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Biografía

Barry Jenkins

Barry Jenkins

40 años

Barry Jenkins

Nació el 19 de Noviembre de 1979 en Liberty City, Miami, EE.UU.

Premios: 1 Oscar (más 2 nominaciones)

Sueño hecho realidad a la pálida luz de la luna

10 Febrero 2017

Su historia parece un cuento de hadas, o lo que debería ser el cumplimiento del sueño americano para un afroamericano. Creciendo en familia desestructurada, sin recursos, con la droga y la violencia siempre pisando los talones, los logros artísticos de Barry Jenkins son sencillamente para quitarse el sombrero.

Barry Jenkins nació en 1979 en el conflictivo barrio de Liberty City en Miami, donde transcurre la acción que le ha puesto definitivamente en el mapa de los amantes del cine, Moonlight. Aunque las dificultades de su infancia y juventud no debieron llegar a los extremos que le toca vivir al protagonista de ese film, no fueron años fáciles. Tenía tres hermanos mayores que él, el apartamento que compartían era minúsculo, y su padre murió cuando él contaba 12 años; aunque resulta obligado señalar que ya antes había abandonando el hogar, aduciendo entre otras cosas que Barry no era realmente hijo suyo. Una actividad que le permitía olvidar los problemas en casa consistía en jugar con el equipo de fútbol americano de su instituto, aunque no consta que fuera ningún figura.

El cine le gustaba, pero no podía permitirse ir a las más conocidas escuelas del sector, en California. No obstante consiguió una beca y se matriculó para formarse como maestro en la Universidad Estatal de Florida, y allí acudió algún curso de cine que se impartía en Tallahassee. Entre sus compañeros de clase estaba Wes Ball, que años más tarde dirigió El corredor del laberinto. Su preparación en la dirección le condujo a filmar un par de cortos en 2003 –no eran fruslerías, su debut, My Josephine hablaba de un caso real, una lavandería llevada por árabes que lavaba gratis banderas americanas tras lo atentados del 11-S–, lo que le llevó a la audacia de escribir y dirigir su primer largometraje en 2008, una cinta independiente titulada Medicine for Melancholy, que seguía las andanzas de una pareja durante 24 horas en una ciudad de San Francisco que está perdiendo el vigor y la vitalidad de antaño, hecho que se mira con nostalgia. Se trataba de una película pequeña, rodada con sensibilidad, y en los circuitos festivaleros funcionó razonablemente bien, aunque nada hacía presagiar que con su segundo largo daría pie a alabanzas casi unánimes. De hecho pasarían casi ocho años hasta que pudo rodar Moonlight.

En el ínterim, trabajó en varios proyectos que no vieron la luz verde. Parece que para Focus Features escribió un libreto sobre Stevie Wonder y un viaje en el tiempo, tema que suena bastante bizarro, además de la adaptación de una novela de James Baldwin, “If Beale Street Could Talk”. También estuvo en Harpo Films, compañía de producción de Oprah Winfrey.

Había que vivir y procurarse ingresos, de modo que creó con un socio una pequeña empresa de publicidad, llamada muy apropiadamente Strike Anywhere. También siguió rodando cortos, e incluso fue contratado para escribir guiones de la enigmática serie de ciencia ficción The Leftovers, aunque nunca recibió un crédito, y él mismo admitiría que aquello no era lo suyo. A él le influían más cineastas como el hongkonés Wong Kar Wai, sobre quien escribió incluso un ensayo, o su admirado Hou Hsiao-hsien, director de Taiwán. E incluso moderaba debates de cineastas con los que soñaba un día emular.

Y en 2013, en el Festival de Telluride, llevó el coloquio nada menos que con Steve McQueen y Brad Pitt, cuando presentaban la proyección de la luego oscarizada 12 años de esclavitud. No podía imaginar que tres años después sería él quien presentaría la premiere mundial de Moonlight en el mismo marco. Pitt, a través de Plan B, sería uno de los que creyó en Jenkins. Se cumplía el sueño americano más improbable que cabe imaginar.

Dada la repercusión alcanzada por Moonlight, Globo de Oro al mejor drama, y ocho nominaciones a los Oscar, puede perderse la perspectiva de que es una película que, pese a su buena factura, está rodada con pocos medios, y haciendo encaje de bolillos. Los actores más conocidos del reparto son Mahershala Ali y Naomie Harris, ésta entonces de promoción de la cinta de James Bond Spectre, que colocó como pudo los 3 días de rodaje que exigía su personaje. Otra curiosa anécdota es que cuando el personaje de Ali está enseñando a nadar al protagonista cuando es niño, esto es real tal cual, no hubo que fingir demasiado, el pequeño Alex R. Hibbert apenas podía mantenerse a flote en el agua.

