Así, Bazil y sus amigos pergeñarán una serie de maniobras para que las dos corporaciones se destruyan entre ellas. Regreso a la dirección de Jean-Pierre Jeunet, sin lugar a dudas uno de los talentos visuales más prestigiosos del cine, tal y como ha demostrado en películas como Delicatessen o Amelie. En este caso, elabora también un guión con mucha metralla (nunca mejor dicho), que arremete explícitamente contra el negocio armamentístico actual de las potencias occidentales, causantes de terribles guerras y tragedias personales en todo el mundo. Pero, por supuesto, Jeunet narra su historia a modo de cuento, pleno de humor y con algunos momentos creativos muy brillantes –como el del partido de fútbol con mina antipersona–, de modo que el espectador se entretiene con continuos gags visuales, herederos del 'slapstick' del cine mudo. Sin embargo, ese aire ligero que envuelve toda la trama también tiene su contrapartida, pues en general no se genera tensión alguna y la acumulación de pequeños episodios puede aburrir, mientras que la imaginería gótica y la fotografía colorista del director ya no es suficiente para mantener la atención, pues no sorprende como en sus primeros filmes. El reparto está lleno de rostros familiares, con protagonismo para Dany Boon (Bienvenidos al norte), pero también con la presencia del actor fetiche de Jeunet, Dominique Pinon, o de comediantes de altura como André Dussollier, Julie Ferrier y Yolande Moreau. Todos están bien en sus papeles, aunque quizá falte más nitidez en la caracterización de algunos personajes, así como la inclusión de alguna trama amorosa que hubiera contribuido a redondear y completar el conjunto.

5/10
Louise-Michel

2008 | Louise-Michel

Sinsordada llegada de Francia y codirigida por Benoît Delépine y Gustave Kevern, repleta de explosivo humor negro, con la que resulta casi obligatorio reír a mandíbula batiente. Ya el inicio, un crematorio que, el colmo de los colmos, se queda sin fuego en un servicio fúnebre, anticipa el encadenado de gags y chistes en que consiste el film. El hilo conductor lo proporciona Louise, una oronda e inexpresiva mujer, que se queda sin trabajo junto a otras compañeras de una fábrica. Reunidas para crear, tal vez, una empresa juntas, usando el dinero de la indemnización, tienen una idea 'mejor': contratar a un asesino a sueldo, y matar al responsable de su despido. Escogerán para el trabajo a Michel, un supuesto experto que en realidad es incapaz de matar a una mosca.La peli está bien llevada, pero en unos cuantos tramos se queda sin munición humorística, llegando a cargar el conjunto. Se nota la influencia de Aki Kaurismäki en los directores, pero falta su sutileza. Las pretensiones iconoclastas, de atacar a los malísimos ricos y explotadores del mundo, de crear humor con niñas con cáncer o ancianos decrépitos, o hasta juguetear con el terrorismo del 11-S, funcionan a veces, aunque todo se mueve dentro de un discurso más políticamente correcto de lo que podría creerse a primera vista. La película también juega peligrosamente y con abundante 'mala leche' con la idea de la deconstrucción de los sexos, hombre, mujer, eso son construcciones culturales, ya se sabe, cada uno es lo que elige ser. Para rematar la faena de semejante disparate, este loco planteamiento se pone en boca de un sacerdote, en la última frase de la película.

