IMG-LOGO

Biografía

Alex Catalán

Alex Catalán

Alex Catalán

Premios: 1 Goya (más 1 premios y 4 nominaciones)

Goya
2020

Nominado a 1 premio

Goya
2019

Nominado a 1 premio

Goya
2017

Nominado a 1 premio

Goya
2016

Nominado a 1 premio

Goya
2015

Ganador de 1 premio

Ganador de 1 premio

Filmografía
Mientras dure la guerra

2019 | Mientras dure la guerra

19 de julio de 1936. El capitán Barros anuncia el comienzo del alzamiento militar frente al Consistorio de Salamanca. Cerca de allí, Miguel de Unamuno trata de mantener su rutina, y pese a que su familia preferiría que se quedara en casa hasta que se tranquilizase el panorama, sale a tomar café con sus allegados, que debaten sobre lo que está ocurriendo, cuando él parece aún estar asimilándolo. Poco después, se entera de que el gobierno republicano le ha destituido de su cargo como rector vitalicio de la Universidad de la ciudad castellana. Mientras tanto, Millán-Astray anima a su viejo amigo, el general Francisco Franco, a imponerse a la Junta Militar para quedarse al mando del bando nacional, pero éste prefiere maniobrar sutilmente para evitar un paso en falso. La mejor de las tres películas basadas en hechos reales rodadas hasta el momento por Alejandro Amenábar, más reflexiva y madura que Mar adentro y Ágora, y superior a la media de los acercamientos del cine patrio a la Guerra Civil, casi siempre lastrados por el maniqueísmo y el afán propagandístico. Él mismo ha compuesto un guión esforzado, lleno de matices y detalles, junto a Alejandro Hernández, ganador del Goya por Todas las mujeres, y nominado por El autor. Se le puede reprochar que falta algo de frescura en algunos pasajes, como las conversaciones de Unamuno con su nieto, o cuando un soldado le pide un autógrafo, y hasta resultan un tanto grotescos los momentos oníricos en los que con el fin de sacar una lágrima al respetable se sube el volumen de la banda sonora (un trabajo aceptable del propio Amenábar, que no firmaba la partitura desde su biografía de Ramón Sampedro). Pero el realizador logra menos frialdad que en otras ocasiones en algunas secuencias, como la de Millán Astray ordenando que se cante el himno nacional para acompañar el alzamiento de la bandera rojigualda, o en el tramo final, que recrea con rigor histórico el célebre episodio del Paraninfo de la Universidad de Salamanca, del 12 de octubre de 1936, cuando el escritor pronunció la célebre frase “venceréis pero no convenceréis”. Se reivindica la independencia intelectual, defendiendo que el posicionamiento de cada uno debe ir marcado por los hechos y los resultados, no por la pasión, la adscripción incondicional a un bando contra viento y marea o el cainismo. Sobre todo, el cineasta de padre chileno y madre española ha captado la postura del emblemático autor bilbaíno –equidistante entre los radicalismos, y similar a la de muchos españoles–. Desencantado por la República, que no había traído el orden y la prosperidad esperadas, apoya un golpe militar que en principio restituiría la paz. Sin embargo, una vez que se inicia el conflicto, se cometen injusticias y actos de barbarie por ambos bandos, lo que afectó a amigos y familiares de todos los ciudadanos; además, inesperadamente Francisco Franco toma el poder absoluto del lado nacional, con planes muy distintos a los esperados. Tienen interés las conversaciones del protagonista con sus dos amigos más cercanos, donde se defienden actitudes discrepantes, pero se pone de manifiesto el valor del diálogo. En uno de ellos, Unamuno achaca a la izquierda –pese a ser éste el bando con el que simpatiza Amenábar, a tenor de sus declaraciones públicas– su supuesta superioridad moral, y su defensa apasionada de la libertad cuando después se muestra una enorme tolerancia con dictaduras terribles como la estalinista. Todo ello remite a la actualidad, cuando las posiciones siguen siendo igual de extremas; de hecho, llega a tratarse con cierta profundidad el nacionalismo, y los intentos de romper España, tema bastante contemporáneo, con una crítica a quienes atacan por este asunto a vascos y catalanes, cuando también son parte de nuestro país. A Amenábar se le dan muy bien las escenas en las que hace gala de un gran despliegue de producción, gracias a su imaginación visual, lo que deja claro desde el asalto a la Plaza Mayor de Salamanca en el arranque. Pero el film está dominado por secuencias intimistas, en las que aprovecha el talento de la totalidad del reparto. Pocas veces se ha sacado tanta tajada a Karra Elejalde, que expresa muy bien la lucha interna de Unamuno. Pero resulta encomiable la labor de los secundarios, tiene sobre todo cancha Eduard Fernández, que pinta un Millán Astray excesivo, lo que parece corresponderse con la realidad, que defiende la acción directa, frente a quienes se permiten el lujo de opinar, pero desde la distancia. Sorprende mucho la labor de Santi Prego (hasta ahora muy secundario en títulos como La sombra de la ley), un Francisco Franco de apariencia apocada, pero inteligente y maquiavélico, a quien se acusa de haber alargado innecesariamente el conflicto y hasta de agarrarse a la fe católica que profesaban su esposa y su hija conforme a sus intereses. Aunque estos tres personajes copan la mayor parte del metraje, están bien descritos algunos otros, que tienen sus propios momentos de gloria, como el general sospechoso de pertenecer a la masonería Luis Valdés Cavanilles, defendido por un magistral Tito Valverde, o Luis Zahera (el pastor protestante Atilano Coco) y hasta los femeninos, que en principio tenían menos parcela en esta historia, como Patricia López Arnaiz (María, hija de Unamuno), Nathalie Poza (esposa del alcalde de Salamanca) e incluso Mireia Rey (una Carmen Polo que ayuda a Unamuno a salir del campus).

