Decine21
Cerrar los ojos
8 /10 decine21
Cerrar los ojos

Premios

Goya
2024
Ganadora de 1 premio
Nominada a 10 premios

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Violencia

Reparto

Sinopsis oficial

Un célebre actor español, Julio Arenas, desaparece durante el rodaje de una película. Aunque nunca se llega a encontrar su cadáver, la policía concluye que ha sufrido un accidente al borde del mar. Muchos años después, esta suerte de misterio vuelve a la actualidad a raíz de un programa de televisión que pretende evocar la figura del actor, ofreciendo como primicia imágenes de las últimas escenas en que participó, rodadas por el que fue su íntimo amigo, el director Miguel Garay. El principio y el final de una película inacabada.

8 /10 decine21

Crítica Cerrar los ojos (2023)

Cerrar los ojos foto crítica.

El rey triste

Con la expresión “cerrar los ojos”, concluía Víctor Erice hace 50 años su obra maestra El espíritu de la colmena. Para su siempre anhelado regreso al largometraje de ficción escoge titular el film con esa expresión, que evoca la necesidad del recogimiento interior, de aislarnos de tanto ruido presente ahí afuera, que nos aturde e impide reflexionar sobre las cosas que verdaderamente importan, impidiendo el desarrollo de la creatividad, la imaginación, los ideales. Y nos ofrece una historia donde nuevamente están muy presente el cine, y las relaciones humanas, qué importante es crear y mantener lazos fuertes que nos unan a las demás personas para descubrir y redescubrir el amor. Sí, estamos ante una historia de ayer para el desnortado mundo de hoy.

El director de cine Miguel Garay preparaba una exótica cinta de aventuras que incluía la búsqueda de la hija de un moribundo magnate en Shanghai, “La mirada del adiós”, con el protagonismo de su amigo de milicias Julio Arenas. La misteriosa desaparición de éste, probablemente en el mar –¿accidente, suicidio?– dejó la película inconclusa. Muchos años después un programa televisivo de “Casos sin resolver”, que conduce Marta Soriano, quiere dedicar una entrega a estos hechos, y concierta una entrevista con Garay, que proporcionará parte del metraje del film. Lo que le sirve para remover recuerdos y encontrarse con personas del pasado, la hija de Arenas, Ana, una mujer que fue novia suya y de su amigo, Lola, y el montador de la película, Max. Cuando finalmente se emite el programa, Miguel será contactado por una residencia de ancianos que llevan unas monjitas.

Estamos ante uno de esos ejemplos en que, no sólo importa lo que se cuenta, sino cómo se cuenta. La lectura de la trama de Cerrar los ojos puede tal vez intrigar, pero no hace justicia al fascinante modo en que Erice entrega su historia, escrita por él mismo y Michel Gaztambide. Atrapa desde su arranque, que nos lleva a un “château” en Francia, donde el millonario Mr. Levy –el gran Josep Maria Pou–, a modo de un ciudadano Kane, vive sólo servido por su fiel criado chino, y requiere la ayuda de un investigador –genial José Coronado, en este tramo, y pasados luego un buen puñado de años– para que dé con la hija china adolescente que tiene en Shanghai, y a la que desea ver antes de morir. La idea de la búsqueda de la verdad, resuena a lo largo de la narración, de muchas maneras; por supuesto en el programa televisivo, pero también en el director de cine interpelado, Manolo Solo, y en la hija que apenas conoció a su padre, la que fuera niña en El espíritu, Ana Torrent.

La memoria puede estar atrapada en fragmentos de celuloide, guardados en latas, y que nadie ha visionado durante mucho tiempo. Por supuesto en las vivencias personales, más o menos recordadas, u olvidadas por misteriosas razones, pero que tal vez puedan ser despertadas, momentáneamente o volviendo a hacer mella de nuevos modos, quizá gracias a la labor de un neurólogo, al cuidado de una hermanita monja que sabe lo que es la caridad –estupenda Petra Martínez–, o al reencuentro con personas que te quieren. Un tango, una pieza de ajedrez, una fotografía, quién sabe.

La maravillosa película de Erice huye de alardes y aspavientos, no se hace presente ninguno de los artificios del cine actual, se puede aludir en la historia al envío de una foto con el teléfono móvil, pero decididamente hay una apuesta por el clasicismo, también en la puesta en escena y en la maravillosa fotografía, con frecuencia de discreto claroscuro, debida a Valentín Álvarez. Sí, con un acertadísimo reparto se nos lleva por un relato tranquilo, que se toma su tiempo, el justo, en que asoman personajes que podrían parecer digresiones, véase la vuelta junto a la playa, las veladas con una pareja, pero que son necesario “impasse” para luego cobrar impulso en la propuesta que tiene un maravilloso clímax en la oscuridad de una sala de cine. Sí, el cine proyectado que se resiste a desaparecer, y que aún puede obrar milagros.

Últimos comentarios de los lectores

Pablo - Hace 2 años

Maravillosa obra de Érice sobre la identidad de la memoria. Se toma su tiempo para contar el relato y hay que estar preparado para ello, pero nada sobra. Una vez que te metes en la historia y le dedicas tu tiempo al completo, se convierte en una pieza imprescindible de la filmografía de Érice y en uno de los mejores filmes del cine español hasta la fecha.

Miguel Gil - Hace 2 años

Magistral y personalísimo drama español, con gran dirección, guión e interpretaciones. Para un público sensible y del cine de autor.

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