IMG-LOGO

Biografía

Damien Chazelle

Damien Chazelle

35 años

Damien Chazelle

Nació el 19 de Enero de 1985 en Providence, Rhode Island, EE.UU.

Premios: 1 Oscar (más 3 nominaciones)

Entre la claqueta y la baqueta

Todos bailan al son de su música. Preocupado por lo que se debe dejar atrás cuando se quieren cumplir los sueños, ha dejado claro su extrema pasión hacia el jazz y el cine clásico. Con “La La Land”, Damien Chazelle lleva camino de convertirse en el ganador más joven del Oscar al mejor director.

 

Hijo de Celia Martin, escritora y profesora, y del científico de origen francés Bernard Chazelle, Damien Sayre Chazelle siempre afirma que el cine fue su primer amor, pues quería dedicarse a ello desde muy joven. Durante una etapa de su vida le fue infiel con la música, mientras estudiaba en el instituto con un profesor de batería de fuerte carácter, que iba a resultar inspirador para su cine.

Cuando se dio cuenta de que jamás iba a triunfar en este terreno, volvió al Séptimo Arte. Mientras se graduaba en Harvard, en estudios Visuales y Ambientales, intimó con un compañero que iba a resultar determinante en su carrera, Justin Hurwitz. Ambos soñaban juntos con triunfar algún día. Damien Chazelle sólo vivía para dirigir películas, el otro sólo pensaba en componer, así que se complementaban, pues si al primero se le ocurría un film que comenzara en un atasco, al otro le venían a la cabeza las notas que acompañarían a las imágenes.

Finalizados sus estudios, ambos se mudaron a Los Ángeles. “Siempre quise hacer cine. Y ésa fue la razón por la que me vine a la ciudad mítica que en mi cabeza no es una ciudad, es Hollywood”, recuerda. Una vez instalados descubrieron que los productores no querían ni oír hablar de sus estrambóticas ideas. A pesar de todo obtuvieron un presupuesto, bastante bajo, para rodar su primer largo, Guy and Madeline on a Park Bench, donde ya dejaban claras sus señas de identidad, pues tenía como personaje central a un trompetista que trata de superar la ruptura con su novia. Por lo demás, pocas palabras y mucha música.

Como el film no acabó de triunfar, Damien Chazelle dedicó un tiempo a los guiones, como en el caso El último exorcismo: Parte II, redactado a cuatro manos con el director, Ed Gass-Donnelly. También escribió un encargo para la productora española A3media, Grand Piano. Eugenio Mira acabó dirigiendo el film, donde Elijah Wood interpretaba a un talentoso pianista al que apunta durante un concierto un francotirador anónimo.

Con el dinero recaudando iba ahorrando… Concibió un libreto inspirado por su antiguo mentor en su etapa de aspirante a músico, que define como “un drama de dos habitaciones y una batería”. Pero el libreto de Whiplash no acababa de convencer en ninguna productora. Para comprobar si alguien se decidía cogió las primeras quince páginas y rodó un corto como prueba, donde J.K. Simmons, secundario de prestigio, interpretaba al exigente instructor que atemoriza a sus alumnos. Hurwitz le puso notas a ritmo desenfrenado.

La muestra arrancó una ovación cuando se proyectó en Sundance, lo que le permitió lograr la financiación para reconvertirlo en un largo. Reclutó a Miles Teller para meterse en la piel del protagonista, estudiante de jazz que aspira a convertirse en uno de los grandes. Se podría decir que se trata de un “buen trabajo” de no ser porque el personaje de Simmons defiende en el metraje que esas palabras impiden que a quien van dirigidas siga esforzándose… Ganó el Premio de la Audiencia y el Gran Premio del Jurado en el Festival de Sundance del siguiente año, y tres Oscar, al montaje, sonido y secundario (un Simmons sencillamente impresionante).

Con tanto éxito, una compañía grande, Lionsgate, avaló un proyecto que guardaba en un cajón tras haberlo paseado sin éxito. “Escribí La ciudad de las estrellas (La La Land) en 2010. Pero si hubiera hecho la película entonces posiblemente la habría fastidiado”, explica. “Habría acusado la falta de experiencia, o no habría contado con el reparto adecuado. Hollywood es un lugar que te puede hacer sentir muy impaciente, y yo ya soy impaciente por naturaleza. En muchos momentos del proceso perdí los estribos, y sentí que había un complot en mi contra. Pero, insisto, fue mejor así”.