El origen del film fue un texto escénico nunca producido, "In Moonlight Black Boys Look Blue”, escrito por Tarell Alvin McCraney, y con el que Barry Jenkins se identificó con mucha facilidad, pues el ambiente de marginalidad en que transcurre el proceso de ingreso en la vida adulta de Chiron, descrito a tres edades distintas, no era muy diferente al vivido por el propio director, con familias desestructuradas, adicción a las drogas, narcotráfico y violencia. Lo describió muy atinadamente como “una colección visceral de recuerdos”, “un sueño febril”. Curiosamente, McCraney y Jenkins habían estudiado en la misma escuela, aunque nunca coincidieron y no se conocían antes de colaborar en este proyecto.

La cinta destaca por su humanidad, no es una cinta militante, y se pinta muy bien la fragilidad del protagonista, y la dificultad para encontrar ayuda, no tiene padre, y su madre es adicta al crack; con los amigos no tiene suficiente confianza, más cuando le acosan por una sensibilidad merced a la cual le tachan de “maricón”, y la suerte de figuras paternas que se asoman a su vida no son suficientes.

Tras un logro tan difícil de discutir, llega uno de esos momentos decisivos en la vida de Jenkins, ¿y ahora qué? Confiemos en que la presión del reconocimiento no le impidan acertar y seguir contando buenas historias.

Oscar
2019

Nominado a 1 premio

Oscar
2017

Ganador de 1 premio

Nominado a 1 premio

Filmografía
Charm City Kings

2020 | Charm City Kings

El blues de Beale Street

2018 | If Beale Street Could Talk

Adaptación de un libro de James Baldwin, la trama se sitúa en el imaginario barrio de Beale Street, que deviene en metáfora de esas zonas urbanas donde los afroamericanos tratan de llevar sus vidas del mejor modo posible, aunque sean víctimas de los prejuicios raciales, hasta encontrar una vivienda digna se torna tarea harto difícil. Es lo que les sucede a Tish y Fonny, tiernamente enamorados. Una acusación falsa de violación hace que él acabe con los huesos en la cárcel, donde se entera de que ella está esperando un niño. Barry Jenkins, que triunfó en los Oscar con Moonlight, parece empeñado en convertirse en el “Douglas Sirk negro”, con este drama con tintes de culebrón, donde entrelaza bien el presente en que se busca evitar una condena fatal con escenas que explican cómo se ha llegado a la actual e injusta situación carcelaria. Hábil cineasta, Jenkins sabe rodar con intensidad, por ejemplo en la redonda escena final. Pero carga las tintas hasta la caricatura en algunos personajes –la cerrazón mental de la madre y las hermanas de Fonny, la brusquedad grosera de la hermana de Tish, el repulsivo policía blanco que hizo la detención– e incluso se pierden en el camino algunos personajes, sin que volvamos a saber de ellos, véase el viejo amigo de Fonny. La pareja protagonista, KiKi Layne y Stephan James, hace un buen trabajo actoral. Hay también un buen plantel de secundarios, entre los que descolla Regina King.

6/10
Moonlight

2016 | Moonlight

Tres momentos, una vida. Little, Chiron, Black, son los tres nombres con que es conocido un afroamericano en distintas etapas de su devenir: siendo un niño a las puertas de las adolescencia, como un adolescente en el umbral de la juventud, y convertido en joven recién ingresado en la edad adulta. Chiron, su nombre real, vive en el conflictivo barrio de Liberty, Miami, donde la población es presa fácil de las drogas, por consumirlas o traficar con ellas. Su madre es adicta al crack. Él tiene problemas de autoestima, es un chico sensible y frágil, sus compañeros de colegio, cruelmente, le insultan llamándole maricón. Tiene dudas de si es homosexual, y nadie le ayuda a afrontarlas. Vive solo con su madre, y le toma bajo su protección Juan, camello de origen cubano, que vive con su novia Teresa, y que conforman una especie de segunda familia más acogedora, pero no menos problemática. En el colegio, sólo parece sentirse a gusto con Kevin, pero realmente la confianza parece imposible, sobre todo cuando los matones acechan. Con este panorama debe forjar su carácter, madurar. Drama sorprendentemente sólido del hasta ahora desconocido Barry Jenkins, también guionista, que ha combinado elementos biográficos propios, con otros del responsable de la idea original, Tarell Alvin McCraney, quien había concebido un germen de obra de teatro que iba titularse "A la luz de la luna los niños negros parecen azules-tristes". Llama la atención el verismo de la dura trama, y la inteligencia con que se evita vender ideología, una tentación que de haberse materializado habría rebajado notablemente la fuerza de la historia. Así, dejando algunas puertas abiertas a la interpretación, al jugarse la carta de la ambigüedad –no hay que resolver todas las dudas, dar todo mascado–, sobre todo somos testigos de la dolorosa confusión del protagonista a la hora de crecer en un entorno donde se encuentra básicamente solo, no puede hablar y desahogarse. Es curioso, porque muchos personajes son conscientes de sus tristes carencias y contradicciones a la hora de plantearse ejercer a modo de padre, de madre, de amigo, y su impotencia, propiciada por la marginalidad donde se desenvuelven, acaba clavándose de modo fuerte en el ánimo del espectador. Ello sin estridencias, en un hábil juego de emociones contenidas. Jenkins rueda con elegancia, visualmente muestra poderío, y su numeroso plantel de actores lo hace estupendamente, increíble casting afroamericano. Tenemos al protagonista, encarnado por tres actores muy naturales –Jaden Piner, Ashton Sanders, Trevante Rhodes– pero también a los secundarios, más conocidos, Naomie Harris –la madre–, Mahershala Ali –el camello Juan–, Janelle Monáe –una actriz que empieza a despuntar–, donde los dos primeros tiene algunos momentos desgarradores, realmente memorables.

