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Lista de cine

Las mejores películas españolas

Última actualización: 01/07/2020

Nadie es profeta en su tierra. Con frecuencia, los españoles hemos mirado el cine patrio como si fuera de segunda categoría. Las películas españolas eran calificadas desdeñosamente de “españoladas”, mientras se consideraba que sólo Hollywood daba películas dignas de considerarse míticas u obras maestras.

Por fortuna, la realidad es otra, y el cine español contiene verdaderas joyas que merece la pena conocer, e incluso revisar con frecuencia. Fuera complejos, pues, y lugares comunes injustos como el del “páramo cultural” que supuestamente habría sido el franquismo. En todas las épocas, los cineastas españoles han sabido rodar películas de gran interés, por fortuna. Casi siempre en español, aunque también en inglés y con actores extranjeros, si estaba justificado. Hasta en algún caso se apoyó a algún genio extranjero, como Orson Welles, no olvidemos que su maravillosa y shakespereana Campanadas a medianoche fue producida con altura de miras por Emiliano Piedra.

De modo que toca escuchar Historias de la radio, hacer un Atraco a las tres, ver adaptaciones literarias de nivel como La tía Tula o La colmena, gozar de las películas de maestros indiscutibles como Víctor Erice, Luis Buñuel, Luis García Berlanga, Carlos Saura o Juan Antonio Bardem, o reconocer a cineastas más recientes en el tiempo, algunos con su Oscar en la estantería, como José Luis Garci, Pedro Almodóvar, Alejandro Amenábar o Fernando Trueba.

Se demuestra que se nos da muy bien la comedia, risas muy hispanas en Mujeres al borde de un ataque de nervios, sin ir más lejos, y el drama, el asombroso debut en la dirección de Benito Zambrano en Solas. Pero también el cine de género está bien servido, con títulos como Tesis o El Niño, y la crítica social que dio pie a cintas geniales como Surcos, El pisito, Los santos inocentes o Los lunes al sol.

Las mejores películas españolas
(2014) | 105 min. | Acción | Thriller | Drama Tráiler
El sevillano Alberto Rodríguez continúa la estela de su anterior trabajo, Grupo 7, en otro film policíaco, que también se desarrolla hace unas décadas en el sur de España, y que nuevamente está rodado con un estilo naturalista. En La isla mínima, dos jóvenes hermanas han desaparecido en un pueblecito de las marismas del Guadalquivir en 1980. Para investigar el asunto viajan al lugar dos policías madrileños de personalidades contrapuestas, Pedro, representante de la nueva hornada de la policía democrática, y Juan, agente de la vieja escuela, que no duda en utilizar métodos violentos si necesita conseguir información para resolver el caso. De nuevo Rodríguez ejerce como coguionista con Rafael Cobos. El dúo supera ampliamente su anterior trabajo, cuyo punto más débil residía precisamente en un libreto que a pesar de despertar el interés y describir muy bien a los personajes, se estancaba rápidamente y se volvía reiterativo. Por contra, La isla mínima desarrolla con mayor fortuna una trama policíaca muy clásica que en realidad sirve de mera excusa para la descripción social de la época, un momento histórico en el que España es una democracia, pero aún está anclada en el pasado. El film muestra una España rural marcada por las reivindicaciones de los jornaleros, la marginación a la mujer, la extrema pobreza y otros problemas. Sólo cabe achacarle que ofrece una imagen exageradamente tenebrosa y negativa del pasado de España, más en consonancia con la mayoría del cine patrio que con la ofrecida por cineastas como David Trueba en Soldados de Salamina y Vivir es fácil con los ojos cerrados, por poner algún ejemplo. Pero por lo demás, Rodríguez le saca mucho partido a un presupuesto limitado, pues con pocos elementos compone una esmerada ambientación, y como es habitual en su cine hace gala de una enorme imaginación visual, como queda patente en los planos cenitales de las localizaciones. Se luce en diversos momentos, como la persecución nocturna de un Dyane 6, un tiroteo en medio de una intensa lluvia y otras secuencias de altura. En el apartado interpretativo Rodríguez vuelve a recurrir al gran Antonio de la Torre, que demuestra que no hay papel pequeño, aunque ha quedado relegado a un rol muy secundario, el padre de las secuestradas, al que le pone una enorme intensidad. Como es habitual, Raúl Arévalo se muestra sumamente eficaz como poli bueno. Aunque aparecen muchos intérpretes destacados como Manolo Solo (El laberinto del fauno) como periodista carroñero muy bien defendido, en La isla mínima roba por completo la función Javier Gutiérrez, conocido por su rol de graciosete en Águila roja, inmenso en un papel completamente opuesto, lleno de dramatismo, pues encarna al otro protagonista, el poli malo, un tipo de turbio pasado, pero al que logra humanizar y dotar de matices.