6/10
Yuli

2018 | Yuli

Abordar el género biográfico sin caer en lo convencional es ejercicio harto difícil, no hay más que pensar en la reciente La música del silencio, sobre Andrea Bocelli. Icíar Bollaín, directora, y Paul Laverty, guionista, intentan sortear tal dificultad en Yuli, acercamiento a la vida del bailarín y coreógrafo cubano Carlos Acosta, que se interpreta a sí mismo en la cinta, y que por supuesto es uno de los impulsores del film. El modo de lograrlo es una historia con dos tiempos narrativos: en uno de ellos, Carlos Acosta prepara un espectáculo musical de danza autobiográfico, para ser representado en La Habana; en el otro, somos testigos de episodios de la niñez y juventud de Acosta, sugeridos por el álbum de fotos familiares y recuerdos que atesoraba su progenitor. De modo que se procura ofrecer un retrato no exhaustivo, aunque sí dotado de algunos elementos clave para conocer mejor a quien familiarmente era conocido como Yuli, con la idea de evocar, sin pretender ser absolutamente preciso, cómo fue esa vida sacrificada y exigente, no exenta de duras pruebas, sugeridas con pudor, a veces con trazos impresionistas, como lo relativo a los problemas psíquicos de una hermana. Y conocemos el ambiente familiar sencillo, las presiones que soporta el niño para desarrollar su natural talento para la danza y acudir a la Escuela Nacional de Cuba para formarse, las separaciones desgarradoras y estancias en el extranjero, la tentación de quedarse a medio camino. El resultado puede que no sea perfecto, pero funciona en líneas generales, incluidas las coreografías y números de danza del musical, cuidados y que cumplen bien su cometido en apoyo de la narración. Conmueve especialmente el personaje del padre, muy bien interpretado por Santiago Alfonso.

6/10
Loving Pablo

2017 | Escobar

1983, en Colombia. Virginia Vallejo, popular presentadora de un programa televisivo, acude a una fiesta en la Hacienda Nápoles, donde conoce a su dueño, Pablo Escobar, que desde el primer momento le resulta fascinante. Acaba iniciando una aventura con él, mientras éste inunda Estados Unidos de cocaína, convirtiéndose en una de las mayores amenazas al gobierno de Ronald Reagan. Con esta adaptación del libro de la propia Vallejo “Amando a Pablo, odiando a Escobar”, Fernando León de Aranoa partía de un importante ‘handicap’: llega tarde, tras el largometraje Escobar, el paraíso perdido, y la serie Narcos, con las que no puede evitar repetirse. Aún así, el madrileño no ha podido resistirse a la oportunidad de componer un film de mafiosos, muy al estilo de Martin Scorsese, sobre la ascensión y caída de un capo del crimen, con enorme brutalidad a la hora de mostrar asesinatos. Pese a ser sobre todo escritor (modélico el libreto de Familia, su ópera prima) fracasa en el guión, que acumula diversos defectos, sobre todo una voz en off tan innecesaria como reiterativa de la protagonista, pero también se olvida de desarrollar a muchos personajes, por ejemplo al policía que interpreta Peter Sarsgaard. Pese a estar especializado en cine social e intimista, en títulos como Barrio, aquí no consigue plasmar bien las relaciones entre personajes, ni secuencias conmovedoras, pero luego compone vistosos planos de masas (atención al aterrizaje de un avión en la autopista). Y fallan detalles, por ejemplo las prótesis con las que se le da un aspecto rechoncho al protagonista. Por estas razones fue denostada por la crítica tras su paso fuera de concurso por el Festival de Venecia. Pero al fin y al cabo funciona. Sobre todo por el intenso trabajo de los protagonistas, Javier Bardem –que se transforma por completo– y Penélope Cruz, de nuevo mejor con un director nacional que con uno extranjero. Por ejemplo, ambos se han trabajado muy bien el acento colombiano, para los diálogos, que en el original son en inglés con algunas expresiones soeces en español latino. Además, la historia que relata continúa impactando aunque se conozca de sobra. Sobre todo critica la doble moral, por ejemplo de los parlamentarios que critican al narcotraficante cuando ellos ocultan corrupción, o de Estados Unidos, más permisivo con la mafia italiana porque sus beneficios se quedan en el interior del país que con los narcos, que sacan el dinero. Pero también del protagonista, por un lado benefactor de los pobres, para quien se convierte en un héroe, por construir viviendas, por otro capaz de los crímenes más horribles. De la misma forma se supone que adora a su familia pero mantiene relaciones extraconyugales, y adora a su pequeña hija, cuando practica sexo con adolescentes que ha comprado a sus familias.

6/10
El hombre de las mil caras

2016 | El hombre de las mil caras

Todo un tratado fílmico sobre la impostura, a partir del caso real en España en 1995 de la fuga del director de la Guardia Civil, Luis Roldán, que habría hecho un uso delictivo de los fondos reservados para operaciones especiales, con la sustracción de cientos de millones de pesetas. En un momento en que ha dimitido y corre serio peligro de acabar en prisión, Roldán acude a los servicios de un personaje singular y multifacético, Francisco Paesa, experto por así decir en operaciones especiales: al objetivo de que le ayude a huir fuera del país en compañía de su esposa Nieves se suma el del manejo de esos dineros. En manos de un cineasta convencional, El hombre de las mil caras sería una crónica acartonada de unos sucesos que el espectador puede tener más o menos frescos en su memoria, reflejo de la corrupción que acampó en unos determinados años de gobierno socialista. Pero Alberto Rodríguez, con la colaboración de su coguionista habitual Rafael Cobos, logra imprimir a la narración inspirada por la investigación del periodista Manuel Cerdán un aire de misterio difícilmente respirable, de personajes pícaros atrapados en la teleraña de mentiras y engaños que ellos mismos han tejido. Y ahí hay quien puede llegar al límite de lo soportable, mientras que también cabe aguantar, quizá porque falta el asidero elemental de la unión afectiva y efectiva con las personas, una confianza y un amor que permitan un cambio de vida. Los responsables de La isla mínima vertebran la narración con la voz en off de Jesús Camoes, el piloto que trabaja para Paesa, y lo más parecido a un amigo que éste tiene. Y describen con estudiada objetividad, sin ajustes políticos pero tampoco pretendiendo excusar a nadie, las actuaciones de unos y otros, timos, estafas y simulaciones que a veces presentan tintes surrealistas, prueba de lo complicadas que podemos llegar a ser las personas, sobre todo si no conseguimos mostrarnos tal y como somos, nadie es perfecto. Además se mueven con soltura por los múltiples escenarios de un paisaje internacional, cuyos hilos maneja Paesa, y hacen un hábil uso del sonido y la partitura musical. Es conocido sobradamente el buen hacer de actores como Eduard Fernández, José Coronado y Marta Etura, aquí hay que señalar quizá el esfuerzo del no tan conocido Carlos Santos dando vida a Roldán.

