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En busca de la tumba de Cristo
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En busca de la tumba de Cristo

L'inchiesta

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Reparto

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Crítica En busca de la tumba de Cristo (2006)

Una investigación

Dignísima y cuidada coproducción televisiva, situada en los momentos posteriores a la muerte y resurrección de Jesús. Coincidiendo con la crucifixión, se han producido extraños fenómenos –oscurecimiento de la luz del día, temblores de tierra…– en diversos puntos del orbe. Tiberio, el emperador romano, retirado voluntariamente en la isla de Capri, manda a buscar a Tito Valerio Tauro, un bravo tribuno que se ha distinguido en la campaña contra los bárbaros germanos. Y le encomienda una discreta investigación, para averiguar si existe alguna relación entre los mencionados fenómenos y el ajusticiamiento de cierto rabí, ocurrido en Jerusalén. Tito Valerio, acompañado de su esclavo germano Brixos, hace su trabajo con rigor, aunque encuentra serios obstáculos por parte del procurador Poncio Pilato, y de los sumos sacerdotes y fariseos. Mientras indaga no dejará de llamarle la atención la doctrina de los discípulos de Cristo; y se sentirá atraído por Tabita, una joven judía seguidora de Jesús.

Estados Unidos, Italia, Bulgaria y España –de la mano de Enrique Cerezo– han participado en este film pensado para televisión, pero que con menor metraje también ha pasado por salas de cine en varios países. En el guión, deudor de tramas de los primeros cristianos como Quo vadis o Ben-Hur (1959), han participado algunos profesionales de renombre, como Valerio Manfredi y Suso Cecchi d'Amico; entre las novedades actuales se nota un mayor realismo en la violencia, y cierto sentido del humor, bien incorporado. Y aunque puede reprochárseles las pinceladas simplonas con que se definen varios personajes –María Magdalena, mayormente–, y alguna salida de ‘peplum’, la historia tiene su gracia, y algunas ideas funcionan muy bien, como la amistad entre el tribuno –correcto Daniele Liotti– y el bárbaro –inesperado Dolph Lundgren, que aparte de repartir bofetadas, da el tono preciso que requiere su personaje–, la actitud de Tiberio –inmenso y majestuoso Max von Sydow– o la idea de los sumos sacerdotes para desacreditar las resurrección de Cristo, manipulando la de Lázaro. No faltan una historia de amor entre pagano y cristiana (Mónica Cruz, clavadita a Penélope Cruz, pero como si se hubiera “cruzado” con Ingrid Rubio), la incomprensión y rigorismo de un padre obcecado (F. Murray Abraham) cuya fe será puesta a prueba, o los intentos de contemporizar de Poncio Pilato (Hristo Sopov, repescado de La Pasión de Cristo).

Últimos comentarios de los lectores

José Montalbán - Hace 8 meses

Con ilusión y mirada de niño me dispuse, en Semana Santa, a ver la película "En busca de la tumba de Cristo".

Ambientada en los últimos años del emperador Tiberio (Mac von Sydow). El comienzo engancha. Tiberio, hombre preocupado por la vida después de la muerte hace llamar a su residencia imperial en Capri al Tribuno Tito Valerio Tauro (Daniele Liotti), que estaba al mando de una legión en Germania. Quiere que investigue, en plan asuntos internos, qué ha ocurrido de verdad con la muerte Jesús de Nazareth, un profeta de la provincia de Judea. A su muerte se produjo, en todo el mundo, una serie de fenómenos atmosféricos de difícil explicación.

Tiberio, en su tiempo, estableció un sistema de informes periódico desde todas las partes del Imperio que le permitía conocer lo que ocurría en todo el Imperio Romano.

Tauro contactará con un espía que Tiberio tiene destacado en el lugar. Pero es enseguida asesinado y Tauro, junto a su esclavo germano Byrox (Dolf Lundgren) se quedan sin pistas que seguir. Sin embargo, Poncio Pilato (el búlgaro Hristo Shopow, nieto e hijo de actores y empresarios de teatro) averigua la llegada y misión del Tribuno y le invita a cenar.
Y ahí comienza la (en mi opinión) línea más importante de la cinta: ¿cómo puede justificar Poncio Pilato su intervención fallida en la muerte de Cristo? Del lado romántico de la película hablaré más tarde.

Hristo Shopow alcanza la cima interpretativa en la película. Quizás por haber interpretado ya a Poncio Pilato en "La pasión de Cristo" de Mel Gibson. Este procurador romano en Judea entre los años 26 y 36 no se atrevió a enfrentarse a los mandamases judíos del Sanedrín. Por no hacer su trabajo (defender a uno que sabía inocente) murió Jesús. Siempre lo supo pues intentó, inútilmente, lavar en público su conciencia. Pero hay lugares desde los que no se vuelve. Así ocurre cuando se pierde el contacto y la familiaridad con la verdad. Quizás el resto de su vida fue una huida hacia adelante para tratar de maquillar la cobardía de no haber impedido un asesinato. Debió ser un títere en manos de los jefes del Sanedrín. Hristo Shopow interpreta bien este cinismo y esta dependencia. Pero desgraciadamente la película no avanza por esta línea policíaca, de investigación. Hubiera sido una excepcional reflexión crítica del poder; de cómo la corrupción influyó en el momento más importante de la historia.

Sí describe que otro momento crucial del Imperio Romano, la sucesión del Emperador Tiberio, dependió de la codicia de su Sucesor, Calígula. Que le asesinó.

Tiberio abandonó las tareas de gobierno. Esta es una, sino la mayor de las corrupciones del poder: no ejercitarlo. Constituyó una invitación a su asesinato. Desde su retiro de Capri durante sus últimos diez años, Tiberio arruinó el prestigio que consiguió como uno de los mejores generales romanos. Claro ejemplo del principio de Peter.

La otra línea argumental, más malograda aún, es la historia de amor entre el Tribuno Tauro con la cristiana Tabhita (Mónica Cruz). Hay formas más definidas, mejor articuladas y más bellas que describen cómo un hombre puede llegar a amar a una mujer.

Es esta trama donde la cinta no se aleja de las características del péplum. Aparte del vestuario de túnicas, la chica existe principalmente en función del chico; no hay quien pueda con el bueno en las peleas, pero la inteligencia es de los malos... Por eso los malos suelen ser mejores actores. Aunque en este caso, tanto Hristo Sopow como Daniele Liotti representan su papel con solvencia y convicción.

Acertada y verosímil es la aparición de la Virgen María. Con una intervención como la que señala el evangelio. Igual que en las bodas de Caná modificó los planes de Jesús, en la película cambia el pensamiento de San Pedro.

Nota alta merece la ambientación, los exteriores y la decoración de interiores. A la altura del experimentado director de fotografía Giovanni Galasso y del guionista, el prolífico escritor de novelas sobre la Antigüedad, Valerio Manfredi.

Mi valoración, 6/10. Mi familia también la valora con un 6/10.

Rafael Clejel Galán - Hace 5 años

Por novena vez la he visto y disfrutado haciendo y meditando comprovaciones Bibliacas, lo cual se ajustan al momento historico de las fechas, alguién me ha planteado: " Esos son concluciones de la Iglesia Católica" cuanta ignorancia hay en algunos creyentes. Master4 Rafael Clejel Galán

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