6/10
(2014) | 130 min. | Policiaco | Thriller | Drama Tráiler
El mundo del narcotráfico en el estrecho de Gibraltar, con la droga que viene de Marruecos, las pequeñas organizaciones y las mafias que se lucran de ella, más las fuerzas del orden españolas que tratan de desarticularlas, o al menos aprehender grandes alijos. Jesús es un veterano policía nacional, que lleva más de tres años trabajando codo con codo con Eva para dar un gran golpe a los narcos de Gibraltar, motivo por el cual vigilan de cerca a 'El Inglés'. Pero una operación no sale bien, y Jesús pasa a patrullar con 'El Pájaro', o sea, un helicóptero, aunque en su tiempo libre sigue investigando en el Peñón y pasando información valiosa a Eva. Mientras, dos jóvenes andaluces, 'El Niño' y 'El Compi', más un socio marroquí de su edad, Halil, montan su personal negocio de tráfico de drogas, al margen de sus mayores. La asociación de Daniel Monzón con Jorge Guerricaechevarría sigue mostrándose fructífera tras Celda 211. De nuevo entregan un potente  y entretenido thriller con buen ritmo, ambientado en el mundo criminal, con bastantes virtudes. Para empezar, las escenas de acción son muy resultonas, las persecuciones automovilísticas y del helicóptero en su seguimiento de las lanchas rápidas y las motos de agua, con momentos que no tienen nada que envidiar a lo que nos suelen entregar los especialistas de Hollywood. Y el marco geográfico del Estrecho, con el permiso de la serie El Príncipe, no había sido hasta ahora muy explotado, y aquí se revela muy cinematográfico. Por otro lado, hay un esfuerzo realista en pintar de modo adrenalítico a los dos bandos enfrentados en la actividad del tráfico de drogas, y cómo el deseo de dinero fácil de un lado, o el deseo de detener a criminales, del otro, impide llevar una vida normal, formar una familia, etcétera, cosas que claramente se anhelan. La idea de que tus aliados pueden también traicionarte y jugártela, con respuestas brutales, está presente entre los agentes de la policía y entre los narcos, y resulta poderosa. De todos modos, la idea de concebir el enfrentamiento que vertebra el film como un "juego" tiene el problema de obviar la lacra social que supone la droga y su consumo, puede parecer que se minimiza el impacto y la moralidad de lo que hacen tres jovencitos para ganarse unos euros, pobres, sólo tratan de salir adelante, forjarse un futuro mejor y tal... Seguramente el principal problema que arrastra El Niño es su subtrama sentimental, el romance de 'El Niño' con la hermana de Halil, bastante convencional, con escenas muy alargadas y donde se explota en exceso y lánguidamente el "sex appeal" de los debutantes Jesús Castro –que hace un trabajo aceptable– y Mariam Bachir –más limitada de registros–. Son personajes más interesantes que el de ella los juveniles 'El Compi' –Jesús Carroza, que aporta cierto desahogo cómico– y Halil –Saed Chatiby– con un rostro perfecto para encarnar a alguien frágil con vitola de perdedor. De todos modos, en el aspecto actoral son los actores veteranos los que se llevan el gato al agua, Luis Tosar esta brillante como policía tozudo, obsesionado con su presa, y les respaldan muy bien sus compañeros agentes Eduard Fernández, Sergi López y Bárbara Lennie. En cuanto a Ian McShane, su presencia sólo cabe calificarla de anécdotica.
6/10
(2014) | 127 min. | Thriller | Drama
Carlos Vermut sorprendió con Diamond Flash, una película que estrenó directamente en internet, y que a base de viñetas y un buen pulso narrativo indagaba sobre las virtudes y defectos de la condición humana. En Magical Girl cuenta con un presupuesto más desahogado, pero en cierto sentido la idea es la misma, mirar a las personas, que nunca logran alcanzar todo lo que desean, y que atrapados en el intento de lograr lo imposible, la completa satisfacción vital, pueden acabar no sólo quemados, sino chamuscados. El padre con la hija enferma, la mujer depresiva a pesar de estar casada con un marido rico, el presidiario que sale de la cárcel, puntúan un relato con tres capítulos que deben el título a los enemigos del alma, el mundo, el demonio y la carne. La condición juguetona de la película ganadora de la Concha de Oro y el premio a la mejor dirección en San Sebastián se adivina en el título del film, y en esa primera escena en que, juego de manos, un papel desaparece. Vermut cuida sobremanera la estructura narrativa, el ritmo, los tiempos. Trata de sorprender, y llena la película de sobreentendidos. No hay que dar todo mascado, y la elipsis sirve para no mostrar lo que no se puede mostrar, sobre todo si previamente has creado una atmósfera inquietante con grandes expectativas. El laconismo de los personajes, sus frases breves pero cargadas de contenido, pueden hacer pensar en Aki Kaurismäki, un referente también para Javier Rebollo, que por cierto también acudió a José Sacristán para su reparto de El muerto y ser feliz. Como en otras películas de este corte, destacan el ingenio y las hechuras. Existe además un deseo de llamar la atención sobre el vacío existencial de la sociedad contemporánea. La pequeña broma sobra la Constitución Española, ese texto magno siempre invocado pero casi nunca leído, es un botón de muestra de la voz de alarma del director. Pero al final todo se reduce a puro fatalismo, las desgracias ocurren y poco se puede hacer para evitarlas, la entrega a los otros puede quedar reducida a pura estupidez, el amor es algo más que la obsesión por hacerse con un caro vestido de princesa de anime japonés. Y la manipulación y utilización de los otros como si fueran cosas, ya sea con armas de seducción o el chantaje, terminan de trazar un paisaje oscuro, muy oscuro.