6/10
1898: Los últimos de Filipinas

2016 | 1898: Los últimos de Filipinas

Recreación de uno de los hechos históricos que marcaron el final del imperio español, junto a la pérdida de Cuba y Puerto Rico. El final de la colonia española de Filipinas se dilató por la resistencia en condiciones muy penosas de cincuenta hombres, conocidos como “los últimos de Filipinas”, que sufrieron un asedio de casi un año en Baler, refugiados en una iglesia. Al mando se encontraba el capitán Enrique de las Morenas, al que sucedió en el mando el teniente Martín Cerezo cuando el otro murió de enfermedad. Esta página de la historia de España ya había sido llevada al cine en 1945 por Antonio Román, con el título de Los últimos de Filipinas, justo el año en que murió el mentado teniente Martín Cerezo, con un reparto de lujo para la época, y poniendo el acento patriótico en el heroísmo de los protagonistas. En esta versión que llega siete décadas después contamos de nuevo con un conjunto actoral destacadísimo, pero conforme a los nuevos tiempos se quiere arrojar una mirada más crítica y revisionista, algo desencantada; sin negar el coraje de los personajes, pero como subrayando el absurdo de la acción, poco más que una cabezonería quijotesca casi surrealista, que no valdría la pena. Firma el irregular guión Alejandro Hernández, habitual colaborador de Manuel Martín Cuenca, quien no logra insuflar progresión o dramatismo creciente a la trama, el tiempo discurre, las condiciones empeoran, la guerra ha terminado aunque los sitiados no quieran enterarse, y punto, en algún momento deberá llegar, entre delirios febriles, disparos, entierros y treguas, el final. Mientras que el discurso político de los poderosos que usan a los pobres como carne de cañón, o las quejas sobre España, concepto discutido y discutible, resulta bastante pobre. En el ínterim se nos presentan los personajes, algunos reales, otros ficticios, quizá demasiado aislados, se echa en falta entre ellos algo parecido a la camaradería. De los auténticos resulta poco humano el empecinamiento de Martín Cerezo (Luis Tosar) en mantener la plaza, mientras el médico de Carlos Hipólito resulta bastante plano, y el detalle del opio del fraile de Karra Elejalde algo forzado; en cambio la posición del desertor está bien descrita, pues pugnan en él el deseo de salvar el pellejo con la inevitable sensación de traicionar a los suyos, para la que necesita autojustificarse incluso estentóreamente. El joven aspirante a pintor, al que da vida Álvaro Cervantes, y que proporciona de algún modo el punto de vista del espectador, desde la ingenuidad al rechazo ante lo que ocurre, debería haber dado más juego; mientras que el brutal militar de Javier Gutiérrez es puro cliché. Hay un esfuerzo de producción importante de Enrique Cerezo, con Televisión Española, Telemadrid y 13 TV, lo que se nota en la recreación de época, el esfuerzo de documentación, la fotografía de parajes naturales y abundantes escenas de acción bélica, pero Salvador Calvo, bregado en televisión, no las sirve de un modo excesivamente vibrante, el presupuesto da para lo que da. Así pues, se agradece una nueva mirada a este episodio de la Historia de España, pero el resultado no es enteramente satisfactorio.

4/10
Un día perfecto

2015 | A Perfect Day

Cinco años después de Amador, Fernando León de Aranoa vuelve a estrenar película, también producida por él. Esta vez sitúa la historia en la guerra de los Balcanes, en la que  sigue a un grupo de voluntarios que se dedica a asegurar el suministro de agua potable en la zona. El conflicto surge cuando, intentando sacar un cadáver de un pozo para evitar su contaminación, se les rompe su única cuerda: conseguir otra será la excusa argumental para el desarrollo de esta “road movie”. El film está concebido como un baile de géneros, se mueve entre la comedia, el drama y el cine social, algo que ya ocurría en Barrio. En Un día perfecto esta hibridación tiene un resultado irregular. En unas ocasiones los chistes del personaje interpretado por Tim Robbins animan el film, en otras le restan verosimilitud. Lo mismo ocurre con la visión crítica de la ONU y de su intervención: por un lado enriquece la película, pero llega un momento en que el reproche a la burocracia militar peca de exagerado. Es la primera vez que Fernando León rueda en inglés, pero eso no le ha impedido dirigir bien a sus excelentes actores. Tanto Benicio del Toro, con una interpretación penetrante de un personaje que intenta arreglarse a sí mismo, como Tim Robbins y su loco conductor, cumplen con creces. Los personajes –incluidas las dos chicas, Mélanie Thierry y Olga Kurylenko– cargan con un pasado que no terminamos de conocer y que nos interesa, pues ellos y ellas son el resultado de sus heridas, de su cansancio por tratar de hacer de este mundo un sitio mejor. Es la mayor virtud de esta película, una veta que se podría haber explotado más. Es indudable que el director quería hacer una película de contrastes, con muchos contrapuntos: entre sus protagonistas, entre imagen y música, entre las risas de los personajes y el drama que los rodea, entre la bondad de los voluntarios y la frialdad de los militares. Así construye una obra irregular e interesante, bien planificada –aunque a veces los planos aéreos parecen metidos con calzador– y con un final que cierra perfectamente la historia. Como es habitual en él –recordemos Familia, Barrio o Los lunes al sol– lo que más brilla en esta película son sus personajes y su pasado. Sin embargo, esta vez la trama no está al nivel de sus protagonistas: da la sensación de que, en ocasiones, la historia está supeditada al deseo de crítica. Además, uno se queda con ganas de introducirse más en el conflicto de la antigua Yugoslavia, que solo se toca de manera tangencial en dos momentos puntuales.

