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Biografía

Catherine Salée

Catherine Salée

Catherine Salée

Filmografía
La cabeza alta

2015 | La tête haute

Dunquerque, Francia. Desde los seis años Malony Ferrandot ha estado entrando y saliendo de los juzgados de menores, debido a una deficiente atención familiar, y a su mal comportamiento: ataques de ira, ausencias de la escuela, robos de coches... La juez que le trata desde hace años no encuentra un resquicio por donde ayudar al irascible joven, que a sus quince años lleva camino de convertirse en un delincuente peligroso. Prosigue la directora francesa Emmanuelle Bercot con sus historias relativas a los problemas derivados de la infancia y adolescencia tras el guión de Polisse y sus películas Clément y la más reciente El viaje de Bettie, sobre las relaciones entre una abuela y su nieto. En La cabeza alta ha vuelto a contar con el trabajo de Catherine Deneuve, esta vez en la piel de la jueza de menores que ha de lidiar con la vida del protagonista. Éste se erige como absoluto centro de la historia desde el primer plano, con esa inicial conversación fuera de campo mientras el encuadre permanece fijo en el rostro del pequeño. Procedente de una familia desestructurada, con padre ausente y madre irresponsable y descuidada, el joven ha vivido sin la más mínima disciplina, esclavo de sus vaivenes y caprichos, incapaz de querer a nadie, con absoluta despreocupación por las consecuencias de sus actos. El guión de la propia Bercot no esconde las causas que han hecho de Malony un joven huraño, hiperactivo, violento y difícil de soportar, pero centra el hilo narrativo en el encomiable empeño de la juez y de los servicios sociales por “salvar” a ese joven de sí mismo. Una y otra vez se darán con la misma piedra, pero no cejarán en el empeño. La película puede hacerse algo reiterativa y lineal en este sentido, aunque la trama siempre ofrece puntos de interés que irán haciendo evolucionar al joven: la relación con su tutor, su interés por la joven Tess, la preocupación por su hermano pequeño. Esas aperturas a los demás (algo que irá aprendiendo con enorme dificultad) serán pasos necesarios para aprender a querer, a aceptarse, a asumir sus responsabilidades, a sentirse parte de la sociedad. Justo es reconocer el trabajo del joven debutante Rod Paradot, que aguanta el tipo magníficamente y resulta tremendamente creíble en sus accesos violentos, en su crispación interna. Le acompañan con oficio la citada Deneuve y el actor Benoît Magimel (Pequeñas mentiras sin importancia), que interpreta al sufrido tutor.

6/10
9 meses

2015 | Keeper

Maxime y Mélanie tienen 15 años y están enamorados. Él sueña con ser portero de fútbol profesional y se entrena duro para ello, pero entonces un día Mélanie le comunica que está embarazada. Dos jóvenes, casi adolescentes, ante un noticia que cambiará sus vidas para siempre. 9 meses habla del peligro de tomarse el amor a la ligera y cómo la frivolidad sexual lleva a dos chicos que acaban de despertar a la vida a la obligación de asumir una situación reservada a los adultos. Nueve meses es mucho tiempo y al momento crítico inicial, en donde el estupor, la desesperación, la duda de si seguir adelante o no se adueñan de los dos jóvenes, se sumarán con el paso de los meses la difícil aceptación de las responsabilidades y renuncias que conlleva su estado y el sinfín de dudas, dificultades e incomprensiones familiares a que tendrán que enfrentarse. Está claro que el belga Guillaume Senez elige para su debut como director y guionista una historia difícil e incómoda, pero él la dispensa con las ideas claras y apoyado en un manejo de la cámara al hombro muy realista, cotidiano, entrega film minoritario, casi de autor, pero de esos que desprenden veracidad, un poco al estilo seco y directo del cine de sus compatriotas los hermanos Dardenne, aunque en este caso hay momentos de descanso, más contemplativos (esos fuegos artificiales, esas carreras, ese viaje en tren), en donde la música aporta también belleza y humanidad a las ilusiones y la lucha de los protagonistas. Ayuda también a esa visión la apuesta por la vida, a pesar de los graves obstáculos exteriores e interiores que se presentan. Porque las cosas no son nada fáciles. Aunque la historia sigue casi exclusivamente a los dos futuros padres, se han cuidado muy bien los secundarios –los padres de él, la madre de ella– y las interpretaciones son excelentes, especialmente la de Kacey Mottet Klein en el papel de Maxime.