6/10
(2012) | 104 min. | Drama
La Francia pirenaica ocupada, en los años de la Segunda Guerra Mundial. El anciano escultor Marc Cros compone su obra en el campo, en una cabaña, lejos del mundanal ruido. Antaño su musa era Léa, su esposa; pero ahora encuentra la inspiración en Mercè, una joven española huida de los campos de refugiados de la guerra civil, a la que concede abrigo y dinero a cambio de que pose desnuda para él, en busca de atrapar y plasmar en piedra la idea perfecta para una obra maestra. Fernando Trueba aúna fuerzas con el octogenario guionista Jean-Claude Carrière, quien ha desarrollado su carrera junto a cineastas de la talla de Luis Buñuel, Volker Schlöndorff, Milos Forman o Louis Malle. La idea de El artista y la modelo es recoger con la precisión del entomólogo el trabajo del artista, idealmente abstraido de los avatares históricos de su tiempo, para crear algo bello y hermoso a partir de una modelo. Rodada en blanco y negro, sin partitura musical y con sonidos naturales muy trabajados, se procura ante todo la sobriedad, con una parsimonia no apta para todos los espectadores. Por ello no se nos aturulla con detalles innecesarios sobre los personajes, de modo que las apariciones de un miembro de la resistencia, los niños curiosos, la sirvienta de pueblo, el marmolista, o el oficial alemán, están muy medidas; incluso da la sensación de que con el cura los coguionistas se han mordido la lengua para no distorsionar el dibujo del edén donde el artista crea. Y pese a todo... Jean Rochefort hace un gran trabajo actoral en El artista y la modelo, el intérprete se encuentra en plena forma con sus 82 años. La historia exige los desnudos de Aida Folch, y es evidente que no hay gratuidad en las escenas al efecto, la idea es mostrar la belleza del cuerpo femenino en esa chica sencilla que inspira, sin empalagos o buscando la comercialidad. Los pasajes de la modelo posando y el artista creando se repiten hasta la extenuación, pueden cansar, aunque sea con la intención de envolver al espectador en una determinada atmósfera. Algunas piezas encajan mejor –el alemán que no responde al estereotipo–, otras no tanto –el fugitivo del maquis–. ¿Puede permanecer impertérrito el artista ante su modelo? ¿Hay en la vida algo más para el artista que crear arte? ¿Se puede ser buena persona sin comprometerse? Algunas de estas preguntas aletean en el film, suavemente, y sin respuesta clara; y tal vez así deberían haber permanecido, planteadas sin el brusco final, inesperado, casi irracional; o tal vez demasiado racional, pero definitivamente sin eso tan importante llamado amor.
6/10
(2013) | 108 min. | Romántico | Drama
Vivir con los ojos cerrados de David Trueba transcurre en 1966. La cinta rezuma nostalgia, más allá de los nubarrones que se apuntan por la situación política, donde el director y guionista es capaz de sutileza -las ventanas abiertas en el coche para limpiar la atmósfera contaminada por un puro- y de tosquedad -la foto de Franco donde un chaval limpia sus manos grasientas-. Hay muchos elementos reconocibles para quien haya vivido la época y alrededores -las familias numerosas, el peluquero que viene a cortar el pelo a casa, el rigor educativo en casa y en el colegio...-, traspasados de evocación romántica, y sin acritud en los pasajes, pocos, con aristas. Dice Trueba que se inspira en la canción de John Lennon que da título a la película, pero también parece una adaptación de la canción emblemática de la transición, “libertad, libertad, sin ira libertad, guárdate tu miedo y tu ira”. Con buen rollito. La idea es hablar de anhelos de libertad, con la juventud que necesita respirar, y los mayores que han asumido el estado de las cosas tras una guerra. Un poco Cuéntame cómo pasó, vaya. La cinta sigue a Antonio, un profesor de inglés, que enseña el idioma a sus alumnos con las letras de las canciones de su admirado John Lennon. Sabedor de que el mítico cantante de los Beatles está en España rodando una película mientras afronta cierta crisis personal, decide viajar hasta Almería, y en el camino recogerá primero a una joven de veinte años, Belén, que espera un niño, y que ha huido del lugar donde debía dar a luz lejos de las miradas de sus conocidos; y luego a Juanjo, joven de 16 años, el mayor de 6 hermanos, hijo de un “gris”, que tras la última pelotera con su padre también se ha dado la fuga. Vivir es fácil con los ojos cerrados desprende encanto en gran parte gracias al trabajo de Javier Cámara, pues su Antonio, maestro sobre todo en humanidad, está lleno de matices y te lo crees. El modo en que afronta las diversas situaciones de su periplo, y el modo en que sabe tratar a los chicos, es sencillamente sensacional. Trueba le ha dado un magnífico personaje. La recién llegada Natalia de Molina es carne de cañón para ser nominada al Goya a la mejor actriz revelación, la chica tiene frescura, recuerda a María Valverde. Precisamente Francesc Colomer, más soso, ganó ese premio en su momento por Pan negro. Los secundarios tienen gracia, incluso los simples figurantes, véase el conserje del “hotel”. Pensando en los Beatles, es mucho mejor el trabajo de David Trueba que el de Manuel Gómez Pereira en El amor perjudica seriamente la salud, también inspirado nostálgicamente en los Beatles. Lo que no significa que sea perfecto, el film podía haber sido mejor pulido, y pierde parte de su inocencia encantadora con el modo en que evoluciona la relación de Belén y Juanjo. Quiere ser delicado Trueba, pero no hay color entre la escenas de Molina y Cámara, y la que viene a continuación entre ella y Colomer.