4/10
Séraphine

2008 | Séraphine

Séraphine Louis es una sencilla mujer de pueblo, nacida en Senlis, Francia. De condición humilde, la han educado en una sencilla piedad cristiana sus padres y las monjas con las que estudió. Pero su destino, desde la adolescencia, fue siempre trabajar como sirvienta, en un convento y en distintas casas. Sin embargo Séraphine, en su simplicidad, es una mujer muy especial. Tiene una enorme sensibilidad, profesa un gran cariño a la Virgen María, y se siente en comunión con la naturaleza, el viento, los árboles, las flores, los insectos, le comunican cosas que nadie más puede oír. En su escaso rato libre Séraphine pinta cuadros, según explica, por indicación de su ángel de la guarda. Nadie presta atención a sus pinturas hasta que Winhelm Uhde, un marchante alemán al que sirve, descubre una de sus obras. Uhde está seguro de haber dado con una gran artista. Y se pone a promocionarla, pero el estallido de la Primera Guerra Mundial le obliga a abandonar Senlis. Pasarán los años sin contacto entre Séraphine y Winhelm, pero ella seguirá pintando, y él entretanto ocupará una buena posición en el mercado del arte. Sorprendente película basada en hechos reales, y que arrasó en los premios César al hacerse con 8 estatuillas, incluidas las de mejor película y actriz, una soberbia Yolande Moreau. El director y coguionista Martin Provost maneja la historia con exquisita sensibilidad y sin prejuicios. Conmueven los pequeños detalles –el modo en que Séraphine fabrica sus colores, cómo detecta y ayuda a quien lo pasa mal, la paciencia infinita con el tendero o una señora a la que sirve...–, la película acierta en no convertirse en una serie de hitos más o menos hilvanados. Se llega al alma del personaje brusco, simple y sensible –no nos cansaremos de alabar el trabajo de la Moreau, transfigurada en Séraphine, con una autenticidad que impresiona–, y está muy bien perfilada la evolución de su relación con Uhde, que huye del tópico: allí conviven el distante trato inicial, con la admiración, y las crecientes y originales exigencias de Séraphine, en un engrase perfecto y rebosante de humanidad. Escenas como aquélla en que Séraphine se siente ofendida por haber malinterpretado a Uhde sirven a Provost para hacer un paralelismo entre personas diferentes, ella con un don que nadie es capaz de detectar, él con una inclinación homosexual apuntada con agradecible elegancia. La estructura narrativa, que abraza varias décadas, funciona, aunque la llegada de la locura resulta algo brusca e inesperada, está teñida de cierta fatalidad. Y hay imágenes muy bellas, como la de la silla del jardín y la protagonista abrazada a un árbol.

7/10
Paris, je t'aime

2006 | Paris, je t'aime

Mosaico formado por dieciocho historias cortas, rodadas por cineastas excepcionales, que giran en torno al amor. Cada una transcurre en un barrio de París diferente, que sirve como título a cada segmento. El principal escollo es que los cineastas tienen entre cinco y seis minutos por corto, lo que supone un reto para muchos de ellos, acostumbrados a desarrollar sus historias. Sintetizar un relato no es tarea fácil, menos en el cine moderno, en el que por ejemplo son necesarias tres horas de King Kong para contar lo mismo que la película clásica, de 100 minutos. Esta dificultad deriva en que pocos de los autores son capaces de desarrollar una historia de entidad, y los que salen mejor parados son en su mayor parte los que se decantan por narrar una anecdotilla. Es el caso de Joel y Ethan Coen, que mezclan suspense y comedia en ‘Tuileries’, aunque no muestran París, pues transcurre en su totalidad en la estación de metro. Steve Buscemi interpreta a un turista que descubre a una pareja magreándose en el andén de enfrente, lo que causará imprevistas reacciones de los observados. Tiene también su gracia ‘Tour Eiffel’, en la que Sylvain Chomet reivindica el derecho a la diversidad, a través de la historia de amor de dos mimos. Isabel Coixet realiza su primera incursión en el género cómico, pues en ‘Bastille’ parodia sus propios dramones lacrimógenos, a través de la historia de un hombre a punto de dejar a su mujer por una amante más joven. Resulta al menos curiosa ‘Père Lachaise’, en la que el especialista en terror Wes Craven  cuenta con simpatía la visita de una pareja a la tumba de Oscar Wilde. El propio Craven interviene brevemente como actor en ‘Quartier de la Madeleine’, donde Vincenzo Natali convierte a Elijah Wood en protagonista de una historia de vampiros. Esto no significa que no hayan tenido éxito algunos cineastas que han optado por la vía dramática. Destaca Gurinder Chadha, con ‘Quais de Seine’, que apunta con pocos trazos una historia de amor interracial. En ‘Loin du 16ème’, los brasileños Walter Salles y Daniela Thomas han elegido una entrañable historia de amor maternal, recordando que el amor puede ser de diferentes clases. Frédéric Auburtin se ha encargado de rodar imágenes de París, que sirven de transición entre los cortos, y de ‘Quartier Latin’, homenaje al cine de John Cassavetes, con dos de los actores habituales del neoyorquino, su esposa Gena Rowlands y Ben Gazzara. Como en todos los trabajos colectivos, es inevitable que el nivel sea desigual. Desentonan parcialmente algunos pasajes, como ‘Porte de Choisy’, relato surrealista en torno a unas peluquerías chinas. Lo mismo le ocurre a ‘Le Marais’, pues a pesar de la fuerza visual de Gus Van Sant, su narración de un encuentro que podría dar lugar a una relación homosexual no acaba de arrancar. 