En su tercer proyecto conjunto se luce más que nunca Hurwitz, pues compuso unas frescas canciones. Damien Chazelle reclutó a los protagonistas, Ryan Gosling y Emma Stone, porque le demostraron saber cantar y bailar. “Los actores se tienen que mover llevados por sus emociones para que el baile se sienta natural y con los pies en el suelo”, ha declarado. Interpretan a un pianista de jazz y a una aspirante a actriz que viven una intensa historia de amor, al tiempo que el primero trata de hacerse con un local de jazz y la segunda convertirse en estrella. Supone una sentida declaración de amor a la música, a la ciudad de Los Ángeles y al cine, especialmente al musical, con tributos nada disimulados a clásicos como West Side Story y Los paraguas de Cherburgo.

Tragicómico, como los filmes precedentes, subyace un duro tema central, el precio que se paga por triunfar, y cumplir los sueños, cuando las aspiraciones chocan con los sentimientos. Arrasó en las taquillas demostrando al público que odiaba los musicales lo equivocados que estaban. La ciudad de las estrellas (La La Land) hizo historia al convertirse en el film con mayor número de Globos de Oro, triunfando en siete categorías. Poco después, sería el más nominado a los Oscar, con catorce opciones de premio. 

Damien Chazelle no sólo piensa en el Séptimo Arte y el jazz. En su vida también cabe una novia, Olivia Hamilton, y un perro, Colin, dachhund de pelo negro.

Oscar
2017

Ganador de 1 premio

Nominado a 1 premio

Oscar
2015

Nominado a 2 premios

Filmografía
Calle Cloverfield 10

2016 | 10 Cloverfield Lane

Michelle abandona precipitadamente su hogar, ligera de equipaje. Ha huido de Ben, su novio o marido, con el que tuvo una fuerte discusión, tal vez con violencia. Viaja en auto de noche por solitarias carreteras, ha habido un apagón en toda la zona; de pronto, un fogonazo, como un rayo, y un accidente. Se despertará encerrada en un sótano, su salvador, el excéntrico Howard, asegura que algo ha pasado en el exterior, un ataque nuclear, o tal vez una invasión extraterrestre. No pueden salir al exterior, sólo estarían a salvo en el búnker, donde se ha refugiado un tercer personaje, Emmett. Producción inquietante de J.J. Abrams, que ha sido llevada con el mayor de los secretos, casi hasta el momento mismo de su estreno. Tiene un formato de historia sorprendente que recuerda a En los límites de la realidad, Alfred Hitchcock presenta y Cuentos asombrosos, la idea es plantear la situación descrita, para luege despistar al espectador que duda si puede haber algo de verdad en lo que asevera Howard, que tiene desde luego un punto claro de chifladura, o si estamos ante un simple psicópata de ideas retorcidas. Se trata del juego de las apariencias, en que uno no puede estar seguro de nada. El guión lo escriben dos casi-novatos en estas lides, Josh Campbell y Matthew Stuecken, y está apuntalado por Damien Chazelle, experto en crear suspense de buena ley, él es el autor de la maravillosa Whiplash, y también del libreto de Grand Piano. Aunque es una cinta muy de género, y con planteamientos más o menos previsibles –intentos de fuga, momentos de agradable convivencia, pasajes con un punto algo sádico–, el debutante en la dirección Dan Trachtenberg se las compone para crear la deseada atmósfera agobiante, y sorprende más o menos en los puntos de giro que buscan rizar el rizo. Los actores están bien: John Goodman es perfecto para tipo inquietante, recordémosle en Barton Fink, Mary Elizabeth Winstead da bien como guapa y fuerte mujer en apuros, mientras que el tercer hombre de la función, John Gallagher Jr., compone bien al tipo más o menos paleto de buen corazón.