5/10
(1955) | 96 min. | Drama Tráiler
Un niño abandonado a la puerta de un convento, es criado por los frailes. Clásico indiscutible del cine español, la historia de Marcelino nos ha hecho reír con las trastadas del niño Pablito Calvo, y llorar en sus conversaciones con el Crucificado de madera. Ladislao Vajda firmó una adaptación prácticamente perfecta de la popular novela de José María Sánchez Silva. El film, melodrama puro, sabe huir del lugar común, y cuenta con un reparto adulto excelente, que da vida a los distintos frailes, cada uno con su particular carácter.
7/10
(2012) | 98 min. | Drama
Película muda, y en blanco y negro. Basada en Blancanieves, el clásico de los hermanos Grimm. Pese a que todo suene, no hablamos de The Artist, la gran triunfadora de los Oscar 2012, ni tampoco de las dos versiones hollywoodienses del cuento que han protagonizado Julia Roberts y Charlize Theron, sino de Blancanieves, de Pablo Berger, una joyita con Maribel Verdú. Sin duda la mejor Blancanieves del trío, que se atreve a llevar un poco más lejos la propuesta de Michel Hazanavicius. Porque aquí no existe el recurso de cine dentro del cine, ni tampoco la tragedia, para algunos, del paso del mudo al sonoro. No faltan guiños cinéfilos abundantes, por supuesto, con audaces variaciones de tono, pero aquí tenemos el cuento de Blancanieves en clave melodramática -nada de comedia o planteamientos épicos tipo Juana de Arco-, la acción se traslada con enorme inteligencia a la Sevilla de los años 20 y el mundo de los toros. Y tiene gracia que se juegue con la idea de que la realidad de la historia va imitando al popular cuento de Blancanieves, con la pobre Carmencita que se queda huérfana, con su padre torero impedido y una madrastra absolutamente odiosa. Porque la cosa funciona, lejos de ser una ocurrencia exótica, todo está perfectamente insertado en Blancanieves, de Pablo Berger, y resulta muy visual, piénsese en el blanco vestido de primera comunión convertido en ropa de duelo. Hay emociones genuinas, risas, tono sombrío... La madrastra, los enanos, la manzana, etcétera, se introducen sin fantasía para sorpresa de propios y extraños, y nada chirría, dando pie a una historia nueva y perenne, en que bastan las imágenes fotografiadas por Kiko de la Rica y la estupenda banda sonora de Alfonso Vilallonga para contar la historia. Pablo Berger (Torremolinos 73) demuestra ser un director a tener muy en cuenta, que tiene muy en cuenta a los clásicos del cine mudo, Griffith o Murnau. Destacan obviamente los toros, ingenioso marco del que no hace falta ser experto para advertir que confiere a importantes escenas un tono épico que pone la carne de gallina, hasta el punto de que el film bien podría crear afición entre los no conocedores del mundo de la arena, tan genial resulta el entrelazado con la tauromaquia. Mientras que conferir a un cortijo el aire siniestro propio de una película gótica tiene su mérito, y en los pasajes en la solitaria casa de Antonio Villalta, él Blancanieves niña, la madrastra y el gallo Pepe hay momentos magníficos. Por no hablar de las escenas feriales finales, muy, muy emocionantes. Sobresalen en Blancanieves, de Pablo Berger un puñado de personajes memorables. Es curioso porque ninguno de los actores puede proclamarse protagonista absoluto del film, no hay quien deje de descollar, es de esas películas que merecería un premio al mejor reparto. Pues son estupendos Blancanieves-Carmen adulta (Macarena García) y niña (Sofía Oria), su padre célebre torero (Daniel Giménez Cacho), su madre cantaora, Carmen de Triana (Inma Cuesta), la abuela (Ángela Molina), la enfermera convertida en madrastra (Maribel Verdú), los seis enanos (¿quizá no hay siete porque Mudito ya está suficientemente representado?), el apoderado (José María Pou), el chófer (Pere Ponce)...
