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Biografía

Brody Stevens

Brody Stevens

48 años ()

Brody Stevens

Nació el 22 de Mayo de 1970 en Los Ángeles, California, EE.UU.
Falleció el 22 de Febrero de 2019 en Los Angeles, California, EE.UU.

Cómico del resacón

No se le conoce demasiado en España, salvo porque apareció brevemente como policía en "Resacón en Las Vegas", pero en Estados Unidos era una celebridad por sus shows cómicos. Brody Stevens se suicidó en su residencia de Los Ángeles, donde le encontraron el viernes, 22 de febrero de 2019. Tenía 48 años.

Nacido el 22 de mayo de 1970, en Los Ángeles, Steven Brody (su verdadero nombre) era hijo de un investigador privado de origen judío. En el instituto destacó en el equipo de béisbol, pero una lesión en la mano le impidió dedicarse profesionalmente a este deporte. En Seattle se convirtió en presentador de "Brody and Teina", un programa televisivo.

Tras un tiempo actuando en locales de Nueva York, se mudó de nuevo a su ciudad natal, donde pronto se convirtió en uno de los habituales del circuito de monologuistas. Pronto se convirtió en un rostro habitual de los shows con majores índices de audiencia, como "Late Night with Conan O'Brien" y "Jimmy Kimmel Live!". Debutó en la gran pantalla como secundario muy episodico de Blind Ambition, una olvidada comedia. Tras su papel de agente de la ley de Resacón en Las Vegas, repitió en la secuela, Resacón 2: ¡Ahora en Tailandia!, encarnando a otro personaje, sicario del gánster que interpretaba Paul Giamatti. Con uno de los protagonistas de la saga de la despedida de soltero loca, Zach Galifianakis, también intervino en Salidos de cuentas, como conductor de una limusina, y en el show de HBO Enjoy It.

Desgraciadamente Brody Stevens padecía trastorno bipolar. Pocos días antes de su muerte actuó en el teatro Sunset Strip, de West Hollywood, sin que nada hiciera presagiar su triste final.

Filmografía
Resacón 2, ¡ahora en Tailandia!

2011 | The Hangover 2

Vísperas de boda en Tailandia, esta vez se casa allí con su novia de ese país el dentista Stu. Y sus amigos de francachelas Phil y Alan, más Doug, se disponen a acompañarle en tan memorable ocasión. Por supuesto, la idea es no meterse en líos, como les ocurrió en su despedida de solteros en Las Vegas con ocasión de la boda de Doug. Pero, como no podía ser de otra manera, tras una noche de desenfreno de la que no recuerdan nada, se despiertan resacosos en Bangkok habiendo perdido al hermano de la novia, con el dedo mutilado de alguien, un divertido mono saltarín y un asombroso tatuaje en el careto de Stu. Secuela de la exitosa comedia gamberra Resacón en Las Vegas, la idea de Todd Phillips y compañía es ofrecer sin disimulos una película cortada exactamente por el mismo patrón, incluido el álbum de fotos con que se cierra el film. De modo que la personalidad de los tres amigos sirve para elaborar los diferentes gags basados en el absurdo –el dinámico Phil, el tarado Alan, y el apocado con un lado salvaje Stu–, con frecuencia de dudoso gusto –véase el “hongo” en la alfombra del motel donde se despiertan–, aunque en algunos casos francamente desternillantes –los relativos al padre de la novia y al estrafalario carácter de Alan–. Está claro que el film es sintomático de los derroteros que toma actualmente la comedia contemporánea, que opta por pintar personajes inmaduros, sin plantearse grandes cuestiones acerca de su comportamiento más allá de una innegable camaradería. Las bromas sofisticadas se dirían cosa del pasado, ahora la zafiedad, más o menos refinada, es lo que prima.