6/10
La ciudad de las estrellas (La La Land)

2016 | La La Land

Nostalgia. Añoranza del musical clásico de Hollywood. Cinemascope. Colores primarios vivos, crepusculos. Amores descubiertos y contrariados en la actualidad, a lo largo de las 4 estaciones, invierno, primavera, verano, otoño y, nuevamente, invierno. En la ciudad de las estrellas, la ciudad de Los Ángeles, en La La Land. Mia es una aspirante a actriz, que mientras llega su momento, trabaja como camarera en la cafetería de un gran estudio. Apasionado del jazz, Seb toca el teclado, y su sueño pasa por convertirse en propietario de un local donde haya sesiones en vivo, aunque a los jóvenes ahora parece que les va otra música. Coinciden casualmente en atascos, en una cafetería, en una fiesta, donde poco falta para que se tiren los trastos a la cabeza. Pero surge el amor, el inevitable flechazo, un entusiasmo que les lleva mutuamente a apoyar los respectivos sueños, aunque las cosas no son tan sencillas… Tras arrasar en los Globos de Oro, llevándose los 7 premios a que aspiraba, todo un récord, La la land, traducida absurdamente por La ciudad de las estrellas, por una vez que estaba más que justificado mantener el título original, tiene todas las papeletas para triunfar en los Oscar. Porque es un musical como los de antes –a diferencia de títulos como Los miserables o Chicago–, con coreografías y planteamientos que hacen pensar en Vincente Minnelli, Stanley Donen, Gene Kelly, Jerome Robbins y Jacques Demy, pero con personalidad propia. Lo que se nota sobre todo en la inclusión, con gran naturalidad, del jazz, y del uso de ruidos cotidianos que enlazan con los temas musicales, como en el memorable arranque, un largo plano secuencia en una autopista de Los Ángeles, que hace pensar en filmes como West Side Story. Damien Chazelle, director y guionista, confirma la magnifica impresión causada con Whiplash, donde también estaba presente la música, concretamente el jazz. Sorprende su sentido del ritmo, una puesta en escena majestuosa, con algunos momentos mágicos, maravillosamente coreografiados por Mandy Moore, el pasaje del planetario, y el del clímax que tiene lugar por la noche en un café, sobresalen especialmente. La música de Justin Hurwitz es fantástica, con maravillosas canciones, algunas interpretadas por la pareja protagonista, Emma Stone y Ryan Gosling encantadores, en verdadero estado de gracia, difícil decantarse por un tema, aunque además de la muy presente “City of Stars”, está muy bien esa incursión jazzística cantada por John Legend “Start a Fire”. En el casting de Stone, uno no puede dejar de pensar que ha influido su papel en Magia a la luz de la luna de Woody Allen, que tenía una escena importante justamente en un planetario. Llama la atención como se manejan los sentimientos agridulces y decididamente románticos, en una trama sencilla, donde hay espacio para el drama y el humor evitando las estridencias y salidas de tono, en que se habla de la importancia de tener sueños y poner medios para hacerlos realidad arriesgando, pero aceptando, también, la realidad de la vida, las sendas que acabamos escogiendo con sus consecuencias. Y el recurso a la cinefilia, ese Rebelde sin causa, esos cines de antaño que cierran, la pasión por la creatividad y el hacer aquello en que crees, en contraposición a las conversaciones triviales y vacías, en que se llena la existencia de una fantástica nada.