8/10
(2005) | 120 min. | Drama
Una plataforma petrolífera en medio del océano. Ha ocurrido un accidente. Uno de los trabajadores murió abrasado por el fuego, y su compañero de fatigas Josef, aparte de otras heridas, ha quedado temporalmente ciego. Una mujer, Hannah, enfermera, se desplaza en helicóptero para prestar auxilio al accidentado. Y allí pasarán los días, de agradable monotonía. Se diría que el tiempo se ha detenido en ese lugar en medio de ninguna parte, y esa paz sirve a Josef y Hannah para crear en sus almas un muy necesario clima de sosiego. Pues ambos arrastran un pasado que les pesa, y mucho. Magnífico film contemplativo de Isabel Coixet, rodado en inglés como otros de sus trabajos, los notables Cosas que nunca te dije y Mi vida sin mí. La directora afronta riesgos al tomarse su tiempo en pintar la vida cotidiana en la plataforma (un lugar que dio mucho juego a Lars Von Trier en Rompiendo las olas), los cuidados que requiere el enfermo, el esfuerzo que exige llegar a entender a otra persona cuando se ve incapaz de comunicar el estado de su alma. Y nos habla de cómo, en ese proceso que puede ser largo, se puede conectar con otra persona aunque uno de los cinco sentidos, la vista o el oído, estén ausentes. Una idea que no está nada mal en un mundo hiperacelerado y sensual, donde lo que no entra por los ojos parece que no exista. Como explica Coixet “la empatía, esa misteriosa capacidad de sentir como propios los dilemas del otro, sean éstos los que sean, que son capaces de desarrollar, consigue romper todos las muros –de silencio, de cinismo­– que hay entre ellos”. El dúo protagonista está sensacional. Tiene razón la directora al destacar “la ternura y sentido del humor insospechados” que Tim Robbins imprime a su personaje y la “capacidad de metamorfosis” de Sarah Polley que hace que su Hannah “pueda ser áspera y tierna a la vez, dulce y fuerte, arisca y encantadora”. Aunque su cocinero español es un personaje pequeñito, Javier Cámara lo dota de una humanidad sin par, le basta acompañar a la Polley, y con una inesperada dulzura se convierte en el amigo que todos querríamos tener. Y también Julie Christie sabe hacer auténtico su breve papel.
8/10
(2003) | 106 min. | Drama
Ann. 23 años. Casada, con dos niños. Lleva una vida sencilla, sin grandes alardes. De hecho, vive en una caravana, en el jardín de la casa de su madre. A pesar de su juventud, una espada de Damocles pende sobre su cabeza. Los médicos han sido tajantes: le han anunciado que tiene un cáncer de útero; sólo le restan dos meses de vida. ¿Qué hacer en todo ese tiempo? La primera decisión de la joven, es no decir nada a sus seres queridos. No quiere que compartan su sufrimiento. Lo siguiente es hacer una lista con todas las cosas que, a su entender, merece la pena hacer en el poco tiempo que le queda. Isabel Coixet sigue transitando por esos terrenos intimistas en los que acostumbra, de personas necesitadas de amor, en un mundo demasiadas veces hostil. Y como hiciero en Cosas que nunca te dije, rueda en inglés, al más puro estilo del cine independiente norteamericano. Parece encontrarse la directora catalana más cómoda en esta atmósfera, que en esa Galicia rural y romántica en la que situó A los que aman. De nuevo rueda en inglés, y a través del personaje encarnado con poderío por Sarah Polley, nos habla de la angustia que la atenaza, y de su deseo de dejar algunas cosas bien atadas. Hay detalles entrañables que se ha propuesto (decir a las personas a las que ama, muchas veces, que las quiere; pensar en quién podría sustituirla cuando falte –¿será Leonor Watling?–, para que su familia no se quede sola) con otras sacadas de quicio (el tener una aventura con alguien distinto a su marido, por la sola razón de tener esa experiencia antes de morir, parece un pelín disparatado). El film, producido por Almodóvar, ha acaparado un buen puñado de nominaciones en los premios Goya.
7/10
(2004) | 107 min. | Drama
Al morir su madre, Héctor se traslada a un barrio madrileño con su tía Tere y su familia. Su nuevo entorno es mucho más humilde que el lugar de donde procede. Hasta ese lugar también acude el presunto padre de Héctor, un mexicano que quiere ofrecerle que se vaya a vivir con él, aunque el chico ignoraba su existencia. Héctor se muestra reacio a conocerle, pero el cura local mediará para que ambos se encuentren. Nuevo melodrama intimista de Gracia Querejeta, quizá la mejor película española del año, que incide en el tema de las relaciones familiares con conflictos ocultos, presente en sus tres anteriores filmes: Una estación de paso, Cuando vuelvas a tu lado y El último viaje de Robert Rylands. Esta vez, Querejeta muestra una especial habilidad para mostrarnos qué ha ocurrido en el pasado sin recurrir al flash-back, que utilizaba a menudo en sus películas anteriores. Aunque Héctor es el personaje central, la cinta describe minuciosamente a los secundarios, y narra detenidamente subtramas como la de Fanny, hija de Tere, que mantiene una relación con Ángel, su jefe y el de su padre. También está muy presente el drama de Tere, que en secreto envidia el destino de su hermana, la madre de Héctor, que abandonó el bar que ambas regentaban, logrando alcanzar una vida más desahogada. Precisamente la que más se luce es la actriz que da vida a Tere, nuevamente Adriana Ozores, una de las protagonistas del anterior film de la realizadora. No desentona el joven Nilo Mur, descubierto por Gracia Querejeta en un breve papel que interpretaba en El mar, de Agustí Villaronga.
