El Papa Francisco ha puesto en el foco la figura del pontífice, que está continuamente presente en los medios, con iniciativas como el lanzamiento de la nueva app para móviles "El Papa y mi fe", se trata de la aplicación sobre el Papado y el Papa Francisco más completa, que además incluye recursos útiles para el fortalecimiento de la fe. Repasamos cómo han retratado el cine y la televisión a los diversos pontífices que se han sucedido a lo largo de la historia, e incluso cómo ha imaginado a alguno que nunca ha existido.
Darío Grandinetti acaba de encarnar en las pantallas al carismático Papa actual, Francisco, en el film Francisco. El padre Jorge. Resulta obvio que existe avidez de información acerca de este pontífice, de ahí el interés de la nueva app "El Papa y mi fe", disponible en Google Play y App Store, que incluye toda la actualidad del Papa Francisco y otros Papas de la historia, con unos contenidos dinámicos que ofrecen al usuario una experiencia religiosa. Los contenidos de la app son ampliados con frecuencia para ofrecer al usuario una experiencia informativa, dinámica y actual.
Como todo el mundo sabe, el primer Papa de la historia es el apóstol Pedro, designado directamente por el mismo Jesucristo. De modo que, de entrada, para ver cómo el cine ha retratado a Pedro, conviene fijar la mirada en las muchas películas sobre Jesús. Aparte de títulos como Rey de reyes, o La historia más grande jamás contada, nos quedamos con Jesús de Nazaret, donde Franco Zeffirelli pinta con maestría la llamada al apostolado de Pedro cuando está en la barca, y La Pasión de Cristo de Mel Gibson, donde destaca el momento de la negación de Pedro, con la mirada del maestro de ligero reproche.
Además, ha habido películas dedicadas específicamente a Pedro. Destaca El gran pescador (1959), del director clásico Frank Borzage, donde Howard Keel daba vida al apóstol; aunque es del mismo año, no tuvo el impacto de la película también religiosa Ben-Hur (1959). Más cercana en el tiempo es San Pedro, hecha para la televisión italiana, con Omar Sharif como protagonista, y que cuenta el papado de Pedro, o sea, su vida desde la crucifixión de Jesús a la suya propia boca abajo. Pedro aparecía además huyendo de la persecución de los cristianos en Roma en Quo Vadis y Quo Vadis (2001), dos estupendas versiones de la novela del polaco Henry Sienkiewicz. En el camino se encontraba con Jesús, y cuando Pedro le pregunta “¿adónde vas?” –quo vadis–, le contesta que a Roma para padecer de nuevo, ya que él se marcha, lo que motivaba su regreso a la ciudad eterna.
El patrocinio de los Papas al arte, como forma sublime de expresar la adoración a Dios, tiene una muestra fantástica en el film de Carol Reed El tormento y el éxtasis (1965). Situada en el Renacimiento, la película muestra la difícil relación entre Miguel Ángel (Charlton Heston) y el Papa Julio II (Rex Harrison), mientras el primero pinta la Capilla Sixtina.
Paradigma de la no-ejemplaridad de algunos papas es Alejandro VI, patriarca de los Borgia, que consideraba el papado como instrumento de poder para sus propios intereses, y con hijos y una mujer a pesar de su condición sacerdotal. Las andanzas de este clan fueron contadas por el español Antonio Hernández en Los Borgia (2006), con Lluís Homar en el papel de Alejandro VI, y más recientemente por el irlandés Neil Jordan en la serie televisiva Los Borgia (serie), donde es Jeremy Irons el que asume el rol del pontífice. Fugazmente aparece en estas obras su predecesor, Inocencio VIII. Ambas obras dan por buena la leyenda negra de Alejandro VI sobre el envenenamiento de un cardenal, y se regodean morbosamente en crímenes y sexo, incluidas relaciones incestuosas.
León XIII es el Papa al que Teresa de Lisieux pide en Roma dispensa para poder hacerse carmelita con catorce años. Tal hecho aparece en la estupenda película de Alain Cavalier Thérèse (1986), Premio del Jurado en Cannes.