9/10
Whiplash

2014 | Whiplash

Nueva York. Andrew Neiman es un joven batería que busca un puesto titular en la primera orquesta de jazz de Shaffer, la mejor escuela de música de EE.UU. Conseguirlo va a ser complicado porque la competencia es enorme y dejar de ser músico suplente es ya toda una proeza. Pero Andrew está empeñado en ser uno de los grandes y se deja las manos cada día, ensayando con las baquetas hasta la extenuación. La prueba se hará aún más dura cuando se fije en él Terence Fletcher, un prestigioso y exigente profesor cuyos métodos pedagógicos resultan tan extremos que son difíciles de soportar. El señor Fletcher piensa que la falta de exigencia ha hecho que la calidad del jazz se esté perdiendo y él lleva años deseando encontrar a un mirlo blanco, un nuevo Louis Armstrong o Charlie Parker. Intenso film sobre la creación artística y la búsqueda de la perfección musical, con los peligros y excesos que aguardan en el camino. Whiplash (algo así como “latigazo” en español) es sin duda la presentación internacional de un nuevo talento llamado Damien Chazelle, director y guionista de este magnético film. Aunque  anteriormente Chazelle había ejercido de guionista en productos de género (El último exorcismo II, Grand Piano), visto lo visto, parece que debía de tratarse de un mero trámite para generar ingresos y poder dar salida a creaciones propias. Whiplash no es su primer film como director, sino el segundo tras Guy and Madeline on a Park Bend (2009), otra película con el jazz como protagonista. Que la música es la prioridad de Chazelle se confirma por el hecho de que su próxima película, La La Land, tiene también a un músico de jazz como eje principal. Whiplash es un film lleno de ritmo. Empieza y acaba con ritmo y su desarrollo no deja apenas lugar para el sosiego. No hay prólogo, no hay anticlímax; más bien es todo un clímax, aunque su cota vaya "in crescendo" hasta el final. Y Chazelle logra que las imágenes transmitan ese brío que imprimen las baquetas gracias a un montaje que es toda una virguería cuando Andrew explota en la batería. El espectador sigue las andanzas y tribulaciones del joven músico con angustia, gracias a que éste –una sorprendente revelación Miles Teller– transmite una obsesión abrumadora por la búsqueda de la más alta excelencia musical. Éste es el gran tema del film: no el mero aprendizaje y perfeccionamiento de un músico, un batería de jazz en este caso, sino la completa entrega de una vida hacia la consecución de la excelsitud, hacia la actuación perfecta, aunque para ello haya que dejar fuera a la familia, los amigos, el amor y hasta sea necesario derramar literalmente la propia sangre. Asusta un poco este planteamiento radical de Whiplash (“prefiero morir a los 34 años como Charlie Parker y que se hable de mí, a morir viejo y que nadie me conozca”, dice en algún momento el protagonista) pero si algo deja claro Chazelle en su película es que para llegar a ser el mejor no basta el talento o la dedicación. Hay que vivir únicamente para ello. Whiplash no sería la extraordinaria película que es si no fuera por el actor J.K. Simmons, que encarna brutal y descarnadamente esta radical filosofía artística en cada uno de sus planos. Sus alumnos le tienen literalmente pavor; es la crueldad personificada, capaz de humillar sin compasión si alguien adelanta un compás una milésima de segundo. Pero saben también que es el único que puede sacar de ellos más de los que se espera: “no hay dos palabras que sean más dañinas en nuestro idioma que ‘buen trabajo’”, dice. La película incide lógicamente en el trauma que puede causar este método educativo en el carácter de un joven que está empezando a abrirse paso no sólo en el mundo adulto, sino en el universo musical, una jungla en donde la competencia es atroz y sólo el número uno puede tener la suerte de alcanzar el éxito. Que juzgue cada espectador si el camino es el adecuado. Capítulo aparte merece la música de esta película. Fantástica. Gustará a todos, pero los amantes del jazz se sentirán en algún momento transportados. De entre los temas de Justin Hurwitz y Tim Simonec destacan el que da título al film y una colosal y catártica versión de “Caravan”, uno de los standards más célebres del jazz compuesto por Juan Tizol y Duke Ellington. Por supuesto, hay muchas menciones a míticos jazzmen como Charlie Parker o el baterista Buddy Rich, o se emulan finalmente, en un apoteósico homenaje final, los gloriosos latigazos con que en enero de 1938 el percusionista Gene Kruppa puso en pie al público que abarrotaba el Carneggie Hall de Nueva York.