6/10
Une mère

2015 | Une mère

Dos días, una noche

2014 | Deux jours, une nuit

Sandra ha estado de baja por depresión en la fábrica donde está empleada. Casada y con dos niños, cuando ya medianamente recuperada está a punto de reincorporarse al trabajo, se lleva una desagradable sorpresa: sus compañeros han sido presionados para votar entre un incentivo en forma de sustanciosa prima, y la eliminación de su puesto de trabajo, ganando la primera opción, que les ayudaría a resolver muchas cuitas económicas. Como el modo de hacer ha sido algo heterodoxo, su jefe concede a Sandra la oportunidad de que el lunes se vuelva a votar la propuesta. De modo que dispone de un fin de semana para hablar con cada uno individulamente y persuadirles de que apuesten por la conservación de su puesto de trabajo. Una vez más, una película de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne es un milagro. En otras manos, su historia sería un tostón cansino y reiterativo, y es que a la postre el film no consiste en otra cosa que en presentar las distintas visitas que Sandra –prodigiosa Marion Cotillard, qué buena es esta actriz– hace a los distintos trabajadores, o sea, un mecanismo narrativo tan sencillo como el de un chupete. Y sin embargo... los Dardenne saben ofrecer maravillosas variaciones sobre el mismo tema, un verdadero dilema ético, y cada caso es caso, se puede plantear una llamada telefónica, una conversación con padre e hijo empleados de la fábrica, o con un trabajador o su cónyuge, puede haber reacciones destempladas, pragmáticas, decepcionantes, de amor puro... Se nos ofrece un abanico completo de cómo el ser humano responde ante las necesidades del prójimo, confrontándolas con las suyas propias, y tomando decisiones muy comprensibles, pero por supuesto, unas mejores que otras, de más categoría humana, porque se hacen en conciencia, con magnanimidad y sin darse importancia. Lo grande del logro de los Dardenne, es que con los distintos modos de proceder, el apoyo de Manu a su esposa Sandra, el modo en que su "mendigar" le está afectando anímicamente, trenzan un tapiz formidable del actual contexto de crisis económica, y lo hacen sin crispación y con hondura, mostrando seres humanos que no dejan de conmovernos. Por supuesto Cotillard es el centro de gravedad del film, pero todos los demás actores están perfectos a la hora de componer los personajes que han preparado para ellos los hermanos belgas. El estilo narrativo es realista, como es habitual en los directores, no hay banda sonora musical, aunque sí suenan dos canciones en la radio del coche, música justificada que en esos pasajes crea el "mood" que demandaba el momento.

9/10
La vida de Adèle

2013 | La vie d'Adèle

Adèle es una jovencita en plena efervescencia adolescente. Le gusta leer y dar vueltas a los desafíos que plantean los libros. Cotorrea con las chicas de su clase, mayormente de los chicos con los que salen y se han acostado. En sus deseos de ser “normal”, ella misma se cita con un compañero y acaban en la cama. Pero una desazón le domina, al tiempo que nota una atracción física por la mujeres, que acabará concretándose en Emma, auténtico flechazo con una chica lesbiana mayor que ella, que estudia Bellas Artes. Adaptación de la novela gráfica de Julie Naroh, a cargo del tunecino afincado en Francia Abdellatif Kechiche, conocido por filmes como La escurridiza o cómo esquivar el amor y Cuscús. La larguísima cinta –tres horas de metraje–, ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes, más un premio a la mejor interpretación femenina para los dos actrices protagonistas, Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux. El jurado lo presidía nada menos que Steven Spielberg. A los cineastas no les gusta reconocer que su trabajo es portador de algún tipo de “mensaje”, pero sin duda que La vida de Adèle –como tantas películas, por otra parte– lo tiene. Veinte años después de Philadelphia, uno de los primeros títulos con pretensiones comerciales que daba carta de normalidad a las relaciones homosexuales, el film que nos ocupa sigue transitando por esa senda, cada vez más hollada. La diferencia estribaría en que aquí las pretensiones son artísticas y de prestigio, con una historia compleja, contemporánea y culta de amores desgarrados, y en que las imágenes de sexo, muy gráficas, contribuirían a acostumbrar al espectador a las relaciones lésbicas. Lo que evidentemente es un arma de doble filo, pues este erotismo de alto voltaje –junto a la larga duración del film– limita el público potencial de la película. Dentro de sus innegables propósitos de propaganda, la película de Kechiche podía haber alcanzado una mayor consistencia. Hay inteligencia en el retrato de Adèle, adolescente confusa con su propia identidad, mujer básicamente sola, que no tiene con quien hablar para compartir sus zozobras interiores. Padres o profesores no ayudan, pero es que ni siquiera con su amada Emma habrá una entrega mutua completa propia del amor, un verdadero esfuerzo por compartir los sentimientos y anhelos sin ocultar nada. La apelación a Sartre y el existencialismo, según los cuales habríamos sido arrojados al ser para luego construir cada cual la propia esencia, fundamenta una vida de náufragas, que viven el momento, aman –o creen que aman–, aunque las cosas pueden cambiar, la fidelidad es un valor cargado de ambigüedad, y al final sólo queda vivir, porque no hay más desde el punto de vista de la película. La vida de Adèle tiene interés, y pinta ciertas capas de la sociedad occidental donde dominan las inseguridades, la falta de certezas, en cuya existencia, simplemente no se cree. El arte, la cultura y la enseñanza pueden ser vías para encauzar la propia vida, mientras que el amor es algo que se escurre, muy leve. Kechiche, con sus fogosos brochazos de azul y carne en el lienzo de la pantalla, atrapa algo del caos de la posmodernidad y la actual crisis que no es sólo económica, y deja una sensación altamente deprimente en el espectador, el náufrago lo tiene muy difícil para no ahogarse en sus propias lágrimas de desesperación.

4/10
Ombline

2012 | Ombline

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