7/10
(2003) | 106 min. | Drama Tráiler
Una película sobre la violencia doméstica puede ser arma de doble filo. Tema de rabiosa actualidad, acapara desgraciadamente titulares en los medios de comunicación; la cuestión preocupa, hay un público interesado. Pero por otro lado, se presta fácilmente a los didactismos facilones, a la truculencia barata. Por eso hay que reconocer el virtuosismo de Icíar Bollaín (Hola, ¿estás sola?, Flores de otro mundo), que entrega una película medida equilibrada y con matices, con distintos puntos de vista. La historia se centra en la deteriorada relación de Pilar y Antonio (magníficos Laia Marull y Luis Tosar), casados y con un niño, que viven en una ciudad de provincias. Una noche, ella se presenta en casa de su hermana con el crío, llorosa y en zapatillas. Ha sufrido un episodio más de malos tratos, que le empuja a una separación temporal. Bollaín, coautora del guión con Alicia Luna, se detiene en la descripción de los dos personajes principales: ambos siguen enamorados, se quieren de verdad; ella apenas puede dominar el miedo cuando adivina el inicio de un arrebato de violencia de él; airearse, trabajar fuera de casa en un museo, hacer nuevas amigas, da a Pilar nuevas alas; mientras, Antonio se esfuerza en seguir una terapia, escucha al psicólogo, anota en un cuadernito lo que pasa por su cabeza cuando le domina la ira; pero sus estrechos horizontes, un querer y no poder, configuran un pesado lastre. El cuadro se completa con los alrededores de la pareja: la madre que aguantó junto a su marido hasta el final de sus días (“lo hice lo mejor que supe”, asegura), la hermana indignada, que no entiende que Pilar lo intente de nuevo, las amigas del trabajo (presentadas con unas pinceladas algo simplistas, como prototipo de independencia bien llevada), el terapeuta que trata de dar pistas, los compañeros de la terapia de grupo, que presentan un abanico de mayor o menor aprecio a sus mujeres.
6/10
(2003) | 107 min. | Thriller Tráiler
Un misterio rodea a Pedro, hermano de Fito, que tras muchos años en paradero desconocido, vuelve a España. Sin aparentemente nada que hacer, recala en la casa de su hermano, donde conoce a su cuñada Juana y a su sobrino, un niño llamado Jon. Los hermanos no pueden ser más distintos. Pedro es muy callado: no cuenta nada de sí mismo, aunque parece que las cosas le van bien. A Fito, transportista dueño de un camión, la fuerza se le va por la boca: habla más de lo que debe, y además tiene el vicio del juego. Con estas piezas sobre el tablero, sólido guión de Michel Gaztambide, Enrique Urbizu (La caja 507) juega y gana la partida peliculera. Las manos de póker y la misteriosa profesión de Pedro ponen la intriga. Y al tiempo, dibuja cómo nacen o se recomponen los lazos afectivos: sugiere, por ejemplo, la paulatina atracción de Pedro y Juana, sin caer en lo obvio. Y saca partido a un silencioso José Coronado, que sin una palabra de más viene a decir a gritos que, dentro de él, están surgiendo sentimientos que no creía que pudiera albergar. Cuestiones como la fidelidad, la confianza, las relaciones fraternas, están ahí, integrando la historia. La radiografía de la sociedad contemporánea, aunque pesimista, capta tics muy reales del mundo de hoy: la mujer cotilla del bar, la adolescente anoréxica y respondona, las conversaciones escuchadas casualmente en la calle… reflejan el cúmulo de frustraciones que almacena una sociedad cada vez más insatisfecha. Lo que no quita para que Urbizu abra la puerta de la esperanza, y permita al fin respirar.
6/10
(2003) | 112 min. | Bélico | Drama
Postrimerías de la guerra civil española. El bando republicano huye a la desbandada. Un grupo de milicianos conduce por un bosque a 50 prisioneros del otro bando; se dispone a fusilarlos. En la confusión de la refriega, salva la vida el escritor falangista Rafael Sánchez-Mazas. Oculto entre la maleza, un miliciano le descubre. Pero, inexplicablemente, no dispara: respeta su vida. Medio siglo después una joven escritora en crisis investiga la historia. Un artículo en un diario puede que le lleve a la novela de su vida… y a descubrir unas cuantas verdades sobre sí misma. Impecable adaptación de David Trueba de la novela de Javier Cercas. El director y guionista logra una buena conjunción entre los hechos actuales y los del pasado, e inserta bien los testimonios de protagonistas auténticos de lo que se cuenta. Un gran acierto de Trueba es mirar hacia atrás sin ira, sin revanchismos. Puede considerarse algo caprichosa la decisión de convertir al protagonista masculino de la novela en una mujer, pero resulta innegable que Ariadna Gil asume su papel con brillantez.