8/10
Grand piano

2013 | Grand piano

El alicantino Eugenio Mira dio muestras de su talento en The Birthday, pero decepcionó bastante con su segundo trabajo, Agnosia. Ahora, recupera el fuelle con Grand Piano, una producción española rodada en inglés, con actores reconocidos internacionalmente, que aspira a tener repercusión a nivel mundial. Le produce Rodrigo Cortés, que precisamente triunfó internacionalmente con Buried (Enterrado). Si aquélla transcurre íntegramente en un ataúd, Grand Piano no se queda manca, pues a excepción de un prólogo –que se podían haber ahorrado– y el epílogo, tiene lugar a lo largo de un concierto de música clásica en Chicago. El recital supone la reaparición de Tom Selnick, un virtuoso del piano que reaparece años después de una funesta interpretación. En la partitura encuentra inquietantes mensajes de un francotirador que está apuntándole a él y a su esposa, estrella del cine que asiste al evento. Si no hace lo que le pida, apretará el gatillo... En su imitación clara del cine de Alfred Hitchcock, Grand Piano recuerda mucho a los poco originales pero amenos thrillers de Brian de Palma, sobre todo en una (excelente) secuencia en la que se llega a partir la pantalla en dos. Como el italoamericano, Mira parece inspirado en la obra del Mago del Suspense, en concreto en la célebre e inimitable secuencia concertística del final de El hombre que sabía demasiado. Pero Mira logra apabullar con sus brillantes movimientos de cámara que aportan gran dinamismo a Grand Piano a pesar de su escenario casi único. Le beneficia su enorme elegancia, recogida del autor de Con la muerte en los talones, que tiene su máxima expresión en un afortunado corte que pasa de lo que iba a ser un terrible degollamiento al arco de un violonchelo. A una altura superior a lo habitual, el “hobbit” Elijah Wood da la talla como músico con miedo escénico. También sorprende John Cusack, presente en la mayor parte del metraje únicamente con su voz, como psicópata a pesar de la enorme simpatía que habitualmente transmite este actor. Grand Piano tiene un gran mérito y podría haber sido memorable, aunque se le puede reprochar alguna pega, como que exige suspender la incredulidad ante el hecho de que un virtuoso del piano sea capaz de mandar mensajes por el móvil mientras ejecuta obras de enorme complejidad. En cualquier caso, el espectador que entre en el juego, pasará un rato agradable.

6/10
El último exorcismo: Parte II

2013 | The Last Exorcism: Part II

El último exorcismo, dirigida en 2010 por Daniel Stamm, tenía cierta frescura, por su idea central –un embaucador ateo que vive gracias a sus falsos exorcismos se topa con un demonio de verdad–, y también porque estaba rodada cámara en mano, ofreciendo la sensación de ser un documental. Por contra, la secuela viene a ser de lo más convencional, tópico y previsible. Sobre todo acusa la pérdida del carismático personaje principal, pues El último exorcismo: Parte II cede el protagonismo absoluto a la poseída, Nell, a la que encuentran perdida y desmemoriada, por lo que la envían a una institución mental con otras jóvenes. Cuando su terapeuta logra que mejore, y que se convenza de que su desgraciado encuentro con el demonio Balaam fue fruto de la imaginación, éste regresa con energías renovadas. El realizador del film original, Daniel Stamm, no ha querido ni figurar como productor ejecutivo, como suele ser habitual en estas ocasiones, lo que ya de por sí resulta bastante revelador. Cede su puesto al igualmente desconocido pero mucho menos imaginativo Ed Gass-Donnelly, también coguionista. El film se resiente de la absoluta falta de ideas de su desarrollo, y de que trata de remontar a base de sustos facilones. Al menos la poco conocida Ashley Bell se esfuerza de nuevo en la piel de la desgraciada Nell. Aunque la promoción en España de El último exorcismo: Parte II intentaba provocar cierto escándalo entre los creyentes católicos, lo cierto es que los creadores del film no parecen haber tenido en mente el mismo objetivo. De hecho, en la cinta sólo aparece una terrorífica secuencia, no se sabe si real o imaginaria, en una iglesia cristiana, y ningún exorcismo, en todo caso una especie de ritual vudú.