6/10
Bienvenidos

2015 | Bienvenidos

6/10
La isla mínima

2014 | La isla mínima

El sevillano Alberto Rodríguez continúa la estela de su anterior trabajo, Grupo 7, en otro film policíaco, que también se desarrolla hace unas décadas en el sur de España, y que nuevamente está rodado con un estilo naturalista. En La isla mínima, dos jóvenes hermanas han desaparecido en un pueblecito de las marismas del Guadalquivir en 1980. Para investigar el asunto viajan al lugar dos policías madrileños de personalidades contrapuestas, Pedro, representante de la nueva hornada de la policía democrática, y Juan, agente de la vieja escuela, que no duda en utilizar métodos violentos si necesita conseguir información para resolver el caso. De nuevo Rodríguez ejerce como coguionista con Rafael Cobos. El dúo supera ampliamente su anterior trabajo, cuyo punto más débil residía precisamente en un libreto que a pesar de despertar el interés y describir muy bien a los personajes, se estancaba rápidamente y se volvía reiterativo. Por contra, La isla mínima desarrolla con mayor fortuna una trama policíaca muy clásica que en realidad sirve de mera excusa para la descripción social de la época, un momento histórico en el que España es una democracia, pero aún está anclada en el pasado. El film muestra una España rural marcada por las reivindicaciones de los jornaleros, la marginación a la mujer, la extrema pobreza y otros problemas. Sólo cabe achacarle que ofrece una imagen exageradamente tenebrosa y negativa del pasado de España, más en consonancia con la mayoría del cine patrio que con la ofrecida por cineastas como David Trueba en Soldados de Salamina y Vivir es fácil con los ojos cerrados, por poner algún ejemplo. Pero por lo demás, Rodríguez le saca mucho partido a un presupuesto limitado, pues con pocos elementos compone una esmerada ambientación, y como es habitual en su cine hace gala de una enorme imaginación visual, como queda patente en los planos cenitales de las localizaciones. Se luce en diversos momentos, como la persecución nocturna de un Dyane 6, un tiroteo en medio de una intensa lluvia y otras secuencias de altura. En el apartado interpretativo Rodríguez vuelve a recurrir al gran Antonio de la Torre, que demuestra que no hay papel pequeño, aunque ha quedado relegado a un rol muy secundario, el padre de las secuestradas, al que le pone una enorme intensidad. Como es habitual, Raúl Arévalo se muestra sumamente eficaz como poli bueno. Aunque aparecen muchos intérpretes destacados como Manolo Solo (El laberinto del fauno) como periodista carroñero muy bien defendido, en La isla mínima roba por completo la función Javier Gutiérrez, conocido por su rol de graciosete en Águila roja, inmenso en un papel completamente opuesto, lleno de dramatismo, pues encarna al otro protagonista, el poli malo, un tipo de turbio pasado, pero al que logra humanizar y dotar de matices.

6/10
Anochece en la India

2014 | Anochece en la India

Ricardo es un tipo amargado por una enfermedad que le tiene clavado en una silla de ruedas. Su cuidadora rumana Dana tiene que tener una paciencia infinita a la hora de hacer su trabajo. El caso es que se supone que Ricardo tuvo una vida estupenda en el pasado en la India, era su época hippy. Y ha decidido vender todo lo que tiene, dejar España e ir a morir a ese país. Chema Rodríguez, director y guionista de Anochece en la India, debuta en la dirección de largometrajes de ficción con esta fallida irregular road-movie; antes había coescrito el guión de La gran final, que también transcurría en países exóticos. A pesar de contar con un actor con tantas tablas como Juan Diego, no logra despertar el necesario interés narrativo. El personaje de Ricardo es decididamente antipático, casi odioso, el gracejo que le pone el actor con el “no me jodas, no me jodas”, puede despertar una sonrisa una, dos veces, pero acaba siendo cansino. Su decisión de viajar a la India no emociona, porque realmente faltan referentes para entenderla. Aunque más grave es todo lo relativo al personaje de Dana, empeñada en acompañar a su insoportable jefe, las motivaciones que se nos apuntan –enamoramiento, cierto detalle relacionado con su maternidad...­– resultan escasamente convincentes. Poco puede hacer la esforzada Clara Voda para remediarlo. Ni siquiera el viaje responde a una mínima lógica narrativa. De pronto estamos en Rumanía, sin que nada nos prepare para ello, o nos encontramos en la frontera con Irán... Entran y salen personajes de nulo interés como el que fuera marido de Dana, o la enfermera rubia maciza... Escuchamos canciones lánguidas en inglés… En fin, quiere ser cine trascendente, importante, pero no llega demasiado lejos. Así hasta esa estancia en solitario en medio de ninguna parte de la pareja protagonista, que precipita un final que deja frío, pese a sus pretensiones emotivas.

2/10
¿Quién mató a Bambi?

2013 | ¿Quién mató a Bambi?