Papas del siglo XX
Otro Papa al que le ha tocador cargar con su particular leyenda negra, y en esta caso sin justificación real, es Pío XII. La película Amén (Costa-Gavras, 2002), basada en la obra de teatro “El vicario” de Rolf Hochhuth, acusa al Vaticano de hacer oídos sordos a las denuncias de un cristiano evangelista perteneciente a la SS, sobre el exterminio de los judíos. A este respecto se obvia que, siendo nuncio en Berlín, el entonces cardenal Pacelli fue uno de los “negros” de la encíclica Mit Brenneder Sorge de 1937, rotunda condena al nazismo. El documento, prohibido en Alemania, fue introducido clandestinamente y leído en las iglesias católicas. En su presentación en Roma, Pío XII comparó a Hitler con el diablo, y manifestó su temor a que los nazis se lanzaran a una guerra de exterminio. En 1941 The New York Times elogió editorialmente la oposición del Papa al nazismo, y en 1945 el Congreso Mundial Judío hizo lo propio. También en 1945 el gran rabino de Jerusalén, Isaac Herzog, señaló sus “esfuerzos para salvar vidas judías”. Este extremo es recogido con detalle en Escarlata y negro (1983), donde Pío XII, encarnado por John Gielgud, apoya los esfuerzos del padre O’Flaherty (Gregory Peck) para salvar judíos de la persecución nazi. Golda Meir dijo cuando murió Pío XII: “Cuando el terrible martirio se abatió sobre nuestro pueblo, la voz del Papa se elevó a favor de las víctimas.” Y Albert Einstein: “Sólo la Iglesia se pronunció claramente contra la campaña hitleriana que suprimía la libertad”.
Los papas del siglo XX han dado mucho juego en cine y televisión. En Italia son muy populares la miniseries religiosas, y entre ellas las dedicadas a pontífices. De modo que Edward Asner fue Giovanni Roncalli en Juan XXIII. El Papa de la paz (2003). El mismo papa fue encarnado por Bob Hoskins en El Santo Padre Juan XXIII (2002), a las órdenes de Riccardo Tognazzi. Pablo VI también ha tenido su miniserie, con Fabrizio Gifuni interpretándolo. Y aunque sólo duró un mes como Papa, también Juan Pablo I ha tenido protagonismo televisivo en Juan Pablo I: la sonrisa de Dios. Por otra parte, Francis Ford Coppola le dio presencia como el obispo que lograba que Michael Corleone se confesara en El padrino III (1990), aunque luego no evitaba caer en la tentación de la clásica leyenda sin fundamento, según la cual Juan Pablo I habría sido envenenado, lo que explicaría la brevedad de su pontificado.
Juan Pablo II
El recientemente beatificado Juan Pablo II enseguida tuvo biopic, al poco de ser elegido Papa. Su compatriota polaco Krzysztof Zanussi dirigió De un país lejano (1981), que contaba su vida hasta que llega a la sede de Pedro. Curiosamente, la televisión italiana se planteó hacer sobre Karol Wojtyla dos miniseries, y la primera, Karol (2005), abarcaba el mismo período que el film de Zanussi, mientras que la otra, Karol II: El Papa, el hombre, emitida al año siguiente, se centraba en su etapa de pontífice. Si en los títulos citados daba vida al Papa un actor polaco, Piotr Adamsczyk, en Juan Pablo II, miniserie coproducida por Estados Unidos, dos actores anglosajones, Cary Elwes y Jon Voight, daban vida al Papa en distintas etapas de su vida.
De refilón, la excusa de un viaje papal a Uruguay, tenemos al viajero Juan Pablo II en El baño del Papa, una crítica social a cuento de unas personas humildes, que instalan un baño en el lugar donde los fieles van a encontrase con su ilustre visitante, para ganarse un dinerillo. Y, curiosamente, una obra de teatro escrita por Karol Wojtyla antes de ser papa, El hermano de nuestro Dios (1997), fue llevada al cine por el ya mentado Zanussi.
Papas de ficción
También existen películas sobre papas imaginados, que nunca existieron. El más célebre es Kiril I, creado por Morris West en su famoso best-seller y luego llevado al cine por Michael Anderson Las sandalias del pescador. El autor se anticipó a la llegada al papado de un obispo del Este, aquí un ucraniano interpretado por Anthony Quinn, que sucedía a otro pontífice interpretado por John Gielgud. El film incidía en cuestiones políticas de la guerra fría, y el Papa no era ajeno a las dudas de sus coetáneos; no faltaban algunos tópicos como la vieja idea de vender tesoros destinados al culto para repartir el dinero que se saque a los pobres. Cuatro años después Anderson dirigió La papisa Juana, con Liv Ullmann de protagonista, que recoge la leyenda de discutida historicidad sobre una mujer que se disfrazó de hombre y fue elegida como pontífice.
Últimamente el italiano Nanni Moretti ha estrenado Habemus Papam, donde Michel Piccoli es un Papa recién elegido que sufre un ataque de pánico por el peso de sus nuevas responsabilidades.