3/10
Guy and Madeline on a Park Bench

2009 | Guy and Madeline on a Park Bench

The Eddy

2020 | The Eddy | Serie TV

Miniserie ambientada en el actual mundo multiétnico del jazz. Gira alrededor de “The Eddy” un club de jazz parisino del que son copropietarios Elliot, afroamericano neoyorquino pianista, y Farid, de origen magrebí. En el local toca una talentosa banda, con la cantante Maja, intermitente novia de Elliot; él está separado desde que perdió a su hijo, y ahora le va a tocar lidiar con su problemática hija adolescente Julie, que acaba de venirse a vivir a París. A los problemas habituales a los que toca enfrentarse en el entorno musical y artístico, se suman los desconocidos trapicheos que se lleva Farid con el mundo criminal. Estamos ante una cuidadísima producción de origen singular, pues primero fueron las cerca de 50 canciones que toca la banda, compuestas por Glen Ballard, para que las tocara una banda. Ballard se las mostró a Alan Poul, quien también las compartió con Damien Chazelle, naciendo así la idea de crear una serie que transcurriera en el París de hoy en día, mostrando las dificultades de una banda de jazz por dar rienda suelta a su talento. De modo que se incide en un mosaico multicultural, donde los artistas son de procedencias muy diversas, y casi nunca, por no decir nunca, de origen occidental más o menos acomodado. Se quiere mostrar así un caldo de cultivo artístico algo marginal, donde los protagonistas viven al día, esperando que algún pez gordo les descubra, y entretanto tocando, también aceptando encargos como los de amenizar el convite de una boda. Para estructurar la serie, cada capítulo se centra sobre todo en un personaje, para concluir con uno que los unifica a todos en el club. Chazelle, responsable de Whiplash y La la land, sabe manejar las canciones origen del proyecto, e imprimir a la narración el ritmo no convencional que se suele asociar al jazz. El realizador se ha ocupado de los dos primeros capítulos –de los otros se encargan Poul, Laïla Marrakchi y Houda Benyamina–, y se empeña en hacer suyo el proyecto, con la ilusión de rodar en una ciudad que fue la suya en sus años mozos. Pero el tono realista y desabrido se aleja de sus trabajos anteriores, y aunque hay un claro trabajo de documentación para crearlo, el resultado trasluce cierta frialdad. Y eso que hay espacios para la emotividad, como el del funeral. Hay mucha cámara en mano, algo de cinéma verité, realismo sucio, pero se pierde la magia. Para entendernos, esto no tiene el gran vigor de Los miserables, por citar un ejemplo casi coetáneo que también transcurre en zonas marginales de París. De todos modos, la narración se sigue con interés, las vibrantes canciones interpretadas en vivo están muy bien rodadas, y se crean conflictos de interés entre los personajes, muy bien interpretados por un reparto de actores no muy conocidos, que cuando corresponde, se nota que son también músicos. Resulta muy creíble la relación padre-hija que componen Andre Holland y Amandla Stenberg, y nos creemos la sensibilidad de la cantante Joanna Kulig a la que vimos en Cold War, o al matrimonio que componen al igual que en la vida real Tahar Rahim y Leïla Bekhti.

6/10
First Man (El primer hombre)

2018 | First Man

El relato de la llegada del primer hombre a la Luna, narrado con talento. Por primera vez Damien Chazelle (Whiplash, La la land), no firma el guión de una película suya, éste se debe a Josh Singer, especializado en historias reales como las de El quinto poder, Spotlight y Los archivos del Pentágono. Sigue a Neil Armstrong y familia durante la década de los 60, hasta el momento en que puso el pie en la Luna. En la línea de Elegidos para la gloria, y sin desdeñar la épica de unos logros que 50 años después siguen deslumbrando, destaca un tono muy humano y realista, casi documental, con el uso de una fotografía cruda que ayuda a reflejar muy bien la época. El uso de grandes angulares, y una cámara en manos a veces flotante en las escenas familiares, las hermana con las referentes a los vuelos espaciales. Y las imágenes del paisaje lunar, casi de un blanco y negro que contrasta con lo que viene de la Tierra, sobrecogen, así como el habilidoso uso de la ausencia de sonido en ciertos planos. Aunque la música no tiene la importancia clave de los anteriores filmes de Chazelle, el cineasta vuelve a recurrir a su buen amigo y colaborador Justin Hurwitz, que se muestra muy inspirado, y nuevamente el diseño sonoro tiene mucha importancia. La trama combina sabiamente las escenas de entrenamiento y las misiones –donde se hace hincapié en los traqueteos y los estrechos espacios, aquello era como viajar en una lata de sardinas–, con los pasajes domésticos, con la esposa, niños y colegas. Y siempre incidiendo en el riesgo del oficio de astronauta, incluidas las reuniones de duelo, más frecuentes de lo deseable. Hay un gran acierto en el entero reparto, con mención especial para Ryan Gosling en el papel principal, y Claire Foy, una esposa de carácter. Pero también en los actores que encarnan a ingenieros y astronautas de la NASA, Jason Clarke, Corey Stoll, Kyle Chandler, Ciarán Hinds y compañía, o a otra esposa clave del film, Olivia Hamilton, e incluso a los niños que dan vida a los hijos de Neil y Janet.