Comedia negra y disparatada, con acción criminal de por medio y desmadre festivo, elementos que la conectan con la exitosa Resacón en Las Vegas, con algunas claves de las comedias de perdedores de los hermanos Coen y con la violencia paródica de Quentin Tarantino. También se podría mencionar como referente El guateque de Blake Edwards, pero sin esa elegancia y medida. Lo curioso del cóctel es que su elaboración es española, lo sirve Santi Amodeo, cuyo debut en el largo, El factor Pilgrim (2000), supuso la carta de presentación de un cineasta no convencional. ¿Quién mató a Bambi? es una historia gamberra, que funciona por acumulación de elementos que complican la vida de personas más o menos corrientes inmersos en situaciones extremas. El mérito de Amodeo es poner un poco de “orden”, por así decir, ante tanta circunstancia inverosímil. Por un lado tenemos a David y su amigo Mudo, que por razones absolutamente increíbles cargan con su jefe inconsciente en el maletero del coche, con los elementos añadidos de que su hija es la novia de David, y que su esposa ha organizado una fastuosa fiesta de cumpleaños. Por otro lado Edu y Gigi, que regentan una pizzería, han decidido secuestrar al jefe de David, pero se confunden y se llevan con la cabeza encapuchada al padre de Edu, un pobre conserje. No es más que el arranque de una ceremonia de confusiones. El film funciona en su propósito de ofrecer una comedia española “diferente”, más cercana a los modelos americanos, aunque con la idiosincrasia española, véase la inclusión del fútbol y jugador de pedigrí como estrella invitada, nada menos que Andrés Iniesta. Para entendernos, no estamos ante un “Torrente” –aunque algunas zafiedades van en esa dirección–, la cinta puede entenderse con más facilidad en el mercado internacional. No obstante, a la película le falta equilibrio y los personajes resultan muy esquemáticos, no resulta fácil identicarse con ellos, a pesar del inteligente reparto.

4/10
La voz dormida

2011 | La voz dormida

  La guerra que no cesa. La civil española, ¿cuál otra si no? Ahora aborda sus consecuencias inmediatas Benito Zambrano con La voz dormida, adaptación de una novela de Dulce Chacón. Sigue a Pepita, chica sencilla de provincias, recomendada para servir en una casa en Madrid, con idea de estar cerca de su hermana Tensi, en prisión por razones políticas. Tensi está embarazada, y su marido y otros camaradas del partido se encuentran refugiados en la sierra, aunque la guardia civil les pisa los talones. Pepita hará a regañadientes de correveidile entre su hermana y su cuñado, mientras el riesgo de Tensi de acabar ante un pelotón de ejecución es alto a pesar de su incipiente maternidad. Que nadie busque al Benito Zambrano de Solas en esta película, a ese Benito Zambrano no se le ha vuelto a ver, ni en Padre coraje, correcto telefilm, ni en su fallida aventura cubana Habana Blues. Aquí entrega un aseadito film ya visto muchos veces y completamente previsible, su versión más reciente sería Las 13 rosas de Emilio Martínez Lázaro. De nuevo tenemos una mirada a la guerra fraticida hispana, escorada hacia el lado de los vencidos, con escasos matices al presentar procesos legales sin garantías jurídicas, monjas y curas muy poco cristianos y demás clichés al uso. No se evita la reiteración a la hora de intentar asentar ciertas ideas, como la de mostrar la solidaridad entre las mujeres encerradas, o los abusos de la autoridades de la nueva España. Y ciertos recursos melodramáticos -el emotivo canto de la Internacional, el cuaderno para la hija que va a nacer, la carcelera compasiva...- no dejan de chirriar. Comercialmente el film quizá funcione entre el sector del público más afín al punto de vista presentado, y entre quien sin planteamientos de partido disfrute con el drama rayano en lo sensiblero. A no ser que uno sea delicado en lo relativo a escenas de tortura, mostradas aquí bastante gráficamente. En este paisaje salva la película del naufragio un nombre, María León, la actriz que encarna con convicción a la protagonista Pepita. Ella no sabe de ideologías, es una mujer piadosa, quiere con locura a su hermana, por amor se arriesgará lo indecible. Ingenua y lista, generosa y prudente, valiente y con sentido común, el personaje es rico y León lo compone muy bien, incluso en algunas relamidas escenas con un pretendiente, y aguantando el tipo en las duras escenas en que sufre tremendas vejaciones. En cambio la hermana Tensi resulta más impostada. Inma Cuesta resulta creíble en la relación con su hermana y en su ilusionada experiencia de madre, pero no tanto a la hora de sostener sus convicciones ideológicas, su pose en esos pasajes resulta demasiado mitinera.  

4/10
No tengas miedo

2011 | No tengas miedo

Silvia es una niña encantadora, rubita, risueña, vivaz. Vive feliz con sus padres, que le adoran, y disfruta de la compañía de su mejor amiga, Maite. Pero un día su carácter va a cambiar cuando su padre, entre juegos y risas, abuse de ella. Silvia irá creciendo en ese ambiente terrible y su vida se irá desmoronando. A lo largo de toda su filmografía el navarro Montxo Armendáriz ha demostrado un extraordinario oficio para plasmar sentimientos en la pantalla. Especialmente certero resultó con Secretos del corazón, sobre el paso a la juventud de un niño. Ahora vuelve al difícil terreno de la infancia, la adolescencia y la juventud con esta dura historia sobre la traumática situación de una chica que sufre los abusos de su padre. El director es fiel a su modo parsimonioso y clásico de narrar y elige una puesta en escena realista, cotidiana, sencilla, cuya falta de estridencias hace más terribles si cabe los sucesos que se narran. En este sentido se agradece que Armendáriz opte por no mostrar la explicitud de los hechos más desagradables. Una mirada, una frase, un gesto son capaces de sugerir todo un mundo interior de horror, incomprensión, desesperación. Pesa por otra parte la mirada monolítica ante la experiencia de la protagonista. Armendáriz no quiere distraerse ni frivolizar sobre un tema que, efectivamente, enloda toda la vida de las víctimas de abusos –esos insertos de las terapias de grupo quieren concienciar sin duda de esa realidad y de la dificultad de superar los traumas para seguir adelante–, pero también es cierto que el espectador puede demandar algo más de aire, un rayo de esperanza ante la pesadumbre de la historia (espeluznante la conversación en el bar entre madre e hija), un poco reiterativa en su discurso. Hay que elogiar el sólido trabajo de la actriz Michelle Jenner (Los hombres de Paco), prácticamente omnipresente y que transmite su angustia y su indecible soledad de modo eficaz, con mucho aplomo en los primeros planos, en ese deambular por la ciudad, en las ausencias mentales, en las huidas entre máquinas tragaperras... El resto del reparto , con nombres tan conocidos como Lluís Homar, Belén Rueda o Rubén Ochandiano, hace un buen trabajo.