8/10
Medicina para la melancolía

2008 | Medicine for Melancholy

El blues de Beale Street

2018 | If Beale Street Could Talk

Adaptación de un libro de James Baldwin, la trama se sitúa en el imaginario barrio de Beale Street, que deviene en metáfora de esas zonas urbanas donde los afroamericanos tratan de llevar sus vidas del mejor modo posible, aunque sean víctimas de los prejuicios raciales, hasta encontrar una vivienda digna se torna tarea harto difícil. Es lo que les sucede a Tish y Fonny, tiernamente enamorados. Una acusación falsa de violación hace que él acabe con los huesos en la cárcel, donde se entera de que ella está esperando un niño. Barry Jenkins, que triunfó en los Oscar con Moonlight, parece empeñado en convertirse en el “Douglas Sirk negro”, con este drama con tintes de culebrón, donde entrelaza bien el presente en que se busca evitar una condena fatal con escenas que explican cómo se ha llegado a la actual e injusta situación carcelaria. Hábil cineasta, Jenkins sabe rodar con intensidad, por ejemplo en la redonda escena final. Pero carga las tintas hasta la caricatura en algunos personajes –la cerrazón mental de la madre y las hermanas de Fonny, la brusquedad grosera de la hermana de Tish, el repulsivo policía blanco que hizo la detención– e incluso se pierden en el camino algunos personajes, sin que volvamos a saber de ellos, véase el viejo amigo de Fonny. La pareja protagonista, KiKi Layne y Stephan James, hace un buen trabajo actoral. Hay también un buen plantel de secundarios, entre los que descolla Regina King.

6/10
Moonlight

2016 | Moonlight

Tres momentos, una vida. Little, Chiron, Black, son los tres nombres con que es conocido un afroamericano en distintas etapas de su devenir: siendo un niño a las puertas de las adolescencia, como un adolescente en el umbral de la juventud, y convertido en joven recién ingresado en la edad adulta. Chiron, su nombre real, vive en el conflictivo barrio de Liberty, Miami, donde la población es presa fácil de las drogas, por consumirlas o traficar con ellas. Su madre es adicta al crack. Él tiene problemas de autoestima, es un chico sensible y frágil, sus compañeros de colegio, cruelmente, le insultan llamándole maricón. Tiene dudas de si es homosexual, y nadie le ayuda a afrontarlas. Vive solo con su madre, y le toma bajo su protección Juan, camello de origen cubano, que vive con su novia Teresa, y que conforman una especie de segunda familia más acogedora, pero no menos problemática. En el colegio, sólo parece sentirse a gusto con Kevin, pero realmente la confianza parece imposible, sobre todo cuando los matones acechan. Con este panorama debe forjar su carácter, madurar. Drama sorprendentemente sólido del hasta ahora desconocido Barry Jenkins, también guionista, que ha combinado elementos biográficos propios, con otros del responsable de la idea original, Tarell Alvin McCraney, quien había concebido un germen de obra de teatro que iba titularse "A la luz de la luna los niños negros parecen azules-tristes". Llama la atención el verismo de la dura trama, y la inteligencia con que se evita vender ideología, una tentación que de haberse materializado habría rebajado notablemente la fuerza de la historia. Así, dejando algunas puertas abiertas a la interpretación, al jugarse la carta de la ambigüedad –no hay que resolver todas las dudas, dar todo mascado–, sobre todo somos testigos de la dolorosa confusión del protagonista a la hora de crecer en un entorno donde se encuentra básicamente solo, no puede hablar y desahogarse. Es curioso, porque muchos personajes son conscientes de sus tristes carencias y contradicciones a la hora de plantearse ejercer a modo de padre, de madre, de amigo, y su impotencia, propiciada por la marginalidad donde se desenvuelven, acaba clavándose de modo fuerte en el ánimo del espectador. Ello sin estridencias, en un hábil juego de emociones contenidas. Jenkins rueda con elegancia, visualmente muestra poderío, y su numeroso plantel de actores lo hace estupendamente, increíble casting afroamericano. Tenemos al protagonista, encarnado por tres actores muy naturales –Jaden Piner, Ashton Sanders, Trevante Rhodes– pero también a los secundarios, más conocidos, Naomie Harris –la madre–, Mahershala Ali –el camello Juan–, Janelle Monáe –una actriz que empieza a despuntar–, donde los dos primeros tiene algunos momentos desgarradores, realmente memorables.

8/10
Medicina para la melancolía

2008 | Medicine for Melancholy

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