8/10
La ciudad de las estrellas (La La Land)

2016 | La La Land

Nostalgia. Añoranza del musical clásico de Hollywood. Cinemascope. Colores primarios vivos, crepusculos. Amores descubiertos y contrariados en la actualidad, a lo largo de las 4 estaciones, invierno, primavera, verano, otoño y, nuevamente, invierno. En la ciudad de las estrellas, la ciudad de Los Ángeles, en La La Land. Mia es una aspirante a actriz, que mientras llega su momento, trabaja como camarera en la cafetería de un gran estudio. Apasionado del jazz, Seb toca el teclado, y su sueño pasa por convertirse en propietario de un local donde haya sesiones en vivo, aunque a los jóvenes ahora parece que les va otra música. Coinciden casualmente en atascos, en una cafetería, en una fiesta, donde poco falta para que se tiren los trastos a la cabeza. Pero surge el amor, el inevitable flechazo, un entusiasmo que les lleva mutuamente a apoyar los respectivos sueños, aunque las cosas no son tan sencillas… Tras arrasar en los Globos de Oro, llevándose los 7 premios a que aspiraba, todo un récord, La la land, traducida absurdamente por La ciudad de las estrellas, por una vez que estaba más que justificado mantener el título original, tiene todas las papeletas para triunfar en los Oscar. Porque es un musical como los de antes –a diferencia de títulos como Los miserables o Chicago–, con coreografías y planteamientos que hacen pensar en Vincente Minnelli, Stanley Donen, Gene Kelly, Jerome Robbins y Jacques Demy, pero con personalidad propia. Lo que se nota sobre todo en la inclusión, con gran naturalidad, del jazz, y del uso de ruidos cotidianos que enlazan con los temas musicales, como en el memorable arranque, un largo plano secuencia en una autopista de Los Ángeles, que hace pensar en filmes como West Side Story. Damien Chazelle, director y guionista, confirma la magnifica impresión causada con Whiplash, donde también estaba presente la música, concretamente el jazz. Sorprende su sentido del ritmo, una puesta en escena majestuosa, con algunos momentos mágicos, maravillosamente coreografiados por Mandy Moore, el pasaje del planetario, y el del clímax que tiene lugar por la noche en un café, sobresalen especialmente. La música de Justin Hurwitz es fantástica, con maravillosas canciones, algunas interpretadas por la pareja protagonista, Emma Stone y Ryan Gosling encantadores, en verdadero estado de gracia, difícil decantarse por un tema, aunque además de la muy presente “City of Stars”, está muy bien esa incursión jazzística cantada por John Legend “Start a Fire”. En el casting de Stone, uno no puede dejar de pensar que ha influido su papel en Magia a la luz de la luna de Woody Allen, que tenía una escena importante justamente en un planetario. Llama la atención como se manejan los sentimientos agridulces y decididamente románticos, en una trama sencilla, donde hay espacio para el drama y el humor evitando las estridencias y salidas de tono, en que se habla de la importancia de tener sueños y poner medios para hacerlos realidad arriesgando, pero aceptando, también, la realidad de la vida, las sendas que acabamos escogiendo con sus consecuencias. Y el recurso a la cinefilia, ese Rebelde sin causa, esos cines de antaño que cierran, la pasión por la creatividad y el hacer aquello en que crees, en contraposición a las conversaciones triviales y vacías, en que se llena la existencia de una fantástica nada.