5/10
Grupo 7

2011 | Grupo 7

Alberto Rodríguez anda de cabeza con el número 7. El director de 7 vírgenes entrega ahora Grupo 7, inspirada en hechos reales, que comparte con el otro film su estilo naturalista y su interés en describir a los habitantes del sur de España. Sigue los pasos de un comando policial en Sevilla, que mientras se prepara la Exposición Universal de Sevilla no duda en utilizar métodos poco ortodoxos para limpiar las calles de traficantes, sobornando a confidentes, utilizando violencia de más, etc. Lo componen varios policías. Rafael ha quedado marcado por la pérdida de su hermano, y aunque tiene accesos de brutalidad en el fondo es un tipo con buen corazón. Ángel es un joven felizmente casado que aspira a seguir el reglamento y ascender en el escalafón. Por último, Miguel y Mateo son eficaces profesionales, duros pero de carácter bromista. Grupo 7 Arranca con fuerza, pues Rodríguez filma con contundencia y dinamismo, con un estilo fresco, y además, se luce con la descripción del ambiente y con la espontaneidad de los actores, que parecen auténticos personajes marginales de la calle. Parece haber tenido en mente el estilo del cine quinqui de la época, de José Antonio de la Loma y seguidores, aunque opta por contar la historia desde el lado de la policía. Además, describe muy bien a los personajes y aprovecha que cuenta sobre todo con dos grandes actores, Mario Casas (Ángel) y Antonio de la Torre (Rafael), que les dan la suficiente tridimensionalidad. Sin embargo, y aunque está sobre la media del cine español, acaba desinflándose un tanto, pues es incapaz de aportar algo de gracia a los tópicos del subgénero 'poli duro' al estilo de Harry el sucio, como el jefe que les regaña todo el rato mientras trata de encubrirles. Y también porque aunque han tratado de buscar conflictos de interés, éstos tampoco acaban de atrapar al espectador. En definitiva, habría sido mejor si el guión –que firman el propio Rodríguez y Rafael Cobos– hubiera tenido un poco más de garra.

5/10
También la lluvia

2010 | También la lluvia

  Año 2000. Un equipo de cine español se encuentra en Bolivia rodando una película centrada en Fray Bartolomé de las Casas, Cristobal Colón y la colonización de América. Su trabajo cuestiona la ambición que movía a los conquistadores, subraya la pacífica existencia hasta entonces de los indígenas, y aplaude la defensa de sus derechos por parte de adelantados como De las Casas y el sacerdote Antonio Montesinos. Sin embargo las intenciones revisionistas del film chocan con el modo en que el productor Costa se jacta de que tiene extras nativos por cuatro perras, o las indicaciones que dan a su actor principal indígena, Daniel, para que no se involucre en las protestas contra el gobierno, que pretende privatizar la explotación del agua. Inteligente película de Icíar Bollaín, en la que sin duda es su película más ambiciosa, por discurso narrativo y por el esfuerzo de producción. Cuenta con un libreto de Paul Laverty, guionista habitual de las últimas películas de Ken Loach. La idea es trazar un paralelismo entre la llegada al nuevo mundo de Colón y sus hombres, y el desembarco de los cineastas españoles, dispuestos a dar una lección de historia, aunque la explotación de antaño se repita en las autoridades actuales de Bolivia, e incluso en ellos mismos. Quizá puedan faltar matices en el dibujo del pasado y del presente, pero debe reconocerse un esfuerzo por ecuanimidad, apuntalado con gran astucia. Así, funciona bien la idea de comparar el despertar de la conciencia de De las Casas con el de uno de los cineastas; o la de invertir los términos entre las ideas de los actores y las de los personajes a los que representan. Por ejemplo, la añoranza del que encarna a Colón, que agradecería una visión más rica del descubridor en el guión, equilibra su retrato de personaje ambicioso, que a la vez se apoya en su correspondencia  a los Reyes Católicos. También es un acierto señalar que en la lucha por los derechos, conviene no perder de vista los que corresponden a las personas más cercanas. Bollaín ha crecido en aplomo como cineasta. El arranque del casting de indígenas, es un ejemplo estupendo de saber arrancar una historia. El ensayo de los actores vestidos de paisano –Colón descubriendo América, una escena que es un regalo para Karra Elejalde; el sermón de Montesinos, otro tanto para Raúl Arévalo– retrotrae a ficciones que solapan actuación y realidad como Vania en la calle 42. Y hay una tremenda fuerza en Luis Tosar –a él y a Bollaín se debe que pasajes más débiles, como la metedura de pata con el móvil o la búsqueda de la niña malherida, resistan– y en el debutante actor boliviano Carlos Aduviri.  

7/10
After

2009 | After

Una noche. Manuel, Julio, Ana. Tres amigos treintañeros que no se ven desde hace un año. Han quedado a cenar, y luego tendrán una noche loca, en la que vienen los recuerdos de su mediocre vida en ese tiempo en que no se han visto. Manuel está casado y tiene un niño, vive en un urbanización de lujo. Pero está como agarrotado, no es feliz en su vida familiar. Julio tiene un horrible trabajo, que consiste en evaluar plantillas de trabajadores en empresas, para proceder a su reducción. Carente de algo que pueda llamarse ética profesional, su vida sentimental no existe, se limita a tener citas sexuales concertadas en internet, donde es habitual de los 'sites' porno. Por último Ana nota que su novio no se compromete en la relación con ella, y sólo el atropello de un perro y su posterior cuidado le da un aliciente para sentirse viva. Alberto Rodríguez (7 vírgenes) entrega un film deprimente y desesperanzado acerca de una sociedad egoísta, cuyo vacío interior se hace cada vez más hondo. La estructura narrativa -la noche vista desde los puntos de vista de los tres protagonistas, con flash-backs de sus andanzas del último año- no acaba de funcionar, y ciertamente el tramo de Ana está desequilibrado con respecto a los de Manuel y Julio. Es el clásico título que levanta acta notarial de un lamentable estado de las cosas, con una insistencia agotadora en la perversión sexual -internet porno, tríos, infidelidad adúltera...-, pero que no ofrece nada a cambio. Por ejemplo, es revelador el uso metafórico del film de Don Siegel La invasión de los ladrones de cuerpos -donde unos extraterrestres sin emociones reemplazaban a los humanos- en el segmento del film de Manuel, porque resulta imposible saber si este personaje-zombi fue alguna vez humano, no se sabe que etapa de su vida sería recuperable: ¿su vida familiar le ha convertido en un 'vaina', y antes era un 'tipo genial'? La verdad, no parece. Otro tanto cabría decir del simbolismo del perro atropellado, al que se trata de curar, pero que el veterinario recomienda sea sacrificado. Los actores -Tristán Ulloa, Guillermo Toledo, Blanca Romero- son solventes, pero no hacen más que encarnar el hedonismo estéril, la existencia desamorada, que exigen el guión de Rodríguez y Rafael Cobos.