5/10
Salidos de cuentas

2010 | Due Date

Tras el bombazo de Resacón en Las Vegas, convertida en 'blockbuster' en todo el mundo, y a la espera de la ansiada segunda parte, el mismo equipo de producción vuelve a colaborar con otra comedia disparatada con la idea de volver a 'emborracharse' de éxito. La idea tiene su gancho y para apuntalar las expectativas el nuevo film repite con el mismo director, Todd Phillips, y con la presencia de uno de los actores que más ayudaron al éxito de la gran melopea de la ciudad de los casinos. Se trata del cómico Zach Galifianakis, el marciano tipejo de la barba. Peter es un arquitecto que ha de viajar con urgencia desde Atlanta hasta Los Ángeles. El motivo es que su mujer se encuentra allí y la llegada de su primer hijo es inminente. Pero la mala fortuna va a acompañar a Peter desde el mismo momento en que se cruza en el aeropuerto con un tipo estrafalario, con una gran barba y pinta de haragán, y que viaja con un asqueroso perrito. Por una serie de vicisitudes provocadas por ese extraño viajero, el pobre de Peter será arrestado y se le negará el permiso para volar en avión. En tierra, sin alternativas posibles y con la necesidad de viajar cuanto antes, terminará por aceptar acompañar en su coche al disparatado barbudo, Ethan Trembley, que también se dirige a Los Ángeles porque quiere triunfar como actor. La película está concebida como una esperpéntica "road movie" en la que dos personajes totalmente opuestos tendrán que pasar mil y una aventuras y situaciones surrealistas. En general, funciona la idea del ejecutivo que ha de viajar con un estrambótico compañero, pesado, soez y totalmente pazguato, al que no aguanta. Pero tras el prometedor comienzo, lo cierto es que las secuencias cómicas son un poquito rebuscadas y en ocasiones escasamente imaginativas, véase el accidente de tráfico, el disparo o la pelea en la oficina postal. Otros momentos pasan mejor el corte, como la actuación de Galifianakis emulando a Corleone en El Padrino, el rescate en la frontera y alguna que otra escena más. Sin embargo, en conjunto las risas se antojan escasas para una película que no aspiraba a otra cosa. Lo mejor –es inevitable– es la presencia de Galifianakis, con un personaje que es un auténtico memo de buen corazón, que estropea todo lo que toca. Se ve que el actor está en su salsa. Sin embargo a Robert Downey Jr. se le da mucho mejor el rol de travieso al estilo de Iron Man que el de tipo serio que adopta en esta película. El resultado es que por momentos la situación se estanca, pierde toque, gracia, como si la química entre los actores fuera tan parca como la de los personajes que interpretan. También se echan en falta más minutos para la actriz Michelle Monaghan (La conspiración del pánico), que parece desaprovechada con su papel de esposa.

4/10
Resacón en Las Vegas

2009 | The Hangover

Phil, Stu y Alan se disponen a acompañar a Doug en su despedida de soltero en Las Vegas. El primero es un guaperas, profesor en un colegio, felizmente casado; el segundo es dentista, y debe ocultar a su estricta novia la meta de su viaje, asegurando que marchan de cata de vinos a Napa Valley; y el tercero, hermano de la novia, es el más pringado de todos, entre pervertido, débil mental y adicto a las drogas. Pasarán una noche loca, y al día siguiente despiertan con su suite patas arriba, un tigre pululando por ahí y un bebé lloriqueando. Lo peor de todo es que Doug ha desaparecido, no se acuerdan de nada, y la boda es al día siguiente en Los Ángeles. Una película al estilo de la hispana Fuga de cerebros, pero con un poco más de seso y clase. Comparable a los títulos más inspirados de los hermanos Farrelly o Judd Apatow, o sea, a Algo pasa con Mary y Lío embarazoso. El bien estructurado guión lo firman Jon Lucas y Scott Moore, que antes hicieron Como en casa en ningún sitio, y dirige un Todd Philipps que empezó con comedias al estilo Porky's (Viaje de pirados, Aquellas juergas universitarias), para pasarse a algo más convencional (Starsky & Hutch (2004)), y madurar en la ruta de la comedia disparatada con Escuela de pringaos. Aquí sigue la vena de explotar situaciones completamente absurdas, que se dirían imposibles en el mundo real, ilógicas, pero que funcionan en el mecanismo de la trama de juerga increíble. Phillips sabe imprimir ritmo a la historia, y aprovecha bien una serie de gags desternillantes, muy ocurrentes, con frases brillantes: la pregunta sobre el antiguo ocupante del hotel Caesar's Palace es un ejemplo entre mil de lo que resulta ser una auténtica antología del disparate. Pero... Pero, como suele ocurrir en este tipo de filmes, se sigue con demasiada frecuencia el camino de la zafiedad, incluso con imágenes desagradables -esa galería de fotos al final, que resume la noche olvidada–, que verdaderamente no hacían ninguna falta. Podría uno decir que la película es un canto a la amistad o así -la película, tras el planteamiento esbozado antes, no consiste en otra cosa que en dar con el paradero del novio-, o que da por bueno que todo vale en una despedida de solteros, no hay cortapisas morales, pero seguramente es decir demasiado, estamos ante un puro divertimento, típico de la sociedad inmadura en la que estamos inmersos.

6/10

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