9/10
Whiplash

2014 | Whiplash

Nueva York. Andrew Neiman es un joven batería que busca un puesto titular en la primera orquesta de jazz de Shaffer, la mejor escuela de música de EE.UU. Conseguirlo va a ser complicado porque la competencia es enorme y dejar de ser músico suplente es ya toda una proeza. Pero Andrew está empeñado en ser uno de los grandes y se deja las manos cada día, ensayando con las baquetas hasta la extenuación. La prueba se hará aún más dura cuando se fije en él Terence Fletcher, un prestigioso y exigente profesor cuyos métodos pedagógicos resultan tan extremos que son difíciles de soportar. El señor Fletcher piensa que la falta de exigencia ha hecho que la calidad del jazz se esté perdiendo y él lleva años deseando encontrar a un mirlo blanco, un nuevo Louis Armstrong o Charlie Parker. Intenso film sobre la creación artística y la búsqueda de la perfección musical, con los peligros y excesos que aguardan en el camino. Whiplash (algo así como “latigazo” en español) es sin duda la presentación internacional de un nuevo talento llamado Damien Chazelle, director y guionista de este magnético film. Aunque  anteriormente Chazelle había ejercido de guionista en productos de género (El último exorcismo II, Grand Piano), visto lo visto, parece que debía de tratarse de un mero trámite para generar ingresos y poder dar salida a creaciones propias. Whiplash no es su primer film como director, sino el segundo tras Guy and Madeline on a Park Bend (2009), otra película con el jazz como protagonista. Que la música es la prioridad de Chazelle se confirma por el hecho de que su próxima película, La La Land, tiene también a un músico de jazz como eje principal. Whiplash es un film lleno de ritmo. Empieza y acaba con ritmo y su desarrollo no deja apenas lugar para el sosiego. No hay prólogo, no hay anticlímax; más bien es todo un clímax, aunque su cota vaya "in crescendo" hasta el final. Y Chazelle logra que las imágenes transmitan ese brío que imprimen las baquetas gracias a un montaje que es toda una virguería cuando Andrew explota en la batería. El espectador sigue las andanzas y tribulaciones del joven músico con angustia, gracias a que éste –una sorprendente revelación Miles Teller– transmite una obsesión abrumadora por la búsqueda de la más alta excelencia musical. Éste es el gran tema del film: no el mero aprendizaje y perfeccionamiento de un músico, un batería de jazz en este caso, sino la completa entrega de una vida hacia la consecución de la excelsitud, hacia la actuación perfecta, aunque para ello haya que dejar fuera a la familia, los amigos, el amor y hasta sea necesario derramar literalmente la propia sangre. Asusta un poco este planteamiento radical de Whiplash (“prefiero morir a los 34 años como Charlie Parker y que se hable de mí, a morir viejo y que nadie me conozca”, dice en algún momento el protagonista) pero si algo deja claro Chazelle en su película es que para llegar a ser el mejor no basta el talento o la dedicación. Hay que vivir únicamente para ello. Whiplash no sería la extraordinaria película que es si no fuera por el actor J.K. Simmons, que encarna brutal y descarnadamente esta radical filosofía artística en cada uno de sus planos. Sus alumnos le tienen literalmente pavor; es la crueldad personificada, capaz de humillar sin compasión si alguien adelanta un compás una milésima de segundo. Pero saben también que es el único que puede sacar de ellos más de los que se espera: “no hay dos palabras que sean más dañinas en nuestro idioma que ‘buen trabajo’”, dice. La película incide lógicamente en el trauma que puede causar este método educativo en el carácter de un joven que está empezando a abrirse paso no sólo en el mundo adulto, sino en el universo musical, una jungla en donde la competencia es atroz y sólo el número uno puede tener la suerte de alcanzar el éxito. Que juzgue cada espectador si el camino es el adecuado. Capítulo aparte merece la música de esta película. Fantástica. Gustará a todos, pero los amantes del jazz se sentirán en algún momento transportados. De entre los temas de Justin Hurwitz y Tim Simonec destacan el que da título al film y una colosal y catártica versión de “Caravan”, uno de los standards más célebres del jazz compuesto por Juan Tizol y Duke Ellington. Por supuesto, hay muchas menciones a míticos jazzmen como Charlie Parker o el baterista Buddy Rich, o se emulan finalmente, en un apoteósico homenaje final, los gloriosos latigazos con que en enero de 1938 el percusionista Gene Kruppa puso en pie al público que abarrotaba el Carneggie Hall de Nueva York.

8/10
Guy and Madeline on a Park Bench

2009 | Guy and Madeline on a Park Bench

Guy and Madeline on a Park Bench

2009 | Guy and Madeline on a Park Bench

Últimos tráilers y vídeos