4/10
Habitación en Roma

2009 | Habitación en Roma

Octavo largometraje del donostiarra Julio Medem, que vuelve a recurrir a Elena Anaya, a la que coloca como protagonista, tras su papel secundario en Lucía y el sexo. La española Alba, de paso por Roma, ha salido a tomar una copa. En un local, se ha sentido atraída por Natasha, una rusa en principio reticente a mantener una relación lésbica, ya que nunca la ha tenido. Finalmente, Alba se lleva a Natasha a la habitación de su hotel, donde comparten lecho hasta el amanecer. Ambas mujeres se van revelando poco a poco detalles de su vida, aunque algunas de las historias que se cuentan son falsas o verdades a medias. Cada una de ellas tiene detrás un trágico suceso que les ha cambiado la vida. En principio, intentan apurar el tiempo que les queda juntas, porque al día siguiente cada una volará a su país, y no volverán a verse. Medem demuestra como es habitual su habilidad para la puesta en escena, pues aunque el film transcurre íntegramente en una habitación, sus imágenes nunca parecen estáticas. También es justo reconocer que es buen director de actores, pues consigue que la película la sostengan en solitario la citada Anaya, y la poco conocida Natasha Yarovenko, una ucraniana muy espontánea. Sólo aparecen otros actores fugazmente, por ejemplo, en un vídeo que muestra a Najwa Nimri con dos niños. También las visita un par de veces un camarero, interpretado por Enrico Lo Verso. En este último caso es un desperdicio contratar al protagonista de Lamerica para un papel que roza el ridículo, pues su presencia se limita a que le piden un consolador por teléfono y les ofrece fruta, y luego intenta aprovechar la situación para acoplarse a la sesión de sexo. A pesar de su talento, y de que rodó la prometedora Vacas, con el paso de los años, Medem no consigue encontrar qué contar. Sus protagonistas resultan artificiosas, sobre todo porque los detalles que cuentan sobre ellas son surrealistas, y sus conflictos carecen de interés. No evolucionan, y aunque se toman el encuentro sexual como si fuera lo más importante que les ha ocurrido en sus vacuas vidas, lo cierto es que desde fuera todo se antoja como un anecdótico arrebato de lujuria.

3/10
Camino

2008 | Camino

Camino, de Javier Fesser, se basa en hecho reales, el caso de Alexia González-Barros, una niña que murió de cáncer con 14 años, educada en una familia cristiana, y actualmente en proceso de beatificación. El guionista y director utiliza la historia auténtica reescribiéndola a su gusto -poca sensibilidad demuestra en tal sentido con los familiares que sobreviven a la pequeña-, para contar el terrible drama de la niña Camino, donde lo más terrible no parece la enfermedad que padece, problemática que se trata de modo más colateral de lo que sería razonable, a pesar de la inclusión de escenas casi gore de las operaciones de columna, sino la religión, presentada como potencial fábrica de personas fanáticas e inhumanas, manipuladora de las conciencias, y forma de insano escapismo. Lo paradójico es que Fesser maneja como alternativa para afrontar el dolor lo que, adoptando su punto de vista, no deja de ser “otro” escapismo, el de la fantasía, escenas oníricas con la familia feliz, en un contexto menos asfixiante, un “cielo” con florecillas, el niño del que se ha enamorado, flechazo instantáneo, ratoncitos que escapan de sus jaulas... Así que, patética conclusión, al final no tenemos nada a que agarrarnos ante el sufrimiento. Film militante y desequilibrado, sostiene que “cada uno se convence de lo que quiere”, ya sea de la religión o de la existencia de un enanito. De ahí el irónico, cruel juego de confusiones, en que unos interpretan como señales de santidad lo que para la niña es un amor infantil. Fesser rechaza la religión, tal “escapismo” no lo aprueba porque lo interpreta, de modo reduccionista, como impuesto desde fuera a machamartillo. Y dirige sus golpes al Opus Dei, “los malos” de la peli. Esta institución católica se (des)dibuja con prolijos y grotescos detalles, cuyo interés argumental es discutible. No hay que olvidar que Fesser proviene del cine de la caricatura y el esperpento, ahí están El sedcleto de la tlompeta, Aquel ritmillo, La gran aventura de Mortadelo y Filemón, El milagro de P. Tinto. Y al abordar un drama basado en la realidad, no evita lo caricaturesco, que chirría ostentosamente. El director se equivoca en la larguísima duración de la película, poco justificable, y no casa con suavidad los pasajes realistas con los oníricos, algo subrayado por la desacertada partitura musical. Fesser debía haberse decantado por el dramón puro y duro o por el formato de cuento, pero quiere nadar entre esas dos aguas y fracasa en el intento. Los actores hacen un trabajo esforzado, pero sus personajes son muy esquemáticos, la madre fanática, el padre “calzonazos”, la hermana “captada” por el Opus Dei, los sacerdotes “funcionarios”... Se salvan las niñas, Nerea Camacho, que interpreta a Camino, y su simpática amiga, de notable desparpajo.