5/10
Arcadia

2005 | Le couperet

Cuando pierde su trabajo por una reestructuración empresarial, Bruno Davert se queda tranquilo: su prestigio en el sector papelero es indiscutible. Pero pasan tres años y no encuentra trabajo, por lo que corre peligro el bienestar familiar. Tras dar vueltas a la cabeza, concluye que puede haber otros ejecutivos del gremio tan valiosos como él, rivales para un apetitoso puesto de trabajo. Así que con frialdad compone un macabro plan: enterarse de quiénes son y asesinarles. A partir de una novela de Donald E. Westlake, el greco-francés Costa-Gavras compone su mejor trabajo desde La caja de música, del 89. Especializado en cine de denuncia, Costa-Gavras critica el moderno mercado laboral, marcado por elementos del capitalismo salvaje, por el afán de éxito a cualquier precio, y por el individualismo. La historia parece exagerada, y contiene buenas dosis de humor negro, pero funciona a modo de parábalo, en gran parte por la impresionante interpretación del parisino de origen español José Garcia.

5/10
Amelie

2001 | Le Fabuleux destin d'Amélie Poulain

Si uno piensa que la originalidad en cine es terreno agotado, con esta película se va a llevar una sorpresa. Amelie es un maravilloso ejemplo de que hay tantas historias como modos de contar y de que la forma visual puede configurar el contenido tanto como el argumento. Amelie es una joven de veintidós años que ha tenido una infancia un tanto extraña, al amparo de unos padres más raros que un perro verde. Ahora trabaja en un bar de Montmartre cuya propietaria es una antigua jinete circense y que es frecuentado por un celoso patológico. Pero su vida rutinaria cambia de la noche a la mañana, cuando una coincidencia despierte en ella un sueño filantrópico que se convertirá en su misión en la vida: hacer felices a los demás. Una a una, las personas que la rodean irán notando su influjo: la estanquera hipocondriaca, la portera llorona, el tonto empleado de la frutería y, muy especialmente, “el hombre de cristal”, un pintor solitario que sólo es capaz de ver la realidad a través de un cuadro de Renoir. Sin embargo, algo también va a trastocar el corazón de Amelie cuando se quede prendada de Nino, un joven extraño que se dedica a coleccionar fotos desechadas en los fotomatones. El divertimento acaba de empezar. Gran parte del mérito de esta película lo tiene una chica llamada Audrey Tautou, la actriz francesa que da vida a la protagonista. Curiosamente el papel había sido pensado para Emily Watson. Sin embargo, la actriz tuvo que rechazarlo por no saber francés y estar comprometida para filmar Gosford Park. Feliz contratiempo. El rostro de Tautou es un hallazgo, con una candidez, picardía y atractivo fuera de lo común. Jean-Pierre Jeunet (Delicatessen, La ciudad de los niños perdidos, Alien Resurrección) ha filmado sin duda su película más amable y sensorial, un auténtico virtuosismo de colores, movimientos de cámara, sonido y ritmo. Y aunque siempre impera un tono de fábula "light", el guión firmado por Guillaume Laurant, colaborador habitual de Jeunet, es divertido de verdad, y algunos episodios como la vuelta al mundo del gnomo son tan desternillantes como surrealistas.

7/10
Sin techo ni ley

1985 | Sans toit ni loi

Un granjero encuentra en el campo el cuerpo sin vida de Mona, adolescente vagabunda. Poco tiempo antes, recorría los caminos donde conocía a gente diversa. Sobrecogedor film de enorme realismo, en torno al precio de la libertad, que ganó con todo merecimiento el León de Oro, en el Festival de Venecia. Narrado a base de supuestas entrevistas y flash-backs, quizás resulta un tanto pesimista.

7/10

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