6/10
(2002) | 113 min. | Drama Tráiler
Una ciudad portuaria innombrada, en Galicia. Tiempos de recesión. Los astilleros que daban trabajo a un buen número de gente han cerrado. Un grupo de amigos se vio afectado. Uno de ellos se apaña bastante bien regentando un bar. Otro trabaja de guardia jurado. El resto ha pasado a engrosar las listas de parados. Y con ese panorama a cuestas sobreviven y se reúnen con frecuencia en el bar, y allí ríen y lloran, tratan de llevar la situación lo mejor posible. Lo que a veces no es fácil. Fernando León de Aranoa maneja junto a Ignacio del Moral un guión aparentemente invertebrado, con diálogos plenos de naturalidad, dichos por un reparto perfecto, en el que destaca Javier Bardem, uno de los grandes del actual cine español. Y consigue transmitir emociones sencillas con enorme fuerza. Como el mismo León decía recientemente, hablando de sus hábitos de espectador, (“Veo de todo, producciones de fuera, de aquí. Al final, con lo que me quedo, es con la sensación de que me han echado un poco de luz sobre algo, sobre la vida, sobre el amor, la sociedad... Me gusta la sensación de montaña rusa en el cine, sentarme y que me manejen.”), él procura hacer lo mismo contando historias con las que el espectador conecta inmediatamente. Apenas ocurre nada en esta película galardonada con 5 Goyas, incluidos los de mejor película, director y actor principal. Pero tras la aparente levedad de una vida cotidiana y reconocible se nos habla de los rígidos mecanismos de una sociedad insolidaria, incapaz de dar trabajo a las personas de cierta edad, que socava los lazos más sagrados, que aboca a los más débiles a la salida en falso. Nadie tiene la culpa y todos tienen la culpa. La falta de ocupación laboral se revela mal gravísimo, no sólo por las carencias económicas que comporta, sino porque el hombre que no trabaja deja de ser hombre: su dignidad se ve gravemente afectada. Elevando la reflexión, se llega a decir que “Dios no cree en los hombres”. Esa culpabilización divina conduce sin remedio a la desesperación. Evita León los didactismos fáciles que llevan a condenar a personas e instituciones, pero deja su film un regusto de amargura y derrotismo, como si el actual estado de cosas fuera inalterable. Al final queda sólo un vago sentido de la lealtad para jugarlo todo a la carta de la supervivencia.
6/10
(2002) | 89 min. | Drama
Si a Gary Cooper nadie le acompañaba para hacer frente a los forajidos en Solo ante el peligro, el mismo problema sufre Ramírez. Y eso que lo que le pide a sus compañeros de trabajo es tan simple como razonable: que le apoyen con una firma para que la empresa habilite una habitación para fumadores. Por el momento, a los riesgos del tabaco, los trabajadores de su oficina tienen que añadirle el del frío al salir a la calle en pleno invierno. Paradójicamente, todos están de acuerdo en la petición, pero nadie se atreve a hacer algo que hipotéticamente podría contrariar a unos superiores, que no conocen, de una multinacional que ha adquirido la compañía. Premiados con el Goya a la mejor dirección debutante, los creativos publicitarios Julio Wallowits y Roger Gual han filmado una de las cintas más originales del cine patrio en los últimos años. Rodada con un estilo cercano al documental, los cineastas formaron para financiarla una cooperativa entre los actores. Todos ellos, por cierto, están sobresalientes en sus interpretaciones naturalistas y cotidianas, especialmente Eduard Fernández y Antonio Dechent. Aunque parezca lo contrario, no es una cinta sobre los peligros del humo, sino que habla de las relaciones humanas, de la crispación y las manías que a todos nos afectan, y que nos empujan, desgraciadamente, a la deshumanización.