3/10
Dame veneno

2007 | Dame veneno

Documental que narra el nacimiento del grupo Veneno a finales de los setenta. Sus miembros y fundadores fueron Kiko Veneno, Raimundo Amadaor y Rafael Amador. La película cuenta su historia por lo que supone una cita obligada para todos los seguidores de estos músicos. La música se mezcla con el inconformismo, las ganas de innovar y la presencia de las drogas que, en el caso de este grupo, acabaron pasando factura a la relación de sus miembros aunque este documental no haga referencia al respecto.

4/10
Cabeza de perro

2006 | Cabeza de perro

Samuel, un chico de 18 años, padece una grave enfermedad neurológica. En ocasiones pierde el sentido de la vista o del oído, otras veces pierde la capacidad de caminar... Por eso, su familia le protege hasta el exceso. Mientras trata de iniciar una vida normal en Madrid, conoce a Consuelo, una chica que conseguirá que Samuel se abra al mundo exterior. Santi Amodeo se quita parcialmente la espinilla de Astronautas, su anterior trabajo. El joven cineasta recupera en algunos momentos la frescura de El factor Pilgrim, su primer largo, que dirigió conjuntamente con Alberto Rodríguez. Su apología de las personas diferentes es interesante por momentos. Pero Amodeo es incapaz de sacarle punta a la estrechez de miras de sus protagonistas, obsesionados con el sexo, con pocas perspectivas vitales.

4/10
7 vírgenes

2005 | 7 vírgenes

Film que sigue la estela marcada por Barrio. El joven Tano disfruta de un permiso de fin de semana en el reformatorio para asistir a la boda de su hermano José, personaje triste y mediocre, apenas sin alma, que se aboca rutinariamente a un matrimonio sin amor. Aunque Tano se ha prometido no meterse en líos, su reencuentro con Richi, un amigo del barrio, le involucra en diversas peripecias: robos, gamberradas, etc. También se reencuentra con su novia, con su abuela… Todo es leve y relativamente previsible en este film sobre el peso de las circunstancias en un adolescente que no es mal tipo, pero que se deja llevar. Aunque los cauces por donde va a discurrir la narración se ven venir a distancia, hay momentos graciosos, buen sentido del humor, que contrasta bien con el deseado y marcado patetismo. Juan José Ballesta hace un buen trabajo, aunque el peligro del encasillamiento le acecha, y el premio a mejor actor en el Festival de San Sebastián puede ser excesivo. El título, referencia supersticiosa al rezo a unas estampitas de la Virgen, poco tiene que ver con la historia. Si acaso es una vaga alusión al azar que preside la vida del protagonista.

5/10
Atún y chocolate

2004 | Atún y chocolate

Manuel, un pescador gaditano, decide robar un atún gigante para pagar el banquete de la primera comunión de su hijo, con ayuda de ‘el perra’, su mejor amigo. Debut como cineasta del cantante, actor y presentador televisivo Pablo Carbonell, que ha obtenido cierto éxito de público con esta sucesión de gags surrealistas, con hallazgos ingeniosos, un toque de retrato de costumbres, y un tema central muy claro, la superficialidad con que en ocasiones se afrontan las ceremonias religiosas, cuando se da más valor a la ostentación económica que a su auténtico significado. Eso sí, que nadie espere que le saque tanta tajada al tema como Ken Loach en Lloviendo piedras.

2/10
Astronautas

2003 | Astronautas

Un tipo algo neurótico llamado Daniel decide seguir a pies juntillas un decálogo que, se supone, le ayudará a comportarse como una persona normal. Pero la llegada de Laura, una joven quinceañera que busca a su hermano, antiguo vecino de Daniel, pone los precarios objetivos de éste patas arriba. Peculiarísimo film hispano de Santi Amodeo (El factor Pilgrim), con momentos algo surrealistas y humor muy suyo. Resulta sorprendente la inicial secuencia de créditos, ciertamente ocurrente e imaginativa.

4/10
Eres mi héroe

2003 | Eres mi héroe

Vivir la adolescencia en coincidencia con los cambios sociales que trae consigo la muerte de Franco. Ésta es la premisa argumental de la que parte Antonio Cuadri para narrar las evoluciones de Ramón (Manuel Lozano, va creciendo el chaval, ley de vida, ya se sabe), un chico que, aparte de pasar por los naturales cambios hormonales, cambia de ciudad (se acaba de trasladar a Sevilla), donde observa las transformaciones políticas que acompañan a la transición. La historia, impregnada de nostalgia por todos sus poros, contiene en su entramado anécdotas adolescentes más o menos previsibles, seguramente basadas en la experiencia personal del director y su guionista, Carlos Asorey. No faltan, así, el cura progre que hace sus clases dialogadas, en las que todo el mundo puede decir lo que piensa, o, inevitable contrapunto, el profe autoritario a machamartillo. Además tiene un toque mágico: el amigo imaginario de Ramón, un indio interpretado por Antonio Dechent.

5/10
El traje

2002 | El traje

Patricio. Inmigrante africano en España. Como pago a un favor, recibe un estupendo traje. Casi parece mágico. Porque ponérselo y parecer otra persona, respetable, a la que tratan con educación allá donde va, resulta novedoso. Pero esto no impide que deba abandonar precipitadamente su piso tras un registro policial. Sin tener donde dormir, conoce en un albergue a Pan con Queso, pícaro con el que inicia una singular asociación. El guión lo firman Alberto Rodríguez y Santi Amodeo, directores de El factor Pilgrim, aunque sólo el primero dirige esta historia donde ambos protagonistas ganan de su mutua relación. El contraste entre la seriedad e ingenuidad de uno, y la picardía y simpatía del otro, recuerdan a El sudor de los ruiseñores de Juan Manuel Cotelo, mientras que la inventiva a la hora de ganar dinero retrotrae a Nueve reinas de Fabián Bielinsky y Luna de papel de Peter Bogdanovich. Valgan las referencias para subrayar el andamiaje clásico del film, donde lo importante son los personajes, y la reflexión acerca de las apariencias, que no raramente engañan, y de los inevitables dilemas morales que la vida lleva consigo.

4/10

Últimos tráilers y vídeos