6/10
(2001) | 100 min. | Terror Tráiler
Un apartado caserón victoriano en la isla de Jersey. Es el año 1945, y la Segunda Guerra Mundial acaba de concluir. Grace vive con sus dos hijos en forzada reclusión. El marido fue a combatir, y no ha vuelto. Los chicos sufren una rara enfermedad: no puede exponerse a la luz del día, y deben vivir en perpetua penumbra. Su madre, sobreprotectora, pone todos los medios para que estén a gusto. Abre y cierra puertas para evitar los rayos de luz fatal. Y los educa lo mejor que puede, dentro de unos estrictos principios religiosos, a veces poco meditados. La llegada de tres nuevos sirvientes va a alterar la vida de tan peculiar familia. ¿Están tramando algo? ¿Tienen algo que ver con los extraños ruidos que se oyen en la casa, producidos por “los otros”? Inquietante y terrorífico film de Alejandro Amenábar, que sabe asustar sin acudir a las sanguinolencias al uso. El joven director (y guionista, y autor de la banda sonora) demuestra una vez más ser un maestro en la creación de atmósferas. Sabe agarrar al espectador y encerrarlo con Nicole Kidman y sus retoños en el siniestro caserón donde transcurre la película, para erizarnos el cabello a su antojo. Amenábar reconoce que de niño le gustaba imaginar historias de casas encantadas y extraños fantasmas. Y que las pelis de miedo como La semilla del diablo, Alien, el octavo pasajero, La noche del cazador, Seven y El silencio de los corderos le chiflan. Así las cosas, se ha despachado a gusto en este film. Quizá otra referencia inevitable es Alfred Hitchcock, el mago del suspense. Hasta el hecho de convertir a Nicole Kidman en una mujer rubia asustada, un poco a lo Grace Kelly, nos remite a las célebres rubias que poblaron las películas del mago del suspense.   Los otros es la película española que más éxito ha tenido en Estados Unidos hasta la fecha. Su recaudación en ese país ha rozado los 100 millones de dólares, y logró mantenerse con gran mérito entre las diez más vistas durante varias semanas. Lo suyo no fue el clásico arrase el primer fin de semana, para luego caer en picado, cuando se corre la voz de que el film no es bueno. Todo lo contrario: mantuvo una recaudación constante durante varias semanas, señal inequívoca de que funcionó bien el “boca-a-oreja” de que se trataba una estupenda película. Amenábar volvió a repetir el éxito de los Goya que ya tuvo con Tesis: ocho premios, incluidos el de mejor película, director y guión.
7/10
(2001) | 125 min. | Documental
Fresco rebosante de naturalidad. Sin embargo, la elaboración de este atrevido documental de José Luis Guerín lo es todo menos descuidada. Durante tres años el director catalán siguió las obras de un nuevo inmueble en el antiguo barrio chino de Barcelona. Horas y horas de material filmado, cuidadosamente seleccionado y montado, de modo que se puede hablar, paradójicamente, de buscada espontaneidad. Guerín nos tiene acostumbrados a la singularidad de sus proyectos. En Innisfree revisitó los lugares donde se filmó El hombre tranquilo de John Ford. Mientras que Tren de sombras era la enigmática e inventada exploración de los secretos de una familia, a partir de unas películas domésticas. En construcción es sin duda su documental más realista, aunque encuadrable en lo que él llama “documental de creación”; un canto a la vida corriente, a los momentos pequeños y hermosos de cada día. ¿Es posible interesar con una película que sigue las evoluciones de las obras de un edificio? La respuesta de Guerín es un rotundo sí. Siempre que te fijes en las personas.
6/10
(2001) | 84 min. | Documental
El reputado productor vasco Elías Querejeta quedó conmocionado por el absurdo asesinato de Fernando Buesa y su escolta a manos de la organización criminal ETA. Por esta razón decidió apadrinar este docudrama, dirigido por el especialista en documentales Eterio Ortega, que entrevista a los familiares y amigos de la víctimas. Los espectadores se harán la misma pregunta que ellos: ¿Por qué?
7/10
(1976) | 100 min. | Terror
Los que se enfrentan a Freddy Krueger al menos saben que tienen que huir de él nada más verle la cara. Por el contrario, en esta ocasión, la amenaza se oculta con el rostro de unos niños aparentemente encantadores. Son los habitantes de una isla mediterránea, donde tiene la desgracia de recaer un matrimonio británico. Uno de los clásicos por excelencia del terror hispano, dirigido por Narciso Ibáñez Serrador, autor de La residencia y el célebre concurso televisivo "1, 2, 3".
6/10
(2000) | 90 min. | Drama
Película que ha acaparado los más importantes premios en España, nada menos que cuatro Goyas, entre ellos Mejor Película. Sin duda, en su primer largo como director, Achero Mañas se ha convertido en uno de los creadores españoles con mayor proyección. El Bola sigue en cierto modo la de Benito Zambrano con Solas: temática social, puesta en escena realista, actores desconocidos, y... esperanza, mucha esperanza. En este caso, Achero ha tocado uno de los temas más candentes y preocupantes de la sociedad: los malos tratos. Pablo es un chaval de doce años al que todos llaman “El bola”. Es despierto e inteligente, pero tiene problemas en su casa y eso le hace sentirse desplazado en su relación con los chicos de su edad. Hasta que un día conoce a Alfredo, un nuevo chaval de clase, y entabla con él una amistad profunda que le hará conocer otras realidades familiares. Ello le dará fuerza para afrontar su propia situación. La película aborda con contenida crudeza el mundo de la soledad infantil. El espectador presencia atónito a los estragos que produce un padre violento en el equilibrio emocional y personal de un niño. Juan José Ballesta, que da vida al protagonista, sorprende con una variedad de registros insólita para un chaval de su edad; su premio de la Academia española como Mejor Actor revelación está más que justificado. Un guión preciso y un reparto magníficamente dirigido completan una película sincera y atrevida que supone un golpe moral a la conciencia y sensibilidad de las